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Cómo las empresas deben determinar la cantidad exacta de productos o servicios que deben fabricar o prestar para obtener el máximo beneficio posible. Para ello, primero es preciso que estudien cuál es la estructura de sus costes. El documento detalla los costes fijos y variables a los que se enfrentan las empresas y cómo clasificarlos. Finalmente, se explica qué es el punto muerto o umbral de rentabilidad.
Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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Las empresas tienen que determinar la cantidad exacta de los productos o servicios que deben fabricar o prestar para obtener el máximo beneficio posible. Para ello, primero es preciso que estudien cuál es la estructura de sus costes. Todas ellas se enfrentan a costes fijos y variables. Costes fijos Son aquellos que no dependen de la cantidad producida: se produzca poco, mucho o nada, estos costes siempre son los mismos. Por ejemplo: el alquiler del local; el seguro contra incendios; las amortizaciones; la parte fija de los recibos de agua, luz, teléfono, gas, etc.; determinados impuestos, como el IAE, el IBI, etc. Costes variables Son aquellos que dependen de la cantidad producida: cuanto más se produzca, más altos serán estos costes. Por ejemplo: las materias primas; la parte variable de los recibos de agua, luz, teléfono, gas, etc.; los envases y embalajes, etc. Nos vamos a encontrar con algunos costes que nos pueden hacer dudar entre consignarlos como fijos o como variables, como, por ejemplo, el de la mano de obra. No nos queda más remedio que intentar clasificarlos en uno u otro grupo. De este modo, si los trabajadores son fijos, en principio se consideran un coste fijo. Si su sueldo consta de una parte fija y la otra se calcula en función de las piezas que realicen al mes, entonces la primera parte habrá que considerarla como coste fijo y la segunda, como variable. Si se contratan en una empresa de trabajo temporal (ETT) porque tenemos exceso de trabajo, entonces se trata de un coste variable. Las horas extraordinarias, por supuesto, son un coste variable, etc. Y así haremos con todos los conceptos con los que dudemos. Una vez analizados los costes, y teniendo en cuenta que el beneficio de una empresa es igual a sus ingresos totales (precio del bien por número de unidades vendidas) menos sus costes totales (costes fijos más costes variables), ya puedes comprender qué es el punto muerto o umbral de rentabilidad.
El punto muerto o umbral de rentabilidad es la cantidad que, como mínimo, debemos vender para cubrir los costes. Esto es, si vendemos exactamente la cantidad que indica el punto muerto, no obtenemos ni pérdidas ni ganancias; si vendemos una cantidad inferior, obtenemos pérdidas, y si vendemos una cantidad superior, obtenemos beneficios. Por tanto, en el punto muerto los beneficios son iguales a cero.