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LITERATURA EUROPEA Y EDAD MEDIA LATINA por Ernst RoBErRY CURTIUS H FONDO DE CULTURA ECONÓMICA MÉXICO-ARGENTINA-BRASIL-COLOMBIA-CHILE-ESPAÑA ESTADOS UNTDOS DE AMÉRICA-PERÚ- VENEZUELA 348 LAS MUSAS W hetber on Idés shady brow or in the cbember of the East, the chembers of tbe Sun, tbat now From ancient melody have ceased; avbetber in henven ye auander fair, or the green corners of the earth, or the blue regions of tbe air aubere the melodious winds bave birth; anbetber om crystal rocks ye rove, bencarh the bosom of the sea, avandering in many a coral grove, fair Nine, forsaking Poetry; how have yow left the ancient love ibas bards of old enjoy'd in you! the lenquid ssrings do scarcely move, sbe sotnd is forced, me motes are few, E ¿ XiV CLASICISMO 1. Los géneros y los catálogos de autores, p. 349.—2 Los “entiguos” y los “modernos”, p. 354.—3. Forma- ción del canon de le iglesia, p. 361.—A. El canon ime- dieval, p. 367.5. Creación del canon moderno, p. 372. Nuestro estudio sobre las Musas podrá servir de ejemplo para las tareas de una ciencia de la literatura europea. Ya No- valis definió en dos frases el carácter y la finalidad de esa dis- ciplina: “La ciencia de la literatura es una filología general”; «Fl arte literario, estudiado como tal, produce la ciencia del arte literario (scientiam artís htterariae)”. Cuizá esta manera de ver las cosas pueda contribuir también 'a la comprensión de ese fe- nómeno que llamamos clasicismo. $ 1. Los GÉNEROS Y LOS CATÁLOGOS DE AUTORES Desde que existe una enseñanza de la música, existe una cien- cia musical. Sus rudimentos (tipos de tonos y de compases, etc.) los aprende el miño ya en la clase de piano. La ciencia de las formas musicales es indispensable para la comprensión de una sonata, de una sinfonía. La ciencia musical culmina en la ciencia de la composición; incluye también ejercicios prácticos en el sentido riguroso; quien quiera hacerse músico deberá aprender a componer una fuga. Za la Edad Media, el que quería hacerse poeta (dictator) debía aprender el ars dictandi.? Aún cabría lle- var más lejos el paralelismo; ahora sólo hemos insinuado lo nece- sario para dar a entender que dondequiera que la literatura es materia de estudio escolar, existen elementos para una ciencia literaria; es ya esta misma ciencia, presentada en forma accesible para los principiantes, Quien haya leído a Homero en un texto escolar ha debido aprender que la Hlízda es un epos, esto €s, Un 1 En nuestros días, los que quieren hacerse poetas deberían aprendes el oficio, y asimilar las formas establecidas antes de expresarse en “versos Libres”. 349 352 CLASICISMO Los filólogos alejandrinos fueron los primeros que hicieron una selección de la literatura antigua para utilidad de las escue- las de gramática. La terminología con que se designa la clasi- ficación de la literatura por grupos formales varía mucho. Quin- tiliano (X, 1, 45) emplea la expresión genera lectiomura; la “lista de escritores” se llama, en él, ordo a grenmaticis dotes (ibid, 34). También varían los términos para designar a los “autores modelo”; los alejandrinos los lHamaban ¿yxewópevo, ¿yugrros Exexgiuévo, en julio Pólux, IX, 15), esto es, “los aceptados” (en la selección). No había manera de latinizar esca designación, y por lo mismo no pasó al lenguaje moderno, como tampoco pasó la expresión genera lecrionum de Quintiliano ni sus circunstan- ciadas perífrasis a base de ordo (euctores in. ordinem redigeres 1, 14,3) y numerus (in munerum redigere, X, 1, 54). Había que hallar, pues, un nuevo vocablo adecuado. La pa- labra classiczs no aparece sino muy tarde, y en una sola ocasión: en Áulo Gelio (Noches áticas, XIX, vin, 15). Este erudito co- leccionador de la época de los Antoninos estudia en su obra gran número de problemas gramaticales controvertidos. Así, por ejemplo, discute la cuestión de si quedriga y arena deben usarse en plural o en singular. Para ello, responde, hay que atenerse a la manera como emplea esas palabras algún autor modelo: £ cohorte illa dumiaxat antiquiore uel oratorum aliquis uel poeta- runa, id est classicus adsiduusque eliquis scriptor, non proletarits; “cualquiera de entre los oradores o poetas, al menos de los más antiguos, esto es, algún escritor de la clase superior contribuyen- te, no un proletario”. Estas palabras requieren una explicación, La constitución de Servio había dividido a los ciudadanos en cinco clases, de acuerdo con sus bienes de fortuna; con el tiem- po, los ciudadanos de la primera close acabaron por llamarse sim- plemente classici. Ya Cicerón (Cuestiones académicas, Y, 73) empleó la expresión en sentido figurado cuando puso a Demó- crito por encima de los filósofos estoicos, relegando a éstos 2 la quinta clase? El proletarius que Aulo Gelio menciona como contraste no pertenecía a ninguna clase contribuyente. Cuando 8 San Jerónimo trae en su De miris ¿llustribus la frase in ordís XXI, col. 631 4), 9 Arnobio; Aduersus nationes, Y, 29, trac la metáfora de las clases tributarias en un contexto filosófico, y empleando vn giro distinto. .m digerero (PL, 5d t E ] P : LOS GÉNEROS Y LOS CATÁLOGOS DE AUTORES 353 Sainte-Beuve discutió en 1850 la cuestión de qué cosa es un “clá- sico”, lo que hizo fué parafrasear las palabras de Aulo Celio (Cuuseries du lundi, UL, p. 39): “Un escritor de valor y de mar- ca, un escritor que cuenta, que tiene bienes de fortuna bajo el sol y que no se confunde entre la turba de los prolezarios”. ¡Qué golosina para una sociología marxista de la lireratura! El pasaje de Aulo Gelio es muy instructivo: revela que el concepto de “escritor modelo” estaba subordinado en la Anti- gúiedad al criterio gramatical de la corrección lingtíscica, Es tarea de la historia de las lenguas modernas el investigar cuándo y dónde penetró en le culrura moderna el término que Gelio emplea para un caso aislado.1 Ei que un concepto tan funda- mental de nuestra cultura como es el de clasicismo, del que tanto se ha Bablado y abusado, se remonte a un autor de la tardía latinidad, ya sólo conocido de los especialistas, es algo más que una simple curiosidad filológica; demuestra un hecho que ya hemos podido ver en muchas ocasione: la importancia del azar en la historia de nuestra terminología literaria. ¿Qué habría he- cho la estética moderna para reunir bajo un solo concepto a Rafael, Racine, Mozart, Goethe, de no haber existido Aulo tio? Una serie de sistemas imponentes, gue mantuvieron a siglos enteros en constante tensión, nunca habría surgido a no ser por las clases de contribuyentes creadas por la constitución romana de Servio, Si se hubiera entendido el significado de la palabra clasicas, no habría habido discusiones sobre el clasicismo; como no se com- prendió, quedó rodeado este coucepto de un nimbo misterioso que recuerda el pulido mármol dei Apolo de Belvedere. Mo po- demos ya prescindir del concepto de lo clásico, ni tenemos por qué renunciar a él, pero tampoco renunciaremos a muestro dere» cho de analizar históricamente nuestras categorías estéticas; lle= 10 En Francia, la palabra aparece por vez primera en 1548, en el Art podrigue de "Thomas Sébillet: Lineention, et le jugement compris soubi elle, se confermont, et ensichissent par la lecture des bons el classigues podtes Jramgois, comme sont