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Tipo: Apuntes
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impresión total del documento 21 páginas (^)! presentación 3 programa 4 contenido módulos mapa conceptual 5 macroobjetivos 5 agenda 6 material 7 material básico material complementario glosario 8 módulos * m1 | 8 m2 | 17 ***** cada módulo contiene: microobjetivos contenidos mapa conceptual material actividades glosario evaluación 21
Módulo I: Aspectos Generales del Ejercicio Profesional a) La vocación del abogado y el sentido de justicia. b) La formación del abogado. c) Virtudes que se requieren para ser un buen abogado. d) El patrocinio letrado obligatorio. e) Obligaciones del abogado para con su cliente. f) Obligaciones del abogado como auxiliar de la justicia. g) El abogado y sus colegas. h) El abogado y la comunidad. i) Abogado general y especializaciones. j) El estudio jurídico. k) La clientela. l) La consulta. m) Los pleitos. Módulo II: **Aspectos Específicos del Ejercicio Profesional
Material básico
- FERRER, Adán L. : Código Arancelario para Abogados y Procuradores de la Provincia de Córdoba-Ley 8226 , Ed. Advocatus, 2000. - MARTÍNEZ CRESPO, Mario : Nosotros los Abogados , Ed. Hammurabi, Bs.As. 1995. - TINTI, Guillermo Pedro : Ética en el ejercicio de la abogacía , Ed. Alveroni, Córdoba, 1995. - Ley Provincial IC^ de ejercicio profesional de la abogacía Nº 5805. Provincia de Córdoba. Argentina. Material complementario - BETEGÓN, J : La justificación del castigo , Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1992 - BIELSA, Rafael : La abogacía , Abeledo Perrot, Bs.As., 1960. - CORNMAN, J.W, : Problemas y argumentos filosóficos , Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1990. (Cap. VI). - COUTURE, Eduardo : Los mandamientos del abogado, Depalma, Bs.As,1990. - TRIGO REPRESAS, Félix : Responsabilidad civil del abogado , Hammurabi, Bs. As, 1991. - FERRAJOLI, L : Derecho y razón , Trotta, 1998 (Cap. VI – 23). - MALEM, Jorge : “La Disputa Devlin- Hart” en Estudios de Ética Jurídica , Distribuciones Fontamara S.A, México, 1996. - NINO, Carlos : Introducción al análisis del Derecho , Astrea, Bs. As, 1995 (Cap. VII). - ___________: Ética y Derechos Humanos , Astrea, Bs. As, 1989. - ___________: Los límites de la responsabilidad penal , Astrea, Bs. As., 1980 (Cap. III). - OSSORIO, Ángel : El Alma de la toga , 11ª Edición, E.J.E.A., Bs. As,1986. - PÉREZ FERNÁNDEZ DEL CASTILLO : Deontología Jurídica – Ética del abogado , Porrúa, México, 1998. - RAWLS, John : Teoría de la Justicia , Dep. Edit. de F.C.E. México, 1979. - Tribunal de Disciplina de Abogados de la Provincia de Córdoba, Jurisprudencia y Comentarios, Ley 5805 , Atenea, Cba, 2000. - WELLMAN, Carl : Morales y éticas , Tecnos S.A, Madrid ,1982 (Cap. 12). material | IC i n f o r m a c i ó n c o m p l e m e n t a r i a Diríjase a Plataforma para leer el contenido de esta información complementaria.
