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Orientación Universidad
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Freud, Apuntes de Historia del Pensamiento Político

Asignatura: Història del Pensament Contemporani, Profesor: , Carrera: Publicitat i Relacions Públiques, Universidad: URL

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 27/10/2016

celiasilvosa
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Sigmund Freud: consideraciones sobre la guerra
Sigmund Freud:
consideraciones sobre la guerra
Ángel González Alonso
Manuel Sánchez de Miguel
Ramón Alzate Sáez de Heredia
Universidad del País Vasco
Revista de Historia de la Psicología, vol. 28, núm. 2/3, 2007 121-127
Resumen
El presente artículo versa sobre las opiniones que Sigmund Freud mantuvo sobre la guerra. Recoge las ideas
sobre la guerra a lo largo de su obra, su experiencia de la misma, las causas y su posible prevención.
Palabras clave: Sigmund Freud. Guerra. Paz. Educación. Pulsión.
Abstract
This paper collects Sigmund Freud´s thinking about war. His ideas, experiences and causes are exposed,
including his refl ections about the possibility of war prevention.
Keywords: Sigmund Freud. War. Peace. Education. Drive.
«Tuvimos que dar la razón a Freud cuando afi rmaba ver en nuestra
cultura y nuestra civilización tan sólo una capa muy fi na que en
cualquier momento podía ser perforada».
STEFAN ZWEIG, 2003
Nos proponemos volver a interrogar a Sigmund Freud, acerca del ¿Por qué la Guerra? Y
decimos volver a interrogar porque, ya Albert Einstein, en una carta desde Caputh, cerca de
Postdam, el 30 de julio de 1932, lo hizo:
Estimado profesor Freud: La propuesta de la Liga de las Naciones y de su Instituto Internacional
de Cooperación Intelectual en París para que invite a alguien, elegido por mí mismo, a un franco
intercambio de ideas sobre cualquier problema que yo desee escoger me brinda una muy grata
oportunidad de debatir con usted una cuestión que, tal y como están ahora las cosas, parece el
más imperioso de todos los problemas que la civilización debe enfrentar. El problema es éste: ¿Hay
algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra? (Freud, 1933, p. 183).
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Sigmund Freud: consideraciones sobre la guerra 121

Sigmund Freud:

consideraciones sobre la guerra

Ángel González Alonso

Manuel Sánchez de Miguel

Ramón Alzate Sáez de Heredia

Universidad del País Vasco

Revista de Historia de la Psicología, vol. 28, núm. 2/3, 2007 121-

Resumen

El presente artículo versa sobre las opiniones que Sigmund Freud mantuvo sobre la guerra. Recoge las ideas sobre la guerra a lo largo de su obra, su experiencia de la misma, las causas y su posible prevención.

Palabras clave : Sigmund Freud. Guerra. Paz. Educación. Pulsión.

Abstract

This paper collects Sigmund Freud´s thinking about war. His ideas, experiences and causes are exposed, including his reflections about the possibility of war prevention.

Keywords : Sigmund Freud. War. Peace. Education. Drive.

«Tuvimos que dar la razón a Freud cuando afirmaba ver en nuestra cultura y nuestra civilización tan sólo una capa muy fina que en cualquier momento podía ser perforada». STEFAN ZWEIG, 2003

Nos proponemos volver a interrogar a Sigmund Freud, acerca del ¿Por qué la Guerra? Y decimos volver a interrogar porque, ya Albert Einstein, en una carta desde Caputh, cerca de Postdam, el 30 de julio de 1932, lo hizo:

Estimado profesor Freud: La propuesta de la Liga de las Naciones y de su Instituto Internacional de Cooperación Intelectual en París para que invite a alguien, elegido por mí mismo, a un franco intercambio de ideas sobre cualquier problema que yo desee escoger me brinda una muy grata oportunidad de debatir con usted una cuestión que, tal y como están ahora las cosas, parece el más imperioso de todos los problemas que la civilización debe enfrentar. El problema es éste: ¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra? (Freud, 1933, p. 183).

122 Ángel González Alonso / Manuel Sánchez de Miguel / Ramón Alzate Sáez de Heredia

No podemos, por razones obvias, dirigirle ninguna carta, como lo hizo Einstein, pero lo que si podemos hacer es volver una vez más nuestra mirada sobre sus escritos, sus cartas, sus opiniones y, hasta donde sea posible sus actitudes, para intentar entender su posición ante la guerra. Sigmund Freud (1856-1939), conoció de cerca la guerra y sus consecuencias cuando contaba tan sólo diez años. (Guerra Austro-Prusiana). Cuando tenía 23 años, en el verano de 1879, fue llamado a realizar su servicio militar en condiciones no muy exigentes, manifestando su aburrimiento, hastío y repulsión. Se ausentó, incumpliendo el Reglamento, varias veces e incluso en alguna ocasión fue arrestado, como el día de su 24 cumpleaños. Por otra parte, para entretenerse y perder el tiempo lo menos posible se dedicó durante el período de servicio militar a la traducción de la obra de John Stuart Mill. Cuando estalló la I Guerra Mundial (1914-1919) Sigmund Freud no sostuvo, inicial- mente, una posición en contra. Tenía entonces cincuenta y ocho años. Según E. Jones (1989, p. 184) reaccionó de manera «entusiasta». Nuestra impresión por sus cartas y comentarios es que le preocupaba la guerra, el desenlace de la misma y, claro está, la suerte de sus familiares, sus condiciones de vida y también el porvenir del movimiento psicoanalítico, que si bien re- sultó en muchos aspectos notablemente perjudicado, también propició que algunos analistas movilizados a los hospitales de campaña pudieran dar a conocer los beneficios de la terapia psicoanalítica. Para exponer nuestra visión de la posición de Freud, vamos a mostrar algunas de sus cartas antes de pasar a las consideraciones explícitas de Freud sobre la guerra. El 28 de junio de 1914 le escribía a Sándor Ferenczi: «Estoy escribiendo aún bajo la impresión del impacto del increíble asesinato de Sarajevo, cuyas consecuencias son imprevisibles». El 26 de julio de 1914 con motivo del ataque austro-húngaro a Servia, Freud escribe a Abraham una carta en la que muestra más interés por la causa del psicoanálisis que por la de la guerra y en la que da la impresión de que no se hace una idea clara de lo que podía ocurrir:

Naturalmente es imposible prever si las condiciones nos permitirán celebrar el Congreso. Si la guerra sigue localizada en los Balcanes, todo irá bien. Pero los rusos son imprevisibles... A pesar de todo, por primera vez en treinta años me siento austriaco y con deseos de ofrecer a este imperio, no demasiado prometedor, otra oportunidad. En todas partes la moral es excelente. Además el efecto liberador de acciones valerosas y el seguro apoyo de Alemania contribuyen a ello en gran medida... Toda mi libido pertenece a Austria-Hungria.

Los ánimos patrióticos y militaristas de los que Jones (1989, p.34) por cartas como la anterior acusó a Freud, da la impresión de que duraron muy poco. El 28 de Diciembre de 1914 en una carta al escritor y psicopatólogo holandés Frederik Van Eeden, Freud ya analizaba la guerra bajo el prisma de sus conocimientos psicoanalíticos. Entre otras cosas, decía:

...Si usted observa ahora lo que ocurre en esta guerra –las crueldades e injusticias de que son responsables las naciones más civilizadas, la forma distinta en que juzgan sus propias mentiras y crímenes y los de sus enemigos y la falta de comprensión general que predomina- tendrá que admitir que el psicoanálisis ha estado acertado en ambas tesis...

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entre ellos». En el mismo artículo se ocupa también del Poder y dirige sus críticas contra los estados y sus gobiernos y los hace responsables de la situación. Denuncia su doble moral, o moral hipócrita en dos direcciones: la primera, entre el estado y el individuo.

Los ciudadanos pueden comprobar en la guerra algo que sólo vislumbran en la paz; comprueban que el estado prohíbe la injusticia al individuo, no porque quiera abolirla sino porque pretende monopolizarla. El estado combatiente se permite todas las injusticias y violencias que deshon- rarían al individuo.

Habíamos escrito que se ocupa del Poder, estaría mejor dicho, del monopolio del Poder.La segunda dirección de la moral hipócrita se refiere a los enemigos, con los que utiliza: «La men- tira a sabiendas y el engaño consciente. Se desliga de todas las garantías y convenios que había concertado y manifiesta su poderío y su sed de codicia». Apenado, escribe en su Autobiografía (1925):

Así, cuando años después, y durante la guerra europea, fue acusada Alemania de barbarie por sus enemigos, hubo de serme muy doloroso no hallar en mi propia experiencia razones que me impulsaran a contradecir tal acusación.

Alude también a la propaganda que: «Incapacita a los individuos con un exceso de ocultación de la verdad y una censura que los deja indefensos y sometidos». Sabía bien Freud y así lo afirmaba, que la primera víctima de la guerra es la verdad. La ciencia es también objeto de sus críticas al perder, en palabras suyas, su «imparcialidad desapasionada». Considera incluso que:

Los mejores cerebros se muestran cerrados e impermeables a los más vigorosos argumentos y manifiestan también una credulidad, exenta de toda crítica, para las afirmaciones más discutibles. Tratan de extraer de la ciencia armas con las que combatir al enemigo.

Podemos afirmar que a partir de 1920, con la publicación de: «Más allá del principio del placer», donde postula las pulsiones destructivas, Freud va a explicar cualquier tipo de agresión, guerras incluidas, en función de las mismas. Freud propuso su segunda teoría sobre las pulsiones en el libro «Más allá del principio del placer» (1920), después de que con el des- cubrimiento del narcisismo la anterior teoría pulsional, en la que oponía las pulsiones sexuales y las de autoconservación o del Yo, quedara invalidada. El problema que se le presentó fue la imposibilidad de explicar los comportamientos agresivo-destructivos del ser humano. Para resolver el problema Freud opuso a las pulsiones de Vida, producto de la integración de las sexuales y de autoconservación o del Yo, las pulsiones de Muerte.

Partimos más bien de una decidida separación entre instintos del yo e instintos de muerte, e instintos sexuales o instintos de vida. Nos hallábamos dispuestos a contar entre los instintos de muerte a los supuestos instintos de conservación, cosa que después rectificamos. Nuestra concepción era dualista desde un principio y lo es ahora aún más desde que denominamos la antítesis, no ya instintos del yo e instintos sexuales, sino instintos de vida e instintos de muerte. (1920, p. 2535).

Como vemos Freud plantea dos tipos de pulsiones, de Vida y de Muerte, antagónicas, si bien, pueden coaligarse.

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La pulsión de autoconservación es sin duda de naturaleza erótica, pero justamente ella necesita disponer de la agresión para conseguir su propósito. (1933, p. 3212).

Refiriéndose a la agresión escribe:

En condiciones que le sean favorables, cuando desaparecen las fuerzas psíquicas antagónicas que por lo general la inhiben, también puede manifestarse espontáneamente, desenmascarando al hombre como una bestia salvaje que no conoce el menor respeto por los seres de su propia especie. Quien recuerde los horrores de las grandes migraciones, de las irrupciones de los hunos, de los mogoles bajo Gengis Khan y Tamerlán, de la conquista de Jerusalén por los píos cruzados y aun las crueldades de la última guerra mundial, tendrá que inclinarse humildemente ante la realidad de esta concepción. (1930, p. 3046).

Retomará Freud el tema tres años después, a instancias de Einstein ya que éste le escogió como interlocutor.

Sería –escribe Einstein- para todos nosotros un gran servicio que usted expusiese el problema de la paz mundial a la luz de sus descubrimientos más recientes porque esa exposición podría muy bien marcar el camino para nuevos y fructíferos modos de acción (30/VII/1932).

A pesar de que no le entusiasmó la tarea remitió a Einstein una extensa carta que ha sido titulada en sus obras completas «El porqué de la guerra» (edición 1973) y también «¿Por qué la guerra?» (edición 1979). En ella reitera alguno de los planteamientos anteriores, tanto del artículo de 1915, «Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte», como de «El porvenir de una ilusión» (1927) y de «El malestar en la cultura» (1930). Freud va a apoyar sus opiniones en su segunda teoría de las pulsiones: pulsiones eróticas versus pulsiones destructivas, en la concepción de la cultura como proceso, desarrollado en «Totem y Tabú» (Freud, 1913), en sus estudios sobre la represión y en el mecanismo de la sublimación. Para Freud la guerra es un fracaso en el desarrollo de la civilización, por cuanto entiende que la sociedad reposa sobre un crimen colectivo (parricidio del macho dominante poseedor del poder de la horda) que deriva en la prohibición de matar, incluso a los enemigos, como consecuencia del desarrollo cultural. Además supone una regresión, en el más puro sentido psicoanalítico y, en todos sus órdenes; tópico, temporal y formal. En el orden tópico supone una irrupción de lo irracional sin prácticamente ningún tipo de controles. Todos sabemos que en la guerra el fin justifica los medios y que nos guiamos por la moral de que todo vale y todo está permitido. En el orden temporal, visto desde el desarrollo de la civilización y sus distintas etapas, supone una regresión de los valores de la civilización a los de la barbarie. En el orden formal, adoptamos comportamientos más primitivos. Somos menos capaces de matizar, desde el punto de vista intelectual, también más influenciables y sugestionables, menos diferenciados de las opiniones dominantes... más gregarios, en suma. No extraña que todo esto indigne a cualquier individuo civilizado y Freud lo era. Lo diremos como se lo dice él a Albert Einstein:

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Creo que la causa principal por la que nos alzamos contra la guerra es la de que no podemos hacer otra cosa. Somos pacifistas porque por razones orgánicas debemos serlo (1933, p. 3214) –y, más adelante– «La guerra contradice de la manera más flagrante las actitudes psíquicas que nos impone el proceso cultural, y por eso nos vemos precisados a sublevarnos contra ella, lisa y llanamente no la soportamos más. La nuestra no es una mera repulsa intelectual y afectiva, es en nosotros los pacifistas, una intolerancia constitucional, una idiosincrasia extrema, por así decir y hasta parece que las demandas estéticas de la guerra no cuentan mucho menos para nuestra repulsa que sus crueldades. (1933, p. 198).

Por ello, aunque sin demasiadas dosis de esperanza, propuso algunas acciones encami- nadas, si no a impedir definitivamente las guerras, a generar las condiciones para dificultar sus estallidos. Propuso medidas que contribuyen a lo que hoy denominamos «Educación para la Paz». La más reiterada: la educación, el fortalecimiento del conocimiento. Un conocimiento no idealizado, sino real de nosotros mismos, los seres humanos, con nuestros ideales y nuestras pasiones. Eso facilitaría el triunfo de Eros, deseo que manifiesta Freud en el último párrafo de «El malestar en la cultura». Allí, apoyándose en su teoría pulsional, apela a Eros, antagonista de las pulsiones de destrucción. Y, también en la carta a Albert Einstein propone que: «Todo lo que establezca vínculos afectivos entre los hombres debe actuar contra la guerra» (1933, p.

  1. y «Todo lo que impulse la evolución cultural obra contra la guerra» (1933, p. 3215). Amor y Conocimiento, Eros y Logos, son las propuestas de Freud.

Bibliografía

GAY, P. (1990): Freud. Una vida de nuestro tiempo. Buenos Aires, Paidós. FREUD. S. (1913): Tótem y Tabú. Buenos Aires, Hispanoamérica. — (1915): Lo perecedero. Vol. II (edición 1973). Madrid, Biblioteca Nueva. — (1915): Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte. Vol. II (edición 1973). Madrid, Biblioteca Nueva. — (1920): Más allá del principio del Placer. Vol. II (edición 1973). Madrid, Biblioteca Nueva. — (1925): Autobiografía. Vol. III (edición 1973). Madrid, Biblioteca Nueva. — (1930): El malestar en la cultura. Vol. III (edición 1973). Madrid, Biblioteca Nueva.. — (1933): El por qué de la guerra. Vol. III (edición 1973). Madrid, Biblioteca Nueva. — (1933): ¿Por qué la guerra? Vol. XXII (edición 1979). Buenos Aires, Amorrortu. FERENCZI, S. (1919): Psicoanálisis de las neurosis de guerra. T. III (edición 1981). Madrid, Espasa-Calpe. JONES, E. (1989): Vida y Obra de Sigmund Freud. Vol. 1. Buenos Aires, Horme. SCHUR, M (1980): Sigmund Freud. Enfermedad y muerte en su vida y en su obra. Vol. 2. Buenos Aires, Paidós. ZWEIG, S. (2003): El mundo de ayer. Barcelona, El Acantilado.