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Asignatura: 2MEMORIA, Profesor: Jose A. Aznar, Carrera: Psicologia, Universidad: UB
Tipo: Ejercicios
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La psicología cognitiva ha adoptado la metáfora del ordenador para pensar sobre la mente. La mente procesa la información, la codifica, la almacena y la recu- pera como un ordenador. Nuestro cerebro es el hardware sobre el que corren programas que nos permiten hablar, ver o pensar (el software). La Inteligencia Artificial adopta la imagen especular y, en su versión fuerte, no de manera metafórica sino literal: Un ordenador es una mente. Los circuitos son distintos a los del cerebro y los programas con frecuencia también, aunque produzcan resultados semejantes a la conducta humana; pero cuando estos se ejecutan, la máquina piensa, igual que la mente cuando procesa la información. La cuestión es, ¿puede una entidad con unos muy limitados sentidos artificiales, esto es, sin visión artificial, aunque tal vez con sensores de distancia o con percepción de contornos y formas pero sin reconocimiento semántico de las mismas; sin nariz electrónica, aunque con un tacto simple, sin apenas oído para localizar sonidos en el mejor de los casos; con efectores sin la flexibilidad ilimitada de las extremidades humanas, si posee alguno, con prótesis mecánicas, sin emociones, sin necesidades ni sentido común como son la mayoría de los ordenadores y robots, ser consciente del mundo, tener sentimientos, autocon- ciencia o teoría de la mente?
• LA CONCIENCIA
P
uede la ciencia construir al monstruo de Frankestein? ¿Por dónde es me- jor empezar? ¿Por robots pensantes o por robots «obreros», que «simplemente» alcanzan objetos, agarran cosas, andan...? ¿Para que le sirve la conciencia a un com- putador, si ésta es un luchador por fines que se desarrolla ante la incertidumbre? En la evolución, la mente fue cambiando su com- plejidad, posiblemente al principio se parecía más a un timbre o a un despertador, esto es, a un sistema de alarma; tal vez, con el paso del tiempo llegó a ser como una lavadora o una calculadora o una cámara de fotos o un GPS (en resumen, una máquina de propósito específico), que servía para hacer un mapa del entorno, para orientarse o para reconocer a los miembros del grupo o a los depredadores. Uniendo máquinas de propósi- to específico y combinando funciones tal vez pudiera surgir con el tiempo un ordenador, esto es, una máquina de propósito general, que igual serviría para oír música que para ver una película o hacer la declaración de la renta o escribir un libro... Durante todos estos millones de años, fueron cambiando las condiciones del entorno, la disponibilidad de alimentos, el clima, etc Generándose adapta- ciones, reorganizando funciones... De modo que el cerebro humano es resultado de la acumulación del viejo cerebro sensoriomotor reptiliano, del emocional cerebro mamífero y del inteligente neocortex. Respecto a las máquinas, debemos des- tacar que el ordenador no tiene hambre ni sed o sueño, tampoco se mueve, carece de cuerpo, no recibe recompensas ni castigos, no imita a sus congéneres ni tiene empatía. ¿Para qué le serviría la conciencia a un or- denador? ¿Para luchar por la supervivencia? ¿Para lamentar su estado? ¿Para tener auto- conciencia? Creemos que no es posible la autoconciencia sin un cuerpo, o la teoría de la mente sin la experiencia de las emociones. Desde este punto de vista el ordenador care- ce de conciencia. No obstante el ser humano tiende a «ver» caras en todos sitios, en las
nubes por ejemplo, y a atribuir intenciones a todo («El cajero automático no me quiere dar dinero o no reconoce mi tarjeta»). Debemos dejar claro que este capítulo so- bre inteligencia artificial no debería figurar en esta parte del libro salvo por su adecuación para poner en evidencia las limitaciones que tenemos para pensar sobre la inteligencia y la conciencia. Pensamos que la inteligencia es una entidad extracorporea, que tiene que ver con el cerebro pero no tanto con el cuerpo y su movimiento. Incluso pensamos que es extracerebral o independiente de su soporte físico, pues la puede poseer un cerebro hu- mano y un ordenador. La identificamos sobre todo con inteligencia verbal, como veremos con la prueba de Turing para demostrar inte- ligencia, olvidando las inteligencias múltiples, por ejemplo la espacial, la musical, la kine- mática o la espiritual: ¿Saben de música los ordenadores, son creativos, creen en Dios, bailan