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Este documento aborda el tema de los errores lingüísticos en la lengua española, examinando la función de las academias de la lengua española en establecer la norma, la diferencia entre errores dialectales y errores reales, y el impacto de la educación en la reducción de estos últimos. El autor compartirá sus observaciones personales sobre errores gramaticales y lexicos, así como las peculiaridades lingüísticas de su entorno.
Tipo: Apuntes
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La indagación en los errores lingüïsticos de ciertos colectivos o sujetos individuales son un tema común en nuestras sociedades de hoy en día, dado que la lengua es el pilar fundamental para la interacción social de los individuos que las componen, más aún a partir de la era contemporánea y ahora, en el siglo XXI, debido a que conocemos de mejor manera la evolución lingüística de nuestras respectivas lenguas y cada vez la norma va progresando, completándose y conociéndose más dentro de su área de influencia. Para hablar sobre los errores lingüísticos, las primeras preguntas que debemos hacernos es: ¿cuál es la norma que indica qué es y qué no es un error?, ¿cómo surge y cambia dicha norma?, ¿quién la crea y le da legitimidad?
Respecto al castellano a nivel mundial, la norma la establece la Asociación de Academias de la Lengua Española, organización que se encarga de regular la utilización del español, dividiéndose en 23 academias, las cuales regentan el lenguaje en sus respectivas naciones; concretamente, la RAE, o Real Academia Española, es la que se encarga de normalizar el castellano dentro de España. Cabe resaltar la función práctica de la RAE y el resto de academias, pues esta no es imponer una norma que tenga que ser ejemplificada dentro del lenguaje del país en cuestión, sino recoger los usos lingüísticos de los propios hablantes para la norma a partir de cómo hablan sus habitantes: a posteriori , y no al revés, aunque siempre recalcando qué usos están vistos como vulgares en ese momento, y cuáles no. Esto permite recolectar el lenguaje de cada época a partir de los usos habituales de la sociedad del momento, además de no tener que forzar una norma, sino hacer que esta se forme a sí misma y se vaya adaptando según los usos vayan evolucionando. Una vez aclarado esto, cosa que me parecía necesaria antes de hablar de este tema (aunque usted ya lo supiera), puedo empezar a hablar de los errores.
En cuanto a mi persona, me considero alguien que tiende más bien a errar con respecto al léxico, en lugar de la gramática, pero aún así todos cometemos fallos en ambos campos. Uno de mis principales errores gramaticales recae en la utilización de los pronombres posesivos junto a adverbios de lugar, tal que “delante mío”, “detrás tuyo”, etcétera, cuando debería decirse “delante de mí” o “detrás de ti”. Hablando de mi entorno, la mayoría de los errores con los que me encuentro no son en realidad errores, aunque muchos de mis conocidos suelan calificarlos como tal. Estos falsos errores se encuentran en los dialectos del español. Mucha gente considera las peculiaridades de los dialectos hispánicos, al menos aquellas que cambian lo establecido en la norma del “castellano plano”, como errores, pero en mi opinión no deberían considerarse así, pues son formas diferentes de hablar, no incorrectas. Siendo nativo de Salamanca, considero que el lenguaje salmantino es un castellano bastante afín a la norma, a excepción de típicas particularidades como el verbo “candar”, “lo que”, o “caer las cosas”, que de las dichas es la única que considero realmente un error, pues me parece lógico diferenciar entre que alguien “tire”algo, y que algo “se caiga” por sí mismo, aunque aquí, las buenas gentes de Salamanca utilicemos a veces “caer las cosas” para intentar camuflar nuestra inocente patosidad.
Al estar en zona castellano-leonesa, tenemos un castellano bastante plano, en mi opinión, al menos a la hora de compararlo con la mayoría de regiones peninsulares, aunque cabe destacar que muchas de las irregularidades que poseemos, que son bastantes aún así, proceden en buena parte de que Salamanca se encontrara en territorio leonés antes de que Castilla se
expandiera hacia Las Arribes. La mayoría de los susodichos “falsos errores” suelo oírlos de la boca de gente de Extremadura, ya que es uno de los dialectos del castellano que más difieren, y junto al andaluz, que más suelen ser farisaicamente criticados, además de que Salamanca es un foco de inmigrantes extremeños gracias a su universidad. Ejemplos de estos falsos errores pueden ser las variantes de ciertas palabras y combinaciones habituales, que en boca extremeña surgen diferentes a la norma y son consideradas como errores, cuando no debería ser así.
Una vez aclarado el asunto de los falsos errores, hablaré sobre sobre los verdaderos errores, o esos errores que al menos yo considero como tal. La mayor parte de los errores que detecto tienden a ser usos de gente procedente de zonas rurales salmantinas, y más aún en personas de edad anciana. Un ejemplo prototípico sería el de mis abuelos. Ellos tienden a usar “palabras cocretas” de una forma errónea, tal como el ejemplo recién puesto, usos provocados por fenómenos tales como la disimilación fruto de querer hacer las palabras transparentes, de confundirlas con palabras más comunes por parecido acústico, por paronimia, etcétera; ejemplos de esto podrían ser el uso de “cocretas”, “erupto” en vez de “eructo”, “radioactividad” en lugar de “radiactividad”, y muchos más. Estas expresiones si que las considero como errores, ya que no se deben a un uso del español proveniente de una zona dialectal, sino producto de una falta de conocimiento lingüístico, probablemente fruto de cierta carencia educativa. Esta es una probable razón de por qué suelo oír estas expresiones en voz de gente nativa de pueblos y zonas rurales, y anciana en bastantes casos, dado que en esas zonas hay menos centros escolares y calidad educativa, unido al hecho de que en la época de mis abuelos la educación era de un nivel muy inferior a la de nuestros días.
Este tipo de errores, junto a errores léxicos con respecto a los significados de palabras no muy comunes, o equivocaciones a la hora de saber escribirlas, son los que más noto y los que considero que más se debería intentar erradicar, y no los “falsos errores” dialectales contra los que mucha gente carga, buscando su desaparición, cuando deberían centrarse en los verdaderos errores provenientes de vacíos de conocimiento lingüístico del castellano.