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trata sobre las leyes que promueven el apoyo al estado peruano los cuales serviran para no manchar la institución
Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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Los padres tienen una influencia muy temprana en la personalidad de niños y niñas. En especial, los padres promueven la tipificación de género , el proceso mediante el cual los niños aprenden la conducta que su cultura considera apropiada para cada sexo (Bronstein, 1988). Los padres dan un trato más diferencial a niños y niñas que las madres, incluso durante el primer año de vida (M. E. Snow, Jacklin y Maccoby, 1983). Durante el segundo año, los padres hablan más y pasan más tiempo con sus hijos que con sus hijas (Lamb, 1981). Las madres hablan más y de manera más comprensiva con las niñas que con los hijos varones (Leaper, Anderson y Sanders, 1998), y las pequeñas de esta edad tienden a ser más locuaces que los niños (Leaper y Smith, 2004). Los padres de infantes juegan de manera más ruda con los varones y muestran más delicadeza con las niñas (Kelley et al. , 1998). Sin embargo, el estilo preponderantemente físico de juego, característico de muchos padres estadounidenses, no es el típico de los padres de todas las culturas. Por lo general, los pa- dres suecos y los alemanes no juegan con sus bebés de esta manera (Lamb, Frodi, Frodi y Hwang, 1982; Parke, Grossman y Tinsley, 1981). Los padres africanos aka (Hewlett, 1987) y los de Nueva Delhi, en la India, también suelen jugar con delicadeza con los niños pequeños (Roopnarine, Hooper, Ahmeduzzaman y Pollack, 1993; Roopnarine, Talokder, Jain, Josh y Srivastav, 1992). Aspectos del desarrollo en la infancia ¿Mediante qué procesos un recién nacido dependiente, con un repertorio emocional limitado y necesidades físicas apremiantes, se convierte en un niño con sentimientos complejos y las habi- lidades para entenderlos y controlarlos? Buena parte de este desarrollo gira en torno de las relaciones con los cuidadores.
Los bebés humanos dependen de otros para recibir comida, protección y sustento durante un periodo mucho más largo que cualquier otro mamífero. De acuerdo con Erikson, este periodo extenso hace que la primera etapa del desarrollo psicosocial se centre en la conformación de un sentido de confianza. El argumento de Erikson (1950) establece que, en cada etapa de la vida, nos enfrentamos a un desafío y a un riesgo complementario. Como bebés, nuestro primer desafío implica desarro- llar un sentido de confianza básica frente a la desconfianza básica. Si tenemos éxito, desa- rrollamos un sentido de la fiabilidad respecto de las personas y de los objetos del mundo que nos rodea, el cual nos permite sentirnos seguros y amados. Sin embargo, el riesgo es que, en su lugar, desarrollemos un sentido de desconfianza y sintamos que, en momentos de necesidad, no podemos contar con quienes nos rodean. Esta etapa comienza en la infancia y continúa más o menos hasta los 18 meses. Idealmente, los bebés desarrollan un equilibrio entre la confianza (que les permite entablar relaciones estre- chas) y la desconfianza (que les permite protegerse). Si predomina la confianza, como debería ser, los niños desarrollan la virtud de la esperanza: la creencia de que pueden satisfacer sus necesidades y cumplir sus deseos (Erikson, 1982). Si predomina la desconfianza, los niños verán al mundo como un lugar poco amistoso e impredecible y les resultará difícil establecer relaciones de calidad. El elemento crucial para el desarrollo de la confianza es un cuidador delicado, sensible y constante. Erikson consideraba que el momento de la alimentación era el escenario para esta- blecer la mezcla correcta de confianza y desconfianza. ¿Puede el bebé contar con que será ali- mentado cuando tenga hambre y, por ende, puede confiar en la madre como representante del mundo? La confianza permite al bebé dejar que la madre salga de su vista “porque se ha con- vertido tanto en una certeza interna como en un pronóstico externo” (Erikson, 1950, p. 247).
