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B.F. Skinner Contingencias de reforzamiento un análisis leórico DE Índice de Prólogo contenido Reconocimientos Cap. 1. Cap. 4. PRIMERA PARTE LAS CONTINGENCIAS DE REFORZAMIENTO Y EL DISEÑO DE CULTURAS El papel del medio Más allá del estímulo y la respuesta, 18. La interpretación de la conducta, 23. La manipulación de la conducta, 25. . La utopía como cultura experimental Las técnicas utópicas, 40. Utopías conductuales, 43. Gustar de un modo de vida, 46. Objeciones a una cultura diseñada, 49, El hombre y su destino, 51. La solución ambiental Tres soluciones tradicionales, 56. Una cuarta solución, 58. Creando contingencias menos efectivas, 61. Preparando contingencias útiles, 63, SEGUNDA PARTE UN ANÁLISIS DE LAS CONTINGENCIAS ONTOGENÉTICAS Y FILOGENÉTICAS El análisis experimental de la conducta Las variables independientes, 77. Tratamiento de las relaciones entre las variables, 80. Actitudes acerca de la investigación, 82. 17 55 75 13 Las contingencias de reforzamiento y €l diseño de culturas El papel del medio los animales y los hombres vivían y se comportaban. Podrían haberse comportado de modos diferentes en lugares diferentes, pero no porque los lugares fueran diferentes. El medio era un ambiente necesario que quizá favoreciera u obstaculizara la conducta, pero que no determinaba su ocurrencia ni su forma. Nunca se indicó que desempeñara un papel más activo sino hasta el siglo xvH, cuando Descartes previó el reflejo; y los empezaron entonces a llamar a la acción del medio stimulus, “agui- jón” en latín. El término adquirió mayor significado cuando se descu- brieron y estudiaron los reflejos, y su alcance se extendió cuando Pavloy mostró cómo podían condicionarse nuevos estímulos. El descubrimiento de los tropismos, especialmente en los escritos de Jacques Loeb, apoyó el punto de vista de que el medio, de un modo u otro, obligaba al org; =] nismo a comportarse. Estas fueron las circunstancias en las que nació la psicología estímulo- respuesta. John B. Watson adoptó el principio del reflejo condicionado y le añadió la vieja noción de hábito. Sostuvo que los animales y el hom- bre _adquirían conducta nueva mediante el condicionamiento y luego seguían comportándose mientras siguieran activos los estímulos apropia- dos, Este enfoque fue elaborado sistemáticamente por Clark Hull (71). Por su parte, E. B. Holt lo resumió de esta manera: “De y aguijoneados o fustigados a lo largo de la vida” (70). Pero no era fácil mostrar que esto sucedía con toda la conducta. No se podían encontrar estímulos adecuados para todas las respuestas y algunas condiciones am- bientales importantes, como la escasez de comida, no actuaban como estímulos. El concepto original pronto fue reemplazado por uno mucho menos preciso, llamado “situación de estímulo total”. Era igualmente problemático el hecho de que muchos estímulos que obviamente llega- ban a la superficie del organismo no parecieran tener efectos. Por tanto, 17 CAP. 1. El PAPEL DEL MEDIO 19 insistía en que los hombres trabajaban para alcanzar el placer y evitar el dolor, y el utilitarismo trataba de justificar la conducta por sus efectos útiles. La teoría de la evolución señaló que a partir de este proceso resul- taba una adaptación o un ajuste del organismo al medio. No obstante, sólo con lentitud se reconoció la significación cabal de las consecuencias. Es posible que hubiese alguna inquietud por las causas finales (¿cómo podía afectar a la conducta algo que venía después?), pero había una dificultad importante en los hechos. Existían embarazosas excepciones de todas estas reglas. Los hombres actúan a veces de tal manera que pro- vocan dolor y destruyen el placer, que tienen una utilidad neta discuti- ble, y que van contra la supervivencia de la especie. Las recompensas y los castigos no siempre tienen efectos predecibles. Aunque sepamos cuánto se le paga a una persona, no podemos decir qué tanto trabajará. Aunque sepamos que los padres de un niño responden ante él con afecto y que los de otro responden con las medidas disciplinarias propias de un ordenancista, no podemos decir qué niño se va a conformar y cuál se va a rebelar. Aunque sepamos que un gobierno es tiránico y otro benevolente, no podemos predecir qué pueblo se va a someter y cuál se va a suble- var. Se han hecho muchos esfuerzos para explicar este tipo de fallas (por ejemplo, se han inventado otras clases de placeres y dolores) pero nunca se ha logrado preservar la confianza en los principios