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Comentario de texto sobre la Orden de Caballería (Ramón LLull) para entregar el día del examen
Tipo: Ejercicios
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Para la tarea de elaborar un comentario a partir de un fragmento de texto cedido por el profesor, he decidido escoger el documento 18 sobre la ceremonia de investidura de armas según Ramón Llull (extraído de su obra Libro de la Orden de Caballería ), por parecerme un tema interesante y ameno para trabajar en él. El texto se inscribe en una tipología histórica (por tratarse de una obra concebida en una época distinta a la actual, que nos sirve para acercarnos en cierta medida a la realidad existente en la misma), didáctica (por ser su principal objetivo enseñar a la sociedad la forma correcta en la que se debe nombrar a un caballero) y, también de manera menos relevante, propagandística (existe un ligero trasfondo de convencer de la importancia y el prestigio social que acompaña a la institución caballeresca).
El tema principal de este fragmento aparece perfectamente reflejado ya en la primera línea: los pasos concretos que se deben seguir para que, un escudero, pueda recibir el título de caballero y entrar así, en la distinguida Orden de Caballería. Uno de los primeros trata de que, el escudero que desea ser nombrado caballero, tiene que limpiarse completamente de los pecados cometidos con anterioridad mediante la confesión, ya que, es a Dios a quien va a servir al introducirse en la Orden, tomando posteriormente la comunión de forma debida. Un segundo punto, recomienda que para celebrar la investidura en armas de un caballero se destine uno de los días santos que existen ya marcados en el calendario religioso anual, para de esta manera, se logre congregar al mayor número de hombres en torno a la ceremonia y ayuden con sus ruegos a Dios, a que el escudero cumpla sus funciones y permanezca leal a la Orden de Caballería. El día antes de su nombramiento, debe realizar el futuro caballero un ayuno en honor del santo al que se dedica la jornada de la investidura y, además, la propia noche tiene que ir a la iglesia a llevar a cabo una profunda oración y contemplación, oyendo al mismo tiempo palabras en relación con Dios y con la Orden. En el cuarto paso se refiere que, la investidura en armas, debe llevarse a cabo a través de una ceremonia religiosa cantada, aproximándose el escudero al altar sagrado y ofreciéndose al sacerdote (que es el emisario de Dios en la tierra) y a la Orden de Caballería. Del mismo modo, resulta conveniente que se haga un sermón hablando de los mandamientos y los sacramentos de la fe cristiana. Al terminar la parte religiosa, debe convertir al escudero un príncipe o alto barón, siendo recomendable que éste último pertenezca también a la Orden caballeresca debido a que, así puede dotar con la gracia de Dios al futuro caballero de una mayor virtud en el desempeño de su oficio. La investidura en armas debe proceder con el escudero arrodillado ante el altar, levantando sus ojos y sus manos en dirección a Dios mientras que, el príncipe o alto barón le ciñe la espada en la cintura en señal de castidad y justicia, le da un beso para otorgarle caridad y le da una bofetada para recordarle la promesa que acaba de realizar y el honor de entrar en la Orden de Caballería. Al finalizar completamente la ceremonia y recibir el título de caballero, es obligación del nuevo miembro de la Orden manifestarse de esta forma a la gente a lomos de su caballo para que lo reconozcan. Por último se recomienda que, el día del nombramiento se celebre una gran fiesta con todos los elementos necesarios (comida, paseos, etc.) y que, también, el príncipe o alto barón ofrezca regalos a los caballeros recién nombrados, repartiéndolos éstos a su vez entre los diferentes invitados.
La figura del caballero se enmarca en el contexto de las Cruzadas impulsadas por el Papa, cuando la imagen del caballero como soldado de Cristo revaloriza la naturaleza de la actividad
bélica, sumándole una cualidad de rango espiritual de la que antes no gozaba. La personalidad masculina medieval terminó por representarse en la imagen del Caballero Cristiano, el Caballero perfecto, figura iconográfica que gozó de gran reputación en la Edad Media. Desde el siglo XI con el desencadenamiento de la Primera Cruzada, se establece un profundo vínculo entre la Iglesia y la institución caballeresca la cual, se dota con un código de conducta y de honor que definía no solamente el arte de la guerra, sino que también implicaba reglamentos específicos de conducta religiosa, moral y social identificados plenamente con los ideales de la vida cortesana medieval. Las Cruzadas, con el objetivo específico inicial de restablecer el control apostólico romano sobre Tierra Santa, se libraron durante un período de casi doscientos años, entre 1096 y 1291. Para defender los Santos Lugares conquistados por los cristianos, se crearon las famosas Órdenes Militares que fueron instituciones religioso-militares, concebidas como sociedades de caballeros cristianos. Entre sus funciones se mantenían también la propagación o la defensa de la fe cristiana contra los musulmanes, los paganos o contra cristianos heréticos. Las Órdenes Militares o de Caballería proliferaron desde finales de la Edad Media y durante el Antiguo Régimen, vinculadas de distintas maneras a los estamentos privilegiados (nobleza y clero).
Ramón Llull (1233-1306) fue uno de los filósofos medievales españoles y, en concreto, mallorquines de mayor importancia. Escribió el conjunto de su obra literaria (cerca de 250 manuscritos), derivada de su apasionado proceso de conversión al cristianismo, que se define por dedicar su vida a la misión de convertir a los infieles, bien de forma directa o bien a través de sus textos. De familia con tradición caballeresca, en su juventud entró en la Corte de Jaime I como paje, siendo nombrado pronto preceptor del futuro Jaime II, debido a su gran capacidad intelectual. En este tiempo, su producción literaria se encuadraba en la tradición de los cancioneros los juglares. Tras su fuerte conversión en 1267, deja atrás toda su vida anterior y concibe su realidad en torno al estudio permanente, viajando por toda la costa mediterránea y algunos lugares de Francia donde, se introdujo en la orden de los terciarios franciscanos constituida por seglares. Asistió a los principales Concilios de la Iglesia en el paso de los ss. XIII al XIV, ganándose con sus intervenciones el título de Doctor de la Iglesia. En ellas, mantiene siempre una visión aristocrática de la caballería, estando al servicio del rey. Al escribir, tiene una clara intención de salvar el alma de quien lo lee, instruyéndolo en la doctrina católica y, poniendo además, su punto de mira en los términos de justicia y orden, estando ésta última muy presente en la mentalidad medieval, al dotar del equilibrio y la estructura para la compresión de los distintos elementos que constituyen el todo. El orden entra dentro de la tripartición de la sociedad medieval. Ramón Llull, además, se enmarca dentro del pensamiento místico propio del siglo XIII, que trata de acentuar la importancia de la experiencia interior en la práctica de una religión. La obra aquí presentada, Libro de la Orden de Caballería , fue escrito entre los años 1274-1276. Se concibe como un breve tratado sobre los valores morales y religiosos vinculados al ejercicio de las armas, teniendo también el objetivo de fortificar los ideales cristianos del estamento militar del siglo XIII. La redacción de la presente obra, puede deberse posiblemente a la petición de un escudero próximo a ser armado caballero o a alguno constituido que quisiera este tratado para ilustrar a los cortesanos. Su propósito es instruir a los caballeros en las virtudes propias de la Orden de Caballería, para que su oficio no fuera considerado mundano, sino con las funciones propias de un Caballero Cristiano. La idea central gira en torno a la Caballería como institución, en la que el autor precisa su importancia en la impartición de la justicia, el mantenimiento de la tranquilidad y la felicidad de las poblaciones. Identifica diversos problemas, analizando la actuación de las distintas personas en función del cumplimiento o no de los principios del cristianismo, pues para él, el origen de los desórdenes los atribuye al desapego a los principios de la moral cristiana. El Libro de la Orden de
estructura tremendamente organizada con la que se debe ver el mundo en todos sus ámbitos (social, político, económico, religioso), la otra, sería el concepto de Orden como el organismo que vincula y hermana al grupo de los caballeros. Después, existen dos términos que pueden ir en conjunto: confesar y ayunar debido a que, son dos acciones que tiene la obligación de llevar a cabo el escudero que quiere ser nombrado caballero antes de proceder a su transformación, sirviendo la primera para limpiarle todos los pecados cometidos hasta ese momento y, la segunda, para honrar al santo cuya festividad se celebra el día de su investidura. Dentro del proceso de preparación del escudero, también aparecen otros dos términos importantes como son oración y contemplación, relacionados con el ejercicio religioso que debe realizar el personaje para encomendarse a Dios y conseguir las habilidades necesarias para ejercer correctamente su oficio. El siguiente concepto que hay que señalar es el de armar, siendo este elemento uno de los que definen completamente al caballero, ya que, sin sus armas no se podría considerar como tal ni por él mismo ni por la sociedad que lo rodea (dentro del armamento se vuelve fundamental la espada, que también se cita en el texto). Otro vocablo que rige al caballero se trata del de caballo puesto que, no se entiende a la figura caballeresca sin estar acompañada de este animal, siendo incluso del que deriva el nombre que se designa a los milites de forma más usual. Por último, tenemos un conjunto de términos que se refieren a las cualidades innatas que debe tener un verdadero caballero para distinguirse entre sus semejantes como un buen defensor del ideal de caballería: honor, lealtad, caridad, justicia, castidad y virtud.
Se pueden observar, del mismo modo, una serie de personajes y lugares principales que articulan el texto de forma debida: el escudero, se trata del protagonista del relato por ser la figura que participa en todos los elementos que conforman el proceso de transformación de caballero, al ser su mayor deseo convertirse en uno más de los miembros de la Orden de Caballería; el sacerdote (que es el representante de Dios en la tierra y, por tanto, el vínculo del futuro caballero con la divinidad, siendo el ministro eclesiástico el que debe guiar al personaje principal en el camino correcto de la fe) y el príncipe o alto barón, que se puede denominar como el actor fundamental de la ceremonia de investidura en armas, además del propio escudero, al ser esta figura la que permite llevar a cabo el ritual preciso de la entrada en la Orden de Caballería. También, aunque no podamos definirlo como un personaje propiamente dicho, cabe mencionar a Dios debido a que, es el ente divino al que el caballero debe ser siempre fiel y leal, apareciendo una estrecha comunión con el cristianismo al ser uno de los principales objetivos caballerescos la defensa de la religión. Dentro del fragmento de texto sólo podemos entrever un lugar importante que determine el relato que proporciona el autor. Ese espacio es la Iglesia debido a que, allí se realiza la ceremonia de investidura en armas para convertir al escudero en caballero, siendo incluso el lugar que mejor representa la unión entre el hombre y Dios. Debemos llevar a cabo una relación de las distintas frases sacadas literalmente del fragmento de texto que, permiten dilucidar y comprender las ideas principales y secundarias citadas con anterioridad de una manera mucho más concreta: “el nuevo caballero, debe éste montar a caballo y manifestarse así a la gente, para que todos sepan que es caballero y que se es obligado a mantener y defender el honor de la Caballería”; “debe el escudero arrodillarse ante el altar y levantar a Dios sus ojos corporales y espirituales y sus manos”; “con la gracia de Dios pueda dar la virtud y la Orden de Caballería al escudero que la quiere recibir”; “ofrecerse al sacerdote, que está en lugar de Dios, y a la Orden de Caballería, para servir en ella a Dios”; “rueguen todos a Dios que dé al escudero gracia y bendición con que sea leal a la Orden de Caballería”. El estilo que utiliza el autor para escribir esta obra resulta bastante directo y conciso, ya que, explica de una manera bastante clara las ideas que pretende reflejar en la obra con la intención de que el lector no tenga ninguna duda acerca de lo que se está trasmitiendo y no pueda malinterpretar los conceptos. También podemos decir que, se observa un método
didáctico con la finalidad de enseñar desde una perspectiva lo más amena posible los distintos pasos a seguir en el proceso de convertirse en caballero, dejando de lado el estilo rebuscado y ambiguo que caracteriza a algunas obras que pertenecen a este tema y que dificultarían el aprendizaje por parte del lector. Otra característica fundamental que define el estilo del texto es su organización mediante puntos, separando las ideas que se van a transmitir por párrafos lo que, estaría directamente relacionado con la elaboración directa y clara expuesta, para realizar un discurso más comprensible y fácil al alcance de la mayoría (aunque el texto está dirigido especialmente a los miembros de las clases altas de la sociedad).
