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Este documento aborda el tema de los estados de activación y niveles de actividad en el nacimiento, incluyendo complicaciones como bajo peso al nacer y prematuridad. Se discuten causas, probabilidades y tratamientos para mejorar resultados favorables. Además, se examinan el síndrome de dificultad respiratoria y el papel del padre en el proceso.
Tipo: Apuntes
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Estados de activación y niveles de actividad Los bebés tienen un reloj interno que regula sus ciclos diarios de alimentación, sueño y eliminación, y muy probablemente hasta sus estados de ánimo. Estos ciclos periódicos de vigilia, sueño y actividad, que gobiernan el estado de activación, o grado de alerta (tabla 5-4), parecen ser innatos y sumamente individuales. Los cambios de estado se coordinan por medio de múltiples áreas del cerebro y se acompañan de cambios en el funcionamiento de casi todos los sistemas corporales. La mayoría de los bebés recién nacidos pasan dormidos cerca de 75% de su tiempo — hasta 18 horas diarias—, pero despiertan cada tres a cuatro horas, de día y noche, para comer. Complicaciones del nacimiento y sus consecuencias La mayoría de los bebés nacen sanos, pero algunos permanecen en el vientre por un tiempo demasiado breve o largo o nacen de un tamaño demasiado pequeño complicaciones que pueden afectar sus probabilidades de supervivencia y bienestar—. Otros nacen muertos o mueren poco tiempo después de nacer. Examinemos algunas de estas complicaciones potenciales del nacimiento y las maneras de aumentar las probabilidades de resultados favorables. Bajo peso al nacer Los bebés con bajo peso al nacer pueden ser pretérmino, pequeños para la edad gestacional, o ambos. Cerca de dos de cada tres bebés con bajo peso al nacer son lactantes pretérminos (prematuros), nacidos antes de concluir la semana 37 de gestación. ¿Cuántos bebés son prematuros y por qué? Las causas de los nacimientos pretérmino no se han entendido por completo, pero esta tendencia quizá refleje en parte el aumento de nacimientos múltiples y de partos inducidos y por cesárea. ¿Cuántos bebés tienen bajo peso al nacer y por qué? En 2004, 8.1% de los bebés nacidos en Estados Unidos tuvieron bajo peso al nacer, ya que pesaron menos de 2 500 gramos (5.5 libras) al momento del nacimiento —la tasa
más alta de bajo peso de nacimiento desde 1969—. Los bebés con muy bajo peso al nacer, que pesaron menos de 1 500 gramos (3.5 libras), representaron cerca de 1.5% de los nacimientos. Estos bebés con muy bajo peso tienen casi 100 veces más probabilidad de morir durante su primer año de vida que los niños con peso normal, en tanto que los niños con peso moderadamente bajo (entre 1 500 y 2 499 gramos al nacimiento) tienen cinco veces más probabilidades de morir que estos últimos. ¿Quién tiene mayor probabilidad de tener un bebé con bajo peso al nacer Los factores que aumentan la probabilidad de que una mujer tenga un hijo con bajo peso incluyen: 1) factores demográficos y socioeconómicos , como ser afroestadounidense, menor a 17 años o mayor de 40, pobre, soltera o con nivel de escolaridad bajo, y haber nacido en ciertas áreas de Estados Unidos, como las regiones del sur y de las llanuras (Thompson, Goodman, Chang y Stukel, 2005); 2) factores médicos anteriores al embarazo , como no tener otros hijos o tener más de cuatro, haber tenido bajo peso de nacimiento ella misma o tener anormalidades genitourinarias o hipertensión crónica; 3) factores conductuales o ambientales prenatales, como nutrición deficiente, atención prenatal inadecuada, tabaquismo, uso de alcohol u otras drogas, o exposición al estrés, altitud elevada o sustancias tóxicas, y 4) padecimientos médicos asociados con el embarazo, como sangrado vaginal, infecciones, presión arterial alta o baja, anemia, poco aumento de peso (Arias, MacDorman, Strobino y Guyer, 2003; S. S. Brown, 1985; Chomitz, Cheung y Lieberman, 1995; Nathanielsz, 1995; Shiono y Behrman, 1995; Wegman, 1992; Zhu, Rolfs, Nangle y Horan, 1999) y haber dado a luz por última vez en menos de seis meses o más de cinco años antes (Conde-Agudelo, Rosas-Bermúdez, Kafury-Goeta, 2006). Tratamiento y resultados inmediatos Un bebé con bajo peso o prematuro en riesgo se coloca en una incubadora (una cuna antiséptica, con control de temperatura) y se le alimenta por medio de sondas. Para contrarrestar la falta de estimulación sensorial de la vida dentro de una incubadora, se alienta a los trabajadores de salud y a los padres a dar un manejo especial a estos bebés
punto, un bebé se considera posmaduro. Los bebés posmaduros tienden a ser largos y delgados, debido a que continúan creciendo dentro del vientre, pero tienen insuficiente provisión de sangre al final de la gestación. Debido a que la placenta ha envejecido y se vuelve menos eficiente, quizá les proporcione menos oxígeno. El mayor tamaño del feto complica el parto; la madre tiene que parir a un bebé del tamaño de un niño normal de un mes de edad. En vista de que los fetos posmaduros corren el riesgo de sufrir daño cerebral o incluso la muerte, a veces los médicos inducen el parto o realizan cesáreas. El aumento en el uso de estas técnicas probablemente explique una disminución de nacimientos postérmino en años recientes (Martin, Hamilton et al., 2006). Mortinatalidad Un mortinato es la unión trágica de los opuestos —nacimiento y muerte—. A veces la muerte fetal se diagnostica prenatalmente; en otros casos, como el del hermano gemelo de Elvis Presley, la muerte del bebé se descubre durante el parto o alumbramiento. La mortinatalidad , la muerte de un feto durante la semana 20 de gestación o después, explica más de la mitad de las muertes perinatales (muertes que ocurren durante o dentro de las 24 horas posteriores al nacimiento) en los países en desarrollo. ¿Un ambiente de apoyo puede compensar los efectos de las complicaciones del nacimiento? Desde un punto de vista evolutivo, los seres humanos —al igual que otros organismos — prosperan, se reproducen y sobreviven en un ambiente adecuado para sus necesidades y expectativas. Por lo tanto, las características ambientales apropiadas pueden ayudar a un lactante a conseguir un desarrollo óptimo. Los recién nacidos y sus padres El nacimiento es una transición mayor, no sólo para el bebé sino también para sus padres. De pronto casi todo su tiempo y energía (o así parece) se dedican a esta persona recién llegada a sus vidas. En especial cuando se trata del primer hijo, un recién nacido implica demandas insistentes que desafían la capacidad de los padres para afrontar la situación. Al mismo tiempo, los padres (y quizá los hermanos) comienzan a familiarizarse con el nuevo miembro de la familia y a desarrollar vínculos emocionales.
Nacimiento y vinculación ¿Cómo y cuándo se desarrolla el vínculo madre-lactante, esa conexión estrecha y afectuosa entre la madre y su recién nacido? Algunos investigadores que estudian este tema han seguido el enfoque etológico (que se introdujo en el capítulo 2), que considera que el comportamiento en los seres humanos, al igual que en los animales, está determinado biológicamente, y enfatizan periodos críticos o sensibles para el desarrollo de ciertas conductas. El padre, al igual que la madre, forma vínculos estrechos con su bebé. Los niños contribuyen haciendo simplemente lo que hacen en forma normal: abrir los ojos, aferrarse a los dedos de su padre o moverse en sus brazos. Es frecuente que el padre que está presente durante el nacimiento de su hijo considere dicho suceso como “la máxima experiencia emocional” (May y Perrin, 1985), pero un hombre puede llegar a comprometerse en sentido emocional con su hijo recién nacido sin importar si ha asistido o no al nacimiento (Palkovitz, 1985). Papel del padre El papel del padre es una construcción social que tiene diferentes significados en diversas culturas. Este rol puede asumirlo el padre biológico o compartirlo con otro individuo: el hermano de la madre (como en Botswana donde las madres permanecen con su propia familia hasta que sus compañeros llegan más allá de los 40 años) o un abuelo, como en Vietnam (Eagle y Breaux, 1998; Richardson, 1995; Townsend, 1997). En algunas sociedades, los padres varones participan más en la vida de sus hijos pequeños —en sentido económico, emocional y en tiempo compartido con ellos— que en otras culturas. En muchas partes del mundo ha cambiado —y sigue cambiando— el significado de ser padre (Eagle y Breaux, 1998). En Estados Unidos y algunos otros países, la participación de los padres en el cuidado infantil y en las actividades de juego ha aumentado desde 1970, a medida que se incrementó el número de madres que trabajan fuera de casa y que los conceptos de la paternidad han cambiado (Cabrera et al., 2000; Casper, 1997; Pleck, 1997). La participación frecuente y positiva del padre con su hijo, desde la infancia en adelante, se relaciona directamente con el bienestar y desarrollo físico, cognitivo y social del niño