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En este documento se presenta un análisis detallado de las obras 'versión después del sermón' de paul gauguin y 'el dormitorio de van gogh en arlés'. Ambas obras pertenecen a los pintores post-impresionistas más importantes del siglo xx. Se examinan su contexto histórico, composición, uso de color y significado. Gauguin representa una escena religiosa con una perspectiva personal y libre, mientras que van gogh pinta su primera habitación propia en arlés, reflejando su estado de ánimo y su estilo característico.
Tipo: Apuntes
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La obra que se nos propone comentar, pertenece al pintor y escultor francés, Paul Gauguin, perteneciente al estilo artístico post-impresionismo, y muy influyente en el arte moderno del siglo XX
Esta pintura constituye un oleo sobre lienzo y actualmente se localiza en el museo Colección Particular.
Este importante pintor comienza su andadura artística muy especialmente influido por el movimiento anterior, es decir, el impresionismo. De manera que esta obra, que fue elaborada en torno a 1883, cuando empezaba a desplegar sus dotes como pintor, va a reflejar muchos de los elementos propios del movimiento que anteriormente hemos comentado.
La composición nos muestra una bella imagen de un jardín nevado pintado al atardecer y contemplado desde su ventana.
En primer plano hay dos figuras, tomadas desde una perspectiva alzada mientras que observamos las casas del fondo con una perspectiva frontal. He aquí donde apreciamos la influencia del impresionismo, donde es muy propio la mezcla de estas perspectivas.
Sin embargo, la luz adquiere un plano más secundario aunque el color nuevamente va a ser el protagonista de esta composición. Se abandonan las líneas y a partir de diversas tonalidades creadas con la pincelada suelta y pastosa se consigue una sensación espectacular ambiental. El frio del invierno queda reflejado mediante la combinación de tonalidades malvas y azules, que protagonizan la escena.
En los rostros de las mujeres que presiden la composición, no se aprecian detalles mínimos, pues este no es su objetivo, sino más bien lo que pretende es mostrarnos un paisaje, donde la nieve y el frio hacen acto de presencia.
Resulta increíble como a través de la pincelada crea ese efecto óptico tan maravilloso. Esta pintura, al igual que las de su mismo estilo, están compuestas para ser vistas de lejos. Para finalizar diremos que este pintor en sus inicios coincide con los rasgos propios del impresionismo: importancia del color, el paisaje y la pincelada suelta, pero que mas adelante va a dar un giro en su pintura, como a continuación vamos a comentar.
Retomando lo mencionado en la obra anterior, esta composición, titulada Versión después del sermón, supone la ruptura definitiva de Gauguin con sus inicios impresionistas y al mismo tiempo, supone la superación de la visión realista del mundo. viel
.En este óleo sobre lienzo, Gauguin nos muestra su versión personal de un cuadro religioso. La escena se desarrolla en las puertas de la Iglesia, donde un grupo de mujeres bretonas, ataviadas con sus vestidos tradicionales, impactadas aún por las palabras del sermón dominical, contemplan en un prado cercano una escena bíblica: la lucha de Jacob y el ángel. Jacob había engañado a su padre, Isaac, para lograr la primogenitura frente a su hermano Esaú, por lo que fue condenado a vivir temporalmente lejos de su madre, hasta que se reconcilió con Dios y con su familia.
Como dato curioso, podemos destacar que aunque se trata de una escena religiosa, Gauguin la traslada al paisaje rural de Bretaña.
Este cuadro, que actualmente se localiza en la Galería Nacional de Escocia, intentó ser donado a una parroquia, pero el cura del pueblo lo rechazó, puesto que lo consideraba poco piadoso y de difícil comprensión para los parroquianos.
Atendiendo a los rasgos que definen la composición, podemos destacar que la innovación principal residirá en la forma de componer el cuadro, en la aplicación del color y en el uso libre que hace de éste. El color se aplica en manchas uniformes, limitadas y contorneadas por líneas oscuras, imitando así las técnicas de aplicación del esmalte.
Además este color, está interpretado libremente, de manera que el manzano y el prado pierden sus colores reales.
Hemos de destacar también que los volúmenes se simplifican y las sombras quedan suprimidas.
Por tanto, en suma podríamos decir que el realismo en esta escena se simplifica y concentra en los rostros de los protagonistas, pues como podemos comprobar el objetivo de Gauguin no es mostrar una realidad tal cual es, sino más bien interpretarla y representarla así desde su punto de vista. Esta obra resulta de lo más interesante, y al mismo tiempo plasma la evolución en su pintura. Constituye una mezcla de intensidad, conseguida con el rojo intenso de los prados y sencillez, puesto que no utiliza formas complejas pero sobre todo es una obra de gran fuerza expresiva, conseguida a partir del color y la forma con los que la escena se compone.
Para finalizar con este espectacular pintor del post-impresionismo, vamos a analizar una de sus obras realizadas en su época de madurez, donde el pintor pondrá sus intereses en el mundo de lo exótico y el erotismo.
Esta obra constituye una de las más famosas del pintor neo-impresionista y en ella se representa el dormitorio de Van Gogh. Éste estaba localizado el número 2 de la Place Lamartine en Arlés.
El motivo por el que Van Gogh le dedica un retrato a esta habitación reside en el hecho de que constituía la primera habitación propia que tenía el pintor, y que por tanto, el pintor la consideró digna de ser pintada.
En ella como podemos observar, se representa una cama, varias sillas y una pequeña mesita de noche, los elementos propios de una habitación, habitación que según nos ofrece la pintura, se caracteriza por ser bastante sencilla y austera, pero con un toque bastante acogedor.
A la derecha, observamos una puerta, que daba paso a la escalera, la cual nos conducía a la planta superior de la estancia. En la izquierda, se encuentra otra puerta que nos llevará a la habitación que él mismo había preparado para su querido amigo Gauguin. Al fondo, observamos una ventana, sobre la mesita, que está ligeramente descentrada y que daba paso a la Place Lamartine y a sus jardines públicos, sin embargo esto no se percibe a través de la ventana.
La pequeña estancia está vista en perspectiva, marcando las líneas del suelo y de las paredes para crear el volumen de la habitación. Sin embargo, abandona las sombras y la textura tradicional, creando superficies planas de clara inspiración oriental.
La perspectiva que utiliza se caracteriza porque está levemente torcida, muy propia del autor.
En cuanto al color, destaca el color amarillo intenso de la cama, que contrasta con el marrón del suelo y la paredes azuladas, de forma que nos transmite intensidad, aunque también tranquilidad y sosiego.
Van Gogh se caracteriza por ser un hombre de personalidad inestable, con leves inclinaciones hacia la enajenación y demencia, reflejada en la utilización del color amarillo de la cama.
La pincelada que utiliza es densa y fragmentada y los colores son puros.
Vicent Van Gogh constituye uno de los pintores más importantes dentro del post-impresionismo francés. Su obra, bastante densa, a pesar de ser realizada en un breve período de tiempo está marcada por su propio estilo, un estilo en el que su inestabilidad en el estado anímico y su concepción del mundo son bastante palpables.
Esta obra en concreto fue realizada en varias versiones. Actualmente se localiza en el Museo Nacional de Van Gogh. Esta síntesis de locura, enajenación aunque también tranquilidad constituyen toda la trayectoria profesional de este pintor, uno de los más relevantes que ha dado la historia del arte.
A continuación, vamos a comentar otra de las obras más prestigiosas del pintor neo- impresionista, Vicent Van Gogh. Ésta recibe el nombre de Girasoles y supone una de sus obras más repetidas, pues realizó una docena de ellas aproximadamente con el objetivo de decorar su estancia en Arlés.
En este óleo sobre lienzo, queda representado un jarrón con un ramo de girasoles de distintos tamaños y formas. Bajo el pincel de Van Gogh, los girasoles se convierten en el símbolo del culto que rinde al sol y al color amarillo.
Como podemos comprobar los girasoles adquieren distintas formas: unos lucen resplandecientes mientras otros se apagan y aparecen marchitados. Lo que el artista pretende transmitir con esta diversidad son las distintas etapas de su vida: la flor resplandeciente representa la etapa de su juventud, mientras que la marchita simboliza su etapa de madurez. De esta forma, podemos decir que en cierto modo esta obra está impregnada de un sentimiento nostálgico de aquellos tiempos mejores, la juventud: alegre, aventurera y joven.
Para realizar esta serie de cuadros de girasoles, el pintor va a tener como referente la fachada amarilla de su casa, junto con el ardiente sol mediterráneo propio del sur de Francia.
Este color amarillo está aplicado con pinceladas fuertes, agresivas, en pequeños toques salteados, destacando la plasticidad de la pintura, que crea un fino relieve en la tela, para dar volumen a los girasoles. Para resaltar el amarillo y el naranja, emplea verde y azul cielo en los contornos, creando un efecto de suave intensidad lumínica.
Esta obra a simple vista parece tratar un tema bastante simple: la representación de un jarrón decorado con preciosas flores. Sin embargo, retomando lo anteriormente comentado, supone el progreso de toda una vida, una vida que poco a poco se marchita y donde el amarillo siempre hará acto de presencia. El autor desde joven se había sentido admirado por este color, un color que siempre se ha identificado con la locura. Esta locura cada vez era más evidente en la vida de nuestro pintor, y que le llevó al mismo suicidio.
En esta obra, de gran renombre en la actualidad, pueden conocerse los rasgos propios de este estilo, pero sobre todo nos muestra el estilo único e irrepetible de Van Gogh, un estilo intenso e incomprendido, donde el amarillo y sus diversas tonalidades adquieren límites insospechados.