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Fina Fanjul es de Gijón, ama de casa, abuela. También es una defensora de los animales. El pasado noviembre fue con otro centenar de personas a Medinaceli, Soria, para protestar por el Toro Júbilo. Hay Toros de Fuego en muchos sitios, pero el más famoso es el Toro Júbilo. Estas fiestas repugnantes consisten en atar a los cuernos del animal un artilugio de hierro con unas bolas de líquido inflamable que arden como antorchas durante horas. El toro es untado de barro para protegerlo, pero el barro se seca y se cae, y las innumerables chispas les queman la cara, los ojos y el lomo. Además, los cuernos, que son tan sensibles como nuestros dientes, producen también un atroz sufrimiento al recalentarse. El toro, aterrado, intenta inútilmente escapar del fuego; a veces se disloca el cuello o se desnuca en sus agónicos esfuerzos por huir de la hoguera; alguno se ha llegado a suicidar topando contra un muro. El año pasado, sólo un pequeño puñado de 15 o 20 personas consiguieron entrar en el cercado y aferrarse al poste central antes de que ataran allí al pobre toro. Hay un vídeo en YouTube (busca “activistas intentan detener el Toro de Júbilo 2014”) que muestra el increíble coraje de esa gente pacífica que se atreve a plantarse delante de semejante horda de energúmenos: les insultan, les pegan. Ya digo que, como prueba el vídeo, fueron muy pocos los que entraron al ruedo; nuestra abuela Fina no lo logró. Pero de todas formas, ella y los demás, casi un centenar, acaban de ser multados con 300 euros. ¿Soy la única persona a la que escandaliza que se proteja a los torturadores y se persiga a la gente civilizada? Por cierto: un fuerte aplauso para Algemesí, que acaba de votar no volver a matar a las vaquillas de sus fiestas. Quizá haya todavía alguna esperanza. Rosa Montero, 07/04/
Comentario Crítico
El debate sobre la defensa o no de la fiesta de los toros en todas sus modalidades es lo que se cuestiona en este texto periodístico titulado “ euros” de la columnista Rosa Montero. Está recogido en el periódico generalista de ámbito estatal, El País, define su línea editorial como un periódico progresista. Es posible clasificarlo dentro del subgénero de opinión, en este caso, columna si tenemos en cuenta que Montero es columnista habitual de ese diario. Es expositivo-argumentativo, tipología textual utilizada en la mayoría de los textos de esta índole. Plantea un tema, aporta información objetiva y se posiciona respecto a unos hechos, en este caso predomina la visión personal y un estilo propio muy marcado, por ejemplo mediante la organización en un solo párrafo que utiliza en sus columnas la periodista.
En cuanto a las funciones del lenguaje, es posible citar la representativa, presente a lo largo de todo el texto, ya que la autora proporciona los necesarios datos objetivos y reales sobre sobre los que descansa su argumentación: acerca de la defensora de animales Fina Fanjul, los relativos al Toro Júbilo y la manera en que se desarrollan los actos con toros de fuego, la acción que llevó a cabo un grupo de activistas el año pasado y sus repercusiones, etc. Otra de las funciones empleadas es la
expresiva, puesto que se hace uso de un grado de subjetividad considerable, propio de la columnista. Montero interviene en su argumentación a través de la primera persona del singular (“Ya digo”, “¿Soy la única…”?, y su opinión queda también de manifiesto a través del uso de términos con valor connotativo (“repugnantes”, “atroz” , ”aterrado”, “agónicos”, etc.). Asimismo, por el interés comunicativo y divulgativo del texto, y la propia tipología, también se encuentra en esta columna la función apelativa. Es relevante el empleo de la primera persona del plural , con la que se trata de captar la atención del lector para hacerlo partícipe del tema tratado (“nuestros dientes”, “nuestra abuela Fina”); una apelación explicita al lector, con la que se le insta a tomar acción: “busca”; y la interrogación retórica “¿Soy la única persona a la que escandaliza que se proteja a los torturadores y se persiga a la gente civilizada?”. Esta última interrogación permite, además hablar de la función poética, que se aprecia, por parte, mediante la presencia de otros recursos estilísticos: el símil o comparación (“arden como antorchas”, “son tan sensibles como nuestros dientes”), la metáfora al definir al grupo de activistas que consiguió entrar en el ruedo como un “puñado”, y la ironía al final del texto (“un fuerte aplauso para Algemesí, que acaba de votar no volver a matar a las vaquillas de sus fiestas”), con la que se percibe un sarcasmo, pues aunque de verdad la autora celebre dicha decisión, el tono en que la oración está formulada deja entrever que considera que ha sido tardía y, dada la postura que se deriva de su texto, no parece probable que “aplauda” las poblaciones con tradiciones taurinas, como es el caso de Algemesí.
