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Asignatura: Lenguaje de la publicidad y de la empresa, Profesor: Miguel Angel Esparza, Carrera: Publicidad y Relaciones Públicas + Administración y Dirección de Empresas., Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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Ponente: Fernando Carratalá Doctor en Filología Hispánica
El diccionario, fuente inagotable de información acerca del funcionamiento de la lengua. Si las personas preocupadas por su propia lengua adquieren la suficiente destreza en el manejo del diccionario, se acostumbrarán a acudir a él como herramienta de consulta en la que obtener valiosísima información sobre el funcionamiento de la lengua, enriqueciendo sus posibilidades comunicativas y mejorando, por tanto, las competencias de comprensión y expresión; de manera que el diccionario terminará por convertirse en algo más que el obligado punto de referencia para cotejar la correcta ortografía de los vocablos o para conocer su significado. Y así, estarán en condiciones de adoptar una actitud favorable hacia la expresión correcta y apropiada , utilizando un lenguaje claro, coherente y fluido, lo que les facilitará su perfeccionamiento individual como personas y su mayor integración social. La visión negativa que se tenía del diccionario y el necesario cambio de actitud. Se han venido esgrimiendo abundantes razones para rechazar los diccionarios, por prejuicios de tipo “escolares"; razones que antaño pudieron ser más o menos objetivas, pero que en la actualidad carecen de fundamento. Hoy, más por prejuicios infundados que por convicciones profundas, todavía hay quienes "denigran" los diccionarios apoyándose en argumentos fácilmente rebatibles: que presentan un aspecto poco atractivo; que su encuadernación resulta deficiente -porque se rompen las tapas, se sueltan las hojas...-; que el cuerpo de letra empleado es excesivamente pequeño -lo que implica que el texto quede demasiado comprimido y amazacotado, y resulta de difícil legibilidad-; que las deficiones de los vocablos son enormemente conceptuosas e intrincadas -porque en ellas se emplean voces cuyo significado no siempre resulta comprensible-; que no se recogen contextos que incluyan las diferentes acepciones de una palabra -contextos que habrían de servir para matizar su uso apropiado-; que en muchos casos las definiciones de las palabras son reemplazadas por voces sinónimas de estas -por lo que no resultan significativas, al carecer de contextos aclaratorios-; que se recoge una información exagerada acerca de modismos, refranes, dichos y, en general, manifestaciones de lenguaje poroverbial, alejado por completo de la realidad cultural en la que se desenvuelve el usuario del diccionario -con la innecesaria ampliación de los artículos que encabezan las palabras contenidas en el diccionario-; que farragosos apéndices de teoría gramatical incrementan el diccionario con unas páginas de nula consulta -páginas que, por otra parte, desvirtúan la razón última de todo diccionario, que es la mejora en el uso funcional de la Lengua, y no el aprendizaje de la Gramática-; en definitiva -y para no extendernos en otras muchas razones-, que el diccionario no cubre las expectativas de quienes confiaban en él para mejorar lo que podríamos llamar la "competencia lingüística".
frecuentes en los medios de comunicación, no han encontrado -aún- acomodo en español porque su representación gráfica o su pronunciación son ajenas a las convenciones de nuestra lengua. El diccionario al servicio de cualquier usuario. Concebidos como "herramientas de trabajo multidisciplinar" -y no desde una óptica enciclopédica, sino lingüística-, cualquier diccionario de carácter marcadamente didáctico constituye un estimable recurso para abordare los aspectos prácticos de la lengua; para que quienes los manejan comprueben por sí mismos que van mejorando el uso funcional de la lengua que emplean como vehículo de relación social -y que son capaces, además, de ascender desde este uso funcional a la reflexión sistemática sobre los mecanismos de la lengua-; y para que incluso en el ámbito familiar se cuente con un testimonio vivo del cuerpo y el alma del español de principios del tercer milenio, una lengua que se aproxima a los cuatrocientos millones de hablantes y que está considerada como uno de los grandes patrimonios culturales de la humanidad. El orden alfabético. Por acuerdo del X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Madrid, 1994), las palabras que contienen los dígrafos ch y ll se sitúan en sus lugares correspondientes dentro de la c y de la l , respectivamente. (El DRAE, no obstante, introduce -ya en su vigésima segunda edición, de 2001- un encabezamiento con ambas letras para recordar su condición convencional de letras del alfabeto español).
Palabras sinónimas. Las palabras conducir y guiar tienen el mismo significado; igual sucede con las palabras automóvil y coche ; o con las palabras espléndido y magnífico , de muy parecido significado. Tales palabras son sinónimas , y pueden intercambiarse en una misma frase sin que se altere el sentido de ésta. Y así, en la frase “Elena conduce un automóvil espléndido”, las palabras conduce , automóvil y espléndido pueden ser reemplazadas, respectivamente, por guía , coche y magnífico , sin que cambie el sentido de aquélla: “Elena guía un coche magnífico”. La sinonimia en lengua española se extiende a las voces y acepciones que son propias de los países americanos de habla hispánica, circunstancia esta recogida en el DRAE con la marca abreviada Am ('América'); por lo que cualquiera de las dos frases anteriores, en boca de un hablante hispanoamericano, se convierte en "Elena maneja ( Am ) un carro ( Am ) excelente ", pues para dicho hablante manejar y carro tienen el mismo significado, respectivamente, que para un hablante español conducir/guiar y automóvil/coche. (El valor connotativo que acompaña al significado de las palabras permitiría, asimismo, la sustutición, en dicho contexto, de los adjetivos espléndido/magnífico por otros del tipo excelente/grandioso ). Son, pues, sinónimas las palabras que, perteneciendo a una misma categoría gramatical, tienen una misma o muy parecida significación, y admiten, por tanto, la posibilidad de intercambiarse en determinadas frases: Elena conduce un automóvil espléndido. Elena guía un coche magnifico. Elena maneja ( Am ) un carro ( Am ) excelente.
verbos nombres adjetivos Sinonimia relativa. No es frecuente, sin embargo, la sinonimia absoluta -es decir, la posibilidad de intercambiar en cualquier contexto una palabra por otra que tenga una misma o muy parecida significación-. La frase “El coche de Elena tiene un motor silencioso ” no podríamos convertirla en “El coche de Elena tiene un motor callado ”; y menos aún en “E1 coche de Elena tiene un motor taciturno ”. Por de pronto, la sinonimia se produce no tanto entre las palabras, cuanto entre determinadas acepciones de las mismas. Y así, silencioso , en la frase “El coche de Elena tiene un motor silencioso ”, significa “que no hace ruido”. Esta acepción la posee e adjetivo callado cuando se aplica a la fuerza del viento o a la agitación de las olas, para expresar su interrupción o cesación, o sea, que se dice del mar, del viento, de un volcán, etc., cuando deja de hacer ruido: “El Vesubio lleva mucho tiempo callado ”. Por otra parte, nunca se da una total identidad en los significados, pues siempre hay algún matiz expresivo que
y esta luz es alegría... ¡Ara y canta, labrador! Estos son algunos posibles sinónimos de los vocablos indicados que, aunque evidentemente rompen la estructura rítmica del verso, no alteran de manera sustancial el significado de la composición poética:
Actividad 4. Extraer del siguiente texto de Ramón J. Sender los sinónimos del nombre borrachera , y clasificarlos de acuerdo con el correspondiente registro lingüístico. Después ampliar cuanto sea posible la relación ofrecida por Sender. La gente bebía mucho. Para que veas cómo avanzo en el conocimiento del “slang” español, te diré los diferentes nombres que aquí tiene la borrachera, según me ha dicho mi novio, que es experto: embriaguez, melopea, pítima, pea, tablón, papalina, mona, moscorra, zorra... También la llaman “la poderosa”. Antes de cerrar esta carta, mi novio revisará esta lista de nombres de modo que puedas usarla si quieres para tus clases. Ya ves que mi léxico se enriquece. <Sender, Ídem. La voz inglesa slang empleada por Sender en el texto es equivalente a la castellana argot >. Sinónimos de borrachera :
Polisemia, contexto lingüístico y situación comunicativa. Con la palabra banco pueden expresarse, entre otros, los siguientes significados:
ambigüedades de sentido. Monosémicas son, por ejemplo, el vocablo -propio de la Zoología- Equinodermo , la voz -usada en Medicina- laringoscopia , y el acrónimo -propio de la Electrónica- radar. (La voz radar proviene del inglés radar , acrónimo de rad etecting a nd r anging : detección y localización por radio; y designa el "sistema que utiliza radiaciones electromagnéticas reflejadas por un objeto para determinar la localización o velocidad de este"). Con todo, también el lenguaje técnico-científico es una vía nada desdeñable para el enriquecimiento de la polisemia de los vocablos, pues esa necesidad de precisión designativa a la que aludíamos hace que experimenten diferentes concreciones en razón del ámbito del saber que se apropia de ellos. Así sucede con la palabra base , por ejemplo, cuyo significado genérico -"fundamento o apoyo principal de algo"- ha sufrido las especializaciones que seguidamente se reseñan. (La palabra base ha ampliado considerablemente su polisemia, según puede apreciarse comparando las ediciones del DRAE de los años 1992 -la vigésima primera: p. 192- y 2001 -la vigésima segunda; p. 200-; edición, esta última, en la que las acepciones se han definido con extremada propiedad, precisión y rigor científico).
instalaciones logísticas adecuadas, se prepara para el vuelo y el combate. Base naval. Puerto o fondeadero, abrigado y defendido, donde las fuerzas navales, con el apoyo de instalaciones logísticas adecuadas, se preparan para navegar y combatir. La contribución del lenguaje metafórico a la multiplicidad de los significados de los vocablos. Sin duda, el lenguaje metafórico es una excelente vía para ampliar la polisemia de los vocablos. Sabido es que la metáfora consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; por ejemplo, llamar puñalada a la "pesadumbre grande dada de repente". Muchas transposiciones metafóricas están originadas por razones meramente expresivas -así, por ejemplo, llamar águila a la "persona de mucha viveza y perspicacia"-; o por la necesidad de encontrar para un determinado significado un significante del que la lengua carece inicialmente -y así, por ejemplo, el significante boca se emplea para designar el significado "entrada o salida": boca de horno, de cañón, de calle, de metro, de puerto, de río ; aplícase a los ríos, usado más en plural: las bocas del Danubio, del Ródano -. Precisamente los significantes propios de partes del cuerpo humano ofrecen multitud de usos metafóricos que enriquecen considerablemente la polisemia de tales significantes. El sentido de la ironía y del humor llevan también a utilizar la metáfora para caricaturizar la realidad, que adquiere con frecuencia connotaciones grotescas o peyorativas; y así, a la cabeza se la llama coco , chola , tarro ...; y se dice que la "persona torpe o necia" es un besugo ; el "hombre rudo y de poco entendimiento", un asno ; el "hombre sucio, grosero o ruín", un cerdo ... Y, de esta manera, los aludidos vocablos han ampliado su polisemia con tales acepciones. Por otra parte, muchas metáforas se han lexicalizado, al incorporarse al sistema general de la lengua; tal es el caso, por ejemplo, de ariete (del latín aries ,- etis , carnero), "máquina militar que se empleaba antiguamente para batir murallas, consistente en una viga larga y muy pesada, uno de cuyos extremos estaba reforzado con una pieza de hierro o bronce, labrada, por lo común, en forma de cabeza de carnero "; de pluma (del latín pluma ), originariamente la " pluma de ave que, cortada convenientemente en la extremidad del cañón, servía para escribir" -hoy, la palabra pluma designa el "instrumento de metal, semejante al pico de la pluma de ave cortada para escribir, que sirve para el mismo efecto clolocado en un mango de madera, hueso u otra materia"-; de columna vertabral - espinazo : "eje del neuroesqueleto de los animales vertebrados, situado a lo largo de la línea media dorsal del cuerpo y formado por una serie de huesos cortos o vértebras, dispuestos en fila y articulados entre sí"-; etc., etc. Y estas lexicalizaciones son otra vía de enriquecimiento del valor polisémico de los vocablos.
palabras. <Manuel Seco: Gramática esencial del español. Madrid, Espasa- Calpe, 4/1995; 15.5.2.>. El texto de Manuel Seco comienza justificando la incidencia que la polisemia tiene en la economía del lenguaje. Una misma palabra puede, en efecto, expresar una multiplicidad de significados -posibilidad que resulta de nuestra habitual concepción de las cosas a través de su analogía o conexión con otras ; y, con ello, se evita que cada significado requiera una palabra diferente que lo exprese. Y así, por ejemplo, es bastante obvio que la acepción de " entrada o salida " que la palabra boca presenta en boca de horno de cañón , de calle , de metro , de puerto , de río ..., está motivada por este otro significado: " abertura anterior del tubo digestivo de los animales, situada en la cabeza, que sirve de entrada a la cavidad bucal; también se aplica a toda la expresada cavidad en la cual está colocada la lengua y los dientes cuando existen". Prosigue Seco afirmando que este valor polisémico de las palabras, tanto mayor cuanto más usuales resulten, en modo alguno dificulta la correcta comprensión de los mensajes, ya que el contexto en que una palabra está inserta y la situación en la que se emplea se encargan de precisar en cada caso la acepción con que tal palabra ha sido empleada. Y así, en la frase "Me ha arañado el gato ", la palabra gato designa el animal doméstico de la familia de los Félidos; mientras que en la frase "No pude cambiar la rueda del coche por falta de gato ", la palabra gato significa "máquina compuesta de un engranaje de piñón y cremallera, con un trinquete de seguridad, que sirve para levantar grandes pesos a poca altura; también se hace con una tuerca y un husillo"; acepción esta cuyo origen hay que rastrear en la capacidad que el gato tiene para elevar su columna vertabral, especialmente cuando se encrespa. Por otra parte -concluye Seco-, esa capacidad que muchas palabras tienen de multiplicar sus significados de acuerdo con las necesidades comunicativas de los hablantes convierte a la polisemia -como ya hemos señalado anteriormente- en la mayor fuente de en riquecimiento de las posibilidades significativas de una lengua. Las 36 acepciones de las palabra cabeza y mano -registradas en la edición vigésima segunda del DRAE- ejemplifican, bien a las claras, cómo, con el paso del tiempo, las palabras "desentrañan" nuevos significados. Actividad 2. En la voz polo convergen dos palabras diferentes: una de origen latino, polus -procedente, a su vez, del griego ' pólos ', eje-, y otra de origen inglés, polo -que proviene, a su vez, del tibetano pholo , pelota-. Determinar, con ayuda del diccionario, y examinando el contenido de las frases que siguen, las acepciones que corresponden a una y a otra palabra; es decir, establecer la polisemia de ambas palabras homógrafas.
La propiedad y variedad léxica. A propósito de la caza menor y de sus excelencias, Azorín escribe estas líneas, en las que se nos muestra como un maestro en el uso del léxico: "No hay nada comparable a seguir con la vista, si no se le ha podido tirar- a la liebre que corre sesgando a una parte y a otra para descaminar a los galgos. Y nada supera, ni aun iguala, al tiro a la perdiz en el aire, cuando de improviso salta de un matorral y emprende raudo vuelo con ruido de abanico que se cierra y abre". Y si sorprendente resulta la propiedad y precisión con que están empleados los vocablos -la liebre corre “ sesgando a una parte y a otra para descaminar a los galgos”-, no lo es menos la originalidad de las imágenes visuales y auditivas: ese “ruido de abanico que se cierra y abre” con el que la perdiz “salta de un matorral y emprende raudo vuelo”, con la sugestiva aliteración de vibrantes en sílaba tónica, ayuda a visualizar y a escuchar la huida de la perdiz que quizá burla al cazador, y cuyas evoluciones contempla absorto. Figuras como la de Azorín, sin embargo, escasean a la hora de extraer del léxico todas sus posibilidades expresivas y, por el camino de la propiedad, dar con las palabras más ajustadas al contexto lingüístico y a la situación comunicativa. Por el contrario, tanto en la lengua oral como en la escrita andamos de impropiedad en impropiedad, y no empleamos los vocablos con su significado o sentido peculiar y exacto; y acudimos a circunloquios innecesarios para enmascarar nuestra incapacidad para dar a entender algo expresándolo con brevedad, lo que limita grandemente nuestras competencias comunicativas. Y, llegados a este punto, resulta indispensable acudir al parecer de Salinas: "¿No nos causa pena, a veces, oír hablar a alguien que pugna en vano, por dar con las palabras, que al querer explicarse, es decir, expresarse, vivirse, ante nosotros, avanza a trompicones, dándose golpazos, de impropiedad en impropiedad, y solo entrega al final una deforme semejanza de lo que hubiese querido decirnos? Esa persona sufre como de una rebaja de su dignidad humana". <Cf.: Pedro Salinas, 'Defensa del lenguaje'; en El defensor. Madrid, Alianza editorial,
Uso superfluo de "palabras comodín". Tres de las cuarenta y cinco acepciones -de un total de 58- que presenta el verbo hacer cuando no se emplea como pronominal, y que figuran incluidas en la vigésima segunda edición del DRAE- son estas: