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: a : : ; Capítulo 12 GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 1914-1945 El año 1900 los líderes políticos y los intelectuales de Berlín, París y Londres tenían buenas razones para creer que estaba empezando el siglo de Europa. Los imperios europeos cubrían en aquellos momentos más de la mitad de la superficie terrestre del planeta. Las principales potencias habían conseguido organizar pacíficamente su rivalidad co- lonial en África gracias á los acuerdos alcanzados en 1884-1885 y 1889-1890. Las transformaciones experimentadas por las economías europeas habían producido una riqueza enorme y también grandes ten- siones en torno a las desigualdades y los cambios sociales, pero las elites del continente creían que las intervenciones gubernamentales bien dirigidas podían encarrilar esos retos, La expansión de las liberta- des civiles en los estados europeos permitió que las críticas a la socie- dad burguesa, al capitalismo y al imperialismo se expresaran en el arte y la literatura «moderna», así como a través de movimientos políticos radicales, desde el anarquismo hasta el comunismo. Si los males del desarrollo capitalista no podían-curarse mediante las reformas, podían ser subsanados mediante la revolución, o eso pensaban algunos. Auda- ces proyectos de creación de un futuro mejor expresaban la idea de dominio de los procesos sociales que compartían la izquierda y la de- recha, aunque fuera puesta en tela de juicio por la vanguardia intelec- tual y cultural. La perspectiva de control quedó hecha añicos a partir de 1914, en un baño de sangre cuyo sentido resufígba cada vez más difícil de justi- ficar a la vista de los millones de muertos. La primera guerra mundial puso de. manifiesto la inestabilidad del sistema europeo de imperios. y as eo nd 500 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA no hizo nada por resolverla. La guerra no alivió la carga imperial que pesaba sobre los habitantes de las colonias europeas. Destruyó impe- rios en el bando perdedor —el otomano, el de los Habsburgo, el ale- mán y el de los Romanov— e hizo que el futuro de las personas que vivían en sus territorios resultara más incierto y conflictivo. Incremen- tó la influencia de otro imperio —Japón—, cuyo creciente poder no hizo más que aumentar la incertidumbre y los peligros dentro del «or- den» internacional. Un joven oficial francés que combatió en la primera guerra mun- dial y que,se convirtió en uno de los líderes. de la segunda, Charles de Gaulle, habJaba de «la guerra de los Treinta Años de nuestro siglo». Esta perspectiva no tiene en cuenta ciertos caminos que eran posibles y que no fueron tomados después de 1918, pero pone de relieve algu- nas continuidades a largo plazo existentes en la rivalidad imperial. Desde el siglo xvI unos pocos estados imperiales centrados en Europa habían intentado una y otía vez dominar a todo el conjunto, pero ha- bían sido rechazados por los otros. La primera guerra mundial dejó un legado de desesperación y amargura, de modo que el conflicto de im- perios se reanudó en la segunda guerra, con odios más enconados, con el uso de armas más mortíferas, y viéndose implicada en ella una parte mayor del mundo. Como antes, los estados-imperio llevaron consigo a sus guerras recursos continentales y ultramarinos. La segunda guerra mundial fue distinta de los anteriores episodios de guerras de imperios, y no sólo por la violencia genocida de los na- zis. En primer lugar, participó en ella un actor situado fuera de Europa y de la parte occidental de Asia: : Japón. En segundo lugar, dos nuevas supe: "cias ampliaron su magñitud í imperial, insistiendo a ala vez en qué eran distinta: guerra puso fin aparentemente a un conjunto cambiante de imperios que habían lúchado repetidamente entre sí por el dominio de Europa desde los tiempos de Carlos V hasta la época de Napoleón y la de Hit- ler. El primer elemento fue decisivo para el tercero, pués cuando Japón od arremetió contra el poder imperial de Francia, Gran Bretaña y Holanta— en el Sureste asiático, el sistema de imperios coloniales empez ó hacerse. La segunda guerra mundial acabó con el poder de Alemania y Japón como imperios, y debilitó de manera decisiva a Francia, Gran Bretaña y los Países Bajos. Al final de esta guerra, a diferencia de lo que ocurrió con la prime- ra, vencedores y vencidos se liberaron de la necesidad de interactuar GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 501 unos con otros comio imperios, Dentro de unos 1mites más estrechos, desconocida hasta entonces. Pero si la nueva guerra de los treinta años fue el principio del fin del sistema de imperios de Europa, no acabó con las ambiciones imperiales en todo el mundo, empezando por por Estan dos Unidos y la URSS; nuevos rivales en la lucha por la hegemonía mundial. La generalización de estados teóricamente basados en la so?1 beranía nacional y en la ficción de que todos eran jurídicamente equi- valentes enmascaraba una serie de desigualdades desestabilizadoras entre los distintos estados y dentro de cada uno de ellos. En los próxi- mos dos capítulos analizaremos la creación de este nuevo mundo: y de paso plantearemos la cuestión de si aquél un mundo postimperial o se trataba de un mundo con nuevas formas de imperio. GUERRA DE IMPERIOS, 1914-1918 Las explicaciones del estallido de la primera guerra mundial son muchas, ¿Fue una lucha intestina entre capitalistas o la consecuencia no deseada de un sistema,de tratados y: malentendidos políticos? Pero hay un punto que se pasa fácilmente por alto: la guerra fue una lucha entre imperios. Aunque la movilización se basó en los sentimientos y. los odios nacionalistas dentro de Europa —sentimientos y odios que además se endargó de avivar—, no hay muchos testimonios de que esas pasiones empujaran a las minorías dirigentes hacia la beligerancia. En el capítulo anterior hablábamos del ahínco con el que tuvieron que trabajar los emprendedores de la cultura nacional para generalizar los sentimientos que afirmaban representar y de la poca seguridad que te- nían las minorías dirigentes de que Jos llamamientos a la solidaridad nacional eclipsaran los sentimientos de clase, religión o localidad. La primera guerra mundial fue una guerra verticalista, que se desarrolló en el verano de 1914 mientras las minorías dirigentes maniobraban las unas respecto de las otras. No fue una guerra por las colonias —aun- que conquistar colonias se convirtiera en un objetivo de la guerra—, sino una. guerra entre imperios concebidos como estados múltiples, Los beligerantes intentaron recolocar po laciones y recursos, en Euro- pay en ultramar, y trasladarlos desde un npeñio ajeno al suyo. Los soldados necesarios para alimentar la máquina de guerra pro- cedían de todos los rincones de los distintos imperios. El Estado fran- x A | 504 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA vecinos plurinacionales y multiconfesionales, Austria-Hungría, Rusia, y los otomanos, sigui gozando d e lealtad impe- rial. Las diferentes «naciones» existentes dentro del imperio austro- húngaro en 1914 no se tomaron la guerra como una oportunidad para la secesión. Los judíos y otras minorías que tenían una patria más se- gura que su base territorial siguieron el consejo de uno de sus líderes: «Los judíos que tenemos conciencia nacional queremos una Austria fuerte». En Rusia, el estallido de la guerra fue recibido con manifesta- ciones de fervor patriótico y con pogromos antialemanes que dejaron perpleja a la administración imperial. (La zarina, nacida en el gran ducado de Hesse, era prima del emperador alemán.) Para desagradable sorpresa de los altos mandos británicos, los árabes permanecieron fie- les en su mayor parte al imperio otomano hasta el final de la guerra. Pero esto es adelantar acontecimientos. Desde la perspectiva de 1914, lo ) que preocup: Tes eran los otros líderes en un mun- do de imperios en el que el acierto a la hora de hacer las alianzas era un instrumento utilizado habitualmente contra los rivales. El Kaiser- reich y el imperio austrohúngaro se vieron obliga Orar, aun- “qie en 1866 habían luchado uno contra otro. Los dos temían a otra potencia imperial —y en vías de industrialización— situada al este: _Rusia, A Gran Bretaña le preocupaba también Rusia, y en concreto que pudiera aprovecharse de la debilidad otomana para ocupar una posición que pusiera en peligro la India y otros intereses británicos a través de Afganistán. Pero Inglaterra, alarmada por el hecho de que Alemania había empezado a ar su poderío industrial y naval, ne- cesitaba a Er Í ron los gastos militares en un cincuenta por ciento entre 1908 y 1913. Todas intentaron aliarse con los mejores socios. En el verano de 1914, Alemania y Austria-Hungría habían acordado apoyarse mutuamente en caso de guerra. Francia era aliada de Rusia, y Gran Bretaña lo era de Francia. Los otomanos firmaron un pacto secreto con Alemania, su única opción posible por considerarla la menos amenazadora entre las potencias que habían venido apropiándose de territorios otomanos du- rante el siglo anterior. Lo que metió al amasijo intrínsecamente inestable de imperios aliados en la vorágine de la guerra fue una vez más la competición por os Balcanes, donde las pérdidas del imperio otomand no habian hecho "más que intensificar las rivalidades imperiales y las guerras entre terri- torios aspirantes a convertirse en estados (Capítulo 11). Austria-Hun- a ..... GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 505 pones A FE SUECIA Mara L alo Már. del Norte —— ESPAÑA AL *Madirid EZ Aliados EX Potencias centrales TO Países neutrales E Países unidos alos alíados Países unidos a las potencias ceñitrales durante la guerra durante la guerra Mapa 12.1. Europa durante la primera guerra mundial. gría se había anexionado Bosmnia-Herzegovina, Serbia era indepen- diente y constituía una verdadera incógnita, con el recuerdo de los enfrentamientos que había tenido con austrohúngaros y otomanos, sus ambiciones territoriales, sus relaciones con Rusia, y su volátil mezcla de ideologías nacionalistas paneslavas y serbias. El imperio austrohún- garo deseaba aplastar a Serbia, pero ante el peligro de la intervención rusa, necesitaba más fuerza de la que su ejército podía proporcionarle, y eso significaba tener que recurrir a Alemania. Pero los alemanes necesitaban también a los austrohúngaros. Vol- vemos a encontrarnos aquí con la doctrina militar de Alemania elabo- rada después de 1870 —el plan Schlieffen, heredado por el jefe de es- a LS Os «]$kzg 506 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA tado mayor Helmuth von Moltke el Joven— y con la mezcla de arrogancia y angustia que había alimentado la política imperial de co- mienzos del siglo xx. Las preocupaciones de Alemania se centraban en aquellos momentos en Rusia, un enemigo cada vez más formidable. La arrogancia era inherente al plan: si la guerra en Europa empezaba pronto, antes de que Rusia se fortaleciera todavía más, las dificultades del transporte y de la cadena de mandos ralentizarían la movilización de los rusos, permitiendo al ejército alemán golpear primero a Francia, más débil, paraa continuación trasladar rápidamente sus fuerzas del oeste al este. El plan daba por supuesto que Francia no sería capaz de repeler por sí sola un ataque en toda regla a través de su frontera norte, especialmente vulnerable, a través de Bélgica, que era neutral. Pero Alemania necesitaba tener las espaldas cubiertas, al menos por algún tiempo. Austria-Hungría debía mantener a los rusos a raya y obligarlos a defender una frontera mucho más grande que la que tenían con Ale- mania. El éxito del plan dependía de que la máquiria de guerra alemana funcionara a la perfección y de que todos los demás agentes actuaran según el esterégtipo. El 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip, un serbio de apenas veinte años —residente en Bosnia y por lo tanto súbdito austrohúngaro— He- vó a cabo su plan, al parecer con el apoyo extraoficial del ejército serbio, de asesinar al archiduque Francisco. Fernando, heredero del tro- _no de.Jos.H: rg0, y a su esposa, que estaban de visita en Sarajevo. Francisco Fernando no despertaba muchas simpatías y nadie iba a echarlo de menos, empezando por su tío, el emperador. Pero su asesi- nato dio alas a las estrategias cruzadas de los imperios favorables a la guerra, Aunque el asesinato había tenido lugar en territorio austrohúngaro y no había sido un acto del gobierno serbio, los Habsburgo pudieron lanzar por fm su deseada guerra contra Serbia y contar con la ayuda de Alen y -ptaba sus justificaciones, A pesar de las re- servas del káiser, los líderes del ejército alemán, y especialmente Von Moltke, vieron en todo aquello una oportunidad de poner en práctica su plan y emprender la inevitable guerra contra Fran Unas circunstancias favorables. Mientras Austr con la guerra a Serbia, Rusia movilizaba su ejército y Gran Bretaña a su flota. Alemania lanzó su ataque sorpresa contra Francia a través de Bélgica. Las colonias francesas del Caribe, de África occidental y ecuatorial, del Sureste asiático y de las islas del Pacífico se vieron empujadas al choque entre imperios. Gran Bretaña declaró la guerra el .. Ip. o o... o a e o E a a . E GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 507 4 de agosto, arrastrando tras de sí a todas sus colonias y dominios y por supuesto a la India. También se vieron arrastradas las colonias de Ale- mania, por no hablar de las diversas poblaciones euroasiáticas de Ru- sia y las múltiples nacionalidades del imperio austrohúngaro. Guerra europea, guerra imperial Mahatma Gandhi dijo a sus compatriotas indios: «Somos, ante todo, ciudadanos británicos del imperio de la Gran Bretaña. Estamos luchan- do como están luchando ahora los británicos en la causa justa por el bien y la gloria de la dignidad humana y la civilización ... nuestro deber está claro: hacer cuanto podamos por apoyar a los británicos, luchar con nuestras vidas y nuestros bienes». ¿Pero por la dignidad y la civili- zación de quién? El apoyo de Gandhi al im erio daba por supuesto que los deberes tenían que ir acompañados de derechos: Y én efecto, en 10 inglés pr la progresiva racionaliza- ción de un gobierno responsable». Esa promesa sería cumplida dema- siado tarde, a regañadientes, y sólo parcialmente después de la guerra. Hombres y materiales procedentes de los lugares más remotos de | los distintos imperios desempeñaron un papel trascendental en el es- Tuerzo de guerra, como complemento del poderío industrial y de la movilización humana de Europa. Los recursos ultramarinos inclinaban la balanza en perjuicio de Alemania, pues sus colonias estaban muy alejadas unas de otras y la flota inglesa se interponía entre Europa y ellas. En el caso de los británicos, fueron movilizados cerca de tres millones de hombres procedentes de la India y de los distintos domi- fue el contribuyente más importante. Los africanos —+en consonancia coñ Ta jerarquía ádá del imperio— desempeñaron un papel dis- tinto. Prestaron servicio durante la guerra casi dos millones de africa- nos, pero en su mayoría como porteadores y combatiendo en las colo- nias de Alemania, Camerún, Togo, África Suroccidental y Tanganica. Los países que ocupaban un grado más alto en la jerarquía imperial, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica (es decir la Sudáfrica blanca) enviaron alrededor de un millón de soldados a la guerra que el rey había declarado en su nombre, pero no sin recelos sobre la forma en que Gran Bretaña tomaba las decisiones y el modo en que su pueblo tenía que sacrificarse. El imperio contribuyó además a la economía de guerra inglesa suministrando materiales, obteniendo divisas extran- 510 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA des tecnológicas y organizativas del pueblo alemán podían compensar su desventaja en cuanto a recursos coloniales se vino abajo cuando el plan de victoria total rápida se conyi atalla aparentemente plicación, como dice Michael Geyer, «echando la culpa a los obreros, la burguesía, las mujeres, los intelectuales, las universidades, los homo- sexuales, y los jóvenes, y ... a una “conspiración judía” que devoraba los órganos vitales del ejército alemán». La cultura cosmopolita de la Alemania de preguerra quedó hecha trizas ante los horrores de la gue- rra y la necesidad del Alto Mando de encontrar chivos expiatorios. Aunque el esfuerzo bélico de Francia y Gran Bretaña se sostuvo gracias a la sangre de gentes procedentes de todos los rincones del imperio, la guerra se ganó en último término debido al desgaste de la resistencia alemana. El poder Cy mE orteamérica vino A z a a en ayuda de Francia e Inglaterra en un momento crucial, justo cuando el hundimiento de Rusia en 1917 liberó a las tropas alemanas del fren- te oriental. Aunque la guerra provocó en uri primer momento un esta- llido de lealtad patriótica en Rusia, en 1917 se había puesto en eviden- cia la incompetencia de la autocracia. Dos revoluciones en. 1917 sacaron a Rusia de la guerra, y los bolcheviques firmaron una paz por separado con Alemania en marzo de 1918. Pero la economía y el ejér- cito de Alemania ya estaban a punto de claudicar. El resultado de la guerra no fue inevitable. Como dice el especia- lista en historia militar Michael Howard, «no olvidemos que el plan Schlieffen estuvo a punto de salir bien». Si el ataque rápido y masivo contra Francia hubiera sido un poco más enérgico, la configuración de los imperios de posguerra habría sido muy distinta: Austria-Hungría, el imperio alemán, los otomanos y quizá la Rusia de los Romanov ha- brían quedado intactos, Francia se habría visto despojada de sus colo- nias y Gran Bretaña debilitada. Semejante configuración habría sido catastrófica a su manera, pero las trayectorias de los imperios no ha- brían sido las mismas. Imperio y nación en Oriente Medio durante la guerra El Oriente Medio (una etiqueta que refleja de por sí una recoloca- ción del centro del poder imperial) fue el teatro de operaciones —de Unas operaciones trágicas y sangrientas — del conflicto imperial. Los Ñ Én civil y las” “dificultades que la afligían, las autoridades militares buscaron una ex- a na Ss Z Zo do . a o GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 511 otomanos intentaron posponer su entrada en la guerra, pero su alianza con Alemania los empujó a ella. Alemania se encargó de suministrar oficiales y equipamientos para mejorar la calidad del ejército dtoma- no. Las fuerzas turcas perdieron terreno ante Rusia al este de la penín- sula de Anatolia, pero detuvieron los avances de los rusos. Algunos alemanes abrigaban la esperanza de que su alianza con los otomanos pudiera extenderse a una yihad Contra el domúnio: británico sobre los musulmanes de Egipto, Afganisi ia, y otros lugares de Oriente Medio. Algunos líderes britán: saron que podrían enfrentar a los árabes con los otomanos en Siria-Palestina y amenazar así al aliado de Alemania. La proximidad de los territorios otomanos al Canal de Suez y la importancia que para los británicos, los rusos y otros aliados tenía controlar el acceso al mar Negro a través de los Dardanelos hacían que esta región estuviera Madura para la guerra interimperial. Los resultados no fueron los previstos por la tendencia a la ruina de los otomanos. Cuando el ejército británico, utilizando tropas australia- nas, indias y de otros rincones del imperio, intentó abrirse paso por los Dardanelos en Galípoli, se vio bloqueado por la defensa inesperada- mente fuerte de las estratégicas colinas del lugar que llevaron a cabo las tropas otomanas provistas de equipamiento alemán. Una segunda acometida contra territorio otomano —un ejército capitaneado por los ingleses e integrado mayoritariamente por soldados indios que atacó desde Mesopotamia— sufrió un desastre inicial y no logró su objetivo hasta que la guerra estaba a punto de ser ganada en Francia, tras un drama típicamente imperial en el que cientos de miles de campesinos originarios de la India británica y de la Anatolia otomana se mataron a tiros en defensa de Londres y de Estambul. Importantes también —aunque menos de lo que luego contaría el mito— fueron las maquinaciones de los británicos para atizar la llama- da rebelión de los árabes contra los otomanos, principalmente a través de T.E. Lawrence, que cultivó la amistad del jerife de La Meca, Husayn (o Hussein) ibn Alí, su clan, y otras comunidades árabes que, según se creía, guardaban resentimiento contra la dominación otomana. Aun- que a menudo se cuenta esta historia como un choque del incipiente nacionalismo árabe contra el imperialismo otomano en decadencia, en realidad siguió un guión típicamente imperial, consistente en la bús- queda de agentes e intermediarios dentro de los bandos rivales. Hussein, perteneciente al linaje de los hachemitas, de la misma tri- bu de La Meca que Mahoma, ayudó primero a los otomanos a mante- 512 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA ner el orden. Su red de apoyos familiares y regionales se convirtió en la base de su propia búsqueda de poder imperial. Los ingleses vieron sus ambiciones como un medio de apartar a los intermediarios árabes de Estambul. Las autoridades británicas fantasearon con las posibilida- des de establecer a un nuevo califa en La Meca, viendo a Hussein «un árabe de pura raza», como una especie de líder espiritual; Hussein, por su parte, se imaginaba a sí mismo a la cabeza de un nuevo imperio. La idea de «rebelión árabe» daba por supuesta una comunidad por la que habían abogado algunos intelectualés panarabistas antes de la guerra, pero las diversas elites ár: de la región habían encontrado en su mayoría una forma de recofíciliar la autoridad local con el poder de los otomanos. Hussein y sus partidariós prefirieron seguir el modelo de política de clan y clientelismo imperial mejor que la historia del nacio- nalismo árabe. El poder otomano en Palestina y las zonas circundantes era lo bas- tante frágil para que los ingleses, con cierto apoyo de los seguidores de Hussein, arrancar: salén a las fuerzas turcas. Cuando los británi- cos llegaron a Siria, la guerra estaba a punto de acabar; el patrono in- glés y el cliente árabe continuaron maniobrando por hacerse con el poder en Tierra Santa. Volveremos más adelante sobre la suerte que correría esta región. La guerra dio a algunos la oportunidad de jugar la carta del nacio- nalismo con más fuerza de la que habían mostrado hasta ese momento. Como hemos visto (Capítulo 11), los Jóvenes Otomanos, cada vez más decepcionados por los bloqueos a la reforma liberal que ponía el sultán y disgustados con la estructura patrimonial de su imperio, se habían transformado en los Jóvenes Turcos, cuyas visiones iban enfocadas más hacia la centralización bajo su hegemonía que hacia una comuni- dad imaginada de hablantes de turco. La pérdida de las provincias oto- manas de los Balcanes y las matanzas y la fuga de los musulmanes de esas zonas en 1912-1913 habían empujado a un mayor número de per- sonas, quéjotas de las acciones de las potencias «cristianas», hacia un espacio que podía considerarse turco. Pero la necesidad de mantener al resto de provincias árabes dentro del sistema había frenado la tenden- cia del gobierno hacia la homogeneización. La guerra y especialmente el temor de que Francia y Gran Bretaña desearan la desmembración de la propia Anatolia, hicieron el juego a los líderes más nacionalistas del Comité de la Unión y el Progreso (CUP), que pretendían movilizar la solidaridad de los turcos contra los enemigos y los traidores. No obs- tante, la alianza con Alemania supuso un intento de preservar una es- o a o a a Á e o o á e e e o a e o o e o GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 513 tructura imperial, y la victoriosa defensa de los Dardanelos y la lealtad continua de la mayor parte de Siria pusieron de manifiesto que en el imperio múltiple seguía habiendo vida. Cuando Rusia se retiró de la guerra en 1917, los otomanos recuperaron el terreno perdido por el este y avanzaron hacia Bakú, la fuente del petróleo ruso. El desarrollo de la solidaridad turca frente a los peligros de los «otros» fue llevado a su extremo a lo largo de la frontera ruso-otoma- na, en regiones en las que ambos imperios habían cortejado, castiga- do, hostigado y trasladado a la población de un sitio a otro durante más de un siglo. El ejército otomano, aduciendo que los armenios —que habían participado con gran dinamismo en la vida comercial Y en la sociedad del imperio— conspiraban con el enemigo, organizó una deportación en masa de la población fuera de la zona de combate, en unas condiciones atroces. Soldados, grupos paramilitares y algunos de los líderes más destacados del CUP convirtieron el éxodo forzoso en una aniquilación brut: iños. Las matanzas, mucho más s en Anatolia oriental de la última década del siglo x1x, reflejaban una etnizas de la amenaza a la integridad imperial. Las atrocidades no se extendieron ¿los armenios que vivían en Estambul y en la Anatolia occidental, pero se calcula que el número de muertos sobrepasó los ochocientos mil. Algunos asesores alemanes de los otomanos enviaron a Berlín mensajes en los que manifestaban su espanto, pero los responsables de elaborar la política de Alemania no quisieron actuar: prevaleció la doc- trina de la «necesidad militar». El imperio otomano no murió por el agotamiento de sus estructuras imperiales ni porque el imaginario imperial de sus líderes y. de sus súbditos perdiera su relevancia. Las autoridades otomanas, las elites árabes y los gobiernos inglés y alemán actuaron dentro de un marco de expectativas que había evolucionado a lo largo de muchos años en los que los imperios habían intentado ir ganando intermediarios o qui- társelos a sus rivales. Las autoridades británicas y sus aliados musul- manes pensaron que el califato del siglo xvIH1 ofrecía un punto de refe- rencia idóneo para un conflicto político del siglo xx. Los otomanos abrigaban la esperanza de reactivar a expensas de Rusia las conexiones de los pueblos de lengua turca del continente euroasiático, Pero el im-_ io otomano estaba en el bando perdedor de aquella guerra interim- a de. o a . a . . . . 516 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA lengua debida, no adoraban al Dios debido, o no tenían los patronos debidos. El político imperial británico lord Curzon decía refiriéndose a las presiones y la violencia que acompañaron al establecimiento de las nue- vas fronteras que se traba de un «desmezclamiento» de pueblos. Olea- das de refugiados —diez millones de personas según ciertos cálcu- los— cruzaron la Europa central y del este. Los judíos, que habían sido miembros activos de la vida pública del imperio austrohúngaro, fue- ron a menudo objeto de la ira xenófoba en los estados sucesores, El resultado de las tensas negociaciones de París fue Ja creación de nue- —Checoslovaquia, Yugoslavia, Estonia, Letomar”, la resurrección de otros -—Polonia y Lituania—, la ratificación del esta- tus nacional de antiguos imperios reducidos o divididos —Alemania, GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 517 ría, los derechos de las minorías se suponía que quedaban protegidos, pero los mecanismos de protección eran mínimos, y las grandes poten- cias —Francia y Gran Bretaña entre ellas— estaban libres de tal obli- gación, lo que hizo que todo el sistema en su conjunto fuera considera- do hipócrita por mucha gente de la Europa oriental. Se suponía que la autodeterminación iba a convertir una Europa central de imperios en un conjunto de estados-nación, equivalentes todos ellos atendiendo al derecho internacional. Pero o los estados no eran equivalentes sialo que minar a otros. El desmembramiento del imperio otomano ad: tinta. Las preténsiones del gob: imperiales de Hussein ibn Alí a su causa continuaron después de la a Austria, Hungría— y la modificación de las fronteras de otros, En teo- guerra, cuando intentó utilizarlo a él y a sus hijos (los Hachemitas) para construir un muevo centro de autoridad en el vacío creado por la derrota de los otomanos. Franceses e ingleses buscaban una esfera de influencia en Oriente Medio sin dejar que ni unos ni otros llegaran e demasiado lejos, mientras que los Hachemitas intentaban reafirmar la autoridad del dominio de los «árabes» —en realidad el suyo— sobre O a OS “Fellini: se fesoma, ed o toda la península arábiga y Siria-Pajestina, o sobre cualquier sector de y a ga y q estas regiones que pudieran conseguir, independientemente de la mez- A a era S , a cla de musulmanes, cristianos y judíos que formara la población de EZ Tec UNIÓN DE á cada zona. Ml enisisa y nía) perencas a Enfrentados-a la familia real saudí, los Hachemitas no Hegaron de- seno TL seno Varsovia a 0 SOVIÉTICAS á masiado lejos en Arabia. El hijo de Hussein, Faisal, se proclamó rey de ES pmgtérdam Brest-Litovsk a Sirja.en 1920, para ser derrocado al poco tiempo por los franceses. Los e esiugelas — ALEMANIA POLONIA il . e ingleses le dieron entonces un trozo distinto del pastel, Mesopotamia, Bl ¡CA *Kiev g A z : p NS más las antiguas provincias otomanas de Basora, Bagdad y Mosul, Livia París AN FRANCIA ESPAÑA eMadrid juntadas de cualquiér manera para formar Irak, país del que se-convir- tió en rey en 1921. “Sí hermano Abdullah quería unos territorios gran- des, pero tuvo que contentarse con otros más pequeños en Transjorda- nía, mientras que los británicos se quedaron con el dominio más directo de Palestina, asumiendo a regAbacientes Ta TESponsabilidad de cuinplir le Falestina. la promes allí una patria, salvaguardando a un “un tiempo en ese mismo espacio los derechos de la población musulmana. Estas maniobras desembocaron en un nuevo principio de gobierno que surgió en la Conferencia de Paz de París de 1919. Los pueblos —como los árabes de Siria— que se consideraba que tenían un poten- cial de identificación nacional serían administrados por una potencia RUMANÍA. Bucarest > Belgrado» YUGOSLAVIA. TURQUÍA Mara 12.2. Europa en 1924, 518 «LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA BULGARIA, ChHiPRE a Mar Mediterráneo anat de Suez. — PALESTI pe o E 27 ABISINIA Y E La ALÍ FRANCESA UNIÓN SOVIÉTICA Mar Caspió Teherán» idad PERSIA Golfo de Adén LEE somáLIa ITALÍANA Imperio otomano en 1914 Protectorados británicos Mandatos británicos Mandato francés Mara 12.3. El imperio otomano desmembrado. o a O o... pe E e Eo o a GUERRA Y: REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 519 europea, experta en este tipo de negocios, hasta que tales pueblos estu- vieran listos para elegir su propia forma de gobierno y a sus propios gobernantes. El «mandato» de gobernar dichos territorios debía venir de una comunidad intetiaciónal concebida de manera bastante vaga y que se encarnaría en la nueva Sociedad de Naciones, producto también de la Conferencia de Paz. El sistema de mandatos comportaba una nueva visión de jerarquía global expresada en otras conferencias ante- riores en las que las potencias autoproclamadas «civilizadas» habían afirmado su responsabilidad sobre los pueblos incivilizados de los te- rritorios que reivindicaban (Capítulos 10 y 11). El mapa de los mi 'os fue otro reparto imperial, que no se co- rrespondía ni con las ps as otomanas ni con supuestas divisiones etnoculturales, por dudosas que éstas pudieran ser. Siria se convirtió en mandato de Francia (que luego reconocería al Líbano como una porción distinta del mandato de Siria); Palestina, Jordania e Irak fue- ron para Gran Bretaña, que siguió siendo la potencia tutelar mientras Abdullah y Faisal se convertían en reyes de unos territorios cuya rela- ción con ellos era en el mejor de los casos ambigua. Gran Bretaña y Francia intentaron asegurar derechos sobre las tierras y sobre otros bienes a'los líderes regionales considerados capaces de aumentar la estabilidad social, a riesgo de hacer más vulnerables a los que queda- ran excluidos. Ninguna de las reestructuraciones de posguerra de los antiguos do- minios otomanos funcionó demasiado bien, ni siquiera desde el punto de vista de las potencias mandatarias. En Siria estallaron rebeliones, contra las nuevas autoridades en 1920-1921 y de nuevo a mayor escala en 1925-1926, y en Irak a partir de 1920. En Palestina aumentó la ten- sión debido a la inmigración de judíos y a la pérdida de tierras por parte de los palestinos; en 1919, 1929 y especialmente a partir de 1935 hubo grandes estallidos de violencia. Las crisis no se limitaron al sis- tema de mandatos. En Egipto, convertido formalmente en protectora- do británico en 1914, ¿Tpueblo había sufrido una gran miseria durante la guerra. En 1919, tras la detención de un destacado líder político egipcio, se inició una oleada de huelgas, insurrecciones de los campe- sinos y manifestaciones, en las que participaron tanto cristianos como musulmanes, clases medias y humildes, Las autoridades británicas lle- garon a temer que se produjera una rebelión incluso más generalizada, Recuperar el contro] resultó tan difícil que los británicos decidieron abandonar el protectorado y ejercer el poder entre bastidores, como habían hecho entre 1882 y 1914. | 522 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA dominios autónomos de Australia, Nueva Zelanda, y Sudáfrica. Estos mandatos eran de un «rango» inferior a los del antiguo imperio otoma- no, en consonancia con las concepciones europeas del atraso de los africanos y de los habitantes de las islas del Pacífico. En teoría, la po- tencia mandataria, lejos de ser soberana según el derecho internacio- nal, era fideicomisaria de una nacionalidad en formación y bajo la su- pervisión de la Sociedad de Naciones. En la práctica, Francia, Gran Bretaña y otros países hicieron lo que pensaban que sabían hacer: go- bernar los territorios adquiridos como colonias, La Conferencia de París de o Gel tratado firmado en Versa- dio: más de una serie de conferencias interimperiales que se remontaba al Congreso de Viena de 1815, La Conferencia de 1919 se diferenció de las demás en que asistieron a ella nuevas yoces, aunque no fueran escuchadas: Brupos nacion es de la propia Europa, una potencia im- díos y TOS grupos € que "buscaban un reconocimiento político. “Las ims- tituciones concebidas en París fueron demasiado débiles para imponer las fronteras nacionales en Europa o para emprender la administración desinteresada de los territorios bajo mandato, pero tampoco fueron del todo meros ejercicios de hipocresía, El Tratado de Versalles postulaba una idea de responsabilidad ante determinados organismos internacio- nales y ofrecía unos foros.—-como, por ejemplo, informes obligatorios sobre los territorios bajo mandato y reuniones regulares de la comi- sión de mandatos— en los que la administración de los «pueblos de- pendientes» se convertía en un tema susceptible de ser debatido: Los pueblos de los mandatos enviaron numerosas peticiones a la comi- sión, pero sus solicitudes fueron discutidas habitualmente en su au- sencia, Las instituciones vinculadas con la Sociedad de Naciones, como la Organización ! Internacional del Ti Trabajo, ofrecieron también un marco para abordar asuntos como, por ejemplo, la mano de obra forzada en las colonias. Los mandatos y la Sociedad de Naciones introdujeron nuevas sutilezas a las ideas de ¡Soberanía y ampliaron los conceptos de mrollados en conferencias anteriores. SélO vistos en retrospectiva estos cambios parecen pasos dados hacia la disolución de los imperios: en su época, incrementaron los territorios de algunos —más de un millón y medio de kilómetros cuadrados sólo en el caso del imperio británi- co—, impusieron la legitimidad de administrar a los pueblos «depen- o nO, GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 523 dientes», y reafirmaron que no todos los países eran equivalentes tanto en el derecho internacional como en la práctica. Los activistas políticos de las colonias no pudieron dejar de perci- bir el abismo existente entre los discursos sobre autodeterminación pronunciados en París y la continua negativa de toda voz política en Jos territorios ultramarinos de los imperios europeos. Quizá vieran en el wilsonianismo un programa de liberación universal en el que Wilson no pensó nunca. Mientras tanto, la dimensión | racial del colonialismo fue desafiada, entre otros, por una poteñcia | impenal,, apón, que n- tó que se incluyera en el Tratado de Versalles una cláusula que con- deñaba el racismo. Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, cuya po- lítica en la metrópoli y en las colonias difícilmente habría respondido a ese patrón internacional, impidieron que la cláusula fuera incluida en el tratado. Tras avivar las esperanzas del mundo colonizado, el proceso de paz hizo pensar a muchos en una conspiración imperialista: una. pañdillita de Blancos, como la Conferencia de Berlín de 1884-1885, sentados alrededor de una mesa repartiéndose el mundo y poniendo coto a las aspiraciones de los pueblos colonizados, Antes incluso de que estallara la guerra, las conexiones imperiales habían ían llevado. a.algunos estudian- tes africanos y asiáticos. aLondres.y.a París; la mejora de las comuni- caciones había permitido que los activistas de China, Oriente Medio, África y las Indias Occidentales se conocieran. La cólera por las deci- siones tomadas en París —la entrega de los territorios alemanes en China a Japón y la no aplicación del principio de autodeterminación a Corea— dio paso a manifestaciones multitudinarias en Corea y China en 1919. Ese mismo año ciertos grupos panafricanistas celebraron una reunión paralela en París de Ja que la Conferencia de Paz hizo caso omiso. Las rebeliones en mandatos como Siria e.Irak y la movilización política en la India, Indonesia y otros lugares continuaron hasta bien entrados los años veinte. Los movimientos «pan-h lo que fuera» —pa- neslavos, panafricanos, pañárabes, éto.— siguieron haciendo ofr su voz durante esa misma década, a veces a favor de un concepto territo- ríal de nacionalidad, y a menudo expresando ideas de afinidad que trascendían los territorios y estableciendo sólo una vaga asociación con las instituciones estatales. No estaba ni mucho meños claro adón- de podía llevar este fermento. A partir de 1924 la Turquía de Atatiirk dio un giro notable hacia la construcción de un: e una. ión, alejándose de cualquier asociación antiimperialista en gener URSS intentó ca- * 7 Ss aa NS 524 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA nalizar los movimientos anticolonialistas hacia un frente comunista en sentido lato patrocinando un gran congreso en Bakú en 1920 y luego creando una organización coordinadora dirigida desde Moscú, la Ko- mintern. A pesar de la agitación en Siria, Irak y Egipto, no surgió nin- gún frente panárabe cohesionado. Los panafricanistas encontraron muchas dificultades para llevar su movimiento más allá de los circui- tos minoritarios que mantenían los contactos entre Londres, París, Moscú y las capitales coloniales. Los gobiernos coloniales hicieron cuanto estuvo en su mano para meter de nuevo la política en compar- timentos étnicos, y lograron acaparar recursos suficientes en forma de patrocinio y coacción para cosechar algunos éxitos. La soberanía adoptó muchas formas distintas en el mundo del si- , glo Xxx, .BrF8conocimiento de la soberanía de Gran Bretaña y Francia “permitió a estos dos países imponer una soberanía muy reducida so- bre protectorados como Marruecos o inmiscuirse en el Egipto inde- pendiente o en el mandato de Irak; al mismo tiempo Inglaterra apoya- ba una soberanía compartida en la Commonwealth británica, negaba por completo la autodeterminación en la India o en África, y Francia sostenía que la Martinica y Argelia formaban parte integrante de su país. Los imperios siguieron gobernando a los distintos pueblos de manera distinta. Cuando en 1935 la Sociedad de Naciones fue incapaz de actuar contra la invasión de Etiopía por Italia, puso de manifiesto que el respeto por la soberanía de un imperio europeo agresivo anula- ba el respeto por un reino africano. En las décadas que siguieron al término de la primera guerra mundial todavía no era evidente que las grietas existentes en el edificio del imperio iban a hacerse cada vez más grandes. Japón, China y el cambio del orden imperial en Asia del Este ] La posición ambigua de Japón a la puerta de entrada del club impe- ria) —pero no dentro de él — fue reconocida al recibir en Versalles el sector. de China, de tamaño bastante modesto, controlado anteriormen- te por Alemania (Jiaozhou), para humillación y exasperación del nue- vo gobierno republicano de China y sus partidarios. El motín iniciado entre los estudiantes de Beijing en mayo de 1919 y. que se extendió a otras ciudades y grupos sociales precipitó la radicalización de los acti- vistas políticos chinos, que cristalizó en el «Movimiento del Cuatro de Mayo». Pero ni esta protesta ni las demandas de autodeterminación Ss rra na As ..... GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 525 procedentes de Corea en 1919 influyeron en las potencias imperiales. Japón reaccionó ante las manifestaciones multitudinarias de descon- tento en Corea intentando atraer a las elites económicas del país a una relación más estrecha con los hombres de negocios y colonos nipones, permitiendo una participación coreana cuidadosamente limitada en las asociaciones, y manteniendo al mismo tiempo firmemente sujeta a su colonia. La guerra había fortalecido enormemente a Japón, pues, al aliarse formalmente con Gran Bretaña y Francia, había participado sólo en algún combate menor en el territorio alemán de China, al tiem- po que suministraba material bélico a los aliados. Japón potenció su capacidad industrial (con un incremento del setenta y seis por ciento entre 1913 y 1920), canceló su deuda externa y se convirtió en el motor económico de Asia del este. Todo ello era un indicio de que el mapa imperial —aparentemente centrado en Europa durante el siglo anterior — necesitaba algún reto- que, si no una reorientación completa. China había sido siempre un hueso demasiado duro de roer para los imperialistas de Occidente, que no habían sido capaces de echarle faano directamente, pero antes de la guerra Gran Bretaña, Francia, Alémania y Estados Unidos habían so- cavado la autonomía del Estado chino y de paso la legitimidad de su [ régimen (Capítulo 10). Los esfuerzos de los Qing por reprimir las re- beliones habían arruinado las finanzas del Estado y habían hecho que fueran más dependientes de los líderes provinciales que rechutaban los ejércitos encargados de defender perio. Los intentos de reforma habían dado a gobernadores, consejeros y activistas políticos de las asambleas provinciales mayores oportunidades de actuar de manera autónoma de lo que pretendía el gobierno. La volatilidad de la política china antes de la primera guerra mun- dial se había visto afectada en muchos sentidos por conexiones que iban más allá de sus fronteras: la diáspora de mercaderes y trabajado- res chinos que proporcionaban apoyo financiero a los disidentes; las redes establecidas por activistas, como Sun Yat-sen, que habían viaja- do por todo el mundo; las quejas de los chinos de Estados Unidos contra los prejuicios y los malos tratos sufridos en este país; la con- ciencia de que la crisis de China formaba parte de una agresión impe- rialista en todo el mundo; y la exasperación de la elite de los Qing al no poder proteger a China de los extranjeros. Los orígenes foráneos de Jos manchúes se convirtieron en el blanco de todos los ataques; los ac- tivistas podían presentar a los manchúes como colonizadores, y a los chinos como víctimas del imperialismo tanto manchú como europeo. ES 3 4 528 * LOS IMPERIOS A LO LARGO DB LA HISTORIA Commonwealth y la proclamación —esta vez reconocida por todo el mundo— de la República de Irlanda. La relación del sur de la isla con el norte y con Gran Bretaña sigue estando en-la actualidad sin resolver; es un legado de cuán poco clara y conflictiva Puede llegar a ser la so- beranía territorial. Aunque los indios habían contribuido enormemente a la defensa del imperio británico durante la primera guerra mundial, no tardaron en verse frustradas sus esperanzas de obtener los derechos de ciudada- nía en un imperio moderno. Las promesas de concesión de cierto grado de autogobierno fueron aplazadas y quedaron diluidas. El Congreso Nacional Indio intentó mantener la presión sobre los ingleses. En una manifestación en Amritsar en 1919 — ilegal, pero pacífica—, las tro- pas británicas dispararon contra la multitud matando al menos a tres- cientos setenta y nueve indios, e hiriendo a otros mil doscientos. La matanza desembocó en un Hamamiento a la unidad de la oposición india y permitió a Gandhi consolidar su liderazgo. Muchos indios musulmanes estaban irritados por el desmembra- miento del imperio otomano, cuyo sultán —por lejos de la India que estuviera— poseía el aura de un califa y por lo tanto gozaba de una legitimidad que se remontaba a la generación inmediatamente poste- rior a Mahoma. El movimiento Khilfat reclamaba la restauración del califato, y ese mismo deseo recorría varios imperios distintos. Los hin- dúes colaboraron con los musulmanes en la protesta no violenta, vincu- lando específicamente los objetivos nacionales a la crítica del imperia- lismo. Esta colaboración contribuyó a la aparición del movimiento de «Toda India», liderado por Gandhi. Inglaterra no fue capaz de volver a la política de actuación a través de sus intermediarios escogidos a lo largo y ancho de la India, pero tampoco quería ceder el verdadero po- der central. Los funcionarios y unos pocos Políticos indios plantearon algunas variaciones de estructura federal, con instituciones guberna- mentales descentralizadas, escaños legislativos asignados a musulma- nes, príncipes y otras categorías de población, y un centro débil, pero el Congreso estaba claramente focalizado en la India como objetivo, y los políticos regionales, entre ellos los titulares de los principados, se sentían demasiado inseguros en sus bases de poder para que el federa- lismo resultara para ellos una alternativa aceptable. En algunas zonas de África, las potencias dominantes rompieron también lo que había sido un acuerdo imperial implícito. A su regreso, los soldados no recibieron las pensiones, los empleos ni el reconoci- miento a los que se suponía que se habían hecho acreedores por los e GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 529 servicios prestados junto con otros súbditos imperiales, En Senegal, el lenguaje de la ciudadanía expresó estas reclamaciones al Estado, y Blaise Diagne se basó en esos sentimientos para construir una máquina política entre los ciudadanos con derecho a voto. La respuesta del go- bierno francés consistió por un lado en intentar ganarse a Diagne —y lo logró—, y por otro, en distanciarse del ideal de ciudadanía. En vez de ensalzar su papel en la «civilización» de los africanos y la educa- ción de una elite, Francia puso el acento en el carácter tradicional de la sociedad africana y en el papel fundamental de los jefes. En el África británica, la política consistente en actuar a través de los jefezuelos y en intentar imponer un cambio gradual en el marco de las «tribus» africanas fue elevada durante los años veinte a la categoría de doctrina imperial: la de «dominación indirecta». o o El gobierno francés y el británico consideraron políticas económi- cas denominadas de «desarrollo» (o mise-en-valeur, como se decía en francés), pero rechazaron cuálquier programa sistemático en este sen- tido. Se negaron a romper con el viejo principio colonialista según el cual no debían usarse fondos de la metrópoli para mejorar las condi- ciones reinantes en las colonias, porque no querían gastar dinero y porque temían perturbar los delicados apaños a través de los cuales funcionaban las