Cuando la madre de Ahmed está cerca, él la mira, le sonríe, balbucea y gatea detrás de ella. Cuan- do ella sale, el niño llora; cuando regresa, grita de alegría. Cuando se siente asustado o triste, se
La investigación demostró que las ma Howlett, Kirk y Pine, 2010
tipificación de género Proceso de socialización mediante el cual los niños aprenden a una edad temprana los roles apropiados de su propio género. Control ¿Puede... dar ejemplos de diferen- (^) cias culturales en el cui- dado infantil? comparar los papeles de padres y madres en la satisfacción de las nece- sidades de los infantes? analizar las diferencias (^) de género entre los infantes y los niños pequeños, y la manera en que los padres influ- yen en la tipificación de género? sentido de confianza básica frente a la desconfianza básica Primera etapa según Erikson en el desarrollo psicosocial, donde los infantes desarrollan un sen- tido de la fiabilidad de las per- sonas y los objetos. Estudio estratégico Confianza y autonomía Control ¿Puede... explicar la importancia de la confianza básica y señalar el elemento fun- damental para su desarrollo?
separarlos sin procurar un buen cuidado sustituto. Mary Ainsworth, quien fuera alumna de Bowlby al inicio de la década de 1950, continuó con el estudio del apego en bebés africanos en Uganda por medio de la observación naturalista en sus hogares (Ainsworth, 1967). Más tarde, Ainsworth creó la situación extraña, una técnica de laboratorio que ahora es clásica, que fue diseñada para evaluar los patrones de apego entre un infante y un adulto. Por lo general, el adulto es la madre (aunque también han participado otros adultos) y el bebé tiene entre 10 y 24 meses de edad. La situación extraña consiste en una secuencia de episodios y su implementación insume menos de media hora. Los episodios están diseñados para provocar conductas relacionadas con el apego. Durante ese tiempo, la madre deja dos veces al bebé en una habitación desconocida, la primera vez con un extraño. La segunda vez deja al niño solo y el extraño regresa antes de que lo haga la madre. Luego la madre alienta al bebé a explorar y jugar de nuevo y le brinda consuelo si el niño parece necesitarlo (Ainsworth, Blehar, Waters y Wall, 1978). La respuesta del niño cada vez que la madre regresa resulta de particular interés. Cuando Ainsworth y sus colaboradores observaron a niños de un año de edad en la situa- ción extraña y en el hogar, encontraron tres patrones principales de apego: el apego seguro (la categoría más común en la que se ubica entre 60 y 75% de los bebés estadounidenses de bajo riesgo) y dos formas de apego ansioso o inseguro, el apego evasivo (15 a 25%) y apego ambi- valente o resistente (10 a 15%) (Vondra y Barnett, 1999). Los bebés con un apego seguro son flexibles y resilientes ante situaciones de estrés. A veces lloran cuando el cuidador se va, pero son capaces de obtener el consuelo que necesitan una vez que el cuidador regresa. Algunos bebés con apego seguro se muestran cómodos cuando se los deja con un desconocido durante un breve lapso; no obstante, expresan claramente su preferencia por el cuidador en el episodio de reencuentro: le sonríen, lo saludan y se acercan a él. En contraste, los bebés con un apego evasivo no se muestran afectados cuando el cuidador sale o regresa. Por lo general, continúan jugando en la habitación y suelen interactuar con el desconocido. No obstante, cuando el cuidador regresa, lo ignoran o rechazan, en ocasiones alejándose de él deliberadamente. Estos bebés suelen mostrar pocas emociones positivas o negativas. Los bebés con apego ambivalente (resistente) muestran ansiedad incluso antes de que el cuidador se vaya, en ocasiones acercándose al él en busca de consuelo cuando el desco- nocido los mira o se acerca a ellos para interactuar. Son extremadamente reactivos a la salida del cuidador de la habitación y suelen mostrarse muy molestos. Una vez que el cuidador regre- sa, estos bebés suelen permanecer molestos por largos periodos: patean, gritan, se rehúsan a que
se los distraiga con juguetes y, en ocasiones, arquean su espalda hacia atrás alejándose del El estilo de apego de un bebé está de contacto. Muestran una combinación de comportamientos que buscan proximidad y muestran enojo, y son muy difíciles de calmar. En todos estos casos, lo que el bebé hace durante la ausencia del cuidador no constituye un diagnóstico de categorización del apego. Lo que sí es diagnóstico es lo que los bebés hacen cuando el cuidador regresa. El componente importante es la relación de apego y de qué manera el bebé utiliza al cuidador para obtener consuelo durante su presencia. Esos tres patrones de apego son universales en todas las culturas en que han sido estudiados (culturas tan diferentes como las de África, China e Israel), aunque varía el porcentaje de infan- tes en cada categoría (van IJzendoorn y Kroonenberg, 1988; van IJzendoorn y Sagi, 1999). Sin embargo, en general, el apego seguro es la categoría más grande (van IJzendoorn y Sagi, 1999). Otra investigación (Main y Solomon, 1986) identificó un cuarto patrón: el apego desorga- nizado-desorientado. Los bebés que siguen este patrón parecen carecer de una estrategia orga- nizada para lidiar con el estrés de la situación extraña. Más bien muestran conductas contradictorias, repetitivas o mal dirigidas (como buscar la cercanía con el extraño en lugar de con la madre, o mostrar una conducta de miedo ante la entrada del cuidador). Parecen confusos y temerosos (Carlson, 1998; van IJzendoorn, Schuengel y Bakermans-Kranenburg, 1999). Se piensa que el apego desorganizado ocurre por lo menos en 10% de los infantes de bajo riesgo (Vondra y Barnett, 1999). Es más frecuente en bebés cuyas madres son insensibles, inva- sivas o abusivas; que son miedosas o atemorizantes, lo que deja al niño sin nadie que alivie el miedo que provoca la madre; o que han sufrido pérdidas o tienen sentimientos no resueltos acerca del apego que experimentaron en su niñez hacia sus propios padres. La probabilidad de un apego desorganizado aumenta cuando están presentes múltiples factores de riesgo, como la insensibilidad de la madre aunada a la discordia marital y al estrés de la crianza. El apego des- organizado es un predictor confiable de problemas posteriores de conducta y de adaptación (Bernier y Meins, 2008; Carlson, 1998; van IJzendoorn et al. , 1999). Algunos infantes parecen ser más susceptibles que otros al apego desorganizado. Algunos se las arreglan para establecer apegos organizados a pesar de la crianza atípica, mientras que otros que no fueron expuestos a la crianza atípica forman apegos desorganizados (Bernier y Meins, 2008). Una explicación podría ser la interacción entre genes y medio ambiente (revisada en el capítulo 3). Algunos estudios han identificado una variante del gen DRD como posible factor de riesgo para el apego desorganizado, y el riesgo aumenta casi 19 veces cuando la madre sufrió una pérdida no resuelta (Gervai et al. , 2005; Lakatos et al. , 2000, 2002; van IJzendoorn y Bakermans-Kranenburg, 2006). Otra explicación podría ser una correlación entre genes y medio ambiente (revisada también en el capítulo 3). Las características innatas del bebé pueden imponer demandas inusualmente estresantes para los padres y provocar de este modo conductas de crianza que facilitan el apego desorganizado (Bernier y Meins, 2008). Cómo se establece el apego Al año de vida, el bebé ya ha establecido un estilo característico de apego. Según Bowlby, los estilos de apego son el resultado de interacciones repetidas con un cuidador. Por ejemplo, si cada vez que el bebé llora la madre acude rápida y sensiblemente a dar consuelo, con el tiempo el bebé espera esa respuesta. Por el contrario, si la madre es incon- sistente en su respuesta al llanto, el bebé desarrolla un conjunto de expectativas muy diferentes respecto de las probables respuestas de la madre al llanto. Bowlby denominó prototipos a este conjunto de expectativas y estableció que estos primeros prototipos se convirtieron en el mapa para la dinámica de esa relación. El modelo se sostiene en la medida en que la madre actúe de la misma manera. Si su conducta cambia (no una o dos veces sino de manera sistemática), el bebé puede corregir el modelo y la seguridad del apego puede cambiar. Dado que el prototipo surge como resultado de interacciones entre ambas partes de la relación, los bebés pueden tener prototipos (y estilos de apego) diferentes con personas distintas. El prototipo de apego del bebé se relaciona con el concepto de confianza básica de Erikson. El apego seguro refleja confianza; el apego inseguro, desconfianza. Los bebés con apego seguro han aprendido a confiar no solo en sus cuidadores, sino también en su capacidad para obtener lo que necesitan. No es llamativo entonces que las madres de infantes y niños pequeños con apego seguro tiendan a ser sensibles y atentas (Ainsworth et al ., 1978; Braungart-Rieker, Garwood, Powers y Wang, 2001; De Wolff y van IJzendoorn, 1997; Isabella, 1993; NICHD Early Child Care Research Network, 1997). La interacción mutua, la estimulación, una actitud positiva, la
La sensibilidad del cuidado materno se relaciona con otro logro importante del desarrollo, al menos ante los ojos de los padres. Los bebés cuyas madres les responden con sensibilidad concilian más pronto el sueño, duermen Teti, Bo-Ram, Mayer y Countermine, 2010 ansiedad ante los desconocidos Recelo que muestran algunos niños ante las personas y lugares desconocidos durante la segunda mitad del primer año. ansiedad ante la separación Malestar que muestra alguien, por lo general un infante, cuando se aleja un cuidador conocido. calidez y la aceptación, y el apoyo emocional son igualmente importantes (De Wolff y van IJzendoorn, 1997; Lundy, 2003). Métodos alternativos para el estudio del apego Aunque buena parte de la investigación sobre el apego se ha basado en la situación extraña, algunos investigadores han cuestionado su vali- dez. La situación extraña es extraña: tiene lugar en un laboratorio y lo adultos siguen un libreto en lugar de comportarse naturalmente. Además, la situación extraña puede ser menos válida en algunas culturas no occidentales (Miyake, Chen y Campos, 1985). Para abordar estos problemas, otros investigadores han ideado métodos para estudiar a los niños en escenarios naturales. El conjunto Q de apego (CQA), de Waters y Deane (1985), pide a las madres o a otros observadores instalados en el hogar que clasifiquen un conjunto de pala- bras o frases descriptivas (“llora mucho”, “tiende a aferrarse”) en categorías que van de más o menos características del niño, y que comparen luego esas descripciones con otras de expertos del prototipo de niño seguro. En un estudio que utilizó el CQA, madres de China, Colombia, Alemania, Israel, Japón, Noruega y Estados Unidos describieron que sus hijos se comportaban de manera más parecida que diferente al “niño más seguro”. Además, las descripciones que hicieron las madres de la conducta de “base segura” eran casi tan parecidas entre culturas como dentro de cada una de ellas. Esos hallazgos sugieren que la tendencia a usar a la madre como una base segura es uni- versal, aunque puede adoptar formas diversas (Posada et al. , 1995). Estudios neurobiológicos pueden ofrecer otra manera de estudiar el apego. Las resonancias magnéticas funcionales practicadas a madres japonesas mostraron que ciertas áreas del cerebro de la madre se activaban ante la sonrisa o el llanto de su bebé, pero no cuando veían a otros niños que mostraban esas conductas, lo que indica que el apego puede tener una base neuroló- gica (Noriuchi, Kikuchi y Senoo, 2008). El papel del temperamento ¿Cuánto influye el temperamento en el apego y de qué manera? En un estudio con niños de seis a 12 meses y sus familias, tanto la sensibilidad de la madre como el temperamento de su bebé influyeron en los patrones de apego (Seifer, Schiller, Sameroff, Resnick y Riordan, 1996). Algunas condiciones neurológicas o fisiológicas pueden subyacer a las diferencias temperamentales en el apego. Por ejemplo, la variabilidad en la frecuencia car- diaca de un infante se asocia con irritabilidad, frecuencia que parece variar más en los infantes apegados de manera insegura (Izard, Porges, Simons, Haynes y Cohen, 1991). El temperamento de un bebé no solo puede tener un impacto directo en el apego sino también uno indirecto a través de su efecto sobre los padres. En una serie de estudios realizados en los Países Bajos (van den Boom, 1989, 1994), bebés de 15 días de edad clasificados como irritables fueron mucho más propensos que los infantes no irritables a mostrar un apego inseguro (por lo regular evasivo) al año de edad. Sin embargo, los bebés irritables cuyas madres recibieron visitas en el hogar para enseñarles a tranquilizar a sus bebés tuvieron tanta probabilidad como los infan- tes no irritables de ser calificados como niños con apego seguro. Por lo tanto, la irritabilidad de un infante puede prevenir el desarrollo de un apego seguro, pero el riesgo se reduce si la madre posee las habilidades para lidiar con el temperamento del niño (Rothbart et al. , 2000). La bondad de ajuste entre padre e hijo bien puede ser la clave para comprender la seguridad del apego. Ansiedad ante los desconocidos y ansiedad ante la separación Chloe solía ser una pequeña amistosa, sonreía a los desconocidos, se iba con ellos y seguía arrullando contenta siempre que alguien —cualquiera— estuviese cerca. Ahora, a los ocho meses, se aleja cuando se aproxima una persona que no conoce y berrea cuando sus padres intentan dejarla con una niñera. Chloe experimenta ansiedad ante los desconocidos , recelo de las personas que no conoce, y ansie- dad ante la separación , malestar cuando un cuidador conocido se aleja. Es raro que los bebés presenten una reacción negativa ante los desconocidos antes de los seis meses, pero suelen hacerlo a los ocho o nueve meses (Sroufe, 1997). Este cambio puede reflejar desarrollo cognoscitivo. La ansiedad de Chloe ante los desconocidos implica memoria de los rostros, capacidad para comparar la apariencia del desconocido con la de la madre y tal vez recuerdo de situaciones en las que la dejaron con un extraño. La reacción de la niña podría ser más positiva si se le permitiera acostumbrarse al desconocido de manera gradual en
un escenario familiar (Lewis, 1997; Sroufe, 1997).
