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estructuras comparativas, Apuntes de Filología hispánica

Asignatura: Sintaxis del Español II, Profesor: JULIO BORREGO NIETO, Carrera: Filología Hispánica, Universidad: USAL

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 25/02/2016

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Salvador Gutiérrez Ordóñez
Estructuras Comparativas
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¡Descarga estructuras comparativas y más Apuntes en PDF de Filología hispánica solo en Docsity!

Salvador Gutiérrez Ordóñez

Estructuras Comparativas

CUADERNOS DE

Lengua Española Dirección: L. Gómez Torrego

  1. a^ edición, 1994.
  2. a^ edición, 1997.

© by Arco Libros, S. L., 1997 Juan Bautista de Toledo, 28. 28002 Madrid ISBN: 84-7635-161- Depósito legal: M-30. 977- Printed in Spain - Impreso por Ibérica Grafic, S. A. (Madrid)

«La tierra es más grande que tu corazón. Sin embargo, la tierra de todos cabrá en el corazón de cada uno. »

A. GAMONEDA

INTRODUCCIÓN

1. «Las comparaciones son odiosas». Aunque no sea más que por impulso cognoscitivo, el hombre se ve constantemente atrapado por la ansiedad comparativa. Investigar es comparar, medir es comparar, conocer es comparar. El resultado de toda cotejación es siempre un juicio empírico (susceptible de ser verdadero o falso) que adopta una de las formas: x > y; x = y; x < y. Cuando el objeto de esta actividad son las personas o algunos de sus atributos, este juicio ponderativo implica apreciación de un miembro frente a la depreciación (moral, cualitativa o cuantitati va) de otro u otros. Como toda valoración humana es subjetiva, al natural riesgo del error hay que sumar el peligro —más que seguro— de que nuestra valoración sea diferente a la efectuada por los demás. Tanto es así que hasta en las valoraciones igualitarias siempre habrá descontentos. La sabiduría popular ha resumido estos peligros en el refrán lapidario: las comparaciones son odiosas.

La maldición de comparar ha infectado asimismo al vehículo lingüístico que transmite el resultado de esta actividad. Las llamadas estructuras comparativas han recibido siempre escaso comentario por parte de los gramáticos tradicionales, quienes, en general, se limitan a realizar una clasificación (igualdad, superioridad, inferioridad), a ubicarlas entre las circunstanciales y a señalar los elementos formales que intervienen (más, menos, ... que, como). Es cierto que desde hace unos pocos años se han publicado numerosas reflexiones sobre el tema que han contribuido, al menos, a desvelar los serios y abundantes problemas que presentan. Ángel López ha realizado una hermosa clasificación tipológica de las soluciones ofrecidas hasta el momento. Planean sobre el horizonte aún muchos nubarrones. Como consecuencia, el alumno hace ofrendas para que no caigan en el examen y el profesor, tras aparcarlas hábilmente en los últimos temas del programa reza para que el alumno avisado no pregunte. Nosotros los profesores, claro está, siempre tenemos a mano la respuesta evasiva: «Ya las explicaremos de forma detenida cuando lleguemos al tema correspondiente». Es un futuro que se anuncia próximo, pero que se sabe escatológico. La razón es muy simple: también en gramática las comparaciones son odiosas.

2. Aunque la comparación ha constituido un tema tan temido como olvidado, este trabajo no hubiera sido posible sin las aportaciones de algunos gramáticos: Bello, Bolinger, Prytz, Alarcos, J. A. Martínez, J. Martínez Álvarez, S. Price... Ellos abrieron las puertas del foso de los interrogantes y avanzaron muchas de las propuestas que aquí se adoptan o se desarrollan. Si las llamadas «oraciones comparativas» han representado un problema inagotable para el gramático se debe, entre otras muchas causas, al hecho de haber encerrado dentro de un mismo saco construcciones de diferente naturaleza. La lengua, que respeta como suyo el principio de diferenciación máxima, a veces se empeña en bailar mil tangos sobre una misma baldosa. Así, bajo los esquemas formales más/menos (de - art. ) que, tanto como (art. - que), tanto que, tanto cuanto, se agrupan estructuras comparativas propias (de superioridad, igualdad e inferioridad), comparativas relativas (también con sus tres modalidades), consecutivas, correlativas, aditivo-restrictivas, de corrección adscriptiva, coordinadas copulativas bimembres, modales...