- ETICA: Parte o ámbito de la filosofía práctica que trata de la moral, entendiendo por tal la ciencia que trata del bien en general y de las acciones humanas en orden a su bondad o maldad, juzgando a través del entendimiento o la conciencia. - ABOGADO: Perito en derecho que se dedica a defender, por escrito o de palabra, los derechos o intereses de las partes en una controversia de carácter jurídico, así como también a dar dictamen sobre las cuestiones o puntos jurídicos que se le consultan. - HONORARIO: Retribución que percibe por su trabajo quien ejerce o practica una profesión o arte liberal. Lleva implícito el concepto de una retribución que se da y recibe como honor, dada la jerarquía de quien realiza la tarea específica que debe ser remunerada. - PACTO DE CUOTA LITIS (o CUOTALITIS): Uno de los medios utilizados por los abogados para obtener una retribución por su trabajo. Consiste en convenir con el cliente en que el abogado percibirá, en concepto de hono- rario, una parte del beneficio que el cliente obtenga por la causa que le encomienda al letrado. - PROBIDAD: Cualidad de honrado, recto, íntegro. Etimológicamente, del latín probus , “probo, bueno, virtuoso, de buena calidad, que crece derecho hacia delante, que crece correctamente”. - HONESTIDAD: Dícese de quien no miente ni engaña, de buena reputación, virtuoso. Etimológicamente, del latín honos , “honor”. - DILIGENCIA: Cuidado, aplicación, esfuerzo persistente, constancia.
m m1^ microobjetivos
el consejo atinado y justo ya que su profesión excede el ámbito de su estudio jurídico para tender a ser un humanista conocedor del corazón del hombre. A tal fin, no basta con conocer sólo las leyes, resulta necesaria una formación cultural sólida de la cual emerjan los valores que el abogado debe encarnar. Respecto al “abogado general” y las especializaciones, el autor muestra los bene- ficios e inconvenientes de cada una de estas dos posibilidades. Miradas desde la amplitud de perspectivas, resulta aconsejable el primero (como ocurre en Europa); si se analiza desde el tecnicismo focalizado, tiende a convenir el especialista (como se prefiere en Estados Unidos). Lo ideal es la conformación de un estudio jurídico de especialistas que giren en torno a un avezado abogado general. Siguiendo con el estudio jurídico, nos detenemos a considerar el estudio colectivo con abogados asociados (no a los que simplemente comparten espacio físico y gastos), consignando algunas reglas: debe estar constituido, en principio, exclusi- vamente por abogados (sin descartar que puedan existir asociaciones con conta- dores, ingenieros, etc.); primar la ética por encima de la necesidad de los socios; responsabilidad de la sociedad frente a los daños causados a la clientela; equita- tiva distribución de las cargas y los beneficios; afectio societatis, complementarie- dad en la especialización profesional y en los caracteres personales. Respecto a la clientela, el Dr. Martínez Crespo señala que la iniciación se produce con “encargos que se estiman `fáciles’”, para luego ir progresivamente hacia lo más complejo a medida en que el cliente va confiando en el novel profesional. Recalca que el litigante se encarga de anunciar su suerte en el proceso a los demás, razón por la cual el resultado de un pleito es –también por esto– impor- tante. A su vez, advierte que el cliente suele ser rígido, duro y atado a su con- vicción de que tiene la razón, sin dejar de aclarar que la psicología es variada. En cuanto a la consulta, enfatiza la atención que el abogado debe poner sobre ella, aconsejando tomarse un tiempo antes de emitir una opinión. Es interesante advertir la conveniencia de evacuar esa consulta –si fuera posible– por escrito. Postula los siguientes pasos: reflexionar, con lógica natural, sobre el caso; luego, confrontar la solución avizorada, con la respectiva legislación; posteriormente examinar la doctrina y, finalmente, la jurisprudencia. Por último, abordamos el tema de los pleitos. Aquí debe repararse en la atención que merece cada causa por las derivaciones que de ella pueden surgir por culpa del abogado. Aconseja brevedad y claridad y la relevancia que tiene la etapa probatoria. Recalca la astucia que debe tener el abogado (v.gr. para obtener un documento que se halla en poder de la contraria). No puede obviarse su refe- rencia a las sorpresas que deparan los testigos. En cuanto a los recursos, debe seguirse una metodología similar a la de la demanda, centrándose en el fallo y evitando perderse en aspectos que no hacen a la misma actividad recursiva. Como hemos visto, la obra soporte de este Módulo atiende el amplio espectro de la actividad profesional del abogado, en su quehacer práctico. Detenerse en las anécdotas y comentarios del autor facilitarán su comprensión y gusto.
m1 material Material básico
- FERRER, Adán L. : Código Arancelario para Abogados y Procuradores de la Provincia de Córdoba-Ley 8226 , Ed. Advocatus, 2000. - MARTÍNEZ CRESPO, Mario : Nosotros los Abogados , Ed. Hammurabi, Bs.As. 1995. - TINTI, Guillermo Pedro : Ética en el ejercicio de la abogacía , Ed. Alveroni, Córdoba, 1995. - Ley Provincial de ejercicio profesional de la abogacía Nº 5805. Provincia de Córdoba. Argentina. Material complementario - COUTURE, Eduardo : Los mandamientos del abogado, Depalma, Bs. As, 1990. - OSSORIO, Ángel : El Alma de la toga , 11ª Edición, E.J.E.A., Bs. As, 1986. m1 actividades m1 | actividad 1 Dos tareas preocupantes Ha finalizado el día en su estudio jurídico. Fue una jornada bastante agitada. Pero de todas las tareas que ha desplegado, dos de ellas lo tienen preocupado, a saber: A) Un cliente suyo –dueño de una concesionaria de autos– ha sido detenido, pasado el mediodía de hoy, por la Policía Federal, como supuesto autor de un delito de robo de automotores en el predio de la Ciudad Universi- taria de la Universidad Nacional de Córdoba. Usted es abogado civilista y atiende todos los asuntos civiles y comerciales de este cliente. Nunca le había atendido una cuestión penal, porque Ud. no se dedica a esa materia y porque el cliente nunca tuvo problemas de esa índole. La esposa del detenido lo ha llamado a Ud. desesperada, rogándole que se haga cargo del asunto, ya que ella no conoce otro abogado y sólo confía en Ud. B) Ha concurrido a su estudio la esposa de un antiguo amigo suyo –al que hace tiempo que no ve– pero al cual le dispensa una gran estima. Esta señora solicita sus servicios profesionales, pero para que le atienda el divorcio. Hasta el momento, los desacuerdos entre los cónyuges res- pecto a tenencia de hijos y cuota alimentaria son insalvables. En ambos casos: ¿qué haría Usted? ¿por qué? A^ 1
silencio sólo es roto por los sonidos de la naturaleza que lo hacen aún más vivo. Aquí la existencia es sencillísima. Escribo sentado sobre el suelo de madera, un panel solar alimenta mi pequeña computadora; uso el agua de una fuente en la que beben los animales del bosque –a veces incluso un leopardo–, cocino arroz y verduras en una bombona de gas, atento a no tirar la cerilla usada. Aquí todo es extremado, no se despilfarra nada y pronto se aprende a dar valor a cualquier pequeña cosa. La sencillez es una enorme ayuda para poner orden. A veces me pregunto si el sentimiento de frustración, de impotencia que muchos, en especial entre los jóvenes, tienen ante el mundo moderno se debe al hecho de que éste les parece tan complicado, tan difícil de entender que la única reacción posible es creerlo un mundo ajeno: un mundo en el que no se puede poner las manos, un mundo que no se puede cambiar. Pero no es así: el mundo es de todos. Sin embargo, ante la complejidad de mecanismos inhumanos –gestionados quién sabe dónde, quién sabe por quién– el individuo está cada vez más des- orientado, se siente perdido, y así acaba por cumplir sencillamente sus peque- ños deberes laborales, la tarea que tiene delante, desinteresándose por el resto y aumentando así su aislamiento, su sentimiento de inutilidad. Por eso es impor- tante, en mi opinión, devolver cada problema a lo esencial. Si se plantean las preguntas de fondo, las respuestas serán más fáciles. Primero lo moral ¿Queremos eliminar las armas? Bien: no perdamos el tiempo discutiendo sobre el hecho de que cerrar las fábricas de fusiles, de municiones, de minas antiper- sonales o de bombas atómicas creará más desocupados. Primero resolvamos la cuestión moral. Después abordaremos la económica. ¿O queremos, aún antes de intentarlo, rendirnos ante el hecho de que la economía lo