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Psicofisiologia tercer semestre
Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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a contado el lector cuántas situaciones emocionales vive a lo largo de un mismo día? No se ha levantado y ya disfruta pensando en el café o té matinal que le espera. Se enfada, luego, si el metro se le escapa por segundos. Mira de reojo, con envidia, el vistoso teléfono móvil de otro viajero o se siente acosado por el pitbull de su vecino de asiento. Va subien- do su tensión cuando recuerda la larga lista de tareas que le aguardan en el trabajo. Para turbar más su estado de ánimo se percata que se ha olvidado del cumpleaños de su amigo, que fue ayer. Algunas emociones nos absorben por entero, otras asoman discretamente en un segundo plano. Unas son horribles, otras bellas. Pero todas van y vienen, sin que nosotros poda- mos hacer nada. O al menos así nos parece. Ni podemos especificar la razón de la presencia de un sentimiento determinado, ni solemos poder acotar lo que nos está sucediendo en realidad. Resulta obligado, pues, inquirir so- bre la naturaleza de las emociones, averiguar qué nos pasa cuando nos enamoramos o nos enfadamos, cuando lloramos de tristeza o sal- tamos de alegría.
Las emociones no recibieron la atención debida a lo largo de la historia de la filosofía, ni de la investigación científica. Antes bien, interesaba la razón y la capacidad deductiva. A las emociones se las suponía procesos de segundo nivel, “animales”, si no perturbado- res. La situación cambió en las postrimerías del siglo xix, cuando entra en escena la teoría de las emociones del psicólogo norteamerica- no William James (1842-1910) y del danés Carl Lange (1834-1900). Ambos postularon, de forma independiente, que la característica central de las emociones, es decir, nuestra vivencia sub- jetiva, dependía de procesos fisiológicos. Los sentimientos eran, en la tesis de James-Lange, las percepciones de nuestros propios estados corporales: lisa y llanamente, lo que experi- mentamos cuando nuestro cuerpo se transfor- ma en reacción ante los acontecimientos del entorno. No lloramos porque estemos tristes, sino que estamos tristes porque lloramos. Lan- ge, fisiólogo de formación, comprendió antes que nadie que las emociones eran reacciones corporales elementales, del tipo de la dilatación de los vasos sanguíneos. Sin esa vinculación, la emoción quedaría en algo etéreo y frío.
AlBERT NEwEN Y AlExANdRA ZiNCk
De las muchas
posibles
combinaciones de
las valoraciones
intelectuales,
resulta la enorme
diversidad de
nuestros estados
emocionales.
Sin embargo, la teoría de James-Lange tie- ne un punto débil: nuestro estado corporal persiste invariable pese a experimentar sen- timientos dispares. Estos se hallan asocia- dos frecuentemente a lo que ocupa nuestra mente, si la mujer que amamos o la tarea que odiamos. Semejante observación llevó a los psicólogos a la tesis opuesta. Ahora, las emo- ciones dependían del contenido de nuestros pensamientos. Supongamos que el lector se encuentra guar- dando cola en la caja del supermercado. De re- pente, la persona que está detrás le empuja y le lanza contra la señora mayor que nuestro lector tiene delante. Aunque él no ha provo- cado el empujón, recibe la mirada indignada de la señora, con el consiguiente embarazo del lector. En su nuevo estado de desagrado inte- rior, el lector piensa incluso que habría podi- do impedir el choque si hubiese tenido más cuidado; sentirá vergüenza y se aprestará a disculparse. Stanley Schachter y Jerome Singer demos- traron en 1962, a través de un experimento hoy clásico, que los pensamientos desempe-
ñaban un papel decisivo en la formación de las emociones. Administraron a los voluntarios un cóctel de adrenalina, sin que éstos lo su- pieran, convencidos de que se trataba de una bebida vitaminada cuyo efecto debía ser inves- tigado en un test visual consecuente. La toma, sin embargo, provocó una excitación corporal en los probandos. A continuación se les llevó a una sala de espera, donde se encontraba un colaborador del investigador que se comportó de forma inestable, unas veces alegre y dicha- rachero, y otras mostrándose nervioso por la larga espera. Los probandos interpretaron su propia ex- citación corporal ora como alegría ora como enfado, según que hubiesen estado junto a una persona alegre o fastidiosa. Otros sujetos ex- perimentales, a los que se les había ilustrado sobre la dosis de adrenalina y sus efectos, no expresaron, en cambio, las emociones mencio- nadas. Parece, pues, que los estímulos internos, el conocimiento personal y la atribución de causas representan factores importantes para nuestra vivencia de los sentimientos. La doctrina que funda los eventos emociona- les en pensamientos se denomina teoría cog-
1. ORGULLOSO COMO OSCAR. Poder percibir y nombrar los propios estados emocionales es una parte importante del desarrollo infantil.
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); gehirn & geist / stefanie schmitt (
liustración
)
ras, que la expresión emocional del rostro era la misma en todas partes, cualquiera que fuera la cultura. Se discute cuántas emocio- nes básicas hay. Partimos por economía de cuatro: miedo, alegría, tristeza y enfado, que caracterizan a nuestras reacciones ante los desafíos básicos de la vida (peligro, auto- eficacia, separación y pérdida, así como las expectativas frustradas). Se encuentran en todos los pueblos. Las emociones básicas, independientes del procesamiento intelectual consciente, posibi- litan una rápida polarización de la atención. Antes incluso de que sepamos si este o aquel objeto es un palo o una serpiente, reacciona- mos. ¿Cómo? El estímulo almacenado como pe- ligroso provoca un comportamiento de huida. Sentimos miedo. Junto a estos procesos rápidos hay otra reela- boración parsimoniosa y consciente de los es- tímulos visuales. Desarrollada en la corteza cerebral, conduce a una representación exacta del objeto; la serpiente o el palo se reconocen entonces como tales. Esto produce una confir- mación o un cese de la alarma para el primer impulso inconsciente de miedo. Para nuestra fortuna, por precaución, nos hemos apartado de un salto. En los estadios siguientes, el contenido del pensamiento recibe cada vez más peso. En las emociones cognitivas primarias intervie- ne una convicción típica que caracteriza a la emoción de marras. Mientras la emoción bási- ca del miedo se produce sola, pues la situación se califica de peligrosa, la emoción cognitiva primaria agrega el convencimiento de que tales situaciones son peligrosas. Hablamos entonces de la sensación de amenaza. Tras un convencimiento consciente, viene la valo- ración minuciosa de la situación. En el caso de la emoción básica de la alegría, por ejemplo, significaría una emoción cognitiva primaria, la satisfacción; así, cuando alguien comprue- ba que un diálogo con el jefe transcurre de manera positiva y puede abrigar esperanza de un aumento de sueldo. En la emoción cognitiva secundaria no está en juego sólo una convicción, sino toda una teoría sobre las relaciones sociales. Una manifestación del miedo como emoción cog- nitiva secundaria sería, por ejemplo, los ce- los, el miedo ante la amenaza de pérdida de la pareja. Al mismo tiempo interviene una “miniteoría” sobre las expectativas y normas sociales, sobre cómo se imaginan las expec-
2. MANTENER LA SERENIDAD. El grado de diafanidad con que damos a conocer nuestra vida emocional interior depende de la cultura y de la propia personalidad.
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liustración
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tativas con la pareja o un futuro común. Esto depende de la naturaleza del trasfondo cultural y de la experiencia personal. Así, vergüenza y orgullo en la cultura occidental difieren de vergüenza y orgullo en la del ex- tremo oriente, lo mismo en los motivos que en las valoraciones de los comportamientos. En occidente cuenta más la independencia y el trabajo personales, mientras que entre los chinos son más populares la armonía mutua y la modestia. Imagínese que un niño de diez años in- terpreta con éxito una sonata para piano de Frédéric Chopin. Tras la actuación su madre le elogia con fervor, con el orgullo consiguiente del pequeño. La misma situación, en otro con- texto cultural: una madre china le indicaría a su hijo que aún debía practicar más, para evitar ciertos fallos producidos; el pequeño se sentirá avergonzado. A pesar del mismo resultado, la valoración difiere y, con ello, la reacción emocional. Hay en algunas culturas sentimientos que no conocemos: el amae de los japoneses designa un agradecimiento es- pecialmente hondo.
Las emociones no son caprichos de la natura- leza, sino que cumplen funciones de máxima significación. En primer lugar, como evaluación rápida de los estímulos ambientales para ha- cernos cargo de la situación; en segundo lugar, como preparación y para la motivación de las acciones (cuando tenemos miedo, podemos huir mejor aumentando la circulación y la tensión muscular); en tercer lugar, como for- mas típicas de expresión, que señalan a otros su disposición a la acción (si alguien nos sonríe, sabemos que la persona tiene la intención de ser amable con nosotros) y, en cuarto lugar, para el control de las relaciones sociales.
El último aspecto importa para un desenvol- vimiento adecuado de la convivencia. El amor, la envidia, los celos y otras emociones comple- jas sientan las relaciones entre las normas y las barreras, estabilizando nuestras relaciones sociales. Cuando nos sentimos atraídos hacia una persona y reflexionamos si este sentimien- to es amor, entonces comenzamos a sopesar en la vivencia emocional el comportamiento, los deseos y las convicciones de los otros y a compararlos con los propios. Las emociones complejas determinan el mar- co para la acción correcta. Mediante las emo- ciones evaluamos las situaciones, regulamos, motivamos y coordinamos los comportamien- tos. Se trata de un factor imprescindible en la vida cotidiana. Lo sabemos por experiencia, si el procesamiento emocional está perturba- do, las consecuencias resultan fatales. Hanna y Antonio Damasio y Antonio Becchara, de la Universidad de Iowa, demostraron en los años noventa que las decisiones humanas, los pla- nes a largo plazo y las consecuencias de los planes dependían del sistema emocional de evaluación. A pesar de los recuerdos, del patrimonio lingüístico intacto y de la buena inteligencia, algunos pacientes neurológicos toman deci- siones sistemáticamente erradas, incapaces de convertir conclusiones racionales en con- ductas correspondientes. Semejante tránsito requiere la evaluación emocional en el córtex prefrontal del lóbulo frontal. Los afectados to- man decisiones insensatas, pues les falta la me- moria emocional necesaria de las situaciones anteriores equiparables, que constituyen una parte importante de nuestro tesoro emocional de experiencias. Damasio propuso esa idea, ya hace años. La llamó “teoría de los marcadores somáti- cos”: todas las experiencias de un individuo
El “Analista de las emociones” ¿hasta qué punto conoce usted sus propios senti- mientos? examínese en la página web de internet de un grupo de investigadores de las emociones de la Uni- versidad de ginebra www. unige.ch/fapse/emotion/ demo/demostart.html
3. TEORIA DEL ESCALONAMIENTO. Según la evaluación intelectual nuestras emociones se dividen —comenzando por las pura- mente “agradables” frente a las “desagradables”— en rami- ficaciones cada vez más sutiles.
Taxonomía de los sentimientos
Protoemociones Bienestar Malestar
Emociones básicas
Alegría Miedo Enfado Tristeza
Emociones cognitivas primarias (ejemplos)
Buen humor Satisfacción Amenaza Angustia disgusto Frustración decepción Abatimiento
Emociones cognitivas secundarias (ejemplos)
Amor Suerte
Vergüenza Celos Envidia
Cólera desprecio luto