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Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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En esta intervención me propongo hacer ver que la teoría de Luhmann habría que entenderla como “sociología primera”. En la tradición de pensamiento occidental, Aristóteles impuso un estilo de pensar referido a la filosofía primera; en griego: πρωτη ϕιλοσοϕια. La "filosofía primera" es la ciencia que se ocupa de las realidades que se encuentran por encima de las realidades físicas. Por eso, posteriormente, se ha llamado metafísica a toda tentativa del pensamiento humano dirigida a trascender el mundo empírico para alcanzar la realidad metaempírica. Niklas Luhmann no puede renunciar a este estilo de pensar de Occidente, como en realidad ninguna de las grandes disciplinas del sistema de la ciencia renuncia a esta forma de pensar. Actualmente, quizás, ya no sea posible la metafísica por la sencilla razón de que existen muchas metafísicas. Cada disciplina (verdadera disciplina), en el campo de la ciencia, se arroga el derecho de captarse a sí misma y legitimarse en su desarrollo, partiendo de una reflexión que clarifica el carácter autológico de sus comienzos. Parafraseando al filósofo español Zubiri: existen metafísicas "campales"; metafísicas de campo. La física es ciencia (y todavía con un gran prestigio), porque dispone de teorías que pueden explicar, por ejemplo, el desarrollo de las fuerzas macro del cosmos: el nombre aquí es Newton y, más actual, Einstein. La física es ciencia (altamente valorada), porque tiene teorías que pueden explicar el juego de las fuerzas microcósmicas: el nombre aquí es mecánica cuántica. Todas las ciencias una vez que delimitan (con un alto grado de arbitrariedad), lo que es su campo, emulan el pensar metafísico hacia dentro de su microcosmos. El pensar metafísico se caracteriza por trazar el esbozo de un horizonte de totalidad. El todo es el trasfondo de la parte; el todo es lo que confiere sentido de límite a la particularidad; el todo es el recuadro donde son posibles las relaciones. Casi me atrevería a decir que hay ciencia, hay disciplina, allí donde hay
Javier Torres Nafarrate. Licenciado en Bachiller en Literatura, Filosofía y Teología. Es Doctor en Filosofía y Subdisciplina en Ciencias de la Edu- cación. Ha realizado estancias de Posdoctorado en Bielefeld, Alemania, bajo la tutoría de Niklas Luhmann y Rudolf Stichweh. Es autor, investi- gador y expositor en Conferencias y Congresos. Actualmente se desem- peña como profesor/ investigador de tiempo completo en la Universidad Iberoamericana sobre temas relativos a la Complejidad de sistemas sociales y la Teoría de Luhmann.
suficiente teoría metafísica de campo, donde hay: totalidad campal. Por ejemplo, la biología moderna ha hecho avances disciplinarios sobresalientes, precisamente porque ha llegado a un altísimo grado de resolución de su horizonte, a partir de la unidad celular. La lingüística estructural se ha distinguido por desarrollos espectaculares gracias a que ha concebido el signo como la unidad ultraelemental de su sistema. Desde mi interpretación, lo que pretende Luhmann es escribir una "sociología primera" de lo social. Se trata, por tanto, de delimitar aquel ámbito emergente del mundo que llamamos sociedad. Es evidente que aparte de la sociedad existen otros muchos ámbitos: el hombre, la naturaleza, los organismos vivos, el cosmos... Desde una perspectiva formal Luhmann pretende que la sociología (la ciencia que se aboca al fenómeno social) averigüe: 1) Los principios primeros y supremos del orden social; 2) Que la sociología analice la operación constitutiva de la socialidad; 3) Que la sociología estudie la comunicación -que es la sustancia de la socialidad y 4) que la sociología investigue la sociedad que es el fenómeno omniabarcador de todo lo que se designa como social. La sociología, pues, de Luhmann se presenta en primer lugar como la búsqueda de los principios primeros y supremos del orden social. Luhmann descubre que el principio fundamental (y primero de la sociedad) se encuentra en el hecho de que la sociedad es tan sólo una forma. Forma, según lo que ha descubierto la matemática moderna, es simplemente la paradoja que resulta del empleo de una distinción. Es paradoja porque la distinción juega con dos movimientos simultáneos: 1) juega con la unidad al señalar algo -por ejemplo cuando yo los señalo a ustedes; y 2) aunque yo no lo diga (ni lo señale) ya se encuentra la huella implícita de que "nosotros" hemos quedado, en un segundo plano, también señalados. Si quisiéramos una definición moderna del hombre siguiendo el estilo de Aristóteles, la pudiéramos condensar probablemente de esta manera: el hombre es el animal que emplea distinciones. El ser humano se alza por encima de todo lo demás del mundo, porque juega con distinciones. Y, para señalarlo de nuevo, distinguir es jugar con la unidad y simultáneamente con la diversidad. Así como en la mitología el rey Midas con tan sólo tocar las cosas las convertía en oro, así nosotros con sólo nombrar las cosas las partimos en un juego paradójico de unidad y diferencia. El juego que todos jugamos al señalar las cosas es un juego de inclusión y exclusión. Es evidente que no todo lo que experimentamos lo traducimos en distinciones. Incluso me atrevería a decir que la manera elemental en la que experimentamos el mundo transcurre sin distinción. Estamos en el mundo. Tenemos una identidad primaria. Vivimos. Experimentamos el mundo. El problema, sin embargo, irrumpe cuando todo eso lo queremos comunicar, por tanto cuando lo queremos hacer social. Entonces la experiencia originaria de nosotros y del mundo se tiene que traducir en distinciones. Por tanto podemos ya concluir que el concepto más amplio y extenso de la sociedad -la fuerza centrípeta de todo lo social- es la operación por medio de la cual introducimos distinciones. 2
Para Luhmann las formas de comunicación no están constituidas por el movimiento; son más bien acontecimiento. La comunicación en cuanto se realiza, inmediatamente desaparece. Las formas de comunicación son radicalmente efímeras. La sociedad, por consiguiente, es un fenómeno que en su forma más elemental es un acontecimiento efímero. Dos expresiones podrían ser equivalentes para designar este fenómeno: 1) O las formas no son capaces de registrar el movimiento; O 2) las formas más bien son un movimiento absoluto. Por consiguiente las formas sociales de comunicación registran el movimiento sólo en la medida en que introducen artificialmente formas que quedan fijas. El cambio de la sociedad sólo se puede designar mediante distinciones construidas artificialmente que establecen un punto de referencia fijo - sin que éste pueda ser aferrado en su realidad- y desde el cual puede construirse su posibilidad. Por consiguiente, de manera contraria a Aristóteles, Luhmann piensa que el devenir no supone ningún sustrato. El único sustrato social lo confiere la forma. Sólo la forma puede cambiar, porque sólo la forma puede implicar posibilidad. De aquí se deriva que la comunicación no tiene tiempo y que todos los pasados y los futuros (sociales) son construcciones de la sociedad -lo cual evidentemente no niega que haya tiempo termodinámico o cósmico. No obstante, todo aquello que la sociedad considera como pasado o futuro relevante eso es una construcción de la sociedad.
En el capítulo referido a la psicología, Aristóteles piensa que todas las cosas son un compuesto de materia y forma y así explica él que el alma es un principio formal del cuerpo. Luhmann establece que la sociedad al ser tan sólo un principio formal, es una realidad de comunicación que excluye la materia, y por ende el cuerpo de los seres humanos. Por eso debe quedar consignado con claridad que la sociedad -es decir, la comunicación- es un orden emergente que no coincide punto por punto con la conciencia y todo aquello que se refiera a la insondable profundidad de la interioridad del ser humano. En otras palabras, la sociedad comienza excluyendo conscientemente su papel de llegar a ser el ámbito de máxima autorrealización del ser humano a través del otro. Esta exclusión se desarrolla de manera metódica en virtud de la misma limitación estructural de la comunicación. Puesto que toda comunicación está estructuralmente autolimitada por sus posibilidades inherentes, el saber de la sociología no es existencialmente relativo al ser humano, ni a sus posibles valores. Para la sociología, los criterios decisivos son en primer lugar, el criterio de la estructura de la comunicación y, en segundo, el criterio con que se observa cómo se desarrollo el mecanismo de exclusión/inclusión del ser humano. En ese sentido, la sociología posee una estructura, un conjunto de esquemas que constituyen la unidad de estilo de la disciplina y que sirven para articular, en una unidad, todo lo que se lleva a efecto a través de la operación de la comunicación. 4
En la tradición Aristotélica -una tradición que ha impuesto su cuño a todo el pensamiento de Occidente- la concepción política llegó a ser la expresión de lo que es la sociedad por antonomasia. Como la naturaleza misma del hombre ha puesto de manifiesto la incapacidad de éste para vivir aisladamente, así como su necesidad de mantener relaciones con sus semejantes en todos los momentos de su existencia, entonces se hace necesaria la creación de una organización compleja llamado Estado. Sólo el Estado -en la concepción aristotélica- da sentido a las otras comunidades más pequeñas y sólo él es autosuficiente. Sólo en el Estado el individuo es solicitado por las leyes y por las instituciones políticas; sólo en el Estado el individuo es inducido a salir de su egoísmo y a vivir no según lo que es subjetivamente bueno , sino conforme a lo que es verdadera y objetivamente bueno. Si comparamos esta idea elemental aristotélica con el resultado al que llega Luhamnn sobre la sociedad moderna podemos tener una idea de lo alejada que está ya nuestra sociedad de esos principios constitutivos de pensamiento con los que empezó Occidente. Según Luhmann, el Estado moderno no es sino una esfera formal de comunicación entre otras muchas. La sociedad moderna es una especie de cosmos de comunicación, agrupado en galaxias comunicativas: la política, el derecho, la economía, la educación, el arte, la religión. La sociedad moderna es un orden social diferenciado. Sólo la totalidad de este orden diferenciado es el que incluye las posibilidades de realización efectiva del hombre; y sólo la totalidad de este orden diferenciado es el que limita los excesos posibles de cada uno de estos sistemas considerados de manera aislada. El Estado ya no es más el centro constitutivo de la vida buena y verdadera. El Estado ya no es garante del bien común; el Estado ya no es la politeia. El lugar de la política está, en la sociedad moderna, ocupado por toda la sociedad. El bien común ya no tiene un centro, sino que se encuentra descentrado y repartido a todo lo largo y lo ancho del orden total diferenciado. Tampoco, según Luhmann, el centro dominante de la sociedad está en el Capital. Sólo la modernidad ha llegado a un orden de más elevada complejidad en el que el Capital y la política necesitan convivir en el mismo orden de rango con la ciencia, con la educación, con la religión, con el derecho... Hemos llegado así a un orden de civilización de mucho más complejidad que el que conceptualmente tenían nuestros antecesores. Para poder aprehender este orden complejo se necesitan herramientas teóricas de constitución radicalmente distinta a las que solemos utilizar. Posiblemente Luhmann, este pensador que hoy celebramos, sea el que en nuestro tiempo, haya aprehendido con más radicalidad el ser constitutivo de la sociedad moderna. 5