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Asignatura: lengua española I, Profesor: , Carrera: Filología hispánica, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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En este trabajo se presenta un catálogo de errores morfosintácticos frecuentes en la lengua castellana, tanto en la escritura como en medios audiovisuales. Debemos tener en cuenta que no todos los errores pertenecen a la misma entidad, podemos distinguir, entre errores sistemáticos y errores de producción o equivocaciones, cometidas puntualmente.
Para ello, es necesario aclarar, que a pesar de que existen una serie de normas impuestas en un convenio por un conjunto de académicos, lo que realmente fundamenta el lenguaje y sus normas, son la historia, el tiempo y la sociedad. Un claro ejemplo de esto es la existencia de un diccionario alternativo, el “Diccionario panhispánico de dudas”, en el que se recogen aquellos errores, que a pesar de seguir siendo incorrectos, se han dado por válidos por su popularidad social.
Asimismo, el uso de un mismo lenguaje por diferentes culturas dificulta la implantación de unas normas generales para ese mismo lenguaje.
Además, según Saussure, no existe cambio en la lengua si previamente no ha pasado por un ensayo en el habla, llevándonos a la conclusión de que efectivamente es el habla el que hace al lenguaje y no al contrario.
No obstante, no tenemos la certeza de que algunos errores aquí expuestos acaben por ser validados, como lo ha sido el leísmo en algunas situaciones. Este error se basa en el uso impropio del “le(s)” como complemento directo, en lugar de “lo(s)” y “la(s)”, como corresponde etimológicamente.
Estos fallos, pueden producirse por varias razones, entre las que se encuentra el simple desconocimiento de las normas gramaticales de la lengua.
A pesar de que en nuestro sistema educativo se nos intente enseñar a seguir estas reglas gramaticales para que tengamos la posibilidad de ejercer un correcto uso de nuestro lenguaje, es inevitable, que este uso se vea afectado por factores demográficos y sociales externos a la enseñanza, que causan una extensión del lenguaje incorrecto.
Otro factor por el que puede verse afectado el lenguaje, se basa en las edades y el nivel educativo de los diversos individuos, factor que queda demostrado en algunos estudios de patrones socio-lingüísticos.
Debemos tener en cuenta, que existen unos factores secundarios que pueden producir estos errores de mano de profesionales en prensa escrita y medios
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audiovisuales, como la rapidez con la que se realice el escrito, la distracción o una confusión.
Por lo tanto, en el siguiente trabajo nos centraremos tan solo en los errores morfosintácticos, que son aquellos que afectan a la concordancia entre las palabras, a las preposiciones, a los verbos y a los pronombres.
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nominal con función de complemento directo “perforación de 17 nuevos pozos petroleros”. Lo correcto, sería decir “Savia anuncia la perforación de 17 nuevos pozos petroleros”
“La naturaleza de las inversiones en el mundo han cambiado” De igual forma, en este ejemplo se ha conjugado erróneamente el verbo en tercera persona del plural, cuando el sujeto está en singular, ya que no son las inversiones lo que ha cambiado, si no la naturaleza.
En este cartel encontrado en Internet, aparece un claro error de concordancia nominal, puesto que se ha conjugado el artículo “los” conforme al adjetivo “obligatorio” y no en concordancia con el sintagma nominal “las señales de tránsito”. Por lo que lo correcto sería: “Respete las señales de tránsito sobre todo las que son de carácter obligatorio”.
"El escasez de agua y alimentos atenaza Trípoli". Se trata de un titular recogido en el mes de agosto en el diario de tirada nacional “El país”, se produce una discordancia en el género del sintagma nominal “El escasez”, puesto que debería ser “La escasez”.
Los errores de concordancia son muy habituales, ya que muchas veces a la hora de redactar un texto no se tiene tan en cuenta ese aspecto, ya sea porque se tiene un concepto erróneo de la regla, por rapidez, por despiste u otro motivo. Aunque la falta de concordancia no suele ocasionar problemas de comunicación y entendimiento en el lenguaje, en un contexto periodístico, donde se trata de informar a la ciudadanía de forma seria, es necesario atenerse a la normativa lingüística y evitar estos errores.
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Las preposiciones son partículas invariables que enlazan palabras pertenecientes a distintas categorías, estableciendo una relación determinada entre ellas.
El mal uso de las preposiciones es uno de los errores gramaticales más comunes del castellano, puesto que muchas veces usamos expresiones incorrectas en nuestra vida cotidiana sin percatarnos.
A. Uso incorrecto de la preposición A + INFINITIVO como CN.
Se censuraba este tipo de estructuras por considerarse galicismos sintácticos. Lo correcto sería el empleo de “para”, o del relativo “que” en lugar de “a”, si estas opciones no eran posible, el uso de una oración en relativo con verbo en forma personal. Ahora, para que el uso de esta estructura sea válido, debe emplearse cuando no sea posible su construcción con “para”, “por”, o “que”; el verbo en infinitivo debe ser transitivo y tener forma activa; los sustantivos deben tener carácter abstracto o no ser contables; la estructura debe seguir una función de sujeto o atributo.
“La alcaldesa comentó los asuntos a tratar en el pleno…” Según el Diccionario Panhispánico de dudas, estas estructuras semánticas son calcos del francés y su empleo en el castellano empezó a propagarse en el segundo tercio del siglo XIX. Algunas expresiones con esta estructura, están consolidadas en ámbitos económicos, periodísticos y administrativo por su brevedad. Su uso es especialmente frecuente cuando funcionan de sujeto o como atributo en oraciones copulativas. En español solo son aceptables en algunos casos.
B Queísmo.
El queísmo es un error gramatical muy frecuente que consiste en suprimir una preposición, generalmente “de” ante la conjunción “que” cuando la preposición está exigida por algún elemento del enunciado.
Ambos fragmentos, se tratan de citas sacadas del periódico “El Mundo”, el dos de diciembre de dos mil doce. Dentro de ellas, se encuentra recogido el mismo error, la supresión de la preposición “de”. Esta incorrección suele cometerse por temor a caer en otra clase de error, un dequeísmo.
Para saber si el verbo exige o no la preposición, se puede sustituir la secuencia encabezada por la conjunción “que” por los demostrativos neutros: esto, eso, aquello. Si
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Debemos tener en cuenta que debido al número de formas verbales que contiene nuestro lenguaje, resulta muy fácil cometer un error.
Llamamos verbos regulares a aquellos que no alteran los sonidos de su radical y reciben en cada tiempo y persona la misma desinencia que su modelo. Las irregularidades verbales son las alteraciones producidas en cualquiera de sus partes.
El correcto uso de las formas verbales, se ve influido por el modo en el que esté puesto y el tiempo en el que se conjugue.
Desde pequeño usamos nuestra lengua de forma efectiva, ya que logramos comunicar un mensaje que permite la interacción con los demás hablantes en mayor o menor medida. Algunas personas hablan con mayor o menor soltura, pero lo cierto es que pocos hablantes se preocupan si las estructura es la más clara o correcta. No existe una necesidad de hacerlo, porque no hay una preocupación real por los descuidos “comunes”.
No obstante, son fallos más difíciles de encontrar en la prensa hispana.
A Por desconocimiento de las conjugaciones e irregularidad del verbo.
En la noticia publicada en “La Tribuna”, el martes doce de noviembre de dos mil trece, bajo el título “PP e IU se ceban con los que “vuelven”.
Encontramos un error en la conjugación del verbo de la frase subordinada, respecto a la primera condicional “Si no se hubieran marchado, no hubieran vuelto”. Si el primer verbo se presenta en condicional, el segundo no debería ser nuevamente condicional.
Lo correcto, sería decir: “Si no se hubieran marchado, no habrían vuelto”.
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B Uso inadecuado del gerundio.
El uso del gerundio es muy habitual en el castellano. Esta es una forma verbal impersonal que expresa simultaneidad o anterioridad inmediata de la acción de la que se habla, nunca con carácter de posterioridad.
No obstante, este uso incorrecto del gerundio de posterioridad es el más frecuente.
“El conductor perdió el control de su vehículo, saliéndose de la vía y posteriormente cayendo a un campo”. En este fragmento, se hace referencia a algo ocurrido tras la acción principal, es decir, la incorrección se encuentra en el uso del gerundio con carácter de posterioridad. Lo correcto sería decir: “El conductor perdió el control de su vehículo, se salió de la vía y, posteriormente, cayó a un campo”.