Las principales utilidades que puede contener este texto para un historiador que desee estudiar el aspecto de la caballería en la Edad Media pueden ser conocer la fórmula explícita con la que se llevaba a cabo la ceremonia de investidura en armas para nombrar a un nuevo caballero; reconocer las cualidades que debía tener la institución caballeresca según los autores de la época y, por extensión, la sociedad medieval; acercarnos a la cosmovisión medieval (la forma de pensar de las gentes de ese tiempo en torno a la idea de caballero) y, también, para investigar el profundo vínculo que se mantiene entre la caballería y la Iglesia, ya que, es en este periodo cuando los preceptos de la fe cristiana influyen sobremanera en la política y en el ejercicio militar.
Se observan, en el ámbito de la caballería, una amplia variedad de ejemplos en las diferentes épocas históricas. Para empezar, el caballero se conforma en los reinos germánicos. Estos pueblos son sociedades guerreras que ensalzan las virtudes militares y el uso de las armas, elementos muy vinculados con el oficio caballeresco. La comitatus, una ceremonia de sumisión al rey con el rito de la entrega de armas, ejercería otro potente paralelismo. Una de las representaciones más destacadas y conocidas por el conjunto de la sociedad es la del rey Arturo y los caballeros de su Mesa Redonda, que a principios de la Edad Media, sirvieron de defensores del pueblo y crearon el ideal caballeresco promovido en etapas posteriores. Carlos Martel fue el introductor de la caballería en el ejército, que se convertirá en la principal arma durante siglos, tomando fuerza en componentes que vienen del vasallaje. Más tarde, la Iglesia influye en el destacado Carlomagno para un ideal imperial del soberano defensor de los débiles, la Iglesia y la cristiandad. En torno al año mil, es cuando aparece el vocablo miles para nombrar a los caballeros como los miembros más destacados de la nobleza, pero sigue teniendo un componente militar. Las batallas eran raras en la sociedad medieval por ello, se produce una situación en la cual eran importantes las justas y torneos para permanecer en forma. Se diferenciaban poco de la guerra, siendo encuentros organizados que reunían todos los aspectos de una batalla real en cuanto a sus métodos. Desde el siglo XI se crea el ideal del orden de los bellatores, que ya encontramos en Juan de Salisbury, donde dota a los milites de la función de reclutamiento y juramento de obediencia. La Iglesia va a transfigurar elementos caballerescos, como la entrega de armas, de origen político militar. La imagen del caballero se vuelve fundamental en la construcción de héroes nacionales en la Francia del s. XIV, como Bertrand de Guesclin o Juana de Arco en una inusual versión femenina. La caballería se transforma en el elemento principal de prestigio de un imperio, apareciendo como uno de los constructores del mismo a través de la conquista de territorios, del que tenemos un claro modelo con los teutones del Sacro Imperio Germánico. Las Órdenes Militares encarnan el ideal caballeresco, por protagonizar la lucha contra el Islam, aunque también recibían críticas por verse sólo como una simple fachada, sin verdaderos principios morales interiores. Por último, existe ya desde épocas antiguas, una relación profunda dentro de la sociedad en Asia Central entre el hombre y el caballo, por ser éste una fuente de riqueza al facilitar la caza, el comercio, los viajes, los rituales religiosos y, sobre todo, el arte de la guerra.