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Asignatura: Sintaxis del Español II, Profesor: JULIO BORREGO NIETO, Carrera: Filología Hispánica, Universidad: USAL
Tipo: Apuntes
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Salvador Gutiérrez Ordóñez
Lengua Española Dirección: L. Gómez Torrego
© by Arco Libros, S. L., 1997 Juan Bautista de Toledo, 28. 28002 Madrid ISBN: 84-7635-161- Depósito legal: M-30. 977- Printed in Spain - Impreso por Ibérica Grafic, S. A. (Madrid)
«La tierra es más grande que tu corazón. Sin embargo, la tierra de todos cabrá en el corazón de cada uno. »
A. GAMONEDA
1. «Las comparaciones son odiosas». Aunque no sea más que por impulso cognoscitivo, el hombre se ve constantemente atrapado por la ansiedad comparativa. Investigar es comparar, medir es comparar, conocer es comparar. El resultado de toda cotejación es siempre un juicio empírico (susceptible de ser verdadero o falso) que adopta una de las formas: x > y; x = y; x < y. Cuando el objeto de esta actividad son las personas o algunos de sus atributos, este juicio ponderativo implica apreciación de un miembro frente a la depreciación (moral, cualitativa o cuantitati va) de otro u otros. Como toda valoración humana es subjetiva, al natural riesgo del error hay que sumar el peligro —más que seguro— de que nuestra valoración sea diferente a la efectuada por los demás. Tanto es así que hasta en las valoraciones igualitarias siempre habrá descontentos. La sabiduría popular ha resumido estos peligros en el refrán lapidario: las comparaciones son odiosas.
La maldición de comparar ha infectado asimismo al vehículo lingüístico que transmite el resultado de esta actividad. Las llamadas estructuras comparativas han recibido siempre escaso comentario por parte de los gramáticos tradicionales, quienes, en general, se limitan a realizar una clasificación (igualdad, superioridad, inferioridad), a ubicarlas entre las circunstanciales y a señalar los elementos formales que intervienen (más, menos, ... que, como). Es cierto que desde hace unos pocos años se han publicado numerosas reflexiones sobre el tema que han contribuido, al menos, a desvelar los serios y abundantes problemas que presentan. Ángel López ha realizado una hermosa clasificación tipológica de las soluciones ofrecidas hasta el momento. Planean sobre el horizonte aún muchos nubarrones. Como consecuencia, el alumno hace ofrendas para que no caigan en el examen y el profesor, tras aparcarlas hábilmente en los últimos temas del programa reza para que el alumno avisado no pregunte. Nosotros los profesores, claro está, siempre tenemos a mano la respuesta evasiva: «Ya las explicaremos de forma detenida cuando lleguemos al tema correspondiente». Es un futuro que se anuncia próximo, pero que se sabe escatológico. La razón es muy simple: también en gramática las comparaciones son odiosas.
2. Aunque la comparación ha constituido un tema tan temido como olvidado, este trabajo no hubiera sido posible sin las aportaciones de algunos gramáticos: Bello, Bolinger, Prytz, Alarcos, J. A. Martínez, J. Martínez Álvarez, S. Price... Ellos abrieron las puertas del foso de los interrogantes y avanzaron muchas de las propuestas que aquí se adoptan o se desarrollan. Si las llamadas «oraciones comparativas» han representado un problema inagotable para el gramático se debe, entre otras muchas causas, al hecho de haber encerrado dentro de un mismo saco construcciones de diferente naturaleza. La lengua, que respeta como suyo el principio de diferenciación máxima, a veces se empeña en bailar mil tangos sobre una misma baldosa. Así, bajo los esquemas formales más/menos (de - art. ) que, tanto como (art. - que), tanto que, tanto cuanto, se agrupan estructuras comparativas propias (de superioridad, igualdad e inferioridad), comparativas relativas (también con sus tres modalidades), consecutivas, correlativas, aditivo-restrictivas, de corrección adscriptiva, coordinadas copulativas bimembres, modales...
En este libro abordamos los problemas que plantean las comparativas. Las pseudocomparativas son objeto de análisis en el siguiente volumen de esta
Dos son los tipos de criterios que se aplican para definir la comparación: semánticos y formales. Las definiciones que adoptan el criterio semántico intentan recoger los rasgos de contenido que caracterizan a este proceso, es decir, los rasgos que deben cumplir todas las construcciones que consideremos «comparativas». Es, por ejemplo, la orientación seguida por la RAE en el Esbozo: «Oraciones comparativas. Son aquellas en que expresamos el resultado de una comparación de dos conceptos que, mirados desde el punto de vista del modo, cualidad o cantidad de los mismos, se nos ofrecen como semejantes, iguales o desiguales» (RAE, 1973: 543). En el extremo opuesto se sitúan las definiciones que incluyen dentro de la clase de las comparativas a todas aquellas estructuras que satisfagan determinadas características formales. Por ejemplo: que en el primer segmento aparezca un intensivo más-menos o tanto y que el segundo venga introducido por quede o como. La opción es relevante: de la aplicación de uno u otro criterio no resultan clases idénticas:
Existen definiciones mixtas que combinan ambos criterios. Así, por ejemplo la propuesta de A. Bello: «Llámanse con especial propiedad comparativos las expresiones más o menos, y todas las palabras y frases que se resuelven en estas o que las contienen y que, como ellas, llevan o pueden llevar en pos de sí la conjunción comparativa que, por medio de la cual se comparan dos ideas bajo la relación de cantidad, intensidad o grado» (BELLO, 1847: § 1007). Esta postura es la más adecuada. Las comparativas son estructuras de la lengua porque tienen naturaleza de signo: presentan un significado («comparación») unido solidariamente a un significante (estructuras del tipo más... que, más... de, etc. ). Si una secuencia manifiesta el significado «comparación», pero no se concreta en una estructura, habrá comparación, pero no estructura comparativa. Así ocurre, por ejemplo, con el verbo preferir. Si se cumple sólo la condición formal (presencia de los esquemas más... que..., tanto... como... ), pero no la significativa, nos hallaremos ante casos de pseudocomparativas:
En el mundo hay más mujeres que Helena Es trabajador más que inteligente.
El latín conocía tres formas de marcar la comparación:
esquema formal tanto... como. .. hallamos asimismo igual (de)... que..., art. + mismo... que... El español ha desarrollado un nuevo esquema a partir de las perífrasis de realce del tipo Lo fuertes que eran. Es el esquema de las que denominaremos comparativas relativas:
Sabe más de lo que aparenta Gana menos de lo que merece.
Existe también la posibilidad de manifestar este tipo de informaciones de una forma relativa. Las comparaciones son, ante y sobre todo, secuencias con función informativa de carácter referencial a través de un proceso relativo, no absoluto. El emisor pretende transmitir la situación o posición de una magnitud, cualidad o proceso dentro de una escala a partir de un punto de referencia, patrón o norma que se supone conocido: Este ordenador es más rápido que el mío.
Las estructuras comparativas sólo conforman tres grados respecto al término intensificado: superioridad, inferioridad, igualdad. Esta división tripartita no es del todo exacta. La lengua tiende a agruparlas en un reparto binario:
— la afirmación más que excluye no sólo a menos que, sino también el valor de igualdad, — la afirmación menos que elimina los valores de igualdad y de superioridad:
que Pepe (1) que anteayer (3) que en las eliminatorias (5) que anteayer (3) en las eliminatorias (5) que Pepe (1) anteayer (3) en las eliminatorias (5).
Tal paralelismo es, ante todo, un requisito de valencia semántica. En algunas ocasiones puede variar la simetría de funciones formales (sujeto,... ), pero no la de funciones semánticas:
Santiago(l) donaba(2) más libros(3) a la biblioteca(4) de los que(3) le(4) eran dados(2) por las editoriales(1).
La aparición de un se inagentivo (cuya función es prioritariamente semántica: la de anular el argumento «agente») deja coja esta correspondencia término a término:
Santiago(l) donaba(2) más libros(3) a la biblioteca(4) de los que(3) se le(4) regalaban(2).
La secuencia Pepe es tan listo como su hermano se descodifica pragmáticamente como:
Pepe es al menos tan listo como su hermano Pepe es tan listo o más que su hermano.
Es precisamente esta posible inclusión pragmática de tanto... como dentro del territorio de más... que (facilitada por la posibilidad de acudir, cuando sea necesario un sentido más preciso, a igual... que), lo que provoca el hecho curioso de que la negación de tanto... como haya de ser interpretada como menos que:
Dado que tanto se opone a más y a menos , la interpretación lingüística esperable de Pepe no es tan listo como su hermano tendría en principio dos opciones:
Pepe es menos listo que su hermano (opción preferida) Pepe es más listo que su hermano (opción rechazada).
No existe acuerdo en la enumeración, ni en la definición, ni en la designación de los componentes que integran una estructura comparativa.
Le gustan más (*menos) postres que las natillas.
Tiene más pesadillas que de niño Es menos delicado que el marfil Camina tan despacio como el abuelo Protesta más que un calvinista.