básicos. Cuando se escudriñó la relación temporal entre la conducta y sus consecuencias empezó a surgir un orden más tranquilizante. En el famoso experimento de Edward L. Thorndike, un gato hambriento encerrado en una caja podía dar vuelta a una aldaba y abrir una puerta; podía luego escapar de la caja y alcanzar la comida que estaba afuera. Vale la pena considerar varios rasgos de esta disposición. El escape de la caja y el acceso a la comida se especifican más nítidamente que cualquier ganancia neta o ventaja última, y se presentan inmediatamente después de dar vuelta a la aldaba. En realidad, pueden coincidir con las hue- llas de esa respuesta, en cuyo caso es posible evitar el asunto de las causas finales. Lo que Thorndike observó fue que la conducta de dar vuelta a la aldaba quedaba, como decía él, “impresa”. Pudo trazar una curva de aprendizaje que mostraba cómo el gato llegaba a dar vuelta a la aldaba cada vez más rápido conforme se repetía el experimento, y no necesitó suponer que la propia respuesta se fortalecía de alguna manera; era fac- tible que ocurriera más rápido precisamente porque otra conducta en la caja fuera “borrada”. Podía ser que una respuesta satisfactoria fuera seleccionada por sus consecuencias, de modo muy semejante a como se decía que una mutación era seleccionada por su contribución a la super- vivencia en la teoría de la evolución. (Edwin R. Guthrie siguió soste- niendo esta interpretación del efecto selectivo de las consecuencias. ) 20 PRIMERA PARTE. DISEÑO DE CULTURAS Una simplificación mayor del experimento esclarece el proceso. Una caja en la que una rata hambrienta presiona una palanca y de inme- diato obtiene comida se encuentra evidentemente dentro de la tradición de Thorndike. Sin embargo, la respuesta es más simple y la consecuen- cia es automáticamente contingente sobre ella, al menos si se ha esta- blecido un reforzador condicionado como el sonido del dispensador de comida. Pero hay un rasgo más importante; si se adapta completamente la rata a la caja antes de poner a su disposición la palanca, la mayor parte de la conducta competitiva puede “suprimirse” antes de que la respuesta que se va a aprender sea siquiera emitida. Entonces, la curva de aprendizaje de Thorndike, que muestra la desaparición gradual de la conducta insatisfactoria, se desvanece. En su lugar nos queda un cam- bio_notable de la propia respuesta satisfactoria: un incremento inme- diato de la tasa, a menudo muy abrupto (129). Con el uso de la tasa de respuesta como variable dependiente ha sido posible formular de manera más adecuada la interacción entre un orga- nismo y su medio. Los tipos de consecuencias que incrementan la tasa (Sreforzadores”) son positivos o negativos; esto depende de si refuerzan cuando aparecen o cuando desaparecen. La clase de respuestas sobre la cual es contingente un reforzador recibe el nombre de operante para_ indicar que hay una acción sobre el medig, seguida por el reforzamiento. Construimos una operante haciendo que un reforzador sea contingente sobre una respuesta; pero el hecho importante, en lo que se refiere a la unidad resultante, no es su topografía sino su probabilidad de ocurren- cia, que se observa en forma de tasa de emisión. Así como los estímulos anteriores no son importantes, cualquier estímulo presente, cuando una operante es reforzada, adquiere control en el sentido de que la tasa será mayor cuando ese estímulo esté presente. Dicho estímulo no actúa como aguijón; no provoca la respuesta en el sentido de que la obligue a ocu- rrir. Es simplemente un aspecto esencial de la ocasión en la que una respuesta es emitida y reforzada. La diferencia se esclarece llamándolo estímulo discriminativo (o E”). Una formulación adecuada de la interacción entre un organismo y su medio debe siempre especificar tres cosas: (a) la ocasión en la que ocurre la respuesta;(b) la propia respuesta, y) las consecuencias refor- zantes. Las interrelaciones que se establecen entre estas tres cosas son las “contingencias de reforzamiento”. Este concepto describe los rasgos par- ticulares de un aspecto del medio que quizá Tolman y Brunswik trata- ban de identificar cuando hablaban de su “textura causal” (160). Estas interrelaciones son mucho más complejas que las que se dan entre un estímulo y una respuesta, y son mucho más productivas tanto en el aná- lisis teórico como en el experimental. La conducta generada por un conjunto de contingencias dadas puede explicarse sin apelar a estados 22 PRIMERA PARTE. DISEÑO DE