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Guerra 30 años, Apuntes de Geografía

Asignatura: Historia Universal, Profesor: Tod@s Tod@s, Carrera: Geografía y Gestión del Territorio, Universidad: UGR

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 01/10/2013

chemajm14
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GUERRA DE LOS 30 AÑOS
Manuel Alcayde Mengual
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Guerra de los Treinta Años
1.- Introducción.
Guerra de los Treinta Años, nombre que recibe el conjunto de los conflictos bélicos
europeos que tuvieron lugar desde 1618 hasta 1648, en los cuales participaron la mayoría de
los países de Europa occidental, y que en su mayoría se libraron en el centro de Europa.
2.- Causa de la Guerra.
La lucha tuvo suss primitivos orígenes en el profundo antagonismo religioso
engendrado por la difusión de la Reforma protestante. La animosidad religiosa, sobre todo
entre los más decididos partidarios de las facciones protestantes y católicas que estaban
enfrentadas, extendió la guerra y fue asimismo un factor decisivo en fases posteriores. Sin
embargo, según el conflicto iba ganando impulso, su carácter cambió, primando las
rivalidades dinásticas de los príncipes alemanes y la determinación de ciertas potencias
europeas, sobre todo Suecia y Francia, de frenar la supremacía del Sacro Imperio Romano
Germánico, que por entonces era, junto a la Monarquía Hispánica, el principal instrumento
político de la poderosa Casa de Habsburgo.
Los odios religiosos, que llevaban encendidos más de medio siglo, estallaron, a partir
de 1618, en la guerra de los Treinta Años. En cierto modo, esta situación se debía a la
fragilidad de la Paz de Augsburgo, un acuerdo firmado en 1555 entre el emperador Carlos V y
los príncipes luteranos alemanes. La guerra, uno de los conflictos más destructivos en la
historia europea, ha sido dividida por la historiografía en cuatro fases:
a.) Fase Palatino-Bohemia (1618-1625).
Las tensiones religiosas en los principados alemanes se vieron profundamente
agravadas durante el gobierno del emperador Rodolfo II de Habsburgo (1576-1612). En muchos
lugares de Alemania fueron destruidas las iglesias protestantes, se impusieron limitaciones a
la libertad de culto y los oficiales del Emperador convirtieron la Paz de Augsburgo en la base
de un resurgimiento general del poder católico. Con la creación en 1608 de la Unión
Evangélica (alianza defensiva de príncipes y ciudades protestantes) y un año más tarde de la
Liga Católica (organización similar formada por los católicos), se hizo inevitable la crisis. La
facción bohemia de la Unión Evangélica lanzó el primer ataque.
Ultrajados por las agresivas políticas de la jerarquía católica en Bohemia, los
protestantes, que eran mayoría dentro de la población del reino, exigieron sin éxito la
intervención de quien desde 1617 era su monarca, el ferviente católico y heredero del Sacro
Imperio, Fernando II de Habsburgo. El 23 de mayo de 1618, los protestantes de Praga
invadieron el castillo real, capturaron a dos de los funcionarios regios y les lanzaron por una
ventana. Este acto, conocido como la Defenestración de Praga, supuso el comienzo del
levantamiento nacional bohemio de carácter protestante.
Los rebeldes alcanzaron un gran éxito inicial, y la revuelta se extendió rápidamente a
otras partes del Sacro Imperio. A principios de 1619, incluso Viena, la capital imperial, se vio
amenazada por los ejércitos de la Unión Evangélica. A finales de ese año, tras deponer a
Fernando II, los rebeldes ofrecieron el trono de Bohemia a Federico V, elector del Palatinado.
A partir de ese momento, diversos sectores de la Unión Evangélica, formados principalmente
por luteranos, se retiraron de la lucha, dado que Federico V, aunque protestante como ellos,
profesaba el calvinismo. Aprovechando las disensiones protestantes en concreto, la
declaración de guerra hecha por la Sajonia luterana a Bohemia y la invasión española del
Palatinado, Fernando II, que se haa convertido en emperador en agosto de 1619,
pidamente asumió la ofensiva.
El 8 de noviembre de 1620, un ejército de la Liga Católica, a las órdenes de Jean
t'Serclaes (futuro conde de Tilly), derrotó a las tropas bohemias de Federico V en la batalla de
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GUERRA DE LOS 30 AÑOS Manuel Alcayde Mengual 1 /

Guerra de los Treinta Años

1.- Introducción. Guerra de los Treinta Años, nombre que recibe el conjunto de los conflictos bélicos europeos que tuvieron lugar desde 1618 hasta 1648, en los cuales participaron la mayoría de los países de Europa occidental, y que en su mayoría se libraron en el centro de Europa. 2.- Causa de la Guerra. La lucha tuvo sus más primitivos orígenes en el profundo antagonismo religioso engendrado por la difusión de la Reforma protestante. La animosidad religiosa, sobre todo entre los más decididos partidarios de las facciones protestantes y católicas que estaban enfrentadas, extendió la guerra y fue asimismo un factor decisivo en fases posteriores. Sin embargo, según el conflicto iba ganando impulso, su carácter cambió, primando las rivalidades dinásticas de los príncipes alemanes y la determinación de ciertas potencias europeas, sobre todo Suecia y Francia, de frenar la supremacía del Sacro Imperio Romano Germánico, que por entonces era, junto a la Monarquía Hispánica, el principal instrumento político de la poderosa Casa de Habsburgo. Los odios religiosos, que llevaban encendidos más de medio siglo, estallaron, a partir de 1618, en la guerra de los Treinta Años. En cierto modo, esta situación se debía a la fragilidad de la Paz de Augsburgo, un acuerdo firmado en 1555 entre el emperador Carlos V y los príncipes luteranos alemanes. La guerra, uno de los conflictos más destructivos en la historia europea, ha sido dividida por la historiografía en cuatro fases: a.) Fase Palatino-Bohemia ( 1618 - 1625 ). Las tensiones religiosas en los principados alemanes se vieron profundamente agravadas durante el gobierno del emperador Rodolfo II de Habsburgo (1576-1612). En muchos lugares de Alemania fueron destruidas las iglesias protestantes, se impusieron limitaciones a la libertad de culto y los oficiales del Emperador convirtieron la Paz de Augsburgo en la base de un resurgimiento general del poder católico. Con la creación en 1608 de la Unión Evangélica (alianza defensiva de príncipes y ciudades protestantes) y un año más tarde de la Liga Católica (organización similar formada por los católicos), se hizo inevitable la crisis. La facción bohemia de la Unión Evangélica lanzó el primer ataque. Ultrajados por las agresivas políticas de la jerarquía católica en Bohemia, los protestantes, que eran mayoría dentro de la población del reino, exigieron sin éxito la intervención de quien desde 1617 era su monarca, el ferviente católico y heredero del Sacro Imperio, Fernando II de Habsburgo. El 23 de mayo de 1618, los protestantes de Praga invadieron el castillo real, capturaron a dos de los funcionarios regios y les lanzaron por una ventana. Este acto, conocido como la Defenestración de Praga, supuso el comienzo del levantamiento nacional bohemio de carácter protestante. Los rebeldes alcanzaron un gran éxito inicial, y la revuelta se extendió rápidamente a otras partes del Sacro Imperio. A principios de 1619, incluso Viena, la capital imperial, se vio amenazada por los ejércitos de la Unión Evangélica. A finales de ese año, tras deponer a Fernando II, los rebeldes ofrecieron el trono de Bohemia a Federico V, elector del Palatinado. A partir de ese momento, diversos sectores de la Unión Evangélica, formados principalmente por luteranos, se retiraron de la lucha, dado que Federico V, aunque protestante como ellos, profesaba el calvinismo. Aprovechando las disensiones protestantes —en concreto, la declaración de guerra hecha por la Sajonia luterana a Bohemia— y la invasión española del Palatinado, Fernando II, que se había convertido en emperador en agosto de 1619, rápidamente asumió la ofensiva. El 8 de noviembre de 1620, un ejército de la Liga Católica, a las órdenes de Jean t'Serclaes (futuro conde de Tilly), derrotó a las tropas bohemias de Federico V en la batalla de

2 / la Montaña Blanca, que tuvo lugar cerca de Praga. Tras esta victoria se produjeron sangrientas represalias contra los protestantes de Bohemia y se prohibieron sus actividades religiosas. Aunque la Unión Evangélica se disolvió, Federico V y algunos de sus aliados continuaron la lucha en el Palatinado. Los protestantes derrotaron en abril de 1622 al ejército de T'Serclaes, en Wiesloch, pero a partir de entonces se enfrentaron a sucesivos desastres. A finales de 1624, el Palatinado, que había sido concedido un año antes, junto a la dignidad electoral, por el emperador Fernando II al duque de Baviera, Maximiliano I, retornó a manos católicas. b) Fase Danesa (1625-1629). La segunda fase de la guerra adquirió una dimensión internacional cuando varios estados protestantes alemanes solicitaron ayuda extranjera para enfrentarse al Sacro Imperio. Inglaterra, Francia y otras potencias de Europa occidental se alarmaron por la creciente fuerza de los Habsburgo, pero los dos primeros reinos (entonces aliados frente a España) se abstuvieron de intervenir de forma inmediata debido a sus dificultades internas. Sin embargo, Cristián IV, rey de Dinamarca y Noruega, sí acudió en ayuda de los protestantes alemanes movido principalmente por consideraciones no religiosas: deseaba ocupar nuevos territorios en el noroeste de Europa y acabar con el control que la Casa de Habsburgo ejercía sobre el ducado danés de Holstein. Con el apoyo de los príncipes alemanes luteranos y calvinistas, Cristián IV movilizó un gran ejército en la primavera de 1625 e invadió Sajonia. La expedición se encontró con poca resistencia hasta un año más tarde. Mientras tanto, el general bohemio Albrecht von Wallenstein, duque de Friedland, había reunido un poderoso ejército de mercenarios que había puesto al servicio del emperador Fernando II, quien hasta entonces sólo contaba con el ejército de la Liga Católica del ya conde de Tilly. Los mercenarios de Wallenstein lograron su primera victoria en Dessau (Sajonia), en abril de 1626. El 27 de agosto de ese año, el conde de Tilly derrotó al cuerpo principal del ejército de Cristián IV, en la también localidad sajona de Lutter am Berenberge. Después, los ejércitos imperiales invadieron todo el norte del actual territorio alemán, devastando a su paso numerosas ciudades y pueblos. Con Wallenstein persiguiéndole, Cristián IV retrocedió en 1627 hasta la península de Jutlandia. La victoria total de la causa imperial en esta fase bélica se produjo el 6 de marzo de 1629, cuando Fernando II promulgó el Edicto de Restitución, documento que anulaba todos los títulos protestantes sobre las propiedades católicas expropiadas desde 1552. El 22 de mayo de 1629, el rey Cristián IV aceptó la Paz de Lübeck, que le privaba de pequeños territorios en Alemania. c) Fase Sueca (1630-1635). Las victorias del emperador Fernando II durante la segunda fase de la guerra agudizaron el sentimiento francés contrario a la política exterior de los Habsburgo. Armand Jean du Plessis, cardenal de Richelieu y primer ministro del rey de Francia, Luis XIII, personificó esa actitud opuesta a la dinastía imperial. Debido a las periódicas crisis internas que sufría su país, el cardenal de Richelieu no pudo intervenir directamente en Alemania, pero se lo propuso al monarca sueco Gustavo II Adolfo, que era luterano y ya había recibido peticiones de los protestantes del norte alemán. Debido a esta circunstancia, así como a la promesa de apoyo francés y las ambiciones suecas de adquirir la hegemonía en la región báltica, Gustavo II Adolfo entró en el conflicto. En el verano de 1630 desembarcó con un ejército bien adiestrado en la costa de Pomerania, en el mar Báltico. Los dirigentes de este territorio, así como los de Brandeburgo y Sajonia, vacilaron sobre su participación en la campaña sueca, retrasando gravemente su inicio. Mientras tanto, el conde de Tilly, que había recibido el mando del ejército de Wallenstein, sitiaba la ciudad sajona de Magdeburgo, por entonces en plena insurrección contra el Sacro Imperio. Los ejércitos imperiales tomaron y saquearon Magdeburgo el 20 de mayo de 1631 y mataron a un elevado número de protestantes. Gran parte de la ciudad fue destruida por el fuego, que se extendió en tanto se producían la lucha y el pillaje.

4 / las tropas francesas sufrieron una gran derrota en Tuttlingen, pero esa fue la última victoria de los Habsburgo en la guerra. Los ejércitos combinados del duque d’Enghien y del vizconde de Turena vapulearon a un ejército bávaro en Friburgo de Brisgovia (región de la Selva Negra) en agosto de 1644, y el 3 de agosto de 1645 hicieron lo propio con un ejército formado por austriacos y bávaros, cerca de Nördlingen. Representantes del Sacro Imperio y de la coalición enfrentada a la Casa de Habsburgo iniciaron en 1645 las negociaciones de paz en las ciudades alemanas de Münster y Osnabrück, ambas enclavadas en la región de Westfalia, pero las conversaciones (que ante todo estaban motivadas por las penurias de la población, harta de las dificultades acarreadas por la contienda) fueron infructuosas durante un prolongado periodo de tiempo. Sin embargo, cuando Baviera central fue invadida, su duque Maximiliano I firmó, el 14 de marzo de 1647, la Tregua de Ulm con Suecia y Francia. A pesar de estos y otros reveses, el emperador Fernando III de Habsburgo (que en 1637 había sucedido a su padre, Fernando II) se negó a capitular. Los combates esporádicos prosiguieron en Alemania, Luxemburgo, los Países Bajos, Italia y España durante el resto de

  1. En otoño de ese año, el duque Maximiliano I volvió a la guerra al lado del Sacro Imperio, pero otro ejército formado por bávaros y austriacos fue vencido en mayo de 1648. Esta derrota, junto con el asedio sueco a la ciudad de Praga, el sitio franco-sueco de Munich y una importante victoria francesa obtenida el 20 de agosto en Lens (norte de Francia), obligaron a Fernando III, que también se enfrentaba a la amenaza de un posible ataque a Viena, a acceder a las condiciones de paz de los vencedores. 3.- Paz de Westfalia. La Paz de Westfalia influyó sustancialmente en la historia posterior de Europa. El conjunto de pactos signados en la región alemana de Westfalia en 1648 estuvo formado por dos acuerdos que han pasado a ser conocidos cada uno de ellos bajo el nombre de Tratado de Münster, firmados respectivamente el 30 de enero y el 24 de octubre, así como un tercero que recibió su rubrica en la última fecha señalada y en la también ciudad westfaliana de Osnabrück. El primero de los pactos, que fue acordado entre la Monarquía Hispánica y las

5 / Provincias Unidas (los territorios de los Países Bajos independizados de España), puso fin al contencioso bélico conocido como guerra de los Países Bajos, insertado a su vez en el contexto general de la guerra de los Treinta Años. Por su parte, el segundo Tratado de Münster rubricó la paz entre Francia y el Sacro Imperio, el mismo día que los representantes imperiales firmaban en Osnabrück con sus hasta entonces rivales suecos y protestantes el acuerdo que completaba la llamada Paz de Westfalia. Además de convertir a Suiza y a las Provincias Unidas en estados independientes, todos estos tratados debilitaron gravemente al Sacro Imperio y a los Habsburgo, supusieron el surgimiento de Francia como principal potencia del continente europeo y retrasaron la unificación política de los estados alemanes. Las consecuencias económicas, sociales y culturales de la guerra de los Treinta Años fueron muchas, siendo los territorios alemanes las víctimas principales. Las estimaciones actuales sugieren que la población total del Sacro Imperio disminuyó entre un 15 y un 20%. Las zonas rurales, a diferencia de las ciudades fortificadas, fueron las que más sufrieron. Salvo en las ciudades portuarias, como Hamburgo y Bremen, la actividad económica decayó en todos los estados alemanes. La incertidumbre, el miedo, el caos y la brutalidad marcaron la vida diaria y permanecieron en la memoria colectiva alemana durante siglos. Aunque la Paz de Westfalia marcó el final de la guerra de los Treinta Años como conflicto europeo generalizado, el enfrentamiento entre Francia y España, iniciado en 1635 y agudizado desde 1640, año en que Francia alentó la rebelión de Cataluña contra la Monarquía Hispánica, no finalizó hasta 1659, cuando ambos países firmaron la Paz de los Pirineos.