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Orientación Universidad
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Contenido de la cursada, Monografías, Ensayos de Historia

Contenido de la materia de Historia 3 de la universidad de la UBA

Tipo: Monografías, Ensayos

2021/2022

Subido el 29/11/2025

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LA ARQUITECTURA EN ARGENTINA
(1965-2000)
Ramón Gutiérrez
017-088 Arquitectura Tomo XI_Pintura Tomo X Perazzo.qxd 8/20/13 5:31 PM Page 17
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LA ARQUITECTURA EN ARGENTINA

Ramón Gutiérrez

  1. Alexander, Christopher. Ensayo sobre la síntesis de la forma. Ediciones Infinito. Buenos Aires. 1969. Véase Grichener, Silvio. “PREVI/Perú. Un intento en el más alto nivel”. En SUMMA
  2. Buenos Aires. 1970. Rudofsky, Bernard. Arquitectura sin arquitectos. EUDEBA. Buenos Aires. 1973. Turner J. El proceso de urbanización y los sectores populares en Lima. DESCO. Lima. 1969.

editorial por su enfoque referido a la arquitectu- ra del siglo XIX^5. En 1972 se publicó un segundo libro sobre la arquitectura del siglo XX^6. La revista generaría también otras colecciones de gran importancia como los Cuadernos Summa-Nueva Visión y los Summarios que man- tenían una posibilidad de debate cultural y refle- xiones críticas sobre los temas globales de la arquitectura. Desde allí fue posible acceder a la difusión de las ideas “fundacionales” de los gru- pos que —manteniendo el desprecio de la his-

  1. Ortiz, Federico – Levaggi, Abelardo – Mantero, Juan Carlos
  • Gutiérrez, Ramón – De Paula, Alberto – Viñuales, Graciela y Parera, Ricardo (Coord). La arquitectura del liberalismo en la Argentina. Ed. Sudamericana. Buenos Aires. 1968.
  1. Ortiz, Federico – Gutiérrez, Ramón. Arquitectura argentina. (1930-1970). La búsqueda del modelo alternativo. Madrid. Hogar y Arquitectura. 1972.

toria que había instalado el Movimiento Mo- derno— asumían las nuevas utopías desde los Archigram, los planes urbanos de los japoneses o los diseños de ciudades espaciales de Yona Friedman. Junto a ellas coexistían las revalorizaciones de las arquitecturas vernáculas, “las arquitectu- ras sin arquitectos” difundidas en 1964 desde el MOMA por Bernard Rudofsky (1905-1988), las lecturas urbanas de Kevin Lynch (1918-1984), los sistemas de trabajo en comunidad propicia- dos por John Turner (1927) en el Perú y Gómez Gavazzo (1904-1987) desde el Uruguay, las arquitecturas experimentales de base cientí- fica de Christopher Alexander y los ensayos del famoso programa de viviendas PREVI en Lima 7. Entre nosotros la tarea fundacional de las editoras de arquitectura debe adjudicarse a Po-

Portada de la revista Summa Nº 2. 1963. Archivo CEDODAL

Tapa del libro Arquitectura Argentina Contemporánea de Francisco Bullrich. 1963. Archivo CEDODAL

seidón, primera editora en castellano del libro de Bruno Zevi (1918-2000) “Saber ver la arqui- tectura” (1951) y el de Le Corbusier (1887-

  1. “El Modulor” (1953) y la editorial Víctor Lerú y Emecé que editaron inmediatamente otras obras de Zevi 8. Luego, la fuerte y creativa presencia de Nueva Visión y del grupo Infinito que reunió a Carlos Méndez Mosquera, Jorge Enrique Hardoy (1926-1993) y a los otros miembros de Harpa (Eduardo Aubone (1927- 1980), José Rey Pastor (1927-1983) y Leonardo Aizemberg (1926-?)) que potenciaron la pro- puesta editorial de arquitectura 9. Todos estos libros tuvieron una amplia difusión internacio- nal ya que en la España de Franco casi no había textos disponibles y lo propio sucedía en el mundo portugués, por lo cual estas ediciones en castellano eran la fuente de consulta del mundo latinoamericano y de la península ibé- rica hasta la década del ’70. En los ’80 la aper- tura de la Revista Summa a los libros comenzó con la edición de “Documentos para una histo- ria de la arquitectura argentina” que coordinó Marina Waisman y marcó un éxito editorial con varias tiradas. En la segunda mitad de la década de los ’ las universidades habían recuperado un papel protagónico en la iniciativa cultural y una diná- mica de reflexión y debate que se manifestaría en grandes empresas como la Editorial Univer- sitaria de Buenos Aires (EUDEBA) y en políti- cas de extensión universitaria en distintos cam- pos. Este papel protagónico y la dinámica del movimiento estudiantil fue una causa de las políticas represivas que comenzaron bajo la nueva dictadura del General Onganía que, derrocando al gobierno radical de Arturo Illia, culminaría con la intervención a las universida- des el 28 de junio de 1966. Esta acción desde el gobierno, que nombra- ba directamente a los rectores interventores,

