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cmo afecta el bullying a los estudiantes
Tipo: Apuntes
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1,a,b
2,a
3,c,d
4,e,f
5,g
6,h
An Fac med. 2012;73(1):13-
La violencia escolar es un problema de salud pública en el mundo entero (1)^. Desde que en la década de 1970 el no- ruego Olweus llamara la atención sobre su prevalencia y los daños que ocasiona en víctimas y agresores, son numerosas las publicaciones que se han efectua- do (2-6)^. Es interesante mencionar que nuestro insigne vate César Vallejo, en 1932, se había referido anteriormente a este problema, en su cuento Paco Yun- que (3).
En el Perú, también se han realiza- do publicaciones sobre acoso, violencia escolar o bullying en colegios estata- les y privados en zonas donde existió terrorismo, habiéndose encontrado una prevalencia alarmante, cercana al 50% (4–6).
Con los avances de la tecnología electrónica, ha surgido una nueva va- riedad de violencia escolar utilizando tecnología de comunicación e informa- ción (TICS). El uso de celulares e inter- net ha tenido acogida universal entre escolares y jóvenes. El uso incorrecto de estos medios informáticos manifes- tado por molestias, agresión o acoso es llamado ciberbullying o ciberacoso (7-10). El primer trabajo de investigación so- bre este problema se llevó a cabo el año 2000, en Estados Unidos (11)^ , con una encuesta telefónica a gran escala, encontrándose que 6% de adolescen- tes era agredido por internet, el 33% lo era a través de mensajería instantánea, 32% en salas de Chat y 19% usando co- rreo electrónico ( e-mail ).
Se define ciberbullying o ciberacoso como todo acto agresivo e intenciona- do llevado a cabo de manera repetida y constante a lo largo del tiempo, me- diante el uso de formas de contacto electrónicas por parte de un grupo o de un individuo contra una víctima que no puede defenderse fácilmente (8).
Dentro de los variados tipos de ciber- acoso se menciona ocho (12)^ :
dean los insultos con rapidez como un incendio.
Realizamos una investigación transver- sal analítica con el método de encuesta, técnica de cuestionario anónimo y auto aplicado en escolares de 5° de primaria a 5° de secundaria de colegios naciona- les y privados. Se utilizó el instrumento de Rosario Ortega (10)^ , el mismo que fue adaptado de acuerdo a nuestra realidad y poste-
Variables Colegios nacionales (%) Colegios privados (%) p Sexo masculino 875 (50,7) 473 (54,8) 0,006* Ciberbullying 358 (21,0) 352 (41,2) 0,000* Tiene celular 1097 (63,8) 747 (86,8) 0,000* Agresión por celular 112 (6,5) 65 (7,6) NS Víctima por celular 179 (10,4) 127 (14,8) 0,002* Tiene computadora 1042 (62,2) 842 (98,9) 0,000* Computadora en su cuarto 405 (24,2) 308 (36,1) 0,000* Internet fuera de casa 1108 (69,1) 569 (66,2) NS Agresión por internet 146 (8,5) 89 (10,3) NS Víctimas por internet 330 (19,2) 44 (23,1) 0,003*
Tabla 2. Factores de riesgo asociados a cyberbullying. Análisis bivariado. Variables p OR IC 95% Tenencia de celular* 0,000 1,547 1,264 – 1, Computadora en su cuarto* 0,000 1,550 1,252 – 1, Acceso a internet fuera de casa * 0,003 1,463 1,140 – 1, Trabajo remunerado* 0,001 1,648 1,249 – 2, *p < 0,05.
An Fac med. 2012;73(1):13-
En el análisis multivariado explora- torio (tabla 3) se confirmó que tener un acceso de internet fuera de casa y un trabajo remunerado fueron factores de riesgo de ciberbullying. Además, apare- ció como nueva variable relacionada el conocer otra forma de acoso.
La frecuencia global de ciberbullying fue 27,7% (710 casos). Las víctimas de agresión por celular fueron 10,8% en varones y 13,1% en mujeres (chi 2 3, p= 0,072). Los varones aceptaron ser agresores por este medio con mayor asi- duidad (7,3%) que las mujeres, 4,25% (chi 2 7,636; p=0,006; OR=1,799; IC=1,198-2,703).
Con respecto a internet, ser agresor también primó entre los varones (14%) sobre las mujeres, 3,6% (chi 2 60,895; p=0,000; OR=4,421; IC=2,971- 6,580). Ser varón resultó ser un factor de protección para las víctimas, pues los varones se señalaron como víctimas menos frecuentemente (18%) que las mujeres, 22,7%, (chi 2 6,181; p=0,013; 0R=0,774; IC=0,593-0,935).
El sexo masculino, estudiar en el ni- vel secundario y la tenencia de celular
fueron factores de riesgo de agresión por celular (tabla 4). El sexo masculino, estudiar en el ni- vel secundario, uso de internet fuera de casa y desaprobar en los estudios fueron factores de riesgo de agresión por inter- net (tabla 5). El sexo masculino también se encon- tró que fue un factor de riesgo de agre- sión por internet en el nivel de educa- ción primaria y secundaria, tanto en el colegio privado como en el nacional.
Los cambios que nos ha traído la mo- dernidad han trastocado los estilos de vida tradicionales. Los colegios, consi- derados instituciones de socialización y convivencia pacífica, han perdido la seguridad que brindaban, y en ellos mu- chas veces se encuentran los alumnos desprotegidos e indefensos. El uso de celulares desde temprana edad y la fa- miliaridad con que utilizan internet, se han convertido en armas o instrumen- tos de agresión, actitud que se emplea
desconociendo o minimizando los ries- gos que conlleva el acoso escolar. Entre las tecnologías de comunica- ción e información (TICs) se encuen- tran el correo electrónico, mensajes con celulares, mensajería instantánea y videos, los que son empleados para amenazar, vejar, chantajear, discriminar o difamar en forma repetida y hostil, siempre con el propósito de ocasionar daño a las víctimas (7,12-15). El hallazgo de 27,7% de ciberbu- llying o ciberacoso es preocupante, más aún, encontrar este problema, con más frecuencia, en colegios privados que en nacionales. También, los agresores y víctimas son más frecuentes en colegios privados. Esta agresión ha sido mucho más frecuente a través de internet que con celular. El internet es usado con más fre- cuencia desde su casa, colegio o cabina de chateo. Ese último lugar cuesta muy poco dinero, permite que se puedan reunir amigos para disfrutar en grupo, constituyéndose en el lugar preferido por la libertad y falta de supervisión existente. A los estudiantes les agrada
Variables n / total (%) Chi 2 p OR IC 95% Sexo masculino Agresor por internet No agresor por internet
133/165 (80,6) 815/1682 (48,5)
Yates = 60,
0.000 4,421 2,971-6,
Nivel secundario Agresor por internet No agresor por internet
144/166 (86,7) 1099/1687 (65,1)
Yates = 30,
0,000 3,502 2,211-5,
Tiene celular Agresor por internet No agresor por internet
113/166 (68,1) 1084/1673 (64,8)
Yates = 0,
NS 1,158 0,823-1,
Tiene computadora Agresor por internet No agresor por internet
111/161 (68,9) 1050/1625 (64,6)
Yates = 1,
NS 1,216 0,858-1,
Tiene computadora en cuarto Agresor por internet No agresor por internet
43/161 (26,7) 406/1625 (25,0)
Yates = 0,
NS 1,049 0,758-1,
Usa internet fuera de casa Agresor por internet No agresor por internet
119/152 (78,3) 1072/1574 (68,1)
Yates = 6,
0,012 1,689 1,132-2,
Desaprueba en estudios Agresor por internet No agresor por internet
19/140 (13,6) 121/1537 (8,1)
Yates = 4,
0,041 1,774 1,058-2,
también utilizar Play Station y Nintendo , juegos que estimulan la violencia (10-18)^. En nuestro estudio, los alumnos de co- legios nacionales y privados usaron con frecuencia el internet fuera de casa, ex- poniéndolos a riesgo de uso inadecuado de este medio. El uso incorrecto de in- ternet se ha constituido en importante factor de riesgo en los análisis de aso- ciación y multivariados.
Hemos encontrado en nuestro estu- dio que los alumnos con mejor posición social disponen con mayor frecuencia de celulares y de internet en sus cuar- tos o dormitorios personales, desde los cuales, sin control parental, pueden emplearlas a su libre albedrío. Es opi- nión general del grupo investigador que es necesaria la supervisión de los menores, y para ello las computadoras con internet deben estar en ambientes compartidos por la familia (18). Algunos alumnos que tienen que realizar en sus horas fuera del colegio algún tra- bajo remunerado están más expuestos al ciberbullying, probablemente por el estigma generado por su condición de mayor pobreza, fatiga y pobre rendi- miento escolar, a consecuencia de la carga laboral, aunado al hecho de la baja remuneración y desprotección de parte de sus familiares.
Finkelhorn, en Estados Unidos (11), con una encuesta telefónica a gran escala encontró que el 6% de adoles- centes era agredido por internet, 33% a través de mensajería instantánea, 32% en salas de chat y 19% usando correo electrónico. Li (9)^ estudió 177 adolescentes en Canadá, 80 chicos y 97 chicas, y una cuarta parte de ellos manifestó haber estado implicados en ciberbullying. Smith y col (8)^ han detec- tado que 15,6% del alumnado declaró haber sido víctima de ciberbullying una a dos veces, mientras que 6,6% dijo ha- berlo sufrido una o más de una vez a la semana.
En España (14), en el último estudio del Defensor del Pueblo, se detectó 5,5% de ciber víctimas; de ellas, 5,1% lo era en forma esporádica (menos de una vez a la semana) y 0,4% con una
frecuencia superior. Se encontró por- centajes similares entre los agresores: 5,4% en la muestra total, de los cuales 4,8% lo era en forma eventual y 0,6% de forma frecuente. En los últimos años, hay tenden- cia al aumento del ciberacoso. Así, Brugees (15)^ , en EE UU, encontró que 38,3% de la muestra (3 141 chicas) ha- bía sido acosada on line. Raskauskas (13), en el mismo país, señala que 48,8% de los encuestados estaría implicado en ciberbullying como víctima y 21,4% como agresor. También, se ha encon- trado que las víctimas de bullying tradi- cional tienen riesgo de ser víctimas de ciberacoso; situación similar ocurre en el caso de los agresores. Jo Roskam (22), al investigar el ciberbullying en 1 000 estudiantes de Illinois, encontró que 332 informaron haber sido agredidos, la mayor parte con apodos, expansión de rumores, humillación y amenazas. Los tipos de agresión empleados fueron mensajes de texto en 24,5%, mensajes utilizando la voz en 15,4% y fotos en 9,9%. Smith P (23)^ , en Londres, seña- la que el ciberbullying más frecuente ocurre fuera del colegio, mientras que en el colegio 14,3% fue agredido con celular y 5,5% por correo electrónico. Estas cifras, en su siguiente investiga- ción aumentaron a 25,9 y 10,9, respec- tivamente. Encontramos, en contraposición a los resultados de Smith P y col (23), cifras más altas de ciber víctimas; por internet alcanzaron 19,2% y 23,1% en colegios nacionales y privados, respectivamen- te, y por celular 10,4% y 14,8%. Ambos sexos participan del ciberbu- llying. Sin embargo, el sexo masculino es un factor de riesgo de agresión por internet y por celular, tanto en prima- ria como en secundaria y en colegios privados y nacionales. Pero, ser víctima por celular no se asoció al sexo y al con- trario el sexo masculino resultó ser un factor de protección para ser víctima por internet. Lo que sí nos mostró fue una tendencia a que las mujeres fueran más victimas tanto por celular como por internet.
Es difícil que agresores y víctimas acepten su participación. Sin embar- go, las víctimas se sinceraron con más frecuencia. Además, los agresores y víctimas por internet comunicaron más este problema que los que utilizaban el celular. Se puede apreciar, después de la re- visión de la literatura, la alta frecuencia de ciberbullying o ciberacoso, la ten- dencia creciente, su predominio en va- rones, las diversas modalidades emplea- das utilizando medios electrónicos y la preferencia de agresión por internet, para preservar el anonimato (7-10,13-15)^. El ciberbullying comparte con el bu- llying los elementos de desequilibrio de poder, reiteración e intencionalidad, y a veces puede ser consecuencia o conti- nuación del bullying escolar. Los daños causados son mayores que el bullying, pues internet garantiza el anonima- to del agresor, convirtiéndolo en un fantasma que perturba y destroza con crueldad la vida de sus pares (18). El internet despierta en algunos ni- ños y adolescentes el sentimiento de que no existen normas jurídicas o prin- cipios éticos que regulen las interac- ciones que se producen en la red; por ello, experimentan total libertad para lo bueno y para lo malo. La red ofrece las mismas paradojas que nos brinda la sociedad. Podemos encontrarnos con comunidades virtuales solidarias y con los más perversos agresores infantiles. Este riesgo exige a padres y maestros prevención a partir de una formación adecuada y el uso responsable de las tecnologías de información y comuni- cación (16-20,24). Estos resultados representan solo dos distritos de Lima Metropolitana; por ello, es conveniente realizar estu- dios en otras instituciones educativas, nacionales y privadas. La Asociación Alternativa Joven de Extremadura (16)^ recomienda, como prevención: