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Asignatura: Àfrica i Àsia Contemporània, Profesor: anaclet pons pons, Carrera: Història, Universidad: UV
Tipo: Apuntes
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China contemporánea. La primera mitad del siglo XIX chino se caracteriza por una continua degradación del orden social. El déficit comercial, la corrupción de los funcionarios y la presión demográfica desembocaron en la mayor revuelta de la historia, la revuelta de los Taiping (1851-1864). El imperio restaurado después de la represión era más débil y menos centralizado. En este contexto de decadencia generalizada se dan en China las primeras incursiones inglesas en el 1840. La decadencia interna. Las primeras revueltas campesinas del período Qing se producen a partir de 1795, sobre todo en las zonas del noroeste y las del Hunan y Huizhou. En la segunda mitad del reinado de Qianlong, los gastos de la corte crecen radicalmente, al igual que la corrupción y el descontrol de las provincias a causa de un poder demasiado centralizado. Las guerras contra los sublevados musulmanes y la difícil represión de las revueltas también mermarán en gran medida la hacienda pública. El crecimiento demográfico, que había beneficiado mucho a la economía del XVIII, a principios del XIX la ahogaba. El sistema político y administrativo y las técnicas de producción y de comercio no podían dar abasto a un territorio tan grande y tan poblado. El déficit de la balanza comercial y la primera guerra del opio. Con el desarrollo de la producción mecanizada a finales del siglo XIX, la exportación de tejidos acabados a las tierras colonizadas supuso un negocio muy lucrativo. En China, el fuerte comercio interior del algodón y el peligro de las exportaciones americanas, hicieron este negocio muy poco rentable para los ingleses. El gran negocio descubierto por los británicos fue el tráfico de opio, que daba grandes beneficios en cargas relativamente pequeñas. El opio aparece citado en la China en tratados del siglo XVI y fue muy importante para los portugueses en la Fujian del XVII. A principios de 1729 se estableció la prohibición oficial del comercio de esta droga, que se extendió a todo el imperio el 1731. Pero el cultivo de este producto proliferó en la India a partir de 1757 con la ocupación inglesa. A partir de ahí, y durante todo el siglo XIX, las exportaciones procedentes de la India y en menor medida de Turquía no dejaron de crecer. El 1819 se registraban unas 4.228 cajas, mientras que en 1876 se registraron unas 96.000. Las autoridades imperiales se escandalizaban frente a este comercio, ya que la droga tenía consecuencias nefastas para la economía, la moral y la política. La corrupción se extendía entre la clase funcionarial más baja, que tejía redes de contrabando con mercaderes, transportistas y piratas. Otro factor muy preocupante para los mandatarios fue que este comercio debilitaba mucho a la economía china y dejaba una balanza comercial, que había sido favorable a China en los últimos años, ahora deficitaria. Aunque China también exportaba productos a Europa como el té y la seda, estos no compensaron la balanza comercial. La fuga de moneda era constante y el estado no podía permanecer sin hacer nada, ya que el crecimiento de la población y la ausencia de nuevos recursos agravaban la situación. En Pekín encontramos tres corrientes respecto a qué hacer con el problema del opio. La primera defiende la prohibición total, la segunda una especie de legalización de las importaciones de opio y los terceros piensan que la falta de reglamentación alguna acabaría con el tráfico de opio. Cuando las importaciones crecen rápidamente en 1836, Xu Naiji propone gravar fuertemente este producto y que los que los vendan tengan que comprar producto chinos como compensación. Pero tres años después, Lin Zexu y los partidarios de la prohibición total son los que triunfan. Éste requisa unas 20.000 cajas y obliga a que los británicos abandonen el país. Estos responden con actos piráticos en la desembocadura del Zhujinag y se extienden al norte, hacia el puerto de Tianjin. Los chinos no reculan y continúan atacando a los ingleses, que cogen fuerza y ocupan Xiamen, Ningbo
y llegan al Hangzhou. Para acabar con estos ataques, los chinos aceptan negociar y firman el tratado de 1842. Las revueltas anteriores habían sido mucho más fuertes, como las de Coxinga o las incursiones desde las estepas. La debilidad actual de China no se basaba en un debilidad militar, sino en un estado de malestar social que se manifestará con la revuelta de los Taiping. La corrupción de la baja burocracia china y el anquilosamiento de su lenta administración también favoreció la derrota. El tratado de Nankín de 1842 daba la isla de Hong Kong a Gran Bretaña, una indemnización de 21 millones de dólares de plata y la apertura al comercio, lo que se traducía con las importaciones de opio. También se suprimía el monopolio del Cohong. Los cambios en la jurisdicción que también se dieron, como las nuevas concesiones o la jurisdicción consular, aumentaron las capacidades de las potencias occidentales de ejercer un dominio cada vez mayor sobre la China. Otro efecto fue la devaluación de la moneda interna de la China, que era de cobre, mientras que el metal con más valor, la plata, continuaba abandonando el país. Este alza de los precios de la plata perjudicaban gravemente a las clases más bajas, ya que poseían moneda de cobre, pero los impuestos se medían sobre el precio de la plata. Este sistema bimetálico que agravaba la situación de las clases más pobres se vio intensificada a la vez por el bimetalismo mundial de oro y plata que afectaba a la recesión económica china. Todo esto provocaría las revueltas que se iniciaron a partir de 1850. Las revueltas Taiping. En 1851, Hong Xiuquan funda el reino del Cielo y de la Gran Paz (Reino Celestial de la Gran Paz) y se proclama rey del cielo. En 1852 los Taiping ocupan el noreste del Guangxi, el suroeste del Hunan y después avanzan hacia Changsha y las ciudades del Yangzi. Al año siguiente se hacen con Yankín a la que bautizan como capital del cielo, siendo el centro administrativo y político de los Taiping. Estos avanzan hacia Pekín pero se ven frenados por el frío y el hambre, que los obliga a retirarse. En cambio, ganaron territorio en el valle del Yangzi. En 1856 el ejército gubernamental sufrió una importante derrota. Otro factor a tener en cuenta fue la gran bajada en la recaptación de impuestos y el transporte queda desorganizado a causa del corte de las comunicaciones en el Yangzi y la pérdida de los territorios más ricos del imperio. El temor a la ruptura del orden establecido lleva a la administración provincial y a la clase letrada a organizarse contra la revuelta. Aparecen nuevos ejércitos y comandantes, como Hunan Zeng Guofan, que a partir de la década de 1860 comienzan a ganar terreno a los rebeldes. Mientras tanto los Taiping procuran organizar y modernizar su ejército, sobre todo de la mano de Hong Rengan, educado a la manera occidental. En 1859 publicó un tratado de política donde instaba a adoptar las instituciones norteamericanas, así como una red ferroviaria, la explotación minera o los bancos. Pero estos proyectos se verán abandonados por las discrepancias internas de los líderes y por el malestar de la población, que se ve obligada a vivir en absoluta austeridad. Su avance en el valle del Yangzi ha sido muy rápido, el que no les ha permitido asentarse en el territorio, el que provocaba también revueltas internas. Otro factor de desestabilización fueron las potencias occidentales. Hasta ese momento se había mantenido neutrales, pero en 1862 se posicionan en favor de los Qing, ya que veían amenazadas sus posesiones comerciales por el avance Taiping hacia Shangai. En 1864, Zuo Zongtang recupera el Hangzhou y comienza un asedio a Nankín. La ciudad cae y el rey del Cielo se suicida. Las batallas continuaron en Fujian durante dos años contra algunos contingentes más o menos dispersos. Muchos se refugiaron en Formosa y Vietnam donde formarían una resistencia contra la invasión francesa. Todo hacía pensar que el imperio Qing estaba a punto de desaparecer durante la revuelta
incapaz de levantar la cabeza, con una caída de una gran magnitud, igual que la de su civilización. El último golpe asestado a China y que ya impedirá su recuperación fue la guerra sino-japonesa en Corea, además de la revuelta en 1894 de la sociedad secreta del Tonghak. Japón era un país poderoso e industrializado en gran medida a estas alturas, lo que llevó a una estrepitosa derrota china y a una destrucción casi completa de su flota. Esta derrota conduce a la firma del tratado de Shimonoseki. Entre 1895 y los primeros años del siglo XX, China perderá su independencia económica, territorial y política. Así, China entra en el período más complicado de su historia. El repartimiento de China al principio del siglo XX. La derrota en la guerra sino-japonesa fue tan importante que podemos decir que, a partir de aquí, China deja de ser la dueña de su propio destino. Japón impone una indemnización de guerra equivalente a tres veces los ingresos anuales del gobierno imperial. Además, se anexiona Taiwán y la isla Penghu, incita a las potencias occidentales a seguir el mismo camino, a anexionarse territorios o a crear esferas de influencia para poder explotar los recursos. Pero además de la anexión territorial, se produjo lo que Li Hongzhan intentó evitar a toda costa. Las industrias extranjeras comienzan a instalarse en China y a invadirla con capital extranjero, aprovechándose de la fuerte debilidad interna y de una mano de obra muy barata. La gravedad de este hecho reside en que es un momento en el cual los avances de las potencias occidentales y de Japón son muy notables, mientras China se está desplomando. China ve como sus productos ya no tienen salida en el mercado internacional y su mercado es invadido por productos extranjeros, lo que crea una balanza muy deficitaria. Por lo que hace a la política asistimos a un momento muy complicado, donde Li Hongzhan es sustituido a raíz del tratado de Shimonoseki. Su sustituto, Yuan Shikai no es capaz de llenar el vacío de poder dejado por el anterior, ya que éste es un simple militar. Por lo tanto, China se queda sin un dirigente firme. El descontento interno.
