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El género literario de este fragmento es un monólogo, y corresponde al último acto de La Celestina, obra del siglo XV considerada la más importante después del Quijote. La obra es una comedia humanística, que en su totalidad deriva de la fusión de varios géneros: la comedia clásica latina de la que toma a los personajes populares (criados, prostitutas), la comedia elegiaca del siglo XII titulada “Pamphilus d´amore” de la que recoge la figura de la alcahueta, la comedia humanística italiana del siglo XV de la que recoge la ambientación contemporánea y la ficción sentimental de la que toma el argumento del amor-cortés aunque lo parodia. Esta fusión de géneros provoca que haya ambigüedad a la hora de definir a cuál pertenece: teatral o narrativo. En cuanto al autor se piensa que la Celestinas fue escrita por Fernando de Rojas, nacido en Toledo en 1476 y estudiante de la Universidad de Salamanca. Utilizó el tópico del “manuscrito encontrado”, motivo literario que usó por el miedo a la censura y a la Inquisición.
Los temas de la Celestina son muy variados, como la avaricia, el amor erótico o la magia. En este fragmento, Pleberio, padre de Melibea, entona un discurso llorando la muerte de su hija y lamentándose del poder de la Fortuna (tópico medieval de la rueda que gira) y despreciando al mundo (tópico del “contemptus mundi”). En cuanto al estilo, se utiliza la técnica del monólogo donde Pleberio reflexiona sobre lo que ha sucedido haciendo alabanza a los tópicos medievales. A través del monólogo se consigue cerrar la obra en un tono muy moralizador. Para conseguir el tono moralizador, Pleberio utiliza muchas interrogaciones retóricas (¿Para quién edifiqué torres?, ¿Para quién adquirí honras?, ¿Para quién planté árboles?), aquí Pleberio expresa desprecio por el mundo, sin su hija todos sus bienes y logros ya no tienen valor. También lamenta el poder de la Fortuna (“¡Oh Fortuna variable, ministra ¿por qué no ejecutaste tu cruel ira en aquello que a ti es sujeto?”) reflejando el tópico medieval de la rueda que gira; en este caso, Pleberio era muy rico y lo tenía todo pero con la muerte de su hija todo esto carece de valor. Este lamento lo intensifica con la personificación de la Fortuna y también cuando dice (“no perviertas el orden”), según esto, se supone que cuando llegas a viejo tienes que tener la vida solucionada y no sufrir un problema tan grave como la muerte de una hija.
A continuación, comienza el desprecio por el mundo y bienes terrenales (“¡Oh mundo, mucho de ti dijeron, yo por triste experiencia lo contaré como a quien las ventas y compras de tu engañosa feria no prósperamente sucedieron”, “yo pensaba en mi más tierna edad eran y eran tus hechos regidos por algún orden”, “Ahora me pareces un laberinto de errores”). A través de estas metáforas, Pleberio explica por su experiencia personal que ha sido engañado por los bienes del mundo (“Cébasnos mundo falso, con el manjar de tus deleites, prometes mundo, nada cumples.Corremos por los prados de tus viciosos vivido”). En cuanto al lenguaje usado por Pleberio es culto, propio de las clases altas y burguesas, siguiendo el decoro de la época.
Para concluir, cabe destacar que este monólogo recopila todos los aspectos ya tratados en la Edad Media. Como hemos dicho antes, el desprecio por la fortuna y los bienes del mundo son las ideas más importantes que aparecen en este discurso. Si nos fijamos más detenidamente encontramos cierta similitud con las Coplas de Jorge Manrique. Manrique escribe sus coplas después de la muerte de su padre y manifestando los tópicos antes citados de la “rueda que gira” y el “comptemptu mundi”. En ambos, la muerte de un ser querido provocan los problemas que se trataron en la Edad Media que recoge Pleberio en su monólogo y que ya trató Manrique en sus coplas, relacionándose, por tanto, con la elegía. Mª Antonia Tomás Pérez Curso: B1AC, IES Mar Menor