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Comentario textos Descartes para ABAU
Tipo: Ejercicios
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DESCARTES, texto 1 Reglas para la dirección del espíritu, Regla IV Así que es mucho más acertado no pensar jamás en buscar la verdad de las cosas que hacerlo sin método: pues es segurísimo que esos estudios desordenados y esas meditaciones oscuras turban la luz natural y ciegan el espíritu; y todos los que así acostumbran a andar en las tinieblas, de tal modo debilitan la penetración de su mirada que después no pueden soportar la plena luz: lo cual también lo confirma la experiencia, pues muchísimas veces vemos que aquellos que nunca se han dedicado al cultivo de las letras, juzgan mucho más firme y claramente sobre cuanto les sale al paso que los que continuamente han residido en las escuelas. Así pues, entiendo por método reglas ciertas y fáciles, mediante las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca nada falso por verdadero, y, no empleando inútilmente ningún esfuerzo de la mente, sino aumentando siempre gradualmente su ciencia, llegará al conocimiento verdadero de todo aquello de que es capaz. Descartes quiere establecer unos sólidos e inconmovibles fundamentos o cimientos del edificio del saber. Debemos encontrar un nuevo método, inventivo y fundacional, que permita hallar un fundamento inconmovible y capacite para construir paso a paso el sólido edificio del saber. La idea fundamental es la definición que da sobre lo que es el método con ciertas reglas fáciles. Además recoge que es más importante usar un método que pensar sin usarlo, el pensamiento requiere una metodología. Una crítica de quienes se han basado en letras y fallan porque no tienen un método como la geometría o matemáticas. Descartes en esta obra expone 21 reglas de este método, pero en su obra más importante (“ El discurso”) las reduce a 4. La obra recoge las 4 reglas fundamentales para orientarse. Resumir cada regla con 2 líneas. Citar moral provisional y explicar los momentos de duda. R. DESCARTES; Reglas para la dirección del espíritu, trad. de J. M. Navarro Cordón, Madrid, Alianza Editorial, 1984, Regla IV (El método es necesario para la investigación de la verdad de las cosas), p. 79 DESCARTES, texto 2 Discurso del método, Parte II Por todo lo cual, pensé que había que buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus defectos. Y como la multitud de leyes sirve muy a menudo de disculpa a los vicios, siendo un Estado mucho mejor regido cuando hay pocas, pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera. Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda. El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare, en cuantas partes fuera posible y en cuantas requiriese su mejor solución. El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un
orden entre los que no se preceden naturalmente. Y el último, hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada. Esas largas series de trabadas razones muy plausibles y fáciles, que los geómetras acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar que todas las cosas, de que el hombre puede adquirir conocimiento, se siguen unas de otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. Y no me cansé mucho en buscar por cuáles era preciso comenzar, pues ya sabía que por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado (…). R. DESCARTES; Discurso del método, en Discurso del método. Meditaciones metafísicas, trad. de M. García Morente, Madrid, Espasa-Calpe,1976, Parte II, pp. 48- Hay que buscar un nuevo saber, totalmente seguro. Quiere establecer unos sólidos e inconmovibles fundamentos o cimientos del edificio del saber. Hay que partir de una certeza indubitable muy semejante al de la geometría y el álgebra, por ser de mayor certeza y evidencia. Ha de tener como punto de partida algo indubitable que no ocasiones dudas a nadie, algo en lo que todos. Debe hacer posible la reconstrucción de todo el saber humano posible. Este nuevo método se inspira en el método matemático y es una generalización del método matemático, partiendo de lo indubitable y por deducción alcanza otras verdades que derivan de la primera mediante conexiones estrictamente necesarias. Habla también de las cuatro reglas: la primera, no admitir nunca nada que no sea evidente, nada más de lo que se presente claramente; la segunda, dividir cada una de las dificultades que se van a examinar, descomponerlas cuestiones en elementos más simples; la tercera, ordenar los pensamientos de los más simples a los más complejos; y el cuarto, revisar si se ha abordado todo lo propuesto, enumerar, es decir, ver si está completo y revisar la corrección. DESCARTES, texto 3 Meditaciones metafísicas, Meditación Segunda Supongo, pues, que todas las cosas que veo son falsas; estoy persuadido de que nada de lo que mi memoria, llena de mentiras, me representa, ha existido jamás; pienso que no tengo sentidos; creo que el cuerpo, la figura, la extensión, el movimiento y el lugar son ficciones de mi espíritu. ¿Qué, pues, podrá estimarse verdadero? Acaso nada más sino esto: que nada hay cierto en el mundo.Pero ¿qué sé yo si no habrá otra cosa diferente de las que acabo de juzgar inciertas y de la que no pueda caber duda alguna? ¿No habrá algún Dios o alguna otra potencia que ponga estos pensamientos en mi espíritu? No es necesario; pues quizá soy yo capaz de producirlos por mí mismo. Y yo, al menos, ¿no soy algo? Pero ya he negado que tenga yo sentido ni cuerpo alguno. Vacilo, sin embargo; pues ¿qué se sigue de aquí? ¿Soy yo tan dependiente del cuerpo y de los sentidos que, sin ellos, no pueda ser? Pero ya estoy persuadido de que no hay nada en el mundo: ni cielos, ni tierra, ni espíritu, ni cuerpos; ¿estaré, pues, persuadido también de que yo no soy? Ni mucho menos; si he llegado a persuadirme de algo o solamente si he pensado alguna
lo poco en que participaba del Ser perfecto, hubiera podido tener por mí mismo también, por idéntica razón, todo lo demás que yo sabía faltarme, y ser, por lo tanto, yo infinito, eterno, inmutable, omnisciente, omnipotente y, en fin, poseer todas las perfecciones que podía advertir en Dios. R. DESCARTES; Discurso del Método, en Discurso del método. Meditaciones metafísicas, trad. de M. García Morente, Madrid, Espasa-Calpe, 1976, Parte IV, pp. 63- El texto trata de la existencia de Dios, y de que ha sido él quien ha puesto las cosas en mí.