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Orientación Universidad
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contemporanea, Apuntes de Historia Contemporánea

Asignatura: contemporanea, Profesor: encarna monerris, Carrera: Història, Universidad: UV

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 10/12/2013

jvillenasaez
jvillenasaez 🇪🇸

3.5

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BIENIO PROGRESISTA Y LA UNIÓN LIBERAL
SEXENIO DEMOCRÁTICO y I REPÚBLICA
(1854-874)
EL BIENIO PROGRESISTA Y LA UNIÓN LIBERAL
Durante los años 1843-1854, el gobierno moderado se ejerció de forma
restrictiva y autoritaria, obligando a los progresistas, marginados del poder, a
recurrir a la vía insurreccional y a los pronunciamientos. Fue éste un
mecanismo de insurrección militar que con frecuencia se combinaba con
algaradas callejeras, para forzar un cambio político y acceder al Gobierno. Esta
experiencia exclusivista se cerró con el Gobierno “tecnócrata” de Juan Bravo
Murillo, que llevó a cabo una amplia labor administrativa y hacendística, y del
conde de San Luís. En estos años, la actuación ministerial había sido todavía
más autoritaria y la corrupción se había generalizado con los negocios fáciles y
el rápido enriquecimiento de las camarillas cercanas al poder y a la soberana.
Todo ello actuó como un conglomerado de factores de inestabilidad política
evidente.
La revolución de 1854.
En efecto, los problemas derivados de la corrupción y del gobierno de la
camarilla, unidos al descontento de los progresistas excluidos del poder,
alentaron las críticas de la clase política y favorecieron la actuación
revolucionaria.
A finales de junio de 1854 tuvo lugar un pronunciamiento encabezado
por los generales O’Donnell y Dulce: La Vicalvarada, que tenía en principio
objetivos muy limitados, orientados sobre todo a corregir las desviaciones
políticas y corrupciones de los últimos tiempos y a provocar un cambio de
gobierno sin abandonar por ello los presupuestos políticos moderados. Pero la
intervención de los progresistas abrió una nueva fase de levantamiento popular
que llevó a los sublevados a ampliara su programa. Esto se concretó en el
Manifiesto de Manzanares, del 7 de julio del 54, redactado por Cánovas del
Castillo: en él se exigían reformas políticas y unas Cortes constituyentes para
hacer posible una auténtica “regeneración liberal”. Se inauguraba así una etapa
parca en lo político por su corta duración, pero densa en realizaciones de
carácter económico.
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BIENIO PROGRESISTA Y LA UNIÓN LIBERAL

SEXENIO DEMOCRÁTICO y I REPÚBLICA (1854-874)

EL BIENIO PROGRESISTA Y LA UNIÓN LIBERAL Durante los años 1843-1854, el gobierno moderado se ejerció de forma restrictiva y autoritaria, obligando a los progresistas, marginados del poder, a recurrir a la vía insurreccional y a los pronunciamientos. Fue éste un mecanismo de insurrección militar que con frecuencia se combinaba con algaradas callejeras, para forzar un cambio político y acceder al Gobierno. Esta experiencia exclusivista se cerró con el Gobierno “tecnócrata” de Juan Bravo Murillo, que llevó a cabo una amplia labor administrativa y hacendística, y del conde de San Luís. En estos años, la actuación ministerial había sido todavía más autoritaria y la corrupción se había generalizado con los negocios fáciles y el rápido enriquecimiento de las camarillas cercanas al poder y a la soberana. Todo ello actuó como un conglomerado de factores de inestabilidad política evidente. La revolución de 1854. En efecto, los problemas derivados de la corrupción y del gobierno de la camarilla, unidos al descontento de los progresistas excluidos del poder, alentaron las críticas de la clase política y favorecieron la actuación revolucionaria. A finales de junio de 1854 tuvo lugar un pronunciamiento encabezado por los generales O’Donnell y Dulce: La Vicalvarada , que tenía en principio objetivos muy limitados, orientados sobre todo a corregir las desviaciones políticas y corrupciones de los últimos tiempos y a provocar un cambio de gobierno sin abandonar por ello los presupuestos políticos moderados. Pero la intervención de los progresistas abrió una nueva fase de levantamiento popular que llevó a los sublevados a ampliara su programa. Esto se concretó en el Manifiesto de Manzanares, del 7 de julio del 54, redactado por Cánovas del Castillo: en él se exigían reformas políticas y unas Cortes constituyentes para hacer posible una auténtica “regeneración liberal”. Se inauguraba así una etapa parca en lo político por su corta duración, pero densa en realizaciones de carácter económico.

MANIFIESTO DE MANZANARES

Españoles: La entusiasta acogida que va encontrando en los pueblos el Ejército liberal; el esfuerzo de los soldados que le componen, tan heroicamente mostrado en los campos de Vicálvaro; el aplauso con que en todas partes ha sido recibida la noticia de nuestro patriótico alzamiento, aseguran desde ahora el triunfo de la libertad y de las leyes que hemos jurado defender. Dentro de pocos días, la mayor parte de las provincias habrá sacudido el yugo de los tiranos; el Ejército entero habrá venido a ponerse bajo nuestras banderas, que son las leales; la nación disfrutará los beneficios del régimen representativo, por el cual ha derramado hasta ahora tanta sangre inútil y ha soportado tan costosos sacrificios. Día es, pues, de decir lo que estamos resueltos a hacer en el de la victoria. Nosotros queremos la conservación del trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten en los empleos militares y civiles la antigüedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios, y como garantía de todo esto queremos y plantearemos, bajo sólidas bases, la Milicia Nacional. Tales son nuestros intentos, que expresamos francamente, sin imponerlos por eso a la nación. Las Juntas de gobierno que deben irse constituyendo en las provincias libres; las Cortes generales que luego se reúnan; la misma nación, en fin, fijará las bases definitivas de la regeneración liberal a que aspiramos. Nosotros tenemos consagradas a la voluntad nacional nuestras espadas, y no las envainaremos hasta que ella esté cumplida. Cuartel general de Manzanares, a 6 de julio de 1854. El general en jefe del Ejército constitucional, Leopoldo O'Donnell, conde de Lucena.

Tras estos hechos, la Reina entregó el poder a Espartero y a O’ Donnell , como representantes de la coalición que alentó la revolución, pero la continuidad y estabilidad de este gobierno mixto era difícil. Se expulsó de España a la Reina madre, Mª Cristina, que había sido objeto de las iras populares porque, además de su influencia sobre Isabel II, ella y su esposo, el duque de Riansares, habían estado implicados en muchos de los negocios fraudulentos y corruptelas económicas de esos años. Se elaboró una nueva Constitución de inspiración progresista que afirmaba explícitamente la soberanía nacional, pero no llegó a promulgarse –la

descomposición del sistema político y la deslegitimación de la Corona, la antesala de la revolución de 1868. En efecto, desde 1863, el exclusivismo y el carácter represivo del régimen se acentuaron, y ello con forme aumentaba la oposición. A ello se unía la vida amorosa de la reina y los escándalos de palacio, aireados o utilizados por su propio esposo y miembros de la camarilla y del gobierno, contribuyendo así a desprestigiar la imagen de la Monarquía. En 1865 el ambiente político aún se enrareció más, con la destitución de Castelar como catedrático de Universidad, por un artículo que escribió contra la reina y la represión contra los estudiantes en la llamada “Noche de San Daniel”, ordenada por Luís González Bravo. A ello le seguiría el pronunciamiento de los sargentos del cuartel de San Gil, que fracasó y fue duramente reprimido. Finalmente, el pacto de Ostende, en agosto de 1866:

EL SEXENIO DEMOCRÁTICO

Presentación general:

Cuestión del término:

  • (^) Sexenio Revolucionario.
  • Sexenio Democrático. Fue el primer intento para avanzar de un liberalismo de élites a un liberalismo democrático. Se puede considerar asimismo como culminación, punto álgido y también límite de la revolución liberal en España. La vida política de este período fue extraordinariamente agitada. Empezó con un levantamiento revolucionario y el destronamiento de Isabel II, se sucedieron un Gobierno Provisional, Cortes Constituyentes, Constitución / Regencia, monarquía democrática de Amadeo de Saboya (71-73), I República, disolución de la Asamblea Nacional, gobierno de tipo dictatorial de Serrano y pronunciamiento de Martínez Campos con la vuelta la monarquía borbónica. Además: insurrección cantonalista, 2ª guerra carlista y levantamiento secesionista en Cuba. Se pueden distinguir tres fases principales: 1- La fase septembrina o de monarquía democrática (septiembre 1868- febrero 1873), una revolución de tipo “burgués” que supone el cambio de dinastía y el deseo de establecer un sistema liberal auténtico, e incluso limitadamente democrático; dentro de un Estado unitario pero aceptando cierta descentralización administrativa a nivel local y colonial; y sin introducir cambios en la estructura social (salvo en las colonias), sería la clásica revolución burguesa de cambio de régimen político. Fases: gobierno provisional (1868-69), regencia de Serrano (69-70) y reinado de Amadeo (1870/71-73). 2- La República de 1873, una segunda oleada revolucionaria que desborda el marco monárquico, unitario y de orden burgués: República federal, al tiempo que el insurreccionalismo cantonal y el apoyo de los sectores populares urbanos al federalismo da un cierto carácter social a la República Federal, aunque en realidad el republicanismo federal era esencialmente pequeñoburgués. 3- (^) La República del 74, de tipo dictatorial, entre el golpe de Pavía y el pronunciamiento de Martínez Campos, que supone un intento de volver atrás, asegurando el orden (tanto el orden público como el orden burgués).

permitiendo el apoyo de altos cargos militares, dejando a los moderados como único apoyo del régimen. Desde mediados de los sesenta se habían sucedido conspiraciones y levantamientos, como los disturbios de la “Noche de San Daniel” en 1865 (destitución del catedrático Castelar tras un artículo contra la reina, respondida por motines estudiantiles, apoyados por los progresistas), el fracaso y dura represión del pronunciamiento de los sargentos del cuartel de San Gil en Madrid (1866, más de 40 fusilados, destierros, cierre de periódicos). En agosto de 1866, 45 dirigentes progresistas y demócratas acordaron en Ostende unir sus esfuerzos para llevar a cabo un levantamiento revolucionario y derrocar a Isabel II, estableciendo un sistema liberal democrático cuyas características concretas (monarquía o republicano, etc.) decidirían unas Cortes Constituyentes elegidas por sufragio universal masculino y directo, quedando el general progresista Juan Prim como principal organizador de la conspiración. Cuando la Unión Liberal se unió al pacto de Ostende, la conspiración se aseguró el apoyo militar, y dependió menos del apoyo de masas de las bases demócratas, reforzando la posición arbitral de Prim. Cuestión de la dualidad de fuerzas y criterios en la conspiración: militares (monárquicos y moderados) / juntas revolucionarias de las ciudades (fuerte presencia demócrata, radicales, programa de amplias libertades públicas): contradicción. El principal apoyo popular a la revolución, como luego al insurreccionalismo cantonal, estará en las ciudades del litoral mediterráneo (aunque no sólo).

La Revolución de 1868: La Revolución de 1868, llamada Gloriosa o Septembrina se inició con el pronunciamiento del almirante Topete al frente de la flota de Cádiz el 18 de septiembre al grito de ¡Viva la España con honra! , seguida de levantamientos en diversas ciudades, y se decidió con la victoria del ejército formado en los rebeldes sobre los leales en Alcolea (Córdoba) el día 28 y la inhibición de los mandos militares, tras lo cual Isabel II pasó a Francia. Al tiempo se formaron en muchas ciudades juntas revolucionarias que sustituían a las anteriores autoridades y se adherían al pronunciamiento.

El manifiesto de la España con honra proclamaba la expulsión de la reina, el establecimiento de un gobierno provisional que asegurase el orden y la regeneración política del país, la proclamación de libertades (expresión, reunión y asociación) y la próxima convocatoria de Cortes Constituyentes por sufragio universal.

El gobierno provisional (1868-1869): El Gobierno Provisional, formado en octubre y presidido por el general Serrano, estaba apoyado por unionistas, progresistas (Prim, hombre fuerte y dirigente más popular de la revolución, Sagasta, Ruiz Zorrilla) y demócratas (desde fuera), asegurando el apoyo del Ejército, parte de las clases acomodadas, las clases medias y medias-bajas (sobre todo urbanas) y los sectores populares de las ciudades y algunas zonas campesinas. Sus primeras medidas (decretos) combinaban aspectos revolucionarios en sentido liberal con la afirmación del orden. En lo 1º: amplitud de las libertades públicas (expresión, asociación, reunión y de cultos) así como medidas anticlericales (la citada libertad de cultos, la disolución y expulsión de los jesuitas, la extinción de las órdenes religiosas, la derogación del fuero eclesiástico y la reanudación de la desamortización de bienes eclesiásticos: todo ello llevó a la Iglesia a una franca oposición). 2º) Afirmación del orden, con ayuda del ejército se disolvieron las juntas revolucionarias, que funcionaban como un gobierno paralelo en las ciudades, y se reprimieron los levantamientos republicanos en Andalucía (XII-1868, I-1869). En enero de 1869 se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes, por circunscripciones, con el triunfo aplastante de los partidos gubernamentales (unionistas, progresistas y demócratas), con unos 240 escaños, en su mayoría progresistas [las cifras varían según los autores] Problema de división de los partidos: el carácter mínimo del consenso de la coalición de Ostende explica la rápida división producida en los partidos firmantes: los demócratas se dividieron por la cuestión de la monarquía y un ala formó el Partido Republicano, alcanzando predicamento entre las clases populares urbanas con su programa anticlerical, federalista, antiquintas y con elementos sociales (Pi i Margall, Castelar, Salmerón, Orense). El otro sector (los cimbrios : Rivero, Martos) aceptará la monarquía como forma de gobierno,

Tras la promulgación de la Constitución, Francisco Serrano se convirtió en regente y Juan Prim en presidente del Consejo de Ministros, iniciándose la búsqueda de un rey, además de hacer frente a serios problemas (republicanos, carlistas, colonias). Condiciones para el rey: católico, de una casa real de tradición liberal, que no inquietase a Francia ni Prusia y no fuese Borbón, limitando bastante los posibles candidatos 1. Tras el fracaso de diversas tentativas el elegido por Prim y las Cortes fue el italiano Amadeo de Saboya, nombrado por las Cortes el 16- XI-1870.

Principales medidas y problemas: Justicia y orden público: reforma de la justicia (ley orgánica del poder judicial, unidad de fueros, suprimiendo tribunales especiales y limitando la jurisdicción eclesiástica y militar), reforma de la jurisdicción militar (pasan a la civil los delitos de orden público, contra la seguridad interior del Estado, atentado y desacato contra la autoridad, tumultos…, aunque todos los ataques a los militares se mantienen en la jurisdicción de Guerra), ley de orden público de 1870 (condiciones para suspender las garantías constitucionales e implantar el estado de prevención o el de guerra), Código Penal de 1870 (limitando la pena de muerte), creación del registro civil y el matrimonio civil. Reformas administrativas: ley electoral, leyes provincial y municipal. Reformas de Figuerola en Hacienda: la más importante fue la sustitución del antiguo sistema monetario (basado en el escudo de plata) por otro basado en la peseta, además del sistema métrico decimal. Además sustituyó los impuestos de consumos por el impuesto personal, aunque sin poner en marcha mecanismos para asegurar éste. Respondió al gran problema del déficit con títulos de deuda pública y con el arrendamiento y enajenación de minas. Arancel librecambista moderado. Problemas planteados por la ofensiva republicana, tanto por la propaganda como por el insurreccionalismo. Dos tácticas diferentes aunque entremezcladas en el republicanismo federal: una parlamentaria (intelectuales dirigentes del

(^1) Quedaba excluido el candidato de los unionistas, el duque de Montpensier (casado con una hermana de Isabel II), habría molestado a Francia y a él se oponían progresistas y demócratas por su conservadurismo, proponiendo al ex- rey de Portugal Fernando o algún príncipe italiano

partido: utilización método parlamentario y propaganda para difundir su cultura política) y otra más directa (bases: clubs republicanos, defienden una instauración inmediata de la República por vía insurreccional). Principales ideas federales: concepción mítica de la “República” (en el sur asociada a cambios sociales y hambre de justicia, en Cataluña al sentimiento catalanista, etc.), idea de los pactos desde la base (secuencia de federaciones locales hasta formar el Estado: ideas de Pi i Margall): de la misma manera se organizó el partido en mayo-junio de 1869. En septiembre y octubre de 1869 se produjeron levantamientos y disturbios en Cataluña, País Valenciano, Aragón y Andalucía, respondiendo Prim con una dura represión y la disolución de los Voluntarios de la Libertad , milicias locales controladas por los republicanos. Otro problema fue el de Cuba, donde había estallado una sublevación en octubre de 1868 (“el grito de Yara”), que suponía otro quebradero de cabeza para el gobierno y fuente de gasto público, además de hacer imposible abolir

La monarquía de Amadeo de Saboya (enero 1871 - febrero 1873): Juró la Constitución el 2 de enero de 1871, unos días después del asesinato de Prim, con lo que moría su principal valedor y hombre fuerte de la revolución, el único capaz de mantener unida la coalición de septiembre. Serios obstáculos con los que se enfrentó el nuevo rey, que acabarían provocando su renuncia en 1873. Se puede decir que todo el mundo le hizo imposible la vida, siendo acosado por derecha (abril 1872: guerra carlista, conspiraciones alfonsinas, desdén de la nobleza, oposición de la Iglesia, alejamiento de sectores del poder económico) y por izquierda (republicanos, inicios del movimiento obrero), y sin contar con una base de apoyo sólida y leal (muerte de Prim, división y luchas de la antigua coalición, desconfianza de la Unión Liberal por considerarle rey sólo de una parte de dicha coalición), falta de entusiasmo popular. Hay que decir que el rey tuvo buena voluntad y fue respetuoso con su posición constitucional, pero la disgregación de los partidos y la lucha entre éstos por obtener su apoyo le colocaban en difícil situación, fracasando sus intentos por formar un sistema bipartidista. Mismo problema que la monarquía isabelina al depender los gobiernos del apoyo del rey, dada su victoria sistemática en las elecciones, con las consiguientes críticas de los derrotados

El fracaso de los gobiernos del “ala derecha” de la antigua coalición de septiembre llevó al rey a dar el gobierno y la disolución a Ruiz Zorrilla y los radicales, originando el rechazo de Serrano y los unionistas al rey. Los radicales pretendieron retomar el empuje reformista del 68 y las elecciones del 72, bastante limpias, crearon unas Cortes dominadas por los radicales, debido al retraimiento de la oposición (quedaron fuera Sagasta, Serrano…), aunque con buen resultado para los republicanos. El gobierno se enfrentó a los intereses conservadores al reducir el presupuesto de culto y clero, abolir la esclavitud en Puerto Rico, al tiempo que hizo frente a un levantamiento republicano en La Coruña y a problemas en el Ejército 2. Harto de los enfrentamientos y la deslealtad de los partidos de la Coalición de septiembre, Amadeo de Saboya abdicó en febrero de 1873. En realidad la lealtad de los diferentes políticos y partidos dependía de que el rey les apoyase a ellos, careciendo la monarquía de una base natural. Al rechazo de Serrano y Sagasta al ser apartados del poder, hay que sumar que los radicales tampoco tenían mucho sentimiento monárquico.

La I República. El año 73 y el problema cantonal: Dos etapas en la República: la del 73 (inestabilidad política, desorden, sublevación cantonal, pero también es un intento de renovación y modernización política, de superar los problemas originados por la revolución liberal en España: estructuración territorial, problema social, cuestión colonial; problema: estallan de golpe ante el derrumbe de la autoridad central, dando lugar a ese desorden) y la del 74 (giro autoritario, tratando de restablecer el orden, volver a los criterios más moderados de 1868 y levantar una República conservadora). Hay que destacar la influencia que tuvieron en la política republicana del 73 los intelectuales de izquierdas: “demócratas de cátedra”, influidos por el krausismo: Salmerón, Castelar, ideas humanistas, defensa de criterios democráticos y progresistas, del protagonismo del hombre y la sociedad civil, de la educación (problema: en algunos puntos el programa republicano era

(^2) Asunto Hidalgo: una dimisión general de los oficiales de Artillería en protesta por el nombramiento como capitán general de las Provincias Vascongadas de Hidalgo, considerado responsable del fusilamiento de los rebeldes en el levantamiento de San Gil en 1866, respondido por el Gobierno sustituyéndoles por sargentos y oficiales de infantería, pese al desacuerdo del rey.

demasiado teórico y utópico, haciendo abstracción de la realidad social española del momento). Además la República llegó inesperadamente, fruto de la caída de la monarquía más que de una presión de las masas republicanas, que eran minoritarias en el conjunto del país (problema de debilidad de sus apoyos) y a la hora de darla contenido había divisiones importantes entre los propios republicanos. Ante la abdicación de Amadeo, las Cortes (sesión conjunta Congreso - Senado) proclaman el 11-II-1873 la República por 258 votos a favor y 32 en contra. Aunque la mayoría de las Cortes era monárquica, la decisión era lógica: la búsqueda de un rey había resultado complicada y fracasado el intento de Amadeo parecía difícil volver a un intento similar. Vieron más conveniente tratar de construir una República de orden (ej. de Mac Mahon en Francia), controlada por sectores moderados, evitando que fuesen los republicanos federales quienes pilotasen una República de contenido más radical o “revolucionario” (identificación federales con desintegración de la nación y peligro socialista) y llenando un peligroso vacío de poder. Pero también querían mantener las ideas democráticas heredadas del 68, para lo que era fundamental evitar un desorden que estaba llevando a los sectores más conservadores hacia las filas alfonsinas. Se decide dejar la configuración de la República (unitaria o federal) para unas próximas Cortes Constituyentes. En cualquier caso era conveniente contar con los federales y el primer Gobierno fue presidido por el federal Estanislao Figueras, al frente de una coalición de antiguos monárquicos (ex-ministros de Amadeo) y viejos republicanos (Pi y Margall, Salmerón y Castelar). Se perfilan dos grandes sectores políticos, por un lado los antiguos monárquicos del Partido Radical y los republicanos unitarios (defensores de una República de orden, democrática pero moderada y centralista), por otro los federales (República en sentido más avanzado, con elementos sociales, estructura federal). La principal preocupación del Gobierno fue mantener el orden, pues la República trajo la formación de juntas revolucionarias y algunos brotes insurreccionales en Andalucía (campesinos sin tierras que asociaban la República al reparto: ocupaciones) y Cataluña (intento de sectores federales de proclamar el Estado Catalán dentro de la República Federal Española). Contradicción en los federales, entre sectores radicalizados que querían

