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BREVE ENSAYO ACERCA DEL "EL RODÁN Y SU COSMOVISIÓN COMO CABALLERO DE LA ÈPOCA"
Tipo: Monografías, Ensayos
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El Cantar de Roldán es el más antiguo de los cantares de gesta franceses y constituye uno de los ejemplos paradigmáticos de la Épica Medieval. El poema se refiere a la batalla del 15 de agosto del año 778 cuando era destrozada en Roncesvalles, la retaguardia del ejército de Carlomagno, rey del Imperio Carolingio, que regresaba después del fracaso de una campaña en contra de Zaragoza, la cual se encontraba sitiada por el rey sarraceno Marsil.
Uno de los personajes principales del cantar es Roldán, quien es un personaje histórico, pero del que no se conoce casi nada, sobrino de Carlomagno, Emperador de los Francos, y que se convirtió en un “héroe mítico”, ya que era poseedor, como era característico de esa época, de facultades y virtudes, y que lo enaltecieron como persona. El poema tuvo una enorme influencia en la sociedad de la época, donde realidad y fantasía se fundían en la mente de las personas como un solo elemento indivisible e indudable, además de que nos muestra una imagen muy interesante de la vida en la Alta Edad Media francesa, de cómo se visualizaban o entendían las acciones, las proezas de los héroes y caballeros, sus ideales, aspiraciones y virtudes de valentía, además de su honor y lealtad, al rey y a su nación, como así también, de su profunda religiosidad. Después de haber realizado la lectura del Cantar, y del Marco Teórico fundamentado por autores como Menéndez Pidal y Jacques Le Goff, entre otros, y a través de la observación de los rasgos que se exaltan del personaje de Roldán, cabe preguntarse: ¿Es el espíritu caballeresco una creación y una herencia de la Edad Media europea? ¿O es acaso una especie de conciencia pírrica que interiormente alimentaba el valor y la bravura de estos héroes? ¿Poseía Roldán, el héroe caballero, esa conciencia pírrica? Para abordar el análisis de estos cuestionamientos es pertinente establecer la relación que existe
afirma que: “ Los cantares de gesta en su origen, fueron cantos noticieros, nacidos en la inmediatez de los sucesos; en ellos se narraban historias de batallas y eran transmitidos oralmente, generación tras generación, a lo largo de los siglos, dando lugar a numerosas modificaciones, debidas al paso del tiempo, al cambio de los gustos del público, como a la intervención de los intérpretes que, con sus olvidos y confusiones o con sus deseos de embellecer el texto y de contentar al auditorio, habrían transformado la obra en cada recital”. En los siglos XI y XII, eran los juglares quienes divulgaban oralmente los cantares de gesta, debido al analfabetismo de la sociedad de la época y los recitaban en público, en medio de las plazas o de las cortes para entretener al auditorio. Eran “inventores y refundidores de música y poesía”. (Menéndez Pidal 1959); ya que no se constituían como los autores de los poemas, sino sólo como intérpretes y al mismo tiempo, como relatores de gestas.
“imaginario medieval” , ya que afirma que es desde éste espacio donde se construye la imagen de los héroes con sus distintas características, y que desde la concepción medieval del mundo y del hombre, se podrá comprender la magnitud y la naturaleza de las acciones del héroe caballero, sus pensamientos, sus modos de conducta, su lenguaje, etc. A partir de las particularidades de la época se podrá esbozar la imagen de un héroe colectivo muy presente: El Caballero Medieval francés, específicamente, desde las características del personaje de Roldán, quien pregona y refleja los valores singulares de una conducta heroica elevada al más alto amor por su nación, por su Rey, Carlomagno y por cumplir con la “voluntad de Dios”; esto se percibe, por ejemplo, en el canto LXXIX, cuando los infieles se armaban para enfrentar a Roldán y este decía:
“¡Oh! ¡Que Dios nos conceda la contienda! Es deber nuestro sostenernos aquí por nuestro rey. Por el señor debemos soportar toda desgracia y sufrir grandes calores y grandes fríos (…)
determinado. Debía actuar de acuerdo con una norma de conducta, un código de virtudes, es decir, eran pautas establecidas por el sistema feudal que conformaban a la cultura nacional. Por ejemplo, en el canto LX:
Cuando Roldán escucha que ha de quedarse en la retaguardia, dice irritado a su padrastro: -¡Ah, truhán! ¡Hombre malo, de mal linaje! ¿Habías tú creído que dejaría yo caer el guante a tierra como tú hiciste ante Carlos con el bastón?
El Emperador Carlomagno, había designado a Ganelón para presentarse como emisario ante el rey sarraceno Marsil, en esa ocasión, le hace entrega de un bastón y un guante, como símbolo de la misión que se le estaba encomendando, pero cuando éste va a tomarlo, deja caer el guante al suelo; y esto es interpretado por los francos como señal de una desgracia, inclusive, como desagravio al propio rey. Esto explica la actitud de Roldán, quien recrimina a su padrastro por esta situación.
En el Canto LXI se percibe cómo la voluntad del héroe está imbuida de su decisión de ser un fiel vasallo:
-Alto Emperador-dice el barón Roldán-Dame el arco que tenéis en el puño. ¡Nadie podrá reprocharme, así lo creo, el haberlo dejado caer, como hizo Ganelón con el bastón que acaba de recibir su mano derecha! (…)
El juglar describe al caballero y lo retrata con los valores de la época indicando la escala valorativa, fisiológica y racial del período lo que configura el ideal estético de la Edad Media francesa. Estos rasgos están presentes en Roldán, ya que, con estas admirables facultades y disposiciones, él se encontraba preparado para cumplir su destino, que no era otro sino el ejercicio de las armas, el participar en las contiendas y batallas. Su meta reside en llegar a ser un excelente combatiente y honrar al rey entregando su vida, de ser necesario. Esto se ejemplifica en el canto LXXXIII cuando Oliveros, su valeroso amigo, le pide que haga sonar el olifante para advertir a Carlomagno y solicitarle su ayuda:
Dice oliveros: -Los paganos se muestran fuertes y nuestros franceses me parecen bien pocos. Roldán mi compañero, haced sonar el cuerno. Carlos lo oirá y retornarán las huestes. -¡Sería obrar como loco!- responde Roldán-. En la dulce Francia perdería mi renombre. No tardará Durandarte en asestar grandes golpes. Su hoja se empapará de sangre hasta el oro de la guarda (…)
También en el canto LXXXIV donde Oliveros vuelve a solicitarle que toque el cuerno, se puede comprender la responsabilidad del caballero por mantener su honra y la de su dinastía, cuestión de un valor inquebrantable, ya que constituía uno de los componentes esenciales de la base en que se estructuraba la sociedad feudal francesa y que innegablemente influía en gran manera en los hombres de la época: -¡Roldán, mi compañero, tañed el olifante! Carlos lo escuchará y regresarán los ejércitos. Y nos socorrerá con todos los barones. Roldán responde: -¡No quiera Dios que por mí sean mis padres afrentados y que la dulce Francia caiga en tal menosprecio! He de golpear fuerte con Durandarte mi buena espada, que tengo ceñida al costado. Vais a ver su hoja ensangrentada. Los felones paganos se han juntado para su misma perdición. ¡Yo os lo juro que todos están ya entregados a la muerte!
Y en el canto LXXXV volvemos a observar esta preocupación del personaje, por preservar su honor:
(…)-¡No quiera Dios-responde Roldán-, que jamás hombre alguno diga que por los paganos haya hecho yo tañer el corno! Nunca podrán echarme en cara esto los míos. Cuando entre en la gran batalla, yo asestaré mil golpes y setecientos, y veréis ensangrentado el acero de Durandarte. Los franceses son audaces y lucharán con valor. Los de España no podrán escaparse de la muerte.
En el canto LXXXVI quedan indefectiblemente comprobadas las características de arrojo, valentía y amor a su nación, que confirman a Roldán como un verdadero caballero medieval:
Dice Oliveros: -¿Por qué has de quedar deshonrado? He visto a los sarracenos cubren los valles, los montes… ¡Grandes son los ejércitos de esta casta extranjera y bien menguadas nuestras fuerzas! -¡Así crece mi ardor!-responde Roldán- ¡No quiera Dios Nuestro Señor que por mi causa Francia pierda su valor! ¡Prefiero morir que caer en vergüenza! ¡Cuantos más golpes demos, más nos amará el Emperador!
Para finalizar, y a la luz de los ejemplos anteriores, se pudo comprobar cómo el imaginario medieval construyó a través de estos preceptos, el “Espíritu Caballeresco”, ya que, los que aspiraban a este título se educaban y preparaban primordialmente para la guerra, de este modo, se adquirían las cualidades y virtudes esenciales e indispensables para participar en lides y contiendas. El personaje se encontraba inserto y se movía dentro del ordenamiento legal del feudalismo, al que pertenecía y que lo condicionaba y es por ello que se siente en la obligación de salvaguardar una serie de normas éticas, individuales y sociales, ya que, en el cumplimiento estricto de esos códigos y deberes, residía su honor. Por consiguiente, en el poema, esta excelencia queda claramente vislumbrada en la figura de Roldán, ya que, su accionar aquí no es imaginado como una acción imprudente o un arrojo irreflexivo y temerario, sino como una potestad bélica, un afrontar el peligro con plena conciencia de su alcance y consecuencias, pero que ignora también, la medida de las propias fuerzas. De esta manera, también se confirma la hipótesis de la existencia de una conciencia pírrica en el héroe, la cual se fundamenta, en su manera particular de realizar proezas y hazañas, aunque estas, no compensen muchas veces, los resultados obtenidos en las luchas o batallas. Implica incluso, el que considere la inmolación de la propia vida por la defensa de una causa determinada. Esta conciencia es lo que le proporcionaba a Roldán, la fuerza interior indispensable para acometer con decisión a sus enemigos, resguardando su propia honra y honor, como también la del Rey Carlomagno y la de la “Dulce Francia”. Por todas estas virtudes y características, Roldán representó el modelo de caballero cristiano y francés y un verdadero héroe guerrero de la Edad Media francesa.
España. Ediciones Akal. S.A.
España. Universidad de Murcia. Facultad de Filosofía y Letras.