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Comentario comparado Freda, Ejercicios de Cultura Greco-latina

Comentario comparado Freda - Grecolatina I

Tipo: Ejercicios

2019/2020

Subido el 13/01/2020

Ana.Namo
Ana.Namo 🇪🇸

5

(2)

18 documentos

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El mito de Fedra aborda un tema universal de una naturaleza imposiblemente trágica: el
amor imposible de una madrastra por el hijo de su marido. Si lo que caracteriza a la tragedia
es precisamente la certeza de que sabemos que nada va a salir bien, este amor está
condenado desde el principio por su naturaleza misma. La rotunda imposibilidad de este
amor conlleva una tragedia irresistible que ha sido recreada a lo largo de los siglos por
diferentes autores de una y otra talla. Séneca y Miguel de Unamuno son dos de los más
relevantes.
La tragedia de Séneca es un clásico de manual: Fedra, hija de Pasífae (en algunas
versiones su hermana) desciende del Sol, que fue condenado junto con toda su estirpe por
Venus cuando reveló el adulterio que ésta estaba cometiendo con Marte. En la versión de
Séneca, Fedra es absolutamente consciente de la maldición que pesa sobre su familia y del
adulterio que cometió su madre, Pasífae, dando luz al Minotauro. Casa con Teseo, en
palabras de Séneca, hostique nuptam, una acción a la que no da más explicación más allá
de esa frase, pero que podría explicarse como un modo de acabar con la rivalidad entre los
atenienses y los cretenses. Recordemos que Teseo ha matado al Minotauro, ha raptado a
Ariadna (hermana de Fedra) y la ha abandonado en la isla de Día/Naxos. A diferencia de
Pedro, el amable marido de la Fedra de Unamuno, Teseo se nos presenta como ausente y
libertino, una actitud que Fedra critica al comienzo de la obra. Frente a Teseo, a ojos de
Fedra, está Hipólito, el hijo de su marido, del que está perdidamente enamorada. Esta
pasión imposible es el motivo central de esta obra y de todas sus versiones posteriores, y el
que provocará la muerte de Hipólito, que, en su afán de castidad, rehúye a las mujeres. En
este motivo amoroso encontramos dos subtemas: el de la mujer que seduce al hombre,
presente también en muchas heroínas mitológicas como Venus en sus relaciones con
Adonis o Anquises, o Antea, esposa de Preto y enamorada de Belerofonte; y el de
madrastra enamorada de hijastro, que podemos encontrar en otros mitos , como sucede
con Demócide, madrastra de Frixo, Filónome, madrastra de Tenes, o Damasipe, madrastra
de Hebro.
Como consecuencia de su amor no correspondido, Fedra calumnia a Hipólito ante su padre.
Lo hace mediante una carta en la mayoría de las versiones, aunque tanto Séneca como
Unamuno eligen que lo haga oralmente y nunca se menciona una epístola. En Séneca, la
tragedia ocurre cuando Teseo, llevado por el deseo de venganza hacia el supuesto ultraje
de su hijo, le pide a Neptuno (del que es hijo) que mate a Hipólito. Séneca elige entonces
narrar la muerte del joven a través de un mensajero, al modo de Eurípides, y se centra en
su heroismo ante la muerte, utilizando una descripción altamente pictórica. Esta muerte
nunca sucede en Unamuno, que deja vivo a Hipólito para permitir la reconciliación de este
con su padre y la redención de Fedra, que al morir es perdonada, como no ocurre con
Séneca. En la obra de Séneca, Fedra se muestra indecisa ante su propio suicidio, y acaba
utilizando una espada en una escena en la que resalta la fuerte personalidad del autor en
contra de los cánones (en la mayoría de las versiones Fedra elige ahorcarse) y su
búsqueda de efectismos teatrales no trillados. Cuando Teseo descubre entonces la verdad,
llora a su hijo, cuyos restos deformes son descritos con una brillante crudeza, y maldice a
Fedra, ya muerta.
En su versión, Unamuno nos presenta una Fedra muy humana, una mujer joven casada con
un amable viudo mayor que ella, Pedro, que tiene un hijo joven llamado Hipólito. También
hay una nodriza, como en la obra de Séneca, e introduce un nuevo personaje en la figura
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El mito de Fedra aborda un tema universal de una naturaleza imposiblemente trágica: el amor imposible de una madrastra por el hijo de su marido. Si lo que caracteriza a la tragedia es precisamente la certeza de que sabemos que nada va a salir bien, este amor está condenado desde el principio por su naturaleza misma. La rotunda imposibilidad de este amor conlleva una tragedia irresistible que ha sido recreada a lo largo de los siglos por diferentes autores de una y otra talla. Séneca y Miguel de Unamuno son dos de los más relevantes. La tragedia de Séneca es un clásico de manual: Fedra, hija de Pasífae (en algunas versiones su hermana) desciende del Sol, que fue condenado junto con toda su estirpe por Venus cuando reveló el adulterio que ésta estaba cometiendo con Marte. En la versión de Séneca, Fedra es absolutamente consciente de la maldición que pesa sobre su familia y del adulterio que cometió su madre, Pasífae, dando luz al Minotauro. Casa con Teseo, en palabras de Séneca, hostique nuptam , una acción a la que no da más explicación más allá de esa frase, pero que podría explicarse como un modo de acabar con la rivalidad entre los atenienses y los cretenses. Recordemos que Teseo ha matado al Minotauro, ha raptado a Ariadna (hermana de Fedra) y la ha abandonado en la isla de Día/Naxos. A diferencia de Pedro, el amable marido de la Fedra de Unamuno, Teseo se nos presenta como ausente y libertino, una actitud que Fedra critica al comienzo de la obra. Frente a Teseo, a ojos de Fedra, está Hipólito, el hijo de su marido, del que está perdidamente enamorada. Esta pasión imposible es el motivo central de esta obra y de todas sus versiones posteriores, y el que provocará la muerte de Hipólito, que, en su afán de castidad, rehúye a las mujeres. En este motivo amoroso encontramos dos subtemas: el de la mujer que seduce al hombre, presente también en muchas heroínas mitológicas como Venus en sus relaciones con Adonis o Anquises, o Antea, esposa de Preto y enamorada de Belerofonte; y el de madrastra enamorada de hijastro, que podemos encontrar en otros mitos , como sucede con Demócide, madrastra de Frixo, Filónome, madrastra de Tenes, o Damasipe, madrastra de Hebro. Como consecuencia de su amor no correspondido, Fedra calumnia a Hipólito ante su padre. Lo hace mediante una carta en la mayoría de las versiones, aunque tanto Séneca como Unamuno eligen que lo haga oralmente y nunca se menciona una epístola. En Séneca, la tragedia ocurre cuando Teseo, llevado por el deseo de venganza hacia el supuesto ultraje de su hijo, le pide a Neptuno (del que es hijo) que mate a Hipólito. Séneca elige entonces narrar la muerte del joven a través de un mensajero, al modo de Eurípides, y se centra en su heroismo ante la muerte, utilizando una descripción altamente pictórica. Esta muerte nunca sucede en Unamuno, que deja vivo a Hipólito para permitir la reconciliación de este con su padre y la redención de Fedra, que al morir es perdonada, como no ocurre con Séneca. En la obra de Séneca, Fedra se muestra indecisa ante su propio suicidio, y acaba utilizando una espada en una escena en la que resalta la fuerte personalidad del autor en contra de los cánones (en la mayoría de las versiones Fedra elige ahorcarse) y su búsqueda de efectismos teatrales no trillados. Cuando Teseo descubre entonces la verdad, llora a su hijo, cuyos restos deformes son descritos con una brillante crudeza, y maldice a Fedra, ya muerta. En su versión, Unamuno nos presenta una Fedra muy humana, una mujer joven casada con un amable viudo mayor que ella, Pedro, que tiene un hijo joven llamado Hipólito. También hay una nodriza, como en la obra de Séneca, e introduce un nuevo personaje en la figura

del médico, que se ha llegado especular que podría ser la conciencia de Fedra, ya que conoce desde el principio sus intenciones y le advierte contra sus consecuencias. Hipólito es un joven sencillo y honorable, que disfruta de la caza, como el de la versión de Séneca, y también rehúye a las mujeres. Fedra se encuentra consumida con el amor, y también busca el consejo de su nodriza, aunque ignora la suerte que sufrió su madre, un guiño a la Pasífae clásica, que podemos adivinar por los comentarios de la nodriza. Tras calumniar a Hipólito ante Pedro, Fedra se suicida ingiriendo pastillas, padre e hijo se reconcilian y Fedra queda redimida gracias a su propio sacrificio en un final muy distinto al ofrecido por Séneca. En ambas obras puede observarse un gran paralelismo que reside en el núcleo del argumento de las mismas, y a la vez grandes diferencias respecto a su desarrollo. El texto que Séneca nos ofrece es una versión latina del Hipólito Velado de Eurípides, y muchas veces ha sido tachado, de hecho, de ser un mero calco de esta obra. Sin embargo la versión de Séneca tiene su propia fuerza, que subyace en su espíritu romano, y en una Fedra más vivaz y decidida que la que nos presenta Eurípides. Es un clásico latino situado en la Grecia Antigua, con personajes y referencias griegas. Utiliza el coro como elemento decorativo e introduce ese toque macabro y patético que tanto gustaba a los romanos en la tragedia. Nos presenta un tema mítico con ciertos componentes filosóficos, que analiza las pasiones y conflictos del individuo con un gran gusto por la retórica y los monólogos. Miguel de Unamuno publicó su propia versión de Fedra en 1919. Se trata de una tragedia sin ornamentación, un drama al desnudo que busca crear un sentimiento atemporal que haga la obra absolutamente creíble. Para ello se basa en la obra de Séneca, dándole un desarrollo diferente, aproximando el mito antiguo a la realidad actual y buscando que el hombre moderno se identifique con el antiguo. Para ello decide prescindir del coro clásico, de cualquier elemento ornamental que pueda ser un marcador temporal, y nos presenta una familia cualquiera en un pueblo cualquiera, poniendo esta famosísima tragedia a la altura del público de a pie.