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El régimen cinco: los nuevos autónomos - Grupos y características, Apuntes de Relaciones Laborales y Recursos Humanos

Análisis del régimen cinco de vida y trabajo en españa, dividido en tres grupos de autónomos: tradicionales, seudo-autónomos y nuevos autónomos. El texto ofrece perfiles y características de cada grupo, incluyendo motivaciones, satisfacción laboral y dependencia de la familia y el automóvil.

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 27/05/2017

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fuerzas anónimas que sobredeterminan la vida las clases populares,
especialmente la de sus parientes pobres los autónomos
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Régimen cinco: los (nuevos) autónomos
Los aquí agrupamos en un nuevo régimen de vida y de
trabajo, no incluyen a todos los tres millones de trabajadores por cuenta
propia que había en España antes del fin de la fiesta inmobiliaria, pues
dejamos fuera a los profesionales urbanos dados de alta como tales y ya
glosados aquí, pero también a los 300.000 autónomos de régimen
especial agrario. El resto se puede dividir en tres grupos: (1) los
autónomos tradicionales; (2) los seudo-autónomos o autónomos
dependientes y (3) los
nuevos
autónomos.
(1) Los del primer grupo son los herederos de la pequeña
burguesía que en el siglo XIX poblaba las ciudades -tenderos, taxistas,
propietarios de talleres de zapatería o ebanistería, peluqueros y
quiosqueros-. Este grupo está en disminución debido a los procesos de
concentración empresarial, fuertemente impulsado por las políticas
neoliberales, especialmente en el sector del pequeño comercio que ha
disminuido en un 20% en tan solo diez años. Pero el aumento del
segundo y del tercer grupo compensan con creces dicha disminución. En
el primero están incluidos también los que llevan un bar, un hotelito o un
restaurante de su propiedad con el apoyo de ayudantes familiares -hijos,
esposos-. Son muy numerosos en España: hay un millón y medio de
ocupados directos en el sector de la hostelería, de los cuales 800.000 son
autónomos, así como unos 300.000 bares, mucho más que en cualquier
otro país europeo. De hecho, el 50% de todos los bares de la Unión
Europea, al menos hasta su ampliación al este, estaban ubicados en
11 VerA.Fernánde z Steinko: “Rethinking p rogressive and conservati ve values: Spain’s
new economy workers and their values”, en Work Org anizations Labour a nd
Globalisation nº 1, pp. 119-129
Armando Fernández Steinko 3/8/09 10:17
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A. Fernández SteinkO: Izquierda y republicanismo Akal 2010
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¡Descarga El régimen cinco: los nuevos autónomos - Grupos y características y más Apuntes en PDF de Relaciones Laborales y Recursos Humanos solo en Docsity!

fuerzas anónimas que sobredeterminan la vida las clases populares, especialmente la de sus parientes pobres los autónomos 11. Régimen cinco: los (nuevos) autónomos Los aquí agrupamos en un nuevo régimen de vida y de trabajo, no incluyen a todos los tres millones de trabajadores por cuenta propia que había en España antes del fin de la fiesta inmobiliaria, pues dejamos fuera a los profesionales urbanos dados de alta como tales y ya glosados aquí, pero también a los 300.000 autónomos de régimen especial agrario. El resto se puede dividir en tres grupos: (1) los autónomos tradicionales; (2) los seudo-autónomos o autónomos dependientes y (3) los nuevos autónomos. (1) Los del primer grupo son los herederos de la pequeña burguesía que en el siglo XIX poblaba las ciudades - tenderos, taxistas, propietarios de talleres de zapatería o ebanistería, peluqueros y quiosqueros-. Este grupo está en disminución debido a los procesos de concentración empresarial, fuertemente impulsado por las políticas neoliberales, especialmente en el sector del pequeño comercio que ha disminuido en un 20% en tan solo diez años. Pero el aumento del segundo y del tercer grupo compensan con creces dicha disminución. En el primero están incluidos también los que llevan un bar, un hotelito o un restaurante de su propiedad con el apoyo de ayudantes familiares - hijos, esposos-. Son muy numerosos en España: hay un millón y medio de ocupados directos en el sector de la hostelería, de los cuales 800.000 son autónomos, así como unos 300.000 bares, mucho más que en cualquier otro país europeo. De hecho, el 50% de todos los bares de la Unión Europea, al menos hasta su ampliación al este, estaban ubicados en 11 VerA.Fernández Steinko: “Rethinking progressive and conservative values: Spain’s new economy workers and their values”, en Work Organizations Labour and Globalisation nº1, pp. 119- 129 Armando Fernández Steinko 3/8/09 10: Eliminado:

España, especialmente en las zonas de alta concentración del régimen uno. Es un grupo que en las encuestas sobre condiciones de trabajo declara estar “satisfecho” o “muy satisfecho” 12 , tal vez porque forma parte de ese mundo intermedio entre el ocio y el trabajo que abunda sobremanera en el litoral, pero que está presente de una forma o de otra en todas las ciudades y pueblos. Algunos gobiernos regionales han sabido cuidar a este grupo con políticas fiscales que gravan las grandes superficies destinadas a darle un respiro al pequeño. Las políticas de ayuda a los autonomos tradicionales de partidos como Convergencia Democrática en Cataluña deberían incorporarse inmediatamente al programa de la izquierda. Primero, para salvar puestos de trabajo y dignificar las condiciones de vida de este colectivo. Segundo, porque su presencia vivifica la vida de los barrios pluralizando el uso de los espacios urbanos y mejora la comunicación social de sus habitantes. Y tercero, porque esta forma de ordenación del espacio urbano ahorra energía y mejora la salud de sus habitantes pues estimula los desplazamientos a pie. La razones de su mayor satisfacción laboral no puede residir en los horarios de trabajo, que son interminables - 52 horas a la semana de media según estudios recientes- y despiadadamente rígidos. Tampoco en la ausencia de incertidumbre, que está presente en sus vidas, muchas veces apremiadas por hipotecas y créditos. Las causas son otras. Primero: en el sector de la restauración no ha podido penetrar aun del todo la competitividad moderna pura y dura. Es verdad que una cadena de restaurantes puede abrir siempre un local a la vuelta de la esquina, o que una gran superficie robarle los clientes a un quiosquero, pero la clientela suele ser fiel y de proximidad. Su trabajo no garantiza poder mantener a raya el estrés y la incertidumbre, pero al menos tienen un mayor control de sus vidas que los otros grupos de autónomos que veremos más abajo. El trabajo aquí suele ser rico socialmente y está vinculado al descanso y al 12 III Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, Madrid 1999

anteriores patrones les obligaron o invitaron amablemente a hacerse autónomos, pero lo son sólo a medias pues saldan un porcentaje superior al 75% de sus ventas con una sola empresa, muchas veces con su empresa de origen, cuya organización y plan de producción conocen de sobra. En realidad, forman parte de la misma unidad organizativa y de gestión que sus compañeros asalariados de trabajo, y aun cuando formalmente trabajen por cuenta propia. Son los autónomos dependientes, unos 300.000 en todo el Estado. Abundan en el sector industrial y en los territorios dominados por los islotes fordistas. Pero también en muchos espacios del régimen tres, como las pequeñas empresas de mecanizado y de mantenimiento industrial, de fabricación de componentes vinculadas a las empresas de maquinaria mecánica, o a las plantas montadoras de automóviles del eje del Duero y del Ebro. Muchos de ellos se hicieron autónomos porque no les quedó más remedio, otros lo hicieron de forma voluntaria siguiendo la idea del “prefiero trabajar sin jefes”, otros tantos han acabado arrepintiéndose, especialmente en los momentos de crisis. Muestran una mayor inclinación hacia el mundo obrero y la izquierda - o mejor, hacia el centro-izquierda-, hacia un modo de socialización que simpatiza algo menos con el individualismo neoliberal que el tercero de los grupos, y muestra ciertas afinidades con la vieja solidaridad obrera. En realidad muchos de ellos son pequeños departamentos encubiertos de alguna empresa media o grande, una pura creación legal destinada a reducir el componente fijo de los gastos salariales de las empresas. Por eso, y en rigor, a este grupo de autónomos habría que añadirle a una parte sustancial de los asalariados con un componente retributivo variable muy elevado, a todos aquellos con unos ingresos muy irregulares aun cuando su contrato sea indefinido y no figuren estadísticamente como autónomos. Los comerciales con contrato, los vendedores a comisión de todos los sectores, incluidos aquellos considerados modernos como el de la informática, pero también muchos asalariados de empresas encubiertas de trabajo temporal cedidos

