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Una reflexión de edgar morin sobre la necesidad de reformar el paradigma de la enseñanza en respuesta al desafío de la complejidad global. Se critica la enseñanza tradicional que divide, analiza y separa los saberes, y se propone una enseñanza compleja que perciba y reconozca la multidimensionalidad de las realidades. Se menciona la importancia de la interconexión, la contextualización y la síntesis. Se incluyen referencias a teorías del aprendizaje y la cognición actuales que rechazan la explicación lineal del desarrollo cognitivo.
Tipo: Resúmenes
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6 • QUEHACER EDUCATIVO | Diciembre 2007 |
«El objetivo de la escuela es crear: crear experiencias de aprendizaje, no mero acúmulo de saberes. Convie- ne por tanto meditar sobre qué tareas la escuela ya no necesita ni puede cumplir.»
Competencia y sensibilidad solidaria: educar para la esperanza Hugo Assmann y Jung Mo Sung
«[…] ¿cómo lograr el acceso a la información so- bre el mundo y cómo lograr la posibilidad de articu- larla y organizarla? ¿Cómo percibir el contexto, lo glo- bal (la relación TODO/PARTES), lo multidimensional, lo complejo? Para articular y organizar los conocimientos y así reconocer los problemas del mundo hace falta una re- forma de pensamiento. […] esta reforma es paradig- mática y no programática […]. A este problema universal está enfrentada la edu- cación del futuro porque hay una inadecuación cada vez más amplia, profunda y grave por un lado entre nuestros saberes desunidos, divididos, compartimen- tados, y por el otro, realidades o problemas cada vez más polidisciplinarios, transversales, multidimensiona- les, globales, planetarios. En esta inadecuación se vuelven invisibles: El contexto Lo global Lo multidimensional Lo complejo»
Edgar Morin (1999): Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. París: UNESCO. (Buenos Aires: Ed. Nueva Visión, 2001).
El desafío de la globalización del plane- ta es el desafío de la Complejidad.^1 Para en- frentar este desafío, Edgar Morin propone una reforma del pensamiento de naturaleza “paradigmática” y no “programática”. El término “paradigmático” por oposición al término “programático” se refiere a un cam- bio profundo en la organización actual del conocimiento, que hasta ahora solo ha pro- movido, en la enseñanza de cualquier nivel, saberes desunidos, divididos, compartimen- tados, que resultan inadecuados en una si- tuación mundial que presenta problemas y realidades cada vez más globales, multidi- mensionales, transversales, polidisciplinares. En estas condiciones, una reforma “pro- gramática” como las “reformas educativas” que se vinieron implementando hasta no hace mucho en nuestro país y otros tantos de La- tinoamérica, deja intacto el paradigma se- gún el cual conocer es dividir, analizar, aislar los objetos de su entorno, separar las disci- plinas más que reconocer sus vínculos, de- sunir los problemas más que integrarlos y vin- cularlos, reducir lo complejo a lo simple, eli- minar todo lo que aporta desorden, contra- dicción e incertidumbre. Toda reforma me- ramente “programática” sin cambio “para- digmático” profundiza la inadecuación en- tre Educación y Sociedad. Mientras las so- ciedades son cada vez más complejas e inter- conectadas, la escuela compartimenta, vuel- ve “light y fast” la información, para que el alumno se adapte al esquema del computa- dor que le hace de espejo.
Mabel Quintela | Profesora de Filosofía.
(^1) En realidad, debiéramos decir el desafío de la “mundialización” y no “globalización”, recogiendo una diferenciación que realiza Luis Pérez Aguirre, quien dice: «La globalización económica es simplemente la última fase del capital, que orienta su expansión bajo la forma de capital-mercancía, capital-dinero y capital-financiero» (...) «La mundialización, por el contrario, es el proceso por el que se amplía la conciencia de pertenencia a un mismo mundo y se crea un planeta interconectado e interdependiente».
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Respondemos a un Paradigma de Cono- cimiento que modeló el proyecto educativo de la Modernidad, al que Morin llama “Pen- samiento simplificador”, por el cual cono- cer es dividir, analizar por partes, seccionar, disecar, separar. Desde la Escuela Primaria hemos aprendido a pensar separando. Los contenidos de los distintos años en que trans- curre la Primaria responden -aunque en la persona de un solo maestro o maestra- a la organización “disciplinar”: matemática, len- gua, historia, geografía, música, plástica, etc. Los conocimientos son presentados en for- ma “secuenciada”, de lo más “simple” a lo más “complejo”, entendiéndose por más complejo lo más intrincado, formalizado en el plano lógico-racional y abstracto. O sea, confundiendo “complejo” con “complica- do”, porque en realidad el término “com- plejo”, en su sentido originario, significa “lo que está tejido en conjunto”, y es esto lo que precisamente se invisibiliza con la organi- zación parcelaria, compartimentada y abstrac- ta de los saberes: su interrelación, sus conexio- nes e integración en diferentes niveles. La Modernidad impuso, junto con el advenimiento del capitalismo y la industria- lización acelerada, un “ideal de ciencia”, por el cual el conocimiento científico -el único válido- se identifica con “claridad”, “sim- plicidad”, “orden”. Rasgos que se encuen- tran, todos, “por detrás del caos de sensa- ciones”, “al margen de los fenómenos alea- torios”, “de las borrosidades múltiples” con que -supuestamente desde esta epistemolo- gía- nos enfrentamos en primera instancia.
Por poner un ejemplo sencillo (no “simple”). Científicamente, ¿qué es el agua? El análisis químico nos dice: un compuesto de 2 áto- mos de hidrógeno más 1 de oxígeno por molécula. Esa es la realidad. Y el conocimien- to integral, significativo, del “elemento” agua, con sus cualidades de “sacarme la sed”, “refrescarme”, “limpiarme”, etc., etc., que- da totalmente descalificado desde el punto de vista científico. Estas son “apariencias” que no importan para la manipulación cien- tífica del agua. Pero ¿tiene o no importancia saber si nuestra relación con el agua está marcada solo por nuestro conocimiento de su composición expresada en la operación del químico: “2H2O = 2H2+02” o si va acompañada por nuestro conocimiento y aprecio de sus valiosas cualidades (saciar sed, limpiar, disolver, etc., etc.)? Si tomamos en cuenta que el problema global del mundo actual -y del futuro- es la falta cada vez ma- yor de agua potable y el despilfarro de este sumo bien, quizá sí tenga mucha importan- cia saber si los que deciden políticamente tie- nen una cabeza que se ha formado en una relación cognitiva unilateral con la simplifi- cación que del agua ha hecho el análisis quí- mico. El político que tuviere del agua un “conocimiento pertinente”, que es aquel que «es capaz de situar toda información en su contexto, y si es posible en el conjunto en el que esta se inscribe»^2 , estaría en mejores con- diciones para tomar decisiones que afectan a un problema global^3 (ver recuadro de pági- na siguiente).
(^2) Edgar Morin (1999): La cabeza bien puesta. Repensar la reforma Reformar el pensamiento. Buenos Aires: Ed. Nueva Visión. (^3) Gregory Bateson (1976).
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paradoja de las organizaciones complejas, en las que no solamente la parte está en el todo, sino en la que el todo está inscripto en la parte. El ejemplo más contundente de este principio está en el modo con que hoy concebimos las relaciones entre célula (parte) y organismo (todo): la célula es parte del organismo, pero la “totalidad” del patrimonio genético está presente en cada célula individual. Este principio de organización de lo vivo ha dado lugar a los procedimientos de “clonación” tan polémicos en la genética actual.
Estos principios no nos van a llevar al conocimiento como certezas y verdades acu- muladas que la educación transmitiría como el legado completo, capaz de arrojar las lu- ces necesarias para acabar con la ignorancia humana. Más bien nos conducen a un mun- do posible, incierto pero más rico y libre que aquel que nos presenta el pensamiento sim- plificador: una cabeza que respeta el miste- rio y la trama con que se tejen los asuntos del mundo y la vida humana, una cabeza que contiene la certidumbre negativa de que es imposible encerrar lo real en ningún siste- ma de pensamiento, sea el que sea. Estos principios nos pueden poner en condiciones de “negociar con la incertidum- bre” que, como se ha descubierto, es parte del proceso de conocimiento (tanto como el error) y que se instala en primer lugar dentro de nuestro cerebro/mente, porque no hay ningún dispositivo cerebral que nos permita distinguir la alucinación de la per- cepción, el sueño de la vigilia, lo imagina- rio de lo real, lo subjetivo de lo objetivo. En segundo lugar, porque se instala en el centro de las epistemologías contemporá- neas: el conocimiento ya no se puede con- cebir como “reflejo de lo real”, implica pro- cesos de traducción y reconstrucción, y es- tos a su vez implican el diálogo intersubje- tivo como modo de confrontar nuestras “humanas” percepciones, fantasías, ideas. Más que reflejo, el conocimiento es cons- trucción humana cultural, colectiva, histó- rica. La incertidumbre se instala en esta construcción inacabada y aporta lo suyo, en especial la “novedad”, “lo inesperado”, sin lo cual conocer sería solo reproducir y repetir. Finalmente, la incertidumbre es parte de la acción misma, porque actuar no sólo
significa “optar”, comprometerse, definir- se, sino también “apostar” por nuestras opciones en las que el riesgo y lo incierto están siempre presentes.
Si, como dice Paulo Freire, “educar no es transferir conocimiento sino crear las po- sibilidades para su propia producción o cons- trucción”, entonces estamos en condiciones de visualizar el aporte que el enfoque de la complejidad puede hacer a la educación. En primer término, porque situará a quie- nes educan y a quienes aprenden, a la altura de la policrisis que nos afecta y que no po- demos encarar más que adoptando una pers- pectiva diferente de aquella que condujo a este estado de cosas. En segundo lugar, porque una vez adop- tada esta perspectiva de complejidad, se hace visible cómo actúa en la práctica educativa el paradigma de simplificación: haciendo invisible la necesidad de otros principios or- ganizadores del conocimiento. Y en tercer lugar, porque en su propuesta encontramos vías para una nueva y diferen- te manera de organizar conocimientos y prác- ticas educativas: atreviéndonos a pensar des- de la incertidumbre, a contextualizar la in- formación que nos llega fragmentada, a re- flexionarla, y sobre todo a re-ligar y proble- matizar los saberes, construyendo una alter- nativa para la emancipación. Educación y pensamiento complejo:la organización del conocimiento