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Caso clínico, ejercicio, Ejercicios de Psicología

Ejercicio, caso clínico. Psicología.

Tipo: Ejercicios

2020/2021

Subido el 28/01/2021

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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
BASES BIOLOGICAS DE LA CONDUCTA
Caso Z
Z. era un joven subteniente de veintitrés años, antes de ser reclutado para la guerra había estado a
punto de graduarse en un instituto politécnico, con lo que pensaba obtener un trabajo independiente que le
asegurara un futuro mejor para poder terminar su doctorado e investigaciones en el instituto.
Pero una mañana, camino del instituto, escuchó de repente que el país estaba en guerra. Los cursos
del instituto se abreviaron para que concluyeran los estudios. Entonces fue llamado al frente, entonces todas
sus expectativas se destruyeron.
Yo lo conocí hacia finales de 19..., casi tres meses después de ser herido. Para segui r el desarrollo de
su enfermedad, lo entrevisté con bastante regularidad a lo largo de un periodo de veintiséis años (todas las
semanas, y en ocasiones con intervalos más prolongados)...
La primera vez que entró en mi consultorio del hospital de rehabilitación, me llamó la atención su
aspecto juvenil. Parecía un jovencito que me observaba con una sonrisa de desconcierto e inclinaba la cabeza,
con torpeza, hacia un costado. (Más tarde me enteré de que había perdido la visión del lado derecho, y que
para ver tenía que volverse de costado).
Le pregunté cómo le iba, y luego de cierta vacilación contestó con timidez: “Bien”. Pero la pregunta de
mo había resultado herido le sumió en confusión.
-Bueno, ¿entiende?... Es, es... Hace ya mucho tiempo... Deben de ser dos, tres... ¿Cómo se dice?
¿En qué pueblo había nacido?
-En casa... Hay... Quiero escribir... pero no puedo.
¿Tenía parientes?
-Esta... mi madre... y también... ¿Cómo se dice?
Resultaba evidente que al principio no entendía mis preguntas, y cuando las entendía le resultaba
difícil contestar. Cada intento de hacerlo lo llevaba a una frenética lucha en busca de palabras.
-Trate de leer esta página le sugerí.
-¿Qué es esto?... No. No sé... No entiendo. ¿Qué es esto?
Intentó examinar la página más de cerca, la sostuvo ante el ojo izquierdo, luego la movió hacia un
costado y escudriñó cada una de las letras, perplejo.
-¿No, no puedo! fue lo único que consigui ó contestar.
-Muy bien, entonces trate de escribir su primer nombre y su ciudad natal. También esto lo llevó a una
lucha desesperada. Tomó el lápiz con torpeza (primero por el extremo opuesto), y luego buscó a tientas el
papel. Pero, una vez más, no pudo dibujar una sola letra. Estaba fuera de sí, sencillamente no podía escribir, y
se dio cuenta de que de pronto se había convertido en un analfabeto.
Le sugerí que tratase de hacer algo sencillo con números, como sumar seis y siete.
-Siete... seis... ¿Qué es?... No puedo, no sé.
-Bueno, entonces observe este cuadro y dígame qué ve. Se llama “Cazadores en un lugar de descanso”:
-Aquí hay... Está... está sentado... Y este de aquí está... es... Y aquí... ¡No sé! Sin duda hay algo aquí,
pero... ¿cómo se llama?
Le pedí que levantar la mano derecha.
-¿Derecha? ¿Derecha? ¿Izquierda?... No, no sé. ¿Dónde está mi mano izquierda?... ¿Qué quiere decir
derecha?... ¿O izquierda?... No, no puedo hacerlo.
Hizo un desesperado esfuerzo por responder a mis preguntas, y se dio cuenta con agudeza de cada
uno de sus fracasos.
-Bien, sugerí-, dígame que recuerda del frente.
-Para entonces... estábamos... estábamos... en muy mala situación. Tuvimos que retroceder... Lo
perderíamos todo. De modo que decidí que, que... que si así estaban las cosas... Me dijeron que... ¿Cuántos?
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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO FACULTAD DE PSICOLOGÍA BASES BIOLOGICAS DE LA CONDUCTA

