Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


Fichaje del libro los otros creen que no estoy, Resúmenes de Psicopatología

Autismo infantil, ezquizofrenia infatil

Tipo: Resúmenes

2019/2020

Subido el 23/05/2020

Yamionne
Yamionne 🇦🇷

4

(1)

5 documentos

1 / 8

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
Es médica, egresada de la Universidad de Buenos Aires, psiquiatra y psicoanalista.
Miembro Titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina y
Miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Desde hace varios años es
Profesora en APA de seminarios sobre Psicosis infantil. Fue Docente de la Asociación
Escuela de Psicoterapia para Graduados. Desde 1988 coordina en el Hospital Durand
un equipo interdisciplinario de asistencia, investigación y docencia sobre psicosis
infanto - juvenil. Tiene publicados numerosos trabajos sobre esta temática en
Fichaje del libro “Los otros creen que no estoy. Autismo y otras psicosis
infantiles” de Velleda Cecchi y colaboradores.
En este libro la autora realiza una clasificación de las psicosis infantiles y
las divide en: autismo, esquizofrenia infantil y psicosis confusional. Para esto
recurre a un trabajo olvidado de la teoría freudiana: el Proyecto, ya que este
trabajo le resulta práctico para poder comprender a estos chicos, por eso lo
trabaja teóricamente, profundizando en la comprensión de las diferentes
psicosis a través de él y relacionándolo con aportes de otros psicoanalistas.
Para explicar las psicosis y como las mismas se estructuran, la autora
toma trabajos de Freud en los que se plantea que en estas patologías hay una
pérdida del vínculo con un segmento de la realidad. La realidad para el sujeto
psíquico es lo que esta fuera de él. Lo más importante de la realidad es el
objeto que está en ella, en el cual se satisface la pulsión. Lo que sucede con el
psicótico es que al no tolerar el vínculo con ese objeto de la realidad su pulsión
no logra la satisfacción con el mismo y entonces se aparta de ese vínculo. Les
quita la investidura libidinal a los objetos de la realidad, con lo cual dejan de
tener existencia psíquica y deja de desearlos.
Desde los primeros momentos de vida, para el psicótico, la frustración es
dolorosa y no le permite seguir en contacto con ese objeto que es demasiado
frustrante para él. Es un objeto que no cumple con su función, no le da el
estatuto de sujeto y el psicótico queda cosificado.
En el psicótico, desde el comienzo de su vida algo grave ha ocurrido. Es
una persona que llega en una mala situación, el asistente ajeno tuvo a su vez
experiencias traumáticas; por lo tanto, no le da la protección y la respuesta
adecuadas a sus necesidades. El psicótico ha renunciado al comercio
interpersonal motivado por una lamentable necesidad defensiva.
Como se dijo más arriba, el psicótico se aleja de la realidad,
excesivamente frustrante, amenazadora de la integridad física y psíquica, y se
constituye en lo que las autoras denominan la ‘desconfianza básica’. Se puede
considerar a este alejamiento del psicótico como el resultado de una buena
1
pf3
pf4
pf5
pf8

Vista previa parcial del texto

¡Descarga Fichaje del libro los otros creen que no estoy y más Resúmenes en PDF de Psicopatología solo en Docsity!

