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Asignatura: Comunicacion y Recursos para Juristas, Profesor: carmelo carmelo, Carrera: Derecho, Universidad: ULL
Tipo: Exámenes
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BUXÓ: La comunicación humana no se produce exclusivamente a través de las palabras y la escritura, sino que el ser humano utiliza otros sistemas de comunicación. Son ejemplos etnográficos los sistemas de transmisión de mensajes por medio del silbido o el uso de instrumentos. Aparte de estas codificaciones, la antropología se interesa por otros sistemas de comunicación no verbal que actúan conjunta o independientemente del sistema lingüístico. Los más sobresalientes son: el leguaje proxémico, el cinésico, el gestual, el objetual, y la presentación personal del yo o máscara. Hall distingue ocho categorías diferentes en el comportamiento proxémico: La identificación postural según el sexo. El eje sociófugo y sociópeto. Los factores cinésicos. El código táctil. El código visual. El código olfativo. El tono de voz durante la interacción comunicativa. DAVIS FLORA: el lenguaje es lo que separa al hombre del resto de los animales. Sin embargo, el lenguaje se desarrolla en un marco de comunicación no verbal que es parte indispensable del mensaje. Algunos científicos han llegado a afirmar que el lenguaje hablado seria imposible sin los elementos no verbales. Una breve consideración sobre el papel que juegan los ingredientes no verbales en la conversación puede demostrarlo, y ayudará al lector a entender cómo se complementan los diferentes elementos de la comunicación. En cambio, a veces se llega a un nuevo equilibrio a través de sutiles negociaciones no verbales efectuadas durante los primeros segundos del encuentro. Uno de los puntos más importantes que se negocian en los primeros segundos de un encuentro es el de la posición relativa de cada uno. Los sociólogos enterados de qué es lo que hay que observar pueden, a veces, identificar fácilmente a la persona que ejercerá predominio en el grupo, llamado “individuo alfa”. La forma más efectiva de afirmar el predominio es la no verbal. Esto ha sido demostrado por científicos mediante un experimento empleando cintas de vídeo. Las emociones también se transmiten o comparten en gran medida en forma no verbal. En los gestos y postura laxos un individuo dejará entrever su abatimiento. Las señales no verbales definen también los papeles que le tocará jugar a cada uno. Tratamos a las personas de manera distinta según su sexo, edad y clase social; además, nos comportamos de acuerdo con lo que se espera de nuestros propios padres. Hemos repasado tan solo algunas de las formas en que los seres humanos se comunican entre sí de manera no verbal cuando están frente a frente. Existen algunas señales no verbales, como los marcadores o el sistema de acentuación descubierto por Birdwhistell, que están ligadas al contenido verbal y no tendrían ningún sentido fuera de él. Pero aún, existen claves no verbales únicamente para regular el intercambio verbal, de la misma manera que las luces regulan el tráfico en las calles. Son indispensables en la conservación cotidiana. Antes de que dos personas puedan empezar a hablar, ambas deberán indicar que están prestando atención; deberán estar ubicadas a una distancia razonable, dirigir sus cabezas o sus cuerpos una hacia la otra e intercambiar
miradas de tanto en tanto. Cada uno necesita también del otro una retroalimentación no verbal mientras habla. Hay señales no verbales que regulan el fluir de una conversación, de manera que cada persona hable cuando es su turno y se produzcan pocas interrupciones o silencios incómodos y prolongados. Tusón Valls: no menos importantes que los rasgos prosódicos y los paralingüísticos son los llamados rasgos extralingüísticos: elementos cinésicos y proxémicos. La proxemia sirve también para delimitar el contexto y el tipo de interacción que estamos manteniendo. La “postura” que adoptamos: sentados, de pie, paseando en un local cerrado, etc., son factores importantes en la interacción que pueden ayudar a identificar una cierta actitud en quien la adopta. La “distancia” que establecemos con el resto de los participantes en la interacción es también significativa. La distancia ayuda a crear un determinada atmosfera comunicativa, tanto si se elige como si se nos presenta ya predeterminada por el contexto socioespacial.
DAVIS FLORA: Si nos detenemos a pensar en los mucho que se expresa fuera de la conversación verbal normal, nos extrañará quizá que la gente se preocupe tanto por lo que se dice. Aparentemente, los primates no humanos no tienen problema en comunicar sus emociones e intenciones mediante expresiones faciales, posturas, gestos y gritos característicos. Por supuesto, la comunicación no se reduce a enviar información por el canal verbal y emociones por los no verbales. En el nivel verbal, se pueden definir y tratar las emociones de manera precisa, porque no solamente enviamos señales emocionales sin darnos cuenta de ello, sino que también las recibimos de otros sin ser conscientes de que reaccionamos ante ellas, podemos caer en muchos errores: llegar a la conclusión de que la otra persona está enfadada cuando en realidad no lo está, transmitir nuestra desaprobación sin intención y no indicarlo con suficiente claridad cuando queremos, y así sucesivamente. TUSÓN VALLS: la conversación cara a cara siempre tiene lugar en un tiempo y en un espacia determinados, que son comunes a las personas que hablan, quienes, a su vez, para poder comunicarse tienen que compartir un cierto conjunto de sus conocimientos. Puesto que el habla consiste en una serie de sonidos emitidos en una secuencia temporal, la producción sonora tiene que tener un ritmo que haga posible la percepción auditiva. Un aspecto fundamental de la modalidad oral es la prosodia. La entonación, las pausas entre grupos melódicos y el acento de intensidad, nos sirven para diferenciar estructuras o palabras. Gracias a la entonación distinguimos las oraciones enunciativas de las interrogativas. Gracias a estas funciones específicamente lingüísticas, la entonación, la pausa y el acento son recursos que utilizamos para marcar el foco informativo, para modalizar lo que estamos diciendo o para señalar nuestras intenciones comunicativas. Puesto que en el uso oral cotidiano, las estructuras sintácticas que más abundan son la yuxtaposición y la coordinación y no se usan muchos conectores lógicos que manifiesten la relación entre las oraciones o entre las diferentes partes del texto, la prosodia es uno de los mecanismos fundamentales que se utilizan oralmente para conseguir a producción de textos coherentes. Además de la prosodia, en el habla se dan los rasgos paralingüísticos, que aportan mucha información. La calidad e la voz, que nos informa no solo del sexo y de la edad de la persona, sino también sobre determinados estados físicos. El tono y el ritmo nos informan
Ambas modalidades se usan, también, con un función artística o placentera, si bien las literaturas orales y escritas son claramente diferentes. En cualquier caso, el uso oral con fines lucidos o artísticos se sitúa en géneros muy específicos que se caracterizan por estar estructurados en torno a unos recursos, que facilitan su memorización y la transmisión oral. La literatura propiamente dicha, la escrita, permite mayor libertad, tanto de estilos como de géneros y posibilita la elaboración de obras de gran longitud. PAYRATÓ: entender la comunicación como fenómeno sistemático significa admitir que obedece a un sistema o estructura; que se fundamenta en unas funciones y que no depende, pues, del azar; que se repite con unas constantes y que, por tanto, es hasta cierto punto previsible, aunque obviamente no está regulada por leyes equiparables a las de la física. Gracias a estas cualidades, la comunicación también es analizable, de forma que pueden diseñarse modelos que, como simulaciones de la realidad, la hagan más comprensibles. Fundamentada en las funciones biológicas, psicológicas y sociales que cumple, y entendida por consiguiente como fenómeno “funcional”, la comunicación se presenta como un “proceso de intercambio” y se organiza a lo largo de los diferentes elementos que participan en el fenómeno, separados tradicionalmente en: a) Emisor, parte “iniciadora”, codificadora y fuente de señales. b) Receptor o destinatario, descodificador de las señales enviadas por el emisor. c) Código, o sistema de señales compartido por el emisor y el receptor, que hace posible la (des)codificación de los mensajes. d) Mensaje, o secuencia de señales codificadas que intercambian emisores y receptores. e) Canal, medio de relación entre los participantes, que actúa, pues, como contacto mediante el cual se transmiten los mensajes. f) Contexto, entendido en el sentido de medio en el que tiene lugar el proceso de enviar mensajes a través de un canal, y que asume un papel decisivo en la interpretación de dichos mensajes. BUXÓ: en líneas generales, las diferencias entre el sistema comunicativo animal y el humano se podrían resumir en los siguientes puntos: los animales transmiten señales informativas limitadas relativas a situaciones y condiciones especificas, o sea, señales para la comida, el aviso de depredadores, los estados emocionales y las relaciones interpersonales. Asimismo, las combinaciones son poco flexibles y las señales se usan automáticamente combinándolas de acuerdo con reglas emocionales más lógicas. En definitiva, estas señales infrahumanas forman un sistema cerrado y no son codificaciones derivadas de una cultura. La comunicación humana trasciende el esquema del estímulo-respuesta y es un sistema abierto, puesto que combina libremente los símbolos, siendo la única limitación las reglas lógicas de la gramática y la sintaxis. La lengua humana es capaz de crear palabras y frases a partir de elementos mínimos, así como producir mensajes nuevos. La mayoría de los signos lingüísticos no son icónicos, esto es, modelados sobre la cosa que representan, sino que la relación entre el signo y lo que representa es arbitraria; así, por ejemplo, la palabra mar no tiene estructuralmente nada en común con su referente. En el sistema comunicativo humano, las señales se cambian en símbolos. Y, por último, la lengua humana se base en la simbolización y se desarrolla como una parte de la cultura. DESCRIPCIÓN:
La comunicación se produce en dos pasos que son complementarios: la codificación y la descodificación. La primera es el proceso por el cual el emisor, mediante los recursos que le aporta el propio código, forma un mensaje. Por el contrario, la descodificación es el proceso inverso por el cual el receptor interpreta el mensaje que le ha transmitido el emisor. Si el acto comunicativo es el proceso mediante el cual se transmite un contenido del emisor al receptor, todo acto comunicativo tiene la función de informar o comunicar. FUNCIONES DE LA COMUNICACIÓN: Informativa: tiene que ver con la transmisión y recepción de la información. Afectivo-valorativo: el emisor debe otorgarle a su mensaje la carga afectiva que el mismo demande. Reguladora: tiene que ver con la regulación de la conducta de las personas con respecto a sus semejantes. Control: la comunicación controla el comportamiento individual. Esta función de control, además se da en la comunicación informal. Motivación: lo realiza en el sentido que esclarece a los empleados qué es lo que debe hacer, si se están desempeñando de forma adecuada y lo que deben hacer para optimizar su rendimiento. Empática: hace relación a la necesidad de que haya contacto entre las personas para una buena comunicación. Educativa: el objetivo de la comunicación es enseñar a comunicarse. Expresión emocional: gran parte de los empleados, observan su trabajo como un medio para interactuar con los demás, y por el que transmiten fracasos y de igual manera satisfacciones, es decir, sentimientos. Cooperación: la comunicación se constituye como un ayuda importante en la solución de problemas, se le puede denominar facilitador en la toma de decisiones, en la medida que brinda la información requerida y evalúa las alternativas que se puedan presentar.
Buxó: hasta ahora nos hemos ocupado de la lengua como el sustrato básico de la cognición y la cultura en su doble dimensión restrictiva y potenciadora; a partir de aquí trataremos la lengua como un modo de comunicación social humano: el habla. Esta distinción heurística, presente en la lingüística estructuralista y transformacional ha recibido los términos de lengua y habla, competencia y performancia, respectivamente. Desde sus comienzos, la antropología lingüística se interesa por la lengua como sistema de comunicación en términos del uso social de la misma. Compartir los signos y símbolos de una convención cultural tiene la función social de colaborar a que los miembros de una sociedad se transfieran significados comunes, lo cual permite que la convivencia sea adaptativa y predictiva. Si bien la comunicación es la base de la convivencia social humana, ¿es el ser humano el único animal que posee un sistema de signos para la comunicación? La antropología lingüística se inicia con un marcado interés por el habla como una vía de comunicación con las culturas y en las culturas. El comportamiento comunicativo es un
no es fácil determinar qué significa y qué debe contener exactamente esta “explicación lingüística”. En el caso del lenguaje, no existe consenso acerca de los aspectos que debe recoger necesariamente una teoría lingüística. Por supuesto, tiene que reflejar los principios genéricos, subyacentes, del lenguaje, lo que implica determinarlos rasgos comunes y diferenciales que unen y separan al mismo tiempo las lenguas, manifestaciones concretas de la capacidad lingüística humana. Tampoco resultaría demasiado difícil acordar la inclusión, como temas teóricos fundamentales, de la explicación del aprendizaje o adquisición de la lengua y de la variación lingüística en todas sus manifestaciones. Entendida de forma más amplia, la lingüística coincide en sus objetivos con un número considerable de disciplinas más o menos próximas que tienen intereses similares o superpuestos. Esto ocasiona una ampliación de las finalidades del estudio y del ámbito explicativo de una teoría del lenguaje. Enfocando el problema desde una perspectiva semiótica, por ejemplo, una teoría del lenguaje debe recoger los rasgos esenciales de este, pero también ha de ser capaz de establecer las semejanzas y diferencias ente el código verbal-vocal humano y cuales quiera otros códigos, cuales quiera otros sistemas. Lo mismo podría plantearse desde un ángulo antropológico, sociológico o psicológico, y el alcance teórico de los objetivos experimentaría consiguientemente una modificación bastante notable. En el último extremo, la situación descrita es fruto de la versatilidad y complejidad del lenguaje humano. En especial, entronca con una doble vertiente que puede resumirse en los términos de “capacidad cognitiva” y “vehículo comunicativo”. En ambos casos, la delimitación precisa de los objetivos teóricos de la lingüística se complica por su integración inevitable con los otros campos. Así pues, como capacidad cognitiva, el lenguaje se sitúa en el mismo plano que otros tipos de capacidades mentales. Como vehículo comunicativo, el lenguaje no se utiliza de forma aislada, sino que se combina con otros códigos comunicativos. El concepto de “comunicación” se convertiría así en la piedra angular sobre la que se erigiría una larga y compleja serie de estudios, cuyos estudios coincidirían en partes. El planteamiento expuesto también es fruto, en última instancia, de la imposibilidad de tratar de forma totalmente independiente los aspectos lingüísticos y los aspectos comunicativos, con sus vertientes cognitiva y social. El concepto de lenguaje acaba combinándose ineludiblemente con el concepto de comunicación, y las funciones de uno quedan ligadas a las funciones del otro; dicho de forma sintética: a) En el ámbito social, la comunicación constituye la pieza fundamental de cualquier proceso de socialización. b) En el ámbito psicológico y biológico, la comunicación aumenta las capacidades del individuo y contribuye decisivamente a mejorar la adaptación de la especie humana a su medio.
Pocas nociones a los largo de la historia de la ciencia han sido objeto de tantas definiciones como la de “comunicación”. En realidad, el problema de encontrar una definición perfecta es insoluble, y en el campo de las ciencias humanas y sociales, dicha noción no ha logrado alcanzar un “status” bien delimitado y reconocido de forma unánime. Así, pueden invocarse tantas definiciones como orientaciones en los estudios, según los intereses particulares de cada especialista o tendencia. La concepción más elemental del fenómeno comunicativo explicita en una definición como la de Richards, Platt, Weber: “el intercambio de ideas, información, etc., entre dos o más personas”. Por otro lado, Serrano señala que llamamos comunicación al proceso por el que, unos seres, unas personas, emisor y receptor(es), asignan significados a unos hechos producidos y, entre ellos, muy especialmente, al comportamiento de los demás seres o personas. Según Steinfatt, al igual que el anterior, recoge la característica de “proceso” del acto comunicativo, pero introduce además los conceptos de “símbolo” e “intersubjetividad o comprensión mutua”: la comunicación se entiende así como el “proceso de intercambiar símbolos mutuamente compresibles”. Esto equivale a plantear lo que podría denominarse conjunto de “postulados comunicativos”; es decir, axiomas en el estudio de la comunicación que recojan aspectos esenciales, y por consiguiente indiscutibles del fenómeno. En cambio, Mortesen, en un planteamiento de esta índole, ha propuesto los siguientes rasgos como postulados comunicativos: a) La comunicación es dinámica, de modo que evoluciona y no puede entenderse como un estado. b) La comunicación es irreversible, de modo que no cabe la posibilidad de anularla o hacerla retroceder. c) La comunicación es proactiva, y debe entenderse como una proyección de la persona hacia la realidad, no a la inversa. d) La comunicación es interactiva y, por tanto, no se trata de un proceso unidireccional, sino bidireccional. e) La comunicación es contextual, y no puede extraerse del contexto sin tergiversar su idiosincrasia. Por último, Knapp, de manera similar, apunta los siguientes aspectos: a) La comunicación humana es un proceso. b) Implica simultáneamente mensajes expresivos y con propósitos. c) Se compone principalmente de unidades de multiseñal. d) Se compone de señales de multinivel. e) Depende por completo del contexto en lo que se refiere a los significados generados.
ellos. Muchos psicólogos y lingüistas aceptan esta versión actualizada de la vieja explicación, mientras que otros no la aceptan. El estudio de los tipos de inferencias utilizados en la comunicación os ha llevado a algunos a volver del revés la vieja historia. Ahora creemos que la comunicación es, ante todo, cuestión de inferencias, y que el accesorio es el lenguaje. He aquí la nueva explicación. Es posible que, antiguamente, nuestros antepasados vieran su comportamiento como una mera secuencia de movimientos corporales, o puede ser que comprendiera que aquellos movimientos tenían un propósito. En general, interpretar la conducta de un animal inteligente como la realización de un propósito es mucho más sabio y útil, que interpretarla como un mero movimiento. Pero ¿eran capaces nuestros antepasados de reconocer intenciones en la conducta de otros? Para apreciar la inteligencia en otros hay que ser inteligente por partida doble. Se necesita la capacidad de representar en la propia mente las representaciones mentales de otros seres. Es decir, se necesita la capacidad de generar representaciones de representaciones, lo que en nuestra jerga llamamos “meta- representaciones”. La mayoría de los animales carece por completo de esta capacidad. En el caso de no ser capaz de inferir las creencias de otras personas a partir de sus actos, puede aprovechar el conocimiento ajeno y descubrir cosas de las que uno no tenía experiencia directa. Las palabras son mucho mejores que la mímica para transmitir ideas a otras mentes. Lo cierto es que, en aquellos tiempos, nuestros antepasados no hablaban. Sin embargo, su capacidad para la comunicación por inferencia creó un ambiente en el que el lenguaje supondría una tremenda ventaja y, como era de esperar, la especie humana desarrolló por evolución la capacidad del lenguaje. Así pues, la nueva explicación dice que la comunicación humana es un subproducto de las capacidades meta-representativas. Nuestros antepasados desarrollaron la capacidad de llevar a cabo complicadas inferencias acerca del estado mental del prójimo, que les sirvió para comprender y predecir la conducta de los demás. Esto, a su vez, dio lugar a la posibilidad de actuar abiertamente para revelar a otros los pensamientos propios. Como consecuencia, se crearon las condiciones necesarias para la evolución del lenguaje. El lenguaje permitió que la comunicación por inferencia se hiciera muchísimo más eficaz, pero no alteró su carácter. Toda comunicación humana, lingüística o no lingüística, se realiza básicamente por inferencia. Nos basamos principalmente en la capacidad de nuestro público para inferir lo que queremos decir.
En un estudio sobre los bunyoro, Needham, pone en evidencia que todos los acontecimientos de la vida y las instituciones principales están ritualizados por medio del simbolismo de la derecha (indicativo de superioridad) y la izquierda (indicativo de inferioridad). Esta organización simbólica del espacio tiene una funcionalidad semejante en la tradición indoeuropea, en la que la derecha simboliza la fuerza, lo correcto, lo sagrado; mientras que la izquierda se asocia con el temor, la aversión y lo siniestro. Por último, los aspectos comunicativos del comportamiento del cuerpo en movimiento, tanto a nivel macro como microsocial, han abierto la puerta a un nuevo enfoque interdisciplinar que se denomina “antropología del cuerpo”.
Dentro de una cultura se pueden distinguir comunidades sociales, las cuales están representadas lingüísticamente por variantes funcionales de la lengua que se entrecruzan entre sí. De este modo, una comunidad de habla es una unidad social que se define, porque sus miembros hablantes comparten un conjunto de reglas para la conducta y la interpretación del habla, o de su variante lingüística correspondiente. Esta situación lingüística de variantes funcionales recibe el nombre de DIGLOSIA. Termino que hace referencia a comunidades de hablantes en las que dos o más variedades de la misma lengua se usan por hablantes diferentes en condiciones sociales distintas y en situaciones especificas. Este cuadro se hace más complejo cuando en una comunidad se hablan diferentes lenguas con sus variantes funcionales respectivas. A esta situación lingüística plural también puede aplicársele la distinción “disglósica”. En situaciones bilingües, la diversidad lingüística está asociada a desigualdades en el estatus de las dos lenguas, y por extensión a sus usuarios respectivos. Las situaciones diglósicas a nivel de bilingüismo, multilingüismo y de variantes, corresponden a relaciones de dominación étnica y social. La comunidad de hablantes es la unidad social dentro de la cual se comparte un repertorio de formas de hablar. El repertorio lingüístico de una comunidad son todos los recursos lingüísticos disponibles para los miembros de la misma. Cada individuo tiene un repertorio que refleja su propia experiencia, así como la selección de estilos de comportamiento lingüístico apropiados a cada situación. Estos repertorios están constituidos por diversas variantes lingüísticas apropiadas a cada rol social. Los sociolectos corresponden a diferencias generacionales, ocupacionales, profesionales, educativas, clase social y otros. Los sexolectos son relativos a las formas de hablar diferenciales de hombres (masculinolecto) y mujeres (feminolecto). Y los antisociolectos constituyen antilenguas relexicalizadas, un argot, que se usa dentro de un sistema de comunicación cerrado, solo inteligible para los iniciados, grupo o secta. La combinación de estos factores determina la forma que debe adoptar el comportamiento “sexolinguistico”: el uso de variantes fonológicas indicativas de fragilidad, debilidad o humildad; formas “lexicales” relacionadas con valores de cortesía, o indicativas de respeto y diferencia hacia el interlocutor, y variantes “sintácticas” que marquen una relación de dependencia o inferioridad. Estas reglas sexo-sociolingüísticas tienen dos cometidos sociales principales: 1.- identificar a la mujer con su rol sexo-social. 2.- marcar el rol-estatus femenino respecto a sus interlocutores. Esto se traduce en una clase de comportamientos lingüísticos en los que la mujer tiende a comunicarse por medio de sugerencias, opiniones, o a expresar sentimientos. Los cambios en el comportamiento lingüístico no son solo modificaciones de carácter comunicativo. En la medida en que el cambio sociolingüístico es paralelo a una dinámica de conflictos relativos al sistema de estratificación social y a la identidad con el rol-estatus étnico, social o sexual tradicionales, el cambio hace referencia a otras motivaciones y objetivos adicionales y, por lo mismo, representa una reivindicación de la simetría social, étnica o sexual. En este contexto, la finalidad comunicativa va acompañada de un propósito subyacente de reestructuración del orden social.
Los instrumentos incluyen: 1) el canal; 2) las formas de hablar; y 3) todos los elementos cinésticos y proxémicos que se dan con el hablar. Tendríamos que añadir las vocalizaciones, ruidos como “mm, ajá, ah…”, entre otros, que tienen una función comunicativa muy importante y que se situarían en la frontera entre las palabras y los gestos. Las normas son tanto de interacción regulan la toma de la palabra. Las normas de interpretación se refieren a los marcos de referencia compartidos que permiten interpretar adecuadamente, tanto lo dicho como lo no dicho. El género atiende al tipo de hecho comunicativo. Ahora bien, cuando se describe un intercambio concreto, hay que tener en cuenta cómo se articulan esos componentes, es decir, cuáles de entre ellos sobre determinan a los otros. Con lo expuesto, cabe mencionar los componentes de la comunicación que son: El género o tipo de suceso. El tema o foco referencial. El propósito o función. El marco, incluyendo: lugar, tiempo del día, estación del año y aspectos físicos de la situación. La clave o tono emocional del suceso. Los participantes, incluyendo: edad, sexo, etnia, estatus social u otras categorías relevantes, y su relación entre sí. La forma del mensaje, incluyendo: los canales vocal y no vocal, y la naturaleza del código utilizado. El contenido del mensaje. La secuencia de actos o el orden de los actos comunicativos/de habla. Las reglas de interacción o qué propiedades debieran observarse. Buxó: en 1962 surge un interés por el habla y el contexto, que sería otra aproximación antropológico-lingüística, cuyo punto de partida es un ensayo programático titulado “La etnografía del habla”. Dentro de este enfoque, los dos conceptos o unidades de análisis que nos interesa destacar son: la macrosocial (que revela aspectos estructurales, la comunicación lingüística), y otra microsocial (que detecta un amplio espectro de fenómenos sociales, el repertorio lingüístico).