CULTURAS respuestas y reforzadores. Queda el hecho de que la observación directa, independientemente de lo prolongada que sea, le dice muy poco de lo que está sucediendo. Estará muy impreparado para la información adicional que se va a encontrar en un simple registrador acumulativo, en el que por primera vez pueda estimar precisamente la tasa de respuesta, com- parar tasas diferentes y seguir las aceleraciones que ahora serán eviden- tes. Por supuesto, no ha tenido la información necesaria sobre la historia ntrar en el protocolo del experi- mento. Sobre todo, sólo ha podido conjeturar vagamente cuáles son las interdependencias entre los estímulos, las respuestas y los reforzadores que ahora puede descubrir al examinar el equipo de control. del medio en el reflejo simple, tal vez no resulte sorprendente el hecho de que nos haya llevado mucho más tiempo advertir las contingencias de re- forzamiento. La opinión tradicional, homocéntrica, de la conducta umana se opone a que miremos el medio de esta manera, además de que los hechos mismos distan mucho de ser evidentes. Ahora pidamos a nuestro observador que mire con detenimiento el medio en el que los animales y los hombres viven y se comportan bajo contingencias mucho más complejas que cualquiera que haya sido sometida a un análisis experimental. Si no pudo ver lo que estaba sucediendo en un espacio ex- perimental relativamente simple, ¿cómo esperamos que comprenda la conducta del mundo que lo circunda? ¡Y todo mundo ha estado en esta situación hasta hace muy poco! Sólo una vez que hemos analizado la conducta bajo contingencias de reforzamiento conocidas, empezaremos a observar lo que sucede en la vida diaria. Entonces empiezan a llamar nuestra atención cosas que alguna vez pasamos por alto, y aprendemos a desdeñar o ignorar cosas que una vez atrajeron nuestra atención. La topografía de la conducta, sin importar lo fascinante que sea, pasa entonces a segundo plano por lo que se refiere a las evidencias de probabilidad. Un estímulo ya no es meramente el inicio o la terminación evidente de un intercambio de ener- gía, como en la fisiología refleja; es cualquier parte de la ocasión en la que una respuesta es emitida y reforzada. El reforzamiento es mucho más que “ser recompensado”; la variable importante es una probabilidad de reforzamiento prevaleciente, sobre todo en diversos programas inter- mitentes. En otras palabras, ya no miramos la conducta y el medio como cosas o eventos distintos, sino las interrelaciones que se dan entre ellos; miramos las contingencias de reforzamiento. Entonces podemos inter- pretar la conducta con más éxito. [ Los principios del hedonismo, el utilitarismo y la adaptación no esta- ban equivocados; simplemente no eran precisos. Es cierto que los hom- bres trabajan por dinero y afecto, así como para evitar el látigo, y que CAP. 1. El PAPEL DEL MEDIO 23 persiguen la felicidad y buscan alivio del dolor. En un nivel semejante, es cierto que el agua hierve cuando se calienta, se congela cuando se enfría, corre montaña abajo y se cala en una esponja. Todos estos son hechos observados; tienen sus usos prácticos y son importantes en las pri- meras etapas de una ciencia, pero ésta pasa rápidamente a un análisis mucho más preciso, y una tecnología efectiva debe hacer lo mismo. LA INTERPRETACIÓN DE LA CONDUCTA La conducta verbal es un campo en el que el concepto de contingen- cias de reforzamiento ha resultado especialmente útil. Lo que es notable en el campo es la conducta de la gente que habla, o más bien, sus pro- ductos audibles. La mayoría de los lingilistas aceptan esto como su mate- ria de estudio: un lenguaje es la totalidad de las oraciones dichas en él. Se dice, evasivamente, que el lenguaje está constituido por “enunciados” Pueden obtenerse muestras para su estudio de cualquiera que hable un lenguaje, posiblemente del propio lingiiista. La topografía de la con- ducta se analiza acústica, fonética y fonémicamente, y en estructuras mayores, sintácticas y gramaticales, que se llaman oraciones. Por supues- to, el medio no es ignorado. De hecho, los fonemas y las oraciones acep- tables no pueden definirse simplemente como características topográficas porque implican los efectos que se producen sobre un oyente. El medio es aquello “acerca de” lo cual hablan las oraciones, pero la relación que se alude con las palabras “acerca de” generalmente no es analizada más allá del nivel del significado o la referencia. El significado de un enunciado es alguna característica de la