En este libro abordamos los problemas que plantean las comparativas. Las pseudocomparativas son objeto de análisis en el siguiente volumen de esta

1. CLASIFICACIÓN, CARACTERES Y COMPONENTES

1. 1. COMPARATIVAS/ PSEUDOCOMPARATIVAS

Dos son los tipos de criterios que se aplican para definir la comparación: semánticos y formales. Las definiciones que adoptan el criterio semántico intentan recoger los rasgos de contenido que caracterizan a este proceso, es decir, los rasgos que deben cumplir todas las construcciones que consideremos «comparativas». Es, por ejemplo, la orientación seguida por la RAE en el Esbozo: «Oraciones comparativas. Son aquellas en que expresamos el resultado de una comparación de dos conceptos que, mirados desde el punto de vista del modo, cualidad o cantidad de los mismos, se nos ofrecen como semejantes, iguales o desiguales» (RAE, 1973: 543). En el extremo opuesto se sitúan las definiciones que incluyen dentro de la clase de las comparativas a todas aquellas estructuras que satisfagan determinadas características formales. Por ejemplo: que en el primer segmento aparezca un intensivo más-menos o tanto y que el segundo venga introducido por quede o como. La opción es relevante: de la aplicación de uno u otro criterio no resultan clases idénticas:

Existen definiciones mixtas que combinan ambos criterios. Así, por ejemplo la propuesta de A. Bello: «Llámanse con especial propiedad comparativos las expresiones más o menos, y todas las palabras y frases que se resuelven en estas o que las contienen y que, como ellas, llevan o pueden llevar en pos de sí la conjunción comparativa que, por medio de la cual se comparan dos ideas bajo la relación de cantidad, intensidad o grado» (BELLO, 1847: § 1007). Esta postura es la más adecuada. Las comparativas son estructuras de la lengua porque tienen naturaleza de signo: presentan un significado («comparación») unido solidariamente a un significante (estructuras del tipo más... que, más... de, etc. ). Si una secuencia manifiesta el significado «comparación», pero no se concreta en una estructura, habrá comparación, pero no estructura comparativa. Así ocurre, por ejemplo, con el verbo preferir. Si se cumple sólo la condición formal (presencia de los esquemas más... que..., tanto... como... ), pero no la significativa, nos hallaremos ante casos de pseudocomparativas:

En el mundo hay más mujeres que Helena Es trabajador más que inteligente.

1. 2. TIPOS DE ESTRUCTURAS COMPARATIVAS

El latín conocía tres formas de marcar la comparación:

  1. -ior, -ius... nombre en ablativo
  2. -ior, -ius... quam...
  3. -magis, minus, tam... quam... Nuestra lengua ha heredado las dos últimas, si bien el esquema -ior... quam queda reducido solamente a cuatro casos (mayor, menor, mejor, peor). Existe variación en la partícula de la comparación de igualdad, donde junto al

esquema formal tanto... como. .. hallamos asimismo igual (de)... que..., art. + mismo... que... El español ha desarrollado un nuevo esquema a partir de las perífrasis de realce del tipo Lo fuertes que eran. Es el esquema de las que denominaremos comparativas relativas:

Sabe más de lo que aparenta Gana menos de lo que merece.

1. 3. CARACTERIZACIÓN SEMÁNTICA DE LA «COMPARACIÓN»

      1. El emisor, que actúa como un arquitecto de los mensajes, se ve frecuentemente en la necesidad de proporcionar información denotativa a su interlocutor. La información referencial tiene como fin hacer conocedor al destinatario de la cantidad, grado,... de una magnitud, cualidad, modo o proceso. Se puede presentar de una forma absoluta (precisa o imprecisa) por medio de cuantificadores (numerales, indefinidos, etc. ): Compró dos docenas de pasteles, Pasaron algunos coches.

Existe también la posibilidad de manifestar este tipo de informaciones de una forma relativa. Las comparaciones son, ante y sobre todo, secuencias con función informativa de carácter referencial a través de un proceso relativo, no absoluto. El emisor pretende transmitir la situación o posición de una magnitud, cualidad o proceso dentro de una escala a partir de un punto de referencia, patrón o norma que se supone conocido: Este ordenador es más rápido que el mío.

Las estructuras comparativas sólo conforman tres grados respecto al término intensificado: superioridad, inferioridad, igualdad. Esta división tripartita no es del todo exacta. La lengua tiende a agruparlas en un reparto binario:

— la afirmación más que excluye no sólo a menos que, sino también el valor de igualdad, — la afirmación menos que elimina los valores de igualdad y de superioridad:

que Pepe (1) que anteayer (3) que en las eliminatorias (5) que anteayer (3) en las eliminatorias (5) que Pepe (1) anteayer (3) en las eliminatorias (5).

Tal paralelismo es, ante todo, un requisito de valencia semántica. En algunas ocasiones puede variar la simetría de funciones formales (sujeto,... ), pero no la de funciones semánticas:

Santiago(l) donaba(2) más libros(3) a la biblioteca(4) de los que(3) le(4) eran dados(2) por las editoriales(1).

La aparición de un se inagentivo (cuya función es prioritariamente semántica: la de anular el argumento «agente») deja coja esta correspondencia término a término:

Santiago(l) donaba(2) más libros(3) a la biblioteca(4) de los que(3) se le(4) regalaban(2).

1. 4. CARACTERES PRAGMÁTICOS

      1. Los enunciados comparativos poseían una finalidad informativa de carácter referencial: deben mostrar de forma relativa (en relación con un punto de referencia) la ubicación que ocupa una magnitud en una escala. El valor denotativo de este punto de referencia pertenece al mundo de los supuestos : conjunto de conocimientos que son comunes o que el emisor presenta como comunes. Los supuestos no constituyen parte de la competencia lingüística; pertenecen a ese tipo de conocimientos que en Pragmática se denominan saber enciclopédico, sabiduría mundana, etc. Su desconocimiento no desencadena errores, fallos o deficiencias en la descodificación lingüística. Todo hablante español sabrá obtener en cualquier circunstancia el «significado lingüístico» del decurso Hoy hace más calor que ayer. Pero no obtendrá el sentido referencial si desconoce las temperaturas del día anterior. Por consiguiente, aunque los supuestos que subyacen a una comparación no sean conocimientos lingüísticos, son esenciales para que se alcance la función básica de las comparaciones: su información referencial.
      1. El reparto de la sustancia de contenido en las comparativas de igualdad presenta asimismo algunas particularidades de carácter pragmático. Desde una perspectiva exclusivamente semántica el valor de los operadores tanto... como... es el del signo de igualdad (=). Hallamos, no obstante, frecuentes interpretaciones pragmáticas en las que tanto... como... puede ser interpretado como al menos tanto como (lo que equivale a decir igual o más que). Adviértase que este fenómeno no se produce con igual que:

La secuencia Pepe es tan listo como su hermano se descodifica pragmáticamente como:

Pepe es al menos tan listo como su hermano Pepe es tan listo o más que su hermano.

Es precisamente esta posible inclusión pragmática de tanto... como dentro del territorio de más... que (facilitada por la posibilidad de acudir, cuando sea necesario un sentido más preciso, a igual... que), lo que provoca el hecho curioso de que la negación de tanto... como haya de ser interpretada como menos que:

Dado que tanto se opone a más y a menos , la interpretación lingüística esperable de Pepe no es tan listo como su hermano tendría en principio dos opciones:

Pepe es menos listo que su hermano (opción preferida) Pepe es más listo que su hermano (opción rechazada).

    1. COMPONENTES DE LAS ESTRUCTURAS COMPARATIVAS

No existe acuerdo en la enumeración, ni en la definición, ni en la designación de los componentes que integran una estructura comparativa.

      1. Dos segmentos. Toda comparación consta de dos brazos: segmento-A y segmento-B. En el primero se ubica la cuantificación y en el segundo el punto de referencia o norma. El transpositor o partícula comparativa ( que, de, como ) marca el inicio del segundo segmento y, por consiguiente, el límite con el primero.
      1. Cuantificador comparativo: más/menos para las comparaciones de desigualdad y tanto (ocasionalmente igual o art. + mismo ) para las de igualdad. Condición importante: más, menos y tanto han de ser mutuamente conmutables. De no ocurrir así nos hallaríamos ante falsas comparativas:

Le gustan más (*menos) postres que las natillas.

      1. Base de valoración. Término intensificado por el cuantificador. Puede ser un nombre, un adjetivo, un adverbio, un verbo:

Tiene más pesadillas que de niño Es menos delicado que el marfil Camina tan despacio como el abuelo Protesta más que un calvinista.

En la intensificación de verbos el cuantificador siempre va pospuesto. En la de adjetivos, los precede directamente y únicamente puede afectar a calificativos (I), no a adjetivos relaciónales (II):

limitadas, como en el ejemplo siguiente (de núcleo nominal e intensificación sobre el adjetivo): Una pierna (1) más corta (2) (ahora) (3) que la otra (1) que delgada (2) que antes (3).

      1. Transpositor comparativo (o partícula comparativa): que, de, como. Marcan el inicio del segundo segmento. No entramos a estudiar aquí su naturaleza, pues constituirá tema de discusión posterior.
      1. Punto de referencia o norma. El segundo segmento de la comparación constituye una estructura isomórfica y paralela con el primero. Los funtivos se ordenan de forma geminada uno a uno. Ahora bien, no todos los elementos constitutivos del segmento B afloran: sólo los que no son idénticos a sus hermanos funcionales del primer brazo de la comparación. El resto, por imperativos de la ley de economía, quedan sumergidos, elididos, escondidos (constituyendo el denominado fondo común), pero presentes.

Las magnitudes expresas en el primer segmento establecen el modelo que reproduce la estructura comparativa. Sólo las expresiones circunstanciales tiempo y espacio pueden aparecer en B sin que se hallen expresos en A: Te quiero más que ayer y menos que mañana Una chica más atractiva que antes.

En principio, cualquier funtivo de A puede reproducir en B un término gemelo expreso: Matías (1) envía (2) menos postales (3) a sus amigos (4) que Francisco (1) que enviaba (2) que cartas (3) que a sus parientes (4).

Aunque ocurre con menor frecuencia, el segmento B puede reproducir varios de los funtivos de A: Matías (1) envía (2) menos postales (3) a sus amigos (4) que Francisco (1) a sus parientes (4) que cartas (3) a sus parientes (4).

Los funtivos expresos de B cumplen la función semántica de erigirse en punto de referencia, patrón o norma a partir de la que se va a obtener la información que persigue la estructura comparativa.

1. 6. NATURALEZA: ¿SON ORACIONALES LAS COMPARATIVAS?

Siempre que los gramáticos se refieren a las estructuras comparativas parecen hacerlo desde la presuposición, confesa o sobrentendida, de que se trata de segmentos oracionales, presididos por la soberanía de un verbo. Y nada más lejos de ser este un hecho evidente. Debemos diferenciar tres casos:

  1. Estructuras comparativas cuyo «término subordinado de la

comparación» (lo que sigue al que) tiene como núcleo a un verbo expreso (Trabaja más que duerme). No existe aquí duda alguna de su carácter oracional:

  1. Estructuras comparativas cuyo «término subordinado de la comparación» parece estar dominado por un verbo eludido:

Compró más libros que (compró) Pedro Compró más libros que (compró) ayer Compró más libros que (compró) libretas.

Aunque es tema de discusión de apartados posteriores, anunciamos aquí que defendemos la necesidad de catalizar este verbo elidido. Se trata, por consiguiente, también de oraciones comparativas.

  1. Quedan, por último, algunos segmentos comparativos que no presuponen ni en el primer ni en el segundo segmento la presencia de un sintagma verbal: Una novela más divertida que inspirada Unos soldados tan valientes como voraces ... contento, más con los primos que con los hermanos ... triste, más por la desconfianza que por la ofensa.

Es evidente que en este tercer conjunto de ejemplos no hay ni puede existir segmento verbal. Se ha de concluir, por consiguiente, que las estructuras comparativas no son necesariamente oracionales. ¿De qué depende este hecho? De un elemento al que no hacen referencia los teóricos: de lo que hemos denominado núcleo de estructura comparativa. Cuando el núcleo de una estructura comparativa es un sintagma verbal, el término subordinado tiene carácter oracional (ya esté presente el verbo o elíptico): Lee más novela que poesía Lee más que escribe.

Pero cuando el núcleo de la estructura comparativa es un nombre o un adjetivo, entonces no hay oración comparativa:

Un presidente más preocupado por el dinero que por el bienestar.

El núcleo de la estructura comparativa puede geminar un término subordinado de comparación:

Un niño más estudioso que su vecino.

