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Orientación Universidad
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casos 2, Apuntes de Fisiología

Asignatura: fisiología, Profesor: Begoña (practicas de descriptiva), Carrera: Psicología, Universidad: USAL

Tipo: Apuntes

2017/2018

Subido el 13/01/2018

esty909
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2.5

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24 documentos

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Psicopatología,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,Miguel,Pérez,Fernández,
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CASO ENFERMERO
El paciente es un varón de 24 años, soltero, enfermero de profesión, sin problemas
económicos, que vive con sus padres y una hermana soltera de 26 años y que trabaja en una
clínica.
El paciente se siente incapaz de acudir a lugares públicos (especialmente campos de fútbol,
tiendas, cines, montes, etc.) o de hacer frente a situaciones en donde hay mucha gente (colas,
fiestas) que anteriormente resultaban satisfactorias o, al menos, no le creaban dificultades. Lo
que experimenta en estas circunstancias es taquicardia, sudoración, opresión torácica,
sensación de ahogo y sofoco, así como el temor a desmayarse de forma inminente. Los
síntomas se agravan si se encuentra solo, además, comienza a pensar que se va a morir
irremisiblemente, sin poder quitarse de la cabeza estos pensamientos cuando aparecen. Tiende,
por ello, a evitar sistemáticamente estas situaciones, a reducir sus actividades de ocio y a
permanecer mucho tiempo en casa en sus ratos libres. Las relaciones sociales son actualmente
muy escasas. El pensar en la posibilidad de acercarse a los estímulos evitados le produce
también un alto grado de malestar y le provoca la aparición, aunque de forma mitigada, de los
síntomas expuestos.
El problema surgió de repente hace 4 años durante el período de cumplimiento del servicio
militar. El paciente estaba destinado como conductor del coche oficial de un comandante en
un cuartel de Bilbao. En un contexto de tensión emocional (el temor a ser víctima de un
atentado), el primer episodio se produjo cuando el paciente acompañaba al comandante a
recoger una documentación en una oficina espaciosa y con muchos empleados del gobierno
militar, allí la atmósfera estaba cargada por el humo y una calefacción de gran intensidad. Se
sintió de repente acalorado, con ahogos y, si bien no llegó a perder el conocimiento, tuvieron
que ayudarle a salir del local. En cuanto salió al exterior y tomó una manzanilla, se encontró
mejor, y al día siguiente reanudó su actividad laboral. Al mes siguiente recuerda haber sufrido
dos o tres episodios más, con los mismos síntomas, en lugares cerrados (un cine, un bar y un
autobús). La reacción fue siempre la misma: salir del local y acudir a casa cuanto antes. A partir
del primer mes, las situaciones evocadoras se generalizaron a todo tipo de lugares cerrados
(excepto la clínica donde trabaja), a los transportes públicos y a pasear solo por la calle.
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CASO ENFERMERO