El descontento de ciertos sectores de la sociedad crece, sobre todo cuando ven la independencia de su imperio en manos de las potencias extranjeras. En este clima de desesperación, la corte de Pekín apoyó una revuelta popular. El agravamiento de la miseria en el campo, la introducción de tejidos extranjeros y el desarrollo de medios de transporte modernos provocó una agitación generalizada en el mundo campesino a finales del XIX. Reaparecen las sociedades secretas, como la Sociedad de los Hermanos Mayores o la Sociedad del Gran Sable. Las hambrunas de 1898 provocan el renacimiento de una de las ramas de la antigua Sociedad del Lotus Blanco. El movimiento llamado de los Yihequan, practicantes de boxeo chino, conocido por los occidentales como los bóxers. Este es un grupo violento y xenófobo, fanatizados por una fe y unas prácticas mágicas que tienen la reputación de hacerlos invulnerables. Atacan ferrocarriles y fábricas, así como las tiendas que venden productos extranjeros y a los chinos conversos. Estos son expulsados del Shandong por Yuan Shikai a principios del 1900. Se mueven hacia el Shanxi y el Hebei y también cerca de Pekín, donde abundan los extranjeros. Las potencias extranjeras se ven obligadas a intervenir. Mientras tanto en Pekín, la corte es partidaria de apoyar a los bóxers y declaran la guerra a las potencias extranjeras. Pero el gobierno central no recibe el apoyo de los poderes provinciales, que están más preocupados en mantener el control sobre sus territorios. En el verano de 1900 las tropas extranjeras aisladas marchan sobre Pekín, que es saqueada por los alemanes. La cosa acabará con un seguido de nuevas sanciones a China, con una fuerte indemnización de guerra de 450 millones de dólares de plata, el mantenimiento de tropas extranjeras sobre el territorio y la ejecución de altos cargos. También supondrá para Rusia la oportunidad de ocupar Manchuria, lo que traerá una guerra con Japón. Mientras tanto, en Pekín, el joven emperador Kuang-Siu, ayudado por otros jóvenes, muchos de ellos formados en las universidades occidentales, intentó un giro reformista. Con los «cien días» del emperador Kuang, se multiplicaron las innovaciones: reformas en los exámenes, creación de Cámaras de Comercio, servicios de traducción. Pero la emperatriz Tseu-Hi reaccionó. Un ejército antirreformista avanzó sobre Pekín, y los ministros reformadores fueron asesinados o huyeron. Tseu-Hi gobernó, de nuevo, sin impedimentos, pues el emperador Kuang tuvo que resignarse a ser un simple elemento decorativo en su propio palacio. Tseu-Hi había acertado a poner fin a la tempestad. Pero el pueblo contenía su cólera, el orgullo de los chinos estaba humillado por las derrotas, budistas y taoístas se quejaban de la implantación del cristianismo: las misiones eran muy activas, y, evidentemente, gozaban, a los ojos de muchos chinos, del prestigio y de la fuerza de las potencias occidentales. Los artesanos, por su parte, se hallaban en una situación económica difícil: los productos industriales, importados masivamente, les imponían una competencia difícilmente soportable. En aquel clima, una secta, como siempre sucede en China, acertó a encontrar un ambiente favorable para una gran expansión. «Los puños de la concordia y de la justicia», a quienes los occidentales llamaron bóxers (boxeadores). En Pekín, había millares de ellos: aparecieron carteles reclamando la salida o la matanza de los extranjeros. La corte los apoyaba, y, gracias a eso, podían actuar casi a la luz del sol. Circulaban libremente, y se les reconocía por sus «foulards» rojos anudados sobre la cabeza, por las cintas rojas que rodeaban sus pulsos y sus tobillos. En sus banderas, el reconocimiento oficial: «Combatimos a las órdenes del emperador». Su propaganda hace a los «diablos de Occidente», responsables de todas las desgracias que China sufría. ¿Cómo explicar —a no ser por el desorden del mundo, debido a los occidentales— la sequía y las calamidades agrícolas? Era necesario, pues, que el pueblo restableciese el tao, es decir, el orden de las cosas. Toda aquella propaganda encontraba cierta apariencia de fundamento en hechos muy simples que cualquier chino podía observar. La técnica moderna ofendía a los espíritus. ¿Una prueba? La serpiente de hierro (los hilos telegráficos) ¡goteaba sangre de los espíritus! (El líquido rojo era el orín que se disolvía con la lluvia). A la xenofobia y al sentimiento de frustración religiosa, se unía el fanatismo de los iniciados de la secta. Puesto en trance de gran exaltación, en medio de un ruido ensordecedor y presa de movimientos desordenados, el iniciado se cree insensible al dolor e invulnerable. La más vulgar prestidigitación
