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IBEROAMERICANO IMÁGENES, Apuntes de Historia del Arte

Asignatura: Arte Iberoamericano, Profesor: gua gua, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UGR

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 21/06/2017

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HISTORIA DEL ARTE IBEROAMERICANO EN LA EDAD MODERNA
COMENTARIO DE IMÁGENES:
1. CASTILLO DE LA REAL FUERZA. LA HABANA. CUBA.
El sistema de comunicaciones impuesto por la Carrera de Indias concedió a La Habana un papel
relevante al concentrar allí durante algún tiempo todos los productos procedentes de América y
Filipinas, a la vez que organizaba las Armadas para asegurar el regreso a España. Las funciones
de puerto, almacén, residencia de comerciantes y marinos transitorios habrían de signar la vida
de la ciudad y las inversiones en obras de arquitectura. La Habana se constituyó, por tanto, en
atractivo fundamental para los piratas y corsarios, obligando a estructurar un complejo sistema
de defensas y fortificaciones.
El proceso de síntesis entre la tradición medieval y las teorías renacentistas de fortificación
abaluartada está perfectamente resuelto en el caso cubano. El Castillo de la Fuerza, de trazado
renacentista, data de 1558. No obstante, por su escala reducida y su función estática, esta
fortificación respondía, a pesar de su traza, más a la mentalidad medieval del sistema de defensa
de plazas que al criterio flexible de los complejos fortificados modernos. En 1587 Bautista
Antonelli propone la construcción de las fortalezas de San Salvador de la Punta y de los Tres
Reyes del Morro, que se concluirán en 1630 por Cristóbal de Roda. El programa se completa
entre 1674 y 1797 con el amurallamiento de la ciudad. Antonelli también señaló la conveniencia
de defender la altura de la Cabaña para proteger el frente de tierra aunque, en este caso, no fue
oído. El Morro se adapta perfectamente a los condicionantes topográficos, permitiendo un diseño
de baterías en terrazas superpuestas. En el interior, en una pequeña traza urbana ortogonal de seis
manzanas con una calle longitudinal y dos transversales, se distribuyeron las casas de los
soldados, la del alcalde y la iglesia.
En el lado contrario de la bahía se construye el castillo de San Salvador de la punta, que se
concluye en 1609. Se estructura con diversos baluartes y su imagen responde a intervenciones
que se escalonan hasta el siglo XIX, pero originalmente sirvió para completar el sistema
defensivo de entrada a la bahía que, además, Antonelli propuso cerrarla con una cadena y dos o
tres plataformas con materiales inflamables en las zonas centrales asegurando la
inexpugnabilidad de la entrada.
No obstante, La Habana sería tomada por los ingleses en 1762, teniendo que cambiarla España
por la Península de la Florida, negociación que pone de manifiesto la importancia que aún
mantenía la ciudad en el sistema de comunicaciones español. Es el momento en que se decide la
construcción del fuerte de San Carlos de la Cabaña, propuesto siglos antes por Antonelli. Será
realizado entre 1763 y 1774 por Silvestre Abarca, constituyendo la fortaleza más grande de
América y que tardíamente convertía a La Habana en una ciudad inexpugnable. De hecho. Esta
fortificación nunca se enfrentó a ningún enemigo.
La Real Fuerza es una fortaleza pequeña, cuadrada, con baluartes triangulares y muros de sillares
de una decena de metros de altura y de seis metros de ancho, lo que habla de su reciedumbre, y
está rodeada de un generoso foso. En el centro, el gobernador construyó una casa que serviría de
alojamiento y, medio siglo más tarde, en 1630, se levantaría la torre cilíndrica que fue coronada
con una veleta, con la figura de “La Giralda”, realizada por Jerónimo Martín Pinzón en 1634. La
traza de la Real Fuerza tiene importancia, pues nos señala el interés renacentista por la
regularidad y el orden geométrico. Probablemente estas preocupaciones, como las vinculadas a
la calidad constructiva en sillares en tiempos en los que la población de la ciudad era escasa y
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HISTORIA DEL ARTE IBEROAMERICANO EN LA EDAD MODERNA

• COMENTARIO DE IMÁGENES:

