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ductal en la vej Evaluación en psicogerontología' .Lf ROCÍO FERNÁNDEZ-BALLESTEROS ) ABILIO REIG MARÍA DOLORES ZAMARRÓN EA] f En quads á OBJETIVOS DEL CAPÍTULO Conocimientos = Actualizar conocimientos generales sobre el envejecimiento, la vejez y las perso- nas mayores. e Aprender características específicas de la evaluación en la vejez. s Conocer un conjunto de tests y otros instrumentos de evaluación que permiten realizar una evaluación integral y multidimensional de las personas mayores. Habilidades * Ser capaz de evaluar a personas mayores mediante una batería mínima. * Ser capaz de corregir e interpretar tos datos procedentes de la evaluación. Actitudes e Eliminar estereotipos negativos sobre el envejecimiento y la vejez. * Este capítulo ha sido redactado en base a Evaluación con- drid: Pirámide, 3994) y a Evaluación en la vejez: algunos ins- de A, Reig y R. Fernández-Ballesteros (en R. trumentas, de R. Femández-Ballesteros y M. D. Zamarrón. Clf%- Fernéndez-Baliesteros [dir.]: Evaluación conductual hoy. Un nica y Sulud, 1999, 10, 245-286), enfoque para el cambio en psicología clínica y de la salud. Ma- O Ediciones Pirámide INTRODUCCIÓN: CUESTIONES BÁSICAS EN EVALUACIÓN EN LA VEJEZ 1,1. Cuestiones conceptuales De entre dos conocimientos básicos y aplicados sobre la psicología del envejecimiento, la vejez y los viejos. cuatro son los que presentan esenciales implicaciones para el evaluador psicogerontólogo: — En primer lugar, a pesar de que —como se ha dicho en el capítulo 1-- la edad covaría con la enfermedad, no parece existir una relación causal entro la edad cronológica y la enfer- mettad: es decir, la edad es una variable jm- portante. pero ho tiene un valor explicativo para la salud o cl funcionamiento psicológi co. El psicogeromólogo debe tener grabado en stesistema de conocimiento que la variable biol 4 «edad cronológica» es descriptiva y correlacional, y que no tiene un valor estric- temente causal, Achacar ada cdad un determi- nado padecimiento de la persona mayor es. ni más ni menos, asumir que nada se puede ha- dali cer y caer en un nihilismo terapéutico 1 vamente frecuente en el contexto gcriátrico. El modelo del que debe partir la psicogeron- lología es que el individuo es activo (debe mantenerse acuvo y con contro) de sa vida en la medida de lo posible) en un ambiente acti- vo e interventivo (véase capítulo 1) — En segundo lugar. el análisis y explicación del comportamiento ha de ser pr incipulmente funcional, Por tanto, los acontecimientos an - Entercerl bientales y las variables personales (los re- pertorios básicos de conducta aprendidos a lo largo de Ja vida) explican una parte de la va- rianza del problema a examen. En definitiva, la persona es un agente que actúa y modifica el ambiente ejerciendo control sobre éste. El hecho de que Ja persona seu mayor. € incluso trágil, no debe convertirla en un ser pasivo a merced del ambiente (en el que se halla el psicogerontólogo). En la evaluación psicoló gica en la vejez. más que a otras edades, debe huirse de un exclusivo situacionismo en el sentido de que ta explicación de cualquier actividad humana se reduzca a meras contin- gencias ambientales; por el contrario, necesa riamente hn de incorporarse el estudio de la personalidad ka motivación, las actitudes. así como el organismo (en su sentido biológico) de la persona mayor. 1r. se asune que el individuo ma yor está en permanente interacción con sus contextos (familiar. comunitario, ete); el ob= jetivo de evaluación e intervención en psico- gerontología no es Única y exclusivamente la persona de edad. sino también el ambiente en torno. La evaluación de la familia, del hogar en el que habita la persona y de los servicios y programas comunitarios existentes es tunbién esencial tanto para un asesoramiento compre- hensivo como pasa la intevención del caso. Y en cuarto lugar. el psicogeroniólogo debe tener en cuenta la plasticidad del funciona- miento psicológico y comportamental y su modificabilidad. Por ello, la psicogerontolo- D Ediciones Pirámide 38 / Psicología de la vejez hensiva a través de la que puedan ser detectadas tanto potenciales déficit o inadecuaciones como las competencias y habilidades que puedan coadyuvar en la debida atención y que nos den una visión com- pleja y multidimensional del caso en cuestión. Desde csta perspectiva se trataría de incorporar variables biomédicas (visión, audición, equilibrio, movilidad, patrones de habla, sueño, funcionamien- to intestinal, funciones neurológicas, etc.), variables personales (satisfacción con la vida. inteligencia, memoria, sentimientos y emociones, autoconcepto, personalidad, aficiones e intereses, contro! personal, elc.) y variables ambieniales (nivel económico. dis ponibilidad de servicios. tipo de alojamiento, recur- sos sociales, contingencias de reforzamiento, etc.). Es decir, cn la vejez es de necesario cumplimien- lo realizar una evaluación en la que se tengan en cuenta, además de Jos comportamientos problema. todas aquellas condiciones bio-pico-socio-ambien- tales que pudieran contribuir a su explicación y con- trol. De este planteamiento, general en psicología de la salud. conviene resaltar los aspectos biológicos del individuo. Así, como señala Fernández-Balleste- ros (1986, 1992b), en la vejez la salud y el compor tamiento son