También es muy usual, sobre todo en textos de carácter administrativo, jurídico o periodístico, el uso del gerundio como complemento de un sustantivo.
Como dijimos con anterioridad, es el habla y el uso del lenguaje, el tiempo y la historia, los que imponen realmente las normas de una lengua, por eso, debido a su uso, son más tolerables algunas construcciones del gerundio que dependen de verbos de percepción física o mental.
Un ejemplo de este uso erróneo:
Un fragmento sacado del periódico “Diario de Noticias” de Navarra. Se produce el uso incorrecto del que hablábamos anteriormente. Lo correcto sería decir: “… Ayer se aprobó una declaración que recogía sus planteamientos, pero también fueron visibles varias personas que lucían insignias con los colores republicanos.”
No obstante, hay que tener en cuenta, que entre los verbos de percepción física o mental, que se consideran más tolerables, se encuentra recogido el verbo “lucir”, por lo que su forma en gerundio “luciendo” está validado.
C Uso inadecuado del condicional.
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Según el diccionario panhispánico de dudas, los pronombres le(s) proceden de las formas latinas illi, illis. El dativo expresaba complemento indirecto, y en la norma culta del español estándar se establece el uso de esta forma para ejercer dicha función. Debido a su extensión entre hablantes cultos y escritores de prestigio, se admite el uso de “le” en lugar de “lo” en función de complemento directo cuando es referente a una persona de sexo masculino. Sin embargo, el uso de “les” cuando el referente es plural, aunque no carece de ejemplos literarios, no está tan extendido como el referente singular por lo que se desaconseja en el habla culta.
El leísmo no se admite de ningún modo en la norma culta cuando el referente es.
Se trata de un cartel de la película “Marte”, estrenada en dos mil quince. En él se presenta el pronombre átono “le” enclítico al verbo “traer” actuando de objeto directo, lo que produce un claro error, puesto que al tratarse de un sujeto gramatical masculino le corresponde el pronombre “lo”. Por lo tanto, la oración correcta sería: “Traedlo a casa”.
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En este otro cartel de la película “Leal” estrenada en dos mil dieciséis, se produce el mismo error, pero esta vez con el pronombre clítico. En lugar de “que le toco”, lo correcto es decir “que lo toco”.
Es el uso incorrecto de la(s) en función de complemento indirecto femenino, en lugar de le(s), que es la forma que le corresponde etimológicamente
Según el diccionario panhispánico de dudas, estos pronombres provienen de las formas latinas de acusativo illiam, illas. El acusativo es el caso de la declinación latina en la que se expresaba el complemento directo.
El laísmo comienza a fraguarse en la Castilla primitiva y durante la Edad Media, pero no consiguió trasladarse al español atlántico. El área propiamente laísta se circunscribe básicamente a la zona central y noroccidental de Castilla.
A continuación presentamos dos ejemplos encontrados en artículos de prensa:
Este fragmento pertenece al libro “Captain Scraggs” de Peter B. Kyne. En el encontramos dos laísmos. Se ha producido por usar erróneamente el pronombre “la” como objeto indirecto, cuando el correspondiente es “le”. Los enunciados escritos correctamente son: “Bull le dió un cigarro” o “Le di a entender que mis bigotes estaban por entero a su disposición”.
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A través de las lecturas e investigaciones realizadas para este trabajo, se nos da la posibilidad de reconocer que existe un alto porcentaje de errores morfosintácticos usados tanto en medios de comunicación.
Está demostrado que los individuos adoptan la lengua de su entorno en el momento en el que nacen, no obstante, esto no significa que puedan manejarla perfectamente como demuestran la colección de errores que presentamos anteriormente.
Algunos de los errores se deben a influencias de otras lenguas, lo que demuestra que el lenguaje se mantiene en constante evolución, puesto que adoptamos palabras o expresiones extranjeras, o modificamos estructuras lingüísticas patrimoniales conforme esta lo exige.
Los fallos más habituales son los relacionados con los pronombres átonos, sobre todo el leísmo y el laísmo, esto puede ser porque demográficamente, en algunas zonas se hace un incorrecto uso de estos pronombres sin tener conciencia real de que se está cometiendo un error, ya que está generalizado entre las personas que viven en esas zonas; También existen múltiples ejemplos del uso incorrecto de las preposiciones.
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