para atención clínica y en los casos en que las evaluaciones del apego se basan en datos observacionales. Los efectos del apego evasivo y resistente (ambivalente) no fueron significativos, pero en el caso del apego desorganizado, fue- ron considerables (Fearon et al ., 2010). De hecho, los niños con un apego desorganizado son
Control ¿P uede... describir cuatro patrones de apego? analizar cómo se esta- blece el apego e incluir el papel del temperamento del bebé? examinar los factores que influyen en la ansie- dad ante los desconoci- dos y en la ansiedad ante la separación? describir las influencias conductuales a largo plazo de los patrones de apego y la transmisión intergeneracional del apego? regulación mutua Proceso por el cual el infante y el cuidador se comunican entre sí estados emocionales y res- ponden de manera apropiada. Estudio estratégico Sincronía de interacción
¿CÓMO AFECTA LA DEPRESIÓN POSPARTO AL DESARROLLO TEMPRANO? La interpretación de las señales emocionales permite a las madres evaluar y satisfacer las necesidades de sus bebés, y ayuda a éstos a responder a la conducta de su madre hacia ellos. ¿Qué sucede cuando se rompe ese sistema de comunicación? ¿Se puede hacer algo al respecto? Los medios de comunicación han enfocado la atención en el problema de la depresión posparto. Celebridades como Brooke Shields y Marie Osmond han compartido el relato de sus batallas personales con esta angustiante afección. La depresión posparto —una depresión grave o menor que ocurre en el lapso de cuatro semanas después de dar a luz— afecta a alrededor de 14.5% de las nuevas madres (Wis- ner, Chambers y Sit,
más bajo, lo cual se asocia con la atención y el aprendizaje (T. Field, 1998a, 1998c; N. A. Jones et al ., 1998). Estos hallazgos sugieren que la depresión de una mujer durante el embarazo puede influir en el funciona- miento neurológico y conductual de su hijo recién nacido. Los hijos de madres deprimidas suelen tener un apego inseguro (Gelfand y Teti, 1995; Teti et al ., 1995). Es probable que su crecimiento sea inadecuado, que su desempeño en medidas cognoscitivas y lingüísticas sea deficiente y que pre- senten problemas de conducta (T. Field, 1998a, 1998c; T. M. Field et al ., 1985; Gelfand y Teti, 1995; NICHD Early Child Care Research Network, 1999b; Zuckerman y Beardslee, 1987). Cuando empiezan a caminar suelen tener dificultades para suprimir la frustración y la tensión (Cole, Barrett y Zahn-Waxler, 1992; Seiner y Gelfand, 1995), y al inicio de la adolescencia están en riesgo de presentar conducta violenta (Hay, 2003). Los medicamentos antidepresivos como Zoloft (un inhibi- dor selectivo de la recaptura de la serotonina) y nortriptilina (un tricíclico) parecen ser seguros y eficaces para el trata- miento de la depresión posparto (Wisner et al ., 2006). Otras técnicas que pueden ayudar a mejorar el estado de ánimo de una madre deprimida incluyen escuchar música, imagine- ría visual, ejercicios aeróbicos, yoga, relajación y terapia de masajes (T. Field, 1995, 1998a, 1998c). Los masajes también son de ayuda para los bebés deprimidos (T. Field, 1998a, 1998b; T. Field et al ., 1996), lo cual se debe tal vez a sus efec- tos sobre la actividad neurológica (N. A. Jones et al ., 1997). En un estudio, esas medidas para aliviar el estado de ánimo —así como medidas de rehabilitación social, educativa y vo- cacional para la madre y la accesibilidad de guarderías para el bebé— mejoraron su conducta de interacción. Los bebés mostraron un crecimiento más rápido y presentaron menos problemas pediátricos, sus valores bioquímicos fueron más normales y obtuvieron mejores puntuaciones en pruebas de desarrollo que un grupo control (T. Field, 1998a, 1998b). ¿Puede sugerir otras formas, distintas a las ya mencionadas, para ayudar a
pueden ayudar a los infantes a compensar los efectos de la depresión de la madre (T. Field, 1995, 1998a, 1998c). Los hijos de madres deprimidas son proclives a mostrar patrones inusuales de actividad cerebral, similares a los pa- trones de la madre. A las 24 horas del parto muestran relati- ¿Qué opin a las madres y bebés deprimidos?
y Howe, 2002); los niños de cuatro a nueve meses muestran mayor interés en las imágenes de otros que en las propias (Rochat y Striano, 2002). Esta discriminación perceptual temprana