colonias. o El carácter descentralizado del dominio colonial en África hacía que a los activistas políticos les resultara difícil trascender los idiomas y las redes locales que tenían en la India, donde el Servicio Civil Indio, los ferrocarriles y otras instituciones existentes en todo el país propor- cionaban estructuras unificadoras (Capítúdo 10). Hubo revueltas polí- ticas en Ingares como Kenia, Senegal y la Costa de Oro (Mapa 13.2), pero durante algún tiempo los regímenes coloniales de África lograron volver a meter en la botella de la administración colonial al genio de la ciudadanía imperial, al cual ellos mismos habían evocado: durante la Gran Guerra. . . ' Pero el fermento que hervía en el mundo de los imperios no cesó. La matanza de Amritsar y sus consecuencias, la sublevación de Irlan- da, y-los motines y rebeliones en Palestina, Siria e Irak elevaron el tono de las demandas. En muchas colonias siguieron surgiendo las peticiones y los llamamientos en pro de la reforma constitucional. Las demandas fueron encontrando públicos receptivos en la propia Euro- pa, en los partidos comunistas, en los círculos religiosos y humanita- rios, entre los intelectuales que tenían simpatía por las culturas de Asia y de África, y en los circuitos de activistas de todos los rincones 530 LoS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 531 de los imperios que se reunían en las capitales imperiales, como Lon- dres o París. Algunos funcionarios se dieron cuenta de que las protestas, las huelgas, los motines y otros «disturbios» durante los años treinta no eran sólo sucesos locales, sino que anunciaban la existencia de proble- reflejaban también la presunción británica de que los árabes de Irak iban a plegarse ante el poder, pero no ante la razón. El lanzamiento de bombas sobre los aldeanos iraquíes era el reconocimiento implícito de las limitaciones de la capacidad de gobernar que tenía una potencia imperial. Si los imperios de Francia e Inglaterra pudieron obligar a los ale- manes, a los otomanos y a los austrohúngaros a tragar su derrota en la primera guerra mundial quisieran o no quisieran, a ellos se les atragan- tó la victoria. La seguridad en sí mismos de los europeos “como motor .. produjera una ola de huelgas a lo largo y ancho de las Indias Occiden- tales británicas entre 1935 y 1938 y en varias ciudades y localidades mineras de África entre 1935 y 1940. En 1940, el gobierno británico decidió utilizar fondos de la metrópoli en programas de «desarrollo y A... OS | mas en el ámbito de todo el imperio, especialmente después de que se l [ y bienestar» destinados a mejorar los servicios sociales de los trabajado- res de las colonias y fomentar el crecimiento a largo plazo, con la fina- lidad explícita de elevar los niveles de vida de los habitantes de las colonias. El Congreso Nacional Indio presionó a Inglaterra para que adoptara una política de desarrollo para la India. Pero hasta después de la segunda guerra mundial no empezó a fluir una cantidad significativa de fondos destinados a la financiación de mejoras (Capítulo 13). En las dos décadas que siguieron al término de la primera guerra mundial, las rebeliones y las demandas políticas de las colonias pudie- ron ser contenidas. Pero un ejemplo de los años veinte revela la violen- cia y las limitaciones del imperialismo del siglo Xx. Los aldeanos y los nómadas rebeldes de Mesopotamia, incorporados al territorio del man- dato de Irak, fueron reprimidos con bombas lanzadas desde el aire, después de que las autoridades británicas —incluido el futuro primer «Nuestro gobierno.es peor que el viejo sistema turco... Tenemos noventa mil hombres, con aviones, carros blindados, cañoneras y trenes blindados. Hemos matado a cerca de diez mil árabes en este levantamiento este verano. No cabe esperar que mantengamos un promedio semejante: es un país pobre, poco poblado.» T. E. Lawrence, Sunday Times, verano de 1920, hablando de la represión británica de la sublevación de Irak ministro Winston Churchill—- fomentaran una mística del poderío aéreo contra los re- beldes de las colonias. El poderío aéreo sig- nificaba en realidad terror. El terror era la cara oculta del imperio, que permanecía en segundo plano cuando los estados eran ca- paces de mantener una administración ruti- naria y cultivar a los intermediarios, como habían intentado hacer durante la mayor parte de su historia, o cuando en. épocas más recientes habían intentado establecer una especie de imperio de la ley, integrar en el mercado a los labradores que vivían al mero nivel de subsistencia, y ofrecer acce- so a la atención sanitaria, a la educación y a otros servicios. Los bombardeos de terror A dh a d a . . dely progreso mundial tuvo que hacer frente a veinte millones de muer- tos. Francia e Inglaterra, entre otros países, estaban cargadas de deu- das, preocupadas por la riqueza y la influencia cada vez mayores de Estados Unidos, cuya insistencia en cobrar la totalidad de los présta- mos que habían hecho no ayudó a los aliados a cooperar unos con otros en materia económica ni a Alemania a reintegrarse en Europa. A los líderes occidentales les preocupaba también la alternativa revo- lucionaria de la URSS. Temían que en las iniciativas políticas de las colonias se dejaran sentir los ecos de la retórica internacional en pro de la autodeterminación —por hipócrita que fuera —o de unas moda- lidades más radicales de antiimperiatismo. Los gobiernos europeos habían invitado a los súbditos de las colonias a actuar como si la inclu- bían negado a conceder los derechos de ciudadanía que los indios y los africanos pensaban que que se habían ganado. La guerra había conmocio- nado el mundo de los imperios; y la paz añadió nuevas complicaciones, a los significados de la sobera fas davía más peligrosas. La gr gran guerra d a del acabado. _ lo. Xx t “todavía no + había IMPERIOS NUEVOS, IMPERIOS VIEJOS Y EL CAMINO HACIA LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Tres nuevos agentes reafirmaron su posición en el marco de las ri- ie Ad validades y las alianzas que se desarrollaron al término de la primera te a los imperios de Occidente; y la Alemania nazi contra todo el que no fuera alemán. 534 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA Los bolcheviques tuvieron que enfrentarse a los imperativos del imperio en su afán por recuperar el control de los] pueblos y los territo- “Tios perdidos como consecuencia de los violentos conflictos entre co- manistas, liberales, socialistas, nacionalistas, conservadores, anarquis- tas y los ejércitos que cada uno pudo reunir. Durante la guerra civil, surgieron estados —nuevos y viejos, pero siempre con fronteras discu- tidas— en el territorio del antiguo imperio. Polonia, Bielorrusia, Fin- landia, Lituania, Letonia, Estonia, Ucrania, Armenia, Georgia y Azer- baiyán declararon su independencia. En Siberia y en Asia central, los activistas musulmanes y de otras tendencias reclamaron un poder esta- tal. Los bolcheviques recuperaron tantas de estas zonas como pudieron a través de campañas militares y del dominio de las administraciones de los «sóviests» a través del partido o recurriendo a ambos expedien- tes. Por el oeste, los bolcheviques se enfrentaron a Polonia en 1920. Esta guerra había sido declarada con la intención de desencadenar la revolución por toda Buropa, pero la victoria de los polacos supuso la fijación de un límite occidental para el Estado bolchevique. Buena par- te del terreno ganado por Rusia en el siglo xVvIH se perdió en beneficio de una Polonia reconfigurada e independiente (Mapa 12.2). El Estado bolchevique sturgido tras años y años de guerra mundial, revolución, casi anarquía, guerra civil e internacional, y hambre se ba- saba en una nueya combinación de principios políticos. El poder debía ser ejercido en benefició de TA clase trabajadora, la propiedad privada debía ser abolida y el Estado debía ser el dueño de los medios de pro- ducción. El gobierno sería una dictadura del proletariado. La