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OSCILACIONES CLIMÁTICAS Y COYUNTURA AGRICOLA EN TIERRAS VALENCIANAS DURANTE EL REINADO DE FELIPE Y FELIPE V Y SU TIEMPO Eliseo Serrano (editor) InsTITUCIÓN «FERNANDO EL CATÓLICO» (C.S.LC.) Excma. Diputación de Zaragoza Zaragoza, 2004 OSCILACIONES CLIMÁTICAS Y COYUNTURA AGRICOLA EN TIERRAS VALENCIANAS DURANTE EL REINADO DE FELIPE Y Armando ALBEROLA ROMÁ Universidad de Alicante Afirmaba Enmanuel Le Roy Ladurie hace casi cuarenta años, en un libro convertido ya en clásico, que en las sociedades básicamente agrícolas la relación entre la historia del clima y la historia del hombre tenía «un carácter estrecho e inmediato», hoy ya desaparecido como consecuencia de los avances tecnológicos!. Pretendía con ello, entre otras cosas, poner de relieve lá dependencia campesina de los condicionantes físicos y de los agentes meteorológicos ya que, tanto unos como otros, desempeñaban un papel fundamental a la hora de poder calificar de bueno o malo un año agrario. El conocimiento de la acción de los segundos podría contribuir a precisar, en buena medida, los comportamientos de la agricultura durante el Antiguo Régimen porque en ese ir desde el clima a los hombres o, como muy gráficamente señala, desde «las intemperies hasta las subsistencias», es perfectamente factible la elaboración de un catálogo de las repercusiones de la meteorología sobre las cosechas de los diferentes productos agrarios?, Esta reflexión, a la que no han sido ajenos en nuestro país historiadores de la talla de Domínguez Ortiz o Anes Álvarez, nos debería conducir —tal y como postulaba el primero de ellos—a incluir entre nuestros objetivos de estudio el análisis de las oscilaciones climáticas como-medio eficaz para ampliar las explicaciones de la coyuntura agrícola y, a la vez, precisar mejor "E. Le Roy Ladurie, Historie de climat depuis Can mil, París, Flammarion, 1967, 380 pp. aunque citwé con arreglo a la traducción castellana Historia del clima desde el año mil México, 1991, p. 37. há 382, [tídem, pp. 37738 204 Oscilaciones climáticas y copemtura agrícola en tierras valencianas... Mi contribución a este congreso se inscribe, modestamente, en esta línea de trabajo y descansa en los abundantes estudios, propios y ajenos!, publicados en los últimos años sobre la sociedad y la economía valencianas del Setecientos y a cuyas conclusiones he incorporado mis reflexiones pro- cedentes de los datos de primera mano referidos a la coyuntura climática localizados en diferentes archivos". Esos estudios permiten establecer con cierta precisión los perfiles del crecimiento demográfico y económico experimentado en las tierras valencianas durante el siglo XVUL El primero de ellos se asocia, de manera ineludible y como sucede en las sociedades del Antiguo Régimen, a fenómenos igualmente expansivos de la agricultura a los que acompaña asimismo un alza apreciable de los precios, Partamos de la base de que la agricultura valenciana, pese a estar orien- tada básicamente hacia la subsistencia y ofrecer ciertos rasgos de retraso, experimentó en la centuria de las Luces destacadas transformaciones, sobre todo en el regadío. Y ello a pesar de las dificultades que la estructura física del territorio creaba al campesino valenciano; dificultades que se veían agu- * Sin ánimo de ser exhaustivo ver, entre otros, J. M. Palop Kamos, Huctuaciones de pre- dios y abastecimiento en la Valencia del siglo XVII, Valencia, 1977. D. Bernabé Gil, Tierra y sociedad en el Bajo Segura, Alicante, 1982, C, Domingo, La Plana de Castellón, Formación de un paisaje agrario mediterráneo, Castellón de la Plana, 1983. A. Alberola Romá, furisdicción y propiedad de la tierra en Alicante (ss. XVIT y XVIII), Alicante, 1984. J. Millán García-Varela, Rentistas y campesinos. Desarrollo agrario y tradicionalismo político en el sur del País Valenciano, 1680-1840, Alicante, 1984; del mismo autor, El poder de la tierra, Le sociedad agraria del Bujo Segura en la época del Liberalismo, Alicante, 1999, P. Ruiz Torres, «E) País Valenciano en el siglo XVILL: la transformación de una sociedad agraria en la época del Absolutismo», en R. Fernández (ed.), España en el siglo XVIII. Homenaje a Pierre Vilar, Barcelona, 1985; del mismo autor, «La agricultura valenciana en el siglo XVII», en Estructuras agrarias y refor- mismo ilustrado en la España del siglo XVIH, Madrid, 1989, pp, 99-132. C. Garcia Monerris, Rey y señor: Estudio de un realengo valenciano (La Albufera, 1761-1836), Valencia, 1985. A. M? Aguado, Propiedad agraria y transformaciones burguesas, El señorío de Sueca en la crisis del Anti guo Régimen, Universidad de Valencia-Ayuntamiento de Sueca, 1986. E Andrés Robres, Crédito y propiedad de la tierra en el País Valenciano (1600-1810), Valencia, 