

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Este documento aborda el tema de la muerte digna, explicando los tres tipos de muerte en esta situación: eutanasia pasiva, eutanasia activa y suicidio asistido. Además, se discuten las fases que una persona experimenta en su trayectoria hacia la muerte y los desafíos que surgen en relación a la calidad de vida y la dignidad en el morir. Se enfatiza la importancia de brindar un morir digno y cómo se puede lograr mediante la modificación de infraestructuras hospitalarias, la oferta de información adecuada, la garantía de la expresión de emociones y la formación de profesionales en habilidades comunicativas.
Tipo: Apuntes
1 / 2
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!


Hay tres tipos de muerte:
El moribundo presenta una trayectoria en su devenir hacia la muerte, donde aparecen una serie de fases: crisis aguda, crisis crónica vivir-morir, crisis terminal, y éstas provocan a su vez que la persona se integre o no en el proceso.
Muchas veces a las personas viejas y moribundos se les prefiere buscar asilo en centros hospitalarios o geriátricos que en sus núcleos familiares. Hay personas que asumen los procesos de la enfermedad y del morir con valentía, madurez, resignación y esperanza, sus estrategias de afrontamiento se basan en los sistemas de valores y creencias propios. Los sistemas de creencias operan de modo independiente ante las diferentes amenazas y pérdidas, ej. las creencias religiosas controlan y aminoran los miedos y crean expectativas esperanzadoras.
Para proporcionar un morir digno, se han de modificar infraestructuras hospitalarias, insistir más en el curar, ofrecer información adecuada a los pacientes competentes, garantizar la expresión de las emociones a los pacientes y a los familiares, implicar activamente a estos en el cuidado y acompañamiento del paciente, formar a los profesionales en habilidades comunicativas y en la atención de las necesidades específicas de los enfermos terminales, y prestar la ayuda necesaria a los profesionales de la salud, que soportan una gran tensión. Conviene tener en cuenta las categorías en calidad de vida: disminuida, mínima y bajo mínimos. Los mayores problemas eutanásicos son los de calidad de vida mínima que crea conflictos si el paciente es competente y renuncia a los tratamientos de mantenimiento. En los pacientes bajo mínimo debe estudiarse los Testamentos Vitales o los deseos del paciente. La calidad de vida del paciente debe tenerse en cuenta para tomar decisiones beneficiosas, pero también se han de valorar otros aspectos personales, éticos, médicos y sociales.
Los profesionales tienen que ayudar en el morir y no para el morir por eso hemos de distinguir entre eutanasia activa/pasiva voluntaria/involuntaria y directa-indirecta. La más problemática es la activa directa y voluntaria. La calidad de vida y la dignidad en el morir vienen definidas por los criterios del paciente y por los aspectos profesionales de la actividad sanitaria. En las decisiones se han de tener en cuenta: la voluntad de los pacientes, los Testamentos Vitales, los sustitutos legales, los Comités de Bioética y los protocolos explícitos que la institución haya establecido. Sería deseable que el nuevo Código Penal abordara todos estos temas “respetando inherentemente la dignidad de cada persona”.
El dolor y el sufrimiento no son deseables. El hombre siempre ante la muerte ha actuado con fascinación, temor, negación y rechazo. Hoy se pide una muerte rápida, digna y sin dolor. El mayor temor es la agonía prolongada. La muerte digna es aquella muerte sin
dolor/sufrimiento o la eutanasia. La mayoría de profesionales controlan el dolor a base de morfina u otros analgésicos. La eutanasia no tendría razones suficientes si solo se centrara en el dolor. El dolor se considera una experiencia multitimensional donde los factores psicológicos/sociales modifican o modulan su intensidad, valoración y percepción. Es bueno asegurar al paciente que el dolor es controlable e incitarles a mantener la esperanza.
El impacto psicológico o moral viene dado por el impacto psicológico de la hospitalización, pérdidas sociales y vitales relevantes, sentimientos de inutilidad, muerte social... Todo esto, junto con la ansiedad/temor/depresión origina estados de inseguridad cansancio y desesperanza tanto en los enfermos terminales como en la familia. Habrá personas cuyas creencias les empujarán a aceptar resignadamente los dolores, sufrimientos y degradación progresiva.
La psicología admite que hay conductas de dolor/sufrimiento cuyo objetivo es obtener recompensas o evitar castigos. “El hombre es, por principio, propietario y responsable de su muerte” , y por ello los profesionales han de contemplar las creencias, convicciones y expectativas de los pacientes, sean o no terminales. Los profesionales son los que deben enseñar la expresión de los sentimientos y de las emociones como un modo eficaz de afrontar el morir y la muerte. El sufrimiento afecta a las personas que lo perciben como amenaza, por lo que se insiste en los cuidados del enfermo y de la familia. El sufrimiento puede derivarse de la propia enfermedad, del tratamiento y de las pérdidas psicosociales del paciente y de la familia. Es más prioritario aliviar el sufrimiento, ya que el dolor es más controlable. La interpretación del sufrimiento es subjetiva en función de los valores, experiencias y personalidad del paciente.
La eutanasia es la controversia sobre la cantidad/calidad de vida y cantidad/calidad del tratamiento. Es inoportuno atribuir a los profesionales de la Salud las alternativas sobre quién debe morir y quien debe vivir en situaciones terminales olvidando que cada ser humano es dueño de su propia muerte. En este caso es el médico el amo de la muerte. Prolongar artificialmente el proceso de morir genera más sufrimiento en los enfermos y familia. La calidad/ cantidad de muerte de los pacientes debería ser evaluada por los mismos enfermos y no solo por los sanitarios o la familia. La calidad y dignidad en el proceso del morir se da mediante el dialogo y en una información adecuada, oportuna, soportable y en el momento justo. La toma de decisiones requiere información veraz adulta, proporcional a la situación y sin quitar la esperanza.
Hay grandes diferencias entre la opinión favorable que la Sociedad civil tiene sobre la despenalización de la eutanasia activa, directa y libre. Los sanitarios que atienden a enfermos terminales necesitan: que el tratamiento adecuado al dolor y otros síntomas terminales requiere una combinación de tecnología y compasión, pericia en el tratamiento que exige una buena formación y tiempo ya que los pacientes en situación terminal pueden consumir grandes cantidades de tiempo. Por todo esto se demanda la muerte domiciliaria o Unidades de Cuidados Paliativos que aumentaría la autoestima y respeto del enfermo, no ocultaría el morir y cambiaría el sentido apropiado e íntimo del morir digno y personal.