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Una detallada descripción de los cambios físicos y hormonales que ocurren durante la adolescencia, especialmente en relación a la pubertad y la maduración sexual. El texto aborda tanto el desarrollo femenino como masculino, incluyendo la telarquia, la maduración del aparato genital, los efectos de los estrógenos y andrógenos, y la menstruación. Además, se mencionan algunos trastornos relacionados con la pubertad, como el síndrome premenstrual y la hemorragia menstrual.
Tipo: Apuntes
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El desarrollo humano se entiende como una sucesión evolutiva de “momentos” por donde el individuo va transitando, inmerso en un proceso histórico dinámico y a menudo contradictorio. Todo desarrollo humano se realiza en la interdependencia de dos procesos, uno de maduración y otro de mutación o cambio. El primero lleva al segundo y el paso entre ambos corresponde a lo que comúnmente se denomina “crisis”. Éstas, también denominadas estadios o etapas, son a la vez liberadoras y generadoras de conflicto y angustia.
Una de estas etapas es la adolescencia. Se caracteriza fundamentalmente por ser un período de transición entre la pubertad y el estadio adulto del desarrollo.
Adolescencia viene de la palabra latina “adolescere”, que nos remite al verbo adolecer y que en lengua castellana tiene dos significados: tener cierta imperfección o defecto y crecer. La adolescencia se contempla ya en los tratados más antiguos. Siempre se ha considerado una época de los individuos a medio camino entre la infancia y la edad adulta, por ello muchas tribus y pueblos establecieron claramente una serie de ritos de iniciación para marcar y favorecer el paso entre una y otra.
En nuestra cultura debemos considerarla simplemente como una fase de notables cambios en cuanto al cuerpo, a los sentimientos y sensaciones o como una etapa original y capital de la metamorfosis de niño a adulto.
Pero también es cierto que en los tiempos actuales asistimos a cambios acelerados de muchas de las tradiciones, que en el mundo occidental han sido una ayuda para esta transición. El progreso tecnológico, las comunicaciones, las multinacionales de la moda, la música y la imagen, los cambios de valores provocados por el contacto con otras culturas debidos a la migración, el turismo y los medios de comunicación, son algunos de los factores que influyen en los hábitos, costumbres y formas de vida de la adolescencia y juventud. Estos hechos, junto a las dificultades de los jóvenes para incorporarse al mercado de trabajo determinan que, socialmente la edad adolescente y juvenil se prolongue hasta los 25 años, y se difuminen en gran manera las peculiaridades de esta etapa, tendiendo a una homogeneización de sus hábitos, costumbres y formas de vida.
Así, la adolescencia puede variar en las diferentes sociedades y épocas, igual que varía el reconocimiento de la identidad adulta que se le da al individuo. El tiempo de la adolescencia está relacionado con el tiempo de expectativa de vida de los sujetos de una comunidad y varía en función de los niveles de vida, económicos, posibilidades educativas, necesidades de mano de obra o falta de empleo, etc.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas, en su informe sobre el estado de la población mundial de 1998, destaca que la población de jóvenes entre 15 y 24 años era entonces de 1.050 millones de personas, la mayor que se había registrado jamás, y que en muchos países se estaba ampliando.
Igualmente apunta las necesidades especiales de estos jóvenes en materia de atención a la salud y educación, destacando la muy importante esfera de la salud sexual y reproductiva, tanto para plasmar su potencial individual como para efectuar la máxima contribución posible al desarrollo, haciendo hincapié en las mujeres jóvenes.
De todo lo anterior debemos extraer la importancia de esta etapa, no sólo por los cambios físicos que en ella se
A ellas deben añadirse los relevantes cambios en la esfera psíquica, que se traducen en notables cambios en el comportamiento social. Todo el período en que se realiza el conjunto de cambios morfológicos, psicológicos y sociales suele conocerse como adolescencia.
La OMS la delimita cronológicamente entre los 10 y 19 años, aunque actualmente diferencia tres períodos, que la extienden hasta los 24 años:
Pre-adolescencia, adolescencia temprana o prepuberal, de 10 a 14 años, correspondiente al inicio de los cambios en la morfología la pubertad. Adolescencia media, propiamente dicha, o puberal, de 14 a 18 años: en que se completa la maduración del aparato genital
Adolescencia tardía o postpuberal, de 19 a 24 años: en que acaba el desarrollo somático y psicosexual
Los fenómenos principales que ocurren en la pubertad femenina son:
Gonadarquia: Define el inicio del desarrollo funcional de los ovarios. Las gonadotropinas aumentan el tamaño de las gónadas, estimulan los cambios estructurales que determinan la formación de folículos y activan su secreción estrogénica. Ésta a su vez ejerce su capacidad de retroalimentación negativa sobre hipotálamo e hipófisis. En los niños de ambos sexos circulan pequeñas cantidades de estrógenos que se incrementan fuertemente hacia los 10-11 años. En las niñas se acentúa cada vez más el aumento hasta alcanzar el patrón tipo menstrual.
Adrenarquia: La secreción por las suprarrenales de los andrógenos dehidroepiandrosterona (DHEA) y sulfato de dehidroepiandrosterona (DHEA-S) precede a la pubertad, comenzando a elevarse varios años antes del ascenso de las gonadotropinas, incluso a partir de los 6 años, sin que se conozca a ciencia cierta qué mecanismos lo controlan. A la adrenarquia se atribuyen ciertos cambios característicos de la pubertad: comienzo del desarrollo del vello pubiano (pubarquia), piel grasa, olor corporal, pelo axilar, acné.
Fuente: http://www.iqb.es/menopausa/fig10_2.htm
Telarquia o desarrollo mamario: El inicio del crecimiento de la mama es casi siempre el fenómeno clínico que más precozmente se reconoce en la pubertad.
Menarquia o primera regla: En un momento dado los estrógenos segregados por el ovario serán suficientes para producir una proliferación del endometrio que, por fenómenos esporádicos de deprivación hormonal, conducirán a la descamación endometrial con hemorragia menstrual cíclica, más o menos irregular. Sólo cuando el pico de LH sea capaz de producir una ovulación los ciclos comenzarán a ser regulares. En los dos primeros años después de la menarquia los ciclos suelen ser anovuladores en una proporción que oscila, según las estadísticas, entre un 55 y un 90%. Después de 5 años sólo un 20% continúan siendo anovuladores.
El ritmo menstrual oscila entre 21-45 días, su duración entre 2-7 días y su intensidad se estima en 30 ml. Cualquier sangrado que no cumpla estos requisitos requiere una cuidadosa evaluación.
Crecimiento
Se produce en la pubertad un claro aumento de la velocidad de crecimiento. Es el llamado "estirón". En ello intervienen los estrógenos que facilitan la liberación de la hormona de crecimiento (GH). Con este "estirón" las
ser difícil.
Fuente: http://www.puc.cl/sw_educ/enferm/ciclo/imagenes/interior/esquema/tanner4.gif
Estadificación del vello pubiano
Fuente: http://www.puc.cl/sw_educ/enferm/ciclo/imagenes/interior/esquema/tanner4.gif
La edad de aparición de la pubertad varía extraordinariamente. Se supone que está condicionada fundamentalmente por factores genéticos y socioeconómicos. Suele situarse entre los 10 y 14 años, aunque se suele establecer como fechas límites los 8 y 16 años. En la mujer, transcurre aproximadamente entre los 10 y los 16 años, y en ellas existe un marcador, que es la aparición de la primera regla o menarquia. De la misma manera que la menstruación es el síntoma más objetivo del ciclo femenino, la menarquia lo es de la pubertad femenina. En el último siglo ha habido una tendencia al adelanto de la pubertad, objetivado por el adelanto de la menarquia , que se ha cifrado en unos 2 ó 3 meses por cada 10 años en los últimos 100 ó 150 años. Se conoce este hecho como "tendencia secular" del adelanto de la pubertad.
