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| 'N WILLIAM J. BERNSTEIN INTERCAMBIO ESPLÉNDIDO 13 Hundimiento Aprendimos que un arancel prohibiliva- mente proteccionista es un arma de fuego cuyo retroceso nos golpea a nosotros, CorbeLL Hur! Eran los peores tiempos para ser americano. En todo el mun- do, dirigentes pol y editorialistas condenaban nuestra políti- ca exterior, que se veía, adecuadamente, como unilateral, arro- gante y peligrosa. Los ultrajados europeos organizaban boicots a nuestros productos. Un hombre de negocios italiano le escribía aotro: «El conductor de un coche americano, en nuestra provin- cia, en particular en los alrededores de la ciudad, es continuamen- te objeto de gestos obscenos y de epítetos impropios de personas civilizadas».? Los franceses, como siempre, se inquietaban por el poderío creciente de Estados Unidos. Un editorialista parisiense veía la oposición al monstruo del otro lado del Adántico como un deber de todos los europeos: «El único medio de luchar contra la hegemonía americana»? ¿Qué fue lo que incitó a ese antiamericanismo tan vigoros: ¿La inva 1 conflicto de Vietnam? ¿La ubicuidad de , Microsoft y Disney? El periodo en cuestión era 1930- ticc 1938, y la causa era el arancel SmootHawley. Una de las disposiciones legislativas peor consideradas de Cuantas aprobó el Congreso es también una de las peor compren- pos: Smoot-Hawley incrementó espectacularmente los arance- US estadounidenses, pero éstos eran ya muy elevados. Lo que es Más importante, y contrariamente a la percepción popular, no cau 389 A principios del siglo xx, dos economi. cher ás suecos, Eli He rk, y un campesino italiano podía prosperar en las intermina- " Bertil Ohlin, se interrogaron acerca de esos datos y Il E? ples pampas 1 entinas de una manera que nunca hubiera podi- ron a la conclusión de que estaba sucediendo algo aún más conseguir en el pobre suelo de su país natal. Pero a medida fundo, La «economía clásica» de Adam Smith, David Ricardo E un elevado número de europeos emigraba al otro lado del Joln Stuart Mill establecía tres entradas para todos los Producte Mifénico, esas diferencias salariales desaparecieron gradualmen- irabajo, tierra y capital, pagados respectivamente con salarios reduciendo la inmigración aun antes de que fueran establec rentas e interescs.5 La interpretación esencial de Meckschep Ea las restricciones legales. En 1900, los salarios reales eran casi Ohlin fue que cl descenso de los costes de transporte creaba y tres veces más altos en la Argentina que en Italia, Hacia 1950 esta- sólo la convergencia global de los precios de las mercancías, ban igualados, y hacia 1985, el italiano medio ganaba cuatro veces también la convergencia de los precios de esos tres factores lo que sus parientes emigrados a la Argentina," Cos de entrada: salarios, rentas y tasas de interós > ; Si reflejáramos en puntos la revolución del transporte en el La investigación reciente ha confirmado sus hipótesis, A o siglo x1x, los trabajadores del Viejo Mundo (en su mayoría agri- mienzos del siglo x1x, trabajo y capital eran más abundantes en cultores) ganaron, y los terratenientes del Viejo Mundo y los tra- Viejo Mundo que en el Nuevo; por consiguiente, salarios y tj bajadores del Nuevo perdieron. Es cierto que la mayoría de los de interés eran bajos en el primero y altos en el segundo. Por co trabajadores americanos mejoraron entre 1870 y 1918, pero su traste, la tierra era mucho más abundante en el Nuevo Mundo, enorme ventaja sobre sus colegas británicos se erosionó conside- modo que las rentas eran más hb: jas allí. Los historiadores de rablemente. No puede afirmarse lo mismo. de los terratenientes economía Kevin O'Rourke y Jeffrey Williamson señalan que ingleses, que vieron descender sus ingresos de forma desastrosa. 1870, en el Nuevo Mundo, las rentas reales promedio (defin da ——En194l, inmediatamente después de la debacle Smoot-Hawley como el poder real de compra) eran un 136 % más altas q y en plena guerra mundial a la que aquélla había contribuido, un del Viejo Mundo. Hacia 1913 esa diferencia había descendido profesor de origen austriaco de la Universidad de Harvard, Wolf 87 %. Y lo que es más sorprendente, entre esas dos fe has, las gang Stolper, acudió a un Joven colega, Paul Samuelson, con una tas reales americanas aumentaron hasta un 248,9 %, mientras ql Pregunta sobre Icoría del comercio. Se interrogaba acerca de por lo qué la economía clásica er señaba que todas las naciones se bene- las británicas cayeron un 43,3 9.10 Las razones para la convergencia de las rentas eran bastan ficiaban del comercio, cuando el trabajo de Heckscher y Ohlin Postulaba que con el crecimiento del comercio los « alarios debe- claras, El transporte barato inundó Europa con cereal y ca determinando el descenso de los precios en el Viejo Mundo lan caer en determinadas naciones, perjudicando a los trabajado- alza en el Nuevo, donde previamente habían caído por los si es, Samuelson comprendió que Stolper tenía algo entre manos, y Ello, a su vez, hizo descender el valor de la tierra de labor en bos colaboraron en lo que acabó conociéndose como el teore- Viejo Mundo e incrementarse en el Nuevo, de Stolpe muelson, un marco que aporta conocimiento a la La convergencia en los mercados de capitales se compren ica del comercio slobal: quién saca la pajita más larga, quién aún mejor, El telégrafo acabó con la incertidumbre sobre los tip , queda con la corta y, lo que es más importante, cómo las conse- de interés lejanos e incluso permitió la comunica ¿2éncias políticas negativas afectan al destino de las naciones. hi AS matemáticas son el lenguaje del economista, y para conse- por cable de capital y crédito. 1 dl 4 : Z Ur . : Las razones para la convergencia de salarios son más Co Ue su modelo funcionar + Stolper y Samuelson sólo podían Mir dos productos y dos factores de entrada: uno que era es- vertidas. La explicación más obvia, y la más probable, es la mi dez : : 3 y o Ñ Bl ción al Nuevo Mundo impulsada por los salarios más altos 3 relación con otras naciones y un segundo que era abun- e a A a y €n relación con otras hactones. $u modelo predijo que el europeos no emigraban allí porque anhelaban la libertad ni P Mn que las calles estuvieran pavimentadas de oro; sencillamente 91 ccionismo beneficiaba sobre todo a los que tenían un [actor rían más retribución por hora trabajada, A finales del siglo? Ente escaso y perjudicaba a los que lo tenían relativa- Un carpintero irlandés podía ganar mucho más si vivía en y Abundante. 12 Con el libre comercio ocurría lo contrario. (Los factores considerados eran típicamente las entradas de] economía clásica: tierra, trabajo y capital.) Veamos cómo funciona. Si el trabajo es escaso en la nación A abundante en la nación B, los salarios serán inferiores en B, y productos fruto del trabajo intensivo procedentes de B serán, € consecuencia, también más baratos. Con el libre comercio, los e merciantes y consumidores preferirán los artículos menos caros | chos en B que los hechos en A. Los trabajadores de B se benefi: rán, y los de A saldrán perdiendo. Esto también es cierto para ki otros dos factores. El libre comercio ayuda a los agricultores en p ses con tierra abundante y perjudica a los de países con tierras es sas, y ayuda a los capitalistas de las naciones ricas, con abund: capital, y perjudica a los capitalistas de las naciones pobres.” En términos de Stolper y Samuelson, «libre comercio» y «pre teccionismo» no se refieren sólo a los niveles y prohibiciones el materia de aranceles, sino también a los costes de Lransporte. ducir el precio del transporte tiene el mismo efecto que rebaj los aranceles: en otras palabras, una reducción de 50 centavos por bushel en costes de transporte y una reducción igual en arancel incrementarían el comercio de cereales más o menos en la misma cuantía. 4 ¿Qué significa esto en la práctica? Antes de 1870 Inglatel rr tenía, en comparación con otras naciones, capital y trabajo € abundancia, y poca tierra. En contraste, Estados Unidos tenía. re lativa escasez de capital y trabajo, pero disponía de tierra en abi dancia. Los aranceles se elevaron espectacularmente en todo € mundo durante ese periodo, de modo especial en Estados Unidos después de la guerra civil, pero el comercio ganó tanta más libi tad cuanta mayor era la rapidez con que descendían los costes transporte, y compensaban con creces los aranceles más elevado! El cuadro 13,1 muestra la «rejilla StolperSamuelson» para algu: nos países y periodos de tiempo representativos. El teorema de Stolper-Samelson predice que los principale beneficiarios de un incremento del comercio serían aquellos los que concurrieran factores abundantes en cada nación: capi listas y trabajadores en Inglaterra, y terratenientes (o sea agricu tores) en Estados Unidos. Esto es precisamente lo que ocurrió, así no fue coincidencia que todos esos grupos favorecieran el li comercio. Del mismo modo, no cabe sorprenderse de que los quí tenían escasos factores en cada nación —terratenientes inglese! trabajadores y capitalistas americanos— buscaran la protecci y 394 Cuabko 13,1. Categorias StolperSamuelson abundantes) Factn(es) escaso(s) el libre comercio) (Faverecen el proteccionismo) os Unidos antes de 1900 Tierras Trabajo, capital , as después de 1900 — Tierras, capital Trabajo os sa, 1750-presente Trabajo, capital Tierras e fania antes de 1870 Trabajo, ticrras Capital mania 1870-1900 Trabajo pital, tierras Alemania después de 1960 Trabajo, capital Tierras — Y qué ocurría en la Europa continental? En general, esas na- ciones tenían escasez de capital y de tierra, pero abundante traba- jo. El Stolper-Samuelson predice que el descenso de los costes de transporte después de 1870 generó una oleada de proteccionismo impulsada por los capitalistas y agricultores continentales, De nuevo la teoría da en el clavo: los agricultores europeos reacciona- ron con vehemencia y pusicron fin a una época de libre comercio que empezó con el rechazo de la Ley del Maíz y el tratado Cob- den-Chevalier. A decir verdad, los franceses nunca se mostraron felices con el tratado, al que las fuerzas democráticas y los agricultores veían como un «golpe de Estado regio» perpetrado por un despótico Napoleón IM. Cuando la humillante guerra franco-prusiana de 1870-1871 puso fin al Segundo Imperio de Napoleón Il, el apoyo francés al libre comercio desapareció con él. El nacimiento del nuevo Estado francés, la Tercera República, Se produjo casi simultáneamente con el [lujo de trigo del Nuevo Mundo. Desde tiempo inmemorial, los muros del terreno y de la distancia habían protegido a los agricultores franeeses, en particue lira los del interior. El ferrocarril y la navegación de vapor destru- Jeron esas cómodas barreras, y hacia 1881 las importaciones netas Trancesas de tigo superaron el millón de toneladas. El cereal im- Portado, más barato, obligó a un creciente número de agriculto- Tes franceses a abandonar sus explotaciones, y clamaron por un Muevo aislamiento que reemplazara el que con anterioridad pro- Craban el carro y el camino de herradura. Sencillamente, había demasiados agricultores en Francia para que un gobierno elegido 9s ignorara. Incluso en una fecha tan avanzada como cl final del W8lo xrx, alrededor de la mitad de la fuerza laboral del país se- Suía trabajando la tierra. Su proteccionismo lo apoyaban los fi- ra de elevados aranceles en torno a todo el Imperio y los mie. bros de la Commonwealth, dentro de cuyo ámbito habría libr; Chamberlain se convirtieron en el tema principal de las eleco nes de 1906, en las cuales él y sus partidarios fueron derrotados ey toda regla. 