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Asignatura: Historia Medieval de España, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UniZar
Tipo: Apuntes
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Introducción.
El Islam (el que se somete a la voluntad de Allah) nace con Mahoma en la lejana Arabia. A la muerte del Profeta en el 632 la península Arábiga está unificada, y sus primeros descendientes –los llamados califas ortodoxos o perfectos- llevaron las fronteras del Islam y la nueva religión a nuevos territorios: Egipto, Siria, Mesopotamia... en un asombroso y fulminante proceso expansivo. La conquista del título califal por la familia siria de los Omeyas llevó a estos a lugares más lejanos como España. En el año 711 y aprovechando la decadencia de los visigodos, llegan a España los musulmanes, su presencia política durará casi ochocientos años, pero su permanencia religiosa durará prácticamente hasta su expulsión definitiva a principios del siglo XVII. La influencia de esta cultura en el desarrollo de la Historia peninsular ha sido determinante.
La perdida de Hispania y su posterior recuperación tuvo importantes repercusiones sobre todo en el plano ideológico. En el 711 se produjo la ocupación islámica de España lo que suponía una ocupación religiosa, cultural y política que invertirá el proceso que se estaba dando en la península, tras la creación de lo que se ha llamado Al-Andalus.
En el proceso de ocupación de la península se dan dos procesos de gran importancia: la islamización y la arabización, se trata de procesos complejos llevados a cabo desde arriba que suponen cambios culturales y que culminan con la implantación del Islam.
Este mundo andalusí se puede considerar como tributario, mercantil, urbano y monetario pero no se debe entender la presencia islámica como un paréntesis en nuestra historia sino como una especificidad. Se trata de la propia historia de la península y no es necesario hispanizarla.
Historiografía.
La ocupación de la Península fue objeto de estudio desde muy temprano, y algunos autores defendieron una continuidad de la España visigoda tras la ocupación islámica. Uno de estos autores, Sanchez Albornoz abogo por lo que denomino “occidentalización del Islam”, defendiendo asi, una rápida occidentalización de árabes y bereberes, de tal modo, que éstos habrían sido absorbidos por los indígenas.
Esta teoría defendía la existencia de una continuidad histórica entre las sociedades romanas y medievales, que además serian semejantes y se insistía en la idea de que la invasión islámica no supuso ninguna interrupción.
Al defender esta teoría, Sánchez Albornoz cometió un grave error, ya que creía en el paradigma de la España eterna y en las esencias propias. Esta tesis estuvo en vigor de los años 50 a los 80, y algunos autores como Olagüe siguieron manteniendo esta idea aludiendo a que la presencia de los árabes fue casi nula en los primeros momentos (no hubo presencia árabe sino bereber).
Frente a estas ideas, Pierre Guichard a través de sus investigaciones que culminaron en “Estructura Antropológica de Al-Andalus” defendió la orientalizarían de la Península. La obra, aúna la mirada histórica con la antropológica en los años 80. Analiza las estructuras sociales de los recién llegados y se da cuenta de que se trata de unas estructuras totalmente diferentes a las de las peninsulares, ya que se trata de agrupaciones tribales o de tipo clánico.
Defendió el carácter tribal de las sociedades árabe y beréber, y afirmaba que estos, en el momento de la conquista se habrían impuesto sobre la sociedad romano-visigoda ya que la sociedad andalusí, de tipo oriental, se caracterizaba por poseer unas estructuras de tipo oriental totalmente diferentes a las feudales peninsulares y por lo tanto, la sociedad establecida tras el proceso de conquista habría supuesto una ruptura total con la anterior sociedad.
Aprecio que las sociedades recién llegadas practicaban la endogamia de grupo, eran patrilineales, presentaban el concepto de orgullo y practicaban la exogamia para establecer alianzas o humillar a los vencidos.
Guichard opinaba que árabes y bereberes llegaron formando parte de un ejercito en el 711, pero posteriormente, llegarían en oleadas y llevaron a cabo una ocupación del territorio expandiendo la fe de Ala, expansión que se vio frenada al llegar a la Peninsula.
Etapas
711/755. Creación de la España islámica: al-Andalus.
755-850. Nacimiento del estado hispano-Omeya (hasta el 820) y cristalización de la dominación árabe (820/850).
850/929. Contestación general a la dominación árabe. Revueltas de bereberes, muladíes y mozárabes.
929/1008. Califato de Córdoba. Dominio incontestable de un poder centralizado. Auge debido a la prosperidad económica y el militarismo.
Los reinos de taifas./6) Los almorávides./7) Los almohades./8) El reino de Granada
Fuentes
El tema de Al-Andalus se puede observar desde diferentes aspectos, ha sido estudiado por historiadores, arqueólogos, numismáticos, lingüistas…, de modo que se ha producido una gran proliferación de publicaciones y de artículos especializados del mundo islámico.
Narrativas: Libros o recopilaciones de Historia ( Historia de al-Andalus, Hª General del Islam e Historia de Granada .), biografías, descripciones geográficas y obras jurídicas ( Corpus juris Islamici o forularios notariales .)
Así, tuvo lugar la derrota total de los visigodos y la muerte de Rodrigo. Ni los hispanorromanos ni los prerromanos ayudaron a los visigodos.
El por qué de la perdida de España en manos de los musulmanes será justificado por las crónicas cristianas y cantados por los juglares mediante una leyenda, la de la Cava.
Cuenta la leyenda que el conde Julián había entregado a una hija suya como doncella al servicio de Rodrigo que se enamoro de ella, y al no ser correspondido, la forzó. Por ello, Julián como venganza facilito la entrada de los musulmanes y apoyo a los enemigos del rey.
Conquista y ocupación de la Península Ibérica
En 712 tuvo lugar una expedición encabezada por Musa, que en una primera fase (711-714) junto con Tariq alcanzaron el valle del Ebro. Y en una segunda fase (714-716), el hijo de Musa completo el control del territorio por la Bética y la Tarraconense.
El territorio peninsular estaba formado por núcleos cristianos independientes y la mayoría de ellos, pactaron la rendición sin llegar al combate como fue el caso del noble Teodomiro en Alicante en 713. Se trato de una conquista más por capitulación que por lucha.
Tras una primera etapa de control militar (711-716), se inicio una segunda fase de ocupación lenta del territorio y se estableció la sede del gobierno en Sevilla y mas tarde, en Córdoba.
Al- Ándalus fue un distrito bajo el mando militar y político de un vali, desde el final de la conquista en 716 hasta el 756 con la toma de poder por Abd al-Rahman I. príncipe omeya que se había exiliado en Córdoba huyendo del nuevo califato que en Bagdad habían fundado sus enemigos los árabes.
Durante esta etapa, 716-756, que se suele denominar “Emirato dependiente”, el califa omeya de Damasco designaba directamente valies con plenos poderes para toda la península. Estos dividieron el territorio en una treintena de distritos administrativos o coras, y al frente de cada una se coloco a un jeque.
La crea ción del Estado neo-omeya: El emirato de Córdoba s. VIII-X
Con la proclamación de Abd al-Rahman como emir, comienza el periodo denominado “Emirato Independiente” que durara hasta que Abd al-Rahman III rompa de manera definitiva con Bagdad, autoproclamándose califa.
Una de las primeras manifestaciones del ejercicio de su soberanía fue la acuñación del término Al- Andalus para definir el nuevo territorio político y la implantación del primer ordenamiento político.
Con el estado neo-omeya emergieron las fronteras y estas fueron tres marcas: superior (Zaragoza), media (Toledo) e inferior (Mérida), y el territorio quedo dividido en 22 coras gobernadas por jefes tribales.
Abd al-Rahman (755-788), “el inmigrado”, durante su gobierno tuvo que hacer frente a los conflictos protagonizados por los bereberes en la región que se extiende entre el valle del Tajo y del Guadiana.
Organizo un ejército profesional gracias al reclutamiento de mercenarios bereberes y de esclavos con el fin de neutralizarlos frente a los árabes.
