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El discurso científico, Apuntes de Traducción

Asignatura: Lengua A: Redacción y Composición de Textos, Profesor: Aurora Martín de Santa Olalla, Carrera: Traducción e Interpretación, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 14/05/2013

saandraafdez
saandraafdez 🇪🇸

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El discurso científico-técnico
El lenguaje científico se caracteriza principalmente por su vocabulario
especializado, constituido por una serie de términos1 que no pertenecen al léxico
general, aunque con el tiempo pueden popularizarse y ser registrados en diccionarios
generales de la lengua.
Tales términos o vocablos especializados resultan insustituibles en el texto en el
que aparecen y es deseable que sean biunívocos, esto es, que a un significante le
corresponda un significado; de ahí, que no puedan establecer relaciones de sinonimia
y polisemia, y que puedan repetirse muchas veces en un mismo texto (un cambio
terminológico implica cambio conceptual). A veces coinciden en su forma con una
palabra del léxico general (por ej., peso) pero otras no (por ej., fonema). Su significado
normalmente solo es conocido en el círculo científico que lo emplea, ya que forman
parte de su formación científica (responden a una teoría científica). De ahí también
que su significado sea difícilmente deducible del contexto: son independientes del
contexto.
El léxico científico debería ser universal o, en el caso del castellano, al menos
panhispánico, lo cual no sucede totalmente. Anteriormente se formaba con raíces
grecolatinas, pero en el siglo XX ha primado el inglés, de ahí que una de las mayores
fuentes de terminología en español sea el anglicismo, la traducción, incluso el calco
semántico. La mayor parte de este vocabulario suele tener un ámbito de vida muy
limitado.
El tipo de texto que predomina en el lenguaje científico es el expositivo-
argumentativo. En cuanto a la estructura de tales textos, se recomienda que el título
prediga el contenido, así como que sea corto, expresivo y verdadero. La expresión
lingüística en este tipo de texto ha de ser clara, precisa y ordenada, y ha de pretender
la objetividad y la neutralidad, así como rehuir de los tintes subjetivos.
Los artículos y monografías científicos deben reflejar la siguiente estructura,
abreviada IMRyD (Introducción, Material y métodos, Resultados y Discusión), como ya
hemos visto en el tema tipología textual.
Por otra parte, todas las ciencias no emplean el mismo lenguaje: no es lo
mismo la extrema formalización de las Matemáticas o de la Física que el discurso más
narrativo de la Biología; de igual modo, tampoco en un mismo campo científico hay
una sola forma de expresión (Galán y Montero 2002: 15): por ejemplo, en Lingüística
una Ciencia Humana subdisciplinas como la Lingüística Computacional, la Sintaxis, la
Psicolingüística o la Sociolingüística poseen un léxico especializado distinto y un
decurso narrativo diferente, una formalización exclusiva.
La retórica propia del discurso científico se caracteriza por la búsqueda de la
precisión, la univocidad y la denotación, la neutralidad u objetividad, y la concisión.
Sin embargo, en ocasiones, se pone un poco en duda estas pretensiones,
siguiendo a Carmen Galán y Jesús Montero (2002).
De este modo, en el lenguaje científico a veces se producen fenómenos de
sinonimia que ponen en entredicho las garantías de precisión y objetividad de este
1 Definimos término como «Palabra o locución de carácter especial empleada en determinado
sector de actividad humana para designar una noción o concepto: término científico, militar, biológico,
jurídico, etc.». (Martínez. de Sousa, Diccionario de lexicografía práctica).
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El discurso científico-técnico

El lenguaje científico se caracteriza principalmente por su vocabulario especializado, constituido por una serie de términos^1 que no pertenecen al léxico general, aunque con el tiempo pueden popularizarse y ser registrados en diccionarios generales de la lengua. Tales términos o vocablos especializados resultan insustituibles en el texto en el que aparecen y es deseable que sean biunívocos, esto es, que a un significante le corresponda un significado; de ahí, que no puedan establecer relaciones de sinonimia y polisemia, y que puedan repetirse muchas veces en un mismo texto (un cambio terminológico implica cambio conceptual). A veces coinciden en su forma con una palabra del léxico general (por ej., peso ) pero otras no (por ej., fonema ). Su significado normalmente solo es conocido en el círculo científico que lo emplea, ya que forman parte de su formación científica (responden a una teoría científica). De ahí también que su significado sea difícilmente deducible del contexto: son independientes del contexto. El léxico científico debería ser universal o, en el caso del castellano, al menos panhispánico, lo cual no sucede totalmente. Anteriormente se formaba con raíces grecolatinas, pero en el siglo XX ha primado el inglés, de ahí que una de las mayores fuentes de terminología en español sea el anglicismo, la traducción, incluso el calco semántico. La mayor parte de este vocabulario suele tener un ámbito de vida muy limitado. El tipo de texto que predomina en el lenguaje científico es el expositivo- argumentativo. En cuanto a la estructura de tales textos, se recomienda que el título prediga el contenido, así como que sea corto, expresivo y verdadero. La expresión lingüística en este tipo de texto ha de ser clara, precisa y ordenada, y ha de pretender la objetividad y la neutralidad, así como rehuir de los tintes subjetivos. Los artículos y monografías científicos deben reflejar la siguiente estructura, abreviada IMRyD (Introducción, Material y métodos, Resultados y Discusión), como ya hemos visto en el tema tipología textual. Por otra parte, todas las ciencias no emplean el mismo lenguaje: no es lo mismo la extrema formalización de las Matemáticas o de la Física que el discurso más narrativo de la Biología; de igual modo, tampoco en un mismo campo científico hay una sola forma de expresión (Galán y Montero 2002: 15): por ejemplo, en Lingüística – una Ciencia Humana– subdisciplinas como la Lingüística Computacional, la Sintaxis, la Psicolingüística o la Sociolingüística poseen un léxico especializado distinto y un decurso narrativo diferente, una formalización exclusiva. La retórica propia del discurso científico se caracteriza por la búsqueda de la precisión, la univocidad y la denotación, la neutralidad u objetividad, y la concisión. Sin embargo, en ocasiones, se pone un poco en duda estas pretensiones, siguiendo a Carmen Galán y Jesús Montero (2002). De este modo, en el lenguaje científico a veces se producen fenómenos de sinonimia que ponen en entredicho las garantías de precisión y objetividad de este

(^1) Definimos término como «Palabra o locución de carácter especial empleada en determinado sector de actividad humana para designar una noción o concepto: término científico, militar, biológico, jurídico , etc.». (Martínez. de Sousa, Diccionario de lexicografía práctica ).

lenguaje; no obstante, tienden a aparecer en el lenguaje divulgativo, de contacto con el no especialista, «de cara al público». Así, veamos el caso de la sinonimia: A veces tienen connotaciones positivas: a los clásicos médico general y enfermero se han impuesto en los cuadros médicos médico de familia y asistente técnico sanitario ( ATS ) – el primer caso connota mayor proximidad con el paciente, y en el segundo mayor profesionalización–. Otras veces, la sinonimia parece reflejar una organización semántica de los términos: hematíe, eritrocito y glóbulo rojo , sinónimos, tienen diferencias sutiles: hematíe : más genérico, se vincula a hemato- (‘sangre’): como en hematología, hematoma, hematófago , etc.; eritocrito (del griego, «célula roja») es más específico y alude a su morfología; glóbulo rojo es también una denominación morfológicas, es una variente de eritocrito en el discurso de divulgación científica. También son un ejemplo de sinonimia, los eufemismos médicosque se emplean en la relación médico-paciente para atenuar la crudeza del nombre de una enfermedad, bien porque está marcada socialmente ( enfermedad de Laennec por cirrosis hepática) , bien porque es mortal ( neoplasia por cáncer). En cuanto a la neutralidad y objetividad es un efecto retórico logrado mediante los siguientes recursos lingüísticos:

  1. Oraciones enunciativas en modo indicativo: «Un virus benigno sufre una mutación y se transforma en patógeno».
  2. Oraciones sin agente (voz pasiva e impersonales): «Se demostró que había un único mecanismo mediante el cual los virus podían mutar y se señaló el importante papel de los antioxidantes en la protección de las enfermedades víricas».
  3. Gran densidad léxica (abundancia de sustantivos y nominalizaciones): «El método de medición colorimétrica de la impureza del hierro de Smith-Jones».
  4. Construcciones nominales: «La adicción del ácido a la base fue realizada pasados tres minutos».
  5. Empleo del artículo con valor generalizador: «La unidad de entrada acepta la información codificada que proviene de los operadores humanos». Por otra parte, el lenguaje científico ha de ser riguroso (esto es, literal y no ambiguo), con una estricta correlación entre significado y experiencia (denotación). Por ello, la metáfora debería ser ajena a la ciencia, lo cual no es el caso. Quizá ese prejuicio contra la metáfora arranca de su concepción como típica del discurso literario, ignorando su importancia en el discurso diario y su gran capacidad cognitiva ( cf. Lakoff y Jonson, 1980). Los esquemas metafóricos más comunes en los discursos científicos son de dos tipos: metáforas explicativas y metáforas constitutivas :
  6. Metáforas explicativas : facilitan la inteligibilidad de determinados o conceptos o partes de teorías científicas mediante la comprensión de una entidad desconocida en términos de otra conocida como, por ejemplo, la descripción de los átomos como un sistema solar en miniatura; o las categorías a priori como las reglas de un juego, el ajedrez por ejemplo (Kant); relación entre inconsciente y consciente como la punta de un iceberg (Freud). Surgen como explicaciones circunstanciales para facilitar el adoctrinamiento.

Ejercicio

  1. Señala la estructura del siguiente texto científico.

La obtención de imágenes de resonancia magnética (IRM) es una técnica de creciente aplicación en el diagnóstico no invasivo de tumores cerebrales humanos. A través de la misma distinguimos el parénquima cerebral sano de las zonas afectadas por una patología tumoral. Sin embargo, la IRM no permite siempre especificar el tipo de tumor detectado u otros parámetros de interés clínico, como el grado (malignidad) del tumor o la existencia de zonas con distinta tasa de proliferación celular, cuestiones de gran interés a la hora de planificar el enfoque quirúrgico o terapéutico idóneo. Sabemos, por ejemplo, que las zonas no proliferativas de un tumor son insensibles a muchas de las estrategias de quimio y radioterapia clásicas, aunque puede provocarse su sensibilización. Con la aplicación de la espectrocopía de resonancia magnética (ERM), técnica complementaria de la IRM, podemos obtener un patrón metabólico del estado estacionario del tejido, así como seguir cambios en dicho patrón a lo largo del tiempo, sin daño alguno para el paciente. Lo mismo que en el caso de la IRM, puede repetirse la exploración cuantas veces se crea conveniente. En la zona necrótica del tumor hay gotículas extracelulares de tamaño notable (5- 10 micrómetros de diámetro). Encierran esas bolsas ácidos grasos de lípidos neutros, principalmente triacilgliceroles. Se supone que el patrón espectral con resonancia de los lípidos móviles visible por ERM (LM) se debe a los grupos metilo y metileno de dichos ácidos grasos. Pero ¿cuál es el origen de esta señal en aquellos casos en que aparece LM? Con el fin de conocer si los cambios observados en el patrón espectral de los tumores astrocíticos agresivos del cerebro humano (gioblastoma multiforme) podían darnos información de interés acerca del estado de la proliferación tumoral utilizamos un modelo celular, las células C6 del glioma de rata. Demostramos que la presencia del pico de «lípidos móviles» en el patrón espectral de células C6, similar al observado en ciertos tumores cerebrales humano, se corresponde cualitativa y cuantitativamente, con la presencia de gotículas lipídicas intracelulares de 1,5 micrómetros rellenas de triacilgliceroles, detectadas mediante microscopía de fluorescencia. Las gotículas se acumulaban en las células de C6 si estas dejaban de proliferar después de cubrir la superficie de la placa de cultivo y empezaban a apelotonarse (fase de postconfluencia en la curva de crecimiento de cultivo celular), mientras que no se detectaban en células C6 en estadio de proliferación activa (fase exponencial de la curva de crecimiento). Si extrapolamos los resultados obtenidos con cultivos celulares al caso de los tumores astrocíticos humanos, podemos proponer que los cambios detectados en el patrón espectral de LM en los espectros de tumores

astrocíticos in vivo, en ausencia de necrosis, indican cambios en la tasa

proliferativa de las células tumorales en la región investigada por ERM. De cumplirse la hipótesis, cabría abordar un enfoque individualizado de la terapia a aplicar al paciente con la mejora consiguiente del resultado. (I. Barba, M. Cabañas y C. Arús, «Tumores cerebrales», IC 304: 38:39).