Es médica, egresada de la Universidad de Buenos Aires, psiquiatra y psicoanalista. Miembro Titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina y Miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Desde hace varios años es Profesora en APA de seminarios sobre Psicosis infantil. Fue Docente de la Asociación Escuela de Psicoterapia para Graduados. Desde 1988 coordina en el Hospital Durand un equipo interdisciplinario de asistencia, investigación y docencia sobre psicosis infanto - juvenil. Tiene publicados numerosos trabajos sobre esta temática en Fichaje del libro “Los otros creen que no estoy. Autismo y otras psicosis infantiles” de Velleda Cecchi y colaboradores. En este libro la autora realiza una clasificación de las psicosis infantiles y las divide en: autismo , esquizofrenia infantil y psicosis confusional. Para esto recurre a un trabajo olvidado de la teoría freudiana: el Proyecto , ya que este trabajo le resulta práctico para poder comprender a estos chicos, por eso lo trabaja teóricamente, profundizando en la comprensión de las diferentes psicosis a través de él y relacionándolo con aportes de otros psicoanalistas. Para explicar las psicosis y como las mismas se estructuran, la autora toma trabajos de Freud en los que se plantea que en estas patologías hay una pérdida del vínculo con un segmento de la realidad. La realidad para el sujeto psíquico es lo que esta fuera de él. Lo más importante de la realidad es el objeto que está en ella, en el cual se satisface la pulsión. Lo que sucede con el psicótico es que al no tolerar el vínculo con ese objeto de la realidad su pulsión no logra la satisfacción con el mismo y entonces se aparta de ese vínculo. Les quita la investidura libidinal a los objetos de la realidad, con lo cual dejan de tener existencia psíquica y deja de desearlos. Desde los primeros momentos de vida, para el psicótico, la frustración es dolorosa y no le permite seguir en contacto con ese objeto que es demasiado frustrante para él. Es un objeto que no cumple con su función , no le da el estatuto de sujeto y el psicótico queda cosificado. En el psicótico, desde el comienzo de su vida algo grave ha ocurrido. Es una persona que llega en una mala situación, el asistente ajeno tuvo a su vez experiencias traumáticas; por lo tanto, no le da la protección y la respuesta adecuadas a sus necesidades. El psicótico ha renunciado al comercio interpersonal motivado por una lamentable necesidad defensiva. Como se dijo más arriba, el psicótico se aleja de la realidad, excesivamente frustrante, amenazadora de la integridad física y psíquica, y se constituye en lo que las autoras denominan la ‘desconfianza básica’. Se puede considerar a este alejamiento del psicótico como el resultado de una buena

lectura de la situación en la que vive, en la cual establece mecanismos de defensa que implican la existencia de un yo que está dedicado a subsistir. El psicótico es un sobreviviente a situaciones con el objeto que son demasiado traumáticas. En todas las psicosis, la modalidad del vínculo es de dependencia, por un lado, el psicótico no es un sujeto individuado; y, por otro lado, la madre lo necesita porque tampoco es un ser independiente, no pudo resolver apropiadamente su complejo de Edipo y por ese motivo no establece con el padre del niño un vínculo genital, sino que éste queda excluido, de este modo no se ejerce la separación de madre e hijo que es necesaria para la creación de un nuevo sujeto. Este padre no puede ejercer la prohibición del incesto, porque él tampoco logró una adecuada resolución de su complejo de Edipo ni asumió la castración. Entonces, ambos padres a su vez quedan ligados a sus propias figuras parentales y esta imposibilidad de triangulación se pone en juego en el momento del nacimiento del niño, que devendrá psicótico. La psicosis es un modo particular de estructuración del aparato psíquico temprano, por eso las autoras dicen que se puede hablar de dos fallas en la constitución del psiquismo: 1- No hay inscripción de experiencias, no hay secuencia ni noción de temporalidad. No se constituye la barrera antiestímulos que protege de la llegada de grandes cantidades. Los hechos y las vivencias deberían inscribirse en el aparato psíquico como experiencias, que son representaciones ligadas a afectos, susceptibles de ser historizadas, comprendidas y habladas. No hay posibilidad de inscribir y por eso sólo se tornan en sucesos puntuales traumáticos. 2- El aparato psíquico no consigue la función de continente. Para que los contenidos se constituyan, es necesario que haya una madre que recepcione, decodifique y devuelva significadas las proyecciones. Si la decodificación no se realiza adecuadamente, estas proyecciones son reintroyectadas sin ser claras, agregándose la introyección de los contenidos maternos proyectados en el niño. Estas alteraciones convierten el aparato psíquico del niño en demasiado permeable. Estas madres priorizan las necesidades físicas de su hijo, pero codifican erróneamente lo emocional, sus sentimientos, sus emociones y los sucesos de la realidad. Esto debe ser realizado para que el niño conozca sus sentimientos, registre lo interno y lo externo, adquiera su identidad y se subjetivice al diferenciarse del objeto. La interpretación errónea por parte del asistente ajeno se realiza desde un lugar de certeza, ya que el mismo no se reconoce como un ser que falla. Se destaca además la ausencia de una figura paterna que instale una duda y que denuncie la incompletud de la madre. Este psiquismo del que se habla se constituye de un modo u otro, por lo cual no existe una diferenciación cronológica.

observador se percata de que son ecolálicos o que repiten frases con muy poca modificación respecto de su interlocutor. Parecen niños cariñosos, pero al tiempo uno da cuenta de que no diferencian a las personas con las que están. Padecen un alto grado de ansiedad que se manifiesta a través de la inquietud, la sonrisa inmotivada, la alternancia de objeto en objeto sin focalizar la atención en ninguno de ellos, la demanda insistente sin aguardar respuesta. Todo es nuevo para ellos. Todo infans en el inicio depende del juicio de la madre acerca de sí mismo, de la realidad, del mundo, que luego le va a permitir adquirir su propio juicio de existencia, de atribución y el pensamiento. La madre del niño confusional le muestra una visión deformada de la realidad, estableciendo una modalidad de vínculo que luego es transferida al resto de las personas con las que se encuentre a lo largo de su vida. La figura materna confusa, avasallante, es desplazada a todos los objetos a los cuales se adhiere porque necesita de alguien que evalúe por él la realidad, dado que no hay un sí mismo que le conceda hacer una apreciación diferente de la que la madre le propone. Queda totalmente a merced de esta figura en lo interno y lo externo, porque se convierte así en necesaria para poder sobrevivir en un mundo que para ella es hostil y peligroso para él. La separación de la madre es imposible, ya que queda inmerso en el pánico de ser aniquilado. No es una ansiedad de pérdida la que padece el niño, sino que es terror a la aniquilación, la cual se refiere a desaparecer, ser destruido, diluirse. La madre del psicótico confusional tampoco puede separarse de su compañero, ya que éste funciona como ‘acompañante imprescindible’. Si se rompe esta dependencia mutua, aparece en la madre el vacío y el funcionamiento paranoico se desplegaría hacia el mundo externo. La posibilidad de que ese niño se separe genera en la madre una intensa agresividad, en la que subyacen fantasías y deseos inconscientes de muerte de ese hijo. Éste es un vínculo altamente patológico, en el cual se crea una situación de amor, odio, absorción, rechazo, violencia, que se manifiesta en ambos partenaires. En el caso de esta psicosis, la madre no tiene un hijo, sino que tiene un apéndice con el que crea circuitos vitales compartidos. Resulta indispensable trabajar con la diada madre-hijo, en especial para que la madre vaya elaborando la separación de su hijo. Los niños confusionales van en busca de un objeto tras otro sin esperar una posible satisfacción. Padecen de una insatisfacción básica, eternos insatisfechos, con un aparente hambre de objeto. Parecen que quieren todo, pero no toman nada. No logran establecer con el otro un real momento de

encuentro donde satisfacer su demanda. No hay constancia del deseo, como tampoco hay constancia objetal. El cuerpo de estos niños parece derramado, desarticulado, da la sensación de fragilidad porque internamente no hay noción de continente que les permita tener una imagen de su cuerpo cohesionado. Se reproduce a nivel del cuerpo el déficit de continente psíquico. Buscan un continente, buscan los límites de su cuerpo por la falta de sostén que han experimentado. Autismo: El signo más relevante es el aislamiento, se refleja como indiferencia al medio, rechazo hacia las personas, falta de reacción al separarse de la madre, ausencia de contacto y de respuesta anticipatoria y obediencia automática. No presentan las conductas autoeróticas habituales, como chuparse el dedo. Otros signos son el rocking (balanceo), conductas autoagresivas, no muestran reacción al dolor. Comúnmente presentan retraso locomotor, falta de gateo; también manifiestan movimientos estereotipados (aleteos, palmadas, hacer girar objetos o mirar objetos que giran). Se observan perturbaciones del lenguaje: no adquisición completa (mutismo primario), pérdida una vez adquirido (mutismo secundario) o un lenguaje que pareciera no tener un valor comunicacional. Los padres, con frecuencia, creen que son sordos porque no responden a los estímulos auditivos. La autora afirma que el autismo sí es un trastorno psicológico, es una psicosis, por lo cual no es orgánico. Que es posible comprenderlo como una particular conformación del aparato psíquico y que es abordable para el psicoanálisis. También afirma que en el autismo hay construcción y trabajo psíquico, ‘ se trata de una singular construcción del aparato psíquico’. Siguiendo con el tema realiza también una diferencia entre signos autistas y síndrome autista. Los signos autistas como el aislamiento, desapego, bizarrías, estereotipias, balanceo, trastornos del lenguaje (mutismo o ecolalia), se pueden observar de manera aislada en cualquier psicosis. En cambio se denomina síndrome autista cuando se observan varios o todos estos signos. Cada uno de estos signos puede presentar diferentes grados de severidad en cada niño y su combinación determina diversos grados de autismo. La diferencia de grados en los signos es esencial para el diagnóstico, pero no precisamente para el pronóstico. Éste dependerá de la posibilidad de tratamiento, de la consecución del mismo, de cuánto la familia se comprometa en lo formal y se involucre afectiva y profundamente en la causación y el proceso de la enfermedad del hijo, y se produzcan cambios en el funcionamiento psíquico familiar. Se apunta a cambios psíquicos reales, sobre todo inconscientes, en relación al vínculo con el niño, se busca conseguir una alianza terapéutica verdadera con la familia.

recordamos un pasado, formulamos previsiones para el futuro y podemos desempeñarnos en el presente. Al fallar el contacto con una realidad que aporte experiencias placenteras y al no estar investidos recuerdos de placer, éstos no entran en el comercio asociativo, se comportan como inexistentes, y lo mismo ocurre por el rechazo del retorno de recuerdos dolorosos; la memoria queda interrumpida, no hay secuencia. Esquizofrenia infantil: Patología que se puede detectar a partir de los 4 5 años. En su primera infancia son descriptos como buenos, tranquilos, no lloran, juegan solos durante horas, no juegan con otros niños, el rendimiento escolar puede ser bueno. Si la desorganización es más intensa, no acceden a la lectoescritura o presentan dificultades de aprendizaje. La sintomatología es similar a la esquizofrenia del adulto: estereotipias, manierismos, neologismos, lenguaje estereotipado no comunicacional, soliloquios, fabulaciones, ideas fantásticas, alucinaciones, delirios. Descargas motrices, conductas de retracción alternando con conductas impulsivas, autoagresiones, negativismo. La autora coincide con Melanie Klein cuando explica que: “en los niños la esquizofrenia es menos evidente que en los adultos. Rasgos característicos de esta enfermedad son menos llamativos en un niño porque, en menor grado, son naturales en el desarrollo de niños normales.” A continuación la autora hace una pequeña diferenciación entre el juego de un niño sano y el de un niño psicótico; en el primero el juego es un ‘como sí’ en el que no se pierde el contacto con la realidad, es versátil y reconocible por el adulto que lo observa. En cambio, el niño psicótico, crea una realidad propia y la refleja en el juego, ya no es un ‘como sí’ sino que ‘es’ ; en éste se pierde el contacto con la realidad compartida, es más estereotipado y posee un contenido más oscuro. El sufrimiento mental en estos niños tampoco es detectable, ya que no han sido significados adecuadamente sus sentimientos y por eso no adquirieron la capacidad de discriminarlos y nominarlos. Son vivencias tan extremas y complejas que los abruman. Estos niños tienen un aparato psíquico más desarrollado que el de las otras psicosis, por lo tanto están más individualizados. Establecen contacto, miran, se comunican, excepto en los momentos de retraimiento, de producción delirante o de soliloquios. Pueden tener actitudes de agresividad más manifiesta que en las otras psicosis, son crisis de violencia no controlada y de angustia, alternando con descargas motrices de excitación y reacciones que no condicen con la realidad efectiva porque responden a su realidad interna.

Como en todas las psicosis, se trata de un yo escindido que se muestra por un lado conectado con el mundo consensuado y por otro en contacto con la realidad creada. “Frente a una situación favorable, el yo puede tender a cohesionarse, o ante un hecho traumático la escisión puede agudizarse. Este yo no está subjetivado, y para él el otro no es realmente otro, persiste la omnipotencia del pensamiento, y debido a ello se adjudica la causalidad de todo lo que le sucede al objeto.” A modo de cierre y conclusión, me parece importante señalar la diferencia que la autora hace entre las tres psicosis infantiles: en la esquizofrenia , el niño está incluido en el discurso, aunque éste es paradójico; en el autismo , los mensajes son ambivalentes y se expresan en los actos, los pacientes quedan excluidos del discurso; en la psicosis confusional , no hay espacio para el lenguaje, la imbricación madre-hijo es tal que no hace falta hablar.