En la intensificación de verbos el cuantificador siempre va pospuesto. En la de adjetivos, los precede directamente y únicamente puede afectar a calificativos (I), no a adjetivos relaciónales (II):
limitadas, como en el ejemplo siguiente (de núcleo nominal e intensificación sobre el adjetivo): Una pierna (1) más corta (2) (ahora) (3) que la otra (1) que delgada (2) que antes (3).
Las magnitudes expresas en el primer segmento establecen el modelo que reproduce la estructura comparativa. Sólo las expresiones circunstanciales tiempo y espacio pueden aparecer en B sin que se hallen expresos en A: Te quiero más que ayer y menos que mañana Una chica más atractiva que antes.
En principio, cualquier funtivo de A puede reproducir en B un término gemelo expreso: Matías (1) envía (2) menos postales (3) a sus amigos (4) que Francisco (1) que enviaba (2) que cartas (3) que a sus parientes (4).
Aunque ocurre con menor frecuencia, el segmento B puede reproducir varios de los funtivos de A: Matías (1) envía (2) menos postales (3) a sus amigos (4) que Francisco (1) a sus parientes (4) que cartas (3) a sus parientes (4).
Los funtivos expresos de B cumplen la función semántica de erigirse en punto de referencia, patrón o norma a partir de la que se va a obtener la información que persigue la estructura comparativa.
Siempre que los gramáticos se refieren a las estructuras comparativas parecen hacerlo desde la presuposición, confesa o sobrentendida, de que se trata de segmentos oracionales, presididos por la soberanía de un verbo. Y nada más lejos de ser este un hecho evidente. Debemos diferenciar tres casos:
comparación» (lo que sigue al que) tiene como núcleo a un verbo expreso (Trabaja más que duerme). No existe aquí duda alguna de su carácter oracional:
Compró más libros que (compró) Pedro Compró más libros que (compró) ayer Compró más libros que (compró) libretas.
Aunque es tema de discusión de apartados posteriores, anunciamos aquí que defendemos la necesidad de catalizar este verbo elidido. Se trata, por consiguiente, también de oraciones comparativas.
Es evidente que en este tercer conjunto de ejemplos no hay ni puede existir segmento verbal. Se ha de concluir, por consiguiente, que las estructuras comparativas no son necesariamente oracionales. ¿De qué depende este hecho? De un elemento al que no hacen referencia los teóricos: de lo que hemos denominado núcleo de estructura comparativa. Cuando el núcleo de una estructura comparativa es un sintagma verbal, el término subordinado tiene carácter oracional (ya esté presente el verbo o elíptico): Lee más novela que poesía Lee más que escribe.
Pero cuando el núcleo de la estructura comparativa es un nombre o un adjetivo, entonces no hay oración comparativa:
Un presidente más preocupado por el dinero que por el bienestar.
El núcleo de la estructura comparativa puede geminar un término subordinado de comparación:
Un niño más estudioso que su vecino.
El hecho de partir de secuencias complejas y contemplar todas las posibilidades de elipsis (sean frecuentes o no) en el segundo segmento ofrece una ventaja indudable: con frecuencia la visión de los gramáticos se achata al examinar sólo decursos en los que aparece un único funtivo en el segundo término de la comparación (María habla más que Paula). La primera evidencia que se recoge es que, como muestra el ejemplo (1), no todas las estructuras comparativas presentan elipsis en su segundo término.
Ana es más trabajadora que inteligente Estudia más Lengua que Literatura,
observaremos que no podríamos analizar adecuadamente los sintagmas inteligente o Literatura sin restituir un verbo en el segmento -B. La catálisis del verbo elidido es necesaria, pues de lo contrario, la gramática se vería impedida para explicar la función que contraen los sintagmas que aparecen en el segundo segmento de la comparación.
Los rasgos formales de los sintagmas del segundo segmento pueden
mostrarnos características de la función que desempeñan. En ejemplos como: Raúl sabe más Física que tú Habla más de Sonia que de ti.
La forma pronominal nos indica que en un caso el segmento subordinado es sujeto de un verbo que no es el que está explícito y que en el otro desempeña una función preposicional. Ahora bien, ¿de quién es sujeto tú o suplemento de ti si no catalizamos los verbos sabe o habla?
De igual manera, existen hechos semánticos que nos obligan a catalizar el segmento verbal elidido. ¿Cómo explicar, de lo contrario, la diferente aceptabilidad de las secuencias siguientes?: Rebuzna más que un burro *Rebuzna más que una gallina.