determina todo, de que sólo nos interesa lo que es útil? “En toda la historia siempre ha habido guerras. Por eso seguirá habiéndolas”, se dice. “Pero ¿por qué repetir la vieja historia? ¿Por qué no tratar de comenzar una nueva?”, respondió Gandhi a quien le hacía esta acostumbrada y banal objeción. La idea de que el hombre pueda romper con su pasado y dar un salto cualita- tivo en la evolución era recurrente en el pensamiento indio del siglo pasado. El argumento es sencillo: si el homo sapiens, lo que ahora somos, es el resultado de nuestra evolución del mono, ¿por qué no imaginarse que este hombre, con una nueva mutación, se convierta en un ser más espiritual, menos aferrado a la materia, más comprometido en su relación con el prójimo y menos rapaz en relación al resto del universo? Y luego: dado que esta evolución tiene que ver con la conciencia, ¿por qué no tratar de dar, ahora, conscientemente, un primer paso en esa dirección? El momento no podría ser más apropiado, visto que este homo sapiens ha llegado ahora al máximo de su poder, incluido el de destruirse a sí mismo con esas armas que, con poca sabiduría, ha creado. Mirémonos al espejo. No hay duda de que en el curso de los últimos milenios hemos hecho enormes progresos. Hemos conseguido volar como pájaros, nadar bajo el agua como peces, vamos a la luna y enviamos sondas a Marte. Ahora somos capaces incluso de clonar la vida. Sin embargo, con todo este progreso no estamos en paz ni con nosotros mismos ni con el mundo que está a nuestro alrededor. Hemos apestado la tierra, desacralizado ríos y lagos, talado bosques enteros y vuelto infernal la vida de los animales, salvo aquellos pocos a los que llamamos “amigos” y que mimamos mientras satisfacen nuestra necesidad de un sustituto de compañía humana.
Aire, agua, tierra y fuego, que todas las antiguas civilizaciones han visto como los elementos básicos de la vida –y por eso sagrados– ya no son, como eran, capaces de autorregenerarse naturalmente desde que el hombre ha conseguido dominarlos y manipular su fuerza para sus propios fines. Su sagrada pureza ha sido contaminada. Se ha roto el equilibrio. El gran progreso material no ha ido al mismo ritmo que nuestro progreso espi- ritual. Es más: quizá desde este punto de vista el hombre nunca haya sido tan pobre como desde que se ha vuelto tan rico. De aquí la idea de que el hombre, conscientemente, invierta esta tendencia y recupere el control de ese extraordi- nario instrumento que es su mente. Esa mente, hasta ahora empeñada preferen- temente en conocer y apoderarse del mundo exterior, como si ésa fuera la única fuente de nuestra huidiza felicidad, debería dirigirse también a la exploración del mundo interior, al conocimiento de sí mismo. ¿Ideas absurdas de algún faquir sentado sobre una cama de clavos? Para nada. Éstas son ideas que, de una u otra forma, con lenguajes diversos, circulan desde hace algún tiempo por el mundo. Circulan por el mundo occidental, donde el sistema contra el que estas ideas teóricamente se dirigen las ha reabsorbido, convirtiéndolas en “productos” de un vastísimo mercado “alternativo” que va de los cursos de yoga a los de meditación, de la aromaterapia a las “vacaciones espirituales” para todos los frustrados de la carrera detrás de los conejos de plástico de la felicidad material. Estas ideas circulan por el mundo islámico, des- garrado entre tradición y modernidad, donde se vuelve a descubrir el significado original de la yihad, que no es sólo la guerra santa contra el enemigo exterior, sino ante todo la guerra santa interior contra los instintos y las pasiones más bajas del hombre. Por lo cual no queda dicho que un desarrollo humano hacia arriba sea imposible. Se