suprimía las representaciones de profesores, estudiantes y egresados, congelaba los concur- sos o designaba con carácter vitalicio a los pro- fesores, motivó el vaciamiento de buena parte del cuerpo docente que renunció masivamente y comenzó una nueva historia de exilios y exclusiones. En la Facultad de Arquitectura de Buenos Aires los Anales del Instituto de His- toria de la Arquitectura que venían aparecien- do sistemáticamente desde 1948 se dejaron de editar a la muerte del arquitecto Mario Bus- chiazzo (1902-1970), el Instituto de Vivienda

  1. Tuvo mucha importancia la edición de Historia de la arqui- tectura moderna de Zevi, realizada por Emecé en 1954.
  2. El Grupo Harpa había sido formado en 1954.

Portada de La arquitectura del liberalismo en la Argentina, Federico Ortiz y otros. Ed. Sudamericana. Buenos Aires.

1968. Archivo CEDODAL

tuvo entonces un papel relevante mientras las Facultades de Arquitectura mostraban, en ge- neral, una decadencia bastante notoria. En el campo profesional la circunstancia se vivía de una manera diferente. En 1969 el ar- quitecto José Aslán (1908-81) decía: “en este momento en nuestro país se están dando una enorme cantidad de oportunidades para que los arquitectos puedan desarrollarse plenamente. Un ejemplo: los concursos de proyectos y precios para la erradicación de villas de emergencia, que el arquitecto debe asumir como un tema que es esencialmente arquitectóni- co…”^10_._ Es también el momento en que los periódicos de mayor trayectoria: La Prensa y La Nación, comenzaron a editar en 1968 Suple- mentos semanales de arquitectura bajo la direc- ción de Mauricio Repossini (1914-68) y Raúl Birabén el primero y Daniel Viacava (1926-89) el segundo 11. Esta difusión arquitectónica finan- ciada por los estudios y sus contratistas, creó una imagen de profesión exitosa, ya que nin- guna otra disciplina tenía un espacio mediático similar, y generó crecimientos en la matrícula estudiantil por el prestigio social alcanzado. A la vez comenzó a tratarse el tema de la diversi- ficación del título de arquitecto que daría ori- gen, años más tarde, a múltiples carreras en el mismo ámbito de la Facultad. Este imaginario sin embargo tenía poco que ver con la realidad. La encuesta realizada por encargo de la Socie- dad Central de Arquitectos en 1975 demostraba que solamente el 5% de los arquitectos vivía exclusivamente de su trabajo profesional y que del conjunto de metros cuadrados construidos sólo un porcentaje similar era realizado por arquitectos^12. Sin embargo, la abundante pro- ducción de arquitectos por las universidades daría lugar a un creciente protagonismo de los profesionales. Estudios posteriores de García Vázquez ratificaban la decadencia profesional de los 20.000 arquitectos que tenía entonces el país

y prometía un duro futuro a los 31.265 alumnos de arquitectura que había en 1983. A comienzos de los años setenta, en las pro- pias Facultades se plantearon taxativamente aires de renovación que tenían como objetivo implementar cambios en la enseñanza e intro- ducir nuevas formas de actuación en relación a las crecientes tensiones sociales que vivía el país. La violencia sistematizada desde el estado y desde los grupos políticos que entendían que la acción armada era la única manera de cam- biar los rumbos de la historia, fue generando una secuela de hechos cargados de sectarismo que impulsó la eliminación de quienes disentí- an con los pensamientos de los grupos más radicalizados.

  1. “El Arquitecto hoy. Un cambio de actitud para responder a las constantes modificaciones del espacio”. En La Nación. Buenos Aires 14 de diciembre de 1969. 5º Sección, Pág. 2.
  2. Grossman, Luis. “A tres décadas de una aventura”. En La Nación. Buenos Aires, 11 de noviembre de 1998.
  3. Sigal, Víctor – Fischermann, J. “Una profesión en crisis, la situación ocupacional de los arquitectos”. En Summa Nº 84. Buenos Aires. Diciembre de 1974. Véase García Vázquez, Francisco. El arquitecto y su Universidad. Buenos Aires. Sociedad Central de Arquitectos. CESCA. 1986.

Suplemento de Arquitectura del Diario La Nación. 1969. Atención César Loustau. CEDODAL

Nuevamente el péndulo dejaba fuera de la universidad a quienes no coincidían con estas líneas de pensamiento o con los métodos que las mismas fomentaban. El “Plan Amarillo” en Buenos Aires y el “Taller Total” en Córdoba, denominado acertadamente por Marina Wais- man como de “anarquismo burocratizado” , fue- ron dos expresiones de estas intolerancias con- vertidas en verdades absolutas que se trató de exportar a todas las universidades del país. El predominio sociológico sobre las condiciones del oficio de arquitecto, atento al avance de las ideologías en el medio universitario, trajo como consecuencia una revalorización de la función por su compromiso social en el ámbito académico, pero la dinámica de producción de diseño, apoyada mucho en los concursos, seguía manifestando la prioridad que otorgaba el profesional a las formas. A partir de la dictadura instalada en 1976 las universidades argentinas sufrieron particular- mente las consecuencias de la violencia con miles de estudiantes y profesores desapareci- dos, asesinados o exiliados, y la persistencia de una vida universitaria en un clima de zozobra y temores. Poco podía esperarse de un proceso educativo caracterizado así por el miedo, el silencio y la autocensura. En el plano profesio- nal los gremios de arquitectos enfrentaron de- cididamente actuaciones de la dictadura como el caso de las autopistas urbanas de Buenos Aires, la defensa de colegas colocados en pri- sión o la destrucción de obras significativas como el Mercado de la calle Corrientes y Mon- tevideo 13. Otros profesionales asumirían cargos de responsabilidad en la dictadura o realizarían las obras emblemáticas como el conjunto de Televisión Color (ATC) o los estadios para el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978. La formación de grupos espontáneos de profe- sionales que buscaron mantener espacios de

reflexión y debate caracteriza este momento 14. Una de las ideas troncales fue posibilitar la contención de muchos profesores y docentes que habían sido expulsados de sus universida- des o habían tenido que renunciar a sus cargos, u otros que volvían de exilios. Para ello se creó en 1978 el Instituto Argentino de Investigacio- nes de Historia de la Arquitectura y el Urba- nismo que posibilitó la realización de Jornadas de Reflexión anuales en diversas partes del país, asegurando concurrencias masivas de docentes jóvenes y profesores. Un total de 26 Jornadas en 15 provincias mostraron la viabilidad de este esfuerzo que llegó a reunir más de 500 personas asociadas en todo el país. De allí surgirían los Congresos Nacionales de Patrimonio que se or- ganizarían en la década del ’80 y más de treinta publicaciones realizadas por los miembros del Instituto en el interior. Cada grupo puso a dis- posición del Instituto sus posibilidades de acción, Marina Waisman desde la Universidad Católica de Córdoba los cursos de Posgrado, Alberto Nicolini (1931) desde Tucumán la im- prenta universitaria y Dick Alexander (1933-94) desde el Chaco la revista “Documentos de Arquitectura Nacional y Americana” aparecida en 1973. En Buenos Aires, otra iniciativa se concretó en el año 1977 con “La Escuelita” donde Ernesto Katzenstein (1931-95), Tony Díaz (1938), Rafael Viñoly (1944) y Justo Solsona (1931) convocaron a diversos docentes a debatir y plantear cursos de formación complementarios a la tarea proyec- tual, justamente en momentos en que los cam- bios de la posmodernidad requerían una refle- xión específica. Los miembros de La Escuelita tuvieron un papel relevante en la Facultad de Buenos Aires con el retorno a la democracia a partir de 1983^15. Cabe señalar también el papel que en la difusión de la arquitectura internacio- nal tuvo la acción de Jorge Glusberg (1933-2012)

  1. Véase Maestriperi, Eduardo. Mario Soto. España y Argentina en la arquitectura del siglo XX. Sociedad Central de Arquitectos. Buenos Aires. 2004. Gutiérrez, Ramón. Buenos Aires evolución histórica. Bogotá. Ed. Escala_._ 1992.
    1. En 1957 había surgido el Instituto Interuniversitario de Historia de la Arquitectura que había convocado a los docen- tes del interior del país conducido por Enrico Tedeschi, Marina Waisman, Francisco Bullrich y Raúl González Capdevila entre otros. Este Instituto organizó cursos para docentes con profesores como Pevsner, Argan, Chueca Goitía, Banham, Scully y Humberto Eco. Del mismo no participaban los docen- tes de la Universidad de Buenos Aires. AAVV. Historia de la Arquitectura en la Argentina. Reflexiones de medio siglo. 1957-2007. Ed. CEDODAL-IDEHA. Tucumán. 2007.
    2. Díaz, Tony y otros. La Escuelita. Cinco años de enseñanza alterna- tiva de arquitectura en la Argentina. 1976-1981. Buenos Aires. 1981.

nes en Zonas Áridas (IADIZA) que desarrolló importantes estudios. En la misma línea de pro- moción de las energías renovables se creó en 1973 ASADE (Asociación Argentina de Energía Solar) que impulsó varios centros regionales. A partir de 1987 se formaría por John Martín Evans (1944) y Silvia de Schiller (1944) el Centro de Investigación Habitat y Energía (CIHE) que desde la Universidad de Buenos Aires ha realizado numerosas actividades de capacitación y promoción. Tedeschi fue también fundador de la Fa- cultad de Arquitectura en la Universidad de Mendoza (1961) y autor de la sede con una obra de calidad. Debemos recordar que en esta década se comenzaron a formar Facultades pri- vadas de la Universidad Católica en La Plata, Córdoba y Santa Fe, así como la de Belgrano en Buenos Aires y la de Morón a las que, con el tiempo, se irían agregando otras.

1.3. La construcción de la democracia

No fue fácil la recomposición de la vida uni- versitaria a partir de 1983 y las pujas políticas se

trasladaron al seno de las instituciones de tal manera que habiendo dominado algunas anti- guas universidades ciertos grupos, al cambiar el poder político otro sector creó y generó un conjunto de nuevas universidades a las que les repartió, desde el Estado, generosos presupues- tos y los inmuebles para su funcionamiento. La universidad padeció entonces el reparto políti- co y en muchos casos no ha recuperado las con- diciones de espacio pluralista que tuvo otrora. Regresaron a la vida universitaria muchos arquitectos que habían padecido el flujo y reflujo de las intervenciones y acciones políti- cas de esas dos últimas décadas, algunos fueron a su vez raleados por haber colaborado con la dictadura, mientras otros funcionarios, con habitual oportunismo, adquirieron nueva pa- tente de democráticos. Talleres con mil alum- nos señalaban, en la nueva etapa no solamente el éxito de la prédica profesional o ideológica, sino también la disponibilidad de un cupo de docentes enorme que permitía tener gravita- ción en la vida universitaria. También indica- ban la dificultad notoria de realizar una buena tarea pedagógica con esa cantidad de alumnos y de docentes que actuaban, muchos de ellos, ad-honorem. Hemos señalado la acción del CAYC que con- juntamente con la SCA y la Revista Summa emprenderían en 1985 la Primera Bienal Inter- nacional de Arquitectura con una propuesta centrada en la exhibición de los personajes de mayor presencia mediática de la arquitectura mundial que han venido presentando sus obras. El CAYC asumiría luego con carácter exclusivo la realización de estos escenarios que alcanza- ron gran repercusión en la asistencia de público y en la difusión en la prensa especializada. El papel secundario asignado a los arquitec- tos latinoamericanos en la primera Bienal ge- neró en la Facultad de Arquitectura de Buenos

Tedeschi. Facultad de Arquitectura. Universidad de Men- doza. 1965. Foto Dick Alexander. Archivo CEDODAL

Aires una reacción que llevó al montaje de un encuentro paralelo cuya exitosa repercusión posibilitaría la existencia de un grupo de pro- fesionales que, abarcando todos los matices del diseño, la teoría, la crítica y el urbanismo, gene- raría lo que han sido durante 25 años los “Seminarios de Arquitectura Latinoamericana” (SAL) que se han venido reuniendo en los diversos países del continente hasta nuestros días 17. El apoyo del equipo de redacción de la revista SUMMA, integrado junto a Marina Wais- man por Alberto Petrina (1945), Julio Caccia- tore (1936), Marcelo Martín (1954), Patricia Méndez (1964), Adriana Irigoyen y Miriam Chandler (1954) fue clave para la realización del segundo SAL en Buenos Aires en 1986 dando continuidad a la iniciativa. Ya desde la década anterior se había vislum- brado la concentración del trabajo en una serie de estudios que marcaban las opciones preferenciales de la profesión. Muchos de ellos habían atravesado incólumes los duros conflic- tos que había sufrido el país de la misma mane- ra que muchos equipos de jóvenes arquitectos se habían visto diezmados o marginados de cualquier participación protagónica en esos tiempos. Si la década de los sesentas y setentas se habían abierto a instancias de importantes concursos posibilitando una mayor accesibili- dad, lo cierto es que el paulatino abandono de la acción pública en la arquitectura y la cre- ciente demanda del sector inmobiliario fueron marcando esa tónica de concentración de la encomienda profesional y haciendo más difi- cultosa la instalación de nuevos estudios con obra continuada y de calidad. Los denomina- dos genéricamente como “lápices de oro” o autoconsiderados testimonio del “Star System” expresaban entonces en los medios de difu- sión, en su presencia de obras y en general con una participación activa en el mundo social y

cultural su predominancia en estas dos últimas décadas del siglo.

1.4. El vaciamiento del Estado en los ’

La década del ’90 marcó claramente el aban- dono de la acción pública en la arquitectura, exactamente el camino contrario al que habría de emprender, por ejemplo España, que jerar- quizó sin ninguna duda su arquitectura a nivel internacional a través de las obras emprendidas por concurso mediante la acción estatal. En Argentina, la desaparición del tradicional Ministerio de Obras Públicas, al cual antes se le habían ido desagregando oficinas técnicas específicas dedicadas a arquitectura escolar, sanitaria y judicial marcó el final de un ciclo en la acción estatal. Con la dependencia del anti- guo MOP del nuevo Ministerio de Economía se verificaría la línea dominante del poder en manos de economistas de estas últimas déca- das. La desaparición de la Dirección Nacional de Arquitectura con los equipos regionales que atendían a la obra pública, incluyendo los Monumentos Históricos era indicativa de la pérdida de artesanos y constructores con oficio y conocimientos que eran ahora absorbidas por las empresas constructoras que carecían en muchas oportunidades de las destrezas requeri- das, mientras se continuaba adjudicando las obras atendiendo prioritariamente a las ofertas de precios. La transferencia de los recursos a los sectores privados para atender las nuevas demandas del estado ratificaron la teoría ideológica de que el Estado actuaba mal y que mejor y más econó- micamente lo hacía el capital privado. Se desar- ticularon así las grandes oficinas técnicas del estado pasando a manos privadas los bienes y servicios que habían ido, durante décadas, con- solidando la obra pública como expresión de

  1. AAVV. _Seminarios de Arquitectura Latinoamericana. 1985-
  2. Se hace camino al andar”._ Ed. CEDODAL. Buenos Aires.

rada Reserva Ecológica y sometida por ende a protección. Gobiernos posteriores de distinto signo brindaron concesiones variadas de espa- cios públicos a instituciones y empresas e inclu- sive nos sorprendieron con maravillas creativas como las “escuelas-shopping”. Todo parecía estar en disponibilidad para ser utilizado con el único objetivo de tener alta rentabilidad en manos privadas, desaparecien- do la preocupación por el bien común que le competía al estado asegurar. Un caso notorio fue la transferencia de más de un centenar de hectáreas de tierra pública en la conformación del nuevo barrio de Puerto Madero en Buenos Aires. El gobierno abrió a través de una Corpo- ración la consolidación de acuerdos entre insti- tuciones del estado para plantear la recupera- ción patrimonial mediante la rehabilitación de los almacenes del antiguo puerto. A la vez faci- litó nuevas normativas que han abierto la posi- bilidad de contar con un plan específico para construir racimos de torres de altísima rentabi- lidad y de perniciosas consecuencias de carác- ter ambiental para la ciudad. Se generó así un barrio urbano con autonomía reglamentaria puesto bajo una tutela peculiar de servicios propios incluyendo los de seguridad. Con mejor espíritu colaborativo el padrinaz- go de plazas y parques ayudó al mantenimiento de los espacios públicos y generó una aproxi- mación positiva a la tarea en común del sector privado y el municipio. Estas actitudes tendie- ron a atemperar la lectura de las ciudades como un espacio franqueado para todo tipo de negocios publicitarios o de uso mediante con- cesiones que cerraban ámbitos públicos a acti- vidades estrictamente privadas y con cobro de accesibilidad como sucedía en la Costanera norte. Mientras tanto reiterados incendios “casuales” en la reserva Ecológica movilizaban a la opinión pública para desafectar esta área

protegida y destinarla a lucrativas urbanizacio- nes como la que espera realizarse en los anti- guos terrenos de la frustrada “Ciudad Depor- tiva” en sus adyacencias.

