Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


Funciones psicofisiologia, Esquemas y mapas conceptuales de Psicobiología

Psicofisiologia tercer semestre

Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

2022/2023

Subido el 18/04/2023

claudia-gonzales-14
claudia-gonzales-14 🇨🇴

4 documentos

1 / 6

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
neurociencia
El descanso nocturno ejerce una influencia profunda
en los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino
Robert Stickgold
VITALES
FUNCIONES
LAS
DEL SUEÑO
«¿Es de verdad necesario dormir?» En mis viajes por todo
el mundo para hablar del sueño, me han formulado esta pregunta infinidad
de veces. Y mi respuesta es siempre la misma: sí, todos precisamos dormir.
A semejanza del hambre, la sed o la libido, el sueño es una necesidad fisio-
lógica. Pero la razón exacta por la que pasamos un tercio de la vida sumidos
en la inconsciencia ha representado un misterio desde hace mucho tiempo.
A la vez que reconocía nuestras lagunas de conocimiento, Allan Rechtschaffen, uno de los investi-
gadores del sueño más prominentes del mundo, afirmó en 1978: «Si el sueño no sirviera a una función
absolutamente vital, sería el mayor error cometido jamás por la evolución». En los años noventa,
J. Allan Hobson, otro prestigioso especialista en la materia, comentaba con ironía que la única función
conocida del sueño era curar la somnolencia.
Las investigaciones en estos veinte años han comenzado por fin a ofrecer una explicación parcial
de la razón de ser del sueño. Si algo está claro es que no responde a una sola finalidad. Parece que se
necesita para el funcionamiento óptimo de numerosos procesos biológicos. Influye en la actividad del
sistema inmunitario, el correcto equilibrio hormonal, la salud mental y emocional, el aprendizaje y la
memoria, y también en la eliminación de toxinas del cerebro. Sin embargo, ninguna de tales funcio-
nes falla por completo si no se duerme. En general, el sueño parece mejorar el rendimiento de esos
sistemas sin ser absolutamente necesario. Pero, aun así, cualquiera que sufra insomnio durante meses
acabará muriendo.
38 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, diciembre 2015
pf3
pf4
pf5

Vista previa parcial del texto

¡Descarga Funciones psicofisiologia y más Esquemas y mapas conceptuales en PDF de Psicobiología solo en Docsity!

n e u r o c i e n c i a

El descanso nocturno ejerce una influencia profunda

en los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino

Robert Stickgold

VITALES

FUNCIONES

LAS

DEL SUEÑO

«¿Es de verdad necesario dormir?» En mis viajes por todo

el mundo para hablar del sueño, me han formulado esta pregunta infinidad

de veces. Y mi respuesta es siempre la misma: sí, todos precisamos dormir.

A semejanza del hambre, la sed o la libido, el sueño es una necesidad fisio-

lógica. Pero la razón exacta por la que pasamos un tercio de la vida sumidos

en la inconsciencia ha representado un misterio desde hace mucho tiempo.

A la vez que reconocía nuestras lagunas de conocimiento, Allan Rechtschaffen, uno de los investi- gadores del sueño más prominentes del mundo, afirmó en 1978: «Si el sueño no sirviera a una función absolutamente vital, sería el mayor error cometido jamás por la evolución». En los años noventa, J. Allan Hobson, otro prestigioso especialista en la materia, comentaba con ironía que la única función conocida del sueño era curar la somnolencia. Las investigaciones en estos veinte años han comenzado por fin a ofrecer una explicación parcial de la razón de ser del sueño. Si algo está claro es que no responde a una sola finalidad. Parece que se necesita para el funcionamiento óptimo de numerosos procesos biológicos. Influye en la actividad del sistema inmunitario, el correcto equilibrio hormonal, la salud mental y emocional, el aprendizaje y la memoria, y también en la eliminación de toxinas del cerebro. Sin embargo, ninguna de tales funcio- nes falla por completo si no se duerme. En general, el sueño parece mejorar el rendimiento de esos sistemas sin ser absolutamente necesario. Pero, aun así, cualquiera que sufra insomnio durante meses acabará muriendo.

38 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, diciembre 2015

Diciembre 2015, InvestigacionyCiencia.es 39

maria corte maidagan

Diciembre 2015, InvestigacionyCiencia.es 41

bryan christie

semana de la primera dosis de la vacuna con el grado de protec- ción conferido por los anticuerpos a partir de la segunda dosis, los investigadores demostraron que los niveles de anticuerpos aumentaban un 56 por ciento con cada hora más de sueño. Seis meses después de la última dosis, los que en promedio habían dormido menos de seis horas diarias durante la semana de la primera dosis vacunal eran siete veces más propensos a presen- tar valores tan bajos de anticuerpos en la sangre que no se les podía considerar inmunizados contra futuras infecciones del virus de la hepatitis B. Una prueba excelente de la alteración de la función endo- crina procede de una serie de ensayos llevados a cabo por Ka- rine Spiegel, que trabajaba a la sazón con Eve Van Cauter en la Universidad de Chicago. En uno de tales experimentos, se permitió a 11 varones jóvenes sanos que durmieran solo cuatro horas cada noche. Al cabo de cinco noches, su capacidad para extraer la glucosa de la sangre (proceso controlado por la hormona insulina) había disminuido un 40 por ciento. En otro es- tudio, el equipo de Spiegel restringió el sueño de forma similar a 12 hombres durante dos noches. Las concentraciones de grelina (hormona estimu- ladora del apetito) en la sangre de los voluntarios habían aumentado un 28 por ciento. Al mismo tiempo, los valores de otra hormona, la leptina, habían descendido un 18 por ciento; la leptina inhibe el hambre al indicar al encéfalo que ya no es necesario comer. No sorprende, pues, que los privados de sueño refirieran un incremento medio del apetito del 23 por ciento. Tomados en conjunto, esos estudios fisiológi- cos sugieren que el insomnio podría favorecer la ganancia de peso, hipótesis que ahora sustenta por lo menos otro medio centenar de investiga- ciones. En varias de ellas, los niños de entre 6 y 9 años que habían dormido menos de diez horas tenían entre una y dos veces y media más po- sibilidades de sufrir obesidad, y los estudios en adultos indican un aumento del 50 por ciento de esta entre los participantes que duermen menos de seis horas. La investigación también pone de manifiesto una relación entre la restricción del sueño y el desarrollo de la diabetes de tipo 2.

BomBa de negatIvIdad A pesar de los notables efectos del insomnio en las funciones del sistema inmunitario y endocri- no, seguramente el mayor impacto se aprecia en el encéfalo. En 2006 emprendí un estudio con Matthew P. Walker, ahora en la Universidad de California en Berkeley, en el que analizamos la repercusión de una sola noche sin dormir en la memoria emocional. A 26 personas (la mitad pri- vadas de sueño en la víspera) se les mostraron palabras positivas, negativas y neutras (del tipo, «tranquilidad», «tristeza» o «sauce») y se les pi- dió que valoraran su emotividad. Después, tras dos noches de sueño reparador, se les sometió a una prueba de memoria sin previo aviso. Comparadas con las personas que habían dormido como de costumbre, las privadas de sueño antes de ver las palabras por primera vez

mostraron un deterioro del 40 por ciento en la capacidad para recordarlas. Pero lo más sorprendente fue el impacto relativo del insomnio en las tres categorías de palabras. El reconocimiento de las positivas y neutras se redujo a la mitad en los que habían permanecido en vilo. En cambio, su capacidad para rememorar las negativas solo se deterioró un 20 por ciento. Los que durmie- ron con normalidad recordaban más o menos igual los vocablos positivos y negativos, pero algo menos los neutros. Dicho de otro modo, el recuerdo de las palabras negativas parecía ser como mínimo dos veces más vívido que el de los vocablos positivos y neutros en los voluntarios obligados a permanecer insomnes. Ese resultado apunta a la espantosa posibilidad de que, si no se duerme, uno acabe recordando mucho más los sucesos negativos que los positivos, generando con ello una memoria sesgada, y seguramente deprimente, de la vida cotidiana. De

h a l l a z g o s

sistema nervioso central No dormir afecta negativamente a las funciones cerebrales como la memoria, las emociones y la regu- lación del apetito.

sistema inmunitario Si no se duerme lo suficiente, el sistema inmunitario no puede combatir con eficacia las enfermedades.

sistema endocrino La falta de sueño disminuye la sen- sibilidad del cuerpo a la insu- lina, hormona pro- ducida por el pán- creas ( amarillo ). Esta alteración aumenta el riesgo de obesidad.

Qué nos pasa si no dormimos

Los estudios han revelado las múltiples formas en que la privación del sueño afecta a la salud física y mental. Algunos de los efectos mejor estudiados y más relevantes se exponen a continuación.

42 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, diciembre 2015

hecho, en los últimos 25 años varios estudios han llegado a la conclusión de que no dormir bien, en ciertas circunstancias, provoca una depresión lo bastante grave para ser diagnosticada como depresión mayor y tal vez contribuya a otros trastornos psiquiátricos. Las pruebas acerca del vínculo causal del insomnio con la depresión han aumentado en los últimos años y proceden sobre todo de los estudios sobre la apnea del sueño, un trastorno en el que el flujo de aire que penetra en los pulmones queda interrum- pido durante el sueño. La apnea puede provocar ronquidos, jadeos y otras alteraciones de la respiración. Cada vez que una persona apneica cesa de respirar unos segundos, se despierta un momento para tomar aliento. Como consecuencia, los afec- tados graves pueden despertarse cada minuto o dos durante toda la noche. Un estudio de 2012 a cargo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. halló que los hombres y las mujeres diagnosticados de apnea del sueño presentaban 2,4 y 5,2 veces más posibilidades, respectivamente, de sufrir depresión mayor que las personas que gozaban de un buen descanso nocturno. Por supuesto, hallar una correlación entre ambos trastornos no equivale a demostrar que uno sea la causa del otro. Pero un análisis reciente de 19 estudios constató que el tratamiento de la apnea del sueño con respiradores de presión positiva continua (PPC), que restauran la respiración y el sueño normales, redu- ce notablemente los síntomas depresivos. Además, uno de los ensayos, que casualmente había incluido de partida un mayor porcentaje de pacientes deprimidos que los demás, cuantificó la reducción de los síntomas depresivos en un 26 por ciento entre los usuarios de esos aparatos. Tales resultados siguen sin demostrar de manera concluyente que el sueño irregular cause depresión, como tampoco se compa- ró el efecto del tratamiento con el respirador de PPC respecto al de los antidepresivos. Pero no hay duda de que merece la pena seguir investigando la cuestión con detenimiento. De modo simi- lar, un estudio de 2007 comprobó que el tratamiento de la apnea en niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad propiciaba un descenso del 36 por ciento en la valoración del cuadro de hiperactividad, una reducción sensiblemente mayor que el 24 por ciento logrado por los medicamentos habituales para el trastorno.

recuerdos futuros Si bien se desconoce el mecanismo fisiológico por el que el sueño influye en la salud mental, se sospecha que en ello tiene mucho que ver la transformación de las vivencias diarias en recuerdos. Las últimas dos décadas han presenciado un aluvión de des- cubrimientos que demuestran la implicación del sueño en el procesamiento de los recuerdos, sea cual sea el estado anímico. Se ha comprobado así que dormir después de actividades de aprendizaje facilita la estabilización, la consolidación, la inte- gración y el análisis selectivo de los nuevos recuerdos. El sueño controla de este modo lo que recordamos y cómo lo recordamos. A caballo de los siglos xix y xx, se consideraba que los re- cuerdos eran endebles hasta que no experimentaban un proceso de consolidación que los convertía en estables para el resto de la vida. Investigaciones posteriores han demostrado que los re- cuerdos conservan la capacidad de cambiar aun después de que el cerebro los haya adquirido y consolidado. De hecho, la reac- tivación de un recuerdo puede devolverlo a su estado inestable mucho tiempo después de su formación, lo cual exige su nueva consolidación; mientras permanece en ese estado de fragilidad,

puede cambiar o perderse por completo. Este hallazgo es a la vez una maldición y una bendición, en el primer caso porque la información que en su origen es exacta puede corromperse, y en el segundo porque la que es imprecisa puede ser corregida. Así pues, los investigadores han comenzado a hablar de «evolu- ción» de la memoria en lugar de consolidación, sobre todo cuan- do aluden al procesamiento de la memoria durante el sueño. La época moderna de la investigación sobre el sueño y la memoria comenzó hace apenas veinte años, cuando Avi Karni y sus colaboradores de Israel demostraron que las personas en- trenadas para una tarea de discriminación visual mejoraban los resultados después de una noche de sueño, pero solo si podían consumar la fase REM (en la que tiene lugar la mayoría de los sueños). El experimento reveló que el sueño hace algo más que estabilizar los recuerdos: frena su deterioro causado por el paso del tiempo y, además, los mejora. En el 2000, Walker entró en mi despacho esgrimiendo un artículo y predijo: «¡Esto también depende del sueño!». El tra- bajo describía una tarea en la que los participantes aprendían a repiquetear una secuencia de movimientos con los dedos, que con el tiempo cada vez era más fácil de interpretar, aun sin practicar más. Pero los autores no habían investigado si el sueño influía en ese progreso. En dos semanas, Walker tenía la respuesta. Primero constató que el sueño había mejorado su interpretación y después determinó que el progreso dependía de una fase de sueño ligero, y no del sueño REM, como en los experimentos de visión de Karni. La conclusión resultaba ineludible: el cerebro refuerza distintos tipos de memoria en diferentes fases del sueño. Investigaciones ulteriores han demostrado que no todos los tipos de memoria experimentan esa estabilización durante el sueño. En 2008, Jessica Payne, hoy en la Universidad de Notre Dame, hizo un estudio en el que mostraba a voluntarios diversas escenas con objetos aversivos, como un gato muerto en mitad de la calle. Comprobó que, después de dormir, los sujetos re- cordaban con precisión la imagen del gato muerto, pero habían olvidado el trasfondo de la escena. Lo más sorprendente era que este olvido selectivo de los detalles del entorno no sucedía cuan- do veían las imágenes por la mañana y eran evaluados por la tarde, después de permanecer despiertos todo el día. Y tampoco se producía si la imagen central no era aversiva, por ejemplo, si se veía un gato cruzando la calle. Así pues, el sueño, y no la vigilia, hacía que el cerebro de los participantes retuviera con

En los últimos 25 años,

varios estudios han llegado

a la conclusión de que no

dormir bien, en ciertas

circunstancias, provoca una

depresión lo bastante grave

para ser diagnosticada

como depresión mayor