Si el segundo ejemplo es anómalo es porque gallina se relaciona con un verbo inadecuado. Pero, ¿cómo sabemos que es inadecuado si no está presente? Porque el hablante que elimina formalmente en el segundo segmento el sintagma verbal rebuzna también lo cataliza en la descodificación.
La lengua elige esta segunda opción, de tal manera que no sólo se ha de catalizar el verbo para que los demás segmentos no queden descolgados funcionalmente, sino todos aquellos funtivos que habiendo hecho aparición en el primer segmento se omiten en el segundo. Su ausencia significa presencia. El Esbozo de la RAE lo ha expresado como nadie: «Y no sólo debe sobrentenderse después de la conjunción que el término común respecto al cual se establece la comparación, sino todos aquellos que vengan expresos en la oración principal, y no tengan otros análogos que se les contrapongan en la subordinada. Así, por ejemplo, en Juan dio ayer a tía Pepa más pesetas que anteayer, la segunda oración queda reducida al adverbio anteayer y tiene sobrentendidos el sujeto, el verbo y los complementos directo e indirecto, que son los mismos que van expresos en la primera» (p. 545).
La ley de economía posibilita la elipsis de segmentos repetidos en las estructuras coordinadas: Los niños juegan al fútbol y las niñas, a la cuerda.
Pero alcanza en las construcciones comparativas el grado sumo de cumplimiento: no repetir so pena de agramaticalidad (multa por dispendio):
*Pedro regala más claveles que claveles Luis
(x): Un niño más estudioso que Juan (y): Un niño más estudioso que entretenido (z): Un niño más estudioso que antes.
El constituyente nominal del segundo segmento puede ser el resultado de transposición (simple o encadenada) Jugadores más técnicos que los blancos Presupuesto más alto que el del Barça Asunto más tenebroso que lo de los de la colza Una ciudad más acogedora que las que hemos visitado Métodos más entretenidos que los que teníamos antes.
_Una ciudad más acogedora que Madrid
Pepe encontró una ciudad más acogedora que Madrid._
El ámbito de la comparación no sobrepasa los límites del constituyente nominal Una ciudad más acogedora que Madrid. De hecho no hay lugar en el segmento B para funtivos gemelos de Pepe o de encontró. Imaginemos una comparación no oracional en la que el segundo segmento es una relativa sustantivada: Un reloj mejor que el que tiene Juan. Podemos engarzarla como sujeto o complemento directo (implemento) de un verbo:
Juan le regaló un reloj mejor que el que tiene Juan.
Como consecuencia de seguir siendo una comparación de ámbito nominal, no se respeta el paralelismo propio de las comparativas.
Pedro es alto y su padre es alto (coord. copulativa)
Pedro es más alto y su padre es menos alto (coord. cop. ) Pedro es más alto que su padre (coord. comparativa).
Escribe y antes escribía (coord. copulativa)
Escribe menos y antes escribía más (id. ) Escribe menos que escribía (coord. comparativa).
Desde esta óptica, la tesis de la coordinación se presenta como sumamente atractiva. También parecen apoyarla estos ejemplos, tomados de Alarcos, en los que el constituyente intensificado del segmento A es isofuncional del que aparece en B:
Bebe más vino que agua Escribe obras más agudas que profundas Lee más que escribe.
Este paralelismo podría deberse al hecho de que ambos segmentos estuvieran coordinados. En pro de esta tesis se sumaría un nuevo argumento: la conmutación por cero de cualquiera de estos constituyentes no altera la estructura inicial de la secuencia y da lugar a decursos perfectamente gramaticales:
Pero la prueba de la conmutación por cero ofrece un resultado distinto cuando este paralelismo no existe: es decir, cuando término intensificado y punto de referencia no son gemelos: Ellos cantaban más canciones (impl. ) que Pedro (sujeto)
Ellos cantaban más canciones *Ellos cantaban Pedro.
Tampoco demostraría existencia de coordinación cuando tras la partícula comparativa hallamos dos o más sintagmas:
Hacen más destrozos que elefante en una cacharrería
Hacen más destrozos *Hacen elefante en una cacharrería.
El empresario trabaja más que sus empleados *El empresario trabaja más *que sus empleados.
El empresario dice que el chico trabaja tanto como su padre *El empresario dice que el chico trabaja tanto *El empresario dice que como su padre» ( 126).
Aunque es cierto que la presencia de más, menos, tanto desencadena la posibilidad de una comparación y que parece presuponer la existencia de un punto de referencia, no deja de ser evidente que decursos como El empresario