1. CASTILLO DE LA REAL FUERZA. LA HABANA. CUBA.

El sistema de comunicaciones impuesto por la Carrera de Indias concedió a La Habana un papel relevante al concentrar allí durante algún tiempo todos los productos procedentes de América y Filipinas, a la vez que organizaba las Armadas para asegurar el regreso a España. Las funciones de puerto, almacén, residencia de comerciantes y marinos transitorios habrían de signar la vida de la ciudad y las inversiones en obras de arquitectura. La Habana se constituyó, por tanto, en atractivo fundamental para los piratas y corsarios, obligando a estructurar un complejo sistema de defensas y fortificaciones. El proceso de síntesis entre la tradición medieval y las teorías renacentistas de fortificación abaluartada está perfectamente resuelto en el caso cubano. El Castillo de la Fuerza, de trazado renacentista, data de 1558. No obstante, por su escala reducida y su función estática, esta fortificación respondía, a pesar de su traza, más a la mentalidad medieval del sistema de defensa de plazas que al criterio flexible de los complejos fortificados modernos. En 1587 Bautista Antonelli propone la construcción de las fortalezas de San Salvador de la Punta y de los Tres Reyes del Morro, que se concluirán en 1630 por Cristóbal de Roda. El programa se completa entre 1674 y 1797 con el amurallamiento de la ciudad. Antonelli también señaló la conveniencia de defender la altura de la Cabaña para proteger el frente de tierra aunque, en este caso, no fue oído. El Morro se adapta perfectamente a los condicionantes topográficos, permitiendo un diseño de baterías en terrazas superpuestas. En el interior, en una pequeña traza urbana ortogonal de seis manzanas con una calle longitudinal y dos transversales, se distribuyeron las casas de los soldados, la del alcalde y la iglesia. En el lado contrario de la bahía se construye el castillo de San Salvador de la punta, que se concluye en 1609. Se estructura con diversos baluartes y su imagen responde a intervenciones que se escalonan hasta el siglo XIX, pero originalmente sirvió para completar el sistema defensivo de entrada a la bahía que, además, Antonelli propuso cerrarla con una cadena y dos o tres plataformas con materiales inflamables en las zonas centrales asegurando la inexpugnabilidad de la entrada. No obstante, La Habana sería tomada por los ingleses en 1762, teniendo que cambiarla España por la Península de la Florida, negociación que pone de manifiesto la importancia que aún mantenía la ciudad en el sistema de comunicaciones español. Es el momento en que se decide la construcción del fuerte de San Carlos de la Cabaña, propuesto siglos antes por Antonelli. Será realizado entre 1763 y 1774 por Silvestre Abarca, constituyendo la fortaleza más grande de América y que tardíamente convertía a La Habana en una ciudad inexpugnable. De hecho. Esta fortificación nunca se enfrentó a ningún enemigo. La Real Fuerza es una fortaleza pequeña, cuadrada, con baluartes triangulares y muros de sillares de una decena de metros de altura y de seis metros de ancho, lo que habla de su reciedumbre, y está rodeada de un generoso foso. En el centro, el gobernador construyó una casa que serviría de alojamiento y, medio siglo más tarde, en 1630, se levantaría la torre cilíndrica que fue coronada con una veleta, con la figura de “La Giralda”, realizada por Jerónimo Martín Pinzón en 1634. La traza de la Real Fuerza tiene importancia, pues nos señala el interés renacentista por la regularidad y el orden geométrico. Probablemente estas preocupaciones, como las vinculadas a la calidad constructiva en sillares en tiempos en los que la población de la ciudad era escasa y

los costes seguramente elevados, nos hablan de prioridades, entre las cuales no se contaron las

dificultades de compatibilizar la defensa con la proximidad a la ciudad y también su escasa dimensión que no permitía su potencial utilización como “ciudadela” para refugio de los pobladores.

2. CATEDRAL DE SANTO DOMINGO

Es una catedral hispanoamericana, estas catedrales constituyen uno de los hilos fundamentales a nivel constructivo del arte de estos territorios. La estructuración de las distintas diócesis fue tarea tanto de para la iglesia como para el Estado. Los monarcas habían conseguido la “Universalis Eclessiae”, lo que significaba la instauración del Patronato Real sobre los territorios americanos. Carlos V, en 1528, lo expresaba de la siguiente manera: “Porque los señores Reyes nuestros progenitores desde el descubrimiento de las indias Occidentales ordenaron y mandaron, que en aquellas Provincias se edificasen iglesias donde ofrecer sacrificio a Dios nuestro señor y alabar su santo nombre, y propusieron a los Sumos Pontífices, que se erigiesen Catedrales y Metropolitanas, las cuales se erigieron y fundaron, dando para sus fábricas, dote, ornato y servicio del culto divino gran parte de nuestra Real hazienda, como patronos d todas las iglesias Metropolitanas, Catedrales, Colegiales, Abaciales y todos los demás lugares píos, Arzobispados, Obispados, Abadías, Prebendas, Beneficios y Oficios Eclesiásticos, según y en la forma que se contiene en las Bulas y Breves Apostólicos y leyes de nuestro Patronazgo Real”. Estas normativas permiten considerar las construcciones religiosas como elementos propios de la concepción del territorio de la Monarquía y a los administradores, desde los propios arzobispos y obispos, en servidores de la Corona. Las primeras catedrales que se construyen en América tendrán un carácter provisional con diseños cercanos a la arquitectura mudéjar, pero en la segunda mitad del siglo XVI se comenzarán grandes templos acordes con las propuestas más innovadoras del momento. Por un lado se aceptó el sistema espacial hispano con el presbiterio aislado, y coro en la nave central, quedando unidos por una vía sacra. Serán las innovaciones de Andalucía Oriental las que tendrían mayor repercusión en América, no solo por la estructura espacial sino también por los alzados y cubiertas. Estos referentes españoles, más concretamente andaluces, se realizan en tiempo paralelo a las construcciones americanas, por lo que impide una copia directa. De modo genérico, el diseño espacial de las catedrales americanas responde a planteamientos renacentistas siendo concebidas a lo largo del siglo XVI. A medida que transcurrieron los años del siglo fueron llegando a la América española las modas artísticas que habían triunfado en la península. Muchas edificaciones iniciadas con fórmulas del gótico se encontraban en proceso de construcción cuando arribaron las novedades renacentistas. No es, por tanto, de extrañar que en los mismos edificios aparezcan las primeras obras del renacimiento. La catedral de Santo Domingo responde en planta y alzado a conceptos compositivos góticos. Se conforma con tres naves y dos más de capillas laterales de carácter diverso. Las bóvedas de crucería se voltean a la misma altura, apareciendo por tanto una planta de salón, posiblemente por influencia de la catedral de Sevilla. El alzado se realiza sobre columnas cilíndricas donde no faltan en su capitel las típicas bolas góticas. La sensación espacial es agobiante por la poca altura, realizándose la iluminación mediante los vanos de las capillas laterales. En la cabecera aparece saliente el presbiterio con terminación ochavada. Es el espacio principal, potenciado por los vanos que se abren en el mismo y la riqueza decorativa de sus nervaduras que apean sobre columnas torsas con talla de cardinas y formas zoomorfas en sus capiteles.

mediante las continuas ampliaciones de los siglos XVII y XVIII el carácter de pequeña urbe que

lo define. Presenta zonas que se agrupan alrededor de patios y que estaban destinadas al noviciado, la enfermería y salas comunitarias, junto a otras que se desarrollan en estrechas calles donde se distribuyen las casas individuales de las monjas. La fachada de la iglesia de la compañía de Jesús en Arequipa (Perú) fue realizada en 1698, aquí la idea de fachada-retablo pierde fuerza volumétrica ante el concepto de fachada-tapiz. Influyen en ello la presencia de una arquitectura de piedra de fondo, pero sobre todo el sistema planista del tratamiento ornamental y el notorio contraste entre las zonas libres y las decoradas. La estructura arquitectónica de la portada presenta una estratificación clara pero tensionada y así el arco de la puerta rompe el cornisamiento formando una repisa a la hornacina-ventana del coro. A su vez el cuerpo central remata en un cornisamiento trilobulado mientras los laterales se escalonan con sus remates curvos y pináculos y más abajo con vestigios decorativos de una presunta cartonería de retablo. Marco Dorta la describe como un “tupido tapiz que cubre enteramente los parámetros y se desborda por los lados. Tallas y hojas carnosas, racimos y cuadrifolias, ovas y trenzados de abolengo clásico, veneras y mascarones renacentistas y hasta águilas bicéfalas de la Casa de Austria, forman el variado repertorio decorativo y los elementos se yuxtaponen como si estuvieran poseídos del horror al vacío.