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Apuntes sobre el esquema e imagen corporal
Tipo: Apuntes
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Pst. Ma. Elena Fuentes Martínez
Antes de la instauración del lenguaje oral está el lenguaje de las imágenes del cuerpo; un lenguaje inscrito en las fantasías tempranas y que posee todo ser humano antes de ser iniciado en su esquema corporal y su lenguaje oral. Esta reflexión nos lleva a tratar de entender qué es entonces el esquema y la imagen corporal, y cómo las fantasías más tempranas influyen en la imagen del cuerpo.
El esquema corporal en su sentido puramente fisiológico se basa en gran medida en procesos que permanecen en el fondo de la conciencia, en donde tiene lugar una activa construcción de la imagen del cuerpo; pero esta construcción también está representada por procesos psíquicos conscientes e inconscientes. Esto es, en la integración del esquema corporal se da una permanente interacción en cuatro planos (Schilder, 1989 p. 252):
Un plano puramente fisiológico, que es simpático, periférico y medular, - basado en procesos que permanecen en el fondo de la conciencia;
Un plano relacionado con las actividades focales del cerebro. Es un mecanismo fisiológico, pero con una continua resonancia en la conciencia;
Un plano que guarda relación con las actividades orgánicas generales vinculadas con la región cortical. Este plano es orgánico pero sumamente afín al plano psicológico, y
Un plano que desarrolla sus procesos en la esfera psíquica pero influye simultáneamente sobre los procesos somáticos.
Toda experiencia cobra significado sólo en relación con la totalidad del cuerpo, de modo que el esquema corporal se va conformando por experiencias repetitivas y reconocidas, que siguen una secuencia:
percepción,
sensación,
relación de la sensación con el cuerpo en su totalidad o sea la imagen del cuerpo
reacción de la personalidad total.
El esquema corporal es entonces, la representación que el ser humano se forma mentalmente de su cuerpo, a través de una secuencia de percepciones y respuestas vivenciadas en la relación con el otro. El esquema corporal es la imagen tridimensional que todo el mundo tiene de sí mismo y podemos llamar a esta imagen, "imagen corporal". Este esquema corporal se desarrolla todos los días e informa, enriqueciendo, bloqueando u ordenando la imagen del cuerpo. Incluye los conceptos de masa, tiempo, espacio y movimiento. En donde el cuerpo va a ser el límite entre lo interno y lo externo, entre la percepción y la fantasía. El esquema corporal es pues, el esquema representativo que le permite al sujeto tener una referencia para estructurar su experiencia con el mundo externo y sus objetos.
Cuando se aborda el tema de esquema corporal, es frecuente encontrar que se utilizan indistintamente los conceptos de "esquema corporal" y de "imagen corporal", por lo que es importante intentar una diferenciación entre ellos.
Por esquema, entendemos un modelo, plan o representación a través de cuya aplicación se pueden ordenar sistemáticamente una serie de datos facilitando así las relaciones y funcionamientos del objeto de estudio.
Así, el concepto de "esquema corporal" incluye el ordenamiento, relaciones y funcionalidad de diversas nociones de otros esquemas, tales como los esquemas visual, táctil, olfativo, gustativo, del equilibrio, del tono muscular, de postura, distancias, movimiento, tiempo, etc., participando así todos los sentidos; siendo el esquema corporal una realidad de hecho, en cierto modo, nuestro vivir carnal al contacto del mundo físico.
arcaicas o actuales. Desde la primera infancia es indispensable, para que la imagen del cuerpo se organice, que haya un continuo de percepciones repetidas y reconocidas sobre el cual se alternen percepciones, sucesivamente ausentes y presentes, y otras desconoci- das y nuevas que el niño descubre y que lo cuestionan. Algunas las reconoce, otras lo sorprenden, y ante estas últimas que lo sorprenden, color, forma, percepción, persona, espacio desconocido, etc., es necesario que el adulto testigo le dé, mediante sonoridades, respuesta a su sorpresa. De esta manera, el campo de variación de las percepciones sutiles toleradas, vividas en seguridad puede ampliarse. Son percepciones insólitas primero, pero al asociarse a la presencia de la madre que conserva su habitus conocido y nombra las cosas, habla, y después la experiencia de la ausencia de la madre, seguida de su regreso, permiten al niño la memorización del vínculo que, integrado a su sensación, lo une a ella.
Gracias a nuestra imagen del cuerpo portada por y entrecruzada con nuestro esquema corporal, podemos entrar en comunicación con el otro; pues si el esquema corporal y la imagen del cuerpo se hallan en relación es solo por los dos procesos que son tensiones de dolor o de placer en el cuerpo, por una parte; y palabras unidas de otro para humanizar estas percepciones, por la otra parte.
Solo si la madre asiste a su hijo, la angustia de éste queda humanizada por percepciones sutiles tolerables y por palabras capaz de ser nombradas y evocadas. Este intercambio asegurador con la madre, con su madre, es para el bebé la prueba de una relación humana duradera, que será el modelo de las posteriores relaciones con el mundo de sus objetos.
Podemos entender entonces, que dado que los procesos de integración de la imagen del cuerpo dependen de una relación afectiva para desarrollarse, cualquier interrupción de esta comunicación y relación intersubjetiva, puede tener efectos dramáticos, que pueden resultar en trastornos psíquicos y somáticos, y en donde estos trastornos son la repetición, a veces amplificada, de una disfunción pasada, real o imaginaria, del cuerpo propio del paciente.
En el material clínico con nuestros pacientes es frecuente encontrar que muchos conflictos psíquicos están anclados o impactan a la imagen corporal y a la representación del si-mismo.
Entre estas situaciones encontramos aquellos trastornos psíquicos y somáticos que se manifiestan de manera interrelacionada, considerando que toda experiencia corporal tiene una representación mental y ésta se encarna en el cuerpo, en el yo corporal y se manifiesta en las conductas.
Otro espacio en el que se puede observar lo anteriormente expuesto es en el campo de las relaciones interpersonales actuales, que están construidas sobre las bases de las relaciones y experiencias tempranas patológicas como pueden ser abandonos, vínculos y apegos ambivalentes o desorganizados, y situaciones traumáticas como abusos físicos y sexuales.
En la mujer estas experiencias pueden estructurar un trastorno en la personalidad, en la identidad y por tanto fallas en el manejo de la sexualidad en sus diferentes etapas del desarrollo de su feminidad y subjetividad femenina. Así, algunas pacientes reportan una serie de síntomas que acompañan a las diferentes fases del periodo menstrual, al embarazo, a la lactancia, menopausia, que independientemente de las manifestaciones físicas “normales”, se acompañan de síntomas que están comunicando estos conflictos internos con el esquema corporal y con la representación de su self femenino.
En el curso del tratamiento es importante entonces, analizar los contenidos y fantasías inconscientes que subyacen a estos conflictos psicosexuales y psicosomáticos, así como el papel que juegan en la representación de su imagen corporal y en sus relaciones con el mundo de sus objetos reales e imaginarios.
Dolto, Francoise. (1985). En el juego del deseo. 2ª. Ed. México: Ed. Siglo XXI.
Dolto, Francoise. (1994). La imagen inconsciente del cuerpo. 3a. ed. España: Ed. Paidós.
Fast, Julius. (1988). El lenguaje del cuerpo. México: Ed. Kairós.
Pines, Dinora. (1991). Uso inconsciente del cuerpo en la mujer. Cuadernos de Psicoanálisis. Asociación Psicoanalítica Mexicana. Vol. XXIV: 3 y 4, julio-diciembre, 1991.
Schilder, Paul. (1989). Imagen y apariencia del cuerpo humano. México: Ed. Paidós.
León, Gto. Enero de 2006
Pst. Ma. Elena Fuentes Martínez [email protected]