Se dirigió a Zaragoza, de la que se apodero durante un tiempo pero los cristianos también ocuparon otros lugares como Gerona.
Además, embelleció Córdoba, donde fijo su capital e inicio la construcción de su famosa mezquita que se completaría 200 años después.
Durante el reinado de Hisam I (788-796) hijo de Abd al- Rahman, se afianzo la dinastía Omeya en España. Confió las tareas de gobierno a los alfaquíes, teólogos de la escuela maliki.
Y continúo las obras iniciadas por su padre en la mezquita además de lanzar campañas contra los núcleos de resistencia cristianos del norte peninsular.
Su hijo, Al-Hakan I (796-822) fue mucho mas amante de los placeres de la vida que temeroso de dios por lo que tuvo que hacer frente a numerosas revueltas. Entre ellas, destacan: la revuelta de Toledo que concluyo con la llamada jornada del foso del 801 y la del arrabal de Córdoba, inspirada por los alfaquíes malakies que finalizo con el incendio del bario.
El mandato de Abd al-Rahman II (821-852) fue mas importante en lo que se refiere a la islamización de al-Ándalus.
Puso fin a la crisis interna y lucho a la vez con vascones, francos y Banu Qasi (familia muladi que gobernaba Zaragoza).
Sufrió la primera invasión normanda, fue tomada Sevilla, aunque las tropas árabes consiguieron rechazar a los normandos, después de esto, Sevilla fue fortificada.
Además, organizo el estado de acuerdo con los modelos abasíes e incorporo la figura del visir.
También, en esta época, se introdujeron novedades en lo que respecta al comer y servir la mesa, se amplió la mezquita y se iniciaron otras construcciones en Jaén y Sevilla e incluso acuño moneda con su nombre.
indigentes y a la enseñanza pública. Amplió la mezquita de Córdoba y realizó numerosas obras públicas. En política exterior siguió las directrices de su padre, enfrentándose en varias ocasiones a los reyes cristianos. Durante su reinado mantuvo la estabilidad y la prosperidad de al-Andalus, pero el hecho de que delegase en sus funciones, especialmente, en su visir, Ibn Abi Amir, iba a traer consigo el declive de la dinastía.
Antes de morir, designó como heredero a su hijo Hixam II. Sucesión que trajo enormes problemas pues el heredero sólo tenía once años de edad. Ibn Abi Amir instaló a Hixam en el trono y bajo su tutela fue arrogándose todos los poderes, sin dejarle intervenir en los asuntos de gobierno.
Almanzor pasa de colaborar con el califa a sustituirlo, ocupando la jefatura militar y política. A Hisam II le deja la autoridad religiosa y él se reserva el poder civil y militar hasta obtener el título de rey (malik). Así, recluye al califa en su palacio, quedando como una figura decorativa. Crea una nueva ciudad palatina a orillas del Guadalquivir donde él va a tener su propia residencia y allí trasladará la administración, dejando al califa en Córdoba.
El poder de Almanzor ira creciendo progresivamente y para mantenerlo se apoyara en el ejército. Demostrara su valor como estratega y militar a través de una serie de campañas contra los cristianos del Reino de León, del Reino de Navarra y contra la Marca Hispánica.
Ibn Abi Amir tomó el título de “al-Mansur” (Almanzor) “el victorioso por Alá”, y acabó con todos sus posibles enemigos, asumiendo el sólo todos los asuntos de gobierno de al-Andalus. Llevó a cabo una serie de campañas contra los cristianos. Saqueó Zamora, pasó hasta Simancas y llegó a León. Las expediciones más conocidas fueron las de Barcelona (985) y Santiago de Compostela (977).
En el 981 se inicia el segundo periodo de su gobierno, prescindiendo del califa, adoptando nuevos títulos para desarrollar su personalidad e insistirá en reforzar el ejército, la lucha contra los cristianos y conseguir el orden y la paz interna.
Almanzor murió en Medinaceli en el año 1002, a consecuencia de una enfermedad tras la supuesta Batalla de Calatañazor que, todo parece indicar, no pasó de una simple escaramuza.