El paciente es un varón de 24 años, soltero, enfermero de profesión, sin problemas económicos, que vive con sus padres y una hermana soltera de 26 años y que trabaja en una clínica. El paciente se siente incapaz de acudir a lugares públicos (especialmente campos de fútbol, tiendas, cines, montes, etc.) o de hacer frente a situaciones en donde hay mucha gente (colas, fiestas) que anteriormente resultaban satisfactorias o, al menos, no le creaban dificultades. Lo que experimenta en estas circunstancias es taquicardia, sudoración, opresión torácica, sensación de ahogo y sofoco, así como el temor a desmayarse de forma inminente. Los síntomas se agravan si se encuentra solo, además, comienza a pensar que se va a morir irremisiblemente, sin poder quitarse de la cabeza estos pensamientos cuando aparecen. Tiende, por ello, a evitar sistemáticamente estas situaciones, a reducir sus actividades de ocio y a permanecer mucho tiempo en casa en sus ratos libres. Las relaciones sociales son actualmente muy escasas. El pensar en la posibilidad de acercarse a los estímulos evitados le produce también un alto grado de malestar y le provoca la aparición, aunque de forma mitigada, de los síntomas expuestos. El problema surgió de repente hace 4 años durante el período de cumplimiento del servicio militar. El paciente estaba destinado como conductor del coche oficial de un comandante en un cuartel de Bilbao. En un contexto de tensión emocional (el temor a ser víctima de un atentado), el primer episodio se produjo cuando el paciente acompañaba al comandante a recoger una documentación en una oficina espaciosa y con muchos empleados del gobierno militar, allí la atmósfera estaba cargada por el humo y una calefacción de gran intensidad. Se sintió de repente acalorado, con ahogos y, si bien no llegó a perder el conocimiento, tuvieron que ayudarle a salir del local. En cuanto salió al exterior y tomó una manzanilla, se encontró mejor, y al día siguiente reanudó su actividad laboral. Al mes siguiente recuerda haber sufrido dos o tres episodios más, con los mismos síntomas, en lugares cerrados (un cine, un bar y un autobús). La reacción fue siempre la misma: salir del local y acudir a casa cuanto antes. A partir del primer mes, las situaciones evocadoras se generalizaron a todo tipo de lugares cerrados (excepto la clínica donde trabaja), a los transportes públicos y a pasear solo por la calle.

El historial médico y psicológico del paciente es el característico de una persona con una salud normal, sin haber padecido ninguna enfermedad grave ni haber experimentado ninguna intervención quirúrgica. El desarrollo evolutivo de la infancia y la adolescencia ha sido normal, con unas relaciones familiares y laborales satisfactorias. Se le puede describir como una persona reservada, un tanto dependiente de sus padres, con unas relaciones sociales que, aunque escasas, parecían normales. Sus intereses lúdicos eran, fundamentalmente, el deporte, ir al cine y salir con los amigos; no obstante, en los últimos 3 años pasa mucho tiempo en casa. En la actualidad presenta un bajo concepto de sí mismo. Cree que no va a ser capaz de superar lo que él denomina “ su enfermedad nerviosa ”. Este es un pensamiento que admite no poder quitárselo de la cabeza. Se siente muy angustiado por ello. En el último año ha perdido aproximadamente 6 kilos de peso. Tiene problemas de sueño, cuenta que se despierta a medianoche sobresaltado, con sudores fríos, estos despertares se los provocan las situaciones violentas que “vive” en sus pesadillas, en las que siempre se encuentra cerca de un gran lago de sangre en el que caen todos sus seres queridos. Consume alcohol dentro de unos límites moderados y no fuma ni toma drogas. No ha recibido ningún tratamiento psiquiátrico ni psicológico antes de la aparición de este trastorno. No hay tampoco antecedentes psicopatológicos ni consultas médicas y/o psicológicas por este motivo en el núcleo familiar. El paciente consultó por este problema al Centro de Salud Mental de su zona hace 2 años. Se le prescribió un tratamiento psicofarmacológico con benzodiacepinas (alprazolam), con una dosificación de tres tomas diarias de 0.5 mg. y se le recomendó reanudar su tipo de vida habitual. Con este tratamiento se encontró más animado y menos ansioso, pero no fue capaz de hacer frente a las situaciones temidas. Tras dos meses de terapia sin una mejoría perceptible, optó por abandonarla.

desarrollado. Se preocupó mucho acerca de esta deficiencia y se preguntaba si ello significaba que él había estado destinado a ser una muchacha. En cierto momento, incluso, llegó a estar convencido y temeroso de que los otros muchachos pudieran atacarle sexualmente. Aunque su desarrollo en la pubertad se retardó y él comprendió que tales cosas podían acontecer, continuó preocupándose acerca de su identidad masculina y, de cuando en cuando, incluso tenía fantasías de que él era una muchacha. En estas épocas se sentía muy angustiado y pensaba seriamente en el suicidio como solución a su posible futuro como homosexual. Su mayor preocupación acerca de su identidad sexual era que su madre descubriera que había procreado un monstruo.

CASO: CELIA

Celia trabaja en una empresa de seguros como secretaria, es una atractiva mujer de 25 años, pero en su rostro se puede apreciar una profunda tristeza. En Octubre de 1997, acude a la consulta del psicólogo solicitando ayuda para poder solucionar su problema; según sus propias palabras dice estar desesperada y en una situación insostenible. Desde hace unos meses presenta dificultad para conciliar el sueño, y cuando consigue dormirse dice que aparecen “las malditas pesadillas de siempre” , se encuentra muy cansada y le es difícil concentrarse en su trabajo, se halla muy irritable y llora sin motivo aparente. Esta situación está presente desde que hace 8 meses, cuando un día de verano, que regresaba a casa del trabajo le sorprendió una tormenta, la lluvia y el viento eran tan fuertes que apenas podía avanzar, cuando ya estaba llegando a su casa, un fuerte viento partió la rama de un árbol, esto le sobresaltó de manera especial, y le provocó una sensación horrible. Desde entonces los días que están nublados y amenaza con llover se siente muy mal y tiene que acompañarla su madre hasta el trabajo, cuando termina la jornada la recoge su novio. Cuando el psicólogo le pregunta sobre el contenido de las pesadillas, Celia habla de una tragedia vivida antes y de la que apenas recuerda nada. En 1996, y coincidiendo con las vacaciones de verano, se fue con unos amigos de camping, estas eran las primeras vacaciones que no iba con su familia y prometían ser maravillosas. Celia recuerda que la primera semana en el camping fue agotadora, no dejaron de hacer excursiones y por las noches se quedaban hasta altas horas de la madrugada contemplando el cielo estrellado. Una de esas noches, como el cielo estaba nublado, habían planeado hacer una excursión a Jaca ya que si se ponía a llover tendrían un lugar donde pasar la velada tomando un café. A la mañana siguiente cuando se disponían a salir, Celia recuerda que no se encontraba muy bien, estaba cansada y le dolía la cabeza, por lo que decidió quedarse en el camping descansando. A primera hora de la tarde ella se encontraba durmiendo cuando la lluvia le despertó, al asomarse a la calle, quedó aterrorizada, estaba todo completamente oscuro, salió de la tienda de campaña y subió hasta la caravana de unos amigos que había conocido en el camping. Al cabo de una hora la lluvia era más intensa, Celia ya no recuerda lo que pasó después, solo recuerda que al día siguiente estuvo hablando con unos psicólogos, que estaba mojada y tenía mucho frío. En esta tragedia tuvo la suerte de no perder a ninguno de sus amigos.

CASO: Rodrigo Extracto de la primera entrevista mantenida con el paciente "Me llamo Rodrigo, tengo 57 años, estoy casado, tengo cinco hijos de edades comprendidas entre los 20 y los 14 años, soy abogado y trabajo como directivo en una empresa constructora...” Desde hace dos meses me encuentro en una situación insostenible. Durante el día me siento intranquilo e inquieto, me cuesta mucho concentrarme en mi trabajo. Por la noche, a pesar de tomar 1/2 pastilla de Valium, duermo mal. Algunas noches tengo pesadillas y me despierto aterrorizado (sueño que estoy enfermo y me muero), en otras ocasiones me despierto y ya no me vuelvo a dormir, me quedo pensando dándole vueltas a todo. Siento que en mi cuerpo algo no va bien. Hay días que me cuesta respirar; noto como si me faltara el aire, además creo que me fatigo más de la cuenta... Hace poco, un día de mucho calor, mientras iba conduciendo mi coche me puse muy nervioso porque me vi envuelto en un inmenso atasco. Note que el corazón me latía cada vez más de prisa y que me ahogaba. Sentí un miedo horrible porque creía que me iba a dar un infarto y me iba a morir. No se como pude salir de allí. Lo pasé muy mal. Todavía me angustia recordarlo... Otro día he sentido un dolor intenso en la espalda, justo a la altura del riñón derecho. Se me pasó a las dos horas... Últimamente me duelen partes del cuerpo que nunca me han dolido (estómago, cuello...). Se que estoy mal, que quizás alguna enfermedad maligna se está apoderando de mi. Noto como si mi cuerpo estuviera cambiando internamente. Además en este tiempo he perdido cinco kilos, me estoy quedando muy débil, por ello trato de comer todo lo que puedo. Tengo buen apetito...... Mi mujer está también muy preocupada. Las noches en que me pasa algo (últimamente casi todas) es ella la que me cuida. Tiene también los nervios destrozados... Mi hermano que es neurólogo me ha llevado al hospital donde él trabaja, allí hace dos meses me han hecho un chequeo y no me han encontrado nada importante. Me han dicho que no abuse de la vitamina C, porque tengo Hiperoxaluria... Antes de venir aquí, y sin decirle nada a mi hermano, he ido por mi cuenta a un cardiólogo. Tampoco me encontró nada importante y me dijo que estaba bien, que a lo sumo todo podía haber sido consecuencia del estrés. Me recetó unas pastillas que no he tomado... Me da mucho miedo envejecer. Diariamente observo como mi cuerpo se va transformando, veo que tengo las uñas estriadas, que me estoy quedando en los huesos y eso