la zona levantina y el sur (Castellón, Valencia, Alicante, Alcoy, Cartagena, Granada, Málaga, Cádiz, Sevilla, pero también en Salamanca y Toledo). Apoyos: los comités federales locales, socialmente sectores de las clases medias, obreros, campesinos…, las clases populares se identifican con el movimiento cantonalista aunque no tuviera un específico programa social o una dirección obrera. No así la AIT, que señala sus objetivos divergentes de los de los federales, aunque núcleos o afiliados internacionalistas participaron en el movimiento, especialmente en el caso de Alcoy (huelga revolucionaria). En cualquier caso la revuelta cantonalista (sumada a la guerra carlista) sumió al país en el caos y acabó con los proyectos de Pi y Margall de levantar legalmente la República Federal, obligando al Gobierno a centrarse en la restauración del orden y dando un creciente poder a los militares que debían sofocar la revuelta. Empieza así un giro hacia la derecha, como reacción anticantonal, que hace de la necesidad de restaurar el orden su principal objetivo, al asustarse muchos de los diputados republicanos por las dimensiones del cantonalismo y las reivindicaciones sociales asociadas al mismo: temor a la revolución. De ahí que caiga Pi y Margall (julio), poco dispuesto a combatir a los cantonales, sustituido por Nicolás Salmerón, que se apoya en los generales más destacados (monárquicos: Pavía, Martínez Campos) para acabar con los cantones. Problema de los dirigentes republicanos: su humanismo, antimilitarismo y defensa de las libertades casa mal con la enérgica represión de los militares: Salmerón dimitió en septiembre para no firmar dos penas de muerte. El giro a la derecha y el protagonismo militar continúan con Emilio Castelar, que reivindicaba “orden, autoridad y gobierno”: una vez acabado el cantonalismo (salvo en Cartagena) hay que liquidar la guerra carlista (control de País Vasco y Navarra) y asegurar el orden público. Para ello solicitó poderes especiales para gobernar por decreto, recortó la libertad de expresión de la prensa, aumentó los recursos militares y movilizó más tropas. Esta actitud le ganó la oposición de la Asamblea Constituyente (en especial al creciente protagonismo de militares conservadores) y cuando pareció clara su caída, se produjo el golpe de estado de Pavía en enero de 1874, que disolvió la Asamblea y acabó en la práctica con la República federal.

Pavía entregó el poder a un Gobierno provisional presidido por el general Serrano. El objetivo primero era continuar con la labor de Castelar (acabar con la guerra carlista y la de Cuba, asegurar el orden), gobernando para ello de forma dictatorial de manera temporal (situación de interinidad: en suspenso la Constitución de 1869 y sin promulgar la de 1873). Políticamente se trataba de volver a la Constitución de 1869 y a las ideas originales de la Revolución de 1868, bajo la forma republicana, apoyándose en una coalición de radicales, republicanos unitarios y conservadores (en realidad viene a ser una reagrupación de la coalición de 1868, excluyendo a los federales; están Sagasta, Topete, Martos). De manera errónea en ocasiones se tiende a ver el año 1874 como epílogo del Sexenio y anticipo de la Restauración, como período “puente” o preparatorio hacia una restauración borbónica inevitable, olvidando la posibilidad de otras salidas como la consolidación de la República conservadora, bien con la Constitución de 1869, bien presidencialista o autoritaria. Problema: falta de un programa claro, escasos apoyos propios de Serrano, creciente inclinación del ejército y las clases acomodadas por la solución de Alfonso XII (Cánovas). Actuación del Gobierno Serrano: prohibición de la AIT y de los federales, autoritarismo, lucha contra los carlistas (dirigida por el propio Serrano) sin excesivo éxito. Los cambios de gobierno en mayo y septiembre acentúan la tendencia a la derecha, saliendo los principales dirigentes radicales. En un contexto de creciente fuerza de la corriente alfonsina y falta de proyecto de futuro de la República, el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto el 29-XII-1874 proclamó rey a Alfonso XII y acabó así con la República, al no encontrar oposición.

El carlismo en el Sexenio y la II Guerra Carlista (1872-1876): Construcción de una amalgama católico-monárquica, antiliberal y contrarrevolucionaria que amplió las bases de apoyo del carlismo ( neos , sectores clericales antes isabelinos), como respuesta a las agitaciones políticas del Sexenio, la falta de rey (o al menos de un rey español) y la política anticlerical. Desde 1868 incremento de la propaganda y los preparativos

general que controlaba todos los aspectos de la administración cubana, con un considerable nº de soldados españoles. Socialmente las clases alta y media estaban divididas en españoles (que controlaban la administración y el ejército, existiendo numerosos comerciantes y propietarios de explotaciones agrícolas o industriales) y criollos (que se consideraban discriminados en la administración y la política). Las clases bajas incluían a criollos, mestizos, negros libertos y en último lugar los esclavos. Las bases para la creación de un sentimiento autonomista o separatista estaban sobre todo en la falta de autonomía de la isla, el gobierno autoritario, el lugar predominante de los españoles en política y administración, así como los intereses económicos (Cuba como mercado cerrado para los productos españoles, cuando los intereses cubanos pasaban por el intercambio con EE.UU.). Por todo ello los criollos representados pro el Partido Reformista habían reivindicado tradicionalmente una autonomía y la reducción de aranceles y simpatizaron con la Revolución de 1868 al esperar que diera paso a reformas en Cuba. Sin embargo había sectores más radicales que defendían el secesionismo, dado el escaso éxito de los intentos reformistas por conseguir la autonomía.

La Guerra de los Diez Años: La revolución de septiembre animó a los separatistas cubanos, que dirigidos por Céspedes se alzaron en octubre de 1868 (“grito de Yara”), con el apoyo de los esclavos y los plantadores pobres de la zona oriental de la isla (primeros dirigentes: propietarios, luego: humildes: Máximo Gómez). Se inició así una difícil guerra en terreno selvático, que exigió el continuo envío de hombres desde España (más de 100.000 soldados en 1870), debilitando el Ejército y las finanzas en un contexto muy difícil e imposibilitando acabar con las quintas. Todo ello sin demasiado éxito, haciendo frente sobre todo a las enfermedades y a un terreno hostil y bien conocido por el enemigo. En estas condiciones los gobiernos de Madrid estaban atrapados entre la posibilidad de negociar una paz (a cambio de autonomía) y la presión de los intereses económicos españoles y de los españoles de la isla, radicalmente contrarios a una autonomía que habría repercutido negativamente en sus negocios y su control de la administración cubana, así como a la introducción

de reformas políticas similares a las de la Península y a la abolición de la esclavitud. Aunque políticos realistas como Prim trataron de negociar un acuerdo con los insurrectos, dada la gran fuerza de los intereses unionistas en España y en Cuba (voluntarios de la milicia urbana), éstos se impusieron siempre, con el apoyo de la opinión pública española, manipulada mediante mensajes patrióticos contra cualquier solución pactada o autonómica (similar al ‘98). En España los radicales y los republicanos eran los más proclives a una solución autonómica, además de defender, coherentemente con sus ideas humanistas y avanzadas, la abolición de la esclavitud. Esta última cuestión fue causa de un enconado debate en 1872, movilizándose grupos de presión a favor de eliminar la esclavitud (La Sociedad Abolicionista España, en la que militaban políticos como Orense, Castelar, Pi y Margall, Salmerón, Figueras, el catedrático krausista Giner de los Ríos…) y en contra (el Centro Hispano- Ultramarino, ligado a los propietarios de esclavos, la nobleza, los intereses catalanes y políticamente a los sectores alfonsinos). La fuerte oposición del Centro frenó la abolición de la esclavitud en Cuba que defendía el Gobierno Ruiz Zorrilla, aunque en diciembre de 1872 se abolió en Puerto Rico, dando la libertad a 30000 esclavos. El peligro de la abolición sirvió para aumentar los apoyos del alfonsismo, apoyado por los esclavistas, y el rechazo conservador a Amadeo. Los republicanos federales fueron el sector más comprometido con las reformas en Cuba y las colonias, defendiendo la necesidad de una plenitud de derechos políticos y civiles de éstas, así como una autonomía. Sin embargo, sus realizaciones en materia colonial fueron escasas, salvo en Puerto Rico (abolición de la esclavitud y diputación provincial electiva con amplias competencias). En Cuba Pi y Margall, y Salmerón no tuvieron tiempo de abolir la esclavitud y Castelar optó por negociar con los esclavistas; finalmente ni se abolió ni hubo elecciones ni se aplicó el Título I, aunque se ampliaron las libertades, quedando frenadas las reformas en 1874. Finalmente las divisiones entre los rebeldes y el incremento de la acción militar española en 1877 (Martínez Campos) llevaron a la Paz del Zanjón (1878): capitulación a cambio de amnistía o exilio. “Guerra Chiquita” (1879-1880).