ocasión en la que es enunciado, o algún efecto sobre un oyente, La relación del hablante con el oyente se describe en una de las versiones más simples de la fórmula entrada- salida, en la que el hablante trasmite información al oyente o se comu- nica con él, en el sentido de que hace algo que es común a ambos. Dadas estas restricciones, no es sorprendente que los lingiiistas y los psicolingiiistas no hayan podido explicar por qué hablan los hombres, por qué dicen lo que dicen, o lo dicen de determinada forma. Ni tam- poco es sorprendente que hayan recurrido a los precursores mentales. Un hablante utiliza una palabra porque tiene la intención de expresar un significado. Compone una oración (en parte aplicando reglas sintác- ticas posiblemente innatas) para expresar una idea o una proposición. Se ice que la estructura de un lenguaje 1 manifiesta la estructura del mente por los lingiiistas en los primeros años del siglo, pero los esfuerzos que se hicieron para hallar una alternativa conductual, especialmente los de Leonard Bloomfield (21), fallaron debido a las limitaciones de la a Vtod CAP. 1. El PAPEL DEL MEDIO 25 tingencias anteriores, del mismo modo que la conducta que tiene el oyente, de moldear y mantener la conducta del hablante, es producto de contingencias anteriores en la comunidad verbal.) Registrar lo que hace la gente de una cultura es un paso importante, pero sólo el primer paso, para descubrir por qué lo hace. Las reglas que se han extraído de las contingencias, y que se han utilizado para mantenerlas (véase el capí- tulo 6) son útiles para aquellos que estudian una cultura; pero común- mente representan sólo las contingencias más obvias. Las contingencias más sutiles pueden pasar inadvertidas durante mucho tiempo, a pesar de que constituyen la principal materia de estudio de la antropología y la sociología. En la ciencia política un movimiento semejante recibe el nombre de conductualismo. También representa una reacción comprensible ante la aplicación prematura de la psicología. El “conductualista” se limita a aquellos aspectos de la topo ografía | de la nducta política que pueden "medirse con instr s y técnicas empíricas, No es sorprendente que un simposio io sobre “Los límites del conductualismo en la ciencia polí- tica” (35) se haya quejado del descuido en que se tiene a la experiencia, las ideas, los motivos, los sentimientos, las actitudes, etc. En realidad, se descuidan pero de ello no se deduce que el científico de la política qua) regresar a eso. Es cierto que la conducta política no puede comprenderse sólo en términos de su topografía, como parece implicar el conductualis- mo, pero lo que se necesita no es una explicación mentalista sino un análisis más profundo de las contingencias de reforzamiento políticas. LA MANIPULACIÓN DE LA CONDUCTA Cuando las variables descubiertas en un análisis experimental resul- tan ser manipulables, podemos ir más allá de la interpretación, esto es, al control de la conducta. El control práctico es ya un lugar común en el laboratorio operante, en el que la conducta a menudo se manufactura según las especificaciones y se cambia casi a voluntad, La topografía se moldea y se mantiene; la tasa de respuestas se incrementa o decrece; los estímulos se ponen al control y se construyen complejos patrones y secuencias de respuestas. Por tanto, si nos interesa la visión establecemos contingencias que garanticen que un organismo mirará un estímulo en un momento dado. Si nos interesa la emoción generamos una línea base estándar contra la cual sea probable ver efectos específicos. Si nos inte- resa la obesidad disponemos contingencias especiales en las cuales un organismo se sobrealimenta. Si nos interesa el sueño disponemos contin- gencias que mantengan despierto al organismo largo tiempo, al término del cual duerme inmediatamente. Si nos interesa el sistema nervioso 26 PRIMERA PARTE. DISEÑO DE CULTURAS establecemos patrones de conducta estándar que se ven alterados por las lesiones o por la estimulación central. Si nos interesan los compuestos farmacéuticos nuevos, generamos una conducta que es afectada por dro- gas específicas de modos específicos. Todas estas prácticas tienen relación con el control de la conducta humana en todo el mundo, lo cual es, por supuesto, más importante. Las técnicas tradicionales de control, que adolecen de las limita- ciones de las teorías en las que se han basado, Je dan excesiva importan- cia a cosas simplemente notables: la topografía de la conducta en vez de su