Caso Z

Z. era un joven subteniente de veintitrés años, antes de ser reclutado para la guerra había estado a punto de graduarse en un instituto politécnico, con lo que pensaba obtener un trabajo independiente que le asegurara un futuro mejor para poder terminar su doctorado e investigaciones en el instituto. Pero una mañana, camino del instituto, escuchó de repente que el país estaba en guerra. Los cursos del instituto se abreviaron para que concluyeran los estudios. Entonces fue llamado al frente, entonces todas sus expectativas se destruyeron. Yo lo conocí hacia finales de 19..., casi tres meses después de ser herido. Para seguir el desarrollo de su enfermedad, lo entrevisté con bastante regularidad a lo largo de un periodo de veintiséis años (todas las semanas, y en ocasiones con intervalos más prolongados)... La primera vez que entró en mi consultorio del hospital de rehabilitación, me llamó la atención su aspecto juvenil. Parecía un jovencito que me observaba con una sonrisa de desconcierto e inclinaba la cabeza, con torpeza, hacia un costado. (Más tarde me enteré de que había perdido la visión del lado derecho, y que para ver tenía que volverse de costado). Le pregunté cómo le iba, y luego de cierta vacilación contestó con timidez: “Bien”. Pero la pregunta de cómo había resultado herido le sumió en confusión. -Bueno, ¿entiende?... Es, es... Hace ya mucho tiempo... Deben de ser dos, tres... ¿Cómo se dice? ¿En qué pueblo había nacido? -En casa... Hay... Quiero escribir... pero no puedo. ¿Tenía parientes? -Esta... mi madre... y también... ¿Cómo se dice? Resultaba evidente que al principio no entendía mis preguntas, y cuando las entendía le resultaba difícil contestar. Cada intento de hacerlo lo llevaba a una frenética lucha en busca de palabras. -Trate de leer esta página – le sugerí. -¿Qué es esto?... No. No sé... No entiendo. ¿Qué es esto? Intentó examinar la página más de cerca, la sostuvo ante el ojo izquierdo, luego la movió hacia un costado y escudriñó cada una de las letras, perplejo. -¿No, no puedo! – fue lo único que consiguió contestar. -Muy bien, entonces trate de escribir su primer nombre y su ciudad natal. – También esto lo llevó a una lucha desesperada. Tomó el lápiz con torpeza (primero por el extremo opuesto), y luego buscó a tientas el papel. Pero, una vez más, no pudo dibujar una sola letra. Estaba fuera de sí, sencillamente no podía escribir, y se dio cuenta de que de pronto se había convertido en un analfabeto. Le sugerí que tratase de hacer algo sencillo con números, como sumar seis y siete. -Siete... seis... ¿Qué es?... No puedo, no sé.

  • Bueno, entonces observe este cuadro y dígame qué ve. Se llama “Cazadores en un lugar de descanso”: -Aquí hay... Está... está sentado... Y este de aquí está... es... Y aquí... ¡No sé! Sin duda hay algo aquí, pero... ¿cómo se llama? Le pedí que levantar la mano derecha. -¿Derecha? ¿Derecha? ¿Izquierda?... No, no sé. ¿Dónde está mi mano izquierda?... ¿Qué quiere decir derecha?... ¿O izquierda?... No, no puedo hacerlo. Hizo un desesperado esfuerzo por responder a mis preguntas, y se dio cuenta con agudeza de cada uno de sus fracasos. -Bien, sugerí-, dígame que recuerda del frente. -Para entonces... estábamos... estábamos... en muy mala situación. Tuvimos que retroceder... Lo perderíamos todo. De modo que decidí que, que... que si así estaban las cosas... Me dijeron que... ¿Cuántos?

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO FACULTAD DE PSICOLOGÍA BASES BIOLOGICAS DE LA CONDUCTA

Cinco. Pero entonces ya había salido del hospital y, y... entonces... el ataque... Lo recuerdo con claridad... pues entonces, entonces... Entonces me hirieron... Eso es todo. Le resultaba doloroso tratar de describir lo que todavía seguía fresco en su memoria; no podía encontrar las palabras para empezar el relato. Le pregunté en qué mes estábamos. -¿Ahora? ¿Cómo es la palabra? Es... es... ¡mayo! Y sonrió. Por fin había encontrado la palabra correcta. Cuando le pedí que me hiciera la lista de los meses del año, logró hacerlo con relativa facilidad, y una vez más se sintió satisfecho. Pero cuando le solicité los nombres en orden inverso, tuvo interminables dificultades. -¿Qué mes viene antes de septiembre? – le pregunté. -... ¿Antes de septiembre? ¿Cómo se dice?... ¿Septiembre? ¿Octubre?... No, no es así... No me sale... -¿Cuál es la estación anterior al invierno? -¿Antes del invierno? ¿Después del invierno? ¿Verano?... ¡O algo! No, no puedo. -¿Antes de primavera? -Ahora es primavera... y... y antes... ya lo olvidé, no puedo recordar. ¿Qué significaban esos desesperados e inútiles intentos por recordar? Su respuesta a la naturaleza era tan aguda como siempre. Gozaba con la serenidad y la calma de siempre... Tenía enormes deseos de responder, de hacer todo lo que se le pedía. Los fracasos sólo conseguían renovar sus sentimientos de pérdida. No encontraba dificultad para enumerar los meses del año. ¿Por qué entonces no podía decirme que mes venía antes de septiembre, o indicar la mano derecha o la izquierda? ¿Por qué no podía sumar dos números sencillos, reconocer letras, escribir, recordar palabras comunes o describir un cuadro?