1987. E, Mateu Tortosa, Arroz y paludismo. Riqueza y conflictos en la sociedad valenciana del siglo XVIII, Valen- cia, 1987. A. Mora Cañada, Monjes y campesinos. El señorío de la Valldigna en los siglos XVIT y XViIí, Alicante, 1936. Mi C. Romeo Mateo, Bealengo y municipio. Alcoi en el siglo XVIII, Ali- cante, 1986, T, Peris Albentosa, Propiedad y cambio social. Evolución patrimonial, sistema pro- ductivo y dinámica social en el sealengo valenciano (Alcira, 1456-1768), Valencia, 1989, J. M. Pérez García, «Los orígenes de la moderna agricultura comercial en la Huerta de Valen- cia (1700-1800)», en V. Cabero Diéguez y otros, £l medio rural español, Cultura, paisaje y naturaleza. Homenaje a D. Ángel Caba Alonso, Salamanca, 1992, vo! Í, pp. 475-498. M. Ardit Lucas, Els homes ¿ la terra del. País Valenció (segles XAVEXVIID, Barcelona, 1993, 2 vols, * A. Alberola Romá, Catástrufe, economía y acción política en la Valencia del siglo XVIN, Ins- titución Alfons el Magnánim, Valencia, 1999. 203 Armando Alberola Romá dizadas por los candicionantes meteorológicos propios de la cuenca medi- terránea” y las evidentes limitaciones técnicas de que aquél hacía gala. El 1csón con que los agricultores actuaron sobre el medio natural, plasmado en una acción combinada conducente a extender la superficie cuitivabie e intensilicar la producción, explica, en buena medida, la significativa trans- formación del paisaje y el crecimiento agrario valencianos. El incremento hasta el límite de los tradicionales abancalamientos de las laderas de los montes se vio acompañado de una apreciable mejora de las infraestructuras para el riego y de la novedad que entrañaron los aterra- ments de lagunas y almarjales, tanto litorales como interiores, La reducción a cultivo, en las zonas del interior, de baldíos, pastizales y bosques fue tal que incluso llegó a amenazar el propio equilibrio ecológico como conse- cuencia de la deforestación y de las dificultades para alimentar el ganado. Es en este carácter extensivo de los cultivos donde se aprecia con mayor cla- ridad el peso de la tradición, aunque la modernidad aora ante la innova- ción que, en materia de cultivos, supuso el incremento del arrozal, moreral o de los cítricos". Pese a que la intensificación de la agricultura valenciana es, hoy por hoy, un fenómeno relativamente poco conocido, al menos sabe- mos que se puede circunscribir a determinadas áreas litorales, La pervi- vencia de instrumental y métodos de cultivo bastante tradicionales, por no decir arcaicos, junto a las limitaciones de las propias explotaciones cam- pesinas hicieron inviable la puesta en práctica de los indudables conoci mientos agronómicos que atesoraban los ilustrados del país. De ahí que el crecimiento intensivo viniera dado por la extensión del regadío y la intro- ducción de nuevos cultivos. Por lo que hace a los precios, la tercera de las variables a considerar en el crecimiento económico valenciano, conviene indicar que muestran una clara tendencia al incremento a lo largo de la centuria, tal y como sucede en el resto del continente europeo, aunque cabe precisar que las series de que disponemos se refieren esencialmente a los de la capital del rcíno, No 1 A. Alberola Romá, «La Jucha del hombre contra el medio en el Mediterráneo occi- dental y su incidencia en las tierrras valencianas duranle la edad moderna», en Canelo- bre, Sabre el Mediterráneo, 0* 12-18 (primavera/verano, 1988), pp. 46-54. MM. Ardit Lucas, Revolución liberal y revuelta campesina. Un ensayo sobre la desintegración del régimen feudal en el País Valenciano (1739-1840), Barcelona, 1977. Del mismo autor, «L'agricultura del Ser-Cents. Entre la tradició ¡el canvi», en E. Belenguer Cebriá (coord, gral.), História del País Valenciá. IV: Llipoca borbónica fins a la crisi de PAntic Rágim, Edicions 62, Barcelona, 1990, pp. 33 y ss; igualmente, Els homes i la terra del País Valencia (segles XV XVIID, Barcelona, Ed. Curial, 1993, 2 vols. 204 Armando Alterola Romá producción por los agentes meteorológicos y el lastre de la tradición así como por la coyuntura internacional a la hora de hacer efectivas las impor- taciones que garantizaran el atenuamiento de las crisis, Por vía terrestre entraba trigo procedente de La Mancha y, en menor medida, de Aragón; aunque la deficiente red caminera” y la consiguiente lentitud del transporte encarecía sobremanera su traslado'*, Si, además, la meteorología se tornaba adversa peligraba el arribo del cereal convirtiendo en angustiosa una situación de por sí ya difícil en caso de malas cosechas. De todos modos este grano llegado del interior peninsular no representa- ba la mejor de las soluciones al estar muy condicionado por los vaivenes productivos de sus lugares de origen, por lo que el de procedencia ultra- marina se revelaba mucho más seguro, rentable y eficaz para afrontar las carencias y penurias. Su precio, relativamente asequible, y su fácil arribo a norma al anotar «en este año (...) la perdida de sus principales cosechas, y espectalmen- 1e la del trigo, que siendo regularmente corta es aora tan infeliz por lo general que a mas de su inferior calidad no rinde para el mantenimiento de un mes», cifr. en AGS, SSH, legajo 576, D. Manuel de Toledo a D. Joseph Patiño. Valencia, 8-7-1736. Años más tarde, tras los sucesos de 1766, el corregidor de Alicante exponía :l Consejo de Castilla que la solu- ción ante la escasez de la cosecha de trigo y el alto precio alcanzado «no hay otro reme- dio que el del mar (...) pues de que Castilla y La Mancha aun cuando lc haya excusan de traerlo por lo costoso del acarreo», cif. en Archivo Histórico Nacional (AHN), Consejos, legajo 4.173, Dictamen del corregidor de Alicaniz, 26-9-1769. A fines de la centuria el botáni- co Antonio José Cavanilles ratíficaba que «el reino de Valencia apenas recoge trigo para sustentar seis meses su numerosa población» proponiendo que los campos de arroz se reconvirticran para el cultivo de trigo y maíz evitando de este modo los excesos en el pre- cio y la necesidad de traer «el reyno sus provisiones por el mar expuestas a retardos y aye- rías, ni se vería precisado a baxarlas de la Mancha y Castillas, aumentándose el precio por los gastos de transporte» cif. cn A. J. Cavanilles, Observaciones sobre la historia natural, geo- grafía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia, Imprenta Real, Madrid, 1795- 1797, vol. 1, p. 227. 1 Respecto del estado de las comunicaciones españolas en el siglo XVIII ver S. Madrazo Madrazo, El sistema de transportes en España, 1730-1850, Madrid, 1984; D. Rin- grose, Los transportes y el estancamiento económico de España, 1750-1850, Madrid, 1972. Una aproximación al caso valenciano en A. Alberola Romá, «Sobre la práctica del gobierno local en el siglo XVITE: los informes de los corregidores valencianos acerca de la rod cami- nera», comunicación presentada a la VI Reunión Científica de la Asociación Española de His- toria Moderna, Alcalá de Henares, mayo de 2000 (en prensa). En los años buenos el trigo aragonés solía exportarse, fundamentalmente, a Cataluña vía Tortosa annque lo cierto es que ésta estuvo siempre seriamente mediatizada por la aplicación de la tasa o de severas limitaciones en caso de cosechas medianas; cif. en G. Anes, ob. cif. p. 383. 1 Respecto de las dificultades del transporte terrestre, así como la relación entre el cos- te del mismo y el trigo son válidas y extrapolables al siglo XVII las reflexiones que, para la Barcelona del siglo XVI, efeciúa E. Giralt Raventós en su ob. ai, referida en nota 5. 706 Oscilaciones slimáticas y coyuntura agrícola en tierras valencianas... los puertos valencianos de no mediar circunstancias adversas al tráfico marítimo, convertían a este grano en el remedio por excelencia en sitna- ciones límite e, incluso, en el complemento usual del déficit productivo. De Sicilia, Marseila, Génova o el norte de África solían llegar a las costas del antiguo reino los cargamentos de cereal aunque, en ocasiones, hubie- ron de sortear en el mar los problemas derivados de los conflictos bélicos y, a punto de tocar puerto, los ocasionados por el establecimiento de cordo- nes sanitarios dispuestos para prevenir epidemias o la imposición de trabas arancelarias poco propicias a los comerciantes importadores”. Este déficit constante en la producción cerealística del campo valencia- no, al que aluden las fuentes durante el siglo XVII y muestran las curvas de precios, ha sido cuestionado por Ardit Lucas al estimar, utilizando las cifras agregadas de que dispone, una producción media anual de cercal en las postrimerías de la centuria próxima a los 2.600,000 hectolitros, dejando al margen la porción correspondiente para la siembra. Aunque desconoce el consumo medio por persona y no descarta ciertas llegadas regulares de tri- go foránco, opina que las importaciones masivas de grano tuvieron lugar únicamente en los momentos de mayor escasez y carestía”. De igual mane- ra liende a suavizar el impacto y efectos de las crisis de subsistencia en el antiguo reino valenciano y, aunque no niega su existencia, razona que su magnitud no parece homologable con los datos que arrojan las series diez- males, habida cuenta que los datos de éstas pueden estar enmascarados debido a Ja fuerte oposición antidiezmadora observada sobre todo en la segunda mitad del siglo y por la ausencia en estas series de los nuevos cul- tivos", Por mi parte, y dando por descontado la existencia de períodos de a sis, considero que lo que conviene es fijar los justos términos de éstas e inci- dir en las que podríamos denominar «crisis locales», relativamente fáciles de identificar gracias a la abundancia de rogativas, imemoriales e informes % En relación con los problemas de abastecimiento, ver ima aproximación en A. Albesola Romá, «Abasta urbana y protesta popular en tierras valencianas durante el siglo XVII», en ]. M. de Bernardo Ares y]. M. Gouzález Beltrán (eds.), La administración municipal en la Edad Moderna. V Reunión Científica de la Asociación Española de Historia Moderna, Cádiz, 1999, vol. [l, pp. 321-339. % M. Ardit Lucas, «L'agricultura del SetCents ...s, pp. 44-45. Grandes carestías, aun que no fueran especialmente graves, fueron las de los años 1734-1736, 1748-1751, 1756- 1759 (causada por la plaga de langosta de 1756), 1765-1766 (la más grave, aunque sin alcanzar las cotas de otros lugares del país), 1771-1773, 1792-1795, 1801-1806. * Tbidan, pp. 55-42. “wr Oscilaciones climáticas y coyuntura agrícola en tierras valencianas... do por una acusada amplitud térmica anual, tanto en invierno como en verano, con notables sequías alternando con lluvias torrenciales e inunda- ciones. Denominado Pequeña Edad Glaciar o del Hielo se extendería desde mediados del siglo XVI hasta similares fechas del siglo XIX y sus efectos fue- ron claramente perceptibles en la España del momento”, Hay que hacer notar, sin embargo, que durante el siglo XVII se inició el tránsito hacia unas condiciones climáticas algo más suaves, pese a que los inviernos de,1708-1709 y 1716 fueron especialmente duros”, Entre 1711 y 1713 la Meseta Norte padeció una sequía notable y, a partir de 1718, los fuertes calores estivales de éste y el siguiente año anuncian la aparición de una fase más cálida y suave que, trufada de inviernos de cierta crudeza, se mantendría hasta la década de los sesenta”. Aunque las sequías de tipo general y larga duración no fueron frecuentes, exceptuando el período 1749-1758, las de tipo local resultaron ser habituales e insistentes contras- tando, en ocasiones de manera violenta, la sequedad con precipitaciones torrenciales de alta intensidad horaria con su corolario de fuertes avenidas e inundaciones. Pero si hubiera que destacar algún hito especialmente sig- nificativo a escala general cabría referirse, sin duda, a la sequía que desde el otoño de 1718, coincidiendo con el inicio de la fase cálida, afectó a lo lar- go de siete cosechas a las comarcas agrícolas próximas a la zona de los Monegros. Durante el reinado de Felipe V fueron años dificiles en tierras “valencianas por este motivo los comprendidos entre 1720 y 1725, no siendo ajenas a esta situación por esas fechas Andalucía, Castilla y Aragón. Los años 1738 y 1739 trajeron severas sequías en ambas Castillas y Andalucía padeciendo el área de los Monegros, de nuevo, una extrema sequedad entre 1748 y 17553. 2 E Le Roy Ladurie, ob. ai, Fundamentalmente cap, IV. L. Font Tullot, ob, «lt, pp. 7l- 94. J. Martín Vide (ed.), Avances en Climatología Histórica en España, Vilassar de Mar, 1997. 3 H. Kamen, ob. dl, pp. 391-392, 402, 424. Los datos generales proceden, en su anayor parte, de L Fomi Tullot, ob. cít, pp. 99-107. * Muy brío resultó el invierno de 1726 en la cuenca mediterránea al igual que el de 1728-1729 para este mismo ámbito y el interior peninsular, dando lugar a gran número de nevadas. El invierno de 1738-1739 fue especialmente severo en el norte, llegándose a helar el río Pisuerga. El de 179-1740, denominado el «gran invierno curopeo», también dejó sentir sus efectos en España, de la misma manera que lo haría el de 1744-1745. En la década de los sesenta ya se percibe la transición hacla una fase más fría. Cfr. en 1. Font Tullor, ab, cit p. 99. Respecto de estas dos últimas alusiones conviene tener en cuenta que Le Roy Ladurie, tras analizar y concordar series fenotógicas francesas y curvas termowmé- vicas inglesas, incluye el período 1739-1752 en uno de los tres grupos de años especial. mente fríos en ambos países; 0b. all, p. 86. 35 1. Font Tullot, 03. et., p. 101. 201 Armando álberota Romá Entrando ya en detalles, hay que señalar que el invierno de 1708-1709 fue histórico por su severidad e inclemencia y se tradujo en una pésima cosecha que propició la primera gran crisis europea de la centuria. Existen datos que avalan esta afirmación: el mar Báltico permaneció helado duran- te buena parte de la estación, en Inglaterra fueron muy abundantes las nevadas, en Erancia quedaron destruidos muchos cultivos arbóreos mien- tras que en España el río Ebro se heló a su paso por Tortosa, en Sevilla que- dó registrado como un invierno de los que «jamás se habían conocido»* y en Alicante los defensores ingleses de su castillo, último reducto austracis- ta del reino valenciano hasta la primavera de 1709, hubieron de hacer fre- cuentes salidas durante el invierno, desafiando a sus sitiadores borbónicos, para conseguir leña con la que encender fuego para minorar el frío y ali- mentar las cocinas”. El marqués de San Felipe al referirse en sus Comentarios al invierno de 1709 hace notar que era continuación de otro igualmente duro y riguroso en todo el continente europeo, afirmando con rotundidad: «No tenían los morlales memoria de tal exceso de frío como el de este año; heláronse muchos ríos tan vecinos al mar que formaba margen cl hielo; secáronse por la intenso de él los árboles; (...) no hicieron progreso los sembrados, y se introdujo el hambre en los países más fríos»*, En España esta realidad com- plicaba la situación arrastrada desde años atrás pues la pobre cosecha de 1705 deparó una aún más escasa al año siguiente, el cual parece ser que fue de sequía y escasos rendimientos en todo el sur de Francia y el resto del continente europeo, propiciando que 1708 fuera uno de los «más fatales» padecidos al decir de Zabala y Auñón”. Para Gonzalo Anes la grau crisis agraria de este año acrecentaría los efectos negativos de la guerra, provo- cando notables pérdidas demográficas, incrementando la miseria de los campesinos y la regresión de los cultivos”, Las malas cosechas de 1708, agra- 25 1. Font Tullot, ob. cit, pp. 95 y 99. 275. 1, Maltés y L. López, Hice llustrada, Historia de la muy noble, leal y fidelísima ciudad de Alicante, Década VII, epígrafes 141, 156 y 157. Copia manuscrita de 1889 del original de 1752. Existe impreso editado en 1907 bajo el título de /lice Hustrada. Historia de las anti giiedades, grandezas y prerrogativas de la muy noble y siempre leal ciudad de Alicante y una reciente edición facsímil de la copia manuscrita, con un estudio preliminar de A. Albe- roía y €, Mas, publicada por el Ayuntamiento de Alicante en 1991 dentro de su colección Fuentes Históricas de Alicante. y, Bacallar de Sansa, marqués de San Felipe, Comentarios de la guerra de España e hs. daria de su vey Felipe V, al animoso, Madrid, B.A,E., 1057, p. 167. * Citado por H. Kamen, ob. cil, pp. 421-422, nota 1. * G, Anes Álvarez, ob, al., p. 428. 210 Armando Alberota Rowá El fuerte verano de 1718, que prolongó sus calores hasta el otoño, mar- ca como ya indiqué el inicio de un período climático cálido que afectaría muy negativamente a algunas áreas peninsulares y imalograría sucesivas cosechas”, Ya en Andalucía, tras el frío invierno de 1718-1719 que quemó una importante porción de olivar, se había padecido una primavera tan seca que la cosecha de grano resultó muy magra, disparando el precio del trigo y obligando a traerlo de Castilla, En tierras valencianas la sequía se erigió en protagonista durante la déca- da de los veinte. Las lógicas dificultades derivadas de esta adversa meteoro- logía se incrementaron sobremanera como consecuencia de las medidas sanitarias adoptadas para hacer frente al último embate de la peste en el continente europeo conocida coma «peste de Marsella», Éstas condiciona- ron desde 1720 el abastecimiento de trigo marítimo y perturbaron los inter- cambios comerciales, al hiinitar considerablemente el tránsito de buques y mercancías, Así, la ciudad de Alicante contempló impotente en el otoño de ese año cómo barcos franceses e ingleses procedentes de Terranova carga- dos de bacalao y salazón no pudieron atracar en su puerto, Estos productos constituían parte Fundamental del floreciente comercio alicantino puesto que erax redistribuidos hacia el interior peninsular, de ahí que resultaran frecuentes las peticiones para que se relajaran las disposiciones sanitarias. Y es que la electividad, desde el punto de vista médico, de estas medidas no encubre las dificultades que padeció el abasto de la ciudad, ni suaviza las pérdidas padecidas en un momento de delicada coyuntura al resentirse sobremanera los intercambios con la Meseta”. En Valencia los efectos de las medidas sanitarias fueron similares a los observados en Alicante viéndose el comercio afectado y resultando harto compleja la introducción de trigo por vía marítima, En última instancia, las malas cosechas del año 1722 conui- buyeron a que se inerementaran los precios del cereal*, Éstos experimenta- ron, entre 1725 y 1730, una nueva subida motivada por los efectos de la 3% Le Roy Ladurie destaca los veranos de 1717 y 1718 como los «más cálidos y secos del siglo XVIH», ab. cit, p. 80. Asimismo hace notar el avance de los glaciares en el nor te y centro de Europa entre 1716 y 1719, verificable ante la gran cantidad de procesio- nes y rogativas que tuvieron lugar para impetrar su retirada, ob. cit,, pp. 260-261 % A, Domínguez Ortiz, Sociedad y Estado en el XVIH español, p. 405. * E, Giménez López, «Alicante ante la peste de 172», en Canelobre, d (verano, 1985), pp. 98-104. JM. Palop Ramos, Hambre y tucha antifeudal, pp. 79:80, Respecto de las medidas tomadas en Valencia para hacer frente a la peste de Marsella, ver M. Peset Reig y P. Man- cebo Alonso, «Valencia y la peste de Marsella de 1720», en / Congreso de Historia del País Valenciano, Valencia, 1976, volumen IL, pp. 567.577. 