En realidad el patrón de la pubertad y, por ende de la menarquia, está influenciado por muy diversos factores entre los que fundamentalmente podemos señalar: los factores genéticos, la salud individual, la alimentación, el estado socioeconómico y la actividad corporal.
Es evidente la influencia de los factores raciales y hereditarios familiares, así como la de las enfermedades crónicas o epidemias. Por otra parte se conoce bien que en época de guerras o de hambre, la menarquia se retrasa. Asimismo el excesivo ejercicio retarda la aparición de la menstruación de la misma forma que la obesidad moderada se asocia con pubertad más temprana. Por todo ello, no es de extrañar que en los últimos años exista una estabilización de la cronología de la pubertad con detención de la señalada tendencia al adelanto, sobre todo en países bien desarrollados y en clases socioeconómicas elevadas. Las primeras menstruaciones en nuestro medio se sitúan alrededor de los 12,5-13 años.
Pubertad precoz
Se entiende por pubertad precoz (PP) el comienzo de la pubertad en una edad significativamente menor que la habitual en la población normal. Se manifiesta por la aparición temprana de los caracteres sexuales secundarios. Como en la pubertad femenina, el desarrollo de las mamas es en el 80% de los casos el fenómeno primario. La pubertad precoz femenina puede anunciarse cronológicamente por la aparición de la telarquia antes de los 8 años
empieza a elevarse hacia los 9 años. En cualquier caso los niveles de LH y de FSH y su patrón de secreción tardarán algún tiempo en lograr la ovulación. Sólo al final de la pubertad se alcanzarán los picos mesocíclicos que rigen la ovulación. Es necesario que antes el ovario sea capaz de liberar cantidades grandes de estrógenos, así como que las células hipofisarias tengan suficientes reservas de gonadotropinas para que el mecanismo de retroalimentación funcione de forma eficaz.
Los andrógenos suprarrenales (dehidroepiandrosterona sulfato y androstendiona), que aumentan marcadamente en la pubertad, contribuyen de forma significativa al desarrollo del vello pubiano. Este incremento del vello pubiano se denomina adrenarquía que precede al incremento en la secreción de esteroides sexuales y al incremento en la pulsatilidad de la secreción de gonadotrofinas en aproximadamente dos años.
Durante la pubertad, las mamas se desarrollan desde el brote mamario inicial hasta la formación de la mama adulta. Estos cambios coinciden con la liberación de gonadotrofinas desde el eje hipotálamo-hipofisario que estimula la producción esteroidea.
A pesar de ser uno más de los importantes cambios en la pubertad, es el síntoma más importante. Constituye la primera menstruación y clínicamente marca el inicio de la edad fértil, igual que la menopausia marca el final de dicha edad.
El rápido incremento de la concentración de estradiol durante la fase folicular tardía del ciclo menstrual ejerce un efecto feedback positivo, desencadenando la liberación de gonadotrofinas. Este mecanismo no resulta funcionalmente activo hasta bien avanzada la pubertad. La ovulación no se produce regularmente en las etapas iniciales de la adolescencia. Los primeros ciclos menstruales son a menudo irregulares y anovulatorios. La pubertad se completa cuando los ciclos menstruales se hacen ovulatorios y regulares y se alcanza finalmente la capacidad reproductiva.
Estrógenos
Todas las hormonas esteroideas comparten un esqueleto estructural común: el colestano común. Ciclopentanoperhidrofenantreno
Estrógenos
Los dos estrógenos "clásicos", la estrona (E1) y el 17-beta-estradiol (E2) son los principales secretados durante un ciclo menstrual normal. Ambos están producidos directamente por la gónada o por la conversión periférica de los precursores androgénicos. La conversión periférica implica la aromatización de los andrógenos circulantes de origen ovárico, o sobre todo suprarrenal. El clásico ejemplo de un tipo celular que posee los mecanismos enzimáticos para la conversión periférica de los andrógenos a estrógenos es el adipocito (la célula grasa).