probabilidad, y en vez de las variables independientes que tienen efec- tos inmediatos y obvios. El concepto de contingencias de reforzamiento ha llevado a una tecnología de la conducta mucho más efectiva, de la cual pueden citarse unos cuantos ejemplos. Educación. La topografía de la conducta de un estudiante es la”] evidencia más clara de que sabe algo, y siempre ha sido sobreestimada. | En la educación clásica griega y china, a los jóvenes se les enseñaba a recitar largos pasajes de grandes obras literarias, y cuando podían hacerlo no había duda de que el maestro había sido efectivo. En la actuali- dad ya no requerimos de mucha recitación literal, pero nuestro interés por la respuesta correcta sigue vigente, Puesto que el maestro es refor- zado cuando el estudiante responde correctamente, es probable que emplee técnicas que lo induzcan a responder así, pero se descuida la probabilidad de que responda de modos similares en el futuro (“de que utilice lo que sabe”) (152). Los m os han empleado tradicionalmente sólo las medidas am- bientales más significativas. La vara de abedul y el bastón marcan una larga historia de control aversivo que todavía no ha terminado. La ma- yoría de los estudiantes aún estudian, recitan y presentan exámenes con el fin primordial de evitar las consecuencias de no hacerlo. Las conse- cuencias pueden haberse moderado pero son, sin embargo, lo bastante aversivas como para producir subproductos problemáticos. La simple permisividad no es una alternativa efectiva, y es difícil hacer que los reforzadores positivos inventados, como las buenas calificaciones, los gra- dos, los diplomas y los premios, sean contingentes sobre la conducta de maneras efectivas. La enseñanza es la disposición de contingencias de reforzamiento que expeditan el aprendizaje. Un estudiante aprende sin ser enseñado, pero aprende más efectivamente en condiciones favorables. Los mastros siem- pre han dispuesto las contingencias efectivas cuando han enseñado con éxito, pero es más probable que lo hagan si comprenden lo que están haciendo. La instrucción programada es una técnica tomada directa- mente del laboratorio operante, y está diseñada para elevar al máximo 9) 28 PRIMERA PARTE. DISEÑO DE CULTURAS minutos hacer. Entonces se cambiaron las contingencias. Las ayudantes no debían esforzarse por mover a las pacientes; la paciente que entrara al comedor hasta media hora después de que había sonado una campana podía comer, pero las otras se quedaban sin comida y no se les daba nin- guna otra. En la primera comida sólo unas cuantas pacientes llegaron al comedor, pero poco a poco todas lo hicieron. Luego se fue acortando progresivamente el tiempo permitido, de media hora a cinco minutos. Al final del experimento todas las pacientes entraban al comedor en cinco minutos sin la ayuda de las ayudantes. El experimento ilustra varios aspectos importantes de la interpreta- ción y el manejo de las contingencias de reforzamiento. En una sala de este tipo, la atención personal de una ayudante es generalmente un refor- zador fuerte, pero a menudo sólo es contingente sobre una perturbación ligera. (La perturbación seria es tratada de Otra manera.) Durante la mayor parte del día, la ayudante puede evitar reforzar a las pacientes ignorándolas cuando creen problemas; pero esto no es posible si la misma persona es responsable de que entren al comedor. En efecto, la cam- pana de la comida daba a las pacientes un poder especial: ahora podían evocar reacciones en las ayudantes rehusando moverse, yendo en otra dirección, etc. Cuando se cambiaron las contingencias, estas conductas dejaron de ser reforzadas, y entonces pudo entrar en juego un nuevo reforzador. La comida de la institución no siempre es reforzada, pero llega a serlo cuando el paciente tiene hambre. Las pacientes empezaron a ir al comedor no para evitar la acción ligeramente aversiva de las ayu- dantes ni para escapar de ella, sino porque eran reforzadas positiva- mente por la comida. Una vez que se estableció la conducta, no se requirió más de un nivel especial de privación. Esta conducta tenía más probabilidades de ser considerada aceptable en la cultura en general. Por supuesto, el experimento no soluciona todos los problemas del manejo de una sala, pero muestra cómo un cambio de contingencias puede resol- ver algunos problemas e incluso conducir a una especie de terapia. Economía. La conducta de un empleado es importante para el empleador, que gana cuando aquél trabaja industriosa y precisamente. ¿Cómo «se le ha de inducir para que lo haga? La respuesta estándar fue alguna vez la fuerza física: los hombres trabajaban para evitar el castigo o la muerte. Sin embargo, los subproductos eran problemáticos, y quizá la economía sea el primer campo en el que ha habido un cam- bio explícito hacia el reforzamiento positivo. Ahora la mayoría de los hombres trabaja, como se dice, “por dinero”. Pero subsisten muchos problemas, y éstos tienen su paralelo en el laboratorio operante. El dinero no es un reforzador natural; debe ser condicionado para que lo sea. El reforzamiento demorado, como el de un salario semanal, e CAP. 1. El PAPEL DEL MEDIO 29 plantea un problema especial. Nadie trabaja el lunes por la mañana porque sea reforzado con un cheque en la tarde del viernes. El hago que recibe su pago por semana trabaja durante la semana para evitar la pérdida del estándar de vida que depende del salario semanal. El su- pervisor que puede despedirlo es parte esencial del sistema. La tasa de trabajo es determinada por el supervisor (con o sin los estímulos espa- ciados de una línea de producción), y hay contingencias aversivas especiales que mantienen la calidad. Por tanto, el patrón sigue siendo aversivo. Se ha señalado a menudo que la actitud del obrero de deter- minada línea de producción hacia su trabajo es muy diferente de la del artesano, que es envidiado por los obreros y los empresarios industriales por igual. Una explicación es que el artesano es reforzado por algo más que las consecuencias monetarias; pero otra diferencia importante estriba en que cuando un artesano dedica una semana a completar un objeto dado, cada una de las partes producidas durante la semana tiene proba- bilidades de ser reforzante, en forma automática, debido a su lugar en el objeto terminado. En los programas de reforzamiento basados en contadores existen contingencias un poco mejores que en los que se basan en relojes. En el salario a destajo se le paga al obrero por cada artículo que produce; esto es lo que se llama programa de razón fija, y genera un alto nivel de actividad. El reforzamiento a destajo es en realidad tan poderoso que a menudo se ha abusado de él, y generalmente se le oponen aquellos que se preocupan por el bienestar del obrero (y los propios obreros cuando, por ejemplo, establecen cuotas diarias). El vendedor que tiene salario y comisión ejemplifica una forma de sueldo incentivo, que es una combinación de programas basados en relojes y contadores. Actualmente no se favorece la implantación de sueldos incentivos, debido probable- mente a que también se ha abusado de ellos; pero es necesario investi- garlos como alternativas prometedoras del control aversivo. Un programa especialmente efectivo se encuentra en el común deno- minador de todos los aparatos de juego. Considérese una habitación llena de gente que juega “bingo”. Los jugadores permanecen quietos durante muchas horas; escuchan con gran cuidado los números y las letras que se vocean; ponen fichas en las cartas de manera rápida y precisa, y responden al momento cuando se ha completado un patrón particular. ¿Qué no daría la industria por emplear obreros que se por- taran así? ¿Y qué no darían los obreros por un trabajo que los absorbiera tan completamente? (Entre paréntesis, el artesano está en gran medida bajo el control de programas de razón.) Otras contingencias económicas inducen a los hombres a comprar y vender, rentar y alquilar, prestar y tomar prestado, explorar, inventar, promover, etc. La fuerza de una cultura depende enormemente de los ) CAP. 1. EL PAPEL DEL MEDIO 31 efecto de las medidas gubernamentales. Por supuesto, lo logran dispo- niendo diversas contingencias de reforzamiento, las cuales son el material de estudio propio de la antropología y la sociología. Es un campo difí- cil, en parte porque las prácticas tienen menos probabilidades de ser codificadas que en otras disciplinas, y en parte porque no hay figura que controle (como un maestro, un terapeuta, un patrón o un gobierno) y cuya conducta haga visibles las prácticas no codificadas. Sin embargo, a veces la vida cotidiana es diseñada explícitamente. Las comunidades religiosas de la tradición judeo-cristiana se basaron en | grupos de reglas (por ejemplo, las Reglas de Benedicto y de Agustín) que especificaban contingencias de reforzamiento social. Las escuelas y los colegios son en cierta medida comunidades en este sentido y tienen sus propias reglas. Las instituciones para el cuidado de los psicóticos y los retardados, los orfanatorios, los campos de veraneo y las institu- ciones penales son otros ejemplos. Las técnicas de control, codificadas O no, son a menudo aversivas; pero recientemente se han hecho esfuer- zos por diseñar comunidades de este tipo empleando contingencias positivas. Un ejemplo representativo es un experimento realizado en la Escuela Nacional de Entrenamiento para Jóvenes de Washington, D. C., cuyos estudiantes son delincuentes juveniles. La cultura de esa comunidad fue rediseñada de la siguiente manera (38). El control aversivo se redujo al mínimo; a nadie se le pedía que hiciera algo. Un muchacho podía, si lo deseaba, “vivir de la ayuda pública”; ; podía comer comida nutritiva pero poco interesante, dormir sobre un colchón en un dormitorio, y pasar los días sentado en una banca. Sin embargo, podía mejorar enorme- mente su modo de vida ganando puntos intercambiables por comida más interesante, un cuarto privado, un aparato de televisión, la admisión al cuarto de juegos, un paseo fuera de la institución, etc. Los puntos podían ganarse trabajando en la cocina o realizando servicios de portería, pero más fácilmente si estudiaba y aprendía. Las respuestas correctas eran puntos con valor. Uno de los resultados, significativo para la administración, fue el mejoramiento del estado de ánimo. Los muchachos realizaban servicios útiles y se comportaban bien uno con otro, sin control aversivo y, por tanto, sin subproductos indeseables. Un resultado más importante estaba relacionado con el propósito reconocido de la institución. La mayoría de los delincuentes juveniles han fracasado estrepitosamente en la escuela; se les ha persuadido de que son lentos o tontos. Bajo las poderosas contin- gencias educativas vigentes en la escuela de entrenamiento, los mucha- chos descubrieron que podían aprender y en muchos casos rápidamente. Al hacerlo, adquirieron una conducta que habría de resultarles útil cuando abandonaran la escuela y que, en consecuencia, habría de incre- 32 PRIMERA PARTE. DISEÑO DE CULTURAS mentar la probabilidad de que se comportasen de manera aceptable y no de manera ilegal. Si se compara con la educación, la psicoterapia, la economía y el gobierno, se ha pensado muy poco en el diseño explícito de la vidá coti- Wald y, [diana. La excepción es lo que se llama literatura utópica. Los escritores de utopías se han preocupado por el medio social y por la posibilidad de rediseñarlo. Lo hayan sabido o no, se han preocupado por las contin- gencias de reforzamiento bajo las cuales viven los hombres. Han sido limitados por las teorías de la conducta humana que han conocido; pero conforme aumente nuestra comprensión será posible sugerir mejores versiones. La ciencia básica siempre lleva, con el tiempo, a una mejor tecno- logía; y la ciencia de la conducta no es una excepción. Debe proporcio- nar una tecnol de nducta apropiada para el objetivo utópico último: una cultura efectiva. Nota 1.1 Algunas contingencias de reforzamiento Unas cuantas contingencias que han sido estudiadas experimental- mente pueden describirse en forma somera del siguiente modo. Un espa- cio experimental contiene uno o más operandos, como lo son la palanca que surge de una pared y que puede ser presionada por una rata o un disco translúcido en la pared que puede ser picoteado por un pichón; contiene también diversas fuentes de estímulos, tales como sonidos SA luces, así como aparatos reforzantes: un comedero o bebedero, o una fuente de estimulación aversiva; o bien, una luz brillante o una rejilla eléctrica para administrar choques. Se da el nombre de E” a cualquier estímulo que surja del espacio, del operando o de los _Aparatos de estimu- lación especiales, antes de que-se emita la respuesta. Una respuesta, como el hecho de presionar la palanca o el disco, es R. La comida pre- sentada a un organismo hambriento es un reforzador positiv an una luz brillante o un choque es un reforzador negativo. Las interrela- ciones existentes entre E”, R y E"** componen las contingencias de refor- zamiento. Los tres términos deben especificarse. 1. Reforzamiento operante, Una rata hambrienta presiona la pa- lanca y recibe comida. (La frecuencia de las presiones se incrementa.) Un pichón picotea el disco y recibe comida. (La frecuencia del picoteo se incrementa.) 2. Escape. El espacio experimental está iluminado con luz brillante. Una rata presiona la palanca y reduce la intensidad de la luz. (Luego la palanca es presionada con mayor rapidez cuando aparece la luz, o con más frecuencia ante la luz continua.)