un binomio inseparable: este binomio está mediado por tas condiciones ambientales estre- santes. que son particularmente frecuentes durante esta edad, así como por las habilidades y eompeten- cias desarrolladas por el individuo y que le permiten st adaptación en interacción con el contexto socio- ambiental. Tener cn cuenta las condiciones físicas y bioló- gicas es esencial. dado que afectan a dos sistemas psicológicos y comportamentales. Estos procesos de enfermedad llegan a repercutir en el compor iniento de la persona mayor, traduciéndose en m chos casos en la aparición de conductas de «caute- la», miedo a caídas, procesamiento deficiente de la información, disminución de experiencias placen- teras, pérdida del interés por comer adecuadamen- te, mayor vulnerabilidad y predisposición a acci- dentes, etc. (Wisocki, 1984). ? Santi. Cano et al. (1992). por ejemplo, han elaborado una encuesta dietética en dos fases que valora la cantidad y tipos de alimentos y que ofrece una estimación global del hábito alimen- Por otra parte, la persona mayor con problemas de salud suele tener distintos tipos de cuidadores (profesionales y no profesionales). los cuales sue- len prescribir (indebidamente) alguna medicación y con frecuencia se comunican muy poco entre sí, Así, la atención médica en psicogerontología se cteriza por su fragmentación, lo que acarrea tanto conductuales armacolo- cal diversos efectos negativos como biológicos, atribuibles a esta polí gía fragmentada. Por ello, Keuthen (1991) señala que, puesto que la enfermedad física se considera culturalmente más aceptable en el anciano, puede ser que su malestar emocional se canalice a través de preocupaciones somáticas, por lo cual recomienda una serie de pun- tos a considerar por parte del clínico en la adminis- tración de fármacos. Otras veces. como anterior- mente apuntábamos, cierta sintomatología depresiva o relucionada con deterioro cognitivo se debe a de- Rciencias en vitaminas, minerales u otros compo- nentes nutricionales, por lo que la evaluación dicté- lica del estado nutricional es. en muchos casos, primordial”. En definitiva ción e imervención psicológica en la vejez, desde una perspectiva integral, comprehensiva y multid imensional, deben dirigirse, fundamentalmente, a las condiciones psicológicas problemáticas, la preven- ción de discapacidades, la maximización de la auto- nomía personal o de grupo, la optimización de la competeneta biológica, comportamental y social. y al mantenimiento o mejora de la calidad de vida los fines últimos de toda evalua 1.2.2. Evaluación idiográfica y nomotética En muchas ocasiones, la evaluación de un deter- minado problema psicológico no requiere la compa- ración del sujeto en evaluación con un grupo nor- matívo, sino, simplemente, establecer cuáles son los comportamientos problema (según una serie de pa- rámetros o dimensiones de respuesta) y cuáles son tano; estos autores han comprobado que la encuesta die un procedimiento váfido para detectar tanto el riesgo como la presencia subclínica de desnutrición D Ediciones Pirámide pa ESAS S las variables que los controlan o mantienen. En otras palabras, con frecuencia se requiere una eva- tuación idiográfica y análisis funcional del proble- ma. En otros casos (por ejemplo, en una orien- tación vocacional) se reguerirá la comparación de las ejecuciones de nuestro sujeto con un grupo nor- mativo. Sin embargo, la evaluación de las pessonas ma- yores exige ambos tipos de evaluaciones. Así, por ejemplo, en un caso de dependencia funcional de- beremos establecer cuál es el nivel de dependencia (según unos determinados baremos) que posee el sujeto, así como también deberemos averiguar cuá- les son las habilidades funcionales que ha perdido o están disminuidas y en qué condiciones concretas la persona logra unos rendimientos mejores. Así, en el caso de una persona en la que se sospecha que está cursando una demencia, deberán realizarse comparaciones con poblaciones de su edad en una serie de aspectos cognitivos, para después estable- cer qué condiciones neuropsicológicas están altera- das y cuáles conservadas a la hora de diseñar un programa de tratamiento (véase, por ejemplo, Fer- nández-Ballesteros, Íñiguez y López, 1998). 1.2.3. Interacción evaluador-evaluado En otras publicaciones hemos puesto de relieve la importancia que para la evaluación tiene la inte- racción entre las características del evaluador y del evaluado; en el caso de la vejez esta importancia se acrecienta por dos razones. En primer lugar, porque es bastante: común que el psicólogo generalista ícomo otros profesionales como el médico o el asis- tente social) ienga una serie de falsas concepciones relativas a la vejez que pueden alterar o contribuir negativamente a la evaluación. En segundo lugar, porque el sujeto mayor presenta una serie de carac- terísticas sensoriales y personales que hay que tener en cuenta a la hora de su evaluación. Como se ha resaltado anteriormente, atribuir a la edad una serie de problemas bio-psico-sociales lle- va con frecuencia a) nihilismo terapéutico. Consi- derar que las personas mayores necesariamente tienen déficit cognitivos, están tristes y sufren de- 0 Ediciones Pirámide Evaluación en psicogerontotogía / 39 presión y otras patologías físicas crónicas, no tie- nen interés por el sexo, etc., puede contribuir a que el psicólogo no atienda a problemas que tienen per- fecto remedio. Un psicólogo que no cuenta con su- ficiente formación sobre la psicología de la vejez y del envejecimiento puede realizar una Jabor muy negativa en la evaluación y e) tratamiento de vna persona mayor. Por otra parte, aunque sea cierto que la edad es un factor de diferenciación psicológica, ello no ex- plica el total de la varianza de las diferencias que pueden encontrarse entre las distintas edades. Lo que ocurre es que la edad lleva consigo otros mu- chos factores de diferenciación. Así, una persona mayor que llega al gabinete de un psicólogo, ade- más de haber vivido durante X años, difiere de otras personas en la educación que ha recibido, las cir- cunstancias históricas que ha vivido, la alimenta- ción recibida y otros muchos factores que corres- ponden a su generación y que sin duda explican una buena parte de la varianza de su comporta- miento. El evaluador debe tener en cuenta que la persona mayor pertenece a una generación distante a la suya, que generalmente no está familiarizada con la exploración psicológica (al menos respecto a las generaciones mayores actuales), por lo que tendráque cuidar esmeradamente la relación con el cliente. Además, también se ba dicho que la edad cova- ría con ciertas condiciones físicas y sensoriales. Así, la persona mayor puede padecer problemas sensoriales (visuales o auditivos) que van a requerir la atención y preparación de la sesión de evalua- ción. El psicólogo deberá establecer las condiciones de su cliente mayor antes de proceder a su evalua- ción y requerir los medios protésicos (gafas, audí- fono) para que el sujeto pueda seguir al psicólogo debidamente. Conviene recordar también que las personas ma- yores parecen presentar una mayor deseabilidad so- cial y iendencia al asentimiento que las más jóve- nes. Ello es importante a la hora de trabajar con autoinformes; por tanto, el psicólogo tendrá que controlar o medir esos tipos de fuentes de error de los autoinformes (Fernández-Ballesteros y Zama- rrón, 1996). y 1es Hi ¡ve Je de iti- 3. Actividades instrumentales cotidianas (realización de tareas domésticas). bj) Estado funcional (o funcionamiento) en sa- lud mental: 1. Funcionamiento cognitivo. 2. Presencia de sintomatología psicopato- lógica o mental, e) Funcionamiento psicosocial, o bienestar emocional en el contexto social y cultural. ad) Salud física: 1. Percepción subjetiva del estado de sa- lud. 2. Sintomatología física de tipo médico, y condiciones diagnosticadas. 3. Utilización de servicios de salud. 4. Niveles de actividad y medidas de inca- pacidad (por ejemplo, días en cama). e) Recursos sociales: 1. Accesibilidad a la familia, amigos o a una comunidad familiar. 2. La disponibilidad de estos recursos cuando se necesitan. PD) Recursos económicos: Evaluados típicamente comparando los in- gresos económicos y una medida estándar socioeconómica externa. g) Recursos ambientales: 1. Disponibilidad de hogar, suficiencia de medios económicos para llevar la casa O condiciones en las que ésta está. 2. Situación del hogar en relación a los medios de transporte colectivos, lugares de compra y servicios públicos. En los epígrafes siguientes vamos 4 presentar al- gunos instrumentos de interés para la evaluación de 8 Ediciones Pirámide Evaluación en psicogerontología * 41 estas áreas. Gran parte de ellos van a ser integrados en el apéndice de este capítulo que hemos denomi- nado «Batería (mínima) de evaluación en la vejez (BEV)». La mayor parte de las pruebas que se utili- zan en el BEV han formado parte de la European Survey on Aging Protocol (ESAP), utilizada en el estudio EXCELSA-P (Estudio Europeo Longitudi- nal sobre Envejecimiento-Piloto; Fernández-Balles- teros, Zamarrón, Rudinger, Schroots, Drusini, Hek- kinnen, Charzewska, Paul y Rosenmayr, 2004) y del Protocolo del Estudio Longitudinal sobre Envejeci- miento Activo (PELEA) utilizado en el estudio ELEA (Estudio Longitudinal sobre Envejecimiento Activo; Fernández-Ballesteros, Zamarrón et al., 2007). En la tabla 2.1 se presentan las áreas y prue- bas que conforman la BEV. El denominador común de este cónjunto de ins- trumentos de evaluación es el concepto de compe- tencia, La competencia es una condición comporta- mental clave para un estado positivo de salud (lo que algunos autores anglosajones denominan wellness, para distinguirlo de la salud negativa o ¿liness). La competencia comportamental es aquel estado que posibilita la interacción eficaz con el ambiente; par- ticularmente en la vejez, se refiere a todas las capa- cidades y habilidades requeridas para llevar una vida independiente o para sobreponerse en la situación incontrolable de dependencia (Lehr, 1991). Por su- puesto, la competencia tiene distintas áreas: física, cognitiva, afectiva y social. El resultado final de una adecuada competencia, y de su ajuste con el ambien- te, es la calidad de vida y el bienestar del individuo. Fernández-Ballesteros, Zamarrón, Rudinger, Schroots et al. (2004) han generado un modelo de competencia en la vejez con datos del estudio EX- CELSA procedentes de siete países europeos. Como podemos ver en la figura 2.1, la competencia cogni- tiva y física está explicada por las variables distales (escolaridad y estatus socioeconómico; véase figu- ra 1.4 en el capítulo 1), los estilos de vida, la per- cepción de competencia y la salud, el contro] inter- no y las redes de apoyo social. En los epígrafes que aparecen a continuación van a presentarse algunos instrumentos de las áreas se- leccionadas: 1) competencia física y funcional y salud; 2) funcionamiento cognitivo; 3) afectividad y 42 / Psicología de la vejoz TABLA 2.1 Áreas e instrumentos incluidos en la Batería fmínima) de Evaluación en la Vejez (BEV, Apéndice 1) Áreas Tustrumentos/preguntas/ítems |. Competencia física y + Actividad física regular (ELEAJ(1). funcional y saud + Equilibrio (ELEA)). + Competencia funcional (ELEA), > Salud autoinformada (EXCEl SA). 2. Funcionamiento . Digitos ala ¡nversa (WAIS. Wechster, 1955) cognitivo + Test de Aprendizaje Verbal adaptado al Potencial de Aprendizaje (AV/PA) (véa- se BEPAD. Fernández-Ballesteros. Zamarrón. Tárraga. Íñiguez y Moya, 2003). + Test de Estado Mental: Mini-Mental Ste Examination (MMSE ) de Folstein y Folstein et al. (1975). 3. Afecto y control ¿+ Autorregistro de Sentimientos (ARS» de Fernández Ballesteros (20044) + Bienestar (Lykken y Tellcgen, 1996) * Depresión (Geriatric Depression Scale, GPS. Yesavage et al, 1986) + Control interno-externo (ELEA) * Autoeficacia para envejecer (Fernández-Ballesteros. 2002) 4 + Escalas de Relaciones Sociales, de Lubben ( 1988) S IR * Inventario para la valoración de factores ambientales para ancianos. de Morse y Wisoekt (1991), 6. Calidad de vida | .( LIBRES AVI. de Fernández. Ballesteros y Zamurrón Qu07' control: 4) funcionamiento social. 5) recursos socio- ambientales, y, finalmente, 6) calidad de vida (para una revisión sobre instrumentos específicos para la vejez. véase Fernández-Ballesteros, Izal. Montorio. Díaz y González. 1992: Kane y Kane, 1981). 2. COMPETENCIA FÍSICA, FUNCIONAL Y SALUD La competencia física y funcional. desde una amplia perspectiva, puede scr definida como el gra- do de capacidad del individuo para ser independien- te y valerse por sí mismo (o, en otros términos, con- tar con las habilidades funcionales necesarias para realizar las actividades rutinarias y propias de la vida diaria), lo cual representa un componente eru- * Este instrumento no se incluxe en la biuería por encontrar se comercializado. cial en la evaluación de fa salud y bienestar de la persona de edad, La competencia física y funciona! es evaluada en la BEV por tres pruebas: la primera de ellas es una medida de autoinforme de la actividad física regutar que el individuo real la segunda es una medida objetiva de estabilidad. y la tercera es también una prueba de autoinforme sobre dificultades que la per- sona encuentra en la realización de sus actividades de la vida diaria, Todas estas pruebas se han obtenido de los estudios EXCELSA y ELÉA antes mencionados. 2.1. Actividad física regular Por lo que se refiere al ejercicio físico regular que el individuo realiza, la pregunta es simple: Exdiciones Pirámide 44 / Psicología de la vejez con el funcionamiento psicológico gencral (esen- cialmente cognitivo). como se ha puesto de relieve en el estudio de envejecimiento de Berlín (véase, por ejemplo, Baltes y Smith, 1999). Finalmente, la competencia física es la base de en qué medida la persona realiza un conjunto de activi- dades y Lareas complejas que le permiten ser inde- pendiente respecto a sus capacidades funcionales. 2.3. Competencia funcional En relación con la competencia funcional o habi- lidades funcionales, se distinguen dos dimensiones de competencia en la realización de las Actividades de la Vida Diaria de las personas mayores (AVD o habilidad funcional): 1) competencia básica (vestir- se, arreglo personal. comer, ducharse O bañarse, control de esfínteres, utilizar el retrete y movilidad física). y 2) competencia instrumental (cocinar, usar dinero, limpiar, realizar compras. usar el telé- fono, lavar y arreglar ropa y desplazarse fuera del hogar). Existen diversos tipos de técnicas para evaluar las habilidades funcionales (Fernández-Ballesteros etal.. 1992). Todas ellas pueden considerarse instru- mentos criteriales; es decir, una persona «indepen- diente» deberá realizar todas las actividades de la vida diaria. Básicamente estos instrumentos se aplican a tra- vés de observaciones de profesionales (de profesio- nal sanitario) o de allegados o mediante autoinfor- mes. respondiendo el propio sujeto a preguntas del lipo: «¿puede hacer...2», 0 «¿es capaz de hacer. «¿necesita ayuda?»; 0 «¿qué tipo de ayuda necesita pu EN Este tipo de competencia presenta cierto nivel de jerarquía. Así. si la persona mayor no presenta pro- blemas en ninguna de las actividades instrumentales, es innecesario formutar las preguntas de actividades básicas. Está claro, también. que estas competencias o habilidades se refieren a lo que la persona es capaz de hacer en cl contexto de los recursos proporciona- dos por un ambiente determinado, por lo cual, en muchas ocasiones, la evaluación de esta compelen- Cia se debe basar en una observación detallada del comportamiento en su contexto habitual. Así, al in- terrogarnos sobre la capacidad de la señora María de cocinar por sí misma, nuestro análisis debe dirigirse tanto a sus destrezas sensomotrices como a las cunstancias especiales de su cocina, Se ha insistido reiterativamente en que diversas variables cognitivas y ambientales están compro- metidas en la competencia funcional, siendo útil distinguir entre capacidad (nivel potencial) y rendi- miento (ejecución real). La persona de edad, como los demás adultos. se conduce de acuerdo con las expectativas que tiene de su propia capacidad de rendimiento, por le que, en la práctica, no parte de lo que realmente puede, sino de lo que piensa que puede. De acuerdo con la bibliografía geronto- lógica especializada. sabemos que las evaluaciones del estado funcional del paciente son de enorme ayuda para enjuiciar los resultados de evolución de los mismos, pero que únicamente la información O las sesiones evaluativas acerca del estado funcio- nal del cliente no bastan, por sí mismas. para ayu- dar ad profesional de la salud a mejorar ese estado Funcional. En cuanto a la prevalencia de estos compor- tamientos de autocuidado en muestras españolas representativas de ancianos podemos entresacar al- gunos datos procedentes de la Encuesta de Discapa- cidades. Deficiencias y Estado de Salud (EDDES) del INE (1999), recogida por el Libro Blanco sobre la Dependencia (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2003, Véase capítulo 8). En el total de la población la prevalencia de la dependencia está próxima al 9 por 100 (7 por 100 en hombres y 10 por 100 en mujeres). Esa prevalencia alcanza, en el rango de edad de 65-69 años, e! 19 por 100 (17 por 100 en hombres y 20,7 por 100 en mujeres) y el 63 por 100 en 85 años y más (59 por 100 en hombres y 65 por 100 ca mujeres). El capítulo 8 está especia- Jizado en este importante tema, y presenta un listado de los instrumentos más utilizados de evaluación de habilidades de la vida diaria. Como ejemplos de estos instrumentos de evalua- ción de las AVD únicamente presentaremos uno (ya que un gran número de ellos se han aportado en otro lugar; Fernández-Ballesteros et al.. 1992): el «Índi- ce de Katz de Independencia de las Actividades de 9 Ediciones Pirámide o Evaluación en psicogerontología / 45 Este instrumento consta de seis actividades (lavarse, vestirse, ir al retrete, movilizarse, continencia y ali- mentarse), las cuales se califican según tres catego- rías de respuesta basándose en si el sujeto es depen- la Vida Diaria», que aparece como tal en el capítulo 8; el Índice de Katz cuenta con una «Hoja de Eva- luación de las Actividades de la Vida Diaria», utili- zada con profusión ep nuestro país (González Mon- talvo et al., 1991), y que se presenta en la tabla 2.2. TABLA 2.2 diente o independiente. Hoja de evaluación de las actividades de la vida diaria del Índice de Katz Nombre ..... Fecha ..... Para cada actividad de esta lista, señal dirección o ayuda personal). lar la de: pción que corresponda (la palabra «ayuda». ¡gnifica supervisión, Bañarse (con esponja, en bañera o en ducha). a No recibe ayuda (entra y sale de la bañera sin ayuda y la utiliza habi- tualmente). ( Recibe ayuda para lavar una sola parte del cuerpo (como la espalda o una pierna), Dn Recibe ayuda para lavar más de una parte del cuerpo (o no se baña). ye pulseras si las usa). Vestirse (coge la ropa de armarios y cajones; incluye ropa interior, complementos y abrocharse los botones, e inclu- O Coge la ropa y se viste completa- mente sin ayuda. ( Coge la ropa y se viste sin ayuda, pero la recibe para atarse los zapa- tos, O Recibe ayuda para coger la ropa o para vestirse o permanece sin vestir parcial o completamente. Hr al servicio tir al cuarto de baño par: ropa). a la eliminación de orina y heces; limpi jarse tras la eliminación y arreglarse la Do Va al servicio, se limpia y se arregla la ropa sin ayuda (puede usar ayudas para apoyarse, como un bastón, an- dador o silla de ruedas, y puede uti- lizar una cuña y orinal por la noche, vaciándolo por la mañana). [ma] Recibe ayuda para ir al servicio. para limpiarse o para arreglarse ta ropa tras la eliminación o en el uso nocturno de la cuña o del orinal. o No va solo al servicio para el proce- so de eliminación. Levantarse. Do Se levanta, sienta y acuesta en la cama o la silla sin ayuda (puede usar ayuda para apoyarse como un bas- |] Se sienta, levanta o acuesta de la cama y la silla con ayuda. tón o andador). o No se Jevanta de la cama. 9 Ediciones Pirámide o. a sólo pueden ser interpretados como indicadores de sulud. Es decir, la cuestión sería: ¿un Mayor número le consultas a médicos implica un mejor o peor es- ado de salud, o lo que expresa es que la persona tá más preocupada por su salud y/o que tiene más “enfermedades que tratar? Las tasas de consultas o de días en cama, etc., están asociadas con otros jn- icadores de salud (salud subjetiva, salud estimada por el médico) y reflejan tanto salud como provisión de cuidados, Lo que parece claro es que existen altas covaria- viones significativas y negativas entre un buen estado de salud subjetivo e indicadores objetivos de salud, omo el número de medicinas ingeridas, número de “dolores padecidos y número de enfermedades cróni- «cas diagnosticadas, así como relaciones significativas y positivas (en el sentido esperado) entre estos indi- cvudores y la opinión del médico (Fernández-Balles- teros, Souto, Gómez, Izal y Díaz, 1986). Finalmente, conviene enfatizar que los autoinformes subjetivos sobre la salud son mejores predictores de condicio- nes fatales del individuo, como la propia muerte, y mejores indicadores también de envejecimiento tisfactorio. Ñ Como ejemplo de medidas de salud de tipo auto- informe pero que hacen referencia a aspectos obje- tivos de la salud presentamos un cuestionario sinto- Evaluación en psicogerontología | 47 matológico preparado por Guillén et al. (1991) al que denominan «Cuestionario “Cruz Roja” de Cali- dad de Vida en Ancianos» (véase tabla 2.3). Según estos autores, este instrumento no trata de medir la salud y la calidad de vida en un momento dado, sino comparar los ítems sobre distintas quejas y proble- mas en situaciones diferentes, por ejemplo antes y después de un período de tratamiento con determi- nado fármaco, o comparando los ítems con tipos de tratamientos diferentes, A través de 38 ftems (eva- luando estado general, área cardiopulmonar, trastor- nos vigilia-sueño, área digestiva, área nefrológica, área neurológica, área sexual, área de la vida diaria y varios) se estima que la calidad de vida del ancia- no es favorable si su media por área es inferior a 3, o la suma total inferior a 50. Por otra parte, al objeto de detectar y evaluar tan- to los síntomas como el grado de malestar asociado (distrés), es más frecuente la utilización de invenia- rios como el Listado de Síntomas (SCL-90-R) de Derogatis (1977), que cuenta con criterios de cali- dad psicométrica satisfactorios. Este inventario de autoinforme de síntomas de 90 ítems está diseñado para detectar patrones de sintomatología médica y psicopatológica significativos. Consta de una lista de problemas y dolencias, en la que se pide que la persona seleccione aquel descriptor o descriptores TABLA 2.3 Escalas de valoración en geriatría «Cuestionario "Cruz Roja” de Calidad de Vida en Ancianos» Estudio núm. Paciente núm.: . | Iniciales: .| Fecha: ..... 1. Estado general 1. Diría usied gue su apetito es; 1. Bueno Ol 2. Aceptable 1 3. Regular O 4. 2. ¿Se encuentra usted cansado? 1 No [1] 2. Muy pocas veces [J 3. Sí, a veces O 4. 3. ¿Siente flojedad en las piernas? 1 No O 2. Muy pocas veces ] 3. Sí, a veces Q 4, so 5. Nulo O Sí, con cierta frecuencia [] 5. Sí, frecuememente Ol Sí, con cierta frecuencia E 5. Sí, frecuentemente O) O Ediciones Pirámide a 42 / Psicología de la vejez TABLA 2,3 (continuación) a cardiopulmonar 4. ¿Ha notado dificultad al respirar o sensación de falta de aire? 1. No Q 2. Muy pocas veces O 3. Sí, a veces O 4. Sí. con cierta frecuencia Ol 5. Sí, frecuentemente Ol 5. ¿Ha notado palpitaciones? L No O 2. Muy pocas veces [1 3, Sí, u veces El 4. Sí, con cierta frecuencia (] 5. Sí, frecuentemente O 6. ¿Ha notado dolor u opresión en el pecho? 1. No E 2. Muy pocas veces [1] 3. Sí, a veces U 4. Sí, con cierta frecuencia O 5. Sí, Irecuentemente (1 7. ¿Ba notado que las manos o los pies se le quedan frío: 1. No [ 2. Muy pocas veces E 3. Sí. a veces 0:4. Sí, con cierta frecuencia E 5, Sí, Irecuememente O UL Trastornos vigilia-sueño 8. ¿Se encnentra adormifado durante el día? 1. No 1] 2. Muy pocas veces E 3. Sí a veces O 4, Sí. con cierta frecuencia (O 5. Sí frecuentemente O 9. ¿Tiene problemas para dormir? rta frecuencia [ 5. Sí, frecuentemente O L No Ei 2. Muy pocas veces O 3, Sí.a veces El 4, Sí, con e IV. Área digextiva HO. ¿Nota da hoca seca? l. No 02. Muy pocas ve il 3. Sha Sí. con cierta frecuencia O 5, Sí, frecuentemente 11. ¿Tiene molestias cn el estómago? 1. No 0 2. Muy pocas veces 1 3. Sí, u veces O 4. Sí, con cierta frecuencia Ol 5. Sí, frecuentemente [7 12, ¿Tiene sensación de náuseas o ganas de vomitar? ), No OD 2. Muy pocas veces [3 3. Sí, a veces E 4. Sí, con cierta frecuencia O 5, Sí, frecuentemente (7 13 moditicó últimamente su riuno intestinal? 1. No E 2, Muy pocas voces O 3. Sí, a veces O 4. Sí, con cierta frecuencia [] 5. Sí. Irecuentemente U 14. ¿Tiene pases? Irecuentemente O 1, No 012. Muy pocas veces (1 3. Sí. a veces O 4, Sí, con cierta frecuencia 1 5. 15. ¿Se levanta a orinar por las noches? ecuentemente El 1. No (2. Muy pocas veces O 3. Sí. a veces O 4. Sí, con cierta frecuencia [l 5. H6. ¿Se de escapa la orina? ecuentemente El l. No 2, Muy pocas veces O 3, Sí, a veces (1 4. Sí, con cierta frecuencia O 5. 17. ¿Orina con frecuencia últimamente? OS. Sí. mucho más QU L No 02. Sí, algo más O 3. Sí. má E 4. Sí, bastante má > Ediciones Pirámide 50 / Psicología de la vejez TABLA 2.3 (continuación) IX. Área vida diaria 31. ¿Tiene problemas para realizar sus actividades habituales 1. No 3 2. Muy pocas veces O 3. Sí, a veces (1 4, Sí. con cierta frecuencia U 5. Sí. frecuentemente O 32, ¿Tiene dificultades en su cuidado personal (aseo y vestirse)? 1. No CJ 2. Muy pocas veces El 3. Sí. u veces U 4. Sí. con cierta frecuencia O 5. Sí. frecuentemente (l 33. ¿Tiene dificultades para caminar? D 4. Sí, con cierta frecuencia [E 5, Sí, frecuentemente E ix VOCES 1. Nunca O 2. Muy pocas veces 3. $ 34. ¿Mantiene relaciones con amigos. conocidos o familiares? 1. Sí, frecuentemente E 2 SÉ con cierta frecuencia 1] 3. Sí.a veces O 4. Muy pocas veces 1 $. Nunca [7 X. Varios 45, ¿Cree que suda más de lo habil? Lo No 22, Muy pocas veces 12, Sí a veces O d, Sí, con cierta frecuencia (3 5. Sí. frecuentemente 36. ¿Nota picores en el cuerpo? LoNo a i. con cierta Irecuencia 0) 5, Sí, frecuentemente Muy pocas vecós 1] 3, Si a vecés Da, 57. ¿Le hau safido manchas en la piel? Ll NoG cirvoces E SE con cierta frecuencia 13, Sí. frecuentemente E Muy pocas veces 1 3, a tenido solocos? 1. No 02, May pocas veces O 3. Sí a veces O 4. Sí con cierta frecuencia 17 5, Sí. frecuentemente 77 Eo visitas de control Go al inicio: > molesta tomar la medicación? LoNo E 2, Muy poro 7 3. Sí, pero poco O 4, Sí. bastante U 3. Sí mucho 40, Ln su opinión, la enfermedad que sulte y/o su tratuniento, ¿Je ha impedido ejercer sus actividades habituales? E No 3 2, Muy poco QU 3. Sí pero poco E) 4, Sí, bastante O 5. Sí mucho O Observaciones del evaluador: Observaciones de la familia v/o cuidadores: . Fecha y Siena era y Puente E Guillén, £.€. Caballero, £- E. Guijarro. 3. M. Reus. KR. Sempere, E de textualmente) agus, N. Tobares. S. Yi ez tío, copia Ediienos Pirámide os que expresen mejor el grado de malestar producido por el problema descrito en el pasado (y se especifi- ca el tiempo), así como en la actualidad. Se contesta a cada uno de los 90 ítems a través de una escala de cinco puntos, de O a 4: nada, un poco, moderada- mente, bastante y extremadamente. El SCL-90-R se califica, puntúa e interpreta utilizando nueve dimen- siones: somatización, obsesivo-compulsivo, sensi- bilidad interpersonal, hostilidad, depresión, ansie- dad, ideación de tipo paranoide, ansiedad fóbica y psicoticismo. Se pueden óbtener, asimismo, tres ín- dices globales de malestar: el GSI (Global Severity Index), indicativo del nivel de severidad actual, o de la intensidad, del malestar percibido; el PSDI (Posi- tivo Sympiom Distress Index), que essuna medida de intensidad de los patrones de respuesta individual, y el PST (Positive Symptom Total), que consiste en el número de síntomas gue el anciano ha señalado y marcado. Finalmente, se han incluido en Ja Batería mínima de Evaluación en la Vejez (BEV) un set de pregun- tas que se han utilizado en la mayoría de nuestras investigaciones y que han sido propuestas por la OMS en la región europea con el fin de armonizar los estudios sobre salud (WHO, 1996). Con estas preguntas se trata de utilizar tanto preguntas subje- tivas generales (¿cómo diría usted que es su salud?) como comparativas, que permiten a la persona rea- lizar operaciones de valoración teniendo en cuenta el tiempo (¿cómo encuentra ahora su salud compa- rada con la del año pasado?) y su edad y género tcomparado con las personas de su misma edad y sexo, ¿cómo diría usted que se encuentra en térmi- nos de salud?). Las alternativas de respuesta son einco, de «mala» a «muy buena». La puntuación to- tal, teniendo en cuenta las tres preguntas, oscila en- tre 3 y 15 con una puntuación promedio de 9,34 91), habiéndose encontrado algunas dife- s significativas debidas al contexto, el género y la educación. En la BEV se han incorporado tam- bién preguntas de tipo objetiva, por lo que se inte- rroga si la persona utiliza alguna ayuda para desen- volverse en su vida diaria y si ha consultado al médico sobre los problemas de salud. Finalmente, y teniendo en cuenta la importancia de la audición y la visión, no sólo para la salud, sino para el funcio- O Ediciones Pirámide Evaluación en psicogerontotagía / 51 namiento comportamental del individuo, se han in- corporado un conjunto de preguntas para indagar el estado de la visión y la audición del individuo. En resumen, la evaluación del funcionamiento y la competencia física y la salud percibida o autoin- formada suponen aspectos importantes de funciona- miento de la persona mayor que habrán de ser teni- dos en cuenta en toda evaluación psicológica, 3. FUNCIONAMIENTO COGNITIVO El funcionamiento intelectual debe estar presen- te —en mayor o menor medida— en toda evalua- ción psicológica de una persona mayor. En una mayoría de casos, las personas mayores o sus alle- gados consultan al psicólogo por algún déficit sub- jetivo del funcionamiento intelectual, cognitivo, de ta memoria, atención o' concentración. En muchos casos, la consulta se debe a la existencia de un de- clive normal del funcionamiento intelectual o bien se trata de un deterioro patológico e irreversible del mismo. Por otra parte, puesto que el funcionamien- to cognitivo es un marcador de envejecimiento y está altamente asociado a la salud, debe ser evalua- do aunque sea en forma somera (véase, por ejem- plo, Fernández-Ballesteros et al., 1992; Baltes y Smith, 1999). La competencia cognitiva tiene que ver con el funcionamiento intelectua) adecuado y con la ausen- cia de sintomatología demencial, Se han presentado innumerables pruebas de detección de deterioro de procesos cognitivos (memoria e inteligencia, prin- cipalmente), unas veces relacionadas con test de inteligencia y tests neuropsicológicos y otras como exámenes del estado mental (para una revisión, véase Fernández-Ballesteros et al., 1992). De entre estos últimos cabe citar los siguientes: el Short Por- table Mental Status Questionnaire (SPMSQ) de Pfeiffer y Pfeiffer (1975); el Mini-Mental State Examination (MMSE) de Fotlstein. Folstein et al. (1975); derivado del MMSE, el Mini-Examen Cog- noscitivo (MEC) de Lobo et al. (1999); el Minime- nal State de Kahn, Goldfarg, Pollack y Peck (1969); la Physical Self-Maintenance Scale (PSMS) de Law- ton y Brody (1969); y la Clifton Assessment Proce- ferentes muestras de población española mayor 1N = 456) entre 55 y 75 años: personas extraídas de ena muestra representativa de población mayor en- tre 55 y 75, personas de centros de mayores en zo- nas urbanas, ídem en zorias rurales y personas pro- cedentes de programas universitarios de mayores, entre los que se encontraron diferencias significati- vas tanto debidas al contexto (F = 9,03; p < .000) como debido a la educación (F = 15,93, p < .000). En la tabla 2.5 se presentan Jas medias y las desvia- ciones típicas de cada muestra. En resumen, consideramos importante utilizar una prueba de memoria de trabajo que permita com- puraciones interindividuales por edad, por contexto y por educación a ta hora de evaluar el funciona- miento intelectual de personas mayores. 3.2. Test de Aprendizaje Verbal adaptado al Potencial de Aprendizaje (AV/PA) (BEPAD, Fernández-Ballesteros, Zamarrón, Tárraga, Íñiguez y Moya, 2003) El AVLT/PA proviene de una prueba de Rey pu- blicada en 1964 consistente en una lista de palabras que la persona ha de memorizar. La lista original ha sido traducida a distintas lenguas y es muy utilizada en diversos exámenes neuropsicológicos, adoptan- do su traducción al inglés el nombre Auditory Ver- bal Learning Test (AVLT) (para una revisión del AVLT, véase Lezak et al., 2004). Esta prueba, desde su origen, fue considerada por Rey como un test de aprendizaje puesto que cuenta con una serie de en- Evaluación en psicogerontología / 53 sayos y, por tanto, permite obtener una curva de aprendizaje. Sin embargo, los ensayos de entrena- miento han ido variando en función de los objetivos de investigación, existiendo más de diez variantes de esta prueba. En una serie de estudios llevados a cabo por Fer- nández-Ballesteros, Zamarrón, Tárraga, Moya e Íñi- guez, con el objetivo esencial de desarrollar una Batería de Evaluación de Potencial de Aprendizaje en Demencias (BEPAD), se incorporó una nueva versión de la Prueba de Rey. El AV/PA mantiene la lista de quince palabras origina] que el sujeto debe aprender a lo largo de una serie de ensayos (véase anexo). Nuestro forma- to contiene un primey ensayo de instrucción (El), dos ensayos sin entrenamiento (formas pre y post) (E2 y E6), dos ensayos con feedback y refuerzo (E3- E4) y, por último, un ensayo (ES) que facilita la uti- lización de estrategia cognitiva. Tras la administra- ción del postest (E6) se procede a utilizar una prueba de interferencia (en nuestra BEV correspon- de a las dos preguntas relacionadas con el bienestar correspondientes a la sección 1H), con la administra- ción del último ensayo diferido (E7). Como puede apreciarse en el apéndice, el protocolo de respuesta permite computar el número de palabras recordado correspondiente en cada uno de los ensayos, los errores que pueden aparecer y la curva de aprendi- zaje, resumen de todo ello. Las puntuaciones de ma- yor interés proceden del E6 (postest), de la puntua- ción de ganancia (PG) que equivale a sustraer del E6 el El, y de la E7 o aprendizaje diferido. En la tabta 2.6 se presentan estos tres tipos de puntuaciones (E6 o Postest, Ganancia y E7 o Dife- TABLA 2.5 Puntuación media y desviación típica en dígitos a la inversa en muestras según contexto y escolaridad (Fernández-Ballesteros et al., 2007) Muestráles | kira da Deia educación |' Primaria | - Bachiller N=9%. [288 | n=49 formal | (N=188) | (N=62) ó - _ N=96). e a s 4 36 39 43 32 3.6 4 4 4,23 inversa | (1) 070 LD 12 (0,73) (0,9) (0,9) (1,1) 0) O Ediciones Pirámide icología de la vejez TABLA 2.6 Puntuac utilizadas en el estudio EL, in media y desviación típica en postest, puntuación de ganancia y diferida en las muestras y según edad y escolaridad (Fernández-Ballesteros et al.. 2007) : : Centros | Contras | Esta | L. ” Bocniltop | Univer 55-64 | 68-75 Urbanos es al - 15 A ita N=288 PUMA (Az 96) 62) iN = 56) Pones 12 | 11 | 98 99 | 948 92 10 $ 1095 | 109 | 113 Ñ co | oy] 2 A] es [00 | 29100308 Gana 58 58 56 E EN 239 | (4 Dilerid 89 | 1043 104 | %6 Y 10.6 | pda rolas 96m ¡ ( eras tida) correspondientes al estudio ELÉA. Existeo diferencias estadísticamente significativas debidas a la edad, el tipo de muestra y la escolaridad en los tres tipos de puntuación. Según hemos puesto de relieve en distintos estu- dios. la puntuación de potene je (tan- to Ja puntuación postest como la puntuación de ga nancia) es expresión de la plasticidad cognitiva de la persona y de se capacidad de modificabilidad cog vitiva. Al mismo tiempo, si existe una puntuación diferida por debajo de la puntuación basal, sería sos- pechosa de derertoro cognitivo. Por otra parte, fas puntuaciones de plasticidad cognitiva o potencial de aprendizaje permiten clasi- icar muy adecuadamente a personas con deterioro al de aprendiz, cognitivo leve (DCL) y personas con la enfermedad de Alzheimer. Una puntuación en plasticidad cogni- tiva por debajo de dos desviaciones típicas la pun- tuación media del grupo de personas normales im- Plicaría sospecha de la existencia de deterioro cognitivo (véase tabla 2,7). 3.3, Exámenes de! estado mental Las tareas presentadas anteriormente permiten estublecer la comparación entre un sujeto con un grupo normativo en lo referido a la memoria de tra- bajo y el potencial de aprendizaje o plasticidad co: nitiva, Sin embargo, el diagnóstico de la demencia TABLA 2.7 Puntuaciones medias xy desviaciones vípicas en el postest, ganancia y diferida en personas con dererioro cognitivo deve y con la enfermedad de Alzheimer ten su grado teve) (Fernández-Ballesteros. Zanttarrón, Tárraga. Moya e Íñiguez. 2003) 7 | Deterioro cognitivo teve Enfermedad de Alzheimer APA 2 AV-PA (WN = 50) Postest 7823.15) amancia 39 09 22 07 Diferida h 527(3.9) 05241.1) £1 Eaticiones Pirámide enema a E at