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¿Dónde está Lily Wells? es un pequeño cuento de suspenso
Tipo: Monografías, Ensayos
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El despacho del detective John Mallory era un reflejo exacto de la mente inquieta de su propietario. Papeles dispersos se apilaban por doquier, algunos desordenados, otros meticulosamente ordenados, pero todos marcados con notas apresuradas y tachaduras. Tazas de café olvidadas descansaban sobre las montañas de papeles, dejando manchas marrones que eran casi parte del paisaje. La luz del día entraba a través de las ventanas sin cortinas, iluminando la escena caótica con una claridad que solo hacía resaltar más el desorden. Mallory, sin embargo, no prestaba atención al desorden. Sus ojos estaban fijos en el periódico que sostenía con una mano, completamente absorto en una noticia local que le resultaba inquietante. La noticia estaba acompañada de una fotografía: una de las víctimas, su rostro distorsionado por el horror, su cuerpo abandonado en un callejón oscuro. Todo en esa escena le resultaba demasiado familiar. Un trabajo limpio, casi clínico, pero con un toque de locura y crueldad que nunca olvidaría. Era la misma firma que el detective había investigado meses atrás. "El Destripador de Corazones", así fue como la prensa había bautizado al asesino. La policía había asumido que era un hombre, pero Mallory sabía la verdad. Había descubierto la identidad del asesino mucho antes de que la noticia saliera a la luz. No era un hombre, sino una mujer, de alta sociedad, que había escondido su identidad tras una fachada perfecta. La familia de la sospechosa, al enterarse de que su hija era la responsable de tan macabros crímenes, había usado todo su poder e influencia para evitar un escándalo público. Habían logrado que la encerraran en un manicomio de alta seguridad, comprando el silencio de médicos, policías y periodistas, asegurándose de que nadie conociera la verdad. Pero para Mallory, la verdad no era algo que pudiera ser enterrado tan fácilmente. Ahora, esos mismos asesinatos estaban repitiéndose. La misma firma. El mismo horror. El ciclo de muerte y engaños comenzaba de nuevo. Mientras Mallory seguía leyendo el periódico, el sonido de unos pasos firmes se acercó a la puerta, seguido de un golpe suave en la madera. El detective alzó la vista lentamente, suspirando, con el entrecejo fruncido. No esperaba visitas. No en ese momento. Sin embargo, el rostro de Víctor Wells apareció en el umbral, junto a su hermana Angela. Ambos se veían tensos, sus rostros reflejando una preocupación palpable. — ¿Detective Mallory? — la voz de Víctor rompió el silencio, grave, cargada de una urgencia que Mallory reconoció al instante. — Necesitamos hablar con usted. Mallory asintió lentamente, dejándolos pasar. El sonido de sus pasos resonó en el suelo de madera mientras tomaban asiento frente a su escritorio. — ¿Qué ocurre? — preguntó el detective, dejando el periódico de lado y dedicando toda su atención a ellos. Víctor suspiró profundamente antes de hablar. — Mi hermana… Lily — comenzó Víctor, su voz quebrándose por un momento. — Lily ha escapado del manicomio. Mallory se quedó en silencio por un momento, procesando lo que acababa de escuchar. No era un escape cualquiera. Era un escape de ella , la mujer que había aterrorizado la ciudad con sus crímenes. — ¿Ha escapado del manicomio? — repitió Mallory, su tono algo incrédulo, aunque su rostro se mantenía imperturbable. — ¿Cómo ha logrado escapar?
Angela, sentada junto a su hermano, temblaba ligeramente. Al principio, había sido solo un miedo en su mirada, pero ahora se veía claramente aterrada. Mallory, por un instante, sintió pena por la pobre muchacha. Meses antes, cuando su investigación había llevado directamente a los Wells como sospechosos, Angela, en cambio, sospechando de su errática hermana gemela la había perseguido una noche y así fue como descubrió que Lily, su hermanita, era la aterradora asesina. La pobre muchacha observó actos atroces aquella noche, actos de los que jamás se recuperaría. —No lo sabemos —dijo Víctor, agachando la cabeza. — Nadie lo sabe. Hemos intentado averiguar cómo pudo hacerlo, pero los registros no dicen mucho. Mallory se levantó de su silla y comenzó a caminar por la habitación, las manos cruzadas detrás de su espalda. Su mente estaba acelerada, sopesando las posibilidades. — ¿Desde cuándo desapareció? — preguntó, mirando a Víctor y luego a Angela. — Hace un mes. — respondió Angela con una voz temblorosa. — La hemos estado buscando por todos lados en vano. No es hasta que vimos los titulares que… — Angela traga saliva con fuerza. — Detective, si Lily está detrás de esto, si ella está repitiendo lo que hizo antes... necesitamos detenerla antes de que haga más daño. Por favor, ayúdenos. — Voy a poner en marcha una investigación profunda. — Gracias, detective. — dijo Víctor, la desesperación aún en su voz. — Sabemos que, si alguien puede encontrarla, ese es usted. Mallory no dijo nada por un momento. Estaba ocupado en su mente, haciendo cálculos, analizando posibilidades. ¿Dónde está Lily Wells? ¿Y cuál es su siguiente víctima? ..* El despacho del detective John Mallory seguía envuelto en un desorden ordenado, un caos organizado que parecía propio de alguien que vive al borde de la locura. Mientras la luz del día seguía iluminando las paredes cubiertas de recortes de periódico y fotos, Mallory sentía una presión constante sobre sus hombros. Esa misma tarde, Mallory decidió hacer algo que no solía hacer: salir a la calle. Dejó su oficina y condujo hasta el hospital psiquiátrico donde Lily había estado internada. Sabía que los registros oficiales no iban a revelarle mucho, pero a veces, el susurro de un empleado o la mirada perdida de un guardia podían decir más que cualquier documento oficial. Se acercó al edificio, una enorme construcción de ladrillos grises, donde las altas paredes parecían abrazar con fuerza la verdad oculta en su interior. Se dirigió hacia la entrada principal, donde un guardia de seguridad lo miró con desconfianza. Mallory no perdió el tiempo y sacó su placa. — Detective John Mallory. — dijo con voz firme. — Estoy investigando el escape de la paciente Lily Wells. ¿Puede darme acceso a los registros? El guardia lo observó por un momento, luego asintió.
Entre esas fotos, había una imagen de él. Su propia foto. El escalofrío que recorrió su cuerpo fue inmediato. El detective sintió el peso del peligro apretándole el pecho, pero antes de que pudiera reaccionar, el reflejo de una sombra se movió tras él. Un golpe seco en la cabeza lo dejó tambaleándose. El dolor palpitante en su cráneo lo nubló por un instante, pero no lo suficiente para no ver a la figura que emergía de las sombras. Angela Wells. — Pobre detective Mallory… — su voz era un susurro gélido, teñido de burla y algo más oscuro, más retorcido. — Creíste que podías resolver este misterio, pero nunca entendiste quién era el verdadero monstruo. Mallory trató de ponerse de pie, pero otro golpe lo derribó por completo. Esta vez sintió el suelo frío bajo su mejilla y el sabor metálico de la sangre en su boca. — ¿No... era Lily? — murmuró, su respiración entrecortada. Angela se inclinó junto a él, sus ojos brillando con una emoción que oscilaba entre la euforia y la locura. — No, detective. Nunca fue Lily. Fui yo todo el tiempo. La tonta de mi hermana solo me sirvió para engañarte a ti, a Víctor y a la policía ¡Si tan solo ese estúpido guardia no hubiera confesado la verdad! El pánico intentó abrirse paso en su cuerpo adolorido, pero era demasiado tarde. Mallory apenas sintió la hoja del bisturí perforando su pecho hasta que la presión se volvió insoportable. Un dolor abrasador le cortó la respiración mientras Angela trabajaba con precisión, igual que en los crímenes anteriores. Mientras su visión se volvía borrosa, mientras su vida se escurría con cada latido agonizante, Mallory hizo su última pregunta. Una pregunta que tal vez nunca obtendría respuesta. — ¿D-dónde está… Lily Wells…? Angela sonrió, pero no dijo nada. Solo observó cómo la vida se desvanecía de los ojos del detective. Y entonces, el silencio. Mallory estaba muerto. Angela se puso de pie, limpiando con calma la sangre de sus manos, mientras la mansión de los Wells volvía a sumergirse en la quietud de la noche. Afuera, el viento soplaba con fuerza, arrastrando consigo la única verdad que el detective nunca pudo desentrañar. Lily Wells nunca fue el Destripador de Corazones. El verdadero monstruo había estado allí todo el tiempo. Y ahora, nadie quedaba para detenerlo.