me asusta, porque creo que todo lo que me pasa es debido a una enfermedad grave y que me voy a morir pronto. Mi hermano me dice que no me pasa nada, que soy muy aprensivo y sugestionable. Pero (casi llorando) que le voy a hacer ¿Y si es verdad? ¿y si se equivocan? ¿No se equivocaron con mi padre que era médico? (Pausa larga)... Sí, mi padre era un médico muy conocido. Murió cuando yo tenía dos años, presumiblemente de una Encefalopatía espongiforme de Creutzfeldt-­‐Jacob. De niño he tenido las enfermedades normales: Sarampión, Tosferina... Pero mi madre siempre estaba muy pendiente de mí porque era el pequeño. Si veía que tosía mucho o que tenía fiebre enseguida me llevaba al médico. ¡De pequeño la verdad es que siempre he estado entre médicos!. Recuerdo que a los siete años tuve una infección intestinal y me tuvieron que hospitalizar. Lo pasé muy mal, porque creía que me iba a morir, igual que le había pasado a un niño de mi colegio. (No sabe de que enfermedad murió aquel niño, sólo que estuvo hospitalizado en el mismo hospital que él). Sí, si de niño era muy miedoso. Me daba mucho miedo la oscuridad, que otras personas me hicieran daño, que mi madre se muriese... Además, recuerdo que de pequeño siempre fui un niño débil. Como comía muy mal mi madre siempre estaba muy preocupada por mí y continuamente me daban vitaminas y vigorizantes... No fui al colegio hasta los 8 años. Mi madre no quería. Estudiaba en casa con profesores particulares. Cuando fui al colegio mis compañeros me llamaban rostro pálido. A los 15 años tuve con frecuencia y sin causa aparente, taquicardias repetidas. Una de aquellas veces fue tan intensa que llegué a pensar que el corazón me estallaría. Me asusté mucho y fui al Dr X (cardiólogo, amigo del padre) que no le dio excesiva importancia. Únicamente, me dijo que era un poco nervioso y me dio un tranquilizante. Sin embargo un compañero de mi hermano, que entonces estaba en 3º de Medicina, me dijo que podía ser una Neurosis cardiaca. Esto me alarmó y después de pruebas y exámenes de tod μo tipo únicamente me encontraron que tenía falta de glóbulos rojos (sólo tenía tres millones y medio). Desde entonces temo que tarde o temprano el corazón me pueda jugar una mala pasada. A los 16 años comenzó para mí un calvario que aumentó más mis miedos y redoblo mi angustia. Empecé a tener espermatorrea. Todas las noches, automáticamente y mientras dormía, eyaculaba tres o cuatro veces, creí estar seriamente enfermo. Además me sentía culpable porque no podía controlar aquello. Como era muy religioso tenía miedo de condenarme y de que a la postre Dios me estuviera castigando con una enfermedad maligna y sucia. Fui de especialista en especialista: Uno me dijo que era porque tenía el cáliz muy abierto, otro que por problemas hormonales, un tercero me dio un diagnóstico que ahora mismo no recuerdo. Llegué a angustiarme y obsesionarme tanto con la Espermatorrea que, poco antes

A mi la psicología siempre me ha causado respeto, pero creo que mi enfermedad es más del cuerpo que de la mente ¡Ojalá todo fuesen figuraciones mías...! Sí, si. Es cierto, siempre he sido muy aprensivo y sugestionable. Mis miedos más o menos siguen siendo los miedos de siempre. Pero sé que ahora, debido a mi edad, la cosa puede ser más seria, porque mire..." RESUMEN EXPLORACIONES 1.-­‐ Análisis y exploraciones somáticas: Normales, a excepción de ligera hiperoxaluria, que predispone a la formación de cálculos renales y vesicales. Debido a ello se aconseja no abusar de vitamina C. 3.-­‐ Antecedentes: Madre tratada de depresiones endógenas a partir de los 30 años. Una tía epiléptica.

CASO JOVEN DE 17 AÑOS

Sergio es un joven de 17 años que es enviado a la consulta, por una psicóloga, dado que presenta desde hace un año "un cuadro psicopatológico complejo", que no remite con psicoterapia de corte dinámico. El paciente se queja de tener sensaciones anómalas - "no se qué me pasa, noto que me falla el cuerpo" , "que me pesa la cabeza" - así como una serie de vivencias extrañas - "se me ha ido todo mi yo sexual, antes me gustaban las mujeres y ahora no, me dan igual" "yo no soy el que era, es como si no me conociera nadie, como si me hubiera transformado". A causa de ello, el paciente se siente angustiado, abatido y desmoralizado, sin ganas de hacer nada. Además tiene miedo de volverse loco y de hacer alguna tontería ("no se si me estoy volviendo loco, no se si sabré controlarme como ahora" ). Dado su estado se conviene en internarlo en una clínica privada. Los análisis clínicos muestran los siguientes datos: T.A.= 140/90; paciente de hábito atlético; buena coloración y mucosas; pupilas isocóricas y normorreactivas. Abdomen depresible, sin visceromegalias. E.C.G.: registro dentro de la normalidad. Analítica de sangre y orina dentro de la normalidad. La exploración neurológica es normal, incluidos EEG y TAC cerebral. No se constata una ingesta de alcohol excesiva ni uso de sustancias psicoactivas. En la entrevista con Sergio (realizada al poco de ingresar en la clínica y sin haber ingerido ningún psicofármaco) podemos comprobar que es muy sugestionable. Está muy preocupado y ansioso por saber a qué se debe lo que le pasa. Dado los datos de que disponemos de él, podemos observar fallos en el recuerdo de algunos eventos personales (por ej.: dice que le suspendieron en cinco asignaturas cuando en realidad solo fue en tres). Continuamente y de forma persistente, describe sensaciones y vivencias como las siguientes: "no estoy cómodo nunca", "estoy encerrado en algo, como metido en algo", "noto que me pesa el cuerpo, sensaciones raras, algo me falla en la cabeza, no me desarrollo intelectualmente", "toda la vida variando de estado de ánimo, alegría o tristeza", "ahora he descubierto que puede que sea homosexual", "no tengo los gustos de una persona normal, diría, pues no me gusta ir a la discoteca, soy distinto, me gusta saber y aprender de las personas, conversar", "no he vivido durante la vida que llevo, no se dónde he estado y cómo era el que estaba". "Creo que vivo en un mundo de robots". Admite que lo que le pasa es absurdo y cree que sus padres, aunque se preocupan de él, no le pueden ayudar. Dice que los estudios le aburren (repite 3º de BUP); no sabe qué va a hacer más adelante. Lo único que quiere es "aclararse el bollo" que tiene en la cabeza: "estoy bloqueado, no se si soy yo el que habito en mi cuerpo", "debo estar mal, me tiene que pasar algo", "a veces siento que estoy como muerto por dentro". Según sus padres, Sergio ha sido un chico normal hasta que hace un año (coincidiendo con un

CASO: ANGEL

Ángel es un abogado de 40 años, casado, que se había sentido francamente mal durante los últimos 6 meses. Ante la insistencia de su mujer buscó finalmente asistencia psicológica y psiquiátrica. Entre sus características más destacadas se encontraban el insomnio, pérdida de gratificación con los tipos de experiencia que en el pasado le habían gratificado (anhedonia), pérdida de apetito, pérdida de peso, despertarse pronto por las mañanas, pérdida de la libido, enlentecimiento general y dificultades para la concentración. Era exageradamente autocrítico y pesimista y no creía que pudiera beneficiarle ningún tipo de tratamiento farmacológico, y a que en su opinión su estado se derivaba de su inadecuación básica y su inefectividad en el trabajo, de su fracaso en todas las esferas de la vida. En la entrevista el paciente se manifestaba muy triste y lento en todas sus conductas observables. Insistía en su punto de vista de que era totalmente inadecuado e incluso incapaz de afrontar las demandas o expectativas mínimas. Creía firmemente que era incapaz de llevar a cabo cualquier trabajo en su oficina, que eso siempre había sido así y que, en realidad si intentara algo sería incapaz de acabarlo o de hacer un trabajo adecuado. Este sentimiento de desesperanza, inadecuación y autocrítica se extendía también a su papel como marido y padre (tenía 2 hijos adolescentes). A causa de esta sensación de inadecuación y de fracaso, pasaba cada vez menos tiempo en la oficina y había acumulado gran cantidad de trabajo al que no prestaba atención. Esperaba que lo despidieran sus socios más antiguos y de esta forma él y su familia estarían desamparados. Veía el suicidio como una forma de liberar a su familia de la carga emocional (eso es lo que él creía) que les había impuesto, y también como un apoyo financiero proveniente de la póliza de seguro de vida. La única indicación de factores relevantes anteriores, había sido la muerte de antiguo socio de la firma unos meses antes de la aparición de su cuadro clínico. El paciente se había sentido muy unido a él y probablemente muy dependiente y tomó su muerte muy mal.

CASO JUANA

AÑO 1986

La paciente es una mujer de 40 años, casada y con una hija de 4. Su actividad habitual consiste en llevar un pequeño comercio con su marido, siendo ella la responsable de su gestión. Es la primera vez que busca tratamiento por problemas psicológicos, con anterioridad y hace algunos años había sufrido problemas de ansiedad pero no buscó ayuda. La primera entrevista se realiza en su domicilio a petición del marido ya que la mujer se halla postrada en la cama sumida en un estado de profunda tristeza. Entrevistada la paciente manifiesta sentirse mal desde hace un mes sintiéndose peor a media mañana. Desde entonces ha sufrido una pérdida de peso de 4-5 Kg., falta de apetito e insomnio (se despierta a mitad de la noche y permanece despierta entre hora y hora y media), así como una abulia hacia las tareas domésticas y laborales que ha ido en aumento .Falta a la tienda desde hace 2 días y es el primer día que se mete en la cama. Interrogada sobre cuestiones referentes a un posible comienzo de la menopausia, que pudiese explicar parte de los síntomas, se descubre un funcionamiento normal con reglas muy regulares. A partir de las entrevistas y pase de cuestionarios realizados en la primera y segunda sesión (observándose siempre un notable enlentecimiento psicomotriz en la ejecución de pruebas manipulativas y habla lentificada al expresarse) se descubre la existencia de problemas laborales conyugales y paterno-filiales. Respecto a los primeros se siente incapaz de "llevar la casa adelante", en la última semana su madre política y una hermana la han estado ayudando en sus actividades domésticas. Pequeñas reparaciones del hogar le parecen una muralla. Manifiesta cogniciones como "jamás voy a ser capaz de cocinar como lo hacía", "es horroroso" "no puedo" "todo está desordenado", "no puedo hacer nada de nada" "soy incapaz" "no se lo que me pasa". Además presenta reiteradas manifestaciones y creencias respecto a que su negocio no funciona y no tiene futuro (pese que al hablar con el marido se observa que no existen indicios serios de que vayan mal) así como que después de haberle dedicado tantos esfuerzos no aporta las compensaciones esperadas ("tantos años luchando para nada" ). Se siente muy angustiada cuando piensa que va a finalizar el plazo de la Declaración de la Renta "no lo voy a poder hacer porque estoy agotada". En cuanto a los problemas conyugales, frecuentemente discute con el marido sobre cuestiones referidas a la gestión del negocio; asimismo informa de que en las últimas semanas cuando discutía en la tienda con el marido o se encuentra ansiosa por cualquier motivo huía de