Metabolismo
Los estrógenos producidos en el ovario no se almacenan en este órgano, sino que pasan rápidamente a la circulación general, donde se unen en su mayoría a proteínas portadoras. La porción de estrógenos libres pueden penetrar en la célula diana, unirse al receptor específico y ejercer su acción biológica.
La degradación de los estrógenos se realiza fundamentalmente en el hígado, y también en el riñón y en la mucosa
intestinal. Se eliminan principalmente por la orina y la bilis.
Acciones. Efectos fisiológicos.
Los efectos de los estrógenos son multifocales. Por un lado, influyen sobre sus tejidos diana, los tejidos que los producen, los centros nerviosos superiores y la hipófisis anterior. En términos generales, pueden considerarse como hormonas tróficas que juegan un papel en el crecimiento, desarrollo y mantenimiento subsiguiente de los órganos reproductivos. Por otro lado, son también importantes los efectos extragenitales.
Efectos genitales (acción trófica, Hormona de las tres H: Hiperemia, hipertrofia, hiperplasia). Influencia de los estrógenos: Sobre el hipotálamo y la hipófisis. Feedback negativo Feedback positivo Sobre el ovario : maduración folicular Sobre el endometrio: endometrio proliferativo Sobre el miometrio: inducen el crecimiento uterino Sobre el cuello uterino : producen un aumento del diámetro del conducto endocervical y del orificio cervical externo (OCE), que alcanza su máximo en el momento de la ovulación. El epitelio del ectocérvix experimenta los mismos cambios que veremos en la vagina. La secreción del epitelio endocervical es abundante, transparente, de baja viscosidad, de gran elasticidad o filancia y favorable al paso de los espermatozoides. Al dejarse secar produce cristales típicos en forma de hojas de helecho. Sobre las trompas: ejercen una acción proliferativa sobre el endosalpinx. Sobre la vagina: producen una intensa acción proliferativa, originando un aumento de la multiplicación celular; las células maduran, se cargan de glucógeno y se cornifican. En ausencia de estrógenos, la vagina está revertida de un epitelio escamoso adelgazado con muy escaso contenido en glucógeno. Sobre la vulva: tienen, al igual que en las otras localizaciones, una acción trófica, aunque es poco evidente. No se ha podido describir un ciclo histológico de los genitales externos Sobre la mama: se ha descrito en los últimos años la existencia de un verdadero ciclo de la mama constituido por una fase de proliferación postovulatoria, la cual conduce a un aumento de la mama que es máximo unos días antes del comienzo de la regla. Los estrógenos son el estímulo más importante para el desarrollo de las mamas en la pubertad. Durante el ciclo parece que originan un crecimiento de los conductos glandulares y dilatación de los conductos excretores.
Efectos genitales de los estrógenos
Efectos generales de los estrógenos
Progesterona
Andrógenos
El ovario sintetiza testosterona, androstenodiona y deshidroandrosterona. La mayoría se transforman en estrógenos. La degradación de la testosterona se realiza fundamentalmente en el hígado, aunque también participan los riñones. Los metabolitos de la testosterona se eliminan por la orina en forma de 17-cetosteroides.
Estos Andrógenos se producen fundamentalmente en la estroma. No se conoce la contribución de la estroma a la secreción gonadal durante el ciclo menstrual, pero se supone que es muy escasa y que sólo es evidente en la menopausia.
Biosíntesis de andrógenos y su conversión a estrógenos
Inhibina
La inhibina es un péptido formado por dos subunidades de 230 y 134 aminoácidos producido por el cuerpo lúteo del ovario. Inhibe la secreción de GnRH y de FSH y, en menor extensión, de LH. Juega un importante papel en la disminución de FSH y LH que se observa al final del ciclo ovárico.
Activina
La activina es, asimismo un péptido dimérico constituido por dos unidades b de la inhibina (268 aminoacidos). Estimula la secreción hipofisiaria de FSH.