bien…? Muchos sistemas de inteligen- cia artificial son sistemas expertos, en jugar al ajedrez, en reconocer voces o caras, en derecho o medicina, pero carecen de sentido común y no entienden frases fáciles para un niño de tres años, como «el fuego quema». Por último, con el argumento de la caja china de Searle se pone de manifiesto como desde el sentido común pensamos que la inteli- gencia es un hombrecillo dentro de nuestra cabeza, el enano que habita dentro de las primeras maquinas de ajedrez, el conductor del robot Mazinger Z, el auriga que quizás los ordenadores jamás tendrán, la fuerza in- terna. De otro lado, también pensamos que la inteligencia debe ser reducible en último término a disparos neuronales y que viene determinada por la genética sobre todo. Los ordenadores no tienen redes de neuronas pero si circuitos equivalentes, igual que un corazón artificial es una versión simplificada de uno real. Los ordenadores no se ven afectados por la herencia, aunque existen ordenadores de enésima generación y se habla de algoritmos genéticos. Planteada nuestra posición, sin cuerpo
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL •
no hay mente, veamos la polémica sobre la inteligencia artificial, entendida como la capacidad de pensar, desde puntos de vista contrarios y clásicos. Nos servirá, con todas las limitaciones anteriores, para ver como razonamos a la hora de atribuir mente a un objeto.
La prueba de Turing
Alan Turing se puede considerar el padre de la Inteligencia Artificial (IA). Siendo el autor del concepto de computadora, predijo que la máquina podría llegar a adquirir una capacidad comparable con la inteligencia humana. Para poner fin a las posibles dis- cusiones sobre qué es la inteligencia y si es plausible o no atribuirla a una máquina, en el año 190 propuso la llamada Prueba de Turing (o también «juego de imitación») para examinar la inteligencia de una máquina. La prueba se basa en la idea de que la interac- ción verbal constituye un medio en el que la inteligencia se hace más patente. En el test de Turing una persona (juez) ha de mantener una conversación (por medio de un interfaz y un teclado) con el sistema de IA y con un humano. Si el juez no es capaz de discrimi- nar con una probabilidad superior al azar cuál de los dos participantes es el ordenador, se puede considerar que el sistema posee una
inteligencia comparable a la humana. El test de Turing despertó diversas polé- micas filosóficas. A continuación voy a pre- sentar dos posiciones opuestas. En primer lugar, hablaré de la postura de Daniel C. Dennett, un defensor feroz de la IA. Como una visión contraria, comentaré el argumento de la habitación china de J.Searle. En ambos casos trataré de responder a dos preguntas fundamentales: a) ¿Constituye el Test de Turing una prueba suficiente de la presencia de inteli- gencia en una máquina? b) ¿Es posible construir un sistema capaz de superar el juego de imitación?
El punto de vista de Daniel C. Dennett (la versión fuerte de la Inteligencia Artificial)
a) Según Dennett, el test de Turing tiene cierto parecido a la práctica que se utiliza en las orquestas sinfónicas. Cuando se realiza un concurso, el músico está separado del tribu- nal por medio de una pantalla opaca. Esto evita que influyan características tales como el sexo, el atractivo físico o la longitud de pelo en la decisión del tribunal. Los miem- bros del mismo pueden verse influidos por estas características sin ser conscientes de ello. Del mismo modo, podemos ser reacios
Figura 2. En el test de Turing una persona (juez) ha de mantener una conversación (por medio de un interfaz y un teclado) con el sistema de IA y con un humano. Si el juez no puede diferenciar quién de los dos es humano con una probabilidad superior al azar, se puede considerar que el sistema posee una inteligencia comparable a la humana.
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL •
nos encontraremos con un caos de chips. Determinar como un ordenador podría ser consciente es el mismo reto para la ciencia que descubrir de dónde emerge la conciencia de un encéfalo humano. b) Ahora vamos a trazar los argumen- tos que ofrece Dennett para respaldar su
postura favorable a la IA. Según Dennett, la conciencia es el resultado de la actividad de las neuronas y módulos de procesamiento distribuidos en paralelo. No es una entidad y no se encuentra en algún lugar del cerebro. De ser así, tiene que ser posible replicar la actividad neuronal en un sistema informático.
Son muchas, y con frecuencia pasan desapercibidas. Citamos sólo algunas.
mismas, clasificar, analizar secuencias… Y se utilizan en la clínica o tienen apli- caciones industriales como sensores de presión en la industria aeroespacial, para optimizar el tratamiento con radioterapia de manera que se destruya el tumor pero no el tejido sano, en la determinación del genoma humano, para regular las demandas de gas en función de variables atmosféricas, para dirigir robots móviles que evitan obstáculos… . La eliminación del silencio y sus- tituir a la voz interior por la conexión electrónica, pues las personas hoy día ca- minan conectados a cualquier cosa menos a ellos mismos, como el teléfono-movil, dispositivos IPED, BlackBerry… . Dispositivos electrónicos auxiliares de la memoria o la orientación, utiliza- dos por ejecutivos y en la rehabilitación neuropsicológica tras daño cerebral, como agendas electrónicas, dispositivos GPS… . La capacidad para organizar ma- nifestaciones, crear foros, traficar con información… de la red. Su papel en la globalización.
Aplicaciones de la IA
en la vida cotidiana
8 • LA CONCIENCIA
Existe una serie de objeciones en contra de este planteamiento que Dennett va a refu- tar:
dotado de la capacidad de interaccionar con el ambiente de un modo similar al nuestro, y aprender. Así va a crear su propia repre- sentación mental del mundo y, finalmente, su propia conciencia.
La habitación china de J. Searle
J. Searle, eminente filósofo de la Uni- versidad de Berkeley, propone un sencillo experimento mental para demostrar que un sistema de IA no puede poseer conciencia. Imaginemos que encierran al mismo Searle en una habitación donde hay fichas con símbolos chinos y unos cuadernos con re- glas en inglés de cómo manipularlas. Fuera de la habitación hay un grupo de hablantes de chino nativos, que le hacen preguntas por escrito. Searle dentro de la habitación emplea el manual en inglés para correlacio- nar los signos chinos de entrada con otro conjunto de signos y responde, empleando las «fichas de respuesta». Desde el punto de vista de las personas fuera de la habitación, las respuestas que da Searle no se pueden distinguir de las de un hablante de chino. Sin embargo, la persona dentro no tiene ni idea – sólo está manipulando símbolos for- males, carentes de significado. Searle dice: «Es bastante obvio que no entiendo ni una palabra en chino, aún teniendo la entrada y salida idéntica a la de un hablante nativo. Del mismo modo podría ejecutar cualquier otro tipo de instrucciones formales (programa), sin entender nada.» En consecuencia, cualquier simulación de un fenómeno mental humano no deja de ser una simulación. No importa lo inteligente que parezca la conducta de un ordenador. Como los símbolos que manipula carecen de signi- ficado para él, no puede considerarse que es realmente inteligente. No piensa de verdad. Sus procesos internos son puramente sintác- ticos, el sistema no asocia ningún significado a los símbolos y, por lo tanto, no puede tener estados mentales intencionales.
10 • LA CONCIENCIA
guntas, tenemos que aceptar que la máquina comprende el chino, ya que a nivel sináptico no hay ninguna diferencia entre el programa ejecutado y un cerebro chino. Si no, también habría que negar a una persona china la ca- pacidad de comprender su idioma. Searle responde que este acercamiento tampoco es suficiente y cambia el escenario de la caja china para demostrarlo. En lugar de operar con símbolos, el hombrecillo ahora manipula una compleja red de tuberías de agua y válvulas. Teniendo una determinada entrada de signos chinos, las instrucciones le dicen qué válvulas ha de cerrar y cuáles abrir, de forma similar a la propagación de excitaciones e inhibiciones en un cerebro chino. En cuanto ejecute el programa y el agua esté correctamente distribuida por el sistema, en la parte de salida aparecerá la respuesta en chino. Sin embargo, es evidente que las tuberías, y tampoco el hombrecillo, entienden nada de chino, aunque están co- piando perfectamente la estructura formal de las sinapsis neuronales.
Este argumento pretende recordarnos el simple hecho de que la única manera de saber si una persona comprende chino o no, es observando su conducta. En consecuencia, si un ordenador supera las pruebas conduc- tuales, tenemos que atribuirle el pensamien- to, del mismo modo como lo atribuimos a
un ser humano. Según Searle, este planteamiento no es acertado. La cuestión no debería ser «cómo sabemos que las otras personas piensan» sino «qué es lo que les atribuimos al decir que piensan». Y ese «algo» no son sólo procesos computacionales porque estos pueden existir independientemente del pensamiento (Lo cual se ha demostrado con la Caja china.)
Uno de los atacantes más perseverantes de la Caja china es, por supuesto, Daniel Dennett, que considera que el argumento de Searle carece de validez científica. Según Dennett, Searle insiste indebidamente en un punto de vista subjetivo desde la primera persona, desde dentro de la caja china. Esto no es correcto ya que una aproximación empírica requiere una observación objetiva desde fuera. La pregunta «¿Piensan los orde- nadores?» se plantea en tercera persona. Por lo tanto, requiere también una aproximación de tercera persona. A la posición de Searle, afirma Dennett, subyace un dualismo encubierto. La caja chi- na se parece más a una objeción teológica en contra de IA que se oculta bajo la más- cara de un argumento científico serio. Searle ha construido una situación intuitiva ad hoc, que apunta en una conclusión falsa.
Conclusión
Dennett insiste en los principios científicos
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL • 11
china no puede pensar, el pensamiento no es igual a la computación. Del mismo modo que la simulación de un coche no nos lleva de Madrid a Praga, la simulación de un cerebro no da lugar a una mente consciente. Con todo, incluso si Searle está en lo cierto, hay que hacer una matización: De- mostrar que el pensamiento no es reducible a la computación, no implica demostrar que la conducta de una máquina u ordenador carezca de intencionalidad. ¿Llegará un día en que el hombrecillo de Searle romperá las paredes y saldrá fuera de la caja?
Aplicación práctica
Ver la película de Spielberg sobre la IA. Buscar en Internet, en un buscador como Google. Comparar a un perrito robot con una mascota real. Buscar información sobre el «científico-loco» y hombre-maquina Kevin Warwick. Existe un programa informático, el Hit Song Science (HSS), que evalúa la proba- bilidad que tiene una canción de convertirse en éxito. Existen autómatas que piensan y formulan hipótesis (invención de los inves- tigadores Ross King y Stephen Oliver, de las universidades de Gales y Birmingham). Los ordenadores también utilizan la lógica difusa, propia de los humanos. El ingeniero informático de Silicon Valley Jeff Hawkins programa ordenadores que funcionan como nuestro córtex cerebral mediante el contraste de hipótesis. El científico Kim Jonh-Hwam de Corea del Sur desarrolla robots con cromoso- mas, capaces de sentir pasión, reproducirse y tener personalidad.
Experimento mental
En lugar de pensar en los ordenadores como seres, ¿es en eso en lo que se con- vierten al poseer conciencia?, piensa en los seres humanos como autómatas programa- dos: ¿Somos robots? Nuestra conducta y
nuestro pensamiento es la consecuencia de la activación de programas, puestos en mar- cha por los estímulos adecuados, ya sean innatos o aprendidos. Un algoritmo o progra- ma es una secuencia de pasos elementales que se pone en marcha ante la presencia de su estímulo adecuado y no se detiene hasta ofrecer su resultado. El programa mo- tor que nos permite andar. El programa que nos permite construir frases y conversar. El programa que nos conduce a hacer café, a volver a casa al salir del trabajo, a saber comportarnos en un restaurante, a amar y reproducirnos... Todo es una secuencia de pasos que seguimos sin darnos cuenta o de un modo ciego. Una vez puestos en marcha, los programas no se interrumpen fácilmente. ¿Puede un ordenador «decidir» cuando inicia la ejecución de uno de estos programas, aunque el estímulo desencadenante esté ausente? ¿Puede un ordenador interrumpir un programa en curso en función de una condición no establecida en el mismo? ¿Pue- de hacer esto un ser humano? ¿Sueñan los ordenadores? ¿Sueñan los humanos? ¿Nues- tro pensamiento inconsciente y sus acciones resultantes son sólo el resultado de «correr» algoritmos? Si la conciencia es el eco interno que produce nuestro pensamiento, de mane- ra que comprender es oirnos (autoaudición, retroalimentación), los ordenadores no son conscientes, aunque podrían incorporar un mecanismo de retroalimentación continua que cambiase sus instrucciones y su función —como maquinas de propósito general que son— ante las circunstancias, mostrando así flexibilidad cognitiva.