temporalmente a otra en operaciones semilegales de bodyshopping 13 , comparten un régimen similar al de los autónomos del segundo y del tercer grupo. De hecho, la mayoría se mueve dentro de su misma órbita ideológica, preferentemente de la del tercer grupo. Las cifras no son despreciables: en España hay unos 100.000 comerciales contabilizados oficialmente. No todos ellos pero sí una mayoría viven en un régimen de trabajo realmente muy parecido al de los autónomos dependientes. Otro grupo más: el servicio doméstico: casi un millón de personas, mayoritariamente extranjeras al servicio del régimen cuatro y que tocaremos abajo. (3) La mayoría de los del tercer grupo son nuevos en el gremio. Son hijos del capitalismo inmobiliario y su aumento, que se produjo con la expansión de este a partir de 1997, es un hecho sociológico en sí mismo. Muchos eran asalariados del régimen dos y fueron arrojados al paro por la segunda punta de la W en 1993. El capitalismo inmobiliario les abrió una oportunidad de salir de su atasco biográfico convirtiendo el sector de la construcción, donde se concentra medio millón de trabajadores por cuenta, y que incluyen a los llamados microempresarios – empresarios con hasta 4 asalariados-, en un inesperado ascensor social. El boom inmobiliario generó una enorme demanda no sólo o no tanto de peones de la construcción, sino sobre todo de servicios técnicos y de operaciones de instalación y montaje relacionado con la construcción de edificios. La suma entre los “Trabajadores de acabado de construcciones y asimilados, pintores etc.” y los “Trabajadores en obras estructurales de construcción y asimilados”, unas 110.000 personas en 1999, casi se había duplicado en 2008. Los 500.000 trabajadores autónomos de la construcción comandan unos 650.000 ayudantes familiares y asalariados alrededor de su microfeudo 13 El bodyshopping es una operación de cesión de trabajadores que se mueve en el límite de la legalidad. Un trabajador en nómina de una empresa sin actividad productiva alguna “cede” este trabajador a una empresa, por ejemplo informática, que sí tiene una determinada actividad productiva. Su situación es la de un autónomo de hecho que presta sus servicios en la empresa contratante.

identificables en las carreteras de circunvalación que rodean las grandes capitales, los reyes de las Ford Transit, las Citroën Berlingo y las Fiat Dobló que circulan de un polígonos industrial a otro, la carnaza humana de las siempre colapsadas emes madrileñas, bes barcelonesas y eses sevillanas. Su espacio de actuación laboral se encuentra en las conexiones y territorios intermedios, en los nudos de comunicación que unen los grandes centros logísticos, los polígonos periurbanos y los depósitos de mercancías con los centros de consumo, con las almendras centrales de las ciudades, con los nuevos barrios y urbanizaciones ya edificadas o aun en construcción. Hoy trabajan con esta empresa y tienen sus clientes aquí, mañana trabajan con otra y sus clientes están en otro sitio. Su clientela cambiante les cierra la posibilidad de elegir un domicilio próximo a un lugar de trabajo que nunca va a ser el mismo. Son tan sedentarios como el resto de la población, pero su día a día es una sucesión interminable de kilómetros y viajes cortos que marcan definitivamente sus vidas. Si miran con recelo las medidas para reducir el uso del automóvil o “todo eso del cambio climático” – son decididamente negacionistas- es porque consideran que amenazan esa movilidad casi absoluta que necesitan para sacar adelante a sus familias. Las masivas protestas contra los parquímetros, un guiño de Ruiz Gallardón en Madrid a los profesionales urbanos que habitan en la civilizada almendra central de la capital, todos con plaza de garaje propia, tiene esta explicación. Viven, en definitiva, en una situación de esfuerzo constante, de incertidumbre pero en tiempos de bonanza también de optimismo y esperanza de ir socialmente a más. El mercado desbocado es la principal causa de su desgracia, pero también la fuente de sus esperanzas, especialmente cuando consiguen dar con un nicho sin explorar aun por la competencia. Su dependencia de unos precios de la gasolina lo más bajos posible, de unos salarios rozando el nivel de subsistencia para esos dos o tres trabajadores que tienen contratados muchas veces, su gusto por la evasión fiscal, por la posibilidad de aparcar sin restricciones, por una extensión sin fin de la red de carreteras, su fe en un modelo de crecimiento ilimitado en el que cada

monte debería ser cubierto de chalets adosados, no emana sólo de una especie de fanatismo desarrollista sin más. Emana de las restricciones objetivas que han dominado sus vidas y que les han hecho decantarse por estos valores, por esta forma de interpretar el bien y mal del país que parece sacado del programa electoral de la derecha. El monetarismo les arrojó a la cuneta en los años noventa, pero se aprovecharon del modelo de recuperación económica organizada por el Partido Popular. Son uno de los colectivos más afectados por la caotización de las ciudades, pero también dependen de ese neoliberalismo que las destruye como del aire para respirar. Esto les hace asumir actitudes políticas paradójicas y contradictorias nada estables, muy dependientes de las coyunturas económicas. Su decantación ideológica tras el derrumbe es uno de los grandes retos a los que se tendrá que enfrentar la izquierda y el país en su conjunto. Es imposible ganarlos, por ejemplo, para un proyecto de izquierdas sin un proyecto de reordenamiento global del sistema productivo que incluya una recomposición sectorial y - este es un aspecto decisivo- sin meterle mano al sistema financiero hacia el cual sienten un recelo ancestral, e igual que la mayoría de los pequeños empresarios españoles. Muchos de ellos se han hecho críticos feroces del movimiento obrero organizado, de los sindicatos y de todo lo que se parezca al mundo asalariado. Pertenecieron en su día a esas grandes empresas españolas que dejan poco espacio a la subjetividad obrera, espacios muy jerarquizados que, tal y como están organizadas hoy, resultan poco atractivas para alguien con ideas y ganas de hacer cosas por su cuenta. Su recelo también procede de haber sido expulsados del mundo asalariado con esa violencia frente a la cual se han mostrado tan insensibles los monetaristas de centro-izquierda. Tienen pocas o muy pocas cualificaciones formales, pero disponen de cualificaciones prácticas, de esos saberes hacer con los que se ensañaron las clases dominantes españolas ya va para tres veces a lo largo de la historia. Su perfil le da al neoliberalismo un sesgo popular: es el neoliberalismo desde abajo que

Plaza de la Lealtad - el Wall Street español- y mucho menos aun de todos esos banqueros acaparadores. Si la izquierda sigue débil y la recesión se transforma en depresión, la negativa a expulsar la lógica capitalista del funcionamiento del sistema financiero podría provocar su radicalización hacia la ultraderecha. Lo mismo le pasará a Obama si las cosas se le complican y no rompe sus fidelidades con Wall Street, con los nuevos demócratas de Clinton. En el período de entreguerras este fenómeno alimentó el antisemitismo más primitivo, pues el sistema financiero fue asociado a los judíos. Estamos hablando, por tanto, de otro régimen extremadamente diversificado. Lo que tienen en común todos ellos es que: a.) los tres tienen unos niveles de cualificación formal medio-bajos – la mayoría no tiene estudios o sólo tiene los obligatorios- si bien muchos saben hacer cosas, disponen de saberes hacer, de conocimientos prácticos de contenido manual; b.) los tres necesitan del apoyo de la familia para sacar adelante su negocio, y por eso están en un 70% o bien casados o bien divorciados-; c.) los tres estás absorbidos por una vida laboral sin límite horario a pesar de lo cual sus ingresos son, por lo general, bajos e irregulares: el 55% cotizan por la base mínima, sobre todo para ahorrarse impuestos. Porque otra de las cosas importantes que también tienen en común (d.) es su escepticismo frente al Estado, o mejor: frente a la necesidad de mantener compromisos fiscales con él. Esta falta de patriotismo fiscal no quita para que le exijan a los poderes públicos que construya carreteras, les asegure su Seguridad Socia, o, confesado o no, le quite el negocio financiero a los bancos privados. También esto último les crea considerables contradicciones ideológicas que la izquierda puede explorar sin tanta dificultar. Las enormes posibilidades de eludir el pago de impuestos que ofrece un país sin sistemas de inspección infiltrantes, les permite eludir fiscalmente para arañar unos cuantos euros de caja utilizando facturas incorrectas o inexistentes. Esta cultura fiscal une mucho a todos los autónomos entre sí, incluidos los que están integrados en el régimen cuatro, lo cual los hace converger en el neoliberalismo

formando una piña apretada, en realidad una alianza antinatural pero clave para entender la consolidación del centro político en toda la Unión Europea. Antinatural porque si los dentists & doctors pagaran más impuestos, los autónomos de las clases populares sentirían una mejora inmediata de sus condiciones de vida y una reducción de sus cargas tributarias. Otra de las cosas (e.) que tiene la mayoría de los autónomos en común, es que están muy masculinizados: como mucho tres de cada diez autónomos son mujeres aun cuando su número tienda a aumentar poco a poco. La condición del padre de familia que además es jefe de negocio, empresario potencial y responsable legal es un caldo de cultivo que se presta al atrincheramiento del machismo. Tanto dentro de estos espacios como también en los del régimen de los viejos autónomos rurales

  • régimen siete-, el varón tiene una posición absolutamente hegemónica en la familia por mucho que las cuentas las lleven las mujeres. Esta mixtura entre negocio, familia y patriarcado recuerda a los pequeños talleres y comercios tradicionales sacados adelante por familias extensas en un régimen de cooperación asimétrica entre hombres y mujeres, un mundillo muy desigual en términos de género y alérgico al sufragio universal que se remonta al comienzo de la Edad Moderna en Europa. No es fácil que una mujer española, que trabaje a tiempo completo en una empresa fordista, pueda compatibilizar trabajo remunerado y maternidad sin recurrir a alguna forma de servicio doméstico remunerado. Pero es directamente imposible que consiga hacerlo como (nueva) autónoma. Y es que ser un autónomo es no hacer otra cosa más que trabajar, bien sea indirectamente gracias a la ubicuidad virtual que facilita el móvil, bien sea desplazándose de un cliente a otro o bien haciendo la contabilidad del IVA los fines de semana o en la playa. Es un mundo de incertidumbre que para muchos sería imposible si sus miembros no dispusieran de dos recursos que en España siguen estando fuera del mercado: la familia y la vivienda. La familia, especialmente cuando la mujer no trabaja, permite reproducir con trabajo no remunerado una fuerza de trabajo crónicamente exhausta. El piso, que o bien es en propiedad o bien está en vías de serlo,

muchos meses seguidos. Esto incorporará a España en el grupo de los países capitalistas con tasas de crecimiento económico crónicamente bajas, lo cual reducirá el margen de maniobra de la derecha para ganarse este colectivo especialmente dependiente de formas agresivas de crecimiento económico. La izquierda tiene que saber interpretar todo esto, particularmente el escaso margen de maniobra real de los autónomos dentro de las estructuras creadas. Por muy estridente que sea su discurso individualista, tiene que ganar influencia también entre este colectivo. Por ahora no dispone de muchos recursos ni para entender su realidad cotidiana, ni para incorporarles a un bloque antineoliberal. Pero el fin de la fiesta inmobiliaria la obligará a ello pues afectará a este colectivo más que a ningún otro. Miles de expectativas de promoción social encubadas en los años del boom se están viendo frustradas de la noche a la mañana. La frustración no es un sentimiento racional que genere comportamientos automáticamente positivos y las cosas no se le van a poner fáciles a la izquierda. Pero en países como España, Italia, Polonia o Portugal la izquierda que se olvide del régimen cinco estará cavando su propia tumba