Relaxina
La relaxina es producida por el cuerpo lúteo y la placenta. Consta de dos subunidades de 13 y 26 aminoácidos unidas por un puente de cisteína. Durante el parto, la relaxina relaja los músculos del cuello uterino para facilitar la dilatación y la sínfisis pubiana.
Es incoagulable, por su rico contenido en fibrinolisinas Ocurre de una forma periódica o cíclica, cediendo espontáneamente
Caracteres clínicos y patrón menstrual normal
La menstruación es un fenómeno fisiológico y como tal, no debiera doler o producir trastornos. Sin embargo, la mayoría de las mujeres jóvenes nulíparas, con menstruación ovulatoria, padecen dolor (dismenorrea) en mayor o menor intensidad y así mismo, la mayoría de las mujeres presentan una serie de molestias. En el patrón menstrual normal debe tenerse en cuenta:
La frecuencia de la menstruación o longitud del ciclo menstrual, que es el intervalo de tiempo que media entre el primer día de una menstruación y el primer día de la siguiente. El promedio son 28 días, con oscilaciones entre 21-35 días. Duración de la menstruación. También es variable, pero la duración normal está entre 2 y 7 días. Conociendo la duración del ciclo y la duración de la menstruación podemos, mediante un quebrado, representar la fórmula menstrual (FM), poniendo en el numerador la duración de la regla y en el denominador la del ciclo. Cantidad de sangre en la menstruación. Varía ostensiblemente de unos casos a otros, y además, es difícil hacer un cálculo exacto. No obstante, admitimos que la cantidad de sangre que se pierde en una menstruación normal es de unos 50 cc (30-200). A modo práctico supone empapar menos de 6 compresas el día de mayor sangrado. Composición de la sangre menstrual. En los primeros días es una sangre más pura y a partir del segundo día está mezclada con detritus, trozos de mucosa y moco. Es más pobre en hematíes y hemoglobina que la sangre vascular, y en cambio, es más rica en leucocitos. Tiene un alto contenido en prostaglandinas y además contiene proteínas y péptidos tóxicos que se originan probablemente en la actividad proteolítica presente en la mezcla de sangre y fragmentos de tejido endometrial, aunque también podrían proceder de la contaminación bacteriana.
Educación sanitaria a la adolescente
Una vez expuestos los aspectos fundamentales de la fisiología de la menstruación, es evidente la necesidad de educar a nuestras adolescentes para que la llegada de la monarquía, con todo lo que implica, sea aceptada, comprendida y las adolescentes sepan en todo momento cómo actuar. Para dar una buena educación tenemos que tener en cuenta los siguientes parámetros:
Características de la adolescencia: personalidad, falta de conocimiento, dudas, mala información, pubertad. Mitos sobre la menstruación: la bibliografía histórica contiene numerosas referencias a los peligros que se atribuían a las mujeres durante la menstruación. Si una mujer que tenía el periodo caminaba por los campos de una granja, la cosecha no crecería y las flores no abrirían, si se trataba de amasar el pan, la masa no crecería. También había peligros para su marido; el contacto físico, y en especial la relación sexual, se prohibía en muchos lugares. En algunas culturas se mantenía a las mujeres apartadas, en una cabaña menstrual, por considerarlas sucias durante la menstruación. Después de una "limpieza virtual", la mujer regresa a su lugar dentro de la familia. Aún hoy, en nuestra época se oyen todavía falsas creencias como: no poder bañarse, no poder lavarse la cabeza, si se hace mayonesa se corta...
Así, fundamentaremos nuestra educación en:
Información dirigida al adolescente sobre fisiología reproductiva y cambios "normales" en la adolescencia. Información sobre síntomas pre e intramenstruales: dolor en el bajo vientre, mastalgias, nerviosismo, cefaleas... También es importante tener en cuenta el factor sorpresa, es decir, explicar bien a la adolescente en qué consiste y donde se produce la hemorragia, ya que muchas veces es la misma "sorpresa" la que afecta a la adolescente.