poder. En 1913 acaba como el líder del recientemente formado Kuomintang. En 1914 disuelve el parlamento y proclama una constitución que le atribuye la mayoría de los poderes. En 1916 restablece una monarquía en provecho propio, diferente a la que encontramos anteriormente. Hay que entender que la dictadura no contaba con más soportes que el debilitado régimen imperial anterior. Durante 1913 los gobernadores del sur y el centro se habían rebelado contra Shikai. Se produce lo que se conoce como la ''segunda revolución'', cuando los partidarios de una democracia constitucional también se rebelan contra el régimen. También hay que decir que los gobernadores de las provincias instalados por el propio Shikai comienzan a rebelarse buscando su propia independencia. Aparte, desde los inicios de la Guerra Mundial, Japón se apodera de las líneas de ferrocarril chinas, de las bases militares y de los territorios alemanes. En enero de 1915 Japón presenta en Pekín una lista de 21 condiciones destinadas a hacer de China un protectorado de Japón. Yuan Shikai se ve obligado a reconocerlo y entrega a Japón los principales sectores industriales del país. Poco antes de su muerte, el 1916, muchos oficiales militares nombrados y protegidos por Yuan Shikai se declaran independientes, comenzando así el período de los señores de la guerra. De la década de Nankín a la invasión Japonesa. Después del período de los señores de la guerra y del enfrentamiento con el Kuomintang, Chiang Kai-shek establece un nuevo régimen en Nankín el 1927, avalado por las potencias extranjeras que temían una revolución. Éste consigue el visto bueno de las compañías extranjeras asentadas en China y de la propia burguesía comercial del país, que ya estaba cansada de los enfrentamientos entre los señores de la guerra. Intentará adherirse el favor de los señores de la guerra o eliminar a los díscolos. También es importante la ayuda de consejeros soviéticos a la hora de implantar el sistema del partido único, que le otorgará el control de la administración, el ejército y la policía. Este fuerte gobierno hace que las potencias recuperen confianza en el país y retornen ciertas concesiones como algunos puertos o los ingresos de la sal o correos. La unificación del país se va haciendo notar. Los ejércitos nacionalistas ocupan Pekín, que pierde su condición de capital, mientras que las provincias del noreste vuelven a ser fieles al régimen. El sistema de Chiang Kai-shek está muy ligado al comercio internacional, lo que lo hace vulnerable a sus crisis, además, al ser de origen burgués se preocupará menos por el devenir de la clase campesina. Pero también estará influido por la política internacional. Los movimientos en auge son el fascismo italiano, el nacional-socialismo alemán y el militarismo japonés, mientras los regímenes democráticos occidentales se ven afectados por la fuerte recesión económica de los EEUU. Esta admiración por los regímenes fuertes, como también el soviético y su propaganda, harán que difunda un confucianismo renovado, que se conoce como el ''Movimiento de la Vida Nueva''. También crea una nueva policía política, los ''camisas azules'', que perseguirán cualquier conato revolucionario. A pesar de la profunda miseria del campo, la estabilidad del régimen se explica por sus buenas relaciones con el mundo de los negocios, creándose una especie de capitalismo de estado gracias al gran poder que habían adquirido los bancos. Esta financiación huye del mundo rural, ya que es muy poco rentable y todos los capitales se apartan de él. Las cargas fiscales y los préstamos estrangulaban a los campesinos y ni siquiera los propietarios podían vivir con cierta comodidad. Esto se debe al resultado de la historia china de los últimos 50 años. Se dio una fuga de hombres y riquezas a los puertos abiertos, se reconvirtieron actividades productivas en actividades improductivas como el opio, el tabaco o la especulación, se ligó la supervivencia del sistema político a la implantación de capital extranjero y, en definitiva, se alineó progresivamente el mundo chino desde finales del siglo XIX. A Chiang Kai-shek le aparece otro enemigo inesperado: las uniones de campesinos dirigidas por comunistas disidentes, sobre todo en el sur del Yangzi y en la región de Ruijin. Entre 1931 y 1934 se dirigirán contra la república soviética de Ruijin cinco campañas militares. La última fue financiada por potencias europeas y acabarán con ésta. Es también a principios de este periodo,
entre 1931 y 1932, cuando Japón invade las provincias del noreste. Chiang Kai-shek, centrado en las luchas contra los comunistas, se ve forzado a aceptar esta invasión. Para Japón era un territorio estratégicamente muy bueno para poder conquistar el resto de China. Una empresa militar contra Japón habría sido fatal para el régimen que comenzaba a formarse. Mientras tanto en la vida política, las represiones del régimen llevan a que el comunismo se perfile como la principal oposición y la corriente marxista predomine en el mundo intelectual. La importancia que se le ha dado en retrospectiva al partido comunista, no es tal como se piensa. Fundado en 1921 por unos pocos intelectuales, preocupados por desarrollar la acción obrera en los puertos abiertos, el partido no hubiera triunfado si hubiera seguido las directrices soviéticas de Moscú. En la ortodoxia comunista, la fe absoluta en que la revolución sería llevada a cabo por el proletariado comulgaba con la desconfianza con el campesinado. Eso significaría pactar con la burguesía del KMT hasta que el proletariado estuviese preparado, lo que llevaría a la desaparición del partido comunista y sus líderes. La alternativa pasaba por ignorar las directrices soviéticas y a desarrollar en el campo un movimiento revolucionario. A diferencia de las rápidas revoluciones urbanas occidentales, en China se produjo un lento bloqueo de las ciudades por parte del campo. Los líderes de los soviets rurales no son intelectuales como los dirigentes del partido, Mao Zedong provenía de una familia campesina y no había viajado al extranjero. Para poder asumir un mejor nivel de vida en el campo se tenía que acabar con la dependencia del capital extranjero y con la dominación de la burguesía comercial. Para tal cosa era necesario que los hombres más aptos para la dirección del partido se fraguaran en las batallas, instruyendo y adoctrinando constantemente. De la invasión japonesa al triunfo de la República Popular. El comienzo de la gran invasión japonesa a partir de las provincias del noreste en julio de 1937 y el bombardeo sin previo aviso de Shangai en el mes de agosto marcan el principio del último periodo: la decadencia del régimen nacionalista y la expansión del movimiento de resistencia a Japón. Mientras el ejército del Kuomintang se repliega más allá de Chongqinq en Sichuan, el ejército japonés ocupaba todas las provincias situadas al este y al norte del río Amarillo o Huang He. En estos momentos los movimientos de personas son muy acentuados. La ruptura para el régimen es muy fuerte, ya que se ven desproveídos de los ingresos de las aduanas y de los impuestos captados en las zonas que ahora ocupa Japón. Además, el gobierno se ve apartado de la base financiera del país, Shangai. Los pocos recursos con que contaba eran de los bancos repartidos por los territorios y una mínima ayuda extranjera que no será significativa hasta el 1941. El 7 de diciembre de ese año, Japón atacó la base norteamericana de Pearl Harbor, lo que supuso para la China una ayuda venida desde los EEUU de 4.000 millones de dólares entre 1941 y 1949. A la vez que aseguraba el régimen lo corrompía aún más. El sistema, que era cada vez más parasitario, con una burocracia y un ejército desmesurado, se abandonó a la inflación, provocando una subida de precios desmesurada. A partir de 1944 el dólar chino valía 500 veces menos que lo que valía antes de la invasión china. Esta inflación, ligada a la llegada de capital extranjero y a las bases americanas presentes en el territorio, incrementan en gran medida la corrupción. Los combatientes de la república comunista de Jiangxi se habían replegado hacia el este el 1934, forzados por las presiones de Chiang Kai-shek. Perseguidos por los ejércitos nacionalistas, unos 100.000 comunistas emprendieron la ''Larga Marcha'' de 12.000 km, una de las mayores gestas del comunismo chino. Los 8000 supervivientes no tardaron en convertir a Yan'an en el centro de la nueva base soviética para reclutar mucho más apoyo, sobre todo entre campesinos. Bajo la presión de los Estados Unidos, Kai-shek se ve forzado a aceptar el frente común para derrotar a Japón. Pero la capitulación de esta potencia en 1945 cambia de golpe el panorama y parece dar un impulso al régimen de Chiang. La recuperación de los territorios perdidos, la vuelta a Nankín y el