entre les vieua Alain Chartier et Jan de Meun. Según esto, hay clásicos en la Edad Media francesa. Ronsard y su escuela parecen no conocer la palabra classigue. Gración es cribe: “Gran felicidad conocer los primeros autores en su clase” («igadeza, discur- so LXISI). En Inglaterra, Pope emplea la palabra: Who las/s a cenfury, con have ma flaco, / 1 hold that Wit a Classit, good in laco (Imitations af Hozaes, The firas epistle of the second book of Horace, versos 55-56). Esto corresponde al verao de Horacio Est uetas atque probus, censura qué perficit anmos (Epístolas, HI, 1, 39)» 354 CLASICISMO gamos así a un ensanchamiento de nuestro horizonte, que tendre- mos que agradecer al historiciemo del siglo xix y de la época con- temporánea, El concepto de “lo clásico” tiene pues, como hernos visto, un origen sumamente modesto y sobrio. En los últimos dos» cientos años se le ha inflado más de la cuenta. El que hacia 1800 la Antigiiedad grecorromana se haya declarado “clásica” en blo- que fué medida afortunada, pero no por ello menos discutible, La dignificación histórica y estéticamente imparcial de la Antigie- dad se vió estorbada durante un siglo. Quienes tengan amor a la Antigiiedad, en todas sus épocas y estilos —amor, es cierto, más raro de lo que se creería-——, considerarán justamente su ele- vación al rango de “lo clásico” como desabrida y falsificadora pedantería.3 El glorificado y glorif.cador humanismo de colegios y liceos, que todavía hoy tiene una tendencia a lo edificante, es antípoda del humanismo auténtico y audaz de los espíritus li- bres, Ansiamos un humanismo limpio de toda pedagogía —y, miás que nada, de toda política—, capaz de gozar simplemente de la belleza. Semejante humanismo permitirá también una crí- tica estética que llegue a descubrir, por ejemplo, en qué sentido Virgilio es un clásico.1? $ 2. Los “ANTIGUOS” Y LOS “MODERNOS” Volvamos a Aulo Gelio, Antes de hablar del scriptor clásico, se refiere a la cohors entiguior uel oratorum uel pOetaruan, ro- zando así una cuestión fundamental. Los escritores clásicos son siempre los “antiguos”. Suelen tomarse por modelos, pero otras veces suelen también rechazarse por anticuados; este dualismo puede producir una querelle des enciens et des modernes. La querella de antiguos y modernos es un fenómeno constante de la historia y de la sociología literarias.13 En Alejandría, Aristarco 1 Los ensayos editados por Werner Jaeger, Das Problem des Klassischen und díe Antike, acht Vortráge, Leipzig, 1931, no han logrado hacerme cambiar de ideas a este respecto, 2 Es lo que ha hecho T, S, Eliot en Whar is a classic? An address delivered before the Virgil Society om the sisteenth of October 1044, Londres, 1948. en la literatura árabe. Cf. por etemolo, Ton Qotaiba, Inérodue» tica au Livre de la pobsie er des pobtes, ed. Caudetroy-Demombynes, París, 1937, P- 4 $ 6. Entre los antecedentes de la Querelle francesa está el debate entre Salutati y Niccoli, 1401 (R. Sabbadinl, Zi metodo degli umanisti, 1920, Pp, 49, nota 1), LOs “ANTIGUOS” Y LOS “MODERNOS” 355 contrasta a Homero con los “más nuevos” (veótegor); entre és- tos está Calímaco, que lanza críticas contra la epopeya. También Terencio sucle oponer en sus prólogos la tendencia moderna a la antigua (Heawton timorumenos, prólogo, 43, Eunuco, prólo- go, 43; Phormio, prólogo, 1). En el siglo 1 a, C., los poctac noi o vebregar (Cicerón, Orator, 161; Ad Atticuzn, VU u, 1) se en- frentan al estilo antiguo creado por Ennio, para verse 2 su vez sustiuídos por la poesía de la era de Augusto, que se concebía a sí misma como “moderna”. En tiempo de los Ántoninos apa- rece una nueva escuela de poetas, que los gramáticos posteriores Hamarían neoterici, latinizando el veórego, empleado por Cice- rón. Cuanto más antigua se iba haciendo la Antigiledad, tanto más falta hacía una palabra para designar lo “moderno”; el tér- mino modermus no existiá aún; se empleó entonces neotericas 1% En su origen, esta palabra había designado un estilo bien definido, inspirado en la poesía alejandrina; pero a partir del siglo ww significa “escritor moderno”; con este sentido aparece en San je- rónimo, en Sulpicio Severo, en Salviano, Claudiano, Mamerto, Aurelio Víctor. Los glosadores explican neoterici como libri novi uel recentes, o también como noricii, mincres, San Columbano (muerto en 615) hace esta enumeración: cuangelioru plenitudo, apostolica doctrina, neoterica orthodoxorum auctorum doctri. me, convirtiendo a los Padres de la Iglesia en “neotéricos”. Para Erasmo, Santo Tomás es neotericorum omniuna diligentissimas, 1 Ese extranjerismo griego puso en apuros a más de un copista; se suele encontrar la forma neutericus, por analogía formal (y des- pués también semántica) con la palabra neuter (= 'ninguno de los dos”). La distinción entre lo antiguo y lo maderno no trae consigo forzosamente un sentido polémico; puede designar también la su- cesión de dos estilos o épocas, que se susticuyen la una a la otra, como la “comedia antigua”, la “media” y la “nueva”, o como los dos Testamentos de las Iglesias cristianas. Algo dis- 1% Para lo que sigue, me baso en el articulo de f. de Chellinck “Veotericas, meotericó?, en Archivum Latinitatis Medii Bevi (Bulletin Du Camge), XV, 1940, pp> 133-126. 15 MGH, Epistolae, VI, p. 175, 21%. 18 Citado por É. Cilson, Héloise er Abélard, París, 1938, p. 213, nota 1. Sobre antiqui y moderni en la escolástica, cf. M-D. Chenu, Introduction d Pétude de saint Thomas d'Aquin, Montreal y París, 1950, p. 116. 358 CLASICISMO La palabra nowi “los nuevos” no parece haber servido como término correlativo de axtiqui, ¡Macrobio (hacia 400) llama a los “antiguos” bibliotbecae ueteris aurores (Saturnales, Vi, 1, 3), pero no tiene un vocablo para designar a los modernos, Sólo en el siglo v1 aparece el feliz neologismo rmoderias (de modo “hace poco”, como hodierzus de hodie), y entonces Casiodoro puede celebrar 4 un autor con resonante paralelismo, como antiguorimn diligentissimmus fmitator, modernorum nobilissimus institutor (Va- viae, YV, 51). La palabra “moderno” (que nada tiene que ver con “moda”) es uno de los últimos legados de la tardía lengua latina a questro mundo de hoy. La época de transición de Car- lomagno recibe en el siglo 1x el apelativo de seculusm moder- men ól Pero no se piense que el límite entre la Antigiedad y la época moderna se ponía al comienzo de la era cristiana: los li- ros sagrados y los Padres de la Iglesia pertenecen más bien a la Antigiedad.%2 Aj lecror moderno puede extrañarle este modo hombres que vivian el día del comienzo. Varrón (De lingua latina, Vi, 11) fija el sacculen en cien años; en tiempo de Augusto se convierte en periodo sacro oficial de ciento diez años. Pero esto no llegó a tomarse muy al pie de la letra; Domiciano festejó la fiesta secular en el año $3 y no en el año 94. Las fiestas “seculares”? romanas se cruzan con [a seris de centenarios de la fundación de la ciudad, que se sabe tuvieron lugar en los años 47, 147, 248 (retraso de un añó); convergen, pues, dos recuentos de siglo que son irreconciliables. En San Isidoro reina total contusión (Esimologías, V, xexvm1): Saccuza gencralionilas comsiamiz et inde saecula quod se seguantar: abentíbus enim alñis alía succedunt. Hunc |sic, ed. Lindsay] quidas quin guagesimun anna dicuns, quem Hebraci iubilacum uocanl. .. detas pierdisgue dicitur et pro uno anno, ut in annalibus, et pro septes, ut hominis, et pro ceatum, el pro quowis temparo... Áeuum est actas perpetua, cu'us neque inótlumm neque extremum nos citur, quod Grace uecamt olGyas; quod alizuendo apud eos pro sacculo, aliguando pro asterno pomitur. Servio (comentario a la Eneida, libro VAL, 508) considera el sa-culum como período de treinta años, Es decir, gue tanto en la Ántigiedad pagana como en la cristiana el sentido del tiempo es nebuloso, velado; se explica, pues, que mo hoya podido Megarse a una fijación de períodos. A propósito de sasculem y de eldv cf. G, Stadtmúller en Sarculuns, YE, 1952, PP. 152 y 315 21 Walafrido Estrabón, en Poefac, Ti, p. 27%, núm. XI, Y p. 318, 883. 22 En el poema dedicatorio de cierto Bruno a un emperador (Poetas, Y, p. 358, versos 21 45,), que Strccker cree del siglo x o del xt, leemos: Deciderat studium ueterum es vigilancia pene parrum cecague secula barbaries seua premebat el error ínerso Voteres y patres sou, a mi ver, los Padres de la Iglesia, a quienes Natker Bálbulo da, hacia $90, el nombre de antiguí patres (ef. E. Dimmier, Das Formelbucá des Bischofs Salomo. . ., Leipzig, 3857, p. 64, 17). No puedo ver en esto “ideas renacentistas”, como Strecker, En una carta, Cari Erdmann me llamó la atención sobre el poema baeciano de Cerberto (impreso por Charles H. Beeron, 4 primer of medieval Latin, Chicago-Nueva York, 1925, p- 347); suponía que el poema de Bruno se había com de ES E LOS “ANTIGUOS” Y LOS “MODERNOS” 359 de concebir las cosas; cuando hablamos de los “antiguos” nos re- ferimos a los autores paganos; el paganismo y el cristianismo son para nosotros dos campos separados, sin denominador común posible. Pero la Edad Media pensaba de otro modo; meteres se Mlamaban por igual los autores cristianos y los autores paganos del pasado. puesto en el círculo de Gerberto y que, por lo tanto, la dedicatoria era para Otón TIL. Cf. ahora Casl Erdmana, Forschungen «ur politischen Ideenselt des Fritemirelaliers, obra póstuma editada por Fr. Baethgen, Berlín, 1951, PP. 109 55 a 23 En una lamentación por la inmoralidad de sus tiempos, Cautier de Chátillca dice (Boralischsatirische Gedichte, p. 97) 2): Mescimas uestigia ueterun modera, regni nos eternitas nor trabit supera, ardentis sed nitimur por niawm inferni. Es decir: “Nosotros los modernos nos apartamos de Jas huellas de los antiguos; y2 o seguimos el impulso hacia la eternidad celestial, sivo que hallamos afanosamente el camino de Ins llamas infernates”. Cuando Gautier de Chitillon quiere decir “¿por qué no he de hacer yo lo que hicieron los poetas paganos, escribir versos a cambio de Jinero?”, emplea de nuevo la imagen de las “huellas de los antiguos” (2bid,, p. 83, 4): Cur sevi vestigia uetecum refutem adivisci vimulis corporis satuiems, impleri diuiriis et eurare ensem? Quod decuót magnos, cur m'hi turpe putem? Strecker compara estos versos con el Magister artis ingenigue larg'tor Í uenter de Persio, prólovo, ro. Langosch' se equivoca cuando, en su edición del Registros de Huso de Trimberg, interpreta el meleres como "autores antiguos” en nuestro sens tido actual; esto lo lleva a la concinción de que la clasificación que hace Hugo de los autores no es correcta. Hugo de Trimberg dividió su obra en tres distineciones. cada lena de las cuales consta de dos pariente. Según Langosrh (p. 14), “en la primera partícula deben estar los antíguos, en la segunda los medievales”; pero en la p. 245 (nota al verso 643) tiene que reconocer que de los dieciocho autores que debían ser “antiguos”, sólo lo son “tres o cuatro”; la inexactitud es error del intérprete, mo del autor. Hurto de Trimberg dice que a los escritores paganos verdaderamente valio- tas debe concedérseles la misma importancia que a los autores bíblicos (hagiograpás: San Isidoro, Esimologías, VI, 1, 7), Fues, según afirma, fueron fieles a “su fe” y aun escribieron muchas cosas “teológicas”: Forsan dicet aliquis, quod multi gentiles piultos libros scripserint claros et subriles, quí propter incredulos auctores nom damnantar, derum a Christicalis adhue usitantur, Satis probabiliter tales excusantar, us com aglograplás quodammodo ponantur: si fidem casholicam ki mon didicerant, samen fortes in sua fide perstiterunt Zantisque uirtutibus scribendo floruerant, quod et cheoloycs wnultoquiens serifserent. Si fidens catholicam plene cognouissent, credo quod finetenas huiz adhesissent. 360 CLASICISMO dingún siglo percibió tan intensamente el constraste entre el presente “moderno” y la Antigiedad pagano-cristisna como el xt, El concepto de “Renacimiento del siglo x11”, al cual Haskins dió carta de naturaleza, está plenamente justificado,?* pero esto sólo logra verse con claridad si nos preguntamos qué concepción histórica tenía la época de sí misma, cosa que nadie ha hecho hasta ahora. , Anteriormente hemos estudiado la transformación científica que tuvo Iugar en el siglo xn % y el paralelismo de la poética, la jurisprudencia, la lógica, la metafísica y la ética nuevas? Ahora podernos enlazar ambos fenómenos, que son dos aspectos de un mismo cambio cultural, Como hemos visto, el paralelismo se apoyaba terminológicamente en la aplicación, a los dos “Testa- mentos de la Biblia, de “antiguo” y “nuevo”, conceptos que estudiamos en su paso por la historia espiritual, El “Renaci- siento” del siglo xa no pudo ciercamente designarse a sí mismo con este nombre, que es producto del pensamiento histórico del siglo xix al proyectar sus ideas sobre el gran florecimiento ita- liano. No encontramos en ese renacimiento nada que se parezca a aquella especulación filosófico-religiosa sobre vna vita nove en que Burdach quiso ver el germen del Renacimiento italiano; pero sí vemos en el siglo xit una clara conciencia d estar viviendo una transición, o, más exactamente, el comienzo de le nueva épo- ca, al lado de la cual todo lo anterior es “antiguo” —la poética horaciana, los digestos, la filosofía—Ñ, “antiguo” en el mismo sen- tido en que lo es el Antiguo Testamento. Por primera vez, el Occidente nórdico vive el comienzo de una nueva ezz espiritual y lo expresa de modo consciente. Es un resurgimiento intelec- tual acompañado de un resurgimiento del bios. De este modo se redondea y profundiza la imagen de aquella época.?* 23 H, Haskins, The Renaissance of the sacelfih century, Cambridge, Mass, 1928. Ciertamente, contra ta multiplicidad de renacimientos (teodósico, carolingio, otónico, etc.) pueden hacerse objeciones muy serias; pero Haskins hizo bien en servirse de un concepto usual, porque tepía que demostrar un fenómeno que nunca antes se había concebido como unidad. En cuanto a la apreciación del renacimiento del siglo x11, yemito ahora a W. A. Nitee, “The sowcalled twelfth-century Renaissance”, Speculum, XXILL, 1948, pp» 464 55 25 Capítulo 111, $. 30 Capitulo vis, $ 3. 27 Cf. supra, p. 169. 28 Esa conciencia de sí mismo que caracteriza al siglo xmt explica lo que dico Walter Map en su obra De «ungís curialiuns (escrita entre 1180 7 1192) sobre muoder- ee FORMACIÓN DEL CANON DE LA IGLESIA 361 $ 3. FonMACIÓN DEL CANON DE La ÍGLEStA La formación de un canon ” contribuye a afianzar una tra- dición. Al lado de la tradición literaria de la escuela están la jurídica del Estado y la religiosa de la Iglesia, que soñ las tres potencias universales de la Edad Media: studiam, imperia, se serdorius. El periodo “clásico” de la jurisprudencia romana va de Augusto a Diocleciano; a él sigue el periodo “burocrático”, cuyo coronamiento es la codificación justinianea (534). El canon de los juristas poseedores de “autoridad” quedó constituido desde el año 426.20 La Iglesia, por su parte, incorporó a su canon —no sin oposición de muchos eclesiásricos— las escrituras sagradas de los judíos, a las cuales dió el nombre de “Antiguo “Lesta= mento”, El canon judío contiene la “Ley” (los cinco libros de Moi- sés), los “Profetas” (entre los cuales se cuentan también los pri- meros libros históricos, llamados profetas “más antiguos”) y las “Escrituras” (Retubim), que en su Prologus galearas a la Vulgata San Jerónimo llama hegiographa (“escritos sagrados”), guiándose por el precedente de los Serenta. En el judaísmo y en el cristia- rites: Mostra dico tempore modernitatem hane, horuta sollicel centams anzoram curricun Jam, calas adbuc exnc ultime partes extar, culus tocas ia his que motabilia sunt safis est recens et manifesta memaria, curs adhue aligui supersint centenas, ex infiniti FElil que ex potrum el auorum relacionibus certissime teneant quod non uideramt. Centum anuos qui effluxerunt dico nostram modernitatem, et mon qui ueniunt, cuts ciusdera tamen sint racionís, secuadums Propimguitatem; quoniem ad narracionem per sinene preterita, ad diuónacionem futura. Hoc tempore huias centenmíl primos in sualuerwat ad summun: robur Templarid... (p. $9, 1755). Aquí se combina, como vemos, el concepto de saeculane, vida de un hombre (Tácito, Arnobio), con el moderno recuento por siglos. Pero el siglo se llama centenninma, no saeculem. A esto hay que añadir, en el mismo autor (p. 158, 2355.), la idea de que una obra suya sólo se estimará después de su muerte: Scio quid Jiet past me. Cam enha putuerío, sum primo sal accipiet, totusque sibi supplebitur decessu meo defectas, el ln remosissima posteritats eniti faciet aurtoritatem amtiquitas, quod lunc ut nunc uetustum cuprims preferetur aura vonello. Simiaram tempus erit, ul wunc, mon hominum; quod presencia sibi deridebunt, non habentes ad boo: paciencia, Omnibus seculi sue displicadt modernitas, et quemis rima preteritane sibi protulit. Es digna de notasse aquí la identificación de la dad con el cobre y de la modernidad con el oro, reversión de la escala de metales con que Hesíodo había caracterizado las edades del mundo; respecto al giro semiaram tempore, cf. infra, Excurso XIX. . 20 He evitado hasta ahora esta palabra, porque con el sentida de “catálogo de autores? sólo se encuentra a partir del síglo 1 d. C., y relacionado con ls Hiteratura cristiana. El gran filólogo David Rubnken (1723-1798) que, nacido en Pomestts; vivió dede 1744 en Holanda, introdujo en la filología el concepto de % Ct. Herbert Oppel, Kanon. Zur Bedeutungsgeschichos des Wortes und seiner lates Entsprechungen, Leipcig, 1937, PP. 79-71 80 Cf, Frite Schulz, History of Roman legal science, op. cita 384 CLASICISMO Las palabras del Señor que no se conservaron por escrito (los dyeaga) se transmitían oralmente, y todavía a comienzos del siglo n, el obispo frigio Papías (ca 65 - ca 155)% preguntaba a los presbíteros si sabían frases de los discípulos del Señor, por- que creía sacar más fruto de la “viva voz” que de los libros, Al lado de tos escritos canónicos del Nuevo Testamento, había gran número de evangelios, hechos de los apóstoles, epístolas y apo- calipsis apócrifos; entre ellos está también el Pastor de Hiermas (escrito poco antes de 150), que gozó de gran estimación.8 Des- pués del Pastor vienen los hoy llamados “apologeras griegos” del siglo 11, los escritos de los “herejes”, de los gnósticos y de sus “adversarios, y muchas otras obras de la antigua literatura cris- tiana. En el sistema de la teología católica, esta literatura entra en el dominio de la ciencia teológica de la parrología,?? que exa- mina el valor de los antiguos autores cristianos en cuanto testi- monios de la fe, y que hoy está transformándose en una ciencia histórica. La patrología estudia principalmente a los “Padres de la igle- sia”, ¿Á partir de qué época se conoce esta designación? Hemos visto- que San Columbano todavía la ignora, puesto que divide la literatura eclesiástica, por orden de valor, en evangeltos, doc- trina de los Apóstoles (o sean las epístolas del Nuevo “Festa mento) y doctrina de los escritores ortodoxos modernos. Sidonio Apolinar distingue en las antiguas obras cristianas entre exthen- tici*0 (los escritores bíblicos) y disputatores (autores de “trata- dos”); Casiodoro conoce estas cuatro categorías: imroductores, expositores, magistri y patres. No hace falta que nos detengamos más en esto; *% sólo he aducido estos testimonios para mostrar cómo la Iglesia se vió obligada a forjar un canon teológico para $T Sobre Papías, cÉ Aímé Puech, Histoire de la lirtérature grecque chréienme, Ki, París, 1928, p- 96... 358 Notker Bálbulo lo incluye entre las fassiones ranctorus, a falta de clasificación más adecuada, 38 Véase Berthold Altaner, Patrologie, Friburgo de Brisgovia, 1938 (2% edo aumentada, 1950). [Trad. española, per los PP. E. Cuevas y Y. Domínguez, Madrid, 1945.1 Del mismo autor, “Der Stand der patrotogischen Wissenschaft und das Problema einer altchristlichen Literaturgeschichte”, en Miscellanea Ciovanas Mercari, Roma, 1946, 1, p. 483. 40 Este término (= “autógrafo”, “fidedigno”) está tomado de Ja jurisprudencia; pasará más tarde a la escolástica, lo mismo que sentensías (decisiones con fuerza de ley”). 32 Para mayores detalles véase infra, Excurso VI, FORMACIÓN DEL CANON DE LA IGLESIA 365 complementar el bíblico, y cómo, también en este terreno, los primeros pasos se dieron a tientas. EJ primer autor de una patrología fué el protestante Johana Gerhard.** Bien entrado el siglo xix, el concepto de “patrología” abarcaba aún toda la literatura eclesiástico-teológica anterior 2 1200, y en algunos casos llegaba hasta la Reforma. El lector de este libro ha encontrado tantas veces la sigla PL, que no sería justo pasar por alto al patrólogo de más mérito del siglo xrx, si no por la investigación, cuando menos por su tarea de divulgación de los Padres; me refiero al abate Jacques Paul Migne (1800-1875), “escritor de mediano talento y editor de sorprendente actividad”, como nos dice, de manera un tanto desabrida, una enciclopedia eclesiástica. ¿Por quéz Porque “a causa del procedimiento comercial poco canónico [¡de nuevo el canon!] con que intentó reconstruir su empresa, gravemente da- flada por un incendio en 1868, Migue fué suspendido de sus fun- ciones por el arzobispo de París en 1874”8 El Patrologiae cursus completus comprende en su Series latina (nuestro PE) doscientos veintiún volúmenes (1844-1853), y en su Series graece (PG), ciento sesenta y dos (1857-1866). De esta obra no pueden pres- cindir ni el filólogo, ni el historiador, ni el filósolo, ni el teó- logo. La enorme colección, en la cual la ciencia eclesiástica hizo convenios extraños con la iniciativa de un empresario capicalista particular, merece, a pesar de sus fallas, nuestro profundo agra- decimiento. Toda creación de cánones literarios tiene que llevar a cabo una selección de clásicos. Los Padres de la Iglesia son, entre los escritores cristianos, a la vez los clásicos y los antiqui. Pero has- ta los Padres de la iglesia fueron objeto de une selección. La 42 Gerhard (1582-1637) fué “el architeólogo, el maestro y dogmatista por excelencia de la ortodoxia luteranas el más importante, probablemente, de los héroes del interanismo ortodoxo” (Algemeine denesche Biographic, Leipzig, 1875-1912, VII, p- 767). Sus obras principales son: Loci theologict (1610-1622); Doetrina catholica ví evangelica (1633-1637), donde la Iglesia evangélica aparece como la única verda deramente católica. Después de su muerte se publicó (1653) la Parrología. 43 Lexikon fúr Thcologie und Kirche de Buchberger.- Ya en 1833 Jugne pat tenido dificultades con las autoridades eclesiásticas a causa de su folleto De Ta:tibena, par un prótre. Para más detalles, véase el Grand dictiontaire eniversel de 213" sitola, He Pierre Larousse, vol. EX, 1874. En su autobiografía (Fomrscore jeers, Cambil 1044, pp. 35255), C. G. Coulton ha escrito una estupenda semblanza de Migas: Ct. tembién P. de Labriolle, Histoire de la listérature lotine chrétienne, 29 ed, Parto; 1924 Introducción. 366 CLASICISMO Iglesia oriental tomó la delantera, poniendo a San Basilio Magno (4 379), a San Gregorio Nacianceno (f 389/90) y a San Juan Crisóstomo (1 407) en un lugar aparte, como los tres “grandes maestros ecuménicos”. El Occidente añadió a San Atanasio (1373). Y a partir del siglo vn1, San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio Magno se consideran como los cua- tro grandes Doctores latinos de la Iglesia.** La monumental cá- tedra de Sen Pedro en el ábside de la basílica de San Pedro, obra de Bernini, está sostenida, en un movimiento de extático vuelo, por las estatuas de San Ambrosio, San Agustín, San Atanasio y Sen Juan Crisóstomo. Aparecen allí reunidos los cuatro supremos Doctores de la Iglesia de Oriente y Occidente. Pero los “Doc- tores de la Iglesia” constituyen a su vez una nueva selección. No todos ellos son necesariamente Padres de la Iglesia; lo que hace a éstos es, no sólo la ortodoxia, la santidad y el reconocimiento de la autoridad eclesiástica, sino además la amtiquitas, El canon de los Padres está ya definitivamente establecido; pero en la Edad Media la escolástica vino a añadirse a la patrística como un nuevo retoño de la teología. Con el Concilio de Trento empieza una nueva consolidación y una extensión del poderío de la iglesia; se inicia entonces la costumbre de elevar a la dignidad de Doc- tores de la Iglesia a los grandes maestros cristianos de la moder- nidad, como Santo Tomás, San Anselmo, San Bernardo de Cla- ravalle, San Alfonso de Ligorio, San Francisco de Sales (estos dos últimos nombrados por Pía IX), San Juan de la Cruz, San Roberto Belarmino y San Alberto Magno (bajo Pío Xi). Los Doctores Ecclesiae forman una corporación santa en la que con- viven amigablemente los axtiqui con los imoderni; los antiguos tienen probablemente más de una cosa que aprender de los nue- vos. San Ísidoro ascendió en 1722 a la categoría de Doctor de la iglesia, fué el primero que tuvo la monarquía española. Con el canon bíblico y el patrístico no queda agotada, ni mucho menos, la literatura cristiana. La Biblia era tan poco ac- cesible a los fieles como los libros litúrgicos, y los escritos de los Padres sálo estaban al alcance de una minoría: el clero secu- lar y regular. Pero la vida de la Iglesia iba creando nuevos gé- neros literarios. De las necesidades del culto surgieron —en el siglo i1— los himnos sagrados, Además, las persecuciones des- 44 El número se debe probablemente si precedente de los cuatro evangelistas. mier j EL CANON MEDIEVAL 367 atadas contra los cristianos dieron lugar a,una serie de “actas” y “pasiones” de los mártires; después de ellas vinieron las vidas de santos. Estos nuevos géneros solían adaptarse al sistema de for- mas de la literatura pagana; así, se escriben poemas bíblicos y vidas de santos en el molde de la epopeya latina. Observamos antes 5 el fenómeno medieval del cruce de estilos; también los géneros suelen cruzarse, produciendo a su vez un cruce del ca- non pagano con el cristiano. 5 4. EL CANON MEDIEVAL Al comienzo de nuestra investigación * transcribimos unas lis- tas de autores con el objeto de dar al lector una primera idea del sistema escolar de la Edad Media. Hemos legado ahora a un punto desde el cual podemos aspirar a una comprensión más profunda. Notker Bálbulo (hacia 890) rechaza a los poetas pa- ganos y recomienda a los cristienos Prudencio, Ávito, Juvenco, Sedulio. Cien años más tarde, en la escuela episcopal de Espira, se estudiaba en cambio a “Homerc”, a Marciano Capela, a Ho- sacio, Persio, Juvenal, Estacio, Terencio, Lucano, y de los eris- tianos únicamente a Boecio. Si avanzamos un siglo más, pos en- contramos con Winrico (hacia 1075), maestro de una escuela episcopal de Tréveris, a quien, muy a su pesar, habían despachado de la escuela a la cocina; se lamenta de ello en un poema que con- tiene, además, un catálogo de autores, De los paganos aparecen Catón, Camilo (?), Tulio, Lucano, Virgilio, Estacio, Salustio, “Terencio; a estos nueve autores paganos corresponden nueve eristianos: San Agustín, San Gregorio Magno, San Jerónimo, Próspero, Arator, Prudencio, Sedulio, Juvenco, Eusebio. Así, en la lista de Winrico quedan admitidos dentro del canon (Eyuguvó- uevos) los poemas cristianos apreciados en St, Gallen y desdeña- dos en la escuela de Espira, Encontramos asimismo a los eris- tianos en Conrado de Firsau, con una adición: la égloga de Teodulo, Si examinamos de cerca el catálogo de autores de Con- rado de Hirsau, veremos que los múmeros 1-4 constituyen una clase aparte, lectura para principiantes; los números 5-10 son los poetas cristianos; siguen luego tres prosistas, entre ellos el eris- 45 Supra, p. 22% 43 Cf. supra, pp. 79 55 370 CLASICISMO menciona además, como habitadores del mobile castello, a Aris- tóteles, Sócretes, Platón, Demócrito, Anaxágoras, “Tales de Mile sc, Empédocies, Heráclito, Zenón, Dioscórides, Orfeo, Cicerón, Lino, Séneca el Joven, Euclides, Prolomeo, Hipócrates, Avicena, Galeno, Averroes, Con los poetas míticos anteriores a Homero se unen aquí filósofos, naturalistas, geómetras, médicos (17 ferno, YV, 131 ss.). Más tarde, Dante aprovecha el encuentro de Estacio con Virgilio (Purgasorio, XXI) para admitir a Juvenal, Terencio, Cecilio, Plauto, Vario, Persio, Eurípides, Antifón, Si- mónides y Agatón entre el número de los autores aprobados, En Dante encontramos, al lado de los latinos, a árabes “y griegos; claro está que los podía leer tan poco como sus Contemporá- neos, pero sus nombres erap grandes por tradición.“ Chaucer trae dos catálogos de autores, En la Casa de la Fama se encuentran —muy a la manera medievai-— los más famosos escritores, colocados sobre sendos pilares (versos 1419 ss.). El poeta propone dos o tres principios clasificatorios, sin completar ninguno. Josefo aparece como representante del judaísmo, ais- lado del resto, Hay para la guerra troyana una extraña mezcla de siete autoridades, que son Estacio ( por la Aquileida), Homero, Dares, Dictis, “Lolio”",52 Guido delle Colonne y Godofredo de Monmouth; todos ellos están sobre Pilares de hierro (= Marte) o de hierro y plomo (plomo = Saturno). Virgilio está solo, so- bre hierro claro estañado; Ovidio sobre cobre, Lucano sobre hierro y Claudiano sobre azufre (por haber escrito acerca de Plutón, Prosérpina y el Infierno). Hay, pues, un principio cla- sificatorio basado en la escala valorativa de los metales, sólo que faltan la plata y el oro;* Chaucer establece correspondencias en- tre los metales y los planetas y tipos humanos, pero sólo lo hace con el hierro y el plomo. Su trabajo no es limpio, sino que nos presenta las cosas en gran confusión (a ful confus miatere, verso 1517). Mucho más satisfactorio es el final de Troilo y Criseida, 3l San Isidoro conoce a Simónides y a Eurípides. Respecto al conocimiento del érabo, véase Ugo Monneres de Villard, Lo studio dell' Istán in Europa mul xi e mel siii secolo, Ciudad del Vaticano, 1944 (Studi e Testi, CX). 32 Este Lolio proviene seguramente de Horacio, Epistolas, 1, 11, 1: Troiani belli teriptorems, Maxime Lolli. .. [Horacio alude a Homero; Lolio Máximo es un joven amígo suyo. Sobre esta curiosa equivocación de Chancer (tomar a Lolio por el “máximo escritor de la guerra troyana”), véase O, Highet, La tradición clásica, trad. A. Alas torre, México, 1954, Í, pp. 155-157] $3 Sobre la escala de los metales cf. fafra, Excurso VI. EL CANON MEDISVAL 3 donde Chaucer se despide de su poema (libro Y, versos 1789- 1792): Br litel book, no making thou renuye, bus subgis be to alle poesye; end kis the steppes, wber-as Hou yeest pace Virgile, Ovyde, Omer, Lucan and Stace. Sin caer en la envidia ve cu vía, y acata, oh libro, a toda le poesía: de Virgilio y Lucane, Estacio, Homero y Ovidio, con amor sigue el sendero. Chaucer recordó aquí los versos en que Estacio apostrofa a su Teboide, al terminarla (X2, 816-817): Viue, precor; nee tu divinam Aeneida tempta, sed longe seguere et uestigia semper adore. Ve con salud, mas no oses medirte con la Eneida divine: síguela sólo de lejos, y adora siempre sus huellas. De les tenebrosas y recónditas estancias de la Fama, Chaucer san lió a respirar bajo el asoleado cielo de Italia, . . El pedagogo Francis Meres considera en su Palladis Tanés (1598), a la cual debemos la primera lista de obras de Shake speare, que los más grandes latinos son Virgilio, Ovidio, Horacio, Lucano, Lucrecio, Ausonio, Claudiano y .., Silio itálico,* No fué ésta una innovación afortunada; pero los isabelinos parecen haber tenido ideas un tanto confusas acerca de la poesía antigus. William Webbe decide en 1586 (4 discourse of English poerrie ) que Elomero floreció después de Píndaro; en una larga lista de autores, distingue a Silio y a Lucano como poctas históricos, de esos que aprovechan y deleitan a la vez (bystoricall Poess, no lesse profitable then delightsome to be reód), pero también men- ciona a Boecio, Lucrecio, Estacio, Valerio Flacco, Manilio, _Auso- nio, Claudiano, y a Juan Bautista Mantuano y otros neolatinos, La Edad Media apenas conoció 2 Silio itálico; Poggio lo descubrió en -1417; luego pasó a inglaterra por conducto del humanisme iraliano, 5% Macoulay registró en su diario, con evidente alivio, el día en que terminó la lectura de cate aburrido épico. René Pichon lo lama un derivaia tout d fait clas sigue dans le mawvcis sens du mot (Histoire de la lintéracere latíne, 3% ed, Paria, 2903). 3n CLASICISMO La ciencia liceraria debería estudiar la gradual transformación del canon de los autores antiguos desde 1500 hasta la actualidad, esto es, su progresiva reducción. 55 En el momento culminante del clasicismo francés todavía se consideran dignos de jeerse ciertos autores que hoy no son conocidos más que de los espe- cialistas. Por esa época, Pierre Daniel Huer dispuso la edición de una biblioteca clásica que debía servir para la instrucción del heredero del trono (in ws Delpbini); en 1674-1691 salieron a la juz veintidós volémenes, entre ellos Manilio, Floro, Aurelio Víctor, Eutropio, Dictis y otros; ya hemos visto que se había planeado también una edición de Marciano Capela, que FHuer quiso confiar 2 Leibniz.5% Todos estos autores eran, para el di- rector de la colección, representantes de la “pura latinidad”; 9? es una de tantas pruebas de que hacia 1680 -—momento supremo del clasicismo francés— se conservaba un canon de autores que coincidía en lo esencial con el de Hugo de Trimberg, redactado en 1280. La eliminación y proscripción de los autores latinos de la “época de plata” parece haber sido obra del neobumanismo alemán de hacia 1800; % todavía Federico el Grande deseaba que en las escuelas se leyese a Quintiliano. ¿Desde cuándo se dejaron de leey en las aulas de Alemania, Francia e inglaterra las Bucó- licas y Geórgicas de Virgilio, las obras de Persio, Lucano, Es- vacio, Marcial, Juvenal, Quintiliano? nl $ 5, CREACIÓN DEL CANON MODERNO De las Jireraturas modernas, fué la italiana la primera que for- 36 un canon; esto se explica por la posición. cultural de Italia hacia 1500. El estudio de los antiguos y la poesía neolatina es- taban en tal florecimiento, que hacian seria competencia a la poesía en lengua vulgar; si ésta quería prosperar, debía legiti- 36 Respecto a la apreciación de los autores hacia 1500, cf. D, Butfield, Prarfa- siones ez epistolas editionibus principibus auctorum orterumo praepositas, Cambridge, 1861, DS Cf. supra, p. 64, nota 7. ST Véanse lar Memoirs of she life of Peter Daniel Huet, curitten by himself and sromilated by Jokn Aikim, M4. D., Mi, Londres, 1810, p. 168, 88 Aunque en Ttalia se encuentra ya una reacción eiasiciota en la primera mitad del siglo xvim, por ejemplo en los discursos secolares latinos de Jacopo Facciolati (1682-1769). $0 Remito a Horace Walpole, Catalogue of royal and noble authors, Strswderzy HN, 2753, obra que no he podido consultar. CREACIÓN DEL CANON MODERNO 373 morse por medio de autores modelo que pudieran ser una ñOr- ma para el ejercicio artístico italiano, como Virgilio lo había side para la possía latina, La situación se complicaba aña más por el hecho de que no había una lengua literaria común a toda italia, Ya Dente se había ocupado en este problema (De aulgari el quentia), y la questione della lingue sería una constante de la bis- toria espiritual italiana hasta Manzoni y aun snás tardo; Mingena de las grandes naciones modernas ha tenido un problema paras cido; el estudio comparado de las literaturas modernas tendría que poner de relieve este factor, Pietro Bembo logró crear ua cocría lingúística italiana, destinada a servir de norma 8 la poesía ea lengua vulgar. Los tres grandes toscanos del siglo xv se ext gieron entonces en modelos lingisísticos (aunque Dente sólo con grandes: reservas). Los clasicistas del Cinquecento se fatigaron con interminabies discusiones en torno a la poética de Aristóte» les, de las cuales nadie podrá decir que fueron de algún provecho para la poesía italiana, Un eco de esas discusiones pssó « Francia por intermedio de la escuela de Ronsard, lleamade por Seinte- Beuve noire premiére poésie clessigue svoriée. Por lo demás, les tendencias clasicistas del Cinquecento ES lano no influyeron sino de manera indirecta en la mueva Ltera- tera curopes, a través de sus irradieciones en la «coria francesa de los siglos xvx y xvm. Lo Bteratura italiana no poses un sistema “clásico” uniforme; Dante, Petrarca, Boncaccio, ¿hriosto, “Tasso son grandes autores para los cuales no existe uu denominados común; cada uno de ellos tiene, además, una actitud «especial ante la Antigiiedad, Sólo Francia contó con un sistema ciásico Íte- serio, en el sentido más estricto de la palebra. Ul afán de Megar a una ordenación sistemática es, en efecto, característica del si- glo xvri francés. Boileau coloca a Malherbe muy por encima de Villon y Ronsard porque, según $i, fué sl primero que escribió Versos COrrectos, er véduisio lo Muse cue régles dee devols ¡Pobre kúusal Boileau mismo, ese filisteo de cortos alergias: . $0 La historia de la literstura francesa sigue sosteniendo que Rie ad esítico. Me remito, sia embargo, a George Saintsbury, quien en auí Paso cad literary taste in Darope (£1, Edimburgo-Londres, 1902, «pp 489 4E esidadorarente la obra de Boiteaw y declara al final (p. 100): Fé 40% 376 CLASICISMO la ideología de Francia desemboca finalmente en ese conforatis- mo. ¿Cuánto tiempo seguirá pareciendo convincente a otros pue- bios y culturas? Francia debe mucho a su clasicismo, pero ha pagado muy caro por él; ante todo, una dependencia de formas de la conciencia que ya se han hecho demasiado estrechas para el espíritu europeo; André Gide es la sublime excepción, España difiere del resto de Europa, entre otras Cosas, por lo que toca a la formación del canon y a la designación de las épo- cas. La literatura española presenta ante todo la peculiaridad de tener un romanticismo, pero no un clasicismo.* Más notable aún es el hecho de que los autores ibéricos del Imperio romano se hayan incorporado a la literatura nacional. Los dos Sénecas, Lu- cano, Marcial, Quintiliano, Pomponio Mela, Juvenco, Prudencio, Merobaudes, Orosio, San Isidoro y otros aparecen en los ma- nuales modernos más difundidos, que con ello siguen fielmente la costumbre de la Edad Media y del Renacimiento. El Marqués de Santillana funda su poética en San Ísidoro y en Casiodoro; su poema a la “defungión” de don Enrique de Villena (+ 1433) contiene un catálogo de autores en que aparecen los nombres más variados: Perdimos a Homero, que mucho honosaba este sacro mente do ños habitamos; perdimos a Ovidio, al cual coronamos del árbol laureo, que mucho adamaba; perdimos a Oracio.... Perdimos a Livio e al Mantuano, Macrobio, Valerio, Salustio, Magneo, pues non olvidemos al moral Enneo, de quien se laudaba el pueblo romano; perdimos a Tulio e a Casaliano, Alano, Boecio, Perrarca, Fulgencio; perdimos a Dante, Gaufredo, Terencio, Juvenal, Estacio e Quintiliano,07 ¿Qué significa esto? Santillana representa la primera oleada de 88 Algunas historias de la literatura califican el siglo xvin de período “clásico” o “neoclásico”, pero ésta fué una época de decadencia: España mo tuvo un Addison, ai ua Pope, ni un Samuel Jolnson, ni un Gibbo: f'Magneo” es Marco) Anneo Lucano: cf. M. R. Lida de Malkiel, Juan de Mena, poeta del Prerrenacimiento español, México, 1950, p. 256.1 El “moral Ennco” ss Séneca; “Alano” y “Gaufredo” son Alain de Lille y Galfredo de Vinsauf: “Casa- liano” está por identificar. A ¿ CREACIÓN DEL CANON MODERNO 3n italjanismo en España, pero conserva a la vez el concepto medie- val de los quctores: todos son igualmente buenos, todos intem- porales y ahistóricos. La misma idea aparece todavía en Baltasas Gracián, quien al comienzo de su Criticón (1651) declara imitar en su obra las cualidades de los siguientes “stores de buen ge- nic”: Homero (por las alegorías), Esopo (por las ficciones), Sé- neca (por lo doctrinal), Luciano (por lo juicioso), Apuleyo (pos las descripciones), Plutarco (por las mnoralidades), Heliodore (por los “empeños” o complicaciones), Ariosto (por las “sus- pensiones”), Boccalini (por la crítica liceraria), Barclay %- (por las mordacidades). Gracián escribe en el ocaso del Siglo de Oro español, pero considera la literatura mundial, desde Homero has- ta sus días, con cl mismo universalismo intemporal con que Cal derón contempla la historie del mundo desde Semíramis hasta el cerco de Breda. Ni el humanismo, ni el Renacimiento, ni l An sigiiedad ni le Edad Media representan para los súbditos de los últimos Habsburgos divisiones o etapas de la tradición literaria general. España tiene su propio sentido del tiempo, como tiens su propia conciencia nacional; celebra a los reyes visigodos como Wamba de la misma manera que a los emperadores romanos de origen hispánico: Trajano, Hadriano, Teodosio. Todo lo que wvo lugar en suelo español se atribuye 2 la grandeza española (recientemente hasta le culeura islámica del Sur). La perspectiva universal coincide con la macional. Para Gracián (El discreto, último capítulo), el latín y el español son “Jas dos [lenguas] uni- versales. .., que hoy son las llaves del mundo”, mientrás que el griego, el italiano, el francés, el ingiés y el alemán están en le misma categoría de Jenguas “singulares”. ña no da a su gran florecimiento literario el nombre de “clasicismo”, ni lo asocia con el nombre de un monarca, sino que lo llama “Siglo de Oro”. En su comienzo está Garcilaso de la Vega (+ 1536), y en su término Calderón (f 1681). En el Siglo de Gro caben todos los contrastes: tono popular del Romancero y hermetismo de Góngora; realismo cáustico de las novelas pica- rescas y alturas de la mística especulativa; equilibrio clásico de un fray Luis de León y extravagancias del conceptismo; la no- vela más grande, más sabia, más alegre de la literature universal $6 John Barclay (1582-1625) escribió una novela latino, la Argenis, que fué eno de los libros más editados y vendidos en el siglo xvf1. 378 CLASICISMO moderna y un teatro del mundo con miles de comedias,% La lírica del Siglo de Oro es, pare hablar con Valery Larbaud, “la única, de toda la Romania, que nos acerca un poco al paraiso perdido de la Úrica latina”; sólo la lírica inglesa de 1590 a 1650 puede parangonarse con ella, La riqueza y la originalidad del Siglo de Oro es históricamente incomprensible si no se tiene en cuenta que la fuerza y la savia de toda la Edad Media, incluyen- do a la Edad Media latina y ala islámica, vienen a confluir con el vigor de la era de los conquistadores y del imperio ultra- marino. Los contrastes que se manifiestan dentro de la litera- tura “áurea” suelen interpretarse como contrastes del carácter español; pero esta explicación psicológica no es suficiente; el sistema literario español conserva el cruce de estilos, de géneros, de tradiciones, que consideramos característico de la Edad Me- dia latina. Italia no tuvo una Edad Media en el sentido en que la tuvie- ron las naciones nórdicas,70 y Francia rompió hacia 1550 con su Edad Media; pero España conservó la suya, incorporándola a la tradición nacional, las oleadas de italianismo que llegaron a Es- paña en los siglos xv y xv1 constituyeron un impulso formal, pero nunca afectaron a la sustancia española, Los teóricos del Cinque- cento italiano criticaban la falta de una literatura “clásica” es- pañola,”* pero afortunadamente no lograron cambiar el curso de las cosas. La continuidad inglesa desde Chaucer hasta Spenser es la única que presenta cierta analogía con la continuidad de la lite- ratura española, aunque con la importante diferencia de que en esos dos ingleses el italianismo influyó en mucho mayor medida que en los españoles de los años 1440 a 1650 , No es posible medir la liceratura española con un criterio “clásico” (casi podríamos 89 De las obras teatrales de Lope, que fueron más de dos mil, sc comservan cuatrocientas sesenta y ochos de las cuatrocientas de Tirso de Molina, eólo unas ochen- ta; otro tanto hay que decir de Vélez de Guevara; de Calderón nos quedan doscientos piezas. 70 Antes de 1200 su participación en la “Edad Media latina” es muy modesta. 11 Vénse J. F. Montesinos, en su edición del Diálogo de la lengua de Juan de Valdés (Madrid, 1928, colección Clásicos castellanos), p. 1x1v, nota 1, donde remite a Benedetto Croce, La Spagna mella vita italiana durente la Rinascenza, 2% ed,, Bari, 1922, pp. 170-171. Valdés menciona como autores dignos de lectura 3 Juan de Mena, Jorge Maoríque, Juan del Encina, Boecio y Erasmo, Santa Catalina de Siena, San Juan Clímaco (ca 379 -ca 649), Tito Livio, César, Valerio Máximo, Quinto Curcio y .. las novelas caballerescas, el Aradis, el Palmerín, el Primaleón, 1Y esto es sólo una selección! 5 l E a . E CREACIÓN DEL CANON MODERNO 279 decir “europeo”); su exuberante riqueza y variedad es única y no se ha agotado. Su futuro descansa en el desenvolvimiento cultural y en la significación que logren alcanzar las naciones de habla española en el mundo. “Siglo de Oro”: giro latino,? concepto en el cual hay un reflejo de la era de Augusto. Friedrich Schlegel lo concibió justamente en este sentido (: Gesprách úber die Poesie, 1800): Los modernos siguieron en ello a los romanos; lo que ocurrió bajo Augusto y Mecenas fué un presagio de los cinquecentistas 12 de Yralia. Luis XIV crató por todos los medios de suscitar en Francia esa misma primavera del espíriva, y los ingleses, por su parte, decidieron consi- derar el gusto vigente en ciempos de la reina Ana como el mejor de todos. Ninguna nación quería quedarse sin su época de oro; pero cada una de esas épocas resultaba más vacía y más mala que la anterior, y en cuanto a lo que, finalmente, los alemanes imaginaron ser un período dorado, la dignidad de estc ensayo nos impide precisarlo más de cerca. Lo que Schlegel calló en la última frase citada lo expresó doce años más tarde en sus conferencias de Viena sobre la historia de la literatura antigua y moderna (Geschichte der alien und neuen Literatur, 1812): Bastará recordar el juicio de cierco escritor para ver cuán relativo es el concepto de Época de oro, por lo menos en lo que respecta 2 nuestra literatura, y cómo tendemos siempre a trasladarla a tiempos anteriores. En uno de sus poemas, Gortsched hace remontar la feliz edad dorada al reinado de Federico, el primer monarca de Prusia; los escritores que él considera clásicos en ese tiempo... son ante tado Besser, Neukirch y Pietsch, Gortsched tenía presente la Francia de Boileau como Opiiz la de Ronsard; se precipitó entonces a fundar vna sección alemana del Parnaso, con candidatos poco adecuados; todavía le tocó pre- senciar el derrumbe de su proyecto bajo los ataques de los lite- ratos de Zúrich [Bodmer y Breitinger] y de Lessing. En el pasaje de Schlegel resuena todavía el eco de esos debates, que 12 Cf. Eneida, VI, 792-793: Augustus Caesar, Díui genus, aurea comdet / saccula. 73 Con la palabra Cinquecento designa aquí Schlegel la época de León X, El sistema italiano de dividir los períodos por síglos procede probablemente de la historia del arte; de ahí se aplicó a la líteracura. La literatura moderna se llama Novecento. Este sistema tiene grandes ventajas, entre otras la de avanzar automáticamente y la de excluir las calificaciones valorativas. 382 CLASICISMO nos), o hasta 1919, Esa ciencia literaria realiza el ingenuo intento de imponer a la literatura europea un esquema evolutivo acep- table para Francia y sólo para Francia (siglo avm = clasicismo; siglo xvii == clasicismo y prerromanticismo, siglo x1x% == roman- ticismo, etc.), combinándolo con el mapa político de los tratados de paz que siguieron a la primera Guerra Mundial, Es una cien- cía literaria democrática, en cuanto que concede a todas las lite» raturas los mismos derechos; no pudo decirse lo mismo de la Liga de las Naciones. Creo, sin embargo, que salta a la vista el he- cho de que entre las treinta y cinco o treinta y siete literaturas unas son grandes y otras pequeñas, El sistema literario francés se vió quebrantado cuando los franceses descubrieron a inglaterra (Voltaire, 1734), a Alemania (Madame de Staél, 1813) y al Asia (Burnoaf, Renan). En 1850, Sainte-Beuve declaraba que el templo del gusto debía recons- truirse para hacer de él sn panthéon de vous les nobles humsins; incluyó en él a Valmiki y a Vyasa (o cual no costaba gran osa), et powrquoi pas Comfuctus Ini-méme? También Shake- speare quedó aceptado (Eyugrvópevos) como le plus grond des ¿lassiques sens le savoir, A Goethe, en cambio, no lo admitió Sainte-Beuve en esa ocasión; sólo en 1858 le dió entrada con es- tas palabras: Goethe agranda el Parnaso, lo escala, lo puebla en cada csapa, en cada cima [el Parnaso tiene dos cimas), en cada ángulo de roca; lo hace semejante —demasiado semejante quizá— a Monsersat de Cataluña, ese monte más lleno de picos que de redondeces; no lo destruye. Cierto es que en las anotaciones póstumas Sainte-Beuve afirma: Je ne me figure pas quéon dise “les elassiques allemands”. El concepto de una literatura mundial tenía que destruir el canon francés. Sainte-Beuve percibió 2se dilema, pero no lo Fer solvió; desde él hasta Van Tieghem, el aferramiento francés al clasicismo del siglo xvH resulta ser una obstinada resistencia con- tra el europeísmo. Hoy parece una actitud simplemente anacró- nica; se ha visto superada por muchos escritores franceses de las últimas décadas, que han descubierto la amplitud y multipli- cidad del espíritu europeo (y americano). Ninguno de ellos ha dedicado al cosmopolitismo consideraciones tan finas y tan com- perentes como Valery Larbaud, cuya significación sólo podrán CREACIÓN DEL CANON MODERNO 383 apreciar las generaciones venideras.19 Valery Larbaud combate la aplicación de conceptos políticos a la literarura (cosa que to- davía hemos encontrado en Van Tieghem): Hay gran diferencia entre el mapa político y el mapa intelectual del mundo. El primero cambia de aspecto cada cincuenta años; está cubierto de divisiones arbitrarias e inseguras, y sus centros preponde- antes son muy movedizos, El mapa intelectual, ¡por el contrario, se eransforma lenternente, y sus divisiones presentan una gran estabilidad, pues coinciden con las que ofrece el mapa de los filólogos, en el cual no hay ni naciones ni potencias, sino sólo dominios lingúísticos... Existe un triple dominio central: francés-alemán-italiano, rodeado de una serie de dominios exteriores, de “escalones”: escandinavos, eslavos, rumano, griego, español, catalán, postagués, inglés; los más importan- «es, por su antigiledad y por sus enormes prolongaciones de uleramar, son el dominio español y el inglés.17 Esta visión lleva a Valery Larbaud a un programa de política espiritual que acaba con todas las pretensiones de hegemonía 79 y gúe no pretende sino facilitar y acelerar el intercambio de los bienes del espíritu, 76 Lo he dedicado un ensayo en mi libro sobre el espiritu francés en la nueva Buropa: Franabsischer Geist jm 20. Jobrhunders, Berna, 195% AT Valery Larbaud, Ce vice impumi, la lectore, París, 1923, PR 46-4; 38 Line politique qui, cvec la fin de la dominatior de "goér frangois la phase des arcaporements, de Pimpérialisme. >, a dipessi