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Asignatura: Historia Economica, Profesor: Historia Historia, Carrera: Finances i Comptabilitat, Universidad: UJI
Tipo: Apuntes
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B. Eichengren, La globalización del capital. Historia del sistema monetario internacional.
A.G. Kenwood y A.L Lougheed, Historia del desarrollo económico internacional.
Introducción
La primera diferencia, el objeto de las transacciones, servicios o capitales cruzan fronteras la actividad se regula con la del destino, los flujos de bienes y servicios y de capitales son susceptibles de ser sometidos a controles, barreras, sobre todo impuestos, es posible que aparezcan barreras al comercio, condiciones que hay que cumplir para poder entrar en un país, esa barrera hace más difícil y más caro la transacción por el hecho de tener que cruzar la frontera. Esta segunda diferencia tiene la misma importancia, es además de cruzar la frontera hay que cambiar de moneda, cuando la transacción económica se realiza a través de agentes de diferentes países esto implica un cambio de moneda, los valores no iban a fluctuar en el tiempo por el cambio de moneda. Lo que es singular de las relaciones económicas internaciones es que los tipos de cambio son susceptibles de presentar inestabilidad. La incertidumbre tiene el mismo efecto que las barreras de frontera encareciendo y poniendo trabas a la transacción económica y desaprovechando la potencialidad para generar mayor bienestar. El coste de pasarle el riesgo a otro se paga con una prima (compañías aseguradores). El coste de la incertidumbre se puede evitar pasando a una aseguradora esa incertidumbre. Si el crecimiento económico ha ido de la mano con una integración economía internacional. Forma parte de esta integración el reducir la incertidumbre con los tipos de cambio. La historia del sistema económico internacional es el resultado de la liberación internacional y a la estabilización monetaria. Se empezó a finales del s.XIX, un sistema que producía tipos de cambio estables. Entre tener que pagar 1,4$ o tener que pagar 0,7€ la diferencia es del 100%. No sale gratis compartir la misma moneda.
A lo largo del siglo XIX, a medida que la economía iba siendo interdependiente se tuvo que desarrollar un sistema monetario internacional para agilizar las transacciones comerciales y financieras entre las distintas monedas. El sistema monetario básicamente determina la equivalencia de una moneda en términos de otra, es decir, el tipo de cambio, que no es más que un precio. Cuanto más estable sea el tipo de cambio, menos arriesgadas y más agiles serán las transacciones, no están sometidas a esa incertidumbre cuya protección implica un coste. A finales del s. XIX, acabó imponiéndose el sistema monetario fue el patrón oro, caracterizado por tipos de cambio fijos, se implanta en 1870. La máxima estabilidad conocida hasta entonces, que llamaremos nuevo patrón oro. El sistema patrón oro se base en 5 reglas o condiciones que debe cumplir la legislación monetaria de cada país, entre cada par de países el resultado será tipos de cambio fijos entre sus monedas, el tipo de cambio es relativo, basta que un país apruebe unas normas y el otro también, para que entre ellos la moneda con respecto a la otra sea estable a lo largo del tiempo.
Condiciones del patrón oro
Antecedentes: el sistema bimetálico.
Hasta 1.870 solamente Inglaterra y Portugal disponían de un sistema basado en un único metal como base de circulación monetaria, en la mayoría de los demás estaba vigente el bimetalismo, suponía simplemente en las mismas 5 reglas y la única diferencia era el empleo de plata. El bimetalismo reduce el riesgo de falta de liquidez derivado de la escasez de la falta de uno u otro metal en un momento u otro, reduciendo la falta de liquidez, riesgos inflacionistas y por lo tanto depresivos. Otra ventaja era que hasta la moneda de oro más pequeña era demasiado valiosa para las operaciones cotidianas tuvo que convivir con la plata, cuyo valor seria para el mismo peso unas 15 veces inferior. El inconveniente es que para que ambos metales se acepten indistintamente se requiere una equivalencia llamada paridad oficial a la que el Estado convierte un metal en otro. Pero si esta equivalencia no coincide con el precio de mercado, los particulares (cualquiera) podrían exportar la moneda infravalorada (relativamente escasa respecto a la otra), aquella cuya cotización ha subido en el mercado y exportarán para venderla en el mercado libre a mayor precio que el oficial e importarán el otro metal (el abundante, el que habrán podido comprar barato en el extranjero), para hacerlo acuñar en el país para usarlo como moneda. Esto mismo es la ley de Gresham (la moneda abundante expulsa a la buena de la circulación monetaria). Si un país como Francia circulan los dos metales es porque la paridad oficial entre el oro y la plata que era de 15,1:1 plata/oro. Si se aceptan los dos es porque esta paridad oficial coincidía la mayor parte del tiempo con el precio de mercado, 15,5:1 plata/oro. Supongamos que el precio del oro cayera por debajo que el que ofrece la casa de la moneda, esto daría lugar operaciones comerciales con oro y plata que llamamos arbitraje , ya que su efecto es corregir esta discrepancia. Entonces cualquiera podría exportar el metal infravalorado y escaso (la plata), comprar a ese precio relativamente barato una onza de oro y hacerla acuñar por la casa de la moneda. Puede ocurrir al revés, el precio del oro sube entonces el arbitraje consistiría en importar oro y exportar la moneda escasa. Tanto si es un ejemplo u otro, el tráfico comercial de oro y plata contribuye a corregir la discrepancia entre la paridad oficial y el precio de mercado ya que aumenta la oferta internacional del metal escaso haciendo que lo sea menos, es decir, menos escaso. Pero si la desviación fuera lo suficientemente intensa, la ley de Gresham amenazaba con agotar las reservas de moneda. Se podía llegar a agotar cualquiera de los dos metales y con ello está en riesgo agotar la propia viabilidad del bimetalismo. Ejemplo, en la adopción del patrón oro por parte de Gran Bretaña, a principios siglo XVIII. Tras una caída importante del precio mundial del oro, la plata desapareció de la circulación y el país se encontró en una situación de patrón monometálico que no fue legalizado hasta un siglo después. Ante la inestabilidad inherente al bimetalismo, la mayoría de los países acabó el monometalismo oro. Sobre todo porque Gran Bretaña era la primera potencia económica mundial y además la primera fuente de capital.
