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Macrófagos: Estructura, Función e Importancia en el Sistema Inmunitario, Apuntes de Histología

Macrofagos cómo células moviles e inmóviles según la respuesta inflamatoria en el cuerpo

Tipo: Apuntes

2022/2023

Subido el 04/06/2023

orianna-munoz
orianna-munoz 🇻🇪

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Macrófagos
En todo el organismo, el tejido conjuntivo contiene una población dispersa de células móviles con
una importante capacidad de fagocitosis. Estos macrófagos (o histiocitos) desempeñan un papel
importante en el mantenimiento de los tejidos normales debido a que ingieren las células muertas
y los restos de las mismas, así como otras partículas, y los degradan mediante sus enzimas
lisosomales. Son también la primera línea de defensa frente a la infección, devorando y
destruyendo las bacterias invasoras. Finalmente, son indispensables en las defensas inmunitarias
del organismo debido a que procesan y presentan los antígenos a los linfocitos capaces de
elaborar anticuerpos protectores.
En las épocas en las que los histólogos sólo podían valorar la forma y las propiedades tintoriales de
las células para su identificación, se consideraban dos clase de macrófagos: macrófagos libres,
células móviles de forma variada que se desplazaban a través de la sustancia fundamental, y
macrófagos fijos que eran elementos celulares sésiles situados entre las fibras de colágeno y con
una morfología no muy diferente a la de los fibroblastos. Se suponía que ambos tipos de
macrófagos tenían un origen diferente y, en alguna medida, una función también distinta. Tras la
introducción de los métodos de inmunocitoquímica para la detección de moléculas específicas de
superficie de las células y para conocer la histogénesis de los distintos tipos celulares mediante
marcaje isotópico, se demostró que los macrófagos libres y fijos son simplemente fases diferentes
del cielo vital de células cuyo origen es el mismo. Sabemos en la actualidad que todos los
macrófagos se originan de los monocitos de la médula ósea, que circulan en la sangre durante 1 ó
2 días y que posteriormente emigran a través del endotelio de las vénulas poscapilares hasta
alcanzar el tejido consuntivo (Fig. 5-18), en el que, finalmente, se diferencian en macrófagos cuyo
ciclo vital es de aproximadamente 2 meses. La reposición de los macrófagos tisulares se lleva a
cabo de forma lenta y continua, y los monocitos de la sangre constituyen una reserva de gran
capacidad que puede ser movilizada en las zonas donde se produce una lesión o infección, en las
que los monocitos se transforman en macrófagos.
Los términos tradicionales de macrófagos libres y fijos han sido sustituidos por otras
denominaciones de carácter más descriptivo. Los macrófagos presentes normalmente, es decir,
en ausencia de estímulo exógeno, en una zona concreta se llaman macrófagos residentes. Los que
son movilizados hacia una zona en respuesta a un estímulo se denominan macrófagos provocados,
y los que aumentan en gran medida sus capacidades de fagocitosis y de procesamiento de
antígeno en respuesta a un estímulo local son los macrófagos activados. Estos términos son útiles
para describir la secuencia de acontecimientos que se producen tras una lesión local o una
reacción inflamatoria frente a la invasión bacteriana.
Los macrófagos residentes no estimulados son células fusiformes o estrelladas que están
ampliamente distribuidas entre los haces de fibras de colágeno del tejido conjuntivo, aunque
suelen ser más abundantes en la vecindad de los vasos sanguíneos de pequeño calibre. Se pueden
diferenciar de los fibroblastos por su núcleo más pequeño y cromático, y por su citoplasma más
heterogéneo en el que se observan vacuolas y gránulos densos pequeños. Estos últimos
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Macrófagos

