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Dama del alba ejercicios, Ejercicios de Filosofía del lenguaje

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Tipo: Ejercicios

2022/2023

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AlejandroCasona
La dama del alba
Director de la colección
Fernando Carratalá
CP-3 DAMA-ALBA 1 5/5/11 13:55 Página 1
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Alejandro Casona

La dama del alba

Director de la colección

Fernando Carratalá

CASTALIA

PRIMA

Alejandro Casona

La dama

del alba

Edición de Fernando Doménech

5

Índice

Presentación

Vida y obra de Alejandro Casona .............................. 7

La dama del alba .................................................................. 12

Nuestra edición ........................................................................ 15

Alejandro Casona:

La dama del alba

Personajes .................................................................................... 21

Acto primero .............................................................................. 23

Acto segundo ............................................................................ 51

Acto tercero ................................................................................ 67

Acto cuarto .................................................................................. 101

Para saber más

Propuesta de actividades .................................................. 129

Bibliografía .................................................................................. 136

El editor .......................................................................................... 139

ALEJANDRO CASONA EN PUNTA DEL ESTE (URUGUAY), EN 1955. Y FIRMA AUTÓGRAFA.

Su primer destino como maestro lo llevó a Les, en el valle de Arán, donde vivirá hasta 1931. En esta época se casa con Rosalía Martín Bravo y nace su primera hija, María Isabel. En 1931 Casona gana una plaza de Inspector de Educación en Madrid, y se traslada a la capital con su familia. En este año se proclama la II República. Los dirigentes republicanos esta- ban convencidos de la necesidad de elevar el nivel cultural del pueblo español, de acuerdo con las ideas de la Institución Li- bre de Enseñanza, que veía en la educación el mejor medio de conseguir ciudadanos libres. Entre otros proyectos educati- vos, se pusieron en marcha las “Misiones Pedagógicas”, ambi- cioso plan para difundir la cultura por toda la geografía espa- ñola, especialmente a los pueblos y aldeas donde nunca había llegado una biblioteca, un teatro o una máquina de cine. Caso- na fue nombrado director del “Teatro del Pueblo”, incluido en estas Misiones Pedagógicas. Sus componentes eran estudian- tes universitarios que actuaban gratuitamente. Durante cinco años, hasta su disolución en 1936, dirigió Casona este Teatro del Pueblo. Años después lo recordaría con emoción:

Durante los cinco años en que tuve la fortuna de dirigir aque- lla muchachada estudiantil, más de trescientos pueblos nos vie- ron llegar, levantar nuestros bártulos al aire libre y representar el sazonado repertorio ante el feliz asombro de la aldea. Si alguna obra bella puedo enorgullecerme de haber hecho en mi vida, fue aquélla; si algo bueno he aprendido sobre pueblo y teatro, fue allí donde lo aprendí. Trescientas actuaciones al frente de un cuadro estudiantil y ante públicos de sabiduría, emoción y lenguaje pri- mitivos son una educadora experiencia.

En estos mismos años se afianza el prestigio literario de Ca- sona. En 1932 se le concede el Premio Nacional de Literatura por Flor de leyendas , conjunto de relatos legendarios e históricos que Casona estaba escribiendo desde 1928 con el propósito de

8 ALEJANDRO CASONA LA DAMA DEL ALBA

hacer “un libro de lecturas literarias, atento a la escala de inte- reses del niño, y guión de su educación y cultura estéticas”. En 1933 gana el Premio Lope de Vega, del Ayuntamiento de Madrid, con La sirena varada , primera de sus grandes obras teatrales, que lo consagra como autor dramático. La obra fue estrenada en 1934 por Margarita Xirgu, la gran actriz española del momento. En 1935 estrena en Barcelona Nuestra Natacha, que repon- drá en 1936 en Madrid. La obra, que, dentro de un tono idea- lista e idílico, abogaba por una educación basada en el amor y la comprensión y criticaba la rigidez de los reformatorios, tu- vo un extraordinario éxito y produjo una apasionada contro- versia política, dada la importancia que el problema educati- vo había alcanzado en la República. Inevitablemente, a pesar de las opiniones moderadas y a menudo conservadoras de su autor, quedó marcado como un radical entre los círculos reac- cionarios. Al estallar la Guerra Civil, Casona, que se encontraba en zona rebelde, logra pasar a Francia y desde allí consigue que su familia se reúna con él. La compañía de Manuel Collado y Josefina Díaz de Artigas le ofrece el puesto de director artísti- co, y con ellos emprende una gira por América del Sur. En 1939 se establece en Buenos Aires, donde vivirá hasta su regreso a España. Durante los años del exilio Casona escribió guiones cine- matográficos (adaptaciones de su obras o de otros autores), trabajó para la radio y colaboró en numerosas revistas ameri- canas y europeas. Pero por encima de todo se consolidó como autor teatral, actividad a la que se dedicó ya plenamente. En el viaje a América, en 1937, había escrito Prohibido suicidarse en primavera , que se estrenó en Ciudad de México ese mismo año. A ésta siguieron sus obras de madurez, La dama del alba (1944), La barca sin pescador (1945), Los árboles mueren de pie (1949), Sie-

PRESENTACIÓN VIDA Y OBRA DE ALEJANDRO CASONA 9

Disimuladas entre cactus, luces indirectas, verdes y rojas. Una grata fantasía en el conjunto.

La fantasía, no obstante, no supone negación de la realidad para Casona. A las críticas que se le hicieron en España replicó:

No soy escapista que cierra los ojos a la realidad circundante [...]. Lo que ocurre es, sencillamente, que yo no considero sólo como realidad la angustia, la desesperación y el sexo. Creo que el sueño es otra realidad tan real como la vigilia.

En tres de sus obras ( La sirena varada, Prohibido suicidarse en primavera y Los árboles mueren de pie) Casona dramatiza preci- samente la oposición entre un mundo de fantasía, bello pero ilusorio, y un mundo real triste pero inevitable.

Lo que el dramaturgo parece significar —escribe Ruiz Ra- món— es que la plena humanidad consiste, precisamente, en el compromiso de la dimensión irreal y real de la existencia, no en su oposición ni en su exclusión. Vivir sólo en la primera dimen- sión lleva a la deshumanización, vivir sólo en la segunda condu- ce a un empobrecimiento del espíritu. Es el armonioso compro- miso de ambas dimensiones de la existencia quien da plenitud a las vidas humanas, quien las hace, a la vez, verdaderas y bellas.^2

Como expresión de esta visión de la realidad, en todas sus obras abundan las referencias al mundo de los sueños, a lo so- brenatural, a lo legendario. Casona opinaba que

las obras más perdurables serán siempre las que más profunda- mente ahincaron sus raíces en el enigma: savias telúricas, panora- mas, leyendas, supersticiones, caracteres del agro nativo.^3

PRESENTACIÓN VIDA Y OBRA DE ALEJANDRO CASONA 11

(^2) Francisco Ruiz Ramón, Historia del teatro español. Siglo XX. Madrid, Cáte- dra, 1977, p. 229. (^3) Citado por J. L. Suárez Granda y Gabriel Casas en su edición de La dama del alba, p. XVIII.

La realidad en Casona, por tanto, tiene siempre un matiz sobrenatural, legendario, que lo aparta del naturalismo y que lo relaciona con el “teatro poético” que se impuso en España en el primer tercio de siglo. Hay en su teatro evidentes in- fluencias de Maeterlinck, el dramaturgo simbolista belga que revolucionó el teatro occidental a finales del siglo XIX y princi- pios del XX. Y hay también una relación con los grandes reno- vadores del teatro español, Valle-Inclán y García Lorca, en su intento de crear un teatro mítico alejado del realismo al uso y de la simple fantasía literaria. Le faltó a Casona la profundi- dad de estos grandes autores por una visión muy limitada y conservadora del mundo, por su tendencia a lo idílico e inclu- so por la maestría a la hora de construir sus ficciones, maestría que lo relaciona con autores como Benavente y los dramatur- gos del siglo XIX.

La dama del alba

“Los críticos afirman unánimes que La dama del alba es la mejor obra de Casona, y el propio dramaturgo confesaba que era su preferida.” 4 Casona la escribió, al parecer, para Margarita Xirgu, y ésta, efectivamente, la estrenó el 3 de noviembre de 1944 en el Tea- tro Avenida de Buenos Aires. La actriz hizo el papel de la Pere- grina, y con ella actuaron, entre otros, Alberto Closas, como Martín, y Amelia de la Torre como Angélica. Hacía ya siete años que Casona había salido de España. Es- te hecho, y el de encontrarse en medio del ambiente cultural de los exiliados españoles, explican que esta obra, en contra de la costumbre del autor de situar sus obras en un lugar impre-

12 ALEJANDRO CASONA LA DAMA DEL ALBA

(^4) Francisco Ruiz Ramón, ob. cit. , pp. 239-240.

maldición de la Peregrina parece cumplirse. Pero, en un golpe de teatro maestro, el autor trae a la casa a Angélica para en- contrarse con que nadie la espera, que otra mujer ha ocupado su lugar y que no le queda otro camino que el suicidio. Con la muerte de Angélica se cierra el ciclo y se abre el ca- mino a la felicidad de Adela y Martín. Esta construcción, llena de interés para el espectador, es un ejemplo de “pieza bien hecha”, de obra perfectamente organi- zada para mantener una tensión constante. Magistralmente logrado está también el ambiente, un am- biente donde se combina lo intemporal de la leyenda con los datos costumbristas tomados con absoluta precisión de los re- cuerdos de niñez de Casona.^5 Los trajes, las fiestas, las cancio- nes populares están reflejados con tanta fidelidad como la na- turaleza asturiana, sus montañas, sus árboles quemados por el rayo o sus impresionantes nevadas. La precisión no quita, con todo, el temblor de la emoción al evocar aquel mundo, que aparece poetizado y dotado de ese aire idílico que aparece a menudo en el teatro de Casona. Los personajes, sin embargo, se resienten de un tratamien- to superficial, demasiado marcado por la trama. Así, los mejor trazados son los que menos relación tienen con la historia cen- tral, como Telva, perfecta imagen de la vitalidad campesina, o el Abuelo. Frente a ellos resultan débiles, excesivamente es- quemáticos, Adela, Martín y Angélica, o la misma Madre, con quien Casona comete olvidos tan sorprendentes como que no recuerde ni una sola vez a su marido, sin duda muerto muy re- cientemente (Falín es un niño muy pequeño, que no sabe aún contar), a pesar de estar torturada por la muerte.

14 ALEJANDRO CASONA LA DAMA DEL ALBA

(^5) Adela Palacio ha estudiado con minuciosidad la correspondencia entre los datos de la obra de Casona y la realidad asturiana, y muy concretamente con detalles muy precisos de la aldea de Besullo.

PRESENTACIÓN LA DAMA DEL ALBA 15

La obra desarrolla una idea muy querida para Casona: la Muerte no es sino un complemento de la Vida, su hermana más cercana y un elemento más de la armonía del universo. Así, en lugar del repugnante esqueleto armado de guadaña que impuso la tradición medieval de las Danzas de la Muerte, aparece en la obra como una mujer hermosa, blanca y fría, de- seosa de amor y frustrada en su ternura femenina. Esta ima- gen adquiere un hermoso desarrollo en la obra, que nos va mostrando a la Muerte como digna de lástima en su terrible cometido, hasta el punto de que resulta finalmente el persona- je más emotivo para el público. Hay, en todo ello, una cierta trampa ideológica. La Muerte es un personaje conmovedor y positivo gracias a que se lleva a Angélica, la pecadora que así purga su pasado, y da pie a la fe- licidad de los castos enamorados Adela y Martín. Se convierte así en transmisora de una visión conservadora del mundo que es la de Casona y, sin duda, la de su público. A pesar de todo, La dama del alba es una obra de altos valo- res líricos y dramáticos, que tiene el mérito de entroncar, en los años cuarenta, con la mejor tradición del teatro español del siglo XX , el de Valle-Inclán y García Lorca, cercenado por la Guerra Civil.

Nuestra edición

La dama del alba es una obra que plantea muy pocos pro- blemas textuales. J. R. Rodríguez Richart, que ha manejado las primeras ediciones que pudo corregir Casona, ha encon- trado una sola diferencia significativa entre ellas, y es la adi- ción de una frase en un parlamento de la Peregrina al final del acto segundo.

Alejandro Casona

La dama del alba

La dama del alba

Retablo 1 en cuatro actos

A mi tierra de Asturias: a su paisaje, a sus hombres, a su espíritu.

(^1) Retablo: originalmente, es un conjunto de figuras, talladas o pintadas, que representan una historia, generalmente colocada tras el altar de una igle- sia. A este carácter religioso se refiere, sin duda, el autor al llamar así a su obra. Pero también fue corriente llamar “retablo” a obras o grupos de obras teatrales en los años anteriores a ésta: Retablo de la avaricia, la lujuria y la muer- te, de Valle-Inclán, o Retablillo de don Cristóbal , de García Lorca.

Acto primero

En un lugar de las Asturias de España.^3 Sin tiempo.^4 Plaza ba-

ja de una casa de labranza que trasluce limpio bienestar. Sólida

arquitectura de piedra encalada y maderas nobles. Al fondo, am-

plio portón y ventana sobre el campo. A la derecha, arranque de

escalera que conduce a las habitaciones altas, y en primer tér-

mino del mismo lado, salida al corral. A la izquierda, entrada a

la cocina, y en primer término, la gran chimenea de leña ornada^5

en lejas y vasares^6 con lozas campesinas y el rebrillo^7 rojo y ocre

de los cobres.^8 Apoyada en la pared del fondo, una guadaña.^9

23

(^3) Esta forma de referirse a Asturias recuerda a formas tradicionales, que aparecen en el romancero: “De las Asturias de Oviedo / que no sean caste- llanos”, en el romance de la jura de Santa Gadea. Pero además es un signo de que la obra está escrita en el exilio y representada ante un público americano. (^4) “Sin tiempo”: desde la primera acotación Casona se preocupa de mostrar el carácter legendario de su obra. Es una historia ocurrida en un tiempo indeterminado, que tiene algunos elementos de modernidad (la mina, la escuela) y otros que parecen corresponder a tiempos muy lejanos. 5 ornada: “adornada.” 6 lejas y vasares : son estantes donde se colocan vasos y platos, adosados a la pared de la chimenea. 7 rebrillo: “brillo”. 8 cobres : Los utensi- lios de cocina solían ser de cobre. Este metal, bruñido, tiene reflejos dorados, “rojo y ocre”. 9 guadaña: es un típico instrumento de labranza, y no resulta extraño que aparezca en casa de labradores. Pero es también un atributo de la muerte, que siega las vidas con ella. En la obra, la aparición de la guadaña desde el principio es un signo de la importancia que tiene la muerte en ella.

Rústicos muebles de nogal y un viejo reloj de pared. Sobre el

suelo, gruesas esteras de soga.^10 Es de noche. Luz de quinqué.^11

La MADRE , el ABUELO y los tres nietos ( ANDRÉS , DORINA y

FALÍN 12 ) terminan de cenar. TELVA , 13 vieja criada, atiende a

la mesa.

ABUELO. ( Partiendo el pan. ) Todavía está caliente la ho-

gaza.^14 Huele a ginesta 15 en flor.

TELVA. Ginesta y sarmiento 16 seco; no hay leña mejor

para caldear el horno. ¿Y qué me dice de este color de

oro? Es el último candeal de la solana.^17

ABUELO. La harina es buena, pero tú la ayudas. Tienes

unas manos pensadas por Dios para hacer pan.

TELVA. ¿Y las hojuelas de azúcar? 18 ¿Y la torrija 19 de

24

(^10) esteras de soga: alfombras rústicas hechas de cuerda, generalmente de esparto, típicas de las casa de labranza. 11 quinqué: lámpara de mesa que funciona con petróleo. Fue inventada por el farmacéutico francés Antoine Qinquet (1745-1803), de donde le viene el nombre. El quinqué fue la principal fuente de luz artificial en el siglo XIX, e incluso en el XX en las zonas rurales donde no llegaba la luz eléctrica. 12 Dorina y Falín llevan los diminutivos propios del habla asturiana en -ín y en -ina. Son diminutivos de Dora y Rafael. 13 Telva: forma abreviada de Etelvina. 14 hogaza : pieza de pan grande, redonda, típica de las zonas rurales. En la casa hacen su pan, como es típico en las sociedades agrarias tradicionales, donde se consume fundamentalmente la propia cosecha. (^15) ginesta: planta aromática. En Castilla se la conoce como “retama”. 16 sar- miento: rama de la vid. 17 candeal de la solana: el trigo candeal es el que da la harina más fina y de mejor calidad. La solana es el lugar orientado al Sur, donde da el sol todo el año. En lugares húmedos como Asturias es el lugar más a propósito para el trigo. 18 hojuelas: postre hecho de masa muy fina y delgada, frita en la sartén, a la que se añade un relleno dulce, como el azúcar. Son semejantes a las crêpes francesas. En Asturias se llaman “frixuelos”. A pesar de que Casona se refiere constantemente a costumbres de su tierra, no suele utilizar los términos asturianos, sin duda para dar a su obra mayor uni- versalidad. 19 torrija: dulce hecho con una rebanada de pan empapada en vino o leche, rebozada en huevo y endulzada con miel. Las torrijas son un dulce típico de Semana Santa en toda España.