trata de no continuar inconscientemente en la dirección en que estamos en este momento. Esta dirección es desatinada (...). Una buena ocasión Entonces detengámonos. Imaginémonos nuestro momento de ahora desde la perspectiva de nuestros bisnietos. Miremos al hoy desde el punto de vista del mañana para no tener que lamentarnos después por haber perdido una buena ocasión. La ocasión es entender de una vez por todas que el mundo es uno, que cada parte tiene su sentido, que es posible reemplazar la lógica de la competiti- vidad por la ética de la coexistencia, que nadie tiene el monopolio de nada, que la idea de una civilización superior a otra es sólo fruto de la ignorancia, que la armonía, como la belleza, está en el equilibrio de los opuestos y que la idea de eliminar a uno de los dos es sencillamente sacrílega. ¿Cómo sería el día sin la noche? ¿La vida sin la muerte? ¿O el Bien, si Bush consiguiera eliminar, como ha prometido, el Mal del mundo? Esta manía de querer reducirlo todo a una uniformidad es muy occidental. Vive- kananda, el gran místico indio, viajaba a fines del siglo XIX a Estados Unidos para hacer conocer el hinduismo. En San Francisco, al final de una conferencia, una señora estadounidense le preguntó: –¿No piensa que el mundo sería más hermoso si hubiera una sola religión para todos los hombres?. –No –respondió Vivekananda–, quizá sería aun más hermoso si hubiera tantas religiones como hombres. “Los imperios crecen y los imperios desaparecen”, dice el inicio de uno de los
cionan matando a dos palestinos, un palestino se embute de tritol y va a hacerse saltar por los aires junto con una decena de jóvenes israelíes en una pizzería; los israelíes mandan un helicóptero para bombardear un minibús cargado de palesti- nos, los palestinos... y siempre así. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que se hayan acabado todos los palestinos? ¿Todos los israelíes? ¿Todas las bombas? Desde luego: todo conflicto tiene sus causas, que deben ser abordadas. Pero todo será inútil mientras los unos no acepten la existencia de los otros y el hecho de que son sus iguales, mientras nosotros no aceptemos que la violencia sólo conduce a más violencia. –Bonitos discursos. Pero ¿qué hacer? –me oigo decir, también aquí, en el silencio. Cada uno de nosotros puede hacer algo. Todos juntos podemos hacer miles de cosas. La guerra contra el terrorismo hoy es usada para la militarización de nuestras socie- dades, para producir nuevas armas, para gastar más dinero en la defensa. Opongá- monos, no votemos a quien apoya esta política, controlemos dónde hemos puesto nuestros ahorros y saquémoslos de cualquier empresa relacionada, aunque sea lejanamente, con la industria bélica. Digamos lo que pensamos, lo que sentimos que es la verdad: matar es, en cualquier circunstancia, un asesinato. Hablemos de paz, introduzcamos una cultura de paz en la educación de los jóvenes. ¿Por qué la historia debe enseñarse sólo como una infinita secuencia de guerras y de masacres? (...). Aun más que fuera, las causas de la guerra están dentro de nosotros. Están en pasio- nes como el deseo, el miedo, la inseguridad, la gula, el orgullo y la vanidad. Lenta- mente es preciso liberarse de ellas. Debemos cambiar de actitud. Comencemos a tomar las decisiones que nos afectan y que afectan a los demás sobre la base de más moralidad y menos interés. Hagamos más aquello que es justo, en vez de lo que nos conviene. Eduquemos a nuestros hijos para ser honestos, no astutos. Recuperemos ciertas tradiciones de corrección, adueñémonos otra vez de la lengua, en la que la palabra “dios” hoy se ha convertido en una especie de obs- cenidad, y volvamos a decir “hacer el amor” y no “tener relaciones