experien- cia negativa que habían tenido los bolcheviques de la política multipar- tidista, así como las actitudes patrimoniales alimentadas en el pasado imperial de Rusia y la virulencia de la guerra civil, fueron expresadas en el nuevo sistema de gobierno, basado en el dominio de un partido único, en el centralismo autocrático y en la obediencia a un único Jíder, asesorado por un consejo de incondicionales. La experiencia del imperio y sus insatisfacciones inclinó a los bol- cheviques y a sus asesores a dar cabida a las particularidades naciona- les. Durante varios años, los bolcheviques dieron una respuesta innova- dora a las tensiones entre la centralización y la diferencia, y al problema de encontrar intermediarios leales. Su solución fue. 4n.neyo tipo de Estado federal, compuesto por «repúblicas nacionales» unidas al cen to por ún in partido úx único, cuyos miembros ocupaban posiciones clave en materia de admimstración y que recibían órdenes de las autoridades del partido en la capital. LC SS So o no. GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 535 La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se convirti en un imperio pormiédios comunistas. Cada república nacional tenía su pro- pio escalafón de cargos, pero era el partido el que proporcionaba los medios para ascender en él. ¿Pero qué clase de diferencias iban a cons- tituir una nacionalidad en un Estado que, como el del pasado, contenía tantos pueblos distintos? Los etnógrafos y los economistas discrepa- ban sobre cómo debía dibujarse el mapa de las «nacionalidades» del imperio, y sobre si debía darse más importancia a la etnia o al grado de desarrollo, Durante los años veinte y treinta, los especialistas y administrado- res soviéticos siguieron peleando a brazo partido con el problema de coordinar tierras y población, Se impuso un principio general: instalar torios en ue dí dichos grupos tu viética estaba Tomada por seis «repúblicas» sumamente desiguales: la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, la República So- cialista Soviética de Ucrania, la República Socialista Soviética de Bie- lorrusia, la República Socialista Federativa Soviética de Transcauca- sia, la República Popular Soviética de Corasmia y la República Popular Soviética de Bujará. Dentro de la República Federal Rusa había ocho Repúblicas Socialistas Soviéticas Autónomas y trece «Regiones Autó- nomas»; jerarquías similares podían encontrarse en las otras repúbli- cas. Las fronteras y las categorías de esas unidades fueron adaptadas etico Ela URSS en 1950 El Anexdones dela URSS en 1995 Mara 12,4. La URSS en 1930 y 1945. 536 LOS IMPERIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA muchas veces a lo largo de las décadas siguientes, pero el principio de representación nacional siguió siendo un elemento esencial de la polí- tica y la administración soviéticas. La URSS actuó también con un talante imperial —eso sí, nuevo— en materia de asuntos exteriores. Como no. m. invitados ala Con- o no estaba claro quién mandaba en Rusia, los bolcheviques tomaron la iniciativa estable- ciendo su propio sistema de alianzas internacionales basado en la polí- tica revolucionaria, no en los estados. En 1919, se reunió en Moscú la Internacional Comunista (Komintern), con la pretensión de sustituir a la Internacional Socialista, que había mantenido unidos a los partidos socialistas antes de la guerra, por una nueva alianza de activistas co- bían sido derrotadas en Aleman 1918): y ; Hungría (1919), los bol- cheviques se esforzaron en crear. “Moscú y en destruir a los socialdemócratas moderados, fanto en Rusia domo en el extranje- ro. El segundo congreso de la Komintern de 1920 decidió que sus miembros siguieran la postura soviética en materia de táctica y decla- raciones de partido. La reconfiguración de la soberanía y de la política mundial después de la guerra dio gar aun convenio > pragmático entre Alemania y la Rusi “ag deudas y istencia técnica alemana a la URSS a cambio del uso del territorio ruso por parte de los alemanes para la realización de ejerci- cios de adiestramiento militar. El comercio entre la Unión Soviética y Alemania continuó durante toda la década de los treinta. En agosto de 1939, las relaciones germano-rusas, para sorpresa de muchos, asu- miéron su forma más imperial en el pacto alcanzado entre Hit Hitler y Stalin. Rusia continuaría suministrando a Alemania materias primas a cambio de maquinaria y armamento alemán; las dos partes acordaban no atacarse una a otra; y en un protocolo secreto, se dividían entre las dos la Europa central y del este. Rusia pretendía recuperar Finlandia y otros territorios que había perdido durante la guerra mundial. Polonia volvía a ser repartida, esta vez sólo entre dos potencias. El pacto signi- ficaba que cuando Alemania invadiera Polonia el 1 de septiembre de 1939 y Gran Bretaña y Francia declararan la guerra a Alemania, la URSS se pondría del lado de los nazis frente a los imperios «burgue- ses» y enviarían al Ejército Rojo contra Polonia por el otro lado. ¿Qué clase de imperio presentaron los soviéticos ante aquel mundo incierto? El Estado de partido único tendría una profunda influencia ¡y¡ggggIICOOOO aa GUERRA Y REVOLUCIÓN EN UN MUNDO DE IMPERIOS 537 * dentro y fuera de la Unión Soviética. En cada unidad de la federación, la posición del jefe del partido en lo alto de Ja pirámide de la organiza- ción del partido facilitaba las relaciones personales y patrimoniales entre los líderes y los subordinados. Ahora que la nobleza había desa- parecido, la burguesía había sido expropiada y que las profesiones li- berales eran controladas por el Estado, eran las redes del partido las que atraían a la gente a los sistemas que sustentaban el funcionamiento del Estado. Se puso al alcance de la gente un puesto en el partido, no independientemente de su etnia, sino precisamente por ella. Las insti- tuciones educativas establecieron cuotas para las diferentes regiones con el fin de asegurar que los cuadros del partido recibieran instruc- ción en todas ellas. El partido creó los intermediarios del imperio, dan- do a las nuevas elites de las diversas nacionalidades una participación en el Estado. Al mismo tiempo, la Unión Soviética se entregó a la igualdad y al avance de la civilización. Durante los años veinte, los bolcheviques adoptaron el precedente zarista de enseñar al pueblo en su lengua nati- va y suministraron alfabetos a grupos que carecían de ellos, Había un elemento de la nacionalidad que no debía ser fomentado: la religión. Los bolcheviques, a diferencia de sus antecesores, estaban decididos a subvertir la autoridad del clero y a considerar atrasadas las creencias religiosas. El principal enemigo en este sentido era la Iglesia ortodoxa rusa, con el atractivo que tenía para los campesinos rusos y para los pueblos nativos convertidos. Durante los años veinte y a comienzos de los treinta, los líderes soviéticos fomentaron el uso del alfabeto latino, en vez del cirílico usado por los misioneros zaristas, para inventariar las lenguas nativas del extremo norte y de la cuenca del Volga. En el curso de la campaña lanzada contra el islam, los bolcheviques intenta- ron obligar a los pueblos túrquicos del Cáucaso y de Asia central a cambiar la escritura arábiga por la latina. Aunque el laicismo resultaba muy atractivo a los activistas encargados de la modernización, las campañas contra la «superstición» y las diferencias de las costumbres, como el uso del velo en algunas zonas musulmanas, los malquistó con muchos que deseaban conservar su religión. La política de reconocimiento nacional y de incorporación de las elites «nativas» podía ser manipulada. Tras utilizar las estructuras cen- tralizadoras del partido comunista y el monopolio que éste tenía de la política para alcanzar el poder dictatorial, Stalin Hlevó a cabo durante los años treinta una purga de los líderes nacionales potencialmente influyentes. Forzó la colectivización de la agricultura campesina por