Pensamiento crítico
Tal vez pasar la prueba de Turing sea más fácil de lo que parece, con trucos, utilizando un reducido número de expresiones del tipo «ajá», «ya veo», «Bien, bien», repetir la última palabra de la frase dicha por el juez, o frases como «no sé que decirte en este momento».
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL • 1
Jaque al rey Por Emilio Gómez Milán
Se habla de ordenadores y robots de tercera (^) y (^) cuarta (^) generación. habla de algoritmos genéticos –verSe las (^) direcciones (^) de internet-. evolución se manifiesta si compara-Esta mos las primeras máquinas de jugar al ajedrez con las que se enfrentó Napoleón Bonaparte, con un enano jugador dentro, frente a Deep Blue y Deep Junior con las que se enfrenta Kasparov en el siglo XXI. Piense que la (^) diferencia humano y la máquina sigue estandoentre^ el^ jugador en el modo de pensar. Además de la capacidad (^) de manejo combinaciones^ de^ datos (^) y (^) del (^) ordenador fuerza bruta de cálculo), éste cada (^) (la vez se «humaniza» más, se hace más intuitivo, y aunque aún es incapaz de hacer trampas sí que puede «hacer sacrificios» de piezas importantes a cambio de peones en las jugadas iniciales, que tendrán un efecto a largo plazo. Sin embargo, el gran maestro piensa de un modo distinto (Piense como un gran maestro de A. Kotov), las diferencias están en el efecto horizonte diseña estrategias con metas a largo^ (el^ gran^ maestro plazo, donde un peón marginado en el tablero puede llegar a coronarse en N jugadas) y al mismo tiempo debe prestar atención a la situación actual del tablero (los efectos inme- diatos (^) de (^) su movimiento Además de analizar el juego con un^ actual). árbol (^) de metas, hace^ el^ gran^ maestro (^) apreciaciones (^) subjetivas
globales de la situación del tablero (me gusta o no me gusta como va), que le llevan a estrategias deses- peradas (^) pero hacer eficaces.^ Si debe (^) un (^) contraataque debe aumentar^ rápido, buscar el centro y no atacar por los^ los^ riesgos pero lados. Esta estrategia es igual de útil en un duelo a espada , en una conversación, para jugar al tenis o al ajedrez. Estas diferencias son las que (^) caracterizan ganador en cualquier campo: Usar^ a^ un^ experto- la (^) visualización strucciones^ y^ darse^ autoin- (^) positivas (^) antes juego (los (^) rezos (^) del focalizar^ supersticiosos), (^) la (^) atención momento presente para aumentar^ en (^) el la concentración y entrar en flujo durante el juego para disfrutar del mismo (^) y (^) olvidar dejándose guiar por las sensacio-^ el^ resultado, nes (^) subjetivas. experto sino el más juguetón: elNo^ gana^ el (^) más más motivado de los expertos, el más ambicioso, el más seguro de si mismo, el más loco... Por eso mientras (^) los (^) ordenadores siendo sólo sistemas expertos, el^ sigan ser humano, al menos el mejor de ellos, podrá ganarles. Pero si algún día estos llegan a «humanizarse», incorporando la psicología, hasta el punto de soñar o disfrutar con el juego, entonces si serán de verdad conscientes (^) y nos (^) ganarán partida. la
1 • LA CONCIENCIA
Bibliografía
Cast, L. John (1998). El Quinteto de Cam- bridge. Buenos Aires. Taurus. Dennett, Daniel Clement (1998): Brainchil- dren : essays on designing minds, Har- mondsworth, Penguin Books. Epstein, R. Can machines think? AI magazine, 1 (2): 80-9, 1992. Hauser, Larry (199): Searle’s Chinese Box: The Chinese Room Argument and Artifi- cial Intelligence, East Lansing, Michigan: Michigan State University (Doctoral Dis- sertation).
Kostov. A (1982). Piense como un gran maestro. Club de Ajedrez, Editorial Fun- damentos. Nilsson, Nils J. (2000). Inteligencia Artificial: Una nueva síntesis. McGraw Hill. Rich, E., Knight, K. (1991). Artificial Intelli- gence, McGraw Hill. Trad. Cast. 1º ed.: México, G. Gili, 1988. Shelley Mary. Frankenstein. Wordsworth Classics.