A partir de entonces comenzaba una etapa de graves disturbios que culminarían con la desaparición del califato en el año 1031. Hasta ese momento se suceden una serie de califas depuestos y reinstalados hasta dos o tres veces que motivaron que jefes independientes fueran alzándose con el poder en distintas ciudades y regiones.
A su muerte, Almanzor dejó como heredero a su hijo Abd al-Malik que siguió manteniendo los mismos objetivos que su padre: aceifas contra los cristianos, arbitraje en cuestiones internas y férreo marcaje de los omeyas. Tras su muerte en el 1008 toma su relevo Abd al-Rahman Sanchuelo (1008-1009) y con él, se viene abajo el Califato.
El último califa Hisham III se va a mantener hasta el 1031, momento en el que se rompe el califato y se crean los reinos de taifas 1031-1090.
Muerto Almanzor, el Califato entró en un proceso de decadencia y disgregación política en los Reinos de Taifas (1002-1031). Rota la unidad política del califato, aparecieron numerosos estados menores de corta duración, llamados reinos de taifas, en manos de elementos étnicos distintos. A pesar de la debilidad política y la fragmentación de al-Ándalus, el periodo de los reinos de taifas, fue
una época de florecimiento cultural y muchas cortes se convirtieron en centros de erudición donde se estudiaba filosofía, ciencia y literatura.
Estructura social e instituciones
Los análisis de la sociedad andalusí han puesto de relieve un hecho: el mosaico de etnias que se integraron en el tejido indígena, de por sí ya bastante mezclados: árabes, orientales, bereberes, esclavos de origen europeo y africano… Pero todas estas tradiciones fueron subsumidas e integradas, conforme avanzaba el proceso de islamización, en un modelo típicamente árabe.
Según P.Guichard, la sociedad árabo-beréber andalusí en su conjunto, y la organización familiar en particular, se aglutinaron en torno a un modelo tribal, patrilineal, extraño a la Península y de origen oriental
. Pero al lado de esta sociedad se mantiene otra –la de los mozárabes, mayoritaria hasta bien el siglo IX-, que se rige por esquemas sociales claramente occidentales. Ahora bien, la conversión al Islam de las masas populares y, antes, de muchos de sus dirigentes determinó un proceso de asimilación que contribuyó a difundir el modelo árabo-beréber.
La sociedad andalusí fue socialmente segmentaria y políticamente tributaria. En Al-Ándalus vivieron gentes de diferentes lenguas, culturas y religiones. La sociedad andalusí estaba dividida en grupos o clases sociales, de las que los textos distinguen dos: la jassa y la amma.
La jassa coincidiría con los que entendemos por aristocracia, y en ella estarían incluidas la prolífica familia de los omeyas cordobeses y la nobleza territorial y palatina, en buena parte de origen hispano-visigodo. La amma, por el contrario, la formarían el pueblo o las masas urbanas y rurales. Eran los contribuyentes natos, y en su seno, especialmente en el mundo rural, existía una amplísima gama de situaciones. De todas formas, en las ciudades había una clase media formada por profesionales, alfaquíes, comerciantes y, en general, notables de los barrios.
Dentro de esta sociedad cada vez más orientalizada tenían cabida las minorías religiosas: mozárabes y judíos (gentes del libro). Ambos gozaban de la condición de protegidos o dimmíes.
P. Chalmeta ha señalado como esencial en la configuración de la sociedad de al-Andalus el papel del Estado. Los derechos y los deberes son fijados por Allah (cuya ley es la sharia), que es soberano absoluto. La umma necesita un imam, al que le rinde obediencia: el profeta Muhammad sirvió de modelo.
(jassa). La sucesión al trono era hereditaria, los poderes amplios y los funcionarios serán una prolongación de su poder. A la proclamación del Emir o Califa seguía inmediatamente la solemne ceremonia de la prestación del juramento de fidelidad y obediencia (bay´a) al nuevo Príncipe por parte de los grandes de la aristocracia palatina y los diversos magistrados delegados del Emir recién proclamados recibían, en nombre del mismo, el homenaje de sumisión y obediencia de la masa popular o amma, reunida al efecto de las mezquitas.
Economía y cultura.
La organización administrativa de la España califal fue una réplica actualizada de la del Califato de Bagdad, introducida en España en tiempo de Abd al-Rahman II. El soberano convertido en Califa era el iman del pueblo islamita y, por lo tanto, debía inspirar las normas de vida de la comunidad musulmana de acuerdo con los principios coránicos.
La etiqueta de la corte califal se hallaba estrictamente reglamentada en modelos abasíes. En el alcázar de Córdoba y en el palacio de Medina al-Zahara se celebraban recepciones, precedidas de fabulosos desfiles y cortejos por las calles de la capital. Simbolos de poder del califa eran el cetro o báculo de extremo curvo y el anillo o sello califal (jatam).
Al ser proclamado un nuevo califa se le prestaba juramento de fidelidad. La aristocracia (jassa) se lo rendía en palacio y por orden jerárquico. La plebe lo presentaba en las mezquita. La plebe lo prestaba en las mezquitas, ante un funcionario delegado a este fin por el califa.
El hachib, o ministro de Estado, suplía al califa y era el jefe directo de la administración centra. Con él colaboraban los visireso ministros, consejeros del califa. Unos y otros recibían un sueldo (rizq) por su trabajo. Existían varios ministerios: uno para el ejercito, otro para la correspondencia, cuyo visir era el jefe de la Cancillería, otro para la contabilidad o Hacienda… Las oficinas centrales (kitaba), que radicaban en el propio palacio califal, contaban con numerosos funcionarios o empleados.
Al frente de las oficinas se hallaba un kátib, o secretario de Estado, responsable de la correspondencias oficial, y otro kátib al-zimam, o secretario de Hacienda, se responsabilizaba de los asuntos correspondientes a ese ministerio. El califa tenía además un secretario particular( kátib jass), a quien dictaba las ordenes que debían pasar a los distintos visiratos. Para la administración provincial al-Andalus se hallaba dividido en 21 coras o circunscripciones, subdivididas en climas, y en tahas o valles.
En la alcazaba o fortaleza de la capital (hadra) de cada cora vivía el waló o gobernador civil de la misma, designado por el califa, y a quien debía rendir cuentas su gestión. En la misma alcazaba radicaban las oficinas y servicios provinciales, entre ellos el de recaudación de impuestos, con cuyos ingresos se cubrían los gastos de dicha administración provincial, enviando el sobrante a las arcas del tesoro de Córdoba. Se establecieron dos zonas fronterizas fortificadas o marcas, frente a los estados cristianos y en las costa frente a África.
La dirección de estos territorios militarizados correspondía a un general (qaid). La llamada “marca superior” tenia su centro en Zaragoza, y la “Mediana” en Medinaceli. Parece que la “inferior” o del occidente, había ya desaparecido por entonces. En todas estas zonas se alzaban numerosas alcazabas y castillos menores con murallas flanqueadas por torreones.
En cuanto a la organización judicial, en la base de la misma se encuentra el casí de Córdoba y los casdíes de las capitales de las provincias o coras. Asistian al cadi los faquíes, expertos en la ley islámica, y el juez o cadi juzgaba de acuerdo con el derecho coránico.
La defensa del Califato estaba contituida por un ejercito permanente, reclutado entre los andalusíes, los ejércitos mercenarios extranjeros y las tropas de voluntarios de la guerra santa.
Economia:
La variedad y diversidad del paisaje de al-Andalus y la distinta calidad de sus tierras condicionaban los perfeccionamientos técnicos introducidos por los árabes en la agricultura.
En las zonas de secano, se plantaban viñas, olivos, habas y leguminosas, cereales y maíz. En las zonas regables, vegas y huertas de Andalucía y Levante, alcanzaron gran expansión, con los cultivos de huerta, las plantaciones de árboles frutales: cerezos, manzanos y perales, almendros y platanales junto con las higueras y los campos de caña de azúcar.