una mujer desgraciada. Por otra parte y después de todo lo ocurrido cree que su marido se va a separar de ella y se va a quedar con la tienda dejándola en la calle. Asimismo tiene mucho miedo de volverse loca, de que su hija no la quiera y de que se avergüence de ella por el acto que acaba de cometer. Para el marido todo se trata de una cuestión de celos infundados, ya que no sabe ni cómo, ni cuándo ni por qué "su pobre mujer" los ha podido sentir. La hija dice que a su madre últimamente la veía muy rara y que a veces en medio de insultos le contaba cosas "monstruosas" sobre su padre.

CASO: JUAN

Juan tenía 21 años cuando acudió a consulta por primera vez. Era el menor de una familia de seis hermanos que vive en un barrio de Sabadell. Los padres son trabajadores que emigraron de su tierra, Andalucía, en los años sesenta. La infancia de Juan transcurrió sin sobresaltos aunque la madre recuerda, al ser preguntada, que lo notaba nervioso y que no quería estudiar ni ir a la escuela. Lo único que le gustaba de verdad era el fútbol. A pesar de ello, acabó la educación básica e incluso empezó a los 15 años unos estudios de electrónica que abandonó al poco tiempo. Fue precisamente a esta edad cuando tuvo una primera depresión, no muy fuerte según cuenta la familia. Se le veía triste, apático, sin ganas de salir ni apenas de jugar al fútbol. Sin embargo, aquello pasó y el chico superó aquel bajón transitorio sin ayuda médica de ningún tipo. Su estado general empezó a deteriorarse dos años antes de la primera consulta, esto es, a los 19 años. Volvieron a aparecer la tristeza, el sentimiento de pena, las ganas de llorar. Cuando se le preguntaba por los motivos de su estado, respondía siempre lo mismo, que no estaba bien, que tenía algo en la cabeza. Su bajo estado anímico pronto se acompañó de un deseo de morirse que, aunque no constante, aparecía en los momentos en que se encontraba peor. Juan había sido siempre un chico tímido e introvertido, pero de un natural bondadoso y apacible que le había granjeado cariño y amistad, tanto por parte de sus familiares como de sus compañeros de escuela y de equipo. Cuando empezó a estar mal, su tendencia a estar en casa, a no salir, fue progresiva. Según explicaba, el salir con los compañeros le suponía un esfuerzo y, casi siempre, el pasar un mal rato. Su problema, en realidad uno de los principales para él, era que no se concentraba y ello le impedía participar en las conversaciones, las bromas, etc. Se sentía como fuera, como incapaz de conectar y de seguir el hilo de los demás. Cuando le visitamos, Juan ya no estudiaba desde hacía tiempo dada su falta de motivación y sus dificultades en concentrarse. Tampoco llegó nunca a trabajar. Al poco tiempo de enfermar fue llamado a filas. Fue licenciado a los dos meses como inútil total por enfermedad psiquiátrica. En realidad, no hacía nada en todo el día. Se levantaba a las 12 o a la 1 del mediodía y pasaba el resto de la jornada en casa, largos ratos estirado en cama, sin ganas de hacer nada. El futbol quedó como su única fuente de interés. Seguía cada domingo por la radio todos los partidos y las informaciones deportivas, especialmente las referentes al Barcelona, su solitaria pasión.