En todo el organismo, el tejido conjuntivo contiene una población dispersa de células móviles con una importante capacidad de fagocitosis. Estos macrófagos (o histiocitos) desempeñan un papel importante en el mantenimiento de los tejidos normales debido a que ingieren las células muertas y los restos de las mismas, así como otras partículas, y los degradan mediante sus enzimas lisosomales. Son también la primera línea de defensa frente a la infección, devorando y destruyendo las bacterias invasoras. Finalmente, son indispensables en las defensas inmunitarias del organismo debido a que procesan y presentan los antígenos a los linfocitos capaces de elaborar anticuerpos protectores. En las épocas en las que los histólogos sólo podían valorar la forma y las propiedades tintoriales de las células para su identificación, se consideraban dos clase de macrófagos: macrófagos libres, células móviles de forma variada que se desplazaban a través de la sustancia fundamental, y macrófagos fijos que eran elementos celulares sésiles situados entre las fibras de colágeno y con una morfología no muy diferente a la de los fibroblastos. Se suponía que ambos tipos de macrófagos tenían un origen diferente y, en alguna medida, una función también distinta. Tras la introducción de los métodos de inmunocitoquímica para la detección de moléculas específicas de superficie de las células y para conocer la histogénesis de los distintos tipos celulares mediante marcaje isotópico, se demostró que los macrófagos libres y fijos son simplemente fases diferentes del cielo vital de células cuyo origen es el mismo. Sabemos en la actualidad que todos los macrófagos se originan de los monocitos de la médula ósea, que circulan en la sangre durante 1 ó 2 días y que posteriormente emigran a través del endotelio de las vénulas poscapilares hasta alcanzar el tejido consuntivo (Fig. 5-18), en el que, finalmente, se diferencian en macrófagos cuyo ciclo vital es de aproximadamente 2 meses. La reposición de los macrófagos tisulares se lleva a cabo de forma lenta y continua, y los monocitos de la sangre constituyen una reserva de gran capacidad que puede ser movilizada en las zonas donde se produce una lesión o infección, en las que los monocitos se transforman en macrófagos. Los términos tradicionales de macrófagos libres y fijos han sido sustituidos por otras denominaciones de carácter más descriptivo. Los macrófagos presentes normalmente, es decir, en ausencia de estímulo exógeno, en una zona concreta se llaman macrófagos residentes. Los que son movilizados hacia una zona en respuesta a un estímulo se denominan macrófagos provocados, y los que aumentan en gran medida sus capacidades de fagocitosis y de procesamiento de antígeno en respuesta a un estímulo local son los macrófagos activados. Estos términos son útiles para describir la secuencia de acontecimientos que se producen tras una lesión local o una reacción inflamatoria frente a la invasión bacteriana. Los macrófagos residentes no estimulados son células fusiformes o estrelladas que están ampliamente distribuidas entre los haces de fibras de colágeno del tejido conjuntivo, aunque suelen ser más abundantes en la vecindad de los vasos sanguíneos de pequeño calibre. Se pueden diferenciar de los fibroblastos por su núcleo más pequeño y cromático, y por su citoplasma más heterogéneo en el que se observan vacuolas y gránulos densos pequeños. Estos últimos

corresponden ultraestructuralmente a lisosomas primarios y secundarios. Posiblemente, el método más fiable para la identificación de los macrófagos es la detección inmunocitoquímica de sus marcadores específicos de superficie. Su plasmalema contiene aproximadamente 2 x 106 receptores Fc que se unen a las inmunoglobulinas (anticuerpos), así como receptores para el componente C3 del complemento. El complemento es un grupo de proteínas que son sintetizadas por el hígado y que circulan en el plasma sanguíneo. Estas proteínas y las inmunoglobulinas se unen a la superficie de las bacterias y las hacen más vulnerables a la fagocitosis a través de un proceso que se llama opsonización. Cuando la bacteria opsonizada se une a la superficie de los macrófagos, se inicia su ingestión mediante un mecanismo de tipo cremallera en el que los receptores Fc y C3 de su plasmalema se unen a los ligadores correspondientes situados en la superficie de las bacterias, hasta que esta última es englobada completamente por las prolongaciones y pliegues de la superficie del macrófago. Tras la fusión de las membranas en el borde anterior de las prolongaciones celulares que engloban a la bacteria, ésta queda incluida en una vacuola (fagosoma) que se introduce en el citoplasma. Más tarde, los lisosomas se fusionan con el fagosoma y descargan en su interior péptidos y enzimas microbicidas como la lisozima, que degrada la pared celular de las bacterias, y la mieloperoxidasa que genera oxígeno, peróxido de hidrógeno (H2O2) e iones superóxido (O-2). La actividad de estas y otras enzimas lisosomales da lugar a la destrucción completa de las bacterias. Es interesante el hecho de que algunas cepas de bacterias han desarrollado resistencia frente al mecanismo microbicida de los macrófagos y, por tanto, se han convertido en microorganismos extraordinariamente virulentos. Los macrófagos no actúan de forma aislada en su lucha contra las infecciones, sino que interaccionan con los linfocitos que también acuden a las zonas en las que se ha producido la invasión bacteriana. La activación de los macrófagos depende de un lipopolisacárido (LPS), que es uno de los principales componentes de la superficie de las bacterias gramnegativas, y del interferón γ (INF), una citocina producida por linfocitos T estimulados por el antígeno. Por su parte, los macrófagos procesan el antígeno y lo presentan a los linfocitos en una forma más inmunogénica. Además, sintetizan y liberan interleucina 1 (IL-1), factor de necrosis tumoral (TNF) y factor estimulante de colonias de granulocitos y macrófagos (GMCSF), citocinas que ejercen una amplia gama de efectos sobre el tema inmunitario (Figs. 5-19 y 5-20). A nivel local, la IL-1 estimula la proliferación de linfocitos B y la producción de anticuerpos, y también es un factor quimiotáctico para los neutrófilos y mitogénico para los fibroblastos. Por otra parte, la IL- transportada por la sangre alcanza la médula ósea, dando lugar a un incremento en el número de neutrófilos circulantes. En ciertos procesos patológicos, los macrófagos pueden adoptar formas poco habituales. Por ejemplo, en las zonas de inflamación crónica los macrófagos fuertemente agrupados pueden adquirir una configuración poligonal debido a sus deformaciones mutuas, denominándose células epitelioides. Cuando los macrófagos rodean a pequeños trozos de astillas u otros cuerpos extraños que son demasiado grandes para ser fagocitados, pueden presentar coalescencia y formar grandes masas celulares multinucleadas que se denominan células gigantes de cuerpo extraño y que también se pueden observar in vitro. Los monocitos son los únicos leucocitos