2. SOBRE ELIPSIS Y CATÁLISIS EN LAS COMPARATIVAS

    1. La gramática tradicional, por influencia del pensamiento racionalista, acudió con inusitada y exasperante frecuencia al concepto de elipsis en las explicaciones gramaticales. Dado que nunca se forjaron criterios formales, inmanentes y estables para dilucidar en qué circunstancias se podía aplicar y en cuáles no, fueron continuos los abusos. En momentos en los que el conocimiento del comportamiento sintáctico de la lengua no era muy profundo, se aplicó como regla ad hoc para resolver problemas de solución desconocida. Este proceder acrítico generó un profundo sentimiento de condena por parte de la Lingüística Estructural. Tal reacción conduce a un rechazo frontal hacia el

El hecho de partir de secuencias complejas y contemplar todas las posibilidades de elipsis (sean frecuentes o no) en el segundo segmento ofrece una ventaja indudable: con frecuencia la visión de los gramáticos se achata al examinar sólo decursos en los que aparece un único funtivo en el segundo término de la comparación (María habla más que Paula). La primera evidencia que se recoge es que, como muestra el ejemplo (1), no todas las estructuras comparativas presentan elipsis en su segundo término.

      1. ¿Por qué es necesario acudir a la catálisis de algunos funtivos en el segundo segmento de las estructuras comparativas? Si nos enfrentamos a ejemplos tan sencillos como:

Ana es más trabajadora que inteligente Estudia más Lengua que Literatura,

observaremos que no podríamos analizar adecuadamente los sintagmas inteligente o Literatura sin restituir un verbo en el segmento -B. La catálisis del verbo elidido es necesaria, pues de lo contrario, la gramática se vería impedida para explicar la función que contraen los sintagmas que aparecen en el segundo segmento de la comparación.

Los rasgos formales de los sintagmas del segundo segmento pueden

mostrarnos características de la función que desempeñan. En ejemplos como: Raúl sabe más Física que Habla más de Sonia que de ti.

La forma pronominal nos indica que en un caso el segmento subordinado es sujeto de un verbo que no es el que está explícito y que en el otro desempeña una función preposicional. Ahora bien, ¿de quién es sujeto o suplemento de ti si no catalizamos los verbos sabe o habla?

De igual manera, existen hechos semánticos que nos obligan a catalizar el segmento verbal elidido. ¿Cómo explicar, de lo contrario, la diferente aceptabilidad de las secuencias siguientes?: Rebuzna más que un burro *Rebuzna más que una gallina.

Si el segundo ejemplo es anómalo es porque gallina se relaciona con un verbo inadecuado. Pero, ¿cómo sabemos que es inadecuado si no está presente? Porque el hablante que elimina formalmente en el segundo segmento el sintagma verbal rebuzna también lo cataliza en la descodificación.

      1. ¿Por qué se producen elipsis en las estructuras comparativas? Siempre que el gramático proponga acudir a la catálisis de algún elemento elidido ha de ofrecer una explicación de las causas que previamente han permitido la elipsis. Existe una razón general: el montaje de un discurso procura —siempre que no haya otras razones— realizarse bajo la inspiración de la gran ley de economía. En toda comparación existe por necesidad una base común y alguna o algunas diferencias. La base común o fondo común es algo compartido por los dos segmentos. A la lengua le quedan dos soluciones: la primera, de dispendio, que consiste en repetir tales sintagmas en los dos segmentos de la comparación; y la segunda, económica, que propone eludir los componentes repetidos.

La lengua elige esta segunda opción, de tal manera que no sólo se ha de catalizar el verbo para que los demás segmentos no queden descolgados funcionalmente, sino todos aquellos funtivos que habiendo hecho aparición en el primer segmento se omiten en el segundo. Su ausencia significa presencia. El Esbozo de la RAE lo ha expresado como nadie: «Y no sólo debe sobrentenderse después de la conjunción que el término común respecto al cual se establece la comparación, sino todos aquellos que vengan expresos en la oración principal, y no tengan otros análogos que se les contrapongan en la subordinada. Así, por ejemplo, en Juan dio ayer a tía Pepa más pesetas que anteayer, la segunda oración queda reducida al adverbio anteayer y tiene sobrentendidos el sujeto, el verbo y los complementos directo e indirecto, que son los mismos que van expresos en la primera» (p. 545).

La ley de economía posibilita la elipsis de segmentos repetidos en las estructuras coordinadas: Los niños juegan al fútbol y las niñas, a la cuerda.

Pero alcanza en las construcciones comparativas el grado sumo de cumplimiento: no repetir so pena de agramaticalidad (multa por dispendio):

*Pedro regala más claveles que claveles Luis

(x): Un niño más estudioso que Juan (y): Un niño más estudioso que entretenido (z): Un niño más estudioso que antes.