5 Mientras que la mayor parte de la Europa continental se blin: daba contra las importaciones extranjeras, e incluso los ingleses se preocupaban por su política de libre comercio, una nación tom ó un camino diferente basado, oh sorpresa, en los cerdos y las vacas, La mejor carne proviene de los animales más jóvenes, y un sacrife cio temprano significa una alimentación más intensiva para que alcancen el peso adecuado. Después de 1870, la combinación demanda elevada, transporte frigorífico barato y maíz para pienso asimismo barato, creó la situación casi ideal para los productores mundiales de ternera, cerdo, queso, leche y mantequilla. Por pacio de siglos, las naciones del norte de Europa encabezaron cría de animales, pero, curiosamente, sólo Dinamarca abrió si mercados y sacó ventaja de aquella situación. Las grandes inclustrias suelen nacer de preocupaciones tri les y en humildes circunstancias, En 1882, un grupo de lecher del pueblo de Hjedding. en Judandia Occidental (la vasta penúl sula que conforma la tierra firme danesa), organizó uma coope tiva con el fin de adquirir una de las nuevas máquinas para sep: rar la leche, que costaban muy caras, y vender conjuntamente crema y la mantequilla. Eligieron a tres directores los cuales, una larga noche de negociaciones, llegaron a un acuerdo en cooperativistas que llegaría a convertirse en la piedra angular d la consecución de la prosperidad en Dinamarca a principios del siglo xx. El contrato era un modelo de simplicidad: cada mañana. camión de la cooperativa recogía la leche, la llevaba a la factor allí la procesaban unos técnicos competentes. La leche, una vez descremada, era devuelta al granjero, la mantequilla se vendía € el mercado abierto, y los beneficios de la cooperativa se repartíal entre los participantes según la calidad y cantidad del conjunto E la leche que aportaban. Los cooperativistas acordaron entrega a la entidad hasta la última gota que no se consumiera inmedi mente en la granja, y recogerla ateniéndose a las más riguros medidas hig: 398 menos de una década los granjeros daneses habían constituido más de quinientas cooperativas. Pero esto sólo fue un preludio del principal evento: el tocino. En 1887 un grupo de criadores de porcino del este de Jutlandia, insatisfechos con el servicio ferroviario, se unieron según el mode- lo de Hjedding y construyeron una planta de envasado de carne con la tecnología más avanzada. Esta vez el Gobierno les echó una mano: la calidad del cerdo varía más que la de la leche, y el Minis- terio de Agricultura danés creó estaciones experimentales para suministrar a los granjeros los mejores reproductores. En 1871, Dinamarca tenía 442.000 cerdos, y hacia 1914, 2.5 millones. Entre esas dos fechas, las exportaciones porcinas se elevaron desde unas 5.000 toncladas a casi 136.000. A comienzos de la década de 1930, con más de la mitad de los daneses adultos miembros de una coo- perativa, esta peque nación exportó más de 330.000 toneladas de porcino si la mitad del comercio mundial de ese ramo. El Gobierno también dio apoyo moral a los granjeros y sugirió alas organizaciones lecheras y de cría porcina que asignaran una marca de calidad a sus productos en el extranjero. La marca Lur, que evolucionó a la moderna Lurpak, sigue pasando a día de hoy por las cajas de los supermercados de todo el mundo.” Tanto las cooperativas lecheras como las porcinas requerían cantidades relativamente elevadas de capital prestado para adqui- tir fábricas, equipamiento, vehículos y para contratar trabajado- res. La experiencia danesa sigue brindando en la actualidad una cumplida, aunque casi olvidada lección sobre la apropiada reac- ción de un gobierno al reto de la competencia global: apoyo y fondos, pero no protección. En Alemania, el espectro de los productos agrícolas baratos Procedentes del Nuevo Mundo y los artículos manufacturados de Gran Bretaña dio un resultado muchísimo menos positivo. Du- pnte siglos, la vida económica y política alernana había estado dominada por los Junkers, el quivalente prusiano de la aristocra- a inglesa. Estos agricultores incontrolados dominaban el ye Este» de Alemania, la frontera con Polonia y Rusia, y du- tte siglos acumularon un porcentaje creciente de la tierra de a pais Nada podía detenerlos; incluso la abolición de la re en 1807 hizo que los Junkers obtuvieran ventajas de n de más tierra de los campesinos. (Y ¡cos les confiscaron sus propie- E 399 Antes de 1880, el factor más intensivamente utilizado Por li