Surgieron en ellas numerosos cortijos y alquerías, y aldeas agrupadas a menudo a la falda de un castillo o fortaleza. Entre los procedimientos de explotación, destacaron los grandes latifundios cultivados por colonos mediante contratos de aparecería o mediería.
Según es sabido, los musulmanes perfeccionaron los regadíos encontrados en al-Andalus, mediante numerosas acequias y albercas, elevando el agua de los ríos por medio de ruedas hidráulica. En esa organización de los regadíos destacaron los inspectores de riegos y los tribunales populares “de las aguas”. En la variedad de cultivos andaluces cabe señalar también las plantas aromáticas, utilizadas para la elaboración de perfumes, y las textiles: lino, algodón, cáñamo y también esparto.
En la cría y recría de ganado, destacó la del caballar y mular, junto al ovino y cabrío. También, por parte de los mozárabes, se daría la cría de cerdos y los bóvidos siguieron siendo muy estimados durante toda la época.
Sobre la producción minera y la metalurgia de al-Ándalus, las fuentes nos hablan de la extracción de oro en las arenas del Segre (Lérida) y del Darro (Granada), de la producción de plata , en distintos lugares de al-Ándalus; así como de hierro, mercurio, cobre, estaño y plomo aunque no parece, a pesar de la belleza de algunas piezas que la metalurgia llegara a gran altura.
Las salinas también tenía una gran trascendencia económica y había en Almería y Alicante por otra parte, los recursos del mar fueron ampliamente aprovechados, en particular la pesca.
Con respecto al artesanado, esencialmente urbano, cabe recordar la existencia de una organización gremial, a cuyo frente se hallaba el alamín o síndico. En los distintos oficios cabe advertir también la
árabe. Se establecieron principalmente en las zonas fronterizas del valle del Ebro, Toledo y Extremadura, entre los valles medios del Guadiana y del Guadalquivir y en las montañas de la Andalucía occidental.
Por otra parte, en Al-Andalus convivieron, desde el punto de vista religioso, tres grupos de población diferentes, pues los musulmanes no obligaron a la población indígena a convertirse: los cristianos, denominados mozárabes, arabizados, que optaron por seguir viviendo en territorio gobernado por los musulmanes a cambio del pago de tributos, y constituyeron comunidades de cierta importancias en Toledo, Córdoba, Sevilla y Mérida, manteniendo su organización y autoridades propias. Algunos cristianos ocuparon puestos de importancia en la corte, junto al califa, o formando parte de la administración estatal omeya.
Tambien destacaron en medicina, artesanía y el comercio. Los judíos, grupo relativamente numeroso, estaban establecidos en las principales ciudades, instalados en barrios propios.
Al igual que los mozárabes mantuvieron su culto y estaban obligados al pago de tributos según la consideración en la que se tenia a las “gentes del Libro”. Ambos gozaban de la condición de protegidos o dimies.
Los judíos andalusíes se dedicaron fundamentalmente al comercio y a profesiones como la medicina, la farmacia o la traducción; algunos también ocuparon cargos en la administración califal como inspectores de aduanas y actuando como embajadores.
En la cultura islámica florecieron la literatura, la filosofía, la música, el derecho o la medicina, donde destaca la figura de Maimónides. A su vez, se desarrolló la poesía popular y aútica. De la obra de Averroes destacan dos libros: Discurso decisivo y su comentario a la República de Platón.
Fue también muy importante el desarrollo científico y técnico, los musulmanes difundieron los principios matemáticos de la trigonometría y el álgebra, además del uso del cero. Igualmente fueron importantes los logros en astronomía y la difusión de artículos procedentes de Oriente, como la pólvora o el papel.
En conclusión, durante el dominio musulmán de la Península Ibérica destaca: la diversidad social y religiosa existente en al-Ándalus, la existencia de periodos de gran esplendor cultural y de etapas de fanatismo y oscurantismo y por último, el hecho de que, precisamente esa diversidad, en los periodos de paz y tolerancia, hizo posible que al-Ándalus jugase el papel de puente cultural entre dos mundo: el musulmán y el crisitano.