24 Oscilaciones climáticas y coyuntura agricola en tierras valencianas. sequía y las dificultades que debió superar el trigo ultramarino para arribar a tierras valencianas, como consecuencia de las limitaciones al tráfico marí- timo ocasionadas por los focos epidémicos del Mediterráneo. La guerra con Inglaterra acentuó algo más la crisis puesto que, aparte de interferir el nor- mal tráfico comercial, obligó a emplear en ella recursos económicos que habitualmente se dedicaban a la compra de grano. Como comentaba líneas atrás, las cosechas de trigo, arroz, maíz y ceba- da del año 1722 fueron tan escasas en el reino, a cansa de la sequía, que no bastaron «para el consumo de los pueblos que la han tenido por ser muy corta»”. Incluso la de adaza, tradicionalmente empleada como sustituta de la de trigo y cebada, no llegó a germinar por la falta de agua. Una pesqui- sa llevada a cabo por la Intendencia entre labradores y comerciantes de gra- no confirmó el desastre que impidió surtir el almacén municipal de Valen- cia durante los mescs de julio y agosto, como era habitual. En 1725 la extrema sequía padecida en la gobernación de Alcoy alarmó a los miembros del cabildo ciudadano, quienes, ante la certeza de ina más que exigua cosecha y la comprobación de que no quedaban reservas de tri- go, adoptaron en mayo la decisión de iniciar rogativas en demanda de llu- vías. Tras persistir durante todo el verano, sin éxito alguno, se renovaron durante parte del otoño y concluyeron en una procesión general el once de noviembre, A mediados del siguiente mes llovería por fin, organizándose por este molivo un solemne Te Deun*. De igual modo, la acusada falta de precipitaciones en la ciudad de Ali- cante y su término propició la celebración de rogativas desde el comienzo de la década de los veinte". Consideraba el cabildo municipal que el recur- so a la reliquia de la Santa Faz, custodiada en el monasterio de idéntico % Archivo del Reino de Valencia (ARV), Bailía-hnsendencia, n* 3048, cfr. en |. M. Palop Ramos, Hambre y lucha antifeudal, pp. 79-80, nota 11. 423. Berenguer Barceló, Historia de Alcoy. Recopilación de documentos, testimonios, datos y noticias, Alcoy, 1977, volumen 1, p. 443, *' He documentado rogativas en los años 172] (dos), 1722, 1723 (dos), 1725 (dos), 1726 (tres) y 1730 en las correspondientes actas de Cabildos custodiadas en el Archivo Municipal de Alicante (armario 9, libros 11, 12, 13, 15, 16 y 20). Las rogativas constitu- yen, en sí mismas, una manifestación de religiosidad popular pero, además, se erigen en fuente documental de inestimable valor a la hora de analizar los períodos de crisis agra- rias y las situaciones provocadas por desastres de índole natural. Obviamente no es este el logar ni el momento para entrar de llena en un tema tan sugerente y pleno de mati- ces, pero en Irabajos en curso ya efectúo aproximaciones a este fenómeno que, de todos modos y vinculado en ocasiones a prácticas exorcistas y otros rituales, ya he tratado some- tamente en Catástrofe, economía y acción política, fandamentalmente pp. 155-173 y 225 2113 Oscilaciones climáticas y coyuntura agrícola en tierras valencianas... zarse a lugares muy alejados para efectuar las moliendas cuando Hegaba algo de cereal”. Una idea del carácter generalizado y pertinaz de la seguía nos lo puede dar la celebración de rogativas ad petendam pluvia en el invierno de 1726 tanto en Orihuela“, en los confines meridionales del País Valenciano, como en la localidad mucho más septentrional de Segorbe", De todos modos, y aunque se viviera en un estado de permanente sequía por estos años, ello no excluía la posibilidad de fuertes chubascos en los meses equinocciales de efectos desastrosos, en la mayoría de las ocasiones, tanto para los carm- pos como para los inmuebles urbanos*. Un ejemplo paradigmático de ello lo encontramos en Orihuela que, pese a la continua sequía que padeció durante esos años, no escapó a las inundaciones del río Segura que, de manera sistemática e irremediable, sc presentaban en los meses otoñales. En el año 1723, tras largos meses de sequía, hambre y fiebres, la iluvía hizo acto de presencia en el mes de julio después de innumerables rogativas, desbordando el río por dos veces en la primera quincena de octubre. Al año siguiente habría otro desborda miento en este mismo mes. Nuevas inundaciones que no llegaron a alcan- ara la totalidad de la vega oriolana tuvieron lugar en 1726 y 1727, mot» vando la realización de rogativas encaminadas a aplacar los témporales de lluvia”, Mayor importancia parece ser que alcanzó la crecida de finales del mes de octubre de 1728, y a cuyos efectos se unieron los causados por un terremoto que se dejó sentir en la propia Orihuela, Murcia, Rojales, Dolores, Guardamar y el Cabo Cervera. A finales de esta década parece ser que hubo proliferación de notables aguaceros en el Levante peninsu- % A. Alberola Romá, El pantano de Tibi y el sistema de riegos en la Huerta de Alicante, Ali- cante, 1994, 2 edición corregida y aumentada, pp. 91-95, * JA, Ramos Vidal, Demografía, economía y sociedad en la comarca del Bajo Segura duran- te el siglo XVI1Z, Oribueta, 1980, p. 15, * ], Tena Meliá La Blanca Paloma de Altura. Valencia, 1984, p. 50; citada por A. Ariño Villarroya, Temes d'etnografía valenciana. Vol. TY. Festes, rituals i crecnces, Valencia, IVEI, 1988, p. 291, nota 274. 1% En el resto de la geografía peninsular, contrastando con esta situación imperante en tierras valencianas, hay documentadas lluvias torrenciales, de carácter local aunque de tremendos efectos, en Madrid (1723), Segovia (1725) y en toda la Meseta norte, muy negativas éstas para la agricultura y que mouvaron rogativas pro seyenitate en Zamora; cf. en 1. Font Fullot, ob. cát., pp. 101-102. %]. A. Ramos Vidal, ob. cif, p. 15. CACH Armando Alberola Romá lar, destacando por su intensidad el que descargó sobre Utiel el 24 de abril de 1728”. LA DÉCADA DE LOS TREINTA: MALAS COSECHAS, CRISIS Y PROBLEMAS DE ABASTECIMIENTO Los años treinta ofrecieron mayores contratiempos, sobre todo en su porción central. Aunque la sequía solía ser la principal causa de pérdida de las cosechras, mo quiere ello indicar que fuera la única, Heladas, pedrisco o un exceso de lluvias con la consiguiente riada o inundación podían dar al traste con las producciones agrícolas del año en cuestión e, incluso, condi- cionar las de los siguientes en función del grado de deterioro del suelo, Valencia conoció una tremenda inundación a partir de las tres de la tar- de del día 16 de septiembre de 1731, subiendo el caudal del Turia de tal modo que llegó a cubrir los pretiles de los puentes y anegó prácticamente la ciudad, provocando importantes pérdidas y causando grandes estragos en Aldaia, Alaquás y el barranco de Torrent”. Desde la Capitanía General se decretó el rezo de rogativas, exponiéndose el Santísimo en un altar ins- talado en un balcón del propio palacio. Esta gran inuudación arrasó las tierras de labor y destruyó la práctica totalidad de las vides —su principal riqueza— y el arbolado del lugar de Torrent. Los daños, según tasación judicial, ascendieron a 21.841 libras al haberse perdido íntegramente la cosecha de vino de ese año y no poderse «sembrar los granos en las tierras dispuestas por haver quedado desustan- ciadas»*, Al decir de los vecinos este desastre suponía no poder hacer fren- te al pago de las 5.400 libras que les correspondía de cupo del equivalente para el año 1732 ni, por supuesto, al de los réditos anuales de los censos con que estaba cargado el lugar, cuyo capital principal superaba Jas 19.700 libras. La solicitud elevada a Felipe Y de dispensa de sus tributos por espa- cio de seis años para poder recuperarse de la desgracia «y volver a contri- buir con mas aliento en quanto sea del servicio de V.Mgd.» motivó un % Los naturales del lugar bautizaron a 1728 como el «año de) diluvio», cfr. en L Font Fullot, ob. cit, p. 102. 5 Y, Boix y Ricarte, Historia de la ciudad y réino de Valencia, Valencia, 1845. J. B, Pera- les, Décadas de la historia de la insigne y coronada ciuda y reino de Valencia, Continuación de las Décaitas que escribió el licenciado y vector Gaspar Escolano, Valencia-Madrid, Terraza, Alie- na y Compañía Editores, 1880. Libro IV, capítulo VII, pp. 916917, 3% AGS, 55H, legajo 576, El lugar de Torrent en el reyno de Valencia, s.E. 216 Armando Alberola Romá El 5 de julio de 1735 los términos municipales de Lliria, Chelva, Montcada y Follos sufrieron «el mayor travajo que jamás vieron los nacidos en él a causa de una nube de piedra tan cruel que en pocas horas le taló y arruinó toda la huerta y término»*, El memorial elevado al efecto por Lliria describe muy grá- ficamente los efectos del tremendo pedrisco al indicar que dejó el campo «tan árido y seco como pudiera estarlo en el mes de enero»”, perdiéndose la tota- lidad de tas cosechas de vino, maíz, aceite y algarrobas, sin contar el lamenta- ble estado en que quedó el arbolado. La pesquisa llevada a cabo por la Inten- dencia confirmó la gravedad de los hechos y valoró en 19.000 libras los daños por la pérdida de las cosechas. Igualmente estimó en 14.500 libras lo que deja- rían de producir determinados