El constituyente nominal del segundo segmento puede ser el resultado de transposición (simple o encadenada) Jugadores más técnicos que los blancos Presupuesto más alto que el del Barça Asunto más tenebroso que lo de los de la colza Una ciudad más acogedora que las que hemos visitado Métodos más entretenidos que los que teníamos antes.

  1. A veces, una de estas construcciones nominales comparativas se integra como sujeto o implemento de un verbo. En contra de lo que podría esperarse siguen comportándose como comparaciones no oracionales:

_Una ciudad más acogedora que Madrid

Pepe encontró una ciudad más acogedora que Madrid._

El ámbito de la comparación no sobrepasa los límites del constituyente nominal Una ciudad más acogedora que Madrid. De hecho no hay lugar en el segmento B para funtivos gemelos de Pepe o de encontró. Imaginemos una comparación no oracional en la que el segundo segmento es una relativa sustantivada: Un reloj mejor que el que tiene Juan. Podemos engarzarla como sujeto o complemento directo (implemento) de un verbo:

Juan le regaló un reloj mejor que el que tiene Juan.

Como consecuencia de seguir siendo una comparación de ámbito nominal, no se respeta el paralelismo propio de las comparativas.

3. ¿COORDINACIÓN, SUBORDINACIÓN, INTERDEPENDENCIA?

    1. La gramática tradicional ubica las comparativas dentro de las oraciones subordinadas y, más concretamente, dentro de las subordinadas adverbiales (vid. GILI GAYA, p. 317). Este principio parecía inamovible hasta que en 1963 Alarcos sostiene que se trata de estructuras coordinadas. El gran maestro de la lingüística funcionalista se fija fundamentalmente en el proceso que origina las estructuras comparativas. Serían el resultado de una refundición implícita de otras secuencias en coordinación:

Pedro es alto y su padre es alto (coord. copulativa)

Pedro es más alto y su padre es menos alto (coord. cop. ) Pedro es más alto que su padre (coord. comparativa).

Escribe y antes escribía (coord. copulativa)

Escribe menos y antes escribía más (id. ) Escribe menos que escribía (coord. comparativa).

Desde esta óptica, la tesis de la coordinación se presenta como sumamente atractiva. También parecen apoyarla estos ejemplos, tomados de Alarcos, en los que el constituyente intensificado del segmento A es isofuncional del que aparece en B:

Bebe más vino que agua Escribe obras más agudas que profundas Lee más que escribe.

Este paralelismo podría deberse al hecho de que ambos segmentos estuvieran coordinados. En pro de esta tesis se sumaría un nuevo argumento: la conmutación por cero de cualquiera de estos constituyentes no altera la estructura inicial de la secuencia y da lugar a decursos perfectamente gramaticales:

Pero la prueba de la conmutación por cero ofrece un resultado distinto cuando este paralelismo no existe: es decir, cuando término intensificado y punto de referencia no son gemelos: Ellos cantaban más canciones (impl. ) que Pedro (sujeto)

Ellos cantaban más canciones *Ellos cantaban Pedro.

Tampoco demostraría existencia de coordinación cuando tras la partícula comparativa hallamos dos o más sintagmas:

Hacen más destrozos que elefante en una cacharrería

Hacen más destrozos *Hacen elefante en una cacharrería.

    1. Junto a las relaciones de dependencia y constelación, Hjelmslev introducía una novedad: la interdependencia o relación que media entre dos constantes, es decir, entre dos funtivos necesarios, que no pueden faltar. Su introducción en los trabajos de gramática española se debe a García Berrio. G. Rojo, en su trabajo Cláusulas y oraciones, clasificaba dentro de las interordinadas (cláusulas interdependientes) a las adversativas, causales, finales, condicionales, concesivas. No citaba dentro de este tipo ni a las comparativas ni a las consecutivas. Sí las incluye A. NARBONA (1983): «En el caso de comparativas y consecutivas, en efecto, la conmutación por cero de cualquiera de los dos funtivos interdependientes... no sólo hace que la función conjunta desaparezca, sino que el resultado es siempre agramatical:

El empresario trabaja más que sus empleados *El empresario trabaja más *que sus empleados.

El empresario dice que el chico trabaja tanto como su padre *El empresario dice que el chico trabaja tanto *El empresario dice que como su padre» ( 126).

Aunque es cierto que la presencia de más, menos, tanto desencadena la posibilidad de una comparación y que parece presuponer la existencia de un punto de referencia, no deja de ser evidente que decursos como El empresario