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escuelas helenisticas, Apuntes de Historia del Arte

Asignatura: Historia del pensamiento, Profesor: , Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 09/10/2013

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Tema Cuarto: La época helenística; estoicos y
epicúreos; Teoría del arte; Plotino.
La gran expedición de Alejandro Magno (334-323
a.C.), con sus grandes repercusiones políticas, determinó el
paso de la época clásica a la época helenística.
La polis perdería su relevancia sociopolítica. A partir de la
muerte de Alejandro, los grandes monarcas en Egipto,
Siria, Macedonia y Pérgamo, concentraron el poder en sus
manos, y las ciudades-estado perdieron su libertad y su
autonomía. De ciudadano, el griego se transformó en
súbdito. La vida de los nuevos Estados se desarrolla con
independencia de su voluntad. Las nuevas filosofías
sintonizarán con esta nueva realidad, situando al Estado y a
la política entre las cosas neutras, moralmente indiferentes
o incluso dignas de ser evitadas. En el 146 a.C. Grecia se
convierte en una provincia romana. Y el pensamiento
griego, al no ver una alternativa adecuada, se refugió en el
ideal del cosmopolitismo, cosmo-polis. Con ello, el hombre
se ve obligado a buscarse una nueva identidad.
Esta nueva identidad será la del individuo, el
descubrimiento del individuo, que se encuentra libre ante
mismo. Se pasa de ser ciudadano a ser individuo, con la
tentación del individualismo y del egoísmo. Con ello se
separan la ética y la política.
Por otra parte, frente a los prejuicios racistas
tradicionales (los bárbaros como incapaces de cultura),
Alejandro intentó asimilar a los bárbaros vencidos,
equiparándolos con los griegos. Estoicos y epicúreos
cuestionarán a nivel teórico el prejuicio de la esclavitud.
Ciudades como Pérgamo y sobre todo Alejandría se
iban a convertir en centros de difusión de las ciencias
particulares, manteniéndose Atenas como capital del
pensamiento filosófico, por lo menos hasta bien avanzado
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Tema Cuarto: La época helenística; estoicos y epicúreos; Teoría del arte; Plotino.

La gran expedición de Alejandro Magno (334- a.C.), con sus grandes repercusiones políticas, determinó el paso de la época clásica a la época helenística.

La polis perdería su relevancia sociopolítica. A partir de la muerte de Alejandro, los grandes monarcas en Egipto, Siria, Macedonia y Pérgamo, concentraron el poder en sus manos, y las ciudades-estado perdieron su libertad y su autonomía. De ciudadano, el griego se transformó en súbdito. La vida de los nuevos Estados se desarrolla con independencia de su voluntad. Las nuevas filosofías sintonizarán con esta nueva realidad, situando al Estado y a la política entre las cosas neutras, moralmente indiferentes o incluso dignas de ser evitadas. En el 146 a.C. Grecia se convierte en una provincia romana. Y el pensamiento griego, al no ver una alternativa adecuada, se refugió en el ideal del cosmopolitismo , cosmo-polis. Con ello, el hombre se ve obligado a buscarse una nueva identidad.

Esta nueva identidad será la del individuo, el descubrimiento del individuo, que se encuentra libre ante sí mismo. Se pasa de ser ciudadano a ser individuo, con la tentación del individualismo y del egoísmo. Con ello se separan la ética y la política.

Por otra parte, frente a los prejuicios racistas tradicionales (los bárbaros como incapaces de cultura), Alejandro intentó asimilar a los bárbaros vencidos, equiparándolos con los griegos. Estoicos y epicúreos cuestionarán a nivel teórico el prejuicio de la esclavitud.

Ciudades como Pérgamo y sobre todo Alejandría se iban a convertir en centros de difusión de las ciencias particulares, manteniéndose Atenas como capital del pensamiento filosófico, por lo menos hasta bien avanzado

el Imperio Romano, cuando fue sustituida por Alejandría. De Roma le llegaría al pensamiento helenístico buenas dosis de realismo (por ejemplo, el eclecticismo, como el de Cicerón), aunque como es natural los romanos fueron culturalmente colonizados por los griegos. Es lógico que el pensamiento helenístico se haya interesado por los problemas morales, que afectan a todos los hombres.

I. Filosofía helenística

4.1. Los estoicos. El fundador, en el 300 a.C. Zenón de Citio. Después, sobre todo Crisipo. Más adelante Panecio y Posidonio. En Roma: influjos en Cicerón, Séneca (Siglo I a.C.), Epicteto (I-II), Marco Aurelio (II).

Cosmología : Las palabras latinas spiritus y materia empiezan a utilizarse en filosofía para traducir términos estoicos, y por escritores influidos por la Estoa (“materia” no tiene el mismo sentido que en Aristóteles).

Para los estoicos, la materia es lo inerte eterno, lo en sí neutro, de lo cual y en lo cual un principio activo de movimiento “hace” todo el acontecer (= el orden y la configuración del mundo). Este principio activo inmanente al mundo es lo que los estoicos llaman πνήΰμα, que significa “soplo”, y soplo en latín se dice spiritus. El espíritu penetra la materia, la configura y produce el movimiento. Materia y espíritu son dos elementos ónticamente distintos. Cada uno de ellos es cuerpo : el espíritu es ligero y móvil, la materia pesada e inerte. Al πνήΰμα los estoicos lo llamarán “fuego”; lógos , ratio , razón; θύζις o naturaleza; nómos o ley; μοιρα, fatum , hado. Este lógos es siempre el mismo, y por su presencia hay siempre en lo ente los gérmenes de todo lo que ha de acontecer (λογοι ζπερμαηικοι, rationes seminales). Como es siempre el mismo, y el mundo es eterno, no tiene más remedio que repetirse: ciclos cósmicos que se reiteran (el camino arriba y el camino

cuando maduramos, y que son presupuestas en todo conocimiento (las notiones communes ).

Ética. Para los estoicos la virtud y la sabiduría consisten en una especie de libertad, a la que caracterizan como ausencia de determinación receptiva, ausencia de πάθος, afecto, afección, pasión (placer, dolor, deseo, temor). Es la libertad como apatía.

Todo el acontecer del mundo está rigurosamente determinado. La libertad es aceptación, y la sabiduría vivir conforme a la naturaleza. Naturaleza es aquí la ley del acontecer. La virtud consiste en una íntima vinculación con el mundo, en integrarlo todo en nuestra vida. El conocimiento es importante para conducir la vida. Las pasiones son simplemente ignorancia. No hay ni bien ni mal en lo que nos ocurre porque lo que nos ocurre es lo que tiene que ocurrir. A los estoicos el principio de independencia les lleva a tratar de vivir con dignidad la vida que de hecho viven como hombres de mundo.

La Estoa es la primera escuela filosófica que piensa en una especie de derecho natural , y en una solidaridad de todos los hombres (bárbaros, esclavos, mujeres, niños). “Es un error histórico atribuir el avance de estas ideas al Cristianismo”.

El arte. Los primeros estoicos (Zenón, Crisipo) no dieron importancia a las artes miméticas. ¿Por qué los artistas tendrían que imitar lo que ya la naturaleza ha formado perfectamente? Si se afirma aún el arte, es sólo en la medida en que es útil al hombre. Y aquí “utilidad” significa lo mismo que virtud: la belleza moral irradia la corporal. Formas, colores y proporciones presentan la belleza del alma, su armonía y la combinación de sus virtudes.

El aspecto moral fue siempre determinante en la Estoa, pero lo importante en las “artes lúdicas” de Posidonio (escultura, pintura) era las percepciones sensibles. Lo cual se halla en correlación con el nuevo papel de la fantasía en la vida humana. La fantasía podía ser útil al hombre en la materialización de sus imágenes en el arte. Frente a la habilidad técnica, que quedará relegada al ámbito subjetivo del individuo, en lo sucesivo será la fantasía la que ocupe el lugar preeminente, hasta el punto de ser puesta como modelo de la naturaleza divina en su acto creador. La idea del artista creador recibió en los últimos estoicos un fundamento teórico (respondiendo a su inspiración, los escultores, pintores y músicos ocupaban un puesto en la cadena Dios-naturaleza-obra). Estas ideas estoicas tendrán mucha influencia en la teoría romana del arte.

4.2. El Epicureísmo

Epicuro de Samos (IV-III) enseñó en Atenas en un jardín que adquirió (“El Jardín”). En Roma: Lucrecio (I), autor del poema De rerum natura.

También los epicúreos subordinan todo a la filosofía moral, o la consecución de la felicidad. Y también dividen la filosofía en Lógica, a la que llaman canónica, Física y Ética.

De lo que se ocupa la canónica es del criterio de verdad (cómo podemos juzgar que algo es verdad). Para los epicúreos, el conocimiento consiste en imágenes en nosotros que reproducen las cosas y proceden de las cosas mismas. Se trata de la sensación: todo lo que no es inmediatamente sensación sólo es verdadero en cuanto que procede de la sensación y es confirmado por la sensación.

Por lo que se refiere a la Física, los epicúreos pretenden renovar el atomismo de Demócrito. El alma es también cuerpo, formado por átomos más finos. Combaten

es el del criterio: cómo y bajo qué condiciones podemos afirmar que algo es verdad. Cómo sabemos que el conocimiento concierta con la cosa. Plantear el problema en estos términos adecuacionistas significa ya resolverlo de manera escéptica, porque el conocimiento nunca podrá cerciorarse de su concordancia con el otro elemento. Ningún criterio de verdad será demostrable, porque, para demostrarlo, tendríamos que poder comparar el término “representación” con el término “cosa”. No se puede salir de la representación para compararla con la cosa, luego no hay criterio de verdad válido. El hombre debía aspirar al equilibrio espiritual, y para ello debía intentar superar dialécticamente cada opuesto mediante su contrario.

De modo que la actitud del sabio será la de la έποχή, esto es, la abstención de todo juicio. Y esta es la doctrina fundamental de los escépticos. Del escepticismo sabemos por los escritos de Sexto Empírico (I-II), pero todas las fuentes coinciden en que el fundador fue Pirrón de Elis, que murió en 260 a.C.

La έποχή pretende ser la respuesta a la cuestión de la felicidad, no es una actitud “teórica”, sino una especie de principio ético, una actitud radical que sería común a la apatía estoica y a la ataraxia epicúrea. Los escépticos no hacen suya ninguna tesis, tampoco la de que no es posible alcanzar la verdad, o la de que todo es falso (afirmar esto sería contradictorio). La έποχή no es duda, sino la renuncia absoluta a la decisión, es en cierto modo certeza.

En el marco de este sobrio estilo de vida, la literatura era algo innecesario, incluso perjudicial. Las artes no fomentan el saber ni la moral. Ni siquiera la música, que a juicio de Sexto Empírico no es más que una ilusión (la idea de que la música representaba algo profundo, por ejemplo la “música de las esferas”, era considerada una pura “invención”: Contra los músicos ). El papel insignificante de

las artes y su carácter vago quedarían además subrayados por lo confuso y contradictorio de todo lo que se afirma sobre ellas.

II. Teoría del Arte

4.4.

A- A lo largo del período helenístico, fueron ocupando el primer plano la cuestión del arte como fenómeno histórico , y la del carácter expresivo de la obra de arte. Pero la imitación ( mímesis ) siguió siendo el principio fundamental de la poesía, el drama, las artes plásticas e incluso la música.

Muchos fueron los factores que contribuyeron al progresivo despertar de la conciencia histórica también en el terreno de la teoría artística. Por ejemplo, Hecateo de Mileto, Heródoto y sobre todo Tucídides hicieron avanzar la incipiente “ciencia” de la Historia. Tucídides intentó describir sin prejuicios la devastadora guerra del Peloponeso, con la mira puesta en la explicación de las fuerzas que actúan en el hombre y en la sociedad.

La historiografía del arte de la época helenística se caracteriza, al igual que el estilo helenístico mismo que se iba a extender por todo el Mediterráneo, por el eclecticismo y el perspectivismo histórico.

B- El desarrollo de la óptica en la época helenística siguió intentando responder de alguna manera al problema que se había planteado en la época clásica de cómo cohonestar la norma objetiva y la percepción subjetiva cambiante. Los estoicos destacaron el carácter dinámico de la percepción: pensaban que el medio transparente, el aire, era estimulado tanto por la luz solar como por el espíritu óptico que partía del nervio óptico y del ojo y hacía vibrar el aire.

También se intensificó la sensualidad en las representaciones del cuerpo humano, especialmente el femenino. Por ejemplo, en las estatuas de Venus y Hermes de Praxíteles y su escuela (ca. 340-330 a.C.), puede hablarse de un virtuosismo no tanto de la imitación natural cuando de sus efectos ilusionistas (cuerpos que poseen calor y vida, gracia y belleza, como dirían los críticos del Renacimiento). De forma paralela, en la crítica de arte helenística se desplazó el interés desde las normas objetivas y las notas subjetivas de las obras a la personalidad artística y su capacidad de reproducir el mundo visible de manera ilusionista. En la época helenística, el ilusionismo era el vínculo que hacía efectiva la identidad entre idea y forma creada, cosa y copia. (La anécdota del pintor Zeuxis y el racimo de uvas pintado, en competición con el pintor Parrasio que le engañó pintando una cortina).

De la leyenda, transmitida por Cicerón y Plinio el Viejo, relativa al mismo Zeuxis y que nos cuenta cómo pintó una mujer perfecta a partir de partes perfectas del cuerpo de cinco vírgenes bellísimas, pero no perfectas, de la ciudad de Crotona, podemos hacernos una idea de la importancia que llegó a adquirir la imitación de la naturaleza en las épocas clásica tardía y helenística. En la leyenda helenística, el centro de gravedad es claramente la naturaleza como maestra del artista. Inspirado por ella, el artista aparece como una fuerza creadora paralela, capaz de producir algo que ella se propone realizar pero no puede. El problema seguirá siendo el de de dónde le viene al artista su concepto de aquella forma ideal que le permite hacer una selección en lo que se le muestra.

La importancia cada vez mayor de la expresión del alma del artista en sus obras tuvo sin duda que repercutir en la consideración y posición social del artista mismo. La

personalidad del artista se eleva a figura mágica dispensadora de vida, con su capacidad de elaborar el vínculo que tiene que existir entre la cosa y su copia, esto es, con la enorme importancia del aspecto ilusionista del arte.

Hay una buena colección de anécdotas, sobre todo de pintores, como el de nombre Apeles tan citado por el crítico Douris de Samos, que manifiestan una clara tendencia a la glorificación del artista como individuo agraciado, y a la sobrevaloración del virtuosismo y la independencia social.

En los primeros tiempos del helenismo surgió un nuevo género de literatura en torno al arte. Destacó por ejemplo Jenócrates de Atenas, quien publicaba consideraciones sobre escultores y pintores, y sobre los principios básicos del arte y la propia historia del arte. Jenócrates esquematiza los periodos históricos desde la idea de progreso en relación con una absoluta sobrevaloración de lo mimético, que considera el fundamento y la meta de todas las artes. Para llegar a la perfección en este sentido Jenócrates especifica cuatro aspectos técnicos: el concepto de simetría (las relaciones de las partes entre sí y con el todo, así como la consideración de las proporciones objetivamente establecidas); el concepto de ritmo (la unión orgánica o viva de las partes y el movimiento representado); el concepto de acribia (perfección técnica en la copia del cuerpo natural); el aspecto óptico, es decir, el efecto de la escultura vista desde su perspectiva principal y las modificaciones que tiene que sufrir como fenómeno del mundo visible.

D- El carácter ético de la música y su efecto purificador sobre el alma humana fue una idea firmemente arraigada en toda la Antigüedad. A esto se opondrían los epicúreos que estaban convencidos del carácter totalmente

Disposición: de las partes en relación al efecto del edificio entero.

Euritmia: efecto agradable que produce la composición armónica de las partes y las proporciones que guardan entre sí.

Simetría: concordancia de las medidas de las partes entyre sí y con el edificio en su totalidad-

La belleza de un edificio sólo resulta cierta cuando su simetría y sus proporciones se corresponden con las del cuerpo humano: en este antropomorfismo tendría su origen la definición axiomática de la arquitectura clásica. Nada puede añadirse ni quitarse sin menoscabar la impresión de totalidad coherente (a diferencia de Policleto, Vitruvio opta por un procedimiento geométrico: en posición supina, el cuerpo humano puede inscribirse en un cuadrado, o en un círculo, cuyo centro es el ombligo. El homo quadratus de Vitruvio fue una imagen familiar a la Edad Media, pero sobre todo al Renacimiento, ahí está el célebre dibujo de Leonardo de la Academia de Venecia).

Adecuación o conveniencia ( decor ): lo conveniente se aprecia cuando la apariencia del conjunto refleja el conocimiento de los principios, correspondiendo a la función y a la tradición estilística. El orden del edificio, por ejemplo, debe ser el más adecuado al dios al que está dedicado (los templos dóricos, corintios y jónicos se adaptarán al carácter rudo, refinado o intermedio de las divinidades a las que se consagran). Lo decorum tiene su fundamento en la costumbre o la tradición, las mezclas de estilos no están permitidas. Es importante asimismo la localización topográfica del edificio: función y finalidad de los espacios, iluminación del lugar. Vitruvio insiste también en la importancia de la naturaleza o de “lo natural”, algo muy característico de los romanos. En su crítica de la pintura

decorativa de su época, por ejemplo, tacha a este estilo de monstruoso y falso, precisamente porque no puede conciliarse con el orden natural y racional que sirve de pauta al artista.

Distribución: se refiere al cálculo y empleo justos del material. El edificio refleja la posición social de su propietario.

El tratado de Vitruvio no caería en el olvido en la Edad Media, pero fue en el Renacimiento cuando llegó a servir de modelo insuperable y poco menos que sacrosanto. Su influencia en la teoría del arte iba a durar hasta el siglo XIX.

F- Para Vitruvio, no merece llamarse pintura a lo que no tiene correspondencia con la realidad y la verdad, pues pintura es imitación de la realidad sin atentar contra los principios de la naturaleza. En las mismas fechas en que apareció el tratado De Architectura (ca. 17 a.C.), escribía Horacio su Ars Poetica, en la que señala que la imitación del artista no tiene que ajustarse a las formas originales platónicas, ni a lo posible o necesario dentro de la vida humana (Aristóteles), sino a la naturaleza en general, al mundo visible y al orden que en él se manifiesta. El artista tiene cierta libertad, puede elegir las cosas naturales para introducirlas en el orden autónomo de la obra de arte. Pero en otra parte del poema se lee la celebérrima sentencia que dice ut pictura poesis. Una sentencia que en la teoría del arte posterior iba a constituir un tópico siempre que se abordaba la cuestión de la base común de las artes y su significación social. Las artes imitativas tienen la doble misión de ser útiles al hombre y deleitarle. La misión social del arte recibe en los versos de Horacio una formulación decisiva para la posterior teoría del arte: precisamente a causa de su carácter autónomo, la obra de arte puede cumplir una misión social, pues dentro de este nuevo orden

como expresión de pensamientos y sentimientos puramente subjetivos constituyen la temática central de Sobre lo sublime ( Peri Hypsos , o De Sublimitate ), obra atribuida erróneamente al retórico Longino (ca. 213-273), que vivió en Atenas y en Palmira. Este escrito trata principalmente del arte de la retórica. Lo sublime en la palabra y la escritura se muestra instantáneamente como bello, verdadero y superior.

En la obra se refleja directamente el alma del autor. Y es sublime, o tiene el efecto de lo sublime, la aspiración humana de expresar aquello que se halla fuera del espacio y el tiempo y más allá del conocimiento humano.

Este tratado cayó en el olvido durante la Edad Media y hasta el siglo XVI. Pero a partir de la traducción de Boileau en 1674, el concepto y el término “sublime” se extendió rápidamente por Europa. Contribuyó decisivamente a la formación del concepto de genio y a la teoría de la expresión artística del siglo XVIII. Aunque el concepto de lo sublime en el Pseudo Longino se limitaba a la retórica y la poesía, en su recepción moderna esta limitación dejó de tener importancia.

III. Plotino (205 d.C.-270 d.C.)

La introducción del concepto de fantasía condujo en la Época Helenística y romana, lentamente, a una concepción del arte y de la estética fundada en la metafísica, aunque con la diferencia esencial de que el artista aparece como una persona capacitada por la inspiración divina para crear su obra de acuerdo con una imagen mental original interiormente contemplada. La obra de arte aparece entonces como el resultado de la fuerza expresiva individual, y como un símbolo de la realidad espiritual superior que hay detrás o más allá de lo visible. (No

obstante, el ideal de la imitatio de lo visible y del carácter ilusionista del arte continuó constituyendo la norma en la tradición estilística continuadora del helenismo).

Pero no sería hasta el siglo III cuando esta teoría metafísica y la estética a ella vinculada serán generalmente valoradas a través del sistema filosófico de Plotino. Un sistema que se basa en Platón, pero que se aparta de él en puntos importantes. Del Uno supremo, infinito e inmaterial, “ilimitada potencia productora” ( to én : todo ente es tal en virtud de su unidad) se derivan (“procesión” mejor que “emanación”) todas las cosas en el orden piramidal del mundo de las ideas: este mundo de las ideas es el mundo de la verdad y del bien, y posee realidad propia. Pero no está separado del mundo cósmico y visible, sino que se comunica con lo terreno a través de la luz que derrama. La luz divina se vierte sobre el mundo, prestando forma a las cosas terrenas y a la materia, en sí amorfa, oscura y caótica: de este modo lo divino, el Uno, en forma de luz, hace que aparezcan la forma y la belleza de las cosas. Este aparecer de lo divino es designado con el término parousía. En ella hasta la materia participaría de lo divino. El aparecer de lo divino da testimonio de la supremacía de lo verdadero, lo bueno y lo bello, que se reúnen en el Uno.

A través del conocimiento y del éxtasis, el alma humana trata de regresar a su origen, lo divino. Porque el alma es de naturaleza divina, y su forma de existencia sigue siendo superior a la de lo terrenal, en lo que se halla trágicamente enredada, el alma “instintivamente” reconoce lo divino y afirma su belleza ( Enéadas, I, 6, 2: Sobre la belleza ): “Jamás todavía ojo alguno habría visto el sol, si no hubiera nacido parecido al sol. Y tampoco puede un alma ver la belleza sin haberse hecho bella. Hágase, pues, primero todo deiforme y todo bello quien se disponga a contemplar a Dios y a la belleza” ( Enéadas, I, 6, 9 ).

idea espiritual. La participación ( metéxis ) de una cosa en la idea aparece en la ontología y la estética de Plotino como principio fundamental, que obra como causa de la actividad artística y sirve a la belleza y al placer estético que ésta produce. La belleza no es creada sino hallada, revelada, es una belleza ontológica. El origen, el Uno, es bello, y su belleza se comunica cualitativamente al mundo ( En. I, 6, 2 ). La belleza no puede ser sino una realidad que está por encima de lo compuesto: proviene de lo Uno, y cobra apariencia en las formas inferiores de existencia y en las cosas sensibles, como forma, color y luz ( En. I,6,1-6).

Plotino va más allá de esta explicación del aparecer sensible de lo bello para hablar de una forma superior de belleza que no está ligada a la materia ni es captable por los sentidos, sino que sólo es accesible al alma. La belleza despierta el deseo que, en su forma espiritualizada, surge como aspiración del alma a lo superior y espiritual, y un anhelo de unirse a ello. Todo cuanto posee forma participa de lo divino, pero aspira a liberarse de la envoltura del cuerpo para unirse con lo que es su origen. Todo procede del Uno, todo desciende, a través de jerarquías cósmicas, a la tierra, para luego cambiar de dirección y ascender de nuevo a lo divino.

La metafísica neoplatónica, y la estética a ella ligada, fueron parcialmente aceptadas por los Padres de la Iglesia. El neoplatonismo influyó decisivamente, a lo largo de mil años, en la concepción cristiana del arte y de la estética. También más allá, en el Renacimiento, en el siglo XVIII y en el Romanticismo.

El final de la filosofía antigua pagana está señalado por una fecha oficial: el 529 d.C., año en el que Justiniano prohibió a los paganos todo cargo público y, por lo tanto, dirigir escuelas y enseñar. En el Código de Justiniano leemos: “Prohibimos que enseñen ninguna doctrina

aquellos que se encuentran afectados por la locura de los impíos paganos”. La pena a los transgresores era la confiscación de todas sus propiedades y el exilio (para ellos y sus familias).