Junkers, la tierra, había sido abundante comparado con el de los cinos de Alemania en aquel tiempo. Este país había sido expo dor de trigo y de centeno, y una de las principales fuentes de Su nistro a Inglaterra de estos dos vitales cereales Naturalmente, en. aquellos días los Junkers eran partidarios del libre comercio, Se. gún el historiador de la economía Alexander Gerschenkron, de una forma no muy coherente, pero sí muy práctica, habían coy seguido encontrar un lugar para Adam Smith en el sistema de su filosofía general, y no dedicaban más que mofa y odio a las doc: nas proteccionistas de [su paisano] Friedrich List,* Después de 1880, las propiedades rurales alemanas presen: ban un aspecto enclenque en comparación con las de los nuev colosos de la agricultura: Estados Unidos, Canadá, Argentin Australia, Nueva Zelanda y Rusia. De repente, los Junkers pasaro de ser poseedores de un factor abundante y defender el libre e mercio, a ser poseedores de un factor escaso y mostrarse partida- rios del proteccionismo. Como en Francia, una serie de leyes pro- teccionistas, de las cuales la más notable fue el «arancel Búlow», de 1902, elevó espectacularmente los derechos de importación, en particular de cercales. N Esta respuesta proteccionista benefició solamente a la aristo- cracia cultivadora de cereales y fue, por lo dem paliativos. De paso, los Junkers engañaron a los campesinos d norte de Alemania para que apoyaran los aranceles, blindando sus vacas y cerdos con derechos altamente proteccionistas sobre los animales y la carne importados. Tan competentes en la cría de animales como sus vecinos daneses, estos pobres granjeros se em contraron privados del cercal barato para pienso, que les hubie permitido prosperar. El «asesino silencioso» del proteccionismo —+l aumento de costes de las materias primas para las industria domésticas— había golpeado de nuevo. Lo peor estaba por llegar. Échese otro vistazo al cuadro 13:12 Obsérvese que en cada nación y en cada periodo de tiempo, los poseedores del factor cuadran uno con otro en una configuración de dos contra uno.** Tanto en Inglaterra como en la América ans terior a 1900, trabajo y capital se hallaban en el mismo lado: EN pro del libre comercio el primero y del protec mo el segun do. En Alemania, capital y tierra (la coalición de: «hierro y centez 400 llamada así porque la industria del hierro era una consumi- a intensiva del escaso factor capital) se encontró entrentada a be trabajadores urbanos, que propendían al marxismo. . a Los trabajadores urbanos alemanes estaban a favor del libre recio, no sólo porque representaban el factor abundante, on mbién debido a las perversidades de la visión del mundo De ista. El libre comercio era un ingrediente esencial de la rece- evolucionar ia, puesto que impulsaba el desarrollo industrial y el capitalismo pleno, los cuales se derrumbarían inevitablemente callanarían la senda al comunismo.” Marx, con lógica frente a un fallo, se oponía así a los aranceles: El sistema proteccionista de nuestros días es conservador. mientras que el sistema de libre comercio es destructivo. Rompe las viejas nacionalidades y lleva a su máxima expresión el antago- nismo de proletariado y burguesía. En una palabra, el sistema de libre comercio acelera la revolución social. Tan sólo en este sentido revolucionario, señores, voto a favor del libre comercio.” Al identificar quién favorece y quién se opone a los mercados abiertos, el Stolper-Samuelson ayuda a explicar las alianzas políti- cas. En el siglo xx, el mundo llegaría a saber que la coalición y los alemana de los terratenientes xenófobos y proteccionistas capitalistas, desplegados en contra de los trabajadores socialistas y librecambistas era una receta para el advenimiento del fascis- mo. En la Inglaterra del siglo x1x, por otra parte, capitalistas y trabajadores se unieron en favor del libre comercio y contra la vieja oligarquía terrateniente, lo cual significó un acontecimien- to profundamente democrático. (Los capitalistas y los trabaja- dores americanos hicieron lo mismo, pero con un objetivo dife- rente: el proteccionismo.) Obviamente, esta interpretación del StolperSamuelson, desarrollada por el especialista de la UCLA en ciencia política Ronald Rogowski un simple modelo que ho toma en cuenta raza, cultura o historia, y el propio Rogowski Advierte repetidamente que su modelo es sólo parte del terna. Dicho esto, las atinadas observaciones que aporta sobre procesos Políticos en todo el mundo son notabl La rápida erección de barreras arancelarias entre 1880 y 1914 debía haber cortado el comercio global. De hecho, sin embargo, tal Cosa no ocurrió. Entre esas dos fechas, el volumen del comer- 90 mundial se triplicó aproximadamente, impulsado por dos 401 trocinadores republicanos, el senador Reed Smoot, de Utah, y el representante Willis Hawley, de Oregón. Al elevar el arancel] Me. dio sobre artículos que pagaban derechos que se aproximaban 60 %, el arancel Smoot-Hawley no cayó como una bomba; se li; tó a elevar a la estratosfera los índices ya altos de por sí de la ], Fordney-McCumber. Aun antes de la aprobación del arancel Smoot-Hawley, dos grupos reaccionaron con horror: los europeos y los economista Para cuando la legislación llegó al Senado, los ministerios de E, teriores del mundo entero enviaron protestas al Departamento d Estado, y los boicots ya estaban en marcha. Prácticamente todos los economistas americanos de todas las categorías —1.028 en tal— firmaron una petición dirigida a Hoover solicitando vero. Tnútilmente, El 17 de junio de 1930, firmó para que el arane Smoot-Hawley tuviera rango de ley, con lo cual desencadenó presalias y la guerra comercial. La ley afectaba a decenas de mil res de artículos, dle tal modo que parecía destinada a ofender has ta al último de sus socios comerciales. Desplegaba también mucha «barreras sin aranceles». Por ejemplo, los tapones de corcho para botellas constituían aproximadamente la mitad de las exportacio: nes españolas a Estados Unidos. La nueva ley no sólo incremen: ba los aranceles sobre los tapones hasta niveles prohibitivos, si que requería que llevaran impreso el nombre de su país de ork- gen, un proceso que realmente costaba más que el tapón en sí La ley impuso elevados aranceles a los relojes extranjeros, particular a los baratos, que competían con los «relojes de un dó lar» americanos. Un trabajador suizo de cada die: do en la industria relojera o mantenía una estrecha relación Con ella, y la iniciativa inspiró una ira justa a la normalmente agrada ble y pacífica nación. Los relojes y los tapones ilustran de form cabal la impotencia de las naciones pequeñas. Mientras los envío a Estados Unidos equivalían al 10 % de las exportacion comer s suizas, € 2 en dirección inversa representaba sólo el 1 % de las €: portaciones americanas. El sentimiento de impotencia de suizos] españoles multiplicaba su ira. Las grandes naciones del continente —Italia, Francia y Alemar nia— estaban en mejor situación para encajar los golpes, y actua: ron con reciprocidad respecto al orgullo de la industria america na: los derechos de importación de sus automóviles y radios $ vieron incrementados en un 50 % como promedio. No fue esta 404 yna provocación menor, capaz de aguijonear a Benito Mussolini y em ujarle ala acción. El Duce era afi ionado a los coches, y detes- taba la calidad del mayor fabricante de Italia, Fiat, por lo que du- rante años se resistió a las demandas de proteccionismo de su pre- sidente, Giovanni Agnelli, Smoot-Hawley finalmente acabó con su aciencia, y respondió con aranceles que se aproximaban al cien or cien, lo que casi acabó por completo con las importaciones de vehículos americ * (Realmente, algunas cosas no cambian nunca: los Agnelli continuaron controlando Fiat, producen co- ches de mala calidad y seguían pidiendo protección a las puertas del siglo xx1.) Hacia 1932, incluso Inglaterra, partidaria del hbre comercio, se sumó a otros países, implantó un arancel del 10 % sobre la mayoría de los artículos importados y reunió una confe- rencia de la Commonwealth en Ottawa que erigió una muralla proteccionista en torno al Imperio, Así se desarrollaron los acontecimientos en todo el mundo durante los tres años posteriores a la aprobación de la ley Smoot- Hawley en 1930, con lo que fueron desapareciendo poco a poco de los almacenes de todas partes los encajes franceses, la fruta es- pañola, la madera canadiense, la ternera argentina, los relojes sui- zos y los automóviles americanos. Hacia 1933 todo el globo pare- cía abocado a lo que los economistas llaman autarquía: una situación en la que las naciones adoptan la autosuficiencia en to- dos los productos, con independencia de lo ineptas que sean para fabricarlos. América había puesto al mundo al borde del colapso comer- cial internacional, y a un americano le correspondió invertir el proceso. Nacido en una cabaña de troncos en la región tabaquera de Tennessee oriental, Cordel! Hull llegó a una comprensión sen- Cilla de la economía ricardiana y, lo más importante, del valor mo- ral del comercio. Su asimilación del tema se revela de la mejor Manera en este pasaje de sus Memorias: no: Cuando yo era un niño, en la granja de Tennessee teníamos dos vecinos —a los que llamaré Jenkins y Jones— que eran enemi- 80s. Durante muchos años había habido un mal entendimiento entre ellos —no sé por qué—, y cuando se encontraban en la carre- tera, en la ciudad o en la iglesia, se miraban fríamente y no se ha- blaban. Una de las mulas de Jenkins se quedó coja en la primavera, Precisamente cuando Jenkins la necesitaba más que nunca para arar. Al mismo tiempo, Jones obtuvo una cosecha insuficiente de 405 maíz para alimentar a sus cerdos. Y sucedió que Jones terminó q arar y tenía una mula disponible, mientras que con un granero lleno de maíz. Un ami hombres, y Jones permitió a Jo maiz para sus cerdos. Como resultado de ello, los dos enemi vertirse en los mejores Jenkins conta go común reunió a amp nkins utilizar su mula a cambio q Ke gos no tardaron en coy amigos. Un intercambio basado en el sengi indad normal hizo consciente a cada uno ( ca del otro, y puso paz entre ellos,? do común y en una vec la necesidad económi Congresista demócrata durante llevó a cabo una valerosa acción de retaguardia contra las leye Fordney-McCumber y Smoot-Hawley, y en 1930 obtuvo UN Es en el Senado, al que renunció dos años más tarde cuando Roo; velt lo nombró secretario de Estado. Al llegar a la Secretaría $ encontró con no menos de 34 protestas formales contra los ay celes americanos remitidas por gobiernos extranjero: Al igual que Cobden un siglo antes, llevó su mens: je al paí luego al extranjero. Con el comercio al borde del marasmo y mundo agonizando a causa de la depresión, razonaba ante quie quisiera oírle que en las tristes circunstancias en que se encontra ban «debería resultar obvio [que] los elevados aranceles no s los infalibles e inevitables generadores de prosperidad, tal como se los ha presentado». No hay que esperar las naciones extranjeras adquieran nuestros den ganar dinero vendiéndonos los suyos. El interlocutor que más se le resistía era el nuevo pre, cuyo miedo a los republicanos lo condujo casi enseguida a volver se atrás de sus promesas de libre comercio hechas durante su cam: paña. Hull lo convenció gradualmente señalando que los arance les Fordney-McCumber y SmootHawley cortaban de raíz la capacidad del Presidente para dirigir las relaciones comercial internacionales. El astuto Hull propuso a Roosevelt que Smoot Hawley fuera simplemente «corregido», a fin de permitir al Presk dente incrementar o reducir Sus tipos al 50 %, y ofrecer de modo unilateral a las naciones extranjeras otros privilegios limitado: como garantía de que un artículo incluido en la lista de los libres de impuestos permanecería en ella. La disposición resultante, la Ley de Acuerdos Comerciales Recíprocos, de 1934, contuvo la mar. cha del mundo durante casi medio siglo hacia el proteccionismo y la autarquía. Estuvo vigente tres años, y luego fue repetidamente: renovada por el Congreso. casi un cuarto de siglo, —