Rosa Montero muestra una intención subjetiva a través de los elemento comunicativos. Los signos de puntuación que se pueden citar son los paréntesis y las comillas: “(busca “activistas intentan detener el Toro de Júbilo 2014”)”, aunque no son el mejor ejemplo de este propósito de la autora. Su actitud subjetiva sí queda de manifiesto con el nutrido léxico valorativo del que hace uso: “pobre”, “increíble”, “horda”, “energúmenos”, “escandaliza”, “torturadores”... La modalidad oracional predominante es la enunciativa afirmativa (“Fina Fangul es de Gijón”, “Hay Toros de Fuego en muchos sitios”, “El toro es untado de barro”, “fueron muy pocos los que entraron al ruedo”, etc.), pero también está presente la dubitativa (“Quizá haya todavía alguna esperanza”), y la interrogativa y la exhortativa mediante la interrogación y la apelación previamente mencionadas, respectivamente. Por último, es importante tener en cuenta las figuras retóricas que han sido citadas con anterioridad. Con todo ello, se confirma el grado de subjetividad del texto.
El eje temático de la columna gira en torno a la tauromaquia, más en concreto a los incidentes ocurridos el pasado año en la celebración del “Toro Júbilo” en Medinaceli. Durante el transcurso de la misma, un grupo de activistas protestó en contra de este tipo de actos que fomentan el maltrato animal al producir graves daños en los toros a causa del fuego, aunque sólo un reducido número consiguió entrar en la plaza para tratar de detener la
cultismos, debido a que, como se ha dicho, se emplea un registro lingüístico estándar; y son abundantes los valores denotativos, aparte de los connotativos previamente citados, todo lo cual resalta el afán divulgativo, pues el lenguaje empleado es entendido por todos.
Nos encontramos ante un texto perfectamente cohesionado por los tres niveles de estilo : en el nivel léxico-semántico destaca la presencia de un léxico perteneciente a campos semánticos vinculados al tema central del texto. Así, se puede hablar del campo semántico de la tauromaquia (“cuernos”, “toro”, “ruedo”, “vaquillas”...), aquellos que engloban tanto a los antitaurinos (“pequeño puñado”, “activistas”, “gente pacífica”, “centenar de personas”, “gente civilizada”) como a los defensores de estas tradiciones (“horda de energúmenos”, “torturadores”, …) y un último, referido al fuego (“chispas”, “bolas de líquido inflamable”, “arden”, “recalentarse”, “hoguera”, ect.). Entre otros mecanismos, se ven casos de sinonimia (“Fina Fanjul-ama de casa-abuela-defensora de animales”, “animal-toro”, “huir- escapar”, “cercado-ruedo”, etc.) todos ellos con la finalidad de no repetir y así resaltar todo lo relacionado con el mundo taurino. Asimismo, nos encontramos con antonimia que nos ofrece claramente las dos visiones opuestas entre los defensores y detractores del ambiente taurino (“torturadores-gente civilizada”, “pocos-innumerables”...), repetición (“toro”, “centenar”, “fuego”, “barro”, “gente”, ...) y ejemplos de hiponimia e hiperonimia: “cuernos”, “cara”, “ojos” y “lomo” son hipónimos de “toro”, etc. Todas estas relaciones léxico-semánticas contribuyen a la necesaria cohesión textual.
En el plano morfosintáctico, se aprecia una rica presencia de adjetivos, tanto especificativos como explicativos. Los primeros completan y distinguen el significado del sustantivo al que acompañan y aportan objetividad, lo que se observa claramente en los siguientes ejemplos: “líquido inflamable”, “gente pacífica”, “gente civilizada”... Por el contrario, los explicativos intensifican el significado del sustantivo al que se refieren y aportan al texto un grado de subjetividad importante: “atroz sufrimiento”, “agónicos esfuerzos”, “pequeño puñado”, “increíble coraje”... También, se puede citar un caso de adjetivación: “artilugio de hierro”. E n el texto predomina el uso del modo indicativo, el modo de la realidad, que presenta los hechos como objetivos, reales. Así, encontramos algunos verbos en presente ( “es de Gijón”, “Hay Toros de Fuego”, “el barro se seca y se cae”, “se atreve”, “les insultan”, “les pegan” etc.) con un valor actual para referirse a la realidad de los espectáculos de toros y la gente que se involucra a favor o en contra de los mismos. Además del presente hay que destacar el uso del pretérito. Encontramos el uso del pretérito perfecto simple en “consiguieron” y “entraron” con los que la autora se refiere a acciones puntuales del pasado completamente finalizadas, en este caso el intento fallido de los activistas de detener la tortura del Toro Júbilo. En menor medida encontramos el modo subjuntivo, que presenta las acciones como posibles o probables y que se utiliza al final del texto para expresar la posibilidad de un cambio futuro en lo que se refiere a la tauromaquia. Sintácticamente, destacan las oraciones compuestas, propias de los textos expositivo-argumentativos, que permiten expresar pensamientos e ideas
complejas. Así, están presentes en este escrito las coordinadas adversativas ( “...pero el más famoso es el Toro Júbilo”, “...pero el barro se seca y se cae”) que permiten contraponer las ideas, en este caso la generalidad de festividades de toros de fuego contrasta con el caso particular del Toro Júbilo y las medidas de protección con los daños que realmente sufre, respectivamente. Por otro lado, encontramos algunas oraciones subordinadas que permiten expresar ideas más jerarquizadas y complejas. Entre ellas, destacan algunas adjetivas o de relativo: “...que son tan sensibles como nuestros dientes”, “... que muestra el increíble coraje de esa gente pacífica”, “...que acaba de votar no volver a matar a las vaquillas de sus fiestas”, etc.
En el nivel textual, se advierte la presencia de diversos tipos de conectores: de oposición o contraste (“pero”), de adición (“además”, “también”, “por cierto”), etc. Es asimismo relevante el empleo de la deixis: espacial (“Gijón”, “Medinaceli”, “Soria”, “Algemesí”, “muchos sitios”), temporal (“el pasado noviembre”, “el año pasado”, “2014”), personal ( “nuestra abuela”,...). Todo ello contribuye a que el texto se perciba como una unidad cohesionada en vez de constituir un conjunto de elementos dispares.
Me parece canallesco que existan en este país personas que se regocijan ante el sufrimiento de un toro que corre aterrorizado, y aún lo es más que esta situación en España sea considerada “tradición”. Por fortuna, existen personas como Rosa Montero y los activistas que intervinieron en el acto del Toro Júbilo el año pasado a la que, como ella misma dice, les escandaliza que se proteja a los torturadores y se persiga a la gente civilizada. Cada vez son más las personas que están alzando su voz contra estos crueles festejos, aún a riesgo de ser sancionados con multas que ahora pueden oscilar entre los 100 y los 600 euros, o, en el peor de los casos, hasta con 1.000 o 1.500 euros.
Eso, hasta ahora porque con la entrada en vigor de Ley de Seguridad Ciudadana, aprobada el pasado mes de marzo gracias a la mayoría absoluta del PP, y con el rechazo de toda la oposición, el Gobierno ha dado una vuelta de tuerca más contra el activismo social. Protestar sin solicitar previamente permiso para impedir que se lleven a cabo festejos en los que se haga sufrir a un animal puede conllevar ahora multas desorbitadas. Si hay “resistencia a la autoridad” o la Policía asegura que los participantes en estas protestas se negaron a disolver la concentración, la infracción podría ser considerada como "falta grave", que conlleva una sanción de entre 601 a 30.000 euros. O "muy grave", penalizada entre 30.001 a 600.000 euros.
Lo ratifica Javier Moreno, cofundador de Igualdad Animal. “Acciones que hemos hecho en Igualdad Animal, como saltar a la Pasarela Cibeles o saltar a plazas de toros, actos siempre pacíficos, que sólo duran unos segundos en los que desplegamos un cartel pidiendo respeto para los animales, con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana nos podrían suponer multas de 30. a 300.000 euros. Es surrealista que se apliquen estas medidas a quienes defendemos pacíficamente a los animales, y que el maltrato animal que se
Podría establecerse una analogía entre ese Nietzsche considerado y los activistas que luchan sin tregua por los derechos animales, conscientes de que es una actitud retrógrada no reconocer los mismos, pues al igual que los seres humanos poseemos unos derechos que nos son inherentes por el simple hecho de ser humanos, los animales también deberían tenerlos, pues también son seres vivos dotados de sentimientos, tal como demuestran diversos estudios científicos. Son cientos, miles de años de creencia en la superioridad, de permiso para dominar, de impunidad en el uso y la explotación de otros. Y mientras la sociedad avanza y deja atrás viejas creencias, como esa que hasta el mismo siglo XX no dudaba de la superioridad de los blancos sobre todos los demás hombres, ni de la superioridad de los hombres frente a todas las mujeres, los animales no humanos esperan su turno para recuperar algo tan básico como su derecho a existir y a no ser maltratados, un principio básico que sin duda ha de ser adoptado en los tiempos venideros si de verdad se quiere alcanzar ese progreso que todo el mundo exige, pero por el que nadie parece estar luchando.
En definitiva, creo que ese futuro pasa por abrazar, como Nietzsche al caballo de Turín, a los demás animales. Por pedirles perdón en nombre de la humanidad y en nombre de Descartes. Por reconocerles sus derechos como antes se los reconocimos a otros humanos a quienes creímos menos valiosos. Por luchar contra el espejismo como lo hacemos contra el racismo o el sexismo. Por considerar que no puede haber razón sin empatía. Porque solo respetando a un animal no humano, experimentando como propios sus intereses y su sufrimiento, podremos decir que nos interesamos de verdad por la vida y que somos realmente humanos. Solo luchando juntos, los más fuertes en primera línea, protegiendo a los más débiles, podemos tener esperanza en nuestro futuro.