quien acusa de meterse con él y de burlarse de Cataluña. En los últimos meses se ha agravado la situación: Juan, que siempre había sido más bien pacífico, ha tenido brotes de violencia y agresividad Á. Siempre coincidiendo con alguna derrota del Barcelona o victoria del Real Madrid, ha roto objetos de la casa, el televisor, ropa, muebles, etc. Estas crisis se acompañan de un estado de desesperación y rabia, que acaban por sumir a Juan en un estado profundamente depresivo. Al hablar de estos actos, Juan se arrepiente de lo hecho, pero sigue convencido de que su padre es detestable por su afición al Real Madrid, y de que se mete con él. Posteriormente, se ha sometido a varios tratamientos con antipsicóticos, terapia convulsiva, etc., sin que su estado variara esencialmente. Juan sigue, después de 5 años, viviendo y sufriendo su especial estado mental, como de sueño profundo, incapaz de despertar de él, limitado a una monótona y vegetal existencia en la que la actividad, el deseo y el placer, apenas tienen cabida. (A partir de Obiols y Obiols, 1989).

CASO JAIME

Jaime fue desde pequeño un niño difícil, cuenta la madre. Tenía un carácter muy nervioso, siempre quería ganar en todos los juegos y tener la razón. Si se le contrariaba se enfadaba muchísimo y organizaba unos escándalos tremendos. Sus notas en el colegio no fueron malas y siempre mostró afición a la lectura. Su madre lo considera muy sensible, sin duda mucho más que sus dos hermanas. Cuando acabó el segundo de B.U.P., decidió que no quería seguir estudiando, que necesitaba trabajar. Se metió en un taller mecánico, y luego hizo diversos trabajos de poca importancia. En todos los casos siempre fue él quien se despidió; no es que no rindiera en los puestos que desempeñó, ni tampoco que sus superiores estuvieran descontentos con él. Simplemente, no se encontraba a gusto. A los 20 años, se fue a la mili. Sus padres empezaron a notarle triste, más cerrado, cuando venía de permiso. El decía que estaba a disgusto, que no tenía amigos. Al volver quiso independizarse y vivir solo. Durante año y medio lo intentó, instalándose durante algún tiempo en las afueras de una pequeña ciudad catalana, pero tampoco en esta ocasión encontró lo que buscaba. Aparentemente Jaime es una persona normal; viste de un modo sencillo y austero, en general va bien afeitado, su físico es agradable, sus movimientos y gestos no llaman la atención y puede mantener una conversación sobre cualquier tema corriente con total normalidad. Quizás, lo único que un observador atento captaría es un fondo de tristeza y angustia en su mirada. Pero bajo esta apariencia se halla un ser que vive un infierno permanente, torturado día a día, hora a hora, por unos pensamientos y unas sensaciones, que no solamente le han aislado del mundo, sino que le han cambiado este mundo. Al parecer el inicio fue bastante brusco. Empezó a notar que, súbitamente, el ambiente en torno a él había cambiado. Sin saber muy bien por qué, se generó en su interior la idea de que le estaban controlando, que había gente que iba a por él, que lo quería matar. Sin duda, estos pensamientos que le perseguían y le obsesionaban hasta la desesperación, estaban en relación con la aparición de unas particulares sensaciones o ideas que Jaime empezó a tener en la misma época: estaba convencido de que le estaban controlando directamente su mente y de que las voces y los pitos que oía en su cabeza estaban enviados por ellos, que le querían volver loco. Lógicamente, todo esto sumió a Jaime en un estado de profunda angustia. El miedo ya no le abandonará desde esa época, y su pensamiento, obsesionado por entender qué está