sexuales”. A la larga, también ésta es una gran diferencia. Es el momento de salir al descubierto, es el momento de comprometerse por los valores en los que se cree. Una civilización se refuerza con su determinación moral mucho más que con nuevas armas. Sobre todo, debemos detenernos, tomarnos un tiempo para reflexionar, para estar en silencio. A menudo nos sentimos angustiados por la vida que llevamos, como el hombre que escapa asustado de su sombra y del estruendo de sus pasos. Cuanto más corre, más ve que su sombra lo acosa; cuanto más corre, más fuerte se hace el ruido de sus pasos y más lo perturba, hasta que se detiene y se sienta a la sombra de un árbol. Hagamos lo mismo. Vistos desde el punto de vista del futuro, éstos son aún los días en que es posi- ble hacer algo. Hagámoslo. A veces cada uno por su cuenta, a veces todos juntos. Ésta es una buena ocasión. El camino es largo y a menudo aún totalmente por inventar. Pero ¿preferimos el del embrutecimiento que tenemos delante? ¿O aquél, más breve, de nuestra extinción? Entonces: ¡Buen viaje! Tanto fuera como dentro. “La Voz del Interior”, Córdoba, Argentina, Domingo 2 de marzo de 2003.
m1 | actividad 2 El que parte y no comparte....... Ud. es un abogado recién recibido; quiere iniciar su actividad profesional. Le ofrecen ocupar una oficina que se encuentra deshabitada y que admite la posibilidad de ser compartida. Organice su estudio jurídico bajo tres hipótesis:
gestión. La conciencia debe presidir sobre la conveniencia. De lo contrario, vio- laría su rol de auxiliar de la justicia. En cuanto a las normas positivas que regulan la ética profesional, debe recu- rrirse a la Ley de Ejercicio Profesional (Ley Provincial Nº 5805 y modificatorias) que regula la actividad profesional y crea el Tribunal de Disciplina que funciona dentro de la órbita del Colegio de Abogados. De la simple lectura del texto –el cual no ofrece inconvenientes de intelección– se advierte cómo funciona este Órgano, sus funciones, procedimiento y recursos. Habida cuenta la transparen- cia de la norma, nos remitimos a ella, recordando que debe ceñirse a lo precep- tuado respecto al citado Tribunal de Disciplina. De este modo, llegamos a la retribución del trabajo profesional. En este acápite también seguimos la exposición del Dr. Tinti en la obra citada. Se inicia el tema con el concepto de honorario. Debemos entender por tal, al pago (retribución) que se da por un servicio determinado. El concepto de hono- rario (que deriva de honor) excede al simple salario ya que la tarea del abogado debe apuntar no sólo a la paga sino también a la utilidad social de su trabajo, a la prosecución del bien común y a la satisfacción de ver triunfar la justicia. Debe repararse que se trata de un “fruto civil” en los términos del art. 2330 del Código Civil y que presentan la particularidad de que pueden ser pagados por el propio cliente o por un tercero condenado judicialmente a hacerlo. Pueden distinguirse tres sistemas para la regulación de los honorarios de abogados: a) de aranceles (o tarifado) que impone honorarios mínimos y máximos; b) de libre pacto (abogado y cliente convienen libremente el monto); c) de libertad regulada (intermedio entre los dos anteriores) que admite el pacto poniéndole ciertos límites y, a falta de convenio, se siguen las pautas que proporciona la legislación. En la Provincia de Córdoba, la Ley 8226 (art. 2º) admite la posibilidad de que los abogados pacten sus honorarios, pero sin sobrepasar el máximo previsto en la ley. La naturaleza del pacto de honorarios reside en que se trata de un contrato y, por ende, tendrá la fuerza de la ley misma (art. 1197, Código Civil); tal contrato requerirá de equilibrio en