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Ensayo sobre el concepto de Belleza sensible-inteligibe en las Enéadas de Plotino
Tipo: Monografías, Ensayos
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Al principio de nuestro ensayo habíamos apuntado brevemente una idea que ahora desarrollaremos. Se trata de tener en cuenta el lugar que ocupa la Belleza en la filosofía de Plotino. Habíamos dicho que era necesario distinguir entre dos esferas que se pueden superponer y a partir de las cuales podemos comprender el papel que juega la Belleza en el pensamiento de Plotino. Tenemos por un lado la esfera de la “Beldad”, el ámbito de lo bello en el cual existe una jerarquía de la Belleza en la medida en que los seres y los objetos participan del Uno. La otra esfera sería la realidad propiamente dicha, la columna vertebral del sistema de Plotino en el cual tenemos la explicación de cómo el Uno irradia desde su sí mismo, procrea las Hipóstasis y va descendiendo hasta tocar la materia y configurarla; así como la explicación del regreso de las almas individuales a su Principio. La explicación sobre la Belleza correría paralela a la realidad generada por el Uno. En ambas esferas tenemos la jerarquía que implica la participación del Uno en la totalidad. En el ámbito de la Belleza y su jerarquía, si comenzamos de la materia al Uno iremos de lo concreto a lo abstracto, justo como inicia Plotino, pues la Enéada I, 6 es la primera que escribió nuestro autor a nivel cronológico. El tratado inicia puntualizando que lo bello se da en primer lugar en el ámbito de los sentidos, en particular la vista y el oído (ya veremos la importancia que tiene la visión en las Enéadas): Lo bello se da mayormente a la vista y al oído […] Si subimos a partir de las sensaciones hacia un estadio más elevado encontraremos las ocupaciones, las actividades, las maneras de ser y las bellas ciencias; y está también la belleza de las virtudes I, 6, 1, 1-5, p. 275. Entonces, el primer reconocimiento de la belleza es a través de los sentidos, sin embargo, hay otro tipo de belleza que se da en el ámbito de lo inteligible. La belleza de la materia consiste en la participación en la forma. La materia será bella en tanto tenga una forma, en tanto la Belleza la haya alcanzado y configurado. Mientras más conformada esté la materia, participará en un grado superior de forma y por lo tanto será más bella. El hecho de que para Plotino la belleza sea la participación de la materia en una forma, esto es, que la materia tenga la capacidad de configurarse y devenir algo informado se relaciona de manera directa con la concepción de mundo como cosmos ordenado y jerarquizado, perceptible mediante lo corporal-sensible. Lo que le da forma (belleza) a la materia es una razón-resplandor que permite conocer el mundo y que lo hace inteligible. Lo bello responde también a la unidad, así, mientras más unitario será un ser mayor belleza resplandecerá en él; el Uno es la Belleza en tanto unidad y la materia lo menos bello en tanto multiplicidad. La forma en los seres refleja la unidad del Uno, esa manera de presentación de la belleza y su sentido ontológico nos acerca a comprender el tipo de realidad que abarca lo
Bello. El conocimiento del mundo para Plotino es contemplación de las formas, la percepción del resplandor de la belleza en dichas formas, el reconocimiento de unidad y finalmente el inicio del ascenso hacia el Uno. El Bien como principio de forma es también principio de belleza pero no es la Belleza en sí. La Belleza no se identifica con el Uno-Bien en tanto que corresponden a las dos esferas antes mencionadas. El Uno es supra bello, la Inteligencia es irradiación de esa suprabelleza y por lo mismo es luminosa, como emanación del Uno es esplendor de la Belleza. Es decir, la Belleza no se encuentra en el Uno, ni en sí en la Inteligencia. Es como el resplandor ontológico que se irradia en la primera hipóstasis. No tiene lo Bello un lugar específico en la jerarquía de la realidad pues como emanación del Uno, participa en toda la realidad que emana el Uno. Así, dice Plotino, mientras mayor sea la participación en el Uno, mayor será la belleza y luminosidad, y por lo mismo, menos corpórea ya que en última instancia, al llegar a la Inteligencia el cuerpo no será necesario, recordemos que el ascenso implica el desprendimiento de lo corporal. En este sentido Plotino afirma al final de I 6 que A lo que está más allá de ésta [la Inteligencia] lo llamamos naturaleza del Bien, que tiene antepuesta la Belleza por delante de ella. Así que, si se expresa imprecisamente, dirá que es la Belleza primaria; pero si distingue bien los inteligibles [las formas] dirá que la Belleza inteligible es la región de las Formas, pero que el Bien es lo que está más allá, fuente y principio de la Belleza, so pena de identificar el Bien con la Belleza primaria. En todo caso, la Belleza está allá. I, 6, 9, 35-40, p. 293 Plotino está consciente del equívoco que puede crearse al hablar de la Belleza y confundirla con el Bien(-Uno). El Bien “está más allá” en la medida en que la Belleza es el resplandor del Bien y por lo mismo susceptible a ser confundido. La Belleza “está allá” en donde el Uno irradia y emana su ser, un lugar alejado completamente de la materia y de lo informe, la Belleza en sí. De ésta procede inmediatamente la Inteligencia en calidad de resplandor bello y de la Inteligencia procede el Alma también como irradiación de la belleza, en menor grado que la primera hipóstasis puesto que se halla más alejada del Uno. Cada una de las hipóstasis se encuentran contemplando-conociendo, el Alma a la Inteligencia y ésta al Uno, dice Asti Vera que lo Bello, en oposición a las hipóstasis, es una nada […] en tanto realidad autónoma; juzgado en correspondencia con el Uno como su eminente esplendor, cobra […] peso ontológico […] la Belleza Primera como proyección del Bien hacia el orden del ser y de los seres […] se constituye y mantiene como atmósfera luminosa entre las cosas reales e ideales y lo Uno 1
1 Carlos Asti Vera, Arte y Realidad en la estética de Plotino , Castañeda, Argentina, 1978, p. 28-29.
captación luminosa de la Belleza inteligible comprometida en la materia. Contemplar una obra de arte tendría una implicación ontológica importante en el contexto del ascenso, del regreso de las almas a la Inteligencia, puesto que dicha contemplación-experiencia del arte permitiría a las almas evocar y deleitarse en el resplandor luminoso del Uno, “el reconocimiento es placentero porque produce una especie de destello en el alma. Y este destello es placentero” 3 pues como habíamos visto el deseo anhelante del Uno conlleva enamoramiento y éste, deleite. La contemplación de los rayos luminosos de la Belleza del Uno enamoran y provocan el deseo de unión. Sin embargo, Plotino nos advierte de no confundir y deleitarnos con la belleza del arte en tanto materia, apariencia, pues suele ser común esta confusión y no ver más allá de la forma. Como habíamos mencionado, la materia es sólo un paso hacia lo inteligible, es bella en tanto participa de la forma. La materia artística es más bella puesto que ha sido doblemente configurada y en ella se encuentran ambas bellezas: hay que tener eso presente en el momento de contemplar una obra de arte, la conmoción y el enamoramiento que nos provocan deber estar guiado por la contemplación de la belleza inteligible y no en la materia, en lo corpóreo: Sólo lo que se presenta como objeto primario de contemplación por ser Forma y espectáculo propio de la inteligencia, es también maravilloso de ver. […] los que están prendados de la belleza de acá no se dan cuenta de que la causa de ello es la Belleza de allá. V, 8, 8, PARRAFO, p. 153. Lo corporal debe ser visto como medio y no como fin en sí mismo para alcanzar la Belleza, quien no pueda comprender que la belleza corporal es una imagen, un reflejo de la verdadera belleza, nunca podrá ascender hacia lo inteligible. Por la misma razón las almas confunden su deseo y su deleite en la contemplación de la materia (de la imagen) y no en el verdadero resplandor inmaterial. Debido a dicha confusión, en vez de ascender, caen, vuelven la vista a la materia, a los placeres corporales y se alejan de su objetivo: al ver las bellezas corpóreas, en modo alguno hay que correr tras ellas, sino, sabiendo que son imágenes, rastros y sombras […] el que se aferre a los cuerpos bellos y no los suelte, se anegará no en cuerpo, sino en alma, en las profundidades tenebrosas y desapacibles para el espíritu, donde, […] estará […] en compañía de las sombras. I, 6, 8, 7-16, p. 290
3 Lloyd Gerson, Plotinus, Routledge, London & New York, 1998, p. 214
Así, la belleza artística nos permite subir hacia el reconocimiento de la belleza del Alma, y de ésta ya sólo nos queda un último escalón, la Belleza de la Inteligencia, el resplandor más luminoso que emana el Uno, es lo Bello en su aparición inteligible, la región de la Forma, como diría Plotino, donde la contemplación de la Belleza en sí corresponde al resplandor último (o primero) del Bien. La experiencia mística se concreta en este punto, el deseo del Uno se vuelve unión, el enamoramiento sobrepasa cualquier tipo de descripción, la separación entre visto y vidente desaparece, entre objeto y sujeto se desvanecen. Hágase, pues, primero todo deiforme quien se disponga a contemplar a Dios y a la Belleza. Porque en su subida, llegará primero a la Inteligencia y allá sabrá que todas las Formas son bellas I, 6, 9, 30-35, p. 292-293.