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Resumen capítulo 2 del libro "Cognición Social" (Blanco, Horcajo, Sánchez, 2017).
Tipo: Resúmenes
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Inés Ruiz Cognición social Prof. Flor Sánchez Curso 2018-
1. La importancia de las presentaciones
La percepción de personas es un proceso cognitivo que nos permite tomar conciencia de la presencia y existencia de los otros de la misma manera que ellos la tienen de nosotros. La formación de impresiones empieza por las presentaciones que las personas hacen de sí mismas ante los demás (autopresentaciones conscientes e intencionales). Estas presentaciones se aproximan a la imagen o identidad ideal, a la que nos gustarían que compartiesen los demás sobre nosotros mismos, aportando los datos más relevantes de nuestra persona. Con muy poca información se puede construir una imagen global de una persona concreta, momento en el que finalizará el proceso de formación de impresiones. Las impresiones y evaluaciones de los otros pueden estar influidas por las características o atributos específicos de la persona, o por las categorías sociales a las que pertenece. Detrás de las impresiones y juicios sobre las personas suele haber respuestas, acciones. Las impresiones, juicios y valoraciones que intentamos hacer llegar a los demás son un asunto de vital importancia: somos el resultado de estas impresiones.
Primeras impresiones Son importantes, puesto que están asociadas a la primera vez que vimos a alguien, que lo escuchamos o hablaron de él. Reflejan sensaciones, emociones o sentimientos, pero no siempre garantizan juicios precisos. Suponen un punto de anclaje a los juicios que posteriormente se harán sobre la persona. Las primeras impresiones son importantes, pero también lo es el contexto social en el que aparecen y se desarrollan los juicios posteriores.
2. Las impresiones y los modelos de formación de impresiones
La impresión se corresponde con un proceso de inferencia en el que, a partir de características externas y observables el perceptor deduce características no observables en un contexto social. Ello permite realizar predicciones sobre la persona percibida. Inferencias, juicios, sentimientos y acciones son componentes principales de las impresiones. Existen dos procesos complementarios de formación de impresiones o teorías implícitas de la personalidad: individualización (esquemas sobre personas concretas de acuerdo con la percepción de rasgos y características individuales) y categorización (esquemas formados atendiendo a la pertenencia grupal o categorial).
2.1.Modelo de configuración o gestáltico (Asch) Asch mantiene que tendemos a formarnos una impresión única, global e integrada de la persona, como consecuencia de haber captado (o creído hacerlo) su singularidad. La impresión global es la percepción de una forma particular de relación entre los rasgos que descubre la esencia de la persona, tanto rasgos centrales como periféricos. Sin embargo, son los rasgos centrales los que organizan y acaban por definir la configuración y significado del resto de la información. Ambos tipos de rasgos se definen en base al contexto ( “La centralidad no es una propiedad que tengan ciertos rasgos, sino más bien una función de la inferencia que se hace de las relaciones entre un conjunto de rasgos” ). Las impresiones no se pueden predecir de antemano porque se viven en el momento en que ocurren.
2.2.Modelos de combinación lineal (Anderson) Según Anderson, las impresiones se construirían pieza a pieza, rasgo a rasgo. Cada rasgo está definido por un valor (valencia de los atributos individuales) y un peso (importancia psicológica de cada atributo). Este autor definió tres modelos de formación de impresiones: el modelo de suma, de promedio, y de media ponderada.
Modelo de suma La impresión es igual a la suma de los valores de cada uno de los rasgos personales que definen a la persona.
Modelo de promedio La impresión es el resultado de sumar el valor de cada uno de los rasgos y dividirlo por el número total de rasgos. Los aspectos negativos también cuentan en los juicios y valoraciones que hacemos de los otros.
Modelo de media ponderada El valor de los rasgos puede variar en función del contexto social en el que se desarrollan las impresiones. Así, no sólo se tiene en cuenta la intensidad del atributo, sino también la importancia psicológica que el perceptor atribuye al rasgo. Además, se tiene en cuenta el valor que el individuo aporta a las primeras impresiones.
2.3.Modelo continuo de formación de impresiones (Fiske y Neuberg) La formación de impresiones se mueve en un continuo entre la categorización y el análisis de integración pieza a pieza de atributos. El resultado final de este proceso estará más o menos cerca de una impresión basada en alguna categoría,y con ello probablemente se apoyará en estereotipos y prejuicios (vía rápida y menos exigente cognitivamente: juicios de acción), o más o menos cerca de una impresión más individualizada donde las características particulares adquieren mayor importancia (juicios de diagnóstico). Estudios demuestran que la formación de impresiones basadas en esquemas categoriales tiene prioridad sobre los procesos basados en atributos personales. En el transcurso de nuestra vida cotidiana, nos formamos impresiones de manera directa y espontánea sobre otras personas. La intuición se corresponde con las impresiones rápidas o espontáneas, y el razonamiento con los juicios elaborados.
Es decir, los experimentos muestran un marcado sesgo disposicional que podría tener algún valor funcional: aparecen predicciones de mucha trascendencia y escasa precisión. “La percepción de la cara es holística y no reducible a características particulares”. “La cara de una persona puede llevar a diferentes impresiones en función del contexto en que se presenta”. “La impresión general de una persona no es factor añadido a los rasgos particulares, sino más bien la percepción de una forma particular de relación entre los rasgos en un contexto determinado”.
3. Impresiones, juicios y emociones
Existe una contundente evidencia empírica y teórica sobre la relevancia del papel del afecto (emociones* y estados de ánimo**) sobre la cognición en distintos ámbitos de la vida cotidiana. *Emociones: respuestas afectivas intensas de corta duración con las que se responde a la conducta de otras personas o a las circunstancias de una situación. **Estados de ánimo: respuestas afectivas de baja intensidad y que pueden no tener un estímulo antecedente muy definido.
3.1.Modelo de infusión afectiva (MIA) El modelo de infusión afectiva propone cuatro estrategias de elaboración de la información que pueden condicionar el impacto de los afectos sobre los juicios que se realicen: acceso directo, procesamiento motivado, estrategia heurística de procesamiento, y estrategia deliberada o sustantiva de procesamiento.
4. Control y manejo de impresiones
Casi todos tenemos la necesidad de que los demás nos perciban de manera positivas y se formen (primeras) impresiones favorables de nosotros y construyan juicios congruentes con las mismas que
permitan proseguir con las relaciones y desarrollan una identidad positiva. Así, el manejo de impresiones consiste en crear intencionadamente mediante nuestra conducta verbal y no verbal una imagen o identidad desaseada para influir sobre la percepción de otras personas. Metafóricamente, el sujeto es actor, y emplea una máscara ante la audiencia, los perceptores. Se trata de una dinámica interactiva, donde tanto el sujeto como el perceptor juegan un papel activo. La formación de impresiones es un intercambio de información y de percepciones entre dos o más personas que discurre dentro de un contexto social, así, las acciones y reacciones ( feedback) de ambos son interdependientes. En este proceso podrían actuar como factores moderadores variables relacionadas con la situación (normas sociales explícitas o implícitas) o con características personales de los actores, como el self-monitoring (regulación de la conducta social) o las competencias para la expresión y regulación de las emociones que expresan actores y observadores.
4.1. El actor y sus máscaras En la vida cotidiana, las impresiones que nos formamos pueden ser automáticas o deliberadas. Debido a nuestra ToM, aprendemos enseguida a formarnos impresiones, y también que los demás se las forman de nosotros. Sabemos que las impresiones tienen consecuencias, y por ello, manejamos la conducta verbal y no verbal para transmitir la imagen que más nos interesa dar de nosotros mismos en cada situación, desde las representaciones, esquemas y categorías. Para ello, existen tácticas de manejo de impresiones o conductas específicas utilizadas para influir las percepciones de los otros en una dirección determinada. El uso de cada táctica depende del tipo de imagen que se pretenda transmitir (asertiva o defensiva) y la función y el momento en que interese comunicar esa imagen (táctica o estratégica). Las tácticas asertivas son de naturaleza más proactiva en busca de una imagen positiva, mientras que las defensivas se anticipan a la posibilidad de atribución de rasgos negativos. Con respecto al carácter temporal de las metas, encontramos las autopresentaciones tácticas (impresiones específicas a corto plazo) y estratégicas (impresiones más generales a medio plazo). La aplicación eficaz de estas tácticas se corresponde con un manejo adecuado y exitoso de las impresiones, y recibe un feedback positivo (1. Me muestro convincente. 2. Parece convencido. 3.He estado convincente. 4.Estoy satisfecho). Para la correcta aplicación existen diversos factores, entre los que encontramos la necesidad de ser comedida la autopromoción; de aplicar un congraciamento moderado; mostrar excusas, disculpas y justificaciones (que el perceptor atribuirá a causas externas); asumir posibles fracasos (aunque puede caer en una imagen de falta de control)... Por último, cabe mencionar que las expresiones emocionales (voluntarias o involuntarias), por sí mismas o como complemento de la conducta verbal, son indicadores críticos cuando se aplican tácticas para el manejo de impresiones. Actúan potenciando los efectos de la conducta verbal o empeorándolos (ej. situaciones incongruentes que generan desconfianza en la credibilidad del actor).
4.2. El observador siempre va más allá El actor tendrá un indicador o medida del éxito de su autopresentación en la respuesta final y en el feedback que aporte el observador. Dicha respuesta (esperada o inesperada) estará asociada a la reacción emocional del perceptor y a las inferencias y juicios (automáticos o elaborados) a partir de su interpretación.
Fracaso en el manejo de impresiones: percepción de mentira y pérdida de confianza Las autopresentaciones requieren la convicción y la implicación del actor, además de un uso efectivo de las tácticas de manejo de impresiones para conseguir sus fines. Por ejemplo, es clave el alineamiento entre la conducta verbal y la no verbal. En estos casos, se generan incoherencias que se advierten como incompetencias para transmitir una determinada impresión o por su falta de credibilidad (las personas mienten). Los observadores detectan de manera más o menos automática indicadores de mentira: el cuerpo puede “filtrar” información que el actor no muestra en su cara, ni en su discurso. La cara muestra pocos indicadores de mentira. Sin embargo, estas detecciones pueden no ser acertadas, si se centran en indicadores prototípicos de mentira, como puede ser la evitación de la mirada (que podría deberse por timidez). Así, el índice de precisión en la detección de la mentira no supera lo que podría obtenerse por azar. En muchas ocasiones, sólo se puede demostrar la falsedad mediante datos empíricos externos (ej. Alguien se presenta como médico pero no se encuentra entre los colegiados). Sin embargo, sea acertada o no la detección de la mentira, ésta genera una respuesta en el perceptor (generalmente ira o tristeza) que empeora las relaciones personales al disminuir la confianza en el actor, especialmente si éste obtenía algún beneficio con la mentira.