cultivos en años venideros”. En la primavera de 1736 el Turia conoció otra crecida al comenzara llo- ver intensamente el nueve de abril y no parar durante diez jornadas. Ello provocó el desbordamiento del río el día quince aunque, a diferencia de cinco años atrás, no hubo que lamentar pérdidas, excepción hecha en la zona de Monte Olivete*. En contraste con esta situación, en Alicante y Orihuela persistía la sequía, Las actas del cabildo alicantino ponen de mané- fiesto la esterilidad que ofrecían los campos ante la reiterada ausencia de Muvias. Los años 1730, 1737 y 1739 recogen resoluciones para que se lleven a cabo rogativas, trayendo a la iglesia colegial de la ciudad la reliquia de la Santa Faz al objeto de conjurar la aridez imperante”. La preocupación de los responsables municipales es ostensible, sobre todo, en el año 1737, De febrero a marzo se trató en tres cabildos la cuestión, acordándose en pri mera instancia la celebración de rogativas privadas en las iglesias de la ciu- dad y, caso de que éslas no dieran el fruto apetecido, se pasara de inme- diato a las de carácter público. Por las mismas fechas, y pese a la pertinaz sequía, tuvieron lugar en Orihuela rogativas a la Virgen de Monserrate tras el impresionante tempo- ral que azotó la ciudad a primeros de junio de 1731%, Es una prueba más 3 AGS, SSI, legajo 576, Memorial de la villa de Lliria, del reyna de Valencia, * Ibidem. % AGS, SSH, legajo 576, Informe de Miguel Calvo, escribano del rey de la intendencia Geng- ral de este reyno, 28-8-1735, %J. B. Perales, ob. cit, libro TV, capítulo VII, p. 917. Esta inundación no la recoge Font Tullot en su 9%. cit. pp. 104 y 105, aludiendo únicamente a la de septiembre de 1731. '% AMA, Cabildas, armario 9, libro 20, fol. 46y (Cabildo de 4-3-1730); libro 27, fol, 9 (Cabildo de 1-2-1737), fol. 44 (Cabildo de 6-4-1737), fol. 46 (Cabildo de 8-4-1737); Libro 33, fol, 29 (Cabildo de 9-3-1739). % JA. Ramos Vidal, ab. dit,, p. 16, 218 Oscilacianes elimáticas y coyuntura agricola en tierras valencianas... de los contrastes que ofrece el clima valenciano y que provocaría el des- bordamiento del río Segura a mediados del mes de sepúuembre y una tre- menda riada que ocasionó numerosas víctimas y acabó con todas las cosc- chas. Sin embargo la mayor crecida del río tendría lugar, también en septiembre, al año siguiente. Tras inundar la ciudad el agua alcanzó una altura de más de catorce palmos sobre las tierras de la huerta. $e perdieron las cosechas, todos los animales de granja y labor así como las vidas de quie- nes no pudieron subirse a los árboles. De inmediato se desarrollaron con toda solemnidad procesiones portando la imagen de la Virgen de Monse- rrate para demandar la templanza de las fuerzas de la naturaleza”, En el año 1786 copiosas lluvias primaverales propiciaron, entre los días 20 y 25 de abril, el crecimiento espectacular del río Segura que convirtió en un amplio mar los dominios de la ciudad y su huerta. Mientras que en el casco urbano no quedó edificio en el que no penetrara el agua, las aguas alcanzaron tal altura en la vega que llegaron a cubrir los árboles y destruyeron todas las barracas; situación que, sin alcanzar tintes tan dramáticos, se repetiría en el mes de septiembre”. Hasta el final de la década la sequía se erigió en prota- gonista —aunque con esporádicos desbordamientos del río—, motivando la continua celebración de rogativas y procesiones impetrando lluvias. Los efectos de las malas cosechas de los años 1734 y 1735, generalizables a todo el país fundamentalmente las del primero, se tradujeron en Valen- cia en lá imposibilidad de que llegara grano procedente del iriterior penin- sular o del cercano archipiélago balear e, incluso, de qué púdiera circular libremente éste emire las propias comarcas valencianas como sucedió en Vinaroz, que se opuso a que desde su puerto se embarcara el trigo que la ciudad de Valencia había comprado para su sustento en Morel) El precio de éste se incrementó sobremanera en Alicante ante la mala cosecha de 1734, aunque se mantuvo dentro de unos límites asumibles”. Ello no impidió que las autoridades hicieran uso del drástico recurso de requisar los cargamentos de grano portados por embarcaciones francesas e inglesas surtas en el puerto, pese a las quejas que sus capitanes elevaron a sus respectivos representantes comerciales, El Consejo de Castilla*, a ins- * Ibidem, p. 16. % Estas riadas del Segura a su paso por Orihuela no le merecen a Font Tullot el cali- licativo de «catastróficas» pese a lo que revelan las fuentes documentales, eds cit, p. 105, $ ]. M. Palop Ramos, Hambre y lucha antifeudal, p. 83. *% A. Alherola Rowá, Jurisdicción y propiedad de la tierra en Alicante, p. 261. % AMA, Cabildos, armario 9, libro 24, fal, J5%w. 217