El ajuste de la balanza de pagos bajo el patrón oro.
■ Mecanismo de ajuste vía precios : Según la teoría clásica , los movimientos de oro inducían cambios en los precios interiores de cada país que impedían los déficits persistentes. El país que incurra en un exceso de exportaciones sobre las importaciones tendrá que exportar oro para cubrir ese déficit y esa pérdida de oro reducirá la cantidad monetaria de ese país. Al reducirse la oferta monetaria, disminuirá también el nivel de precios. Al disminuir el precio de los bienes, el país recupera competitividad. Lo contrario ocurre en países con superávit, que perderán competitividad y la balanza de pagos tenderá a corregirse.
A pesar de la teoría clásica, la realidad del mundo a finales del s. XIX era que los embarques de oro representaban una proporción muy pequeña de esos saldos comerciales. Se utilizaba también la libra como moneda clave. Los movimientos de oro eran muy pequeños, cada par de países no saldaba sus cuentas con oro. Para resolver esta paradoja, un país con déficit debería sufrir pérdidas significativas de oro, se tuvo que introducir el papel de los bancos centrales, con lo cual el ajuste dejaría de ser automático.
No se trata de corregir la teoría clásica, sino de ampliarla. El comportamiento de los bancos centrales, cuando un país entraba en déficit y empezaba a perder oro, su banco central podía subir los tipos de interés para acelerar el ajuste, para provocar un saldo favorable en la balanza de pagos. Por un lado, al hacer más caro el crédito, reforzaba
la reducción de la oferta monetaria presionando por tanto a la baja los precios contribuyendo a la competitividad exterior. Por otro lado, con intereses más altos, los activos financieros rinden más, ese país se volvía más atractivo para los inversores que buscaban rentabilidad a corto plazo, por lo tanto, la entrada de capital extranjero, eso también equilibra el sector exterior. La política que debe hacer el banco central es subir los tipos de interés, favorecido por ese capital especulativo que entra en el país, por ambas vías se equilibraba la balanza de pagos, sin necesidad de importantes pérdidas de oro.
■ Las reglas del juego: la política monetaria de los bancos centrales.
El comportamiento de subir o bajar el tipo de interés por los bancos centrales, se conoció con la expresión “seguir las reglas del juego”, pero no es que existiera ninguna obligación, de hecho, ocurrió que a finales de los años cincuenta se demostró que los bancos centrales nunca habían seguido un código de conducta rígido. Después de la primera guerra mundial no se seguían las reglas del juego por parte de los bancos centrales, pero antes de la primera guerra mundial tampoco. La razón para no seguir las reglas del juego, es decir, endurecer la política monetaria (subir los tipos de interés) para detener las salidas de oro, podía retener la economía, podía tener efectos represivos. El encarecimiento de los costes financieros de la inversión tendría efectos negativos en el nivel de empleo y los salarios.
■ La especificad histórica del patrón oro.
Sin flujos de oro, ni tampoco fidelidad a “las reglas del juego” por parte de los bancos centrales, como se lograba entonces el ajuste de la balanza de pagos. La clave del patrón oro clásico era la prioridad que los gobiernos concedían al mantenimiento de tipo de cambio estable. Cuanto mayor fuera la credibilidad de este compromiso, más libertad tendrían para no tener que seguirlas fielmente. Importa la prioridad que se conceda al mantenimiento del tipo de cambio, ya que importará si se siguen o no se siguen las reglas del juego.
El compromiso con la veracidad: Si hacía falta, las autoridades harían todo lo necesario para defender las reservas de oro y mantener el tipo de cambio estable. Los trabajadores que podían perder su empleo si el banco central subía el tipo de interés, no tenían medios para exigir responsabilidades, por ejemplo, los trabajadores no tenían derecho a voto, no había organizaciones sindicales, por lo tanto el riesgo de huelgas generales no era un temor que existiera en aquella época. En este contexto, el compromiso del gobierno con la estabilidad monetaria era plenamente creíble. Los mercados financieros se preocupaban poco por la posibilidad de devaluación. Se confiaba en la estabilidad, si una moneda está débil, si una libra se puede comprar más