Información sobre las características menstruales en la adolescencia: ritmo irregular, variedad en la sintomatología, variedad en la cantidad de la hemorragia. Hacer hincapié en la no validez de los mitos sobre la menstruación, aclarando cualquier duda y ayudando a la adolescente a que acepte su primera menstruación como un paso más en su crecimiento y maduración. Recomendaciones y educación sobre:
Concepto
inestabilidad hormonal como postparto y perimenopausia. En el SPM se produce un mecanismo de adaptación biológica desconocido que devuelve los distintos sistemas a un funcionamiento equilibrado y los síntomas desaparecen espontáneamente, normalmente en un día, incluso en los pacientes más graves. En definitiva, se trataría de una especial sensibilidad individual de los diferentes sistemas de neurotransmisores del SNC al efecto modulador de las hormonas sexuales.
Sintomatología
Se dividen, aunque de una manera superpuesta, en síntomas somáticos y psíquicos.
SÍNTOMAS SOMÁTICOS
Se han descrito más de 150 signos-síntomas somáticos como posibles manifestaciones premenstruales, que podemos resumir en seis conjuntos de síntomas, como queda reflejado en la Tabla II.
Tabla II. Síntomas Somáticos Conjunto sintomático
Dolor
Síntomas neurovegetativos
Alteración del sistema nervioso autónomo
Alteración del SNC
Trastornos hidro-electrolíticos
Trastornos dermatológicos
Los más frecuentes son:
Tensión mamaria (aumento del volumen mamario con dolor). Distensión abdominal (tensión dolorosa del abdomen y aumento de peso premenstrual). Artralgias, mialgias, cefaleas, edemas periféricos y alteraciones del hábito intestinal.
SÍNTOMAS PSÍQUICOS
Los síntomas psicológicos más comúnmente relacionados con el SPM, según Freeman, son:
Tabla III. Síntomas Psicológicos Cognitivos y conductuales
Trastornos del sueño Cambios en el apetito Disminución de la concentración Disminución del interés Retraimiento social
Irritabilidad Oscilaciones del ánimo Ansiedad/tensión Depresión Sentimiento de falta de control Los síntomas centrales del SPM son la irritabilidad y la tensión , y en más de la mitad de las pacientes aparecen también signos de depresión-ansiedad. Es habitual la coincidencia de trastornos del ánimo y de ansiedad con el TDP, lo que crea un problema de diagnóstico diferencial importante. Por otro lado, no se ha encontrado relación entre TDP y esquizofrenia.
Diagnóstico
Según las directrices del American College of Obstetrics and Gynecologist (ACOG), el diagnóstico de SPM debe incluir:
Aunque puede realizarse un diagnóstico provisional basándose en la descripción de los síntomas, el diagnóstico debe ser confirmado con un diario prospectivo durante, al menos, dos ciclos consecutivos.
DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
El SPM debe diferenciarse de la exacerbación premenstrual de síntomas de algunas condiciones médicas como: Lupus eritematoso, alteraciones tiroideas, colon irritable, migraña, asma, síndrome de fatiga crónica y alergias; o psiquiátricas como: Depresión, cuadros de pánico o ansiedad, y otras más. Un aspecto fundamental y necesario para el diagnóstico de SPM es la presencia de días libres de síntomas, hecho no habitual en los demás procesos.
Tratamiento
De las múltiples terapias propuestas, ninguna ha demostrado una eficacia general y definitiva, ni superior a las otras.
TRATAMIENTOS MÉDICOS
Hormonales
Anticonceptivos hormonales orales (AHOs) Los AHOs sin Drosperinona (gestágeno antiamineralocorticoide) no han demostrado ser un tratamiento de elección en el SPM. Mientras los que llevan este nuevo gestágeno son una buena opción en aquellas pacientes con SPM que deseen anticoncepción, pues mejoran tanto la clínica somática como la calidad de vida.
Progesterona y progestágenos A pesar del amplio uso que han tenido en el tratamiento del SPM, no han demostrado beneficios respecto al placebo (21). Un solo ensayo clínico aleatorizado (ECA) ha encontrado buenos resultados con el uso de Tibolona.