2. DEL MOVIMIENTO MODERNO

A LA POSMODERNIDAD 1965 - 2000

2.1. La crisis del “Movimiento Moderno”

La década del ’60 estuvo signada por la enor- me apertura a los modelos externos, la singular confianza en la aplicabilidad de los mismos a nuestra circunstancia y la actitud mimética de los sectores dirigentes integrados a la penetra- ción cultural por decisión propia. Una minoría activa de los arquitectos había comenzado a principios de esa década a desarrollar una tarea de introspección en lo que se dio en llamar el movimiento de “las casas blancas” cuyo origen se refería habitualmente a la iglesia de Fátima en Martínez (Pcia. de Buenos Aires) realizada por los arquitectos Claudio Caveri (1928-2011) y Eduardo Ellis (1925) entre 1956 y 1958 18. Re- tomando una búsqueda que cuestionaba el ahistoricismo del Movimiento Moderno y ratifi- caba la valoración del “espíritu del lugar” sin re- nunciar al “espíritu del tiempo”, el movimiento encontró un eco en diversos sectores profesio- nales que culminaron en una exitosa Exposi- ción realizada en 1964. Caveri señalaba la importancia de esta bús- queda frente a la arrogancia del sistema tecno- lógico importado acríticamente sin atender a las posibilidades locales y regionales, a los modos de vida y a los recursos disponibles, en- frentando a las autodenominadas “vanguardias modernas” que aspiraban a esa altura a tener la concesionaria local de alguna vedette arquitec- tónica extranjera. La lectura de la realidad con-

  1. AAVV: Casas Blancas. Una propuesta alternativa. CEDODAL. Buenos Aires. 2003.

creta era para esta línea de la arquitectura el camino adecuado, la pertenencia significativa a la vertiente troncal del Movimiento Moderno, en sus diversas facetas, miesianas, corbusiera- nas y hasta wrightianas era la otra opción pre- dominante. En el afán de la pertenencia a la propuesta externa, quienes antes habían intentado un reco- rrido integrador de las circunstancias ambienta-

les, tecnológicas e inclusive la opción de un “espí- ritu mediterráneo” como Antonio Bonet Castellana (1913-89), integrante del antiguo grupo Austral, abordará los patrones del urba- nismo corbusierano en su propuesta para el barrio Sur de Buenos Aires (1957), proponiendo destruir traza y patrimonio en una renovación especulativa realizada desde el Estado o recalará en el lenguaje miesiano en la Casa Oks. Sin embargo, los tiempos heroicos del Mo- vimiento Moderno (MM) estaban naufragando en los países centrales jaqueados por los cues- tionamientos del Team X, el creciente recono- cimiento de las manifestaciones heterodoxas de Alvar Aalto (1898-1976), Paul Rudolph (1918-97) y Louis Kahn (1901-74) en su revalo- rización de la historia dentro de la enseñanza. Otros iban instalando aperturas como las pro- puestas enfáticas de Aldo Van Eyck (1918-99) que retomaban la problemática social abando- nada tan tempranamente por el MM o las de los Smithson buscando arquitecturas expresivas de una mayor integración urbana. Es cierto que la reconversión del Le Cor- busier de Ronchamp, La Tourette y Chandi- garh o la difusión de la arquitectura japonesa potenció la apertura hacia las manifestaciones expresionistas del “neobrutalismo”, que entre nosotros tuvo la temprana y exitosa manifesta- ción del conjunto de la Casa de Gobierno de La Pampa de Clorindo Testa (1923-2013), Augusto Gaido (1920-?), Boris Dabinovic (1920-?) y Francisco Rossi (1921-2007) y obras posteriores que también reconocen a Testa como protago- nista con el Banco de Londres (conjuntamente con el estudio SEPRA) y la Biblioteca Nacional con Francisco Bullrich (1929-2011) y Alicia Cazzaniga (1928-1968). También aquí podría- mos recordar las obras de Mario Soto (1928-

  1. y Raúl Rivarola (1928) en Misiones entre ellas el Instituto de Previsión Social, la Escuela

Testa y SEPRA. Banco de Londres y América del Sud. Buenos Aires, 1965. Foto César Loustau. Archivo CEDODAL

de proyectos reducidos a la búsqueda “de un cubo virtual” u otra figura geométrica. En defi- nitiva unas volumetrías formales que, facilitadas por las múltiples posibilidades tecnológicas, permitían aparentar una postura estética origi- nal. Rafael Eliseo Iglesia (1930) visualizaba una suerte de ficción en los proyectos de Bancos de la Ciudad en Buenos Aires y Córdoba donde se alteraba “el rango funcional de los elementos: aque- llos que hasta entonces fueron considerados de segun- do orden como los sistemas complementarios, como los espacios sirvientes, como las instalaciones mecánicas, que son puestos en primer plano creando une estética “pseudofuncionalista”, resultado de figuras retóricas que invierten la jerarquía arquitectónica; en muchos casos lo secundario aparece como lo principal; lo habi- tualmente oculto como objeto de exhibición: lo comple- mentario como esencial”^20_._ La gravitación de estas defecciones en el tiempo arrastraron a muchos de los que lúcida- mente en 1963 alertaban sobre la complejidad de expresiones formales que no respondían a necesidades del programa arquitectónico y rati-

ficaban que “la arquitectura no debe ser de ningu- na manera una necesidad estética porque es una necesidad funcional”^21_._ Las obras así concebidas eran objetos artísticos autónomos cuya cons- trucción de ciudad por agregación se despren- día de todo compromiso con el contexto ambiental, paisajístico, social y cultural y en no pocos casos atendía prioritariamente a la alta rentabilidad económica que podía generar y en general al prestigio del autor profesional. Todo esto ampliaba el contenido del ya generoso escenario de lo “moderno”, término bajo el cual se refugiaban quienes concretaban estas obras concebidas como los nuevos “monumen- tos” contemporáneos. Curiosamente, en un proceso similar al que había sucedido con las normativas academicistas cuya reiteración llevaron al eclecticismo y luego al pintoresquismo, buscando la singularidad que los requerimientos compositivos limitaban, el Movimiento Moderno abandonaba así las tesi- turas de Adolf Loos (1870-1933) y su “ornamen- to es delito” para incursionar crecientemente en

  1. Iglesia, Rafael. “Poéticas arquitectónicas en la Argentina. 1955-1980”. En Summa Nº 200-201. Buenos Aires. Junio de
  2. Pág. 54.
  3. Solsona, Justo. SUMMA Nº 2. Buenos Aires. 1963. Pensamiento difícil de compatibilizar con el proyecto que pre- senta al Concurso de la Biblioteca Nacional (1962) o la valora- ción de algunas torres recientes como homenaje al Kavanagh.

Bidinost y Asociados. Colegio Belgrano. Córdoba, 1960-1968. Atención Revista SUMMA. Archivo CEDODAL

Soto-Rivarola. Instituto de Previsión Social. Posadas, Misio- nes, 1960-1966. Atención Macchi. CEDODAL

un decorativismo individualista que ponderara lo diferencial de la obra. En muchos casos esta decoración “lujosa” contribuía a prestigiar, en una sociedad signada por la economía de con- sumo, la expresión de los nuevos valores cultu- rales de los potenciales clientes. Quizás podamos identificar al estudio de Mario Roberto Álvarez (1913-2011), como el más consecuente con la idea “funcionalista” original del Movimiento Moderno como puede valorarse en las ampliaciones del Teatro Gene- ral San Martín y el Cervantes, en la Belgrano Day School, en la Galerías Jardín (1970) y en la Bolsa de Cereales, pero también aquí se vis- lumbra la autonomía de la obra y la no siempre feliz integración con el entorno urbano. Basta recordar lo que hubiera significado su proyecto para el Hotel Hilton localizado junto al actual Ministerio de Relaciones Exteriores, la obra del Banco Río de la Plata que cambió la escala de la Catedral de Buenos Aires en el paisaje urba-

Álvarez y Asociados. Ampliación Teatro San Martín. Buenos Aires, 1962-1970. Atención Estudio Mario Roberto Álvarez

no o la polémica con el arquitecto Eduardo Sacriste que le demandó el cumplimiento de la Ordenanza que disponía la existencia de la Recova en el Paseo Leandro N. Alem, para veri- ficar de qué manera la ciudad pasaba a un segundo plano frente a la obra propia. En los ’60 y ’70 algunos de los rascacielos de oficinas respondieron a programas funcionales con el carácter de cajas geométricas signadas por la marca del comitente. Tal el caso del edi- ficio Olivetti y del Fiat realizados en 1965, aun- que paulatinamente la construcción de los ras- cacielos fue derivando a nuevas pujas. Así se pondera la “inteligencia” del edificio, la renta- bilidad posible, la firma asociada de algún ar- quitecto prestigiado residente en el extranjero y algún rasgo formal o tecnológico que lo sin- gularizara. La antigua exigencia de correlación entre el espacio y la función atendiendo a pro- gramas muy acotados derivaría ahora en la idea de la flexibilidad de los espacios funcionales para multiusos, liberando de esta manera las potencialidades de resultantes formales más autónomas. Las alternativas de cambios espa- ciales-funcionales significaban a la vez nuevas premisas en las condicionantes del diseño. Los sistemas analíticos del proceso de diseño pro- puestos por Geoffrey Broadbent, Christopher Jones (1927) y Juan Pablo Bonta (1933-96) al- canzaron en estos años un señalado interés en el campo universitario 22. Hubo otras alternativas que parecieron afir- marse sobre la base de diseños de clara impron- ta geométrica inspirados en un fuerte formalis- mo como fue el proyecto para el nuevo Teatro Argentino de La Plata, la torre cilíndrica de Prourban, más conocida como “El rulero” de Solsona y asociados o las propuestas de Miguel Baudizzone (1943), Antonio Díaz, Jorge Erbin (1937-96), Jorge Lestard (1942) y Alberto Varas (1943) para el Auditorio de la Ciudad de

  1. Broadbent, Geoffery y otros. El Simposio de Portsmouth. EUDEBA. Buenos Aires. 1971. El argentino Juan Pablo Bonta desarrollaría luego en los Estados Unidos nuevos métodos para acotar científicamente la crítica de arquitectura a través de indicadores de comunicación.

Pantoff-Fracchia. Edificio Olivetti. Buenos Aires, 1962. Archivo CEDODAL

Álvarez y Asociados. Proyecto de Hotel Hilton al lado del Palacio Anchorena. Archivo CEDODAL

Buenos Aires y el Instituto de Investigaciones Científicas de la Universidad Nacional de La Plata de clara influencia de obras inglesas de su época 23. El fallecimiento de Erbin y la separa- ción de Díaz en 1979, que se radicó en España, redujo la constitución del estudio que continuó con obras de importancia, entre ellas el Centro de Congresos y Exposiciones de Mendoza (1994). Tony Díaz fue en estos años uno de los más inquietos en buscar un sustento teórico sólido a su producción arquitectónica.

Cabe señalar que las políticas de la dictadura (1976-1983) además de los estadios para el mun- dial de fútbol (1978), planteó en materia de vivienda social la realización de grandes conjun- tos que requerían la alianza de propietarios de tierras urbanas, entidades crediticias y empresas constructoras, de lo que resultaron construccio- nes radicadas en áreas inundables, conjuntos que trasladaron experiencias de viviendas “pro- visorias” españolas, convertidas en definitivas entre nosotros, y otras propuestas de miles de unidades carentes de equipamientos adecuados. El contexto de esa década del ’70 actuó de una manera ambivalente en el campo de la arquitectura. La crítica social y cultural por una parte surgida de las circunstancias de violencia no impidió en la profesión la evidencia de una enajenación que estaba subyacente al intentar mimetizarse con las modas externas. Así, impul- sadas por la acción del CAYC dirigido por Glusberg se articulaba el “Star System” arquitec- tónico con la realización de eventos arquitectó-

  1. Liernur, Jorge Francisco. Arquitectura en la Argentina del siglo XX. La construcción de la modernidad. Buenos Aires. Fondo Nacional de las Artes. 2001. Pág. 330.

Solsona y Asociados. Edificio Prourban. Buenos Aires, 1978. Foto Dick Alexander. Archivo CEDODAL.

Baudizzone y Asociados. Proyecto Auditorio Ciudad de Buenos Aires. 1971. Atención SUMMA. Archivo CEDODAL