las prestaciones (que cada uno reciba el equivalente de lo que da) y revestirá un doble carácter: moral y jurídico, enmarcado siempre en el principio de buena fe (art. 1198 del C. Civil) y evitando el ejercicio irregular o abusivo de sus facultades (art. 1071 del C. Civil). Podemos señalar, como principios éticos para pactar honorarios, los siguientes: su justa estimación (equilibrio entre la sobrestimación y el menosprecio); valo- ración de la complejidad e importancia cualitativa de la causa; estimación de la importancia económica de la causa; mesura en el cálculo, inclinándose –ante la duda– por la generosidad a favor del cliente. Una modalidad, dentro del género “convenio de honorarios”, es el “pacto de cuota litis”. Este consiste en un contrato por el cual se acuerda que el abo- gado cobrará un porcentaje de lo que por el juicio perciba su cliente. Por su naturaleza, le son aplicables los mismos principios que ya vimos en el apartado anterior. Si bien existen opiniones adversas a este pacto (por entender que el abogado se convertiría en parte a través de su interés económico en el asunto y que podría el letrado aprovecharse de la necesidad e inexperiencia del cliente), el mismo no resulta éticamente reprobable siempre que se mantenga dentro del marco de la justicia, la ley y la buena fe. No podrá constituirse sobre cuestiones expresamente vedados por las leyes (v.gr. alimentos, filiación, etc.). Su porcen- taje no podrá ser superior para el abogado que para el cliente; será proporcional a la actividad y envergadura de la cuestión y se percibirá sólo cuando el cliente haya obtenido reales beneficios económicos.
m2 material Diríjase a la página 7 para leer el contenido de este material. m2 actividades m2 | actividad 2 Actuando frente a la difamación Un colega suyo lo ha difamado públicamente, mientras tomaba un café en las cercanías de Tribunales, en una reunión donde se hallaban muchos abogados. Lo ha tratado de “chicanero”, mentiroso, y le ha adjudicado la autoría de la sustracción de un expediente judicial de la barandilla de un tribunal, donde ambos ventilan un litigio. Usted no se encontraba en ese momento presente. Algunos colegas son más o menos coincidentes en los dichos, otros le dicen que han escuchado esas versiones (según las cuales Ud. fue difamado); y otros no recuerdan con claridad, pero les parece haber escuchado algo parecido. ¿Qué vías tiene habilitadas para actuar? ¿Bajo qué procedimientos? ¿Qué haría Ud., en definitiva? Un cliente dudoso En su estudio se apersona un cliente que le trae, para su atención, dos asuntos, a saber: 1º) En un accidente automovilístico dicho cliente –que circulaba correctamente– ha sido embestido de atrás por otro vehículo que se desplazaba a velocidad prohibida. Los daños son grandes. Hay testigos presenciales. Su cliente le manifiesta que la solvencia del demandado es incierta y Ud. sospecha que, en realidad, es nula. 2°) Asimismo, le trae –para su ejecución judicial– un documento pagaré, llenado y suscripto en legal forma. El monto es pequeño, pero el demandado es persona de reconocida solvencia. Usted le propone un pacto de cuota litis y el cliente acepta, pero a condición de que se incluyan ambas cuestiones en un mismo instrumento, en orden a compensar las ventajas y desventajas de cada caso. ¿Qué parámetros y recaudos tomaría en orden a formalizar un acuerdo equitativo para Ud. y para su cliente? m2 | actividad 1 Respecto a la Ley Provincial 8226 (Código Arancelario para Abogados y Pro- curadores de la Provincia de Córdoba), y habida cuenta de que se trata de una normativa eminentemente reglamentaria de